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  1. Una vez que Sonia, Dany y yo dejamos a Guille atrás y no dejábamos de pensar en cómo le estaría yendo en la frontera con Guatemala :unsure: seguimos nuestro camino a bordo del moto taxi de Germán.

    Tan sólo unos minutos después de haber salido de Chinkultik, el paisaje a la orilla de la carretera comenzó a cambiar drásticamente. Abandonamos las llanuras y los árboles pequeños y nos adentramos en un tupido bosque de pinos y cedros, que daban la pinta de una carretera canadiense o algún sitio de la taiga del norte.

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    Esa es la imagen del Parque Nacional Lagos de Montebello.

    Ubicado al sur del estado de Chiapas, justo en la frontera con Guatemala, es impresionante cómo el clima y el ecosistema puede ser tan distinto a su hermana la Selva Lacandona, que se encuentra a unos pocos kilómetros al noreste.

    El conductor se desvió de repente, e hicimos nuestra primera parada en uno de los lagos. El viento era ya bastante fresco, estábamos a punto de comenzar el invierno. Al bajar del taxi, Sonia fue interceptada por dos pequeños chiapanecos que empezaron a recitarle algunos poemas que la halagaban como mujer. Por supuesto, buscaban dinero. Cabe decir lo insistentes que son a veces los vendedores en el sur del país.

    El lago era azul, y a lo lejos se veía una pequeña isla verde. Los lugareños nos decían que podíamos acampar ahí y al otro día navegar a la isla en una balsa que nos rentarían. El suelo era bastante lodoso a la orilla de esa laguna, así que decidimos seguir mirando el resto del Parque Nacional y con suerte encontraríamos un mejor lugar.

    La segunda parada la hicimos en "Cinco Lagos" , un conjunto de pequeñas lagunas que emergen entre algunos montes de poca altura. La vegetación no puede ser más hermosa en esta zona, y la vista simplemente genial.

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    A lo alto de estas montañas se rentan algunas cabañas pintorescas, pero no hay sitio para camping. Como nuestro presupuesto no daba para más, decidimos seguir el tour y probar suerte en el siguiente lago.

    La parada fue el Lago de Tziscao, el más grande del Parque. A la orilla del mismo hay una pequeña población. Pasamos el poblado y bajamos a la orilla. Un señor que vive ahí, en una pequeña cabaña de madera, nos ofreció sitio para camping con derecho a baño por 100 pesos la noche. Así que armamos la carpa y despedimos a Germán, no sin antes hacer cita con él para que nos fuera a buscar al otro día y nos llevara de vuelta a tomar el bus a San Cristóbal.

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    El señor también nos ofreció tener lista una balsa de troncos para el amanecer, así podríamos recorrer el lago remando. Antes del anochecer queríamos algo de comer. No había tiendas o restaurantes abiertos en la pequeña plaza cerca del lago. Debíamos ir al pueblo, pero era algo lejos caminando. Así que pedimos a un señor si nos podía llevar en su camioneta, que estaba aparcada frente a nuestro camping. Dijo que sí, pero debíamos "esperar" a alguien.

    De repente, unos señores aparecieron entre el bosque detrás de nosotros, cargando grandes bultos cubiertos y corriendo hacia nosotros. Eran guatemaltecos que cruzaban la frontera ilegalmente para pasar mercancía :ohmy: . Dany preguntó "qué tipo de mercancía era", nos dijeron que "ropa".

    En fin, nos llevaron a un restaurante a la orilla de la carretera, donde comimos unas empanadas. Volvimos al camping y dormimos.

    Al siguiente día despertamos y la balsa estaba ya lista, esperándonos junto al agua. Subimos a la austera embarcación y tomamos cada quien un remo. El suelo del lago es bastante lodoso, y era fácil resbalar.

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    Remamos con y contra la corriente para poder llegar a la Isla de la Tortuga, un pequeño islote en medio del agua. El paisaje alrededor era muy lindo, y el clima nos ayudó bastante.

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    Luego de más de una hora de remar, volvimos a la orilla y devolvimos la balsa. Casi al mediodía, Germán apareció en su moto taxi, como prometió.

    Preguntó a dónde queríamos que nos llevara, y le dijimos que en cualquier sitio de la carretera donde pudiéramos tomar una combi hacia San Cristóbal, pues debíamos retornar a la Ciudad de México, y nuestro viaje terminaba.

    Nos comentó que quizá podíamos alcanzar a Guille en Guatemala, pero ninguno de nosotros cargaba pasaporte. Nos dijo: "no lo necesitan, pueden entrar con un permiso, la frontera es muy fácil".

    No habíamos planeado cruzar a Guatemala :ohmy: no nos quedaba mucho dinero ni teníamos los papeles. Pero Germán metió un gusanito en nuestra mente de volver a ver a Guille al otro lado. Los tres nos miramos unos a los otros y, sin pensarlo, aceptamos la oferta.

    No teníamos una idea de qué hacer, a dónde ir ni cómo era Guatemala. Pero una vez dentro del país, intentaríamos llegar a Tikal, la ciudad maya. Así que con ambas motivaciones nos hicimos al camino sin saber lo que nos esperaba...

    Les dejo el álbum con la segunda parte de las fotos de Chiapas:

    Y la segunda parte del capítulo 7 de Un Mundo en la Mochila, donde podrán ver en video a color y en HD nuestras aventuras de relatos anteriores y éste :rolleyes:

  2. Como ya os dije, íbamos a ir descubriendo un poco de la tierra del Quijote. Esta vez haremos otra parada en Albacete, Ossa de Montiel, aunque en realidad nuestras visitas turísticas estarán en Ciudad Real, más concretamente en Ruidera, un paraje natural precioso para pasar unos días y desconectar del mundo.

     

    En principio se escogió Ossa de Montiel porque el alojamiento era más asequible, y todo sea dicho, yo quería ver molinos :blush: y en el complejo de casas rurales había uno.

     

    Buscamos la oficina de turismo del pueblo, la cual se encontraba a la salida del mismo. La oficina se distingue porque en la entrada hay dos estatuas de piedra, una cada lado de la puerta, de Don Quijote y Sancho Panza. La mujer que había allí nos informó de todo lo que queríamos ver, y os animo a que si vais os paséis antes por la oficina, porque sin el plano que nos hizo ella se nos hubiera hecho muy difícil llegar a todo bien.

     

    Salimos de la oficina, con un frío que pelaba esa mañana y nos fuimos dirección Ruidera, para ver las famosas Lagunas de Ruidera, que a decir verdad, el ochenta por ciento de las lagunas pertenecen a Ossa de Montiel, no a Ruidera, pero ya se sabe, unos crían la fama y otros cardan la lana.

     

     

    Siguiendo las señas que la oficinista nos dio, buscamos exitosamente un restaurante, “Los Balcones”, donde comenzaría nuestra ruta. Ya allí es sólo seguir las indicaciones. Empezamos a andar y fuimos viendo las distintas lagunas, Laguna Redondilla, Laguna Tinaja, Laguna San Pedro, Laguna Tomilla y Laguna Conceja, esas fueron todas las que vimos por la mañana. En verano algunas lagunas son de baño permitido, es el caso de Laguna Redondilla y Laguna San Pedro. El paseo se puede hacer andando o en coche, pero ya que estamos, ¿qué mejor que disfrutar de un buen paseo viendo agua, patos y árboles? Estas son algunas vistas de las lagunas.

     

     

    Laguna Tinaja

     

    Laguna Conceja

     

    Laguna Redondilla

     

     

    Por la tarde, teniendo en cuenta que Ossa de Montiel no es muy grande, fuimos a dar un paseo por el pueblo. Vimos la plaza principal, donde estaba el Ayuntamiento, una fuente de agua y una estatua dedicada al hidalgo Don Quijote de la Mancha.

     

     

    Plaza del Ayuntamiento

     

    Don Quijote

     

     

    Unas calles más allá vemos la iglesia de Santa María Magdalena, que proviene de la Orden de Santiago. La iglesia es una mezcla de estilo gótico, mudéjar y romano.

     

    Iglesia de Santa María Magdalena

     

     

    En el pueblo también podemos visitar “Los caños”, “El rollo” y el museo etnográfico, en el cual veremos los oficios y costumbres de la localidad. Para visitar el museo hay que pedir cita previa en la oficina de turismo, y los demás son parques del pueblo. A la salida del pueblo encontramos una destilería de alcohol aromático, donde es visitable y te explican como elaboran los productos. Hay que llamar y pedir cita previa, al igual que en la Cueva Champiñón, que se encuentra al lado de la destilería. En esta cueva se cultivaban champiñones, pero ahora se ha reconvertido en centro de interpretación de la localidad y el entorno.

     

    A la entrada del pueblo hay este monolito donde volvemos a ver la figura del hidalgo manchego.

     

     

    Monolito de Don Quijote

     

    Al día siguiente madrugamos para ir a Ruidera, dar un paseo por el pueblo y ver “El hundimiento”, y no, no es la película que habla sobre Hitler, es una cascada preciosa de quince metros, que se produjo a raíz del hundimiento de una barrera travertínica, de ahí el nombre. Estas son las vistas…

     

    El Hundimiento

     

     

    Después fuimos a ver la Laguna del Rey, vimos su pequeña presa y el puente, muy bonitas las vistas.

     

    Pequeña presa

     

    Puente de Ruidera

     

     

    Un paseo rápido por el pueblo, y cogimos el coche para ir a Argamasilla de Alba, allí nos esperaba el Castillo de Peñarroya. La entrada es libre. El castillo se sitúa al lado del embalse de Argamasilla y actualmente se encuentra en restauración de una de sus partes. Actualmente acoge a la patrona del pueblo, Nuestra Señora de Peñarroya, que fue descubierta al conquistar los cristianos la fortaleza musulmana.

     

    Castillo de Peñarroya

     

     

    Ya era hora de comer, así que había que coger fuerzas que por la tarde nos esperaba Don Quijote…

     

    Cerca de Ossa de Montiel, a unos tres o cuatro kilómetros, nos esperaba uno de los capítulos del libreo de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha. Fuimos a ver la Cueva de Montesinos. Ataviados con nuestros cascos y linternas nos introducimos en lo profundo de esta cueva, ochenta metros de leyenda hecha historia.

     

    Cueva Montesinos

     

     

    La cueva en sí es una cavidad kárstica que por las filtraciones de la lluvia y los desprendimientos naturales han formado estalactitas muy chulas y de colores como es el caso de una que es de color azul, muy pocas en el mundo.

     

    Estalactita

     

     

    Aquí fue donde Miguel de Cervantes se inspiró para escribir el mayor encantamiento que sufrió el hidalgo en los capítulos doce y trece de la segunda parte de la obra literaria. La visita se hace muy amena, ya que no sólo te explican la geología de la cueva, sino que el guía te adentra en la historia de porqué don quijote vio allí a su amada Dulcinea. Es muy recomendable llevar a los niños, se lo pasarán genial viviendo una parte de la literatura universal, y si ya les ponen cascos y linternas, se quedarán encantados…y nunca mejor dicho…

     

     

    Una vez acabada la visita, seguimos carretera adelante y cogimos el desvío que nos llevaría a ver las ruinas del Castillo de Rochafrida. Fue castillo musulmán hasta que los cristianos se hicieron con él. Para aquellos amantes de la lírica, las ahora ruinas del castillo, fue inspiración de dos romanceros medievales muy conocidos, Rosaflorida, en honor a la dama del castillo, y Fontefrida, en honor a la fuente que había a los pies del castillo.

     

    Castillo de Rochefrida

     

     

    Desde cerca no se aprecia bien que los restos sean de un castillo, así que tomé la foto de lejos para ver mejor la perspectiva.

     

    Y ya por último, antes de que se hiciera de noche, hacerle una foto al molino de viento que nos estaba cuidando en el recinto.

     

     

    Molino de viento

     

     

    Y este ha sido todo el fin de semana, un pequeño trozo de Castilla más conquistado, seguiremos avanzando en nuestra cruzada por la tierra del Quijote ;)

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    Es bien conocido por todos, que en el Viejo Continente, es decir en Europa, los países que se ubican más al sur son “más exóticos”. Uno de los países que tuve oportunidad de conocer hace poco tiempo fue Croacia: una joven república con un largo convulsionado pasado de identidad negada y recuperada. Su presente está marcado por turistas y viajeros deseosos de conocer “la otra Europa”.

    Pero no solo su pasado y su posición en el mapa eran las cosas que me motivaron a llegar a estas tierras, también sus puntos turísticos…

     

    Al llegar a “tierra firme” fui descubriendo varios secretos del lugar, gracias a los folletos turísticos y también gracias a los relatos de los lugareños. Algunas de las cosas interesantes que recuerdo son…Es un país que recientemente se incorporó a la Unión Europea, es un país con más de 1200 islas (me dieron ganas de tener tiempo y plata para conocerlas a todas), con ciudades protegidas por la UNESCO y, este país exótico tiene unos ocho Parques Nacionales.

     

    Hice la primera parada en la ciudad capital, Zagreb. Una ciudad donde llama la atención como los “zagrebíes” toman café, sentados en las terrazas sin ningún apuro. Yo, creía que esta era una costumbre netamente argentina, pero, dicen que los sábados aquí el “cafecito” es toda una moda y un acontecimiento para el cual todos se hacen tiempo.,,

     

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    Una cuestión que me llamo mucho la atención de Zagreb, es que no es una ciudad netamente consumista. No se ven las grandes tiendas típicas de Europa, como las de Francia o Italia. Es más austero, pero no por ello feo o aburrido. Es diferente a los otros países de Europa. Tiene su encanto propio, su particularidad.

     

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    La calle principal es Ilica, aquí se levantan vidrieras sobrias. Predominan las casas de zapatos y sombreros (cosa que también me llamó la atención, porque en mi país los sombreros cada vez se usan menos). La ropa es sumamente discreta, como ya dije, nada que ver con las deslumbrantes tiendas de otras capitales europeas o grandes metrópolis americanas.

     

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    Siguiendo con las curiosidades (cosa que me encanta), aquí va una… ¡La corbata nació en Croacia! Fueron los soldados croatas quienes empezaron a marcar esta tendencia, que en la actualidad sigue en vigencia. Ellos colocaban en sus cuellos, pañuelos atados de los cuales colgaban extremidades. Los franceses (siempre interesados en la moda), no pasaron por alto este detalle, para ellos desconocido y no dudaron en incluirlo en su vestuario.

     

    Los franceses le pusieron el nombre de “Cravate”, una derivación de la palabra croata. Con el tiempo, la original “Cravate” se modernizo y llegó a tomar la forma que tiene hoy en día, elegante y, como dicen casi todos: complicada de colocar. La corbata original se puede ver en una boutique de Zagreb.

     

    Otro de los lugares que visité en el país exótico de las curiosidades, fue un lugar maravilloso de nombre un tanto complicado de pronunciar (que aún no logré poder enunciar correctamente) Plitvice.

     

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    Se trata de un Parque Nacional, ubicado nada más que a dos horas de Zagreb. Es un lugar encantador, como todo espacio protegido, difícil de describir con palabras.

     

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    Recomiendo que lo visiten. Es uno de los puntos más elegidos para “dar el sí”. Dicen los lugareños, que muchas parejas eligen este escenario natural para casarse. Según me contó el guía que nos acompaño a Plitvice, anteriormente, todos los 25 de mayo tenían lugar allí, decenas de casamientos. Inmediatamente le pregunté el por qué de la fecha, a lo que el me respondió: es el día del cumpleaños de Tito, los casamientos eran cientos.

    Otra curiosidad es un museo muy especial, el Museo de Broken Relationships. Es un espacio que fue creado por una pareja de artistas tras su separación. Como no sabían qué hacer con sus cosas en común y regalos, decidieron ponerlos en un museo.

     

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    Es un museo nuevo, fue inaugurado en el 2010, hay de todo. Son varios quienes tras separarse, donan los objetos para enriquecer al museo. Abundan los ositos de peluche, los vestidos de novia e inclusive vidrios rotos tras peleas. Eso sí, también se venden souvenires para olvidar los malos momentos.

    Después de pasear unos días fugaces por Zagreb, me despedí de la ciudad donde nació la corbata y donde las relaciones terminadas se transforman en arte, pero antes compré algunos "licitar". Es un souvenir que aunque parezca de plástico, es un pastel exquisito con sabor a miel. ¡Riquísimos!

     

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  3. Me encanta ver películas, el fin de semana suele ser el momento en qué aprovecho para ir al cine y ver algo. Me gusta casi todo… comedia, drama (de vez en cuando), terror (aunque nunca una película logró asustarme, ni siquiera cuando era chica), suspenso (el género que más me gusta), infantiles por qué no, históricas, películas 3D, etc, etc. Dije “casi todo” porque las de acción no son santo de mi devoción, me parecen todas iguales.

    Además de ir al cine, en el “finde” o en la semana cuando tengo tiempo, me veo alguna serie o película. Estoy siguiendo varias series, casi todas muy interesantes. Como se podrá notar, soy cinéfila…

    En la ciudad de Mar del Plata, todos los años se celebra el Festival Internacional de Cine y por supuesto que no pierdo la oportunidad de ir. En esta edición el Festival cumplió sus 60 años, ya que fue concebido en el año 1954. Yo todos los años espero ansiosa la llegada de este evento, a mi me encanta. Un detalle no menor es que es el único de toda Latinoamérica que tiene la categoría “A”, calificación a mi criterio bien merecida. ^_^

     

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    Desde hace algunos años se viene haciendo duramente el mes de noviembre, antiguamente era durante el mes de marzo. Es una oportunidad que considero sumamente interesante, ya que puedo ver películas “no comerciales” y conocer más del mundo del cine, vi películas de Irán, de Colombia, de Venezuela… También es interesante porque podes escuchar a los directores y a los actores contar anécdotas y cosas sobre el rodaje de la película. Se proyectan entre 300 y 400 películas, lamentablemente dura una sola semana y lógico es imposible ver todas. Yo siempre pienso en que sería ideal que durara por lo menos dos semanas. Con las ocupaciones cotidianas, a lo sumo hago tiempo para ir a ver una película por día, y no todos los días hago tiempo a ir. Pero debo admitir que hago mis esfuerzos para organizarme y poder ir.

     

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    Este año aproveché para ver de todo un poco, películas de competencia Latinoaméricana, películas de competencia Internacional y también otras que no estaban en competencia. Y en el último día aproveché para ver una de las ganadoras a mejor guión. Igual, yo creo que es cuestionable lo de las calificaciones, hubo otras que me gustaron más y no recibieron ningún premio…

     

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    Hay de todo, algunas son muy buenas, con guiones super interesantes y originales, pero también hay algunas que son un poco aburridas, o demasiado lentas en comparación con el cine “tradicional” o el que uno acostumbra a ver.

     

    En cuanto a los actores, algunos son muy buenos, hay otros que no son actores pero que hicieron buenas películas y también vienen algunos que son famosos.

    Una de las mejores cosas es que podes ir en cualquier momento del día a ver películas, se empiezan a proyectar desde las 9:00 am y hasta la madrugada hay funciones. Yo generalmente aprovecho para ir a ver las que pasan en el Audiotorium, es una de las salas más grandes, con un sonido espectacular. Está ubicado en el Gran Hotel Provincial, “a pasitos” del mar.

     

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    El Festival también ofrece varias actividades especiales, como por ejemplo, charlas con directores, con personas especialistas en cine, presentaciones de libros de cine, etc. Son principalmente actividades para estudiantes y entendidos del cine. Yo me conformo por ahora con ver las películas, quizás en algún momento lea algún libro de cine o vaya a algunas de las charlas.

    Hoy fue el último día del Festival de este año, debo confensar que me da una pequeña sensación de tristeza, los pasillos de los cines se ven menos poblados de gente, hay menos movimiento, se empiezan a ir todos los turistas cinéfilos y hay una sensación de calma, como si hago faltase.

     

    Ver por última vez la presentación del Festival proyectada en la fachada del Provincial, aplaudir por última vez a una película de cine arte, cerrar el librito de la programación y guardarlo junto con los otros en la biblioteca, son situaciones que hacen pensar en que el tiempo pasa muy rápido y en que el festival se va a extrañar.

     

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    Pero, como dije el tiempo pasa rápido, será cuestión de esperar al próximo año, que seguramente va a ser aún mejor ya que será la 30 edición (Vale aclarar que el Festival no se llevo a cabo de manera continuada desde sus comienzos) Mientras tanto habrá que conformarse con volver a ver las “pelis” de todos los “findes” las de Hollywood (que también me gustan!)

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    Hace un tiempo, viaje a la ciudad de La Plata, la ciudad de las diagonales... El motivo principal del viaje no era conocer la ciudad en sí misma, sino ir a ver el recital de una de mis bandas preferidas: U2. Es uno de los grupos de música que más me gusta, además sus shows no son solamente música, son sumamente extraordinarios…

    Al principio, la idea que tenía en mente era ir y venir en el día, yo estoy a unos 400, 500 kilómetros de esta ciudad. Por suerte me di cuenta que sería agotador y además muy incomodo ya que no sabía la hora de finalización y probablemente íba a tener que hacer tiempo para tomar un micro que me trajese de nuevo hacia mi ciudad, Mar del Plata.

     

    Fue por ello que empecé a organizar mi viaje y a buscar dónde hospedarme. Resultó muy difícil efectuar una reserva por teléfono, cosa que me pareció sumamente extraña. Probablemente, la ciudad de las diagonales no estaba acostumbrada (por lo menos en esa época) a recibir grandes aluviones de turistas, pero con el surgimiento del Estadio Único de La Plata y la llegada de U2 varias personas (fanáticos, curiosos y acompañantes) iban rumbo hacia allí.

     

    Tomé el colectivo a las ocho de la mañana (con bastante sueño, la ansiedad me había jugado una mala pasada y no había dormido casi nada) y al mediodía ya estaba allí.

     

    Fui a un locutorio dentro de la terminal para internar comunicarme con distintos hoteles para verificar la existencia de alojamiento disponible. Luego de dar algunas vueltas por la ciudad, finalmente conseguí donde dejar el equipaje y donde dormir luego del evento.

     

    Tomé un taxi para llegar al Estadio Único de La Plata. El recital comenzaba a la tardecita, pero había que estar antes, para conseguir una buena ubicación. Hacía bastante calor para ser el mes de abril, pero a pesar del calor, de las pocas horas de sueño, el tiempo voló y se hizo la hora de poder entrar después de varios controles. Elegí la ubicación que creí más conveniente y allí me quedé esperando al show...

    Con respecto al estadio, en ese entonces prácticamente nuevo, recién pintado, podemos calificarlo de cómodo, lindo y obviamente grande, muy grande. Esperé allí un rato hasta que llegó la banda soporte Muse, la cual no conocía pero me pareció buena. Después me enteré que muchas personas fueron para ver especialmente a Muse.

    Finalmente empezó el tan esperado show 360 de U2. Fue espectacular tanto en cuanto a la música como a la infraestructura, los efectos de luces y por el impecable sonido. Una experiencia única que me dejó con ganas de volver al próximo.

     

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    El día siguiente amaneció con lluvia. Tuve suerte de haber elegido el día anterior para ir al recital y evitar mojarme en la cola de ingreso.

     

    Fui a desayunar y a comprar los pasajes para regresar. Pero, tenía ganas de dar una vuelta y conocer a la ciudad en sí misma, por eso compré los pasajes para la salir a la tardecita.

     

    Partí de la terminal siguiendo las diagonales que caracterizan a esta ciudad de perfecto trazado urbano, hasta arribar a la plaza principal. En esta se concentran los edificios más importantes e históricos como el de la municipalidad y el de la Catedral.

     

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    Luego de tomar un par de fotos con el cielo gris como telón de fondo, entré a conocer la Catedral Metropolitana de La Plata “Inmaculada Concepción” de manera muy silenciosa ya que en ese momento se estaba desarrollando una misa.

     

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    Después de esta visita fui hacia el centro para almorzar y ver el camino más conveniente para llegar al Paseo del Bosque, una de las zonas más atractivas de La Plata con una tupida vegetación.

    Caminé varias cuadras para llegar a esta zona donde se presentan varios puntos interesantes como el Museo de Ciencias Naturales. El paseo que conduce hacia el Museo es muy pintoresco, con varias especies de aves y árboles como decoración.

     

    El Museo de Ciencias Naturales conserva su llamativa y original fachada cuya construcción data del año 1884.

     

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    Era domingo, pero había varias personas dentro del imponente edificio. A vuelo de pájaro, por que el tiempo apremiaba, pude ver colecciones de mariposas, muestras arqueológicas, una sala dedicada al sistema solar entre otras cosas más.

     

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    En el Paseo del Bosque hay otros puntos para conocer como el Jardín Zoológico y el Observatorio Astronómico. Me quedé con ganas de conocer el Observatorio, el sistema solar siempre ha sido una cuestión interesante para mí, pero no había tiempo. Y en cuanto al Zoológico, que decir… lógicamente no entré, no solo por tiempo, sino por una cuestión ideológica, no estoy para nada de acuerdo con ello.

     

    Fue un viaje fugaz pero a mi criterio muy bien aprovechado. Quizás si no fuera por el recital o por algún motivo en especial, nunca hubiese pensado en viajar para conocer a la ciudad de La Plata, pero lo cierto es que tiene varios puntos turísticos interesantes para conocer. Lo recomiendo para pasar un fin de semana o por lo menos una noche…

  4. Pasamos varios días en el pueblo de Humahuaca, en Jujuy, por lo que inevitablemente le tomé un cariño muy especial a este rincón norteño <3 Como Martín debía trabajar utilizando una conexión a internet, nos mudamos del camping a un hostel ubicado a una cuadra de la plaza central. El Hostel Humahuaca tenía unas geniales camas, una cocina y un gran patio interno.

     

    Humahuaca, Jujuy

     

    A los pocos días de nuestra llegada, aquel lugar se convirtió en el punto de encuentro de viajeros que iban y los que volvían. En nuestra larga estadía allí, conocimos personas de todas las nacionalidades: brasileros, suizos, españoles y argentinos, obviamente, que viajaban hacia el norte o iban hacia el sur. La cocina se trasformó en el sitio de reunión donde uno escuchaba las anécdotas más disparatadas de todos los rincones del mundo. Muchos viajeros que ya regresaban de su paso por las ruinas de Machu Picchu en Perú, o aquellos que habían recorrido Bolivia nos llenaron de consejos para cuando llegáramos a estos destinos y a mí me llenaron de una ansiedad terrible por cruzar la frontera :big-grin:

     

    Recuerdo una noche en particular, donde todos quienes nos hospedábamos en el hostel hicimos una cena comunitaria y con todo el espíritu festivo que reinaba en nosotros, nos fuimos a una de las peñas de Humahuaca, donde una pareja de músicos interpretaba temas folclóricos con guitarra y bombo. Entre cervezas y brindis y dos suizos intentando bailar una chacarera, pasamos la noche más loca y divertido que puedo recordar (aún con baches borrosos :big-grinB: ) de Humahuaca.

     

    Viajeros brindando en la peña de Humauaca

     

    Sin embargo si hay algo que me quedará grabado en mi mente por siempre, fue el festejo del Día de La Pachamama.

     

    Cada primero de Agosto, se realiza en toda la región norteña este singular rito, como agradecimiento a La Pachamama, la Madre Tierra, entregándole ofrendas como comidas y bebidas alcohólicas y pidiendo por las futuras cosechas.

     

    Los festejos habían iniciado la noche anterior, donde los vecinos de Humahuaca repartieron entre todas las casas y los negocios, incienso de aromáticas vegetales que se recogen directamente de las zonas aledañas. También se comienza a festejar con mucho, MUCHO alcohol.

     

    1 de Agosto, Día de La Pachamama

     

    A la mañana siguiente todas las calles de Humahuaca estaban inundadas de ese aroma dulzón porque en todos lados el incienso era prendido para sahumar las casas, espantar los malos espíritus y atraer la buena suerte.

     

    Nos acercamos a la plaza principal cerca del mediodía, que estaba llena de gente y música, porque había una orquesta tocando sin cesar desde temprano.

     

    Orquesta en el Día de La Pachamama

    Los músicos en la plaza principal

     

    Habían quitado algunas baldosas y directamente en la tierra subyacente, habían cavado un pozo de algunos centímetros de profundidad. Todo alrededor estaba cubierto de papel picado de todos los colores y varias serpentinas, que representaban la festividad y las cosas buenas. Había muchos elementos y simbología que amablemente me fueron explicando cuando pregunté por ellas, curiosa.

     

    1 de Agosto, Día de La Pachamama

     

    Los billetes de plata representaban el pedido de la buena economía para las familias, y como parte de las ofrendas dadas a La Pacha, se encienden cigarrillos que se clavan en la tierra y se esparcen hojas de coca y tiras de lana de colores.

     

    1 de Agosto, Día de La Pachamama

     

    También había bebidas alcohólicas y comidas típicas preparadas en vasijas. En el borde del pozo se clavan cuchillos que evitan que los malos espíritus enterrados salgan.

     

    1 de Agosto, Día de La Pachamama

     

     

    Una larga fila se había formado alrededor del agujero, y una mujer iba organizando todo el ritual. De a par, los pueblerinos (y algún que otro turista desubicado que lo único que quería era una estúpida foto… lo que me pareció una falta de respeto horrible) iban acercándose al pozo, se arrodillaban ante él y luego de persignarse comenzaban con el ofrecimiento de los regalos a La Pachamama.

     

    Mientras rezaban y pedían, iban echando al pozo un puñadito de papelitos de colores, un chorro de alguna bebida alcohólica como vino, agua bendita, y luego, juntaban un poquito de tierra y la esparcían dentro del pozo. Una vez que finalizaban con el pedido, sus cabezas eran cubiertas con papel picado.

     

    1 de Agosto, Día de La Pachamama

     

    Desde temprano habían comenzado y de a poco, todas las personas de Humahuaca se fueron acercando a la plaza para realizar su agradecimiento a la Madre Tierra. Por detrás de las personas, mi cabeza curiosa asomaba cada tanto porque me llamaba la atención tantos colores alegres y tantos regalos a esta deidad que adoran los pueblerinos del Norte. Era especialmente llamativo ver cómo se habían mezclado estas tradiciones indígenas con simbolismos cristianos, como la persignación, el agua bendita o el rezo de un “Padre nuestro”.

     

    Ya caída la tarde, y cuando todos quienes quisieran participar se hubieran acercado, el pozo estaba prácticamente tapado. Para finalizar, la pareja que organizaba el ritual se arrodilló frente al agujero y luego de hacer sus pedidos, terminó por ofrendar los últimos elementos que se encontraban y vaciaron las vasijas de comidas.

     

    1 de Agosto, Día de La Pachamama

     

    Taparon el pozo con la tierra que sobraba y luego, prolijamente fueron apilando en espiral todas las botellas de bebidas alcohólicas que habían utilizado y cubrieron todo con decenas de serpentinas de colores. Estoy segura que La Pacha había quedado completamente satisfecha con todas las ofrendas.

     

    1 de Agosto, Día de La Pachamama

     

    Pasaron los días, los viajeros que se habían juntado en el hostel siguieron su camino y el lugar quedó casi vacío y en paz. Cada tanto algunos que otros llegaban y en su estadía en Humahuaca los veíamos hacer una excursión a un lugar al que llamaban Cerro de los 14 colores. Volvían tan deslumbrados con aquel lugar que en poco tiempo despertó en nosotros una gran curiosidad.

     

    Pocos días antes de dejar Humahuaca entonces, decidimos ver qué era eso tan maravilloso con tantos colores y nos dirigimos hacia aquel lugar siguiendo las indicaciones del encargado del hostel.

     

    Debimos salir del pueblo, por un camino secundario de tierra, que en un principio estaba en buen estado, lo que nos llenó de alivio (que pronto se esfumaría). Debíamos recorrer sólo 25 km. hasta la Serranías del Hornacal, el nombre real de este cerro de tantos colores.

     

    La carretera se interna de lleno en tierras de nadie. Fuimos atravesando campos desolados y agrestes, hasta que empezamos a ascender por entre los cerros. Humahuaca ya casi ni se veía mientras subíamos por aquel camino de curvas y curvas. Cuando superamos los 4000 metros sobre el nivel del mar, la cosa se puso bastante fresca y hubo que para a subirse la campera hasta el cuello y ponerse unos abrigados guantes.

     

    Camino a la serranía del Hornocal

     

    La vista desde aquella altura era realmente impresionante, con esas enormes cierras naciendo en todas direcciones, pero el camino comenzó a tornarse muy malo. Y no había nadie a kilómetros a la redonda. La moto fue traqueteando y esquivando baches, pero lo peor de todo eran los trechos con serrucho. Yo iba rebotando sobre la moto y fue tanto el golpeteo de mi cabeza contra el casco que terminó provocándome una jaqueca horrible. :(

     

    Pero a pesar de aquel camino, al cabo de una hora, hora y media, finalmente llegamos a la cima de una colina donde se abría una explanada y nos detuvimos. El paisaje que teníamos adelante, el famoso Cerro de los 14 colores fue una de las cosas más HERMOSAS que vi en mi vida e intentaré de la mejor manera posible, describirla como se merece. :ohmy:

     

    Hornocal, cerro de los 14 colores

     

    La planicie donde dejamos la moto terminaba en una cuesta que descendía algunos metros y luego se continuaba unos tres kilómetros hacia otro barranco. Algunos metros más adelante nacía este gigantesco cordón montañoso teñido de un intenso color violáceo que resaltaba completamente entre las bajas colinas marrones de la puna.

     

    Hornocal, cerro de los 14 colores

     

    En todo su largo, el Hornacal mostraba una geometría zigzagueante con betas de colores claros y oscuros que se intercalan como una explosión de color. En aquel lugar reinaba un silencio absoluto, a pesar de que junto a nosotros habían algunas personas más… pero es que aquel paisaje que uno se encuentra de frente, te deja sin habla.

     

    Hornocal, cerro de los 14 colores

     

    Contrastando con el celeste cielo, los colores profundos de aquella sierra resaltaban llamativamente, como si estuviese encendida en llamas! Rojos, rosados, lilas y violetas se continuaban con colores más claros como anaranjados, amarillos y grises hacia un extremo. Y eran impresionantes sus llamativas vetas en V que se repetían indefinidamente a lo largo de aquella enorme pared, y sus crestas puntiagudas… que daba la sensación como si de repente la montaña hubiera explotado y hubiera quedado petrificada en ese instante.

     

    Descendimos por la pendiente, a pesar de ver a la gente regresar casi sin aliento, y nos acercamos aún más al cerro. Martin decidió continuar hasta el final del camino, y yo prefería sentarme en la ladera de aquella colina a contemplar completamente absorta aquel paisaje.

     

    Hornocal, cerro de los 14 colores

     

    Mientras un fresco viento corría por entre las harban cercas que se mecían a mi lado, y algunas hormigas ya comenzaban a investigarme, trepando por mis zapatilla, me quedé durante varios minutos, tratando de tragarme por los ojos aquel espectáculo de colores que la naturaleza… que La Pacha, me regalaba. Intenté contar las bandas de colores y para mi fueron más de 14.

     

    Hornocal, cerro de los 14 colores

     

    Hacia la derecha, el Hornocal mostraba unas vetas curvadas como un pincelazo, con el mismo juego de colores. Lo enorme y gigantesco de aquella sierra, sus colores y belleza hacían sentir a uno completamente insignificante.

     

    Hornocal, cerro de los 14 colores

     

    Permanecí alrededor de una hora, escuchando “los sonidos del silencio” como quien diría, y disfrutando de aquello hasta que Martin regresó y emprendimos el regreso hacia la moto. A aquella altura y subiendo esa pendiente tan inclinada, mis pulmones casi colapsan, y llegué a la moto casi sin aliento.

     

    Contemplamos una vez más el cerro, porque para hacerlo aún más maravilloso, a medida que el sol se escondía y la luz pegaba en otro ángulo, uno podía ir descubriendo más colores sobre el Hornocal, y el contraste de las sombras en las vetas era magnífico.

     

    Hornocal, cerro de los 14 colores

     

    Regresamos por el mismo camino, mientras caía la tarde y luego de esquivar una familia de vicuñas que se nos cruzaron. Avanzamos con cautela descendiendo toda esa altura que habíamos escalado a la ida, mientras se me revolvía el estómago por el rebote continuo sobre ese camino ondulado.

     

    Vicuñas en Jujuy

    Vicuñas cruzando la puna

    Cuando nos faltaban algunos kilómetros aún para recorrer, vimos a lo lejos una gran manta de una ancha nube blanca y pomposa que se propagaba entre las colinas. Asombrados, nos detuvimos a sacar fotos de aquel paisaje y luego continuamos la marcha. Lo que no nos imaginábamos era que aquella enorme nube era en realidad una terrible helada que había bajado hacia Humahuaca. Lo descubrimos en el mismo momento en que nos metimos de lleno en aquella nube. Frío y mucho. Ya no sabía si mi cuerpo me temblaba por el camino en mal estado o por el abrupto cambio de temperatura que sufrimos llegando al pueblo. Llegamos al hostel con las manos entumecidas y estalactitas cayendo de nuestras narices. :confus:

     

    De regreso a Humahuaca

    Nube helada :S

     

    Después de casi dos semanas en aquel pueblito que conquistó una parte de mi corazón, nos despedimos de Humahuaca con algo de melancolía y recorrimos los últimos 170 kilómetros hasta llegar a la ciudad norteña de La Quiaca, donde se encuentra el paso fronterizo con Bolivia.

     

    Camino a La Quiaca, Jujuy

    Camino a La Quiaca

     

    La Quiaca es una típica ciudad de frontera y para ser sincera, no es muy pintoresco como lo habían sido todos los pueblos de Jujuy que habíamos conocido, por lo que decidimos recorrer unos 17 kilómetros más hasta llegar a un pequeñísimo y humilde poblado, llamado Yavi.

     

    Yavi es un verdadero rincón inhóspito del mundo. El pueblito, muchísimo más pequeño que Humahuaca consiste solamente en una gran avenida principal de tierra, con no más de diez callecitas que la cortan en perpendicular. Sencillas casitas de adobe y paja, separadas por bajos muros de piedras apiladas conformaban Yavi, rodeado de colinas pardas y vegetación seca.

     

    El poblado de Yavi, Jujuy

    Pueblito de Yavi, en Jujuy

     

    Esa noche, hospedados en un hostal, mientras escribía para esta página, terminé divagando por los archivos de mi computadora y me puse a ver fotos de mis amigos, y de mi familia. Yo creo que eso, sumado a la atmósfera algo melancólica de aquel perdido pueblito en que nos encontrábamos, de repente estrujó un poco mis sentimientos. Ya hacía casi medio año que había dejado mi ciudad y que no veía a mi familia y seres queridos :sad: Y también estaban todas las ansias y expectativas que venía acumulando por dejar mi país. Estábamos a horas de salir de Argentina y visitar lugares completamente desconocidos para mí, donde no sabía con lo que me iba a encontrar ni lo que me esperaría y eso me generaba algunos nervios y miedos.

     

    Toda esa mezcla de sentimientos se encontraron esa noche y (esto puede sonar algo estúpido), cuando me metí en la ducha para darme un baño relajante y descubrí que el agua salía helada… fue la gota que rebalsó el vaso y por tercera vez en el viaje, me quebré. Sentada en el inodoro, no pude contener el llanto que me brotó por todos lados. Sé que la imagen puede ser muy patética, pero hoy me abro y soy completamente honesta con ustedes, porque esto también es parte del viaje.

     

    Necesité esos largos minutos de descarga :crying: :crying: :crying: hasta que finalmente vi cómo salía un poco de vapor por encima de la cortina del baño y pude darme un baño caliente y relajante. Unas palabras de Martin complementaron el baño y logré reponerme de aquel quiebre. Debíamos continuar viaje.

     

     

    A la mañana siguiente, empacamos nuestras cosas y viajamos nuevamente hacia La Quiaca.

     

    Cuando salimos, aquel 19 de febrero, no teníamos ni idea de cuánto tiempo íbamos a viajar, o cuánto íbamos a soportar, pero allí estábamos. Habíamos recorrido casi 15000 kilómetros dentro de nuestro gigantesco país, recorriéndolo de punta a punta, de Ushuaia a La Quiaca. Nuestra primera meta había sido cumplida y estábamos tan felices y orgullosos de eso que no caíamos en la realidad :)

     

    Ahora debíamos ir por nuestra siguiente meta: recorrer Suramérica. Así que aquella tarde, con muchos nervios, impaciencia, ansiedad y emoción dijimos adiós a nuestro querido país, y cruzamos hacia Bolivia :ohmy:

     

     

    De Ushuaia a La Quiaca :)

     

     

    Mira todas las fotos de los hermosos paisajes de Jujuy!

     

     

     

     

     

  5. Al oeste de Los Andes, se encuentra San Francisco de Quito, o simplemente “Quito” como le solemos decir todos. Es, como todos sabemos, la ciudad cabecera de Ecuador.

    Es un lugar difícil de describir en palabras porque tiene un entorno natural fascinante y el clima es excepcional. Como si todo lo anterior fuese poco, tiene un interesante casco histórico que fue declarado como Patrimonio de la Humanidad. Fue por esta mezcla de cosas que me vi tentada a planificar un viaje a estas tierras…

    El orden de los acontecimientos, fue algo así… vi unas bocas de volcanes nevadas, atravesé una franja de nubes cargadas de agua y luego un descenso en picada para finalmente aterrizar en el medio de la capital de Ecuador.

    El aeropuerto quiteño llama la atención de cualquiera… aviones por aquí, aves por allá, todo pasa muy cerca de la cabeza dando una sensación de susto e intriga.

    Una de las primeras cosas que me enteré al pisar el suelo quiteño, es que Ecuador, es uno de los principales exportadores de rosas. Son únicas, extremadamente suaves y perfumadas. Según me informaron, es gracias a las condiciones del lugar lo que hace que estas rosas tengan esa calidad. Las flores reciben durante todo el año, la misma cantidad de horas de sol que de sombra. Debe ser lindo ser "quiteña" y recibir esas rosas de regalo.

    Tuve la suerte de poder salir a recorrer ni bien llegué. Gracias a Dios no me apuné. Experimenté una sensación de pesadez ni bien llegué, pero por suerte no fue muy grave. Quito está a 2800 metros sobre el nivel del mar, un cambio bastante importante para mi cuerpo, ya que vivo en una ciudad costera. Pero ya tengo cierto entrenamiento, viajé a la puna de mi país, estuve en Perú, de a poco mi cuerpo se va acostumbrando a los cambios.

     

    Recorriendo el centro histórico

    No sé si habrá sido por falta de recursos que no se demolieron las construcciones o si fue por una valoración hacia el patrimonio, pero lo cierto es que el centro histórico de Quito tiene construcciones sorprendentes.

    Según leí en un folleto turístico que recogí del aeropuerto, Quito tiene el centro histórico más grande de América, con unas 320 hectáreas de casas coloniales y edificios monumentales. El centro histórico se mantuvo tal cual quedó desde su fundación, allá por el año 1534. Afortunadamente cuenta con la protección del título de Patrimonio Cultural de la Humanidad otorgado por la UNESCO.

    Una de las construcciones más alucinantes es la Basílica del Voto Nacional, con un rico estilo neogótico. Dicen que su construcción comenzó en el año 1884 pero por falto de presupuesto quedó sin terminar. Hay otra versión que dice algo así como… “el día que se termine de construir la Basílica se acabará el mundo” (Quizás este motivo asusto a sus constructores)

    Es complicado por momentos tratar de ubicarse, ¡Las calles tienen dos nombres! Uno hace alusión a historias o anécdotas locales y otro es el nombre que se utiliza hoy en día, el cual se basa en fechas, países o próceres.

    Las calles angostas son sumamente transitadas por lugareños con trajes típicos, vendedores de hojas de té, mujeres con sus bebes anudados en la espalda y por supuesto también por nosotros, los turistas.

     

    En el medio o, mejor dicho "el casi medio del mundo"

    Y como no verse tentado estando en Ecuador, a visitar el famoso monumento coronado con una bola que indica que uno está en el medio del mundo.

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    En realidad, leyendo una revista me enteré que esta idea del “medio del mundo” es un mito. El hito está a 2,40 metros al sur de la latitud cero. Parece que el GPS nos pinchó el globo a todos. En un recipiente ubicado un metro más al sur de la línea del Ecuador, el agua que es vertida gira hacia la derecha y cuando trasladas un recipiente al lado norte, el agua gira hacia la izquierda. Pero, presenten atención al siguiente detalle… cuando es colocado en la línea de la latitud cero, el agua cae perpendicular ante nuestros ojos.

    Hay otras experiencias que permiten corroborar este pequeño error… recuerdo que un turista fortachón y grandote que juntó sus manos y el guía intentaba separarlas. Cuando hicieron la prueba en el mal indicado punto cero, las manos del hombre se abrieron como una flor. Es divertido ver como todos hacen experimentos y quedan asombrados al enterarse de esta verdad.

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    Paseo nocturno por la Plaza Independencia

    De noche los lugares parecen sumamente distintos. Es por eso, que trato de ver las mejores postales de cada lugar al que visito en dos momentos distintos. Y claro, como privarme de ver el espectáculo de la Plaza Independencia de Quito por la noche.

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    Además, los paseos nocturnos tienen la ventaja de ser más tranquilos. Es decir, hay menos gente, se pueden sacar mejores fotos, hay más silencio, etc.

    Esta plaza es la más grande de toda la ciudad y es un símbolo del poder ejecutivo del país. En la plaza hay varias construcciones interesantes para admirar como la Catedral Metropolitana, el Palacio Municipal, otros palacios más y un lujoso hotel.

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    En mi paseo por Ecuador, también visité otros sitios interesantes como Cotopaxi, que en otra oportunidad les comentaré con mayor detalle. ^_^

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    Relatos Recientes

    Estando en la ciudad de Oaxaca no quisimos dejar pasar la oportunidad de nadar en las costas del pacífico mexicano, que prometen ser hermosas (el Caribe no lo es todo), y las Bahías de Huatulco eran el destino ideal. Había dos opciones para llegar: tomar el bus oficial que rodeaba la sierra oaxaqueña y hacía 11 horas de viaje, por 400 pesos el boleto sencillo; o tomar una combi que atravesaba la sierra durante la madrugada (12 am - 6 am) por 300 pesos el viaje redondo. Creo que no hace falta decir qué decisión tomamos.

    Al amanecer de aquel día, nuestra amiga Letzi fue a comprar los boletos temprano y nos trajo una sorpresa a casa: LOS BOLETOS A HUATULCO ESTABAN AGOTADOS. Pero no había apuros, había comprado el viaje a Puerto Escondido (otro destino paradisíaco en la costa) por el mismo precio, y de ahí podríamos ir a Huatulco en poco más de 1 hora.

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    Antes de la medianoche de aquel día, estábamos listos en la estación de las combis. La verdad el coche no era tan incómodo como habíamos pensado. Letzi nos había advertido sobre las constantes curvas que atravesaríamos en el trayecto, y los riesgos de marearse con facilidad. Así que compramos una tableta de dramamine (pastillas contra el mareo) y nos la tomamos justo antes de partir.

    La van salió de Oaxaca a las 12 am, y pretendíamos dormir todo el viaje para llegar descansados a Puerto Escondido; pero sólo 1 hora después despertamos súbitamente. Nuestros cuerpos se golpeaban uno contra los otros, y nuestras cabezas caían y volvían a su lugar. Cuando Letzi habló sobre las curvas en la carretera nunca creí que serían tan cerradas y bruscas.

    Atravesábamos la sierra de Oaxaca, y el coche avanzaba justo sobre un acantilado. La combi no tenía cinturones de seguridad. Sentía mucho miedo, pues un volantaso en falso y caeríamos al precipicio, sin ningún tipo de seguro. Todos mis amigos iban despiertos también. Cuando el camino se tornaba recto y nos disponíamos a dormir, nuevamente empezaban las curvas. Fueron casi 4 horas de vueltas continuas, estábamos agotados y no pudimos dormir. Además de eso, una señora que iba al frente paró el coche para vomitar dos veces, y el conductor llevaba la radio a todo volumen, escuchando una conversación con una tal “Rosita”. Al final, odiábamos a Rosita.

    Cuando al fin arribamos a Puerto Escondido, estábamos de mal humor. Entre quejas y peleas, accedimos a pagarles a dos chicos que nos llevarían a Huatulco por poco dinero, en una combi para nosotros solos. Sólo queríamos llegar y dormir un poco en la arena.

    Tan sólo 10 minutos en el camino, una patrulla de policías federales pararon el coche. Sacaron a los conductores y hablaron con ellos por bastante tiempo. Creímos que traían droga o algo así. Al final, tuvieron que darles una mordida (soborno) de varios miles de pesos. Ambos chicos volvieron enojados al coche y nos dijeron que NO nos podrían llevar a Huatulco. Con todos dentro de la van enfurecidos y decepcionados, nos regresaron a Puerto Escondido y nos dejaron en la estación de buses. Sin pensarlo, compramos los siguientes pasajes a Huatulco en los autobuses oficiales. Más caros, pero no nos importó.

    Cuando el camión avanzaba, pude ver las playas de Puerto Escondido. Es un pueblo bastante bohemio, de pinta hippie, famoso por sus concursos internacionales de surf. Fue una lástima no habernos quedado al menos un día, pero prometí volver.

    Llegamos a Huatulco como a las 9 am, después de dormir como bebés en el bus.

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    Nuestro humor había mejorado ya. Tomamos dos taxis hacia el embarcadero, desde donde sale un catamarán al día. El barco navega por siete de las nueve bahías, haciendo escala en dos, en las que se puede nadar y comer. Nuestro plan era tomar el viaje de ida y acampar en la última bahía. Al día siguiente regresaríamos al pueblo.

    Pagamos 200 pesos en el embarcadero y subimos al catamarán, junto con otro grupo de turistas. No me gustan mucho esos grupos organizados, pero era la única forma de llegar a las playas. Una vez a bordo y después de desayunar, sacamos nuestra botella de tequila, que en verdad necesitábamos. Había hielo y refrescos gratis en el barco, así que no fue un problema.

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    Fue imposible no olvidar los malos momentos al tener semejante belleza frente a nosotros. El barco se alejó unos metros de la costa y pudimos ver a la distancia los acantilados que forman las bahías. El agua del mar chocaba en las cuevas escarpadas en sus paredes de piedra rojiza. La verde y exuberante vegetación se asomaba en lo alto de las playas y colinas. Tenía unas ganas de tirarme al mar y nadar hasta las playas, pero muchas de ellas están protegidas por ser zonas de conservación de flora y fauna, como el caso de la tortuga marina. No nos quedó más que sentarnos en la orilla de la barca y contemplar.

    Luego de recorrer tres bahías (la del Chahue, Santa Cruz y la del Órgano) hicimos una escala en la Bahía del Maguey. Una lancha más pequeña nos llevó hasta la costa, ya que el catamarán no puede tocar tierra. Una vez ahí, nos dieron como una hora para nadar, tomar una bebida o dar un paseo. Ya habíamos terminado la botella de tequila, y sólo necesitábamos eso: flotar en el agua cristalina y verdosa de una bahía donde las olas rompían en las formaciones rocosas que la protegían, dejando un estanque natural que apaciguó todas nuestras preocupaciones.

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    Algunos de mis amigos compraron cervezas en los puestos locales. Algo bueno de Huatulco es que respeta mucho a sus zonas naturales protegidas, por tanto, no se ven grandes restaurantes o negocios modernos que contaminen el ambiente. Más bien, se observan vendedores ambulantes cargando hieleras portables con bebidas y comida traídas desde el pueblo más cercano. Todo alrededor era la naturaleza en su máximo esplendor.

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    La temperatura del agua era perfecta. El día era soleado y bastante cálido como para darse un chapuzón. Luego de casi una hora maravillosa en la bahía, la lancha regresó por nosotros y nos llevó de vuelta al catamarán.

    Seguimos bordeando la costa, pasando la bahía de Cacaluta y la de Chachacual. El último destino fue la Bahía de San Agustín, que está al extremo oeste. Aquí nuevamente desembarcamos, para dar a los paseantes la oportunidad de nadar en el arrecife y comer en uno de sus restaurantes de mariscos más deliciosos. Para nosotros significó descender con todo nuestro equipaje. Hablamos con el capitán y le dijimos que nos queríamos quedar en la bahía y hacer noche en la casa de campaña. Nos dijo que no había problema, y que para salir de ahí al otro día podíamos hacerlo por tierra hacia el pueblo de La Crucecita, a donde habíamos llegado temprano.

    Buscamos entonces el sitio más adecuado para levantar la carpa. La bahía era una plancha de arena blanca y tersa que masajeaba los pies mientras caminábamos. No nos importaba mucho dónde acampar, pero unas nubes en el horizonte nos hicieron ver la posibilidad de lluvia aquella noche. Así que hablamos con el dueño de un puesto de mariscos en la playa. Nos dio permiso de acampar bajo un techo de palma, siempre y cuando consumiéramos en su restaurante. Aceptamos la propuesta.

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    En la Bahía de San Agustín se asientan unos quince residentes, en su mayoría pescadores, que viven en casas de madera y techos de palma. Es un conjunto de construcciones muy pequeño, que apenas y contrasta con la magnitud de su amplia playa rodeada de acantilados.

    Por la tarde cumplimos nuestra promesa al hombre, comiendo en su restaurante ¡Vaya buena decisión! Los precios eran muy baratos y las porciones de comida enormes, sin mencionar lo delicioso del marisco recién pescado el mismo día por la mañana. Al verme atascado de un arroz caldoso con camarones, con mis pies masajeados por la arena y con la vista del Pacífico a mi frente, supe que ese viaje en combi había valido la pena…

    Después de reposar un rato la comida, nos dimos otro chapuzón en el mar. Hace pocos días habíamos ya cambiado al horario de invierno, y cuando nos dimos cuenta el barco zarpó de regreso al pueblo y el sol comenzaba a descender sobre el mar. Salimos del agua y los pescadores ya estaban guardando todas sus cosas: mesas, sillas, sombrillas y demás.

    Nos dimos cuenta que no teníamos casi provisiones, como agua y comida para toda la noche. Sólo había una tienda, y antes de que cerrara corrimos a comprar algunas cosas. Confiamos el dinero a mi amigo madrileño Jon, quien volvió con 10 latas de atún, galletas saladas y ¡15 litros de cerveza! (¿Qué estaba pensando?). Menos mal que había pedido prestada la hielera al señor y pudimos mantener frías las botellas hasta el otro día.

    Ya era de noche, y salvo algunas casitas de la playa, no había luz eléctrica. Decidimos prender una fogata, auxiliados por mi amiga Juliana, quien había sido boy scout. Pedimos un poco de leña al señor. Como no era suficiente, mi amigo Daniel y yo fuimos a buscar un poco más detrás de una choza. Tomamos unas cajas de madera y las llevamos al camping. En el camino, mi amiga Sonia venía con su cámara tomando fotos y me gritó: ¡Cuidado, un ALACRÁN! Empecé a correr huyendo del dichoso animal, cuando ella me replicó: ¡No tonto, está en la caja! Pronto, solté la madera en la arena y apareció ese pequeño animal, iluminado por el foco que colgaba fuera de la tienda, y que estuvo a punto de subir por mi brazo. Un señor escuchó los gritos y fue a ver qué pasaba. Tomó al bicho y le cortó el aguijón con un cuchillo. Nos dijo: “no te hace nada, sin aguijón ya no pica”. Yo sentí la muerte viéndome a los ojos, pues tuve miedo de su veneno, en ocasiones mortal. Pero ya sin peligro, mi amigo Daniel tomó al bicho, que rápido subió por su espalda. Después del susto, no dudamos en cerrar casi herméticamente la casa de campaña, para evitar cualquier tipo de animal dentro.

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    Aquella noche la pasamos contando nuestros secretos, jugando y escuchando música, alrededor de la fogata en medio de una bahía paradisiaca sin casi nadie alrededor. Sólo nosotros, la luna, el sonido del mar y los litros de cerveza. Fue una noche espectacular.

    Al otro día, el sol nos despertó temprano. La hielera aún tenía cerveza, pero yo no quería saber ya nada de ella. Antes de comer, quisimos conocer el arrecife de coral. Rentamos un equipo de snorkel con un señor, por un precio barato y por tiempo ilimitado, y nos dirigimos al mar.

    Sólo unos metros dentro de la bahía, se veían las corales en el fondo repletos de peces coloridos y simpáticos. Yo no soy muy buen nadador, pero con el chaleco y las aletas, nada de eso fue difícil. Una vez bien adentrados, mis amigos Daniel y Jon se quitaron el chaleco para sumergirse a bucear por ratos con los peces. Yo los envidié mucho y decidí hacer lo mismo. Al descubrir que no me podía sumergir, les pedí ayuda y me llevaron tomados de sus manos. Aunque fuera sólo unos segundos debajo por no aguantar más la respiración, fue mágico verme rodeado de esos pequeños seres marinos.

    Hicimos snorkel por unas horas y luego volvimos a la costa por el lado opuesto de la bahía, donde para nuestra sorpresa, el arrecife casi se asomaba por la superficie del agua; eso significó acabar con las piernas raspadas y moreteadas. Pero valió todo la pena.

    Salimos del mar con el estómago vacío, así que nuevamente comimos en el restaurante del señor que nos prestó su palapa, degustando por última vez esos platillos de primera. Cuando terminamos el almuerzo, nos dimos cuenta de que el catamarán en el que habíamos llegado estaba en la bahía nuevamente. Nos topamos con el capitán y le preguntamos si nos podía regresar al pueblo; después de todo, habíamos pagado el viaje redondo y sólo habíamos ocupado la ida. El hombre accedió por una propina a cambio. Así que desmontamos el camping rápidamente y embarcamos el yate.

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    En el viaje de vuelta sólo nos sentamos en la orilla de la barca para contemplar el atardecer sobre el océano. Fue algo realmente hermoso.

    Ya de noche, recorrimos un poco el pueblo de La Crucecita y compramos algunos recuerdos. Luego de tomar nuestra pastilla para el mareo, subimos a la combi que nos llevaría de regreso a Oaxaca. Aunque fue igualmente un viaje agotador, esta vez pudimos dormir un poco más, sin la radio prendida ni la mujer vomitando.

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    En el último día en Oaxaca nos reencontramos con nuestro amigo Guillermo, quien llegó del D.F. un poco más tarde. Rentamos unas bicicletas para recorrer un poco la ciudad, antes de tomar nuestro bus de vuelta a la Ciudad de México.

    Pueden ver el álbum completo en la siguiente liga:

    Y pueden ver la segunda parte del capítulo 5 de Un Mundo en La Mochila, donde verán nuestra aventura grabada en video:

     

  6. El plan era el siguiente: Queríamos llegar a Paraguay porque su ciudad limítrofe, Ciudad del Este, es famosa por sus precios rebajados y era necesario un cambio de cubiertas para la moto. Atravesaríamos Paraguay y volveríamos a entrar a Argentina por la provincia de Formosa, para recorrer el Norte.

     

    Aquel día el calor era especialmente sofocante. Dentro del casco me sentía como un pollo al horno! Pero mientras avanzábamos velozmente por la ruta, el viento fresco nos daba un alivio. Sólo a pocos kilómetros de la ciudad de Iguazú, se encuentra la ciudad brasilera Foz de Iguazú. Para llegar a Paraguay, primero deberíamos pasar por allí. Cruzamos sin problemas las fronteras brasileras, pero cuando llegamos al límite con Paraguay todo fue un CAOS. :zsick: :zsick: De repente estábamos atrapados en un amontonamiento de autos, bocinazos por todos lados, camiones que se nos tiraban encima y pequeñas motos que como moscas se metían por todos lados, cualquier recoveco era suficiente para ellos para pasar velozmente sin miramientos. Mientras hacíamos la fila para cruzar la frontera, todos los autos que pasaban a nuestro alrededor nos hacían señas para que pasáramos por un costado, esquivando aquella larga fila. Fue tal la confusión del momento y tan grande la insistencia de los conductores que finalmente nos hicimos paso por un costado y sin más ingresamos a Paraguay…. Terrible error cometimos. :huh:

     

     

    Palmeras a los costados de la ruta de Paraguay

    Hacia Paraguay

     

    En fin, avanzamos, esquivando enormes buses repletos de personas, tratando de no chocar a nadie porque la gente se cruzaba por cualquier lado, mientras las pequeñas motos que funcionaban como taxis, llevando pasajeros, nos pasaban a centímetros (de hecho, una nos chocó en la valija trasera… :mad: ). Y además de todo este quilombo, en cada esquina, éramos prácticamente acosados por 5, 6 sujetos que nos rodeaban y en cualquier idioma (francés, inglés, español o chino mandarín) nos ofrecían alojamiento, estacionamiento para la moto, tours y un sinfín de cosas… todo aquello era bastante estresante.

     

    Nos detuvimos unas horas en Ciudad del Este para hacer el cambio de cubiertas de las ruedas de la moto, probamos los típicos chipá, unas masas saladas, y para la tarde ya seguimos viaje.

     

    Famosos chipá paraguayos!

    Los famosos chipá paraguayos

     

     

    Corríamos sobre la ruta, ya alejados de aquella caótica ciudad, y rodeados de campos y algunas que otras casitas, cuando de repente un policía al costado de la carretera nos hizo señas para que nos detengamos. Desde ya debo aclararles que los policías suelen ponerme MUY nerviosa, por lo general son personas que poseen un poder que no saben usar y la impunidad en ellos es total (sin ofender a nadie). Este policía, con todo su aire engreído comenzó a pedirnos todos y cada uno de nuestros papeles: carnet de conducir, seguro de la moto, documentos del vehículo, documentos personales de ambos… todo. Al ver que llevábamos todo en regla, el señor policía pareció un poco decepcionado. Ya estaba por dejarnos ir, cuando nos pidió el papel para transitar por el país. En la confusión de la entrada y no me pregunten POR QUÉ, pero nunca habíamos hecho el trámite correspondiente y no teníamos ningún papel encima.

     

    La ruta de Paraguay

    Ruta paraguaya

     

     

    Nos hicieron bajar de la moto y nos metieron en una pequeña casucha donde se encontraba el jefe que miro y remiró nuestros documentos. Sin decirnos ni una palabra y sin siquiera levantar la vista hacia nosotros anotaba no sé qué cosas en su libreta y mis nervios estaban a punto de hacerme estallar un ojo :wacko: . Comenzaron a preguntarle a Martin cómo podían arreglar este asunto (…claramente hablaban de un soborno) porque estábamos ilegales dentro del país. La cosa se tornó bastante fea para mí, cuando dos policías se llevaron a Martin detrás de aquella casilla y cerraron la puerta tras él. Además, para hacer más turbia toda la situación, los policías que se quedaron conmigo se comunicaban en su idioma, guaraní entre ellos y yo no entendí nada. Después de quince minutos que para mí fueron eternos, Martin salió y rápidamente nos fuimos. Toda la plata que acabábamos de cambiar a guaraníes (la moneda paraguaya) ahora reposaba en el bolsillo del señor policía.

     

     

    Con una amargura que no podía contener y comenzaba a brotarme como lágrimas :crying: , recorrimos unos pocos kilómetros y nos detuvimos a acampar al lado de una estación de servicio, siendo ya de noche. Empezamos a preocuparnos porque realmente estábamos en falta y sin ese papel podían pararnos en cualquier momento y podríamos meternos en un problema más grave, habíamos escuchado que hasta podían sacarnos la moto! Decidimos entonces regresar sobre nuestros pasos y hacer el trámite en Ciudad del Este. Para ello deberíamos levantarnos antes del amanecer para evitar ser detenidos otra vez por algún policía.

     

    La ruta de Paraguay

     

    A la cinco de la mañana y antes de que saliera el sol, desarmamos campamento y salimos viendo el amanecer. Semidormidos, retrocedimos por la ruta completamente desolada. Cruzamos nuevamente por esa casilla donde el día anterior nos habían detenido y se encontraba completamente cerrada, para nuestro alivio. Ya estábamos por cantar victoria, porque nos faltaban pocos kilómetros para llegar a Ciudad del Este, cuando en el horizonte, vimos un auto de la policía carretera al costado de la ruta y un robusto policía uniformado con un traje mostaza nos hacía señas para detenernos. El nudo q sentí en el estómago en cuestión de segundos subió a mi garganta y ya nos imaginaba presos en alguna comisaría de Paraguay, telefoneando a mi mamá para que viniera a rescatarnos. Pero entonces, cuando ya habíamos aminorado la marcha y nos estábamos orillando al costado de la ruta, el policía vio nuestra patente argentina y sin mucha importancia hizo un pequeño ademán con su mano para que continuáramos nuestro camino. :ohmy: El alivio que sentimos en ese momento fue enorme! Nos reímos durante largo rato hasta q llegamos a Ciudad del Este, hicimos la fila como correspondía, el trámite necesario y ahora sí, legales y con todo en orden, nuevamente tomamos la ruta hacia el Oeste… por segunda vez.

     

    Fue tan amarga esa experiencia policíaca que realmente ya no nos apetecía mucho seguir en Paraguay, por lo que durante todo el día no hicimos más que avanzar sobre la ruta. Pasamos por la capital de Paraguay, Asunción, una gigantesca ciudad donde el caos se duplicó, y continuamos nuestro viaje hasta que el sol se ocultó. Llegamos a la frontera con Argentina de noche y en pocos minutos ya estábamos nuevamente en nuestro territorio, en la provincia de Formosa.

     

    Hicimos noche, acampando en la ciudad fronteriza de Clorinda, ya dentro de Argentina y al día siguiente seguimos viaje hacia la ciudad capital de la provincia que lleva el mismo nombre. Ya nos estamos acostumbrando a las sorpresas que nos viene dando este viaje, y la ciudad de Formosa fue una de ellas. <3

     

    Calle principal de la ciudad de Formosa

    La ciudad de Formosa

     

    Formosa es una prolija y cuidada ciudad, de grandes avenidas y mucho verde. Las plazas y los parques le brindan una belleza única a las ciudades. Situada sobre el Rio Paraguay, la costanera de Formosa era un precioso paseo para hacer por las tardes. Con una fuente de colores y música ambiental, las vistas sobre aquella costanera eran únicas.

     

    La costanera de la ciudad de Formosa

    Costanera de la ciudad de Formosa

     

    La primera noche la pasamos en un hotel. Una ducha caliente y un bendito colchón era lo que necesitábamos para recobrar fuerzas. Ni hablar del desayuno que tuvimos la mañana siguiente. Tomé todo lo que pude de ese preciado desayuno y lo guardé como mi tesoro.

     

    Mi tesoro!

    Mi tesoro!! :big-smil:

     

    Los siguientes días volvimos a nuestra carpita, y nos instalamos en un gran parque ubicado a las afueras de la ciudad.

     

    Aprovechamos nuestra visita a Formosa para descansar un poco y hacerle algunos cariños a la moto. Llegamos así al taller de Carlos, un tipo capo (otra expresión argentina, que significa genio) que nos atendió… bah, atendió a la moto de maravillas.

    Además de mecánico, Carlos fue nuestro guía turístico y junto a él recorrimos sobre la moto toda la costanera de la ciudad. Debido a las crecidas de los ríos debido a la última tempestad, el agua había sobrepasado bastante las costas de la ciudad, por lo que el paisaje era bastante impactante.

     

    La ciudad algo inundada de Formosa

     

    Sobre las orillas, entre altos pastos podían verse garzas y garcitas alimentándose de algunos insectos o pequeños peces, con sus patas sumergidas en el agua.

     

    Garza blanca en la costanera de la ciudad de Formosa

     

    Nuestro último día en la ciudad de Formosa, lo dedicamos a recorrer una localidad muy recomendada por Carlos, La Herradura. Nuevamente las inundaciones no nos permitieron disfrutar por completo del lugar, pero sin lugar a dudas se trata de un sitio con mucha naturaleza floreciendo en cada rincón y mucha tranquilidad.

     

    La Herradura, Formosa

    La Herradura, Formosa

     

    Sobre la costa de aquel pueblo, podía verse como las crecidas habían inundado parte del parque aledaño, y se podían ver bancos de plazas completamente bajo el agua.

     

    La Herradura, Formosa

     

    Aun así, las grandes plantas acuáticas flotando sobre el agua y el radiante día nos brindaron un paisaje maravilloso para disfrutar aquella tarde.

     

    La Herradura, Formosa

     

    Luego de aquella veloz visita a La Herradura, continuamos nuestra ruta, atravesando la provincia de Formosa. Nuestra última parada antes de dejar la provincia fue en un pequeñísimo poblado, perdido en el mapa, en el que acampamos como siempre solemos hacer, al costado de una estación de servicio. Aquel pueblito al costado de la ruta, con sus callecitas de tierras y sus sencillas casitas realmente tenía un aspecto algo aterrador, pero no era NADA comparado con los insectos que en él habitaban.

    Cuando descubrí una enorme chinche de agua, camino al baño, y vi sus grandes pinzas y su tamaño (como la palma de mi mano) me metí en la carpa, cerré todo perfectamente y no quise salir hasta el amanecer. :O_o:

     

     

    Enorme chinche de agua

    Linda chinche de agua :ohmy:

     

    A la mañana siguiente continuamos nuestro camino. Pocos kilómetros delante nuestro se encontraba el paso hacia nuestra siguiente provincia, Salta, con la que iniciaríamos nuestra travesía por el Norte Argentino.

     

    Hacia la provincia de Salta!

     

     

     

  7. Vamos a las luchas! Fue uno de los primeros pensamientos que tuve cuando me topé con un viaje inesperado a México, específicamente al Distrito Federal. Cuando viajo, siempre me gusta probar las tradiciones locales, y la lucha libre parecía una entretenida idea a pesar que jamás me había dedicado a contemplarlas en la TV, imaginé inmediatamente que un espectáculo en vivo debía de ser muchísimo más interesante. Existen numerosos paseos especialmente diseñados para turistas que quieren vivir la lucha desde un punto de vista más turístico, pero luego de comparar diferentes valores y servicios, nos dimos cuenta que la mejor alternativa era simplemente agarrar un taxi y dirigirnos directamente a Arena México y comprar el ticket ahí, ya que eso nos permitiría contemplar el show completo y no solo un breve extracto de él.

    El primer show de lucha libre presentado en México se realizó en 1933 en Arena México y el evento fue patrocinado por Salvador Lutteroth González, quien viene siendo algo así como el padre de la lucha libre en México. El interés en el país por la lucha libre fue creciendo exponencialmente por lo que fue necesario construir un lugar que pudiese albergar a un mayor número de espectadores, por lo que la arena se remodeló y luego de dos años se reabrió con una mayor capacidad el año 1956.

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    Bueno pero basta de historia, ya que lo que a mi me motivó esta visita no tenía nada que ver con la tradición de este deporte sino con todo lo anexo asociado a éste, especialmente en mi caso, quería contemplar de cerca los disfraces de los luchadores :D ¿Porque un luchador debe disfrazarse para luchar? Algunos dicen que para ocultar su identidad y otros para presumir de su condición de luchador, ya que muchos de ellos utilizan sus máscaras cuando van al supermercado, salen a pasear con su familia y en cualquier evento público al que acuden. ¿Extraño no les parece? O_o

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    Llegamos a Arena México un Sábado, creo que una hora y media antes de la función. Fuimos los primeros en llegar, lo que nos permitió apreciar como de forma gradual, se iba llenando cada uno de los asientos a nuestro alrededor. Jamás pensé que tanta gente asistiese a un show de estas características, y poco a poco, me empecé a contagiar con el ambiente festivo que reinaba al interior del local. Me impresionó de manera inmediata el percatarme que el espectáculo parecía ser de gusto popular y familias completas, incluidos bebes disfrazados de luchadores llenaban las gradas.

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    Al ser un evento televisado por FOX (que emoción no?) los presentadores ensayaban sus discursos y el escenario se iluminaba y las personas a nuestro alrededor se percibían cada vez más entusiasmadas por la emoción del momento. Unos 45 minutos antes de que partiese la primera lucha, el Arena México empezó a inundarse con vendedores de todo tipo de comida y bebidas así que por supuesto encargue inmediatamente una cerveza corona y un pop corn con salsa picante (única de las cosas más asquerosas y deliciosas en igual nivel que he probado dentro de la categoría comida chatarra). Además, me tenté inmediatamente con las mascaritas de luchador que vendían, pero la cual finalmente no compré ya que el calor era bastante y no me imaginaba cubrir completamente mi cara con una tela de un material sintético que a mi parecer lucía como demasiado abrigada para el clima :wacko: . A cambio de las mascaritas, me compré una corneta gigante maravillosa para poder meter la mayor cantidad de ruido posible y así poder apoyar a mis luchadores favoritos (no tenía idea quienes luchaban obviamente, pero que más da! )

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    Y finalmente, luego de una amplia pero entretenidísima espera, empezó la lucha. 4 hombres disfrazados salieron a escena y por primera vez me enteré que la lucha libre es posible también pelearla por equipos (que poco informada me encontraba antes de asistir a este evento). Ah, pero como olvidar las bailarinas con poquísima ropa que aparecieron para presentar a los luchadores (sorry chicos, pero me rehúso subir fotos de las bailarinas) Ni una gota de celulitis y cubiertas en escarcha iniciaban bailes diferentes dependiendo de las personalidades de los luchadores que iban saliendo a escena.

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    4 luchadores entraron en el ring. 2 pertenecientes al equipo de los técnicos y 2 pertenecientes al equipo de los rudos. Los luchadores rudos son fácilmente reconocibles por lo siguiente

    1) son odiados por el 99,9% del público

    2) utilizan cualquier tipo de juego, o truco para poder ganarle a su contrincante.

    Básicamente juegan sucio y hace el espectáculo bastante más entretenido de contemplar. Los técnicos utilizan maniobras legales para vencer al oponente y son considerados los chicos buenos y suelen tener un gran número de seguidores. Solo porque la gran mayoría de las personas a mi alrededor vitoreaban a los técnicos yo hice lo mismo (temía que la gente que me rodeaba empezara a gritarme si no lo hacía :rolleyes: ), pero creo que muchos de los rudos se roban completamente el show.

    Debo decir que la primera lucha me decepcionó un poco dado que era fácil darse cuenta que las pelean eran como una coreografía entre todos los jugadores para que pareciese una lucha real, pero que en realidad mostraba algo orquestado desde un principio. Escuché mucha gente que abucheaba a los luchadores, por lo mismo, así que intente tranquilizarme ya que asumí que esto no era la habitual. Y estuve en lo correcto.

    Desde la segunda lucha en adelante, las peleas empezaron a ser más fuertes y me fui contagiando con los gritos de los espectadores al animar a los diferentes luchadores del ring. Disfraces, música, saltos fuera del ring, maniobras gimnásticas bastante elaboradas para algunos luchadores bastante pasaditos en peso y en edad. Imposible no reírse y aunque el espectáculo a ojos de algunas personas puede ser un signo de violencia excesiva, a mi parecer, parecía una mescla de cultura, acto circense y habilidades gimnásticas muy desarrolladas; esto mesclado con la indumentaria, gritos de la multitud y comida por doquier lo transformaron definitivamente en uno de mis placeres culpables.

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    No se si podría catalogarlo como un espectáculo para cualquier edad, ya que el nivel de violencia en algunos casos puede ser mayor, ya que estoy segura haber visto volar algun diente de un luchador :ohmy: y estoy bastante segura que uno de los abuelitos luchadores no se recuperará totalmente de los golpes sufridos, pero si lo recomiendo para aquellas personas que quieran vivir una tradición kitch típica del pueblo Mexicano.

    Ah!! Ese día era la lucha del cinto de oro. Ni me pregunten quien ganó. Sólo sé que lo hizo, un hombre enmascarado :big-smil:

  8. Y no, no hay apaches ni indios pieles rojas en Teotihuacán, si es lo que están pensando. El título de mi nuevo relato se adquirió a pulso por una sencilla razón: olvidar el bloqueador solar en casa :crying:   De verdad, cada vez que visiten una ruina arqueológica ¡No olviden colocarse protector solar!

    Después de esta advertencia, haré un pequeño anuncio promocional. Uno de mis amigos españoles con el que viajé por todo México ha realizado (con mi coautoría) una serie de videos de viaje llamados "Un Mundo en la Mochila". Son videos al estilo amateur que les puede dar la oportunidad de conocer de manera diferente y más atractiva todo sobre los lugares que describo en mis relatos :) Así que a partir de ahora, en los relatos que lo ameriten, dejaré al final la liga del video para que le echen un vistazo.

    La ciudad de Teotihuacán es motivo de misterios, leyendas, ritos espirituales y teorías. No por nada es la zona de monumentos arqueológicos con mayor afluencia de turistas en todo México, aún más que Chichen Itzá y Palenque.

    Aunque en lo personal me han cautivado más las antiguas ciudades mayas (en relatos futuros sabrán por qué), la vividez y el brillo que emana Teotihuacán es digno de admirar desde todos sus ángulos.

    Si bien el Museo Nacional de Antropología e Historia (del cual hablé ya en mi relato anterior) tiene la colección más completa de vestigios de las culturas mesoamericanas en México, para vivirlas de verdad no hay nada mejor que verlo con sus propios ojos.

    Llegar a Teotihuacán no es nada complicado. Mis amigos y yo fuimos a la Central de Autobuses del Norte de la Cd. de México y desde ahí tomamos un autobús, que no demoró más de 45 minutos en arribar a las ruinas.

    Una vez que descendimos al sendero de tierra y nopales (no confundir nopal con cactus, búsquenlo en google) no hizo falta más que seguirlo. Después de unos minutos nos topamos con un grupo de Voladores de Papantla.

    Estos singulares hombres de origen totonaco (aunque hoy en día los hay de todas etnias) hicieron famoso su ritual religioso, que muchos piensan, fue adoptado y modificado por los aztecas para celebrar la fertilidad y acercarse al Dios del Sol.

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    El rito consiste en un palo de más de 20 metros de altura; en su punta se encuentra una cruz giratoria (representa los 4 puntos cardinales) sobre la que baila el caporal, quien toca la música con un tambor y una flauta. A cada extremo de la cruz va atada una cuerda, que en su otro extremo sostiene por la cintura a un volador, quien se lanza al vacío desde la cruz cuando ésta comienza a girar. De tal forma, poco a poco los voladores van bajando mientras dan vueltas alrededor del asta, hasta llegar al suelo donde forman un círculo abierto. Sus vestimentas son muy coloridas y todo el espectáculo es realmente fantástico :) Además, para hacerlo, muchos de estos indígenas se preparan años, siendo más una preparación espiritual que física.

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    Después de pasar a los voladores, se debe entrar por un pequeño museo para comprar el billete de admisión, que para estudiantes, ancianos y otros sectores es totalmente gratis, aunque el domingo lo es para todos (como es de esperarse, se atesta de gente).

    En nuestro caso, una chica practicante de la Escuela del Instituto de Antropología e Historia se acercó para ofrecernos una visita guiada sin costo, aunque normalmente se debe pagar por ello. Rápidamente aceptamos ;)

    La primera visita la hicimos a la antigua ciudadela de Teotihuacán, que fue el centro político de la ciudad. En principio nos costó mucho trabajo subir algunos escalones que llevan al templo central. Una de las características de todas las pirámides en las que he estado es que tienen escalones muy altos :( lo que es un poco extraño, pues étnicamente los antiguos pobladores eran de estatura baja; pero probablemente esos escalones eran usados también como gradas.

    El templo central de la ciudadela es la pirámide de la Serpiente Emplumada, una de las principales deidades de las culturas mesoamericanas al que se le conoce como Quetzalcóatl. Lamentablemente esa pirámide no se puede escalar, pues ya está bastante dañada y, por tanto, reconstruida, debido a su explotación turística, y está a punto de perder su título de Patrimonio de la Humanidad.

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    Aún así, el templo se puede admirar desde los escalones que bajan a su entrada. Una de las cosas que más nos maravillaron fueron las esculturas de la cara de la serpiente emplumada que se asoman por los costados. Los historiadores dicen que las plumas con las que se representa a dicho dios son iguales a las del Quetzal, el ave sagrada de los mayas que habita en la península de Yucatán. Las figuras a los lados de Quetzalcótal podrían ser el rostro de Tláloc, el dios de la lluvia.

    Más tarde, empezamos una caminata para conocer lo que fueron las casas de los ciudadanos de Teotihuacán. Algunas, las que se creen fueron zona de la aristocracia, otras para los guerreros y otras para la clase obrera. Las casas, por supuesto, lucen bastante deformadas; sólo se pueden apreciar los trazos de sus cimientos, lo que da una idea de cómo estaban divididos los cuartos por dentro.

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    Cuando la guía terminó el recorrido, mis amigos y yo partimos hacia el primer objetivo: subir la pirámide del Sol, la segunda más grande en Mesoamérica.

    En el camino, nos topamos con varias plataformas que parecían pirámides a medio construir. Nos enteramos que, se cree, podían haber sido usadas por los aztecas para realizar sacrificios humanos. Así que no dudamos en actuar un antiguo sacrificio y dar gracias a los dioses aztecas :) por cierto, eso lo tenemos grabado.

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    Cuando nos vimos al pie de la pirámide del Sol, nos quedamos con la boca abierta. Basta decir que suele ser comparada con la Gran Pirámide de Keops en Giza, por su magnitud. Entonces, decidimos dar el primer paso.

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    Subir esas escaleras puede ser un reto extremo para muchos. Pero vaya que vale la pena. Como dije antes, casi todas las estructuras antiguas tienen escalones muy altos; la manera recomendable de subirlos es en zig zag, y no de forma recta hacia la cúspide.

    Cuando nos hallamos por fin en la cima (que en realidad es como el segundo o tercer piso, pues no se permite escalar hasta la punta) pudimos divisar desde un ángulo maravilloso la pirámide de la Luna, cuya forma, curiosamente, se asemeja a la montaña que tiene detrás. La guía nos dijo que los teotihuacanos se guiaron en las colinas que rodean al valle para construir los edificios.

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    Después de unos minutos descansando en la orilla de la plataforma, comenzamos a sentir los estragos de haber olvidado el bloqueador solar en casa. Nuestra piel se empezó a tornar roja :( y eso no es nada divertido.

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    Cuando descendimos la pirámide, sólo nos faltaba una cosa más por hacer: subir la pirámide de la Luna, de menor altura que su hermana. Para ello, debimos recorrer toda la Calzada de los Muertos. Ésta fue la avenida principal de la ciudad, pues conecta ambas pirámides con la ciudadela y el templo de la serpiente emplumada. Se llama así porque cuando fue descubierta los arqueólogos encontraron muchos cadáveres a las orillas de la calzada. Se cree que son los restos de los sacrificios humanos que se realizaban en las pequeñas plataformas a los costados de la calle.

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    Algunas personas creen que la ciudad de Teotihuacán está cargada con energías astrales o espirituales, y hacen todo tipo de rituales de meditación a lo largo de la calzada.

    Al finalizar el sendero, quedamos justo frente a la gran pirámide lunar, y echando una bocanada de aire antes, dijimos: "¡Vamos! ¡Nosotros podemos!"... sólo unos escalones más y nos vimos en la cima de la segunda pirámide :)

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    Desde aquí se tiene una vista frontal magnífica de toda la Calzada de los Muertos y, por tanto, de casi la totalidad de la ciudad. Fue un momento de relajación absoluta, después de largas caminatas y exponer nuestra piel al sol de verano. Después de minutos de tomar fotografías y mirar el paisaje, bajamos nuevamente y emprendimos nuestra caminata a la parada del autobús que nos retornaría a la ciudad de México.

    Se que hay ocasiones en que se puede conocer Teotihuacán desde un globo aerostático, debe ser sorprendente. Así que, si su billetera lo permite, no duden en hacerlo ^_^

    También les dejo el link del álbum completo de mis fotos

    Y la liga del video de Un Mundo en la Mochila, el primer capítulo de toda la serie, que en realidad trata sobre el D.F. A partir del minuto 21:30 podrán mirar todo sobre Teotihuacán

     

  9. Este año hemos vuelto a pasar el verano en Basilicata y aunque esta vez fue un viaje tranquilo con pocas escapadas y visitas turísticas quiero aprovechas la ocasión para rescatar viejos relatos de nuestro viaje al sur de Italia del 2012. Donde por diferentes circunstancias llegamos con las mochilas para quedarnos un mes y acabamos viviendo 6 ^_^

     

    Nuestro viaje inició “durmiendo” en la terminal 1 del aeropuerto de Barcelona pues el vuelo más barato que habíamos encontrado desde Lisboa llegaba a las 23 h a BCN y salía a las 06 de la mañana para Nápoles.

     

    Tal y como narra Avani fue toda una experiencia, lo peor fue al principio que por respeto, vergüenza o falta de experiencia intentamos dormir entre los dos bancos antes de aventurarnos a probar los cómodos asientos del Lizarran... Al día siguiente aún tenía todos los músculos entumecidos :wacko: y aun teníamos que tomar un tren, dos autobuses y caminar un par de kilómetros con nuestras mochilas a cuestas antes de llegar a nuestro destino, el Camping Villaggio Romano en el bonito pueblo de Marina di Camerota.

     

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    La cálida acogida de la familia de Avani, la deliciosa comida y nuestra insaciable curiosidad nos ayudó a recuperar rápidamente parte de nuestras energías y tras instalarnos en el camping nos aventuramos a explorar el sendero que conduce a la vecina torre de vigía. Cabe decir que la costa de Camerota se encontraba bien custodiada por sus torres y los “torrieri”, ancianos o ex militares encargados de la vigía del burgo que respondían personalmente, incluso con la vida, en caso de problemas.

     

    El cortísimo recorrido empieza en la playa Lentiscelle (enfrente de nuestro camping), concretamente en la pequeña y reservada calita del extremo sur. Recibe el nombre de “Percorso Panoramico Mozzafiato” (mozzafiato significa literalmente sin aliento y se aplica a los paisajes que te dejan sin palabras o mejor sin aliento ;) ). Aunque el nombre del recorrido no faltaba a la verdad, mi mente embriagada por los olores del lentisco, de las agujas secas del pino, del helicriso, de la sabina negra y de tantas otras plantas, se encaprichó en recordarlo como el sendero de los aromas.

     

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    El primer tramo parece complejo, quizás sea esta la razón de sus pocos transeúntes, no obstante tras trepar por encima de las primeras rocas, ni dos metros de altura, los irregulares escalones de piedra facilitan la ascensión.

     

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    La frágil y estropeada barandilla de madera que separa los escalones de los escollos vuelve el camino más pintoresco e invita a disfrutar de las impresionantes vistas de Camerota, de ahí el nombre “Percorso Mozzafiato”.

     

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    Tras subir los escalones el camino prosigue entre arbustos y plantas aromáticas hasta la restaurada “Torre dello Zancale”.

     

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    De la torre poco podemos decir porque, a pesar de lo bonita que parece de lejos, un cercado y los oxidados despojos de la reconstrucción ofrecen un panorama lamentable al acercarse.

     

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    El único punto desde el cual uno puede admirar su estructura es el mar, si tenéis la ocasión de alquilar una canoa o contratáis una excursión en barco no olvidéis prestarle unos minutos de vuestro tiempo, se ve realmente bien y apenas se distingue el abandono que la circunde.

     

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    Otro punto panorámico se encuentra al final del recorrido, en el lado sur-este de la torre. Desde aquí se admira la otra vertiente de la costa a la cual solo se puede llegar vía mar. Lástima que teníamos el sol enfrente, y la cámara era pésima, ya que se trataba de un bellísimo rincón virgen alejado de las sombrillas y los chiringuitos, solo interrumpido por el ruido de las pequeñas barcas que recorren la costa.

     

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  10. Salí de viaje con la idea de combinar naturaleza y tranquilidad. Para ello, elegí la provincia de Corrientes. Una provincia en la que sólo había estado de pasada en ocasiones anteriores cuando a visitar las Cataratas del Iguazú o el vecino país de Brasil.

    Corrientes, es una provincia muy linda con muchos puntos interesantes para recorrer como Goya ciudad que la llaman la “Petit París” por la gran cantidad de visitas europeas que recibió, Mburucuyá con su magnfico Parque, la ciudad capital y la lista podría seguir. Además hay carnavales y lugares donde se puede vivir la vida de campo, es decir, alojamientos rurales.

    Pero como en todo viaje, hay que elegir qué conocer, por dónde empezar. En este viaje por Corrientes (y digo este porque pienso volver en algún momento) conocí los Esteros del Iberá y la localidad de Empedrado.

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    Una combinación que para muchos resultará extraña o poco convencional.

     

    Viviendo la magia en Esteros del Iberá

    Para conocer los Esteros del Iberá paré unos pocos días en Colonia Carlos Pellegrini.

    Pellegrini es el punto que recomienda mucha gente para hospedarse por la cercanía con los Esteros, es un pueblito chico con gente sumamente encantadora que pasea sin preocupaciones y donde la inseguridad parece no existir.

    Este pueblo es ideal para hacer base y conocer los Esteros, pero eso sí, doy algunos consejos… Antes de ir, pasen por el banco y lleven todo lo que vayan a necesitar, también cosas por las dudas. Allí no hay cajeros ni farmacias, hay muy pocos locales y cosas. Les doy un ejemplo, hay solamente cuatro lugares para comer, se sirven platos sencillos pero muy ricos, parecen caseros.

    Visto así parece un lugar poco recomendable para ir, pero la cuestión es que Empedrado es muy lindo para despejarse del bullicio de la ciudad y conocer un modo de vida distinto al cual estamos acostumbrados quienes vivimos en ciudades grandes.

    Luego de una noche de descanso me levanté temprano y me preparé para el tan ansiado paseo por Esteros del Iberá. Fui provista de bastante agua y repelente, para hacer la excursión en compañía de un guía al cual habíamos contratado previamente.

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    Yo ya sabía que me iba a encontrar con un panorama sorprendente y excepcional, pero una cosa es ver fotos y otra muy distinta es estar en el lugar. Es realmente impresionante, es un paseo que recomiendo especialmente para quienes desean estar en contacto con la naturaleza. No vayan a olvidar la cámara de fotos… ¡Las postales son únicas!

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    Aprovechamos el día para hacer algo de caminata pero también para dar un paseo en canoa. Se puede ver de todo. Lo que más me llamó la atención fueron las aves. Según nos comentó el guía allí existen más de 350 especies.

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    Otra cosa interesante que nos comentó el guía es que los Esteos, son uno de los humedales más importantes en el planeta por la gran biodiversidad que allí se encuentra.

    Entre explicaciones y paseo fui sacando varias fotos y por supuesto no me privé de sacarle una foto a uno de los representantes más significativos de esta zona: el yacaré.

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    Después de disfrutar de la magia de los Esteros y sus animales, al llegar el atardecer momento soñado, después de contemplarlo emprendimos la vuelta hacia Pellegrini, un poco cansados por el paseo pero muy entusiasmados.

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    Les recomiendo que si van a visitar Los Esteros vayan en primavera, en otoño llueve mucho y en verano el calor es excesivo.

     

    Entre barracas: Empedrado

    La siguiente parada (y lamentablemente última) fue en Empedrado, un pueblito ubicado muy cerca de la ciudad capital. Es un punto al que se lo recomienda visitar a modo de excursión, pero yo preferí pasar unos días distintos y parar allí. Siempre acostumbro a parar en las capitales, pero esta vez quise variar.

    Es un lugar sumamente tranquilo, ideal para relajarse. El estilo apacible de vida de este lugar no implica que no haya puntos turísticos para visitar o nada para hacer. Es más suele haber eventos como congresos y Fiestas Provinciales.

    Pero volviendo a mi paso por Empedrado… Uno de los puntos más lindos que tiene es el balneario municipal ubicado a orillas del río Paraná .Aquí se levantan unas llamativas barrancas de una coloración rojiza muy particular que nunca antes había visto en otro lugar.

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    Muchas personas aprovechan este entorno natural para disfrutar de los deportes náuticos.

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    Yo esta vez opté por caminar con la compañía de mi cámara de fotos. Es que realmente es sorprendente, algunas de las barracas alcanzan hasta los 50 metros de altura. Parece un espacio lunar, algo de otro planeta, algo bastante complicado de describir en palabras. Y fue luego de dar este paseo cuando comprendí porque el pueblo lleva el apodo de “Perla del Paraná”. Apodo que lo lleva con orgullo y que está muy bien justificado.

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    Que puedo contarles de la ciudad…Es como dar un paseo en el tiempo. Sus calles invitan a remontarse al pasado, allí se levantan antiguas casonas que aún conservan su estilo tradicional. El origen de esta localidad se remonta a varios años atrás, según me informaron al siglo XVII pero están muy bien conservadas.

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    Aún está presente al antiguo cartel sobre las vías que dice “Empedrado” el cual el paso del tiempo en estas tierras.

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    Deje la provincia de Corrientes recordando las aves que había visto, las postales, las altas barrancas, la tranquilidad de la gente, las construcciones históricas… <3

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  11. Existen ciudades encantadoras de las cuales te enamoras tan solo poner un pie en ellas. De seguro cada uno de ustedes tiene sus favoritas y por supuesto tan solo empiezo a escribir este relato, al menos tres de ellas se me vienen a mi cabeza de forma inmediata. Pero esta historia se trata de un día visitando Brujas, una pequeña ciudad que desde el nombre en adelante te cautiva, la cual se encuentra ubicada alrededor de 1 hora en tren de Brusselas, la capital de Bélgica. Decidí visitar este misterioso lugar, luego que numerosos viajeros me contaron que visitar esta localidad era como trasladarse en el tiempo, ya que Brujas ha conservado intacta su arquitectura medieval, por lo que recorrer el casco antiguo refieren que es como estar inmerso en una película de época.

    Como tan buena viajera que soy, llegué a la estación de tren sin tener absoluta idea de cómo llegar a mi hotel, por lo que apenas descendí le pregunté a la primera persona con cara de no turista de donde quedaba el centro histórico (la gran mayoría de las personas son claramente visitantes, por lo que no fue fácil dar con alguna persona local) y con una sonrisa, ésta me replicó que bastaba que siguiera las construcciones antiguas para dar con él, lo que era alrededor de 15 minutos caminando.

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    Con cada paso, me fui dando cuenta de porqué muchos de mis amigos, catalogan esta ciudad como una de sus particulares favoritas. Básicamente, si les gusta la arquitectura antigua, éste es el sitio para visitar, callejuelas de adoquines, iglesias y todas las casas conservan la línea medieval, por lo que es como estar literalmente inmerso ya sea en un cuento de hadas o en algún lugar que se quedó detenido en el tiempo. Con cada paso me daba, me repetía a mí misma…

    -He visto este lugar antes.

    -Estoy segura de haber estado acá

    -¿Acaso he visto esto en alguna película o serie?

    Y claramente estaba en lo cierto, ya que las calles de Brujas son frecuentemente utilizadas para set de películas y series ambientadas en la edad media. 5 minutos más tarde, pude comprobar que esto era cierto, ya que me topé con la producción de la serie de televisión “Elizabeth”, que por supuesto más tarde buscaría en la televisión e incluso a los mismos visitantes se les pedía colaborar para ser extras de la filmación. ¿Que emocionante no?. Claro que yo no fui seleccionada, por no ser lo suficientemente Anglosajona para calificar como extra de la edad media. Para la próxima será Relaxy :big-grinB: Otras películas filmadas en la ciudad son Escondidos en Brujas (2008), Historias de una Monja (1999), Monuments Men (2014)

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    Luego de chequearme en el hotel, me percaté que promocionaban una exposición de Pinturas de Dalí y Miró, por lo que sin duda, aproveché de visitar siendo el primero mi pintor favorito. Posteriormente de visitar la exquisita exposición, me dirigí en primer lugar a recorrer el centro histórico a través del agua, ya que Brujas cuenta con pequeños y numerosos canales en donde resulta posible maravillarse con las casitas pintorescas, puentes románticos, y cisnes que circulan sin preocupación junto a los botecitos que muestran la zona. Todo el lugar huele a antiguo, y no de una mala forma, sino que el aroma te envuelve y te hace pensar que te encuentras viviendo una realidad alterna, en donde el tiempo pasa más lento y vuelves a ser capaz de contemplar con pausa, la sutileza de la belleza que te envuelve. Es como caer en un conjuro del cual no deseas salir.

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    El recorrido dura alrededor de una media hora, pero permite hacerse un panorama general de los lugares a visitar más tarde y ya no hayas la hora de poder descender para perderte en las callejuelas con olor a misterio.

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    Durante el recorrido, la terraza de un local me llamó profundamente la atención, ya que parecía ser muy concurrida y al preguntar, me mencionaron que en el sitio se vendía una de las más amplias variedades de cervezas de la zona y el mundo, por lo que esa, por supuesto, fue mi siguiente parada.

    El lugar hace honor a su reputación. Es como visitar el museo de la cerveza, pero donde está permitido poder probar todo lo que se encuentra en exhibición, por supuesto, pagando el valor respectivo.

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    Las cervezas Belgas son las que tienen mayor variedad en el mundo, pudiendo encontrarse alrededor de 500 tipos entre rubias, negras, afrutadas, aunque tienden a ser un poco más fuertes de lo que me encuentro habituada a beber, pudiendo incluso encontrar cervezas de 39 grados.

    Un poquito más contenta luego de la degustación, decidí que era hora de comer y de acuerdo a todos los manuales de la ciudad, Brujas es famosa tanto por sus cervezas, como por sus papas fritas, por lo que en primer lugar decidí ingresar a uno de estos afamados sitios donde promocionan que es posible probar las mejores papas fritas de todo el mundo!. No sé si elegí mal o qué, pero definitivamente estas no eran las papas fritas más deliciosas, sino quizás las más aceitosas del mundo :D pero sin dejarme desanimar por mi primera elección, decidí probar con uno de los restaurantes al aire libre de la zona.

    Por supuesto ordené otra cerveza y una promoción de comida de la zona. Cuando recibí mi cerveza (de medio litro por supuesto :D ) noté luego del primer trago que había algo en su interior, que no me quedaba claro si era parte de un ser vivo (ya no tan vivo) o bien algo de procedencia desconocida por lo que solicité al camarero que observara lo que había en el interior.

    ¡Lo más gracioso de todo esto es que el también quedó impactado con el hallazgo! :D Le pidió incluso a todos sus compañeros que observaran mi cerveza para tratar de identificar lo que era, lo que por supuesto me causo mucha gracia, ya que en Chile en vez de alentar la preocupación del cliente, hubiesen tratado de quitarle importancia al hecho para evitar un reclamo que pudiese terminar en no pagar la cuenta o en un escándalo de proporciones. Afortunadamente no soy una persona muy escrupulosa con los hallazgos misteriosos que a veces encuentro en mis comidas en viajes, por lo que acepté que simplemente me cambiasen la cerveza por una sin contenido de extraña procedencia.

    Estimados Viajeros: Si ustedes son quisquillosos con las comidas, les recomiendo inclinarse por restaurantes como Mc Donald´s o Subway que también pueden encontrar con facilidad. Pero yo siempre prefiero la gastronomía de la ciudad que visito, aunque ésta no sea de mi total agrado.

    Recorrer las callejuelas de Brujas al anochecer, le da un tono romántico a todo. Paseos, fuentes de agua, iglesias que parecen estar encantadas. Toda la ciudad es una obra de arte y te permite explicarte porque tantas personas recorren miles de kilómetros para poder sentir un toque de la antigüedad. La ciudad completa fácilmente se puede recorrer en su totalidad a pie. Es un sitio pequeño, pero que por alguna razón se queda en un rincón de tu corazón y te insta a seguir buscando lugares como ese en otros países. Yo amo Europa porque me permite experimentar estos contrastes culturales, estar en contacto con personas diferentes y Brujas es un claro lugar en donde puedes extraviarte en la magia que no puedes percibir en una ciudad moderna.

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    De acuerdo a las palabras de Guy de Maupassant: “El viaje es una especie de puerta. A través de ella salimos de la realidad”.

    Creo que Brujas pudo haber inspirado este pensamiento… <3

  12. Cuando escuchamos el rugir del motor y las agujas del medidor de electricidad conectado al regulador de la moto se movieron frenéticamente, Martin y yo suspiramos aliviados. Sabíamos que nuestra gran odisea por la falla de la moto, había llegado a su fin.

    Nos fuimos del taller al que ya no queríamos volver nunca más, luego de que Martin le dijera unas cuantas palabras a los mecánicos que cabizbajos aceptaban el reto en silencio. Lamentablemente nos iríamos de Ushuaia con una pieza que ya no era la original y que se había tocado en vano… más adelante, aquello nos pasaría factura.

    Para nuestra gran sorpresa y alegría, después de tantos días de lluvias y nevadas, esa mañana el cielo estaba limpio y celeste, acompañando un radiante sol. Existe una frase que dice: “si no te gusta el clima en Ushuaia, simplemente aguarda unos minutos…” refiriéndose al clima completamente cambiante de la ciudad, así que nos apresuramos a aprovechar ese hermoso día, ahora que contábamos con nuestro vehículo.

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    Sale el sol en Ushuaia

    Lo que más deseábamos desde que habíamos pisado aquel suelo austral, era llegar hasta el Parque Nacional Bahía Lapataia, donde finaliza la famosa ruta 3, que habíamos tomado desde Buenos Aires para llegar a Tierra del Fuego. Sin demoras, nos abrigamos con gruesas camperas y tomamos el camino que nos llevaría hasta la entrada de la reserva. Estar nuevamente sobre la moto me llenó de un gran entusiasmo, mientras dejábamos atrás la ciudad. Ahora veíamos grandes extensiones de campos, alguna que otra casita perdida entre el paisaje y a lo lejos comenzaban a elevarse nevados picos de enormes montañas grises, tapizadas de un frondoso bosque.

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    Camino a Bahía Lapataia

    Con ese horizonte acompañándonos, recorrimos 20 kilómetros hasta tomar un camino de ripio que atravesaba un bosque de lengas y coihues hasta llegar a una planicie despejada. Un robusto cartel indicaba el final de la ruta 3. Unos metros más atrás se abría la extensa Bahía, que no es más que un brazo del canal del Beagle que se escurre en ese sitio.

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    Llegamos al final de la Ruta n° 3

    Tomamos unas pasarelas de maderas que llegaban hasta un balcón que daba exactamente frente a la extensa bahía. Desde allí se podían observar a lo lejos cerros que la enmarcan y las distintas islas que forman parte de la Reserva. Soplaba apenas una suave brisa helada que mecía los largos pastos amarillos que nacían en la orilla, y arrastraba pequeñas olas sobre la superficie del agua. Pomposas nubes blancas cruzaban el celeste cielo, hasta llegar al gigantesco cordón de montañas nevadas, en el horizonte.

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    Bahía Lapataia

    Continuamos el trayecto, internándonos en un bosque de delgados y altos árboles que nacían al costado del camino. Los rayos de sol se colaban por entre sus frondosas copas verdes y se veían como dorados hilos que llegaban hasta la tierra. Si observábamos en silencio y con atención podíamos ver pequeños pajaritos que saltaban de rama en rama sobre nuestras cabezas, siguiéndonos curiosos por el camino.

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    Nos desviamos del sendero, para descender hasta la orilla empedrada de la bahía donde una familia de patos nadaba tranquilamente. Nos tomamos una breve pausa para almorzar sobre la costa, y durante las siguientes horas recorrimos Lapataia por diferentes senderos. El Parque Nacional es un sitio bellísimo y muy extenso, cuenta con senderos de diferentes dificultades, así como también como zonas de acampe. Lamentablemente no contábamos con mucho tiempo para recorrerlo en toda su extensión.

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    Familia de patos nadando en la bahía

    Pasado el mediodía y repentinamente, el cielo se nubló por completo. Como ya dije, el clima es verdaderamente muy cambiante en Ushuaia, así que nos vimos obligados a volver antes de que la nevisca cayera sobre nosotros. Una última sorpresa nos depararía el camino cuando, saliendo de la reserva, unos simpáticos zorros colorados nos cruzaron el paso y se acercaron amigablemente a la moto (probablemente en busca de comida). Una leve nevisca comenzó a caer desde el gris cielo, mientras dejábamos atrás la bahía, pero volvíamos completamente satisfechos.

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    Bellos zorros colorados en el camino

    A la mañana siguiente el clima parecía agradable, con pocas nubes sobre el cielo, por lo que sin perder tiempo armamos la moto. Después de esas movidas dos semanas, dejaríamos la tierra del fin del mundo.

    No voy a mentir, a pesar de todo lo vivido con la moto, me generó cierta nostalgia dejar atrás aquella ciudad de grandes montañas. Mientras avanzábamos decididos por la ancha avenida que nos sacaría a la ruta, con nuestros abrigos y todo el equipaje encima de la moto, le di el último adiós… o el Hasta Pronto. Había sido genial conocer a Gabriel y Melisa, quienes se convirtieron en buenos amigos y nos hicieron el aguante en cada día de nuestra estadía y siempre se me quedaría grabado en la memoria esas mañanas en las que veíamos nevar desde la ventana de la cocina del hostel mientras desayunábamos. Las exhaustivas caminatas por aquellas empinadas calles que me dejaban sin aliento, el festejo de San Patricio en el irish bar Dublin, con las cervezas de color verdes y la gente disfrazada, el extenso muelle y sus escandalosas gaviotas, nuestro pequeño hogar en el camping donde pasamos tardes nevadas con las frazadas hasta el cuello viendo algunas películas, y los paseos nocturnos en el auto de Gabriel por el iluminado centro de la ciudad escuchando aquel tema de Lorde, Royal, que de aquí en más, sé que cada vez que lo escuche, me traerá recuerdos de esta bella ciudad de hielo… Ushuaia se quedaría grabada en mi mente por siempre.

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    Nos vamos de Ushuaia :crying:  

    Y el viaje de ese día, también.

    Teníamos decidido atravesar toda la isla de Tierra del Fuego, pasar Tolhuin y Rio Grande, embarcarnos y arribar a la parte continental del territorio argentino, hasta Rio Gallegos. Debíamos recorrer ¡600 Kilómetros!, haciendo la misma ruta que utilizamos para la ida, por lo que debíamos aprovechar al máximo la luz del día.

    En el paso Garibaldi, el cielo comenzó a cerrarse y gigantescas nubes grises lo cubrieron todo sobre nuestras cabezas. Nos detuvimos a sacar las fotos que no habíamos podido sacar al ingresar a la ciudad, mientras yo aprovechaba a buscar calor en el motor de la moto que calentara mis congeladas manos.

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    Regresando por el Paso Garibaldi

    Las siguientes horas de viaje puedo jurarles que fueron bastante difíciles para mí. El clima se puso muy, muy frío. Apretando los puños fuertemente dentro de los bolsillos de mi campera, trataba de pegar mi cuerpo a la espalda de Martin, para evitar que las frías ráfagas se colaran por debajo de mi abrigo. Se escuchaba el fuerte rugir del viento en el casco mientras avanzábamos por la ruta y yo podía sentir claramente como la temperatura de mi cuerpo iba descendiendo poco a poco.

    Pasamos velozmente por el camino de ingreso a Tolhuin y en unas horas también dejábamos atrás la ciudad de Rio Grande. Una vez que realizamos el trámite de aduana para ingresar a territorio chileno, empezamos el peor trecho de todo el viaje: el maldito y eterno ripio.

    Yo soy una persona que prefiere el clima frío, para ser honesta con ustedes. Nunca me gustó el verano, el calor y la humedad, y siempre preferí el frío…. Hasta ese día.

    A pesar de llevar varias capas de ropa encima, dos pares de medias, gruesos borcegos y abrigada campera, sobre la moto nada parecía importar. El viento penetraba cada capa de ropa y llegaba hasta mi piel. Para ese entonces, después de tantas horas viajando desde aquella mañana, comenzaba a sentir mis piernas entumecidas y el frío no mejoraba la situación. Procuraba no moverme, porque sentía cada músculo congelado y moverme me provocaba dolorosos calambres.

    Además no podíamos avanzar muy deprisa en ese difícil camino, por lo que nunca antes nada se me hizo tan eterno como aquel día. Cada vez que miraba por sobre el hombre de Martin lo único que veía era ripio y más ripio. Fue una verdadera tortura. El viento gélido se filtraba por entre las rendijas del casco y llegó un punto en que ya no podía ni hablar de tanto que tiritaba. Sólo cerraba los ojos, apoyaba la cabeza sobre la espalda de Martin y pedía por favor que el camino terminara de una vez. Pero eso parecía nunca suceder!! Mi sufrimiento llegó al punto tal que no pude evitar comenzar a llorar dentro del casco, porque realmente ya no lo soportaba más… sí, les puedo asegurar que fue bastante difícil.

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    Después de algunas horas que se me hicieron eternas llegábamos al embarque, en el estrecho de Magallanes. Para ese entonces, yo estaba casi adormecida o mejor dicho, aletargada detrás de la espalada de Martin. Ya caía la tarde, y varios autos aguardaban la llegada de la balsa. Me bajé lentamente de la moto, con espasmos que hacían temblar mi cuerpo de pies a cabeza. Comencé a caminar en círculos sobre la estrecha vereda al costado de la gran avenida que finalizaba sobre el agua. Estoy segura que los conductores de los vehículos que formaban fila habrán imaginado que estaba loca, pero lo único que intentaba era generar un poco de calor en mi cuerpo.

    Como eso no funcionaba, Martin y yo ingresamos en un bar de mala muerte que se encontraba frente al mar. Un anciano detrás de un robusto mostrador se mostró muy simpático cuando ingresamos e inmediatamente nos ofreció todas sus mercancías, sin embargo, cuando le dijimos que sólo buscábamos reparo del frío, nos dio la espalda con una mueca amarga en su rostro.

    Nos acercamos a una estufa, en la que chispeaba una pequeña llama y, aun temblando, empecé a sacarme el abrigo y el casco. Martin me tomó por los hombros en ese momento, y me miró asustado. Mi rostro pálido como un papel, con oscuras ojeras y labios fuertemente morados marcaban claramente el frío que estaba sufriendo. Seguramente mi cara daba un poco de impresión, porque el mismo dueño del local que antes nos había ignorado de mala gana, al verme, rápidamente cruzó el bar a zancadas y me encendió la estufa al máximo. Cuando sentí el calor del fuego, volví a la vida.

    Pocos minutos después, la barca llegaba a la orilla del estrecho de Magallanes, y nuevamente nos embarcábamos hacia la costa opuesta. Hicimos los trámites aduaneros (recuerdo que la mujer que nos atendió nos miraba horrorizada mientras nos preguntábamos cómo podíamos circular en moto esa noche tan fría) y finalmente ingresamos a Argentina.

    Los últimos kilómetros los recorrimos ya caído el sol. La noche se cerró sobre nosotros, con una oscuridad que inundaba todo, y que sólo era cortada por el haz de luz que nacía del faro delantero de la Transalp. No es nuestra costumbre viajar de noche, pero debíamos llegar a Rio Gallegos y no teníamos otra opción más que avanzar.

    Haciendo el último esfuerzo por soportar el helado frío sobre la moto, sentí un gran alivio cuando divisé a lo lejos varias lucecitas, pertenecientes a Rio Gallegos. Ingresamos a una gran avenida, ahora sí iluminada por altos alumbrados. Nunca había estado tan, pero tan feliz de llegar a una ciudad.

    Nuestro sufrimiento fue recompensado por la pareja amiga de Martin, Gerardo y Adriana, quienes nos esperaban para hospedarnos en su casa, con un buen baño caliente y una rica comida casera. Puedo asegurar que esta difícil vivencia me marcó… aún hoy sigo sosteniendo que no me gusta el calor extremo, pero nunca más voy a decir que prefiero el frío.

    Próximo relato de mi viaje :)

  13. En un principio habíamos decidido quedarnos en casa y poner algo de orden, pero el día está tan esplendido que se nos hizo imposible quedarnos encerrados y decidimos escaparnos a Foz do Arelho, una pequeña fraguesia de Caldas da Rainha situada en la preciosa Lagoa de Óbidos.

    Tras mirar los horarios para Foz en la web oficial de autobuses (rodatejo.pt) tomamos la cámara, la mochila y nos encaminamos a la parada más cercana. Y aquí estamos, llevamos media hora esperando y no parece que el autobús vaya a llegar, debería haber pasado hace ya un cuarto de hora largo y dudo mucho que tenga tantos problemas en llegar desde la estación central hasta aquí. No sabemos si ir hasta la estación central y preguntar o esperar un poquito más, los parroquianos del bar nos han confirmado que debería llegar en cualquier momento. Sinceramente yo tengo mis dudas y le comento a Avani que a este paso nos convenía más ir andando ;) ya que Foz está a tan solo unos 6 Km de Caldas pero no parece tomarse muy en serio mi propuesta...

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    Al final, viendo que no aparece el autobús, decidimos ir a la estación central y averiguar si por alguna razón hoy no circula. Nos contestan que los horarios online están mal, el servicio de bus se ha reducido y el próximo no sale hasta dentro de una hora y media. Vamos a pasear y a comernos una pizza, porque a este paso salimos a la una de Caldas y luego preferimos aprovechar al máximo el tiempo. Menos mal que los nuevos grafitis de la Casa dos Artistas reflejan mis pensamientos a la perfección y no hace falta que los exprese con palabras :P

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    El autobús sale puntualísimo y por fin llegamos a la playa de Foz do Arelho, verdadero responsable de que decidiéramos venirnos a vivir a esta zona de Portugal, pues Avani puede practicar kitesurf en su preciosa Lagoa sin tener que luchar con las enormes olas del atlántico.

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    Un frío viento sopla con fuerza y admiro a todos aquellos valientes que se atreven a meterse en las gélidas aguas del atlántico :confus:

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    Como no hemos venido a tumbarnos en la playa, ni mucho menos a bañarnos considerada la temperatura, me pregunto realmente cómo aquellos tengan el valor para acercarse al agua. Bueno, no son muchos los que se atreven a mojarse poco más que los pies mientras que los que veo zambullirse tienen generosas y naturales capas protectoras, fruto de la buena comida portuguesa :big-grin:. Después de que Avani se tomara un café portugués, al parecer lo hacen muy bueno (yo no tomo café no puedo opinar ^_^ ), decidimos subir por la  Rua Visconde Morais para admirar la Lagoa desde lo alto y luego dar un paseo por los acantilados de este lado.

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    A cada nueva curva no puedo evitar la tentación de tomar nuevas fotografías mientras Avani sigue maravillandose de que no haya ningún kiter o windsurfista aprovechando de tan maravilloso viento.

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    A medio camino hay un pequeño descampado sobreelevado desde donde se aprecian sin duda las mejores vistas panorámicas de la playa y la bocana de la Lagoa. Lástima que el amarillo cartel "se vende" anuncia que uno de estos días desaparecerá este mirador y en su lugar habrá una nueva casa o quizás un pequeño bloque de pisos :(

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    Hemos llegado a lo alto de cerro y desde aquí se ven claramente las pequeñas casitas del otro lado de la Lagoa. Esa zona pertenece al bonito municipio de Óbidos del cual hablaré detalladamente en otro relato. Óbidos es un pueblo precioso del que estamos enamorados, sin embargo en los últimos años su ayuntamiento ha pretendido explotar al máximo sus recursos turísticos y ha vendido/concedido gran parte de las lindas colinas que vemos desde Foz a multinacionales para construir grandiosos campos de golf, con sus respectivas zonas residenciales e incluso un enorme hotel a pie de playa... Debido a la crisis mundial, las obras de la mayoría de empresas han sido paralizadas y ya veremos cuándo y cómo reiniciaran. De todos modos nosotros pudimos asistir a la triste deforestación de gran parte de los preciosos bosques de pinos que crecían en esa zona. Lloré, nos indignamos y nos chocamos con la indiferencia más absoluta por parte de los habitantes de estas zonas, no todos, por supuesto, pero si la gran mayoría. Simplemente se lamentaban pero se echaban para atrás si se le proponía organizar una manifestación o firmar una carta al alcalde de Óbidos. No pretendíamos lograr que anularan los contratos pero al menos hubiese sido lindo demostrar que no todos estamos de acuerdo en que se vendan los terrenos públicos, que deberían haber sido declarados parque natural, a grandes multinacionales extranjeras. Nos comentaban algunos vecinos del pueblo, poniendo cara de resignación absoluta, que "sí, es una pena... yo iba muchos domingos a esos bosques con toda la familia a preparar barbacoas... incluso de pequeño mi padre nos llevaba... pero... qué podemos hacer nosotros."

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    Dejamos atrás los tristes recuerdos y continuamos nuestro paseo por los acantilados desde donde se llega a bonitas y reparadas calas.

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    En uno de los descampados, que antes servia de estacionamiento, han construido unas curiosas y enormes estructuras sobreelevadas compuesta por varios círculos unidos por pasarelas. La verdad es que por más que intentábamos buscarle algún sentido no logramos entender su finalidad. Más tarde Avani investigó este tema y pronto publicará un relato con todos los detalles de dichas construcciones. Os adelanto que si el proyecto acaba siendo reanudado (fue suspendido hace un par de meses), los curiosos círculos se convertirán en los pedestales de unos bancos, o tronos individuales, de madera que estarán colocados de tal modo que cada uno podrá observar el mar sin “interferir” con el otro, es decir que en cada uno de los círculos se sentará un individuo solitario y observará el horizonte mientras otro hace lo mismo sentado en su propio círculo contemplando el paisaje.

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    Foto de Nádia Schilling, Arquitecta Paisagista

    En uno de los lados de las curiosas estructuras circulares comienzan unos escalones y pasarelas de madera que parecen sustituir los sinuosos senderos que recorrían los acantilados. Aunque parece estar prohibido el paso, nosotros nos aventuramos a seguir la escalinata de madera.

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    Tuvimos que “escalar” y sortear algunos obstáculos que nos impedían el paso ;) pero pudimos recorrer el lindo camino pasando por otras áreas habilitadas para instalar los mencionados bancos hasta llegar al final donde la estructura daba algunas curiosas vueltas y las vistas te dejaban boquiabierto.

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    Espero que el ayuntamiento y la empresa encargada de las obras lleguen a un acuerdo para terminar la estructura pues sería una lástima que esta se degradara antes incluso de abrirla al público, algo que muchos temen que ocurrirá.

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    Nos disponemos a volver por la carretera para llegar al centro de Foz do Arelho. Es una calle que siempre habíamos tomado con el coche, y a la que nunca habíamos prestado demasiada atención, sin embargo nos sorprende gratamente al recorrerla a pie.

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    A la altura de Rua do Moinho torcemos hacia la izquierda y nos adentramos por las callecitas de Foz, parándonos para fisgonear a través de las verjas de las lindas casitas de la zona menos turística de Foz.

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    La zona de la playa ostenta grandes y modernos caserones, sería una mentira por mi parte afirmar que son feos y que prefiero vivir en las pequeñitas casitas del centro, ya que el encanto de sus jardines, huertos y viejas paredes es mucho más autentico. Mi cámara y mente se esfuerzan por retener cada una de ellas en su memoria.

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    Nos compramos un helado en una de las tiendecitas de la vía principal y buscamos un lugarcito reparado del viento donde comérnoslo con calma. Y de esa forma llegamos a la Fonte dos Namorados.

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    Puede que creáis que estoy algo loquita pero tengo por costumbre mirar a la gente a los ojos y saludar si me cruzo con alguien en calles o lugares poco transitados, no sé, para mi es algo lógico y no puedo evitarlo (lo hago incluso en Barcelona imaginaros en un pequeño pueblo :whistling: ). Si dos animales de la misma especie se cruzan lo normal es mostrar un mínimo de interés. Debo reconocer que en Portugal tengo a menudo serías dificultades para que me respondan al saludo, pues al parecer ellos solo se saludan si se conocen y, de lo contrario, se esfuerzan por mirar al suelo o al lado contrario para evitar ese pequeño intercambio de palabras o gestos. Incluso en muchas ocasiones simulan no haber escuchado mi “Boa tarde”. Esta costumbre suele quebrarse si perciben que eres extranjero porque entonces responden abiertamente al saludo con sonrisas abiertas y sinceras e incluso se paran a preguntar si pueden ayudarte o empiezan a contarte alguna anécdota. Esta actitud me hizo reflexionar que su costumbre de no saludar, o incluso negar el saludo, debe de ser una triste herencia de la dictadura donde nadie podía fiarse de nadie. Bueno, os contaba todo esto porque callejeando por Foz nos han ignorado el saludo tan descaradamente que he recordado el fastidio que me daba a principios de vivir aquí. En aquel entonces tuve yo también ganas de dejar de saludar pero descubrí que me resultaba imposible. Suerte que la curiosidad de los bichitos es idéntica en todas partes ^_^

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    Una de las casas más señoriales del centro de Foz de Arelho es la enorme Quinta da Foz ahora convertida en un característico hotel.

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    Dejamos atrás el pueblo y torcemos a la derecha por el paseo que lleva a la costa.

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    En lugar de seguirlo hasta la playa tomamos un desvió de tierra que inicia justo enfrente de la primera glorieta de Foz y que conduce hasta la Lagoa.

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    El camino pasa por entre pequeños establos de ovejas, huertos y campos cultivados donde diferentes aves revolotean en busca de lombrices e insectos.

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    Y el camino sigue y sigue hasta desembocar en la mismísima lago donde nos quedamos un rato relajados observando como la marea va llenando de nuevo la pequeña Lagoa de Óbidos.

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    Hay un camino muy bonito que inicia justo aquí y bordea parte de la Lagoa pero ya son las cinco de la tarde y el último autobús a Caldas sale a las seis así que, lenta y perezosamente, dirigimos nuestros pasos hacia la parada de autobús.

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    A medida que la amplia playa de Foz va vaciándose de gente y la fuerte corriente de la marea sube el nivel de la Lagoa, van apareciendo más pescadores que se aprestan a a preparar sus pequeñas barquitas o colocan sus cañas de pescar en los diferentes muelles.

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    Pasamos por delante de los diferentes chiringuitos de la playa y los riquísimos restaurantes que, por cierto, os aconsejo probar si algún día decidís venir por esta zona. Todos ellos ofrecen platos típicos portugueses donde el pescado fresco y el marisco es el principal ingrediente, sí, antes de volverme vegetariana adoraba venir a comer aquí ^_^

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    Y después de una linda vuelta por todo Foz hemos llegado al mismo punto de partida y vuelvo a confirmar que Foz do Arelho es un destino precioso donde uno puede quedarse varios días disfrutando de los alrededores, de la playa, el lago y del constante vientooooo ...

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    Por cierto, a pesar de que el viento frío suavice la sensación de calor, poneros crema protectora para evitar quemaros la cara ... :blush:

  14. A lo largo de mis viajes, he logrado confeccionar una lista de mis lugares preferidos para contemplar las puestas de sol más maravillosas del mundo. Y no es porque yo sea originaria de Chile realmente, pero al menos a mi parecer, dos de las puestas de sol más impactantes son posible de apreciar en el norte de mi país. En esta oportunidad, me gustaría hablarles de una de ellas, la cual es posible contemplarla luego de realizar un tour por los alrededores de San Pedro de Atacama en el norte de Chile. Como se habrán dado cuenta, en relatos anteriores ya he mencionado otras zonas de San Pedro, y esta en particular resulta una de mis favoritas.

    Para poder contemplar esta maravillosa puesta de sol de la que les hablo, basta con que contraten un tour en cualquiera de las agencias de la zona de San Pedro. Mi preferida en la agencia de turismo grado 10, ya que te trasladan en unos camiones muy pintorescos y el servicio en general es de mejor calidad aunque un poquito más costoso en comparación con otras de las agencias de la zona. También resulta posible dirigirse en auto, ya que los caminos son fáciles de transitar (aunque es mejor ir en un vehículo con tracción en las cuatro ruedas) y se encuentran debidamente señalizados.

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    Lo importante siempre acá es el tiempo con el que cuentas para realizar la travesía, porque basta que te retrases en el horario de salida dependiendo de la temporada para que no alcances a visitar todos los lugares con tiempo suficiente antes de la puesta de sol, por lo que les recomiendo planificar con anticipación la salida y considerar la hora en la que se pone el sol.

    La primera parada de este tour es Laguna Cejar, uno de los sitios más populares de San Pedro de Atacama, ya que ésta laguna se caracteriza por que sus aguas tienen un alto contenido de sal (40% de sal, similar a lo que puede encontrarse en el Mar Muerto), mucho más que el agua de mar tradicional, lo que permite que las personas, ya sepan o no, flotar, puedan hacerlo involuntariamente (conocido como el efecto gravitatorio).

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    Créanme, si intentan hundirse, no podrán, ya que el cuerpo se mantiene flotando en todo momento y resulta posible caminar dentro del agua sin pisar el fondo imitan lo que podría ser una caminata lunar, ¿genial no? Sus aguas son color turquesa y la temperatura varía a lo largo del año. Pero mucho cuidado para aquellos que tengan los pies más delicados, ya que en los bordes de la laguna resulta posible encontrar sales cristalizadas muy filosas que pueden llegar a producir pequeños cortes muy dolorosos por la sal del sector, por lo que les recomiendo llevar sandalias o zapatillas especiales para el agua.

    Es uno de mis paseos favoritos y por supuesto, cada vez que visito Laguna Cejar (la he visitado ya 6 veces en los últimos 3 años), me sumerjo encantada en estas aguas turquesa y juego a realizar un tipo de paseo lunar, puedes recorrer la laguna simulando caminar, cuando realmente flotas por ella. Es una sensación inigualable y muy difícil de explicar con simples palabras. La única forma de comprenderlo es experimentarlo. En una de las oportunidades que visité esta particular laguna me tocó visitarla con Paulina, quien en un inicio estaba temerosa de sumergirse debido a no saber nadar, pero luego se percató que sin importar las habilidades de natación, cualquier persona puede flotar despreocupadamente por los altos contenidos de sal.

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    Pero posteriormente, viene lo no tan grato de ésta experiencia, que es cuando te das cuenta que al abandonar la laguna, todo tu cuerpo está cubierto de una capa de sal que resulta muy difícil de remover, por lo que si deciden no tomar un tour con las agencias de la zona, les recomiendo llevar abundante agua embotellada para poder remover los restos y continuar el paseo. Otro consejito para disfrutar este paseo, es JAMÁS sumergir la cabeza bajo el agua, ya que quedarán momentáneamente ciegos de dolor por la sal. Lo he contemplado en otros turistas, que sin saber o sin tomarle importancia a éste dato, se dan un chapuzón sumegiendose en estas deliciosas aguas turquesa, para luego salir gritando del dolor :crying: . Lo mejor, es ingresar con lentes de sol (de los económicos ya que se dañan fácilmente por los cristales de sal) y así evitar también salpicaduras ocasionales de otros bañistas.

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    La siguiente parada que les recomiendo realizar, es en los Ojos del Salar, dos pequeñas lagunas redondas, que se presume se generaron por excavaciones realizadas por personas en búsqueda de agua dulce en la zona, que luego abandonaron, hecho que nos permite hoy a nosotros poder disfrutar de ésta particular atracción.

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    Solo una de ellas se utiliza frecuentemente para el baño, en donde la mayoría de los turistas salta desde lo alto de la laguna para poder removerse los restos de sal de Laguna Cejar. Yo soy cobarde en este tipo de actividades, por lo que tiendo dedicarme a fotografiar el esplendor del lugar, pero algunos de mis amigos que me han acompañado en mis innumerables visitas se arriesgan en el salto al vacío. ¿Se atreverían ustedes?. Aún recuerdo a mi amiga Jessica realizando este salto aun agua definitivamente no temperada y al guía pobre gúia tratando de capturar el momento del salto. Dios….¡ni loca! En la laguna de en frente, es posible realizar impactantes fotografías panorámicas en donde la gente juega con su reflejo en el agua, mientras captura la vegetación y las maravillas naturales del Desierto de Atacama.

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    El último destino de este encantador tour, es Laguna Tebinquinche, la cual es la última laguna emplazada en el Salar de Atacama, siendo este salar el segundo más grande del mundo luego del Salar de Uyuni en Bolivia, generándose esta laguna producto de los deshielos y las lluvias escasas que se generan en el desierto más árido del mundo.

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    Contemplar una puesta de sol en laguna Tebinquinche es una experiencia sublime para los amantes de la naturaleza, en donde los colores cambian a cada segundo, dependiendo muchísimo de la temporada en que visites la Laguna, el tipo de puesta de sol que te encontrarás. Resulta posible tomar fotos con parajes paradisiacos en temporadas más calurosas donde la Laguna se transforma en un Salar y en invierno en donde el tornasol de la puesta de sol en contraste con los cerros te hace quedar sin respiración.

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    Los dejo con algunas capturas del lugar, y no duden en contactarme para pedirme datos de éste hermoso lugar si se animan en visitarlo. Quien sabe…quizás los acompañe a perderse en un atardecer mágico.

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    “La contemplación de la grandiosidad de la naturaleza, siempre confirió nobleza a mis pensamientos, haciendo que olvidara las preocupaciones cotidianas”. Mary Shelley

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  15. Ayelen
    Último Relato

    Luego de dejar atrás Puerto Madryn esa mañana a fines de febrero, el viaje por la ruta en moto se tornó realmente eterno. Kilómetros y kilómetros de Patagonia, costeando el Atlántico por la Ruta 3, atravesando la provincia de Chubut. Había que estar atento al camino porque los guanacos, que ahora se veían bastante de a grupos, se atrevían a cruzar la ruta sin medir peligro alguno. Más de una vez Martin se había visto obligado a pisar los frenos, cuando estos curiosos animalitos saltaban la cerca de los campos y cruzaban a trote en frente nuestro. También podíamos ver choiques, pero estos eran más cuidadosos y con sólo escuchar el ruido de un vehículo acercándose, corrían alejándose y agitando las alas de una forma realmente muy graciosa.

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    La Ruta 3

    Pasamos frente a las entradas para ir a las reservas de Punta Tombo y Cabo Dos Bahías, loberías y pingüineras que recomiendo completamente visitar aunque yo no tuve el honor, y luego de casi 350 km. recorridos, llegamos a la ciudad de Comodoro Rivadavia. Si me había llamado la atención ver emerger la ciudad de Puerto Madryn en medio de la nada, esto fue aún más sorprendente. Entre las bajas colinas de la Patagonia eterna y al pie del cerro Chenque, un cerro muy alto que se destaca completamente de cualquier otro por su altura, nace esta gran ciudad.

    Yo nací y me crié en Buenos Aires, una provincia cuyas localidades se encuentran una al lado de otra, son kilómetros y kilómetros de urbanización, es algo que pareciera que nunca se termina. Supongo que por eso, estas grandes ciudades que se encuentran en el medio de algo tan inmenso y desolado como lo es la llanura patagónica me llaman tanto la atención. El hecho de pensar que uno sale de esa ciudad y se encuentra de repente con esa gran llanura de…. nada! me generaba una sensación extraña… como de “desprotección”. En Buenos Aires puedo caminar cientos de cuadras y no me voy a encontrar de repente con un desierto así! Pero comenzaba en entender que esas sensaciones que me provocaba cada lugar nuevo visitado, también era parte de salir de esa burbujita en la que sin darme cuenta, me había acostumbrado a vivir.

    Martin había vivido sus primeros años de niñez en esta ruidosa y poblada ciudad, así que hicimos un pequeño recorrido, trayendo algunos recuerdos de sus primeros años. Por entre las calles y los altos edificios, se podía ver, a lo lejos, el cerro Chenque, y yo no podía despegar mi vista de esa gran pared de roca que se elevaba en el horizonte.

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    La ciudad de Comodoro Rivadavia

    Después de un par de horas recorriendo la ciudad, decidimos avanzar solo unos kilómetros más por la ruta para acampar en el pueblo de Rada Tilly, un lugar que nos recomendaron y realmente fue lo mejor que pudimos hacer. Rada Tilly es un pueblo de bellas y elegantes casas, de una población quizás de clase media alta, que se extiende sobre la costa del Atlántico. Un lugar muy tranquilo y encantador. Llegamos a un camping y, como ya se había convertido en tradición, luego de armar la carpa, fuimos a recorrer las playas. El atardecer comenzaba a extenderse sobre la costa, tiñendo el cielo de unos colores pasteles que nunca antes había visto. Un naranjado, rosado y después un celeste que se iba oscureciendo se extendían sobre nuestras cabezas mientras caminábamos por la húmeda arena, en la orilla.

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    Rada Tilly

    A la mañana siguiente, luego de probar unas mediaslunas en una panadería de la zona (las mejores mediasluna de mi vida! ) seguimos viaje por la ruta. Pasábamos a la provincia de Santa Cruz. Cada vez faltaba menos para llegar a nuestro primer objetivo: Tierra del Fuego. Santa Cruz es la última provincia de la parte continental de Argentina. Para llegar a la isla de Tierra del Fuego, el camino obligado atraviesa territorio chileno, por lo que (aunque suene complicado y absurdo), para llegar hasta allí, uno debe salir de Argentina, entrar a Chile y luego volver a ingresar a mi país. A pesar de esto, las ansias iban en aumento. Como también el frio. Ya sobre la moto, debíamos empezar a abrigarnos bastante porque comenzaban a sentirse las bajas temperaturas australes. El paisaje comenzaba a tornarse más verde. Podíamos ver las extensas llanuras tapizadas con pastos verdes, desplazando un poco ese horizonte algo desértico al que veníamos acostumbrados. Aunque aún se mantenían los bajos arbustos y los colores amarillos, verdes y marrones, típicos de la Patagonia.

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    Provincia de Santa Cruz

    Este tramo del viaje también fue bastante aburrido. Pasadas dos horas, quizás tres sobre una moto en marcha, debo confesar que la cosa comienza a ponerse incómoda. Las rodillas empiezan a molestar, y ni hablar de la parte de nuestro cuerpo que apoya sobre el asiento. Por eso, cada tanto debíamos parar al costado de la ruta a estirar las piernas. Fue en una de estas paradas que descubrimos un gran estanque al costado del camino, con varias poblaciones de aves acuáticas de la zona. Nos quedamos un tiempo, contemplando los rosas flamencos australes que compartían el lugar con patos barcinos y patos overos. Allí veríamos por primera vez a los cauquenes, que luego nos cansaríamos de ver a lo largo de todo el trayecto que nos quedaba por delante.

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    Estanque al costado de la ruta

    Esa noche acampamos en un camping en la localidad de Comandante Luis Piedra Buena. El camping, ubicado en una isla rodeada por el rio Santa Cruz, era un lugar realmente bello, con un paisaje hermoso, pero lamentablemente repleto de gente. Para quien ama la naturaleza y disfruta de la tranquilidad y la calma, una muchedumbre así, con música fuerte y ruidos, puede tornarse un poco fastidioso. Aun así, acampamos y a la mañana siguiente, como ya se había tornado rutina, desarmamos la carpa y seguimos viaje. Solo estábamos a pocos kilómetros de Rio Gallegos, nuestra siguiente parada.

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    Camping Isla Pavón

    Rio Gallegos es la capital de la provincia de santa Cruz, por lo que no nos sorprendió encontrarnos con una ciudad gigantesca y extensa en todas direcciones, con autopistas y constante movimiento. Aunque llegamos temprano, casi al mediodía, la verdad que tanto bullicio típico de una ciudad grande, nos quitó las ganas de pasar el día allí, quizás encerrados en un hostel, por lo que nos dirigimos a un centro de información turística para que nos indicaran algún camping o algún lugar agreste para acampar. Fue así como conocimos la Laguna Azul, una laguna ubicada en el cráter de un volcán inactivo.

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    Apenas unos escasos kilómetros antes del puesto de frontera para pasar a Chile, se encuentre la reserva geológica Laguna Azul. Hay un sencillo y casi invisible cartel al costado de la ruta que indica la entrada por un camino de tierra. Tan poco visible el cartel que de hecho lo pasamos de largo y tuvimos que retomar la ruta para encontrar la entrada. El camino de ripio, entonces, nos llevaba unos kilómetros, adentrándonos en la estepa hasta llegar a un llano, que funcionaba como estacionamiento. Había algunos autos y personas alrededor. Intrigados, porque no veíamos nada a nuestro alrededor más que la misma llanura de siempre, dejamos la moto y tomamos un pequeño camino, que rodeaba unas bajas lomas. Y ahí lo vimos… frente nuestro se abría un gigantesco cráter con laderas de pendiente bastante pronunciada, y diez metros abajo se podía apreciar la hermosa laguna azul. El paisaje nos dejó anonadados

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    Reserva Laguna Azul

    Había varias personas abajo, disfrutando del sol al costado de la laguna. Bajar fue bastante complicado. Había varios senderos muy estrechos marcados a lo largo de las laderas, pero se tornaban muy inclinados en algunos tramos, o resbaladizos cuando se debía pisar sobre piedras.

    Una vez abajo, el volcán, inactivo hace ya miles de años, nos mostraba un paisaje increíble y paradisíaco. Una alfombra verde se extendía por el cráter y en el medio, la laguna con su característico color azul marino intenso. Varios grupos de patos y cauquenes disfrutaban de la tarde, mientras que otras pequeñas aves revoloteaban sobre el agua. A nuestro alrededor se levantaban esas imponentes paredes de piedra, altísimas que cortaban el cielo celeste.

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    El atardecer

    El lugar es realmente increíble, sin embargo, notamos que claramente, era un lugar que la gente elegía para pasar la tarde, pero no había ningún indicio alrededor que nos indicara que allí se pudiera acampar. Sin embargo, tampoco había nada que indicara lo contrario, así que decidimos esperar que la tarde cayera, para armar la carpa cuando la gente se hubiera marchado del lugar. Fue así como nos quedamos toda la tarde tirados en el pasto, viendo como de a poco, el sol se escondía tras los acantilados del volcán, y las personas poco a poco iban regresando a sus autos y abandonaban la reserva.

    Cuando ya no había más que un pequeño grupo de jóvenes en todo el gigantesco lugar, Martin decidió acercar la moto, por sobre la ladera, a un lugar donde al menos pudiéramos verla desde allí abajo (obviamente era imposible bajarla por esos caminos angostos e inclinados). Y yo me quedé sola, allí abajo, con la bolsa de la carpa y las mochilas.

    La completa calma y la profunda tranquilidad que reina en cada rincón de ese lugar son increíbles. Lo único que se escuchaba era el continuo graznido de los patos que aún permanecían al costado de la laguna y me miraban curiosos al pasar. Cuando las últimas personas abandonaron el cráter, me vi completamente sola en ese lugar y fue algo realmente intenso. Aproveché los últimos minutos de luz para comenzar a armar la carpa, sabía que Martin iba a tardar en volver porque subir y bajar esa ladera era difícil y llevaba su tiempo. Además, al contrario de lo que ocurría las primeras veces de acampe, ya tenía mucha más práctica en el armado y desarme de la carpa.

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    Terminé de armar el campamento con los últimos vestigios de sol que se deslizaban por las altas pendientes y me senté en el suelo, maravillada con el lugar donde había llegado. Una pareja de liebres salió de su escondite en ese momento y corrió hacia la laguna y confieso que me sentí por un instante como Alicia en el país de las maravillas.

    La oscuridad empezó a inundar la laguna, y yo ya empezaba a fastidiarme porque Martin aun no volvía. Podía ver desde allí abajo la luz de la moto que iba y venía. ¿Qué está haciendo con esa moto? Pensaba, indignada de que se tardara tanto y se hubiera perdido ese atardecer. De repente la oscuridad lo invadió todo y me vi realmente en el medio de una profunda negrura. Aunque la oscuridad suele hacer más tenebroso todo, en este lugar eso no ocurría. Aun se podían escuchar los patitos en la laguna, y yo ya me había hecho con la linterna cuando al final vi aparecer a Martin bajando por la pendiente.

    Cuando llegó estaba pálido, sudado de pies a cabezas y casi temblando. Nervioso, me explicó que tratando de acercar la moto lo más cerca posible del precipicio para que pudiéramos verla, se le fue de control por la piedra suelta y la pendiente y casi se le va por el acantilado!!!! Hubiera sido una fantástica historia y el fin de este blog contar cómo mi viaje había terminado porque mi novio había tirado la moto a un volcán… pero por suerte, con ayuda de esas últimas personas que se retiraban del lugar que justo pasaron por donde él estaba, y que lo ayudaron a empujar la moto, pudo dejarla en un sitio seguro. Se notaba que la había pasado mal y le tomó unos minutos recuperar el aliento… se había asustado realmente mucho :(

    La noche se extendía maravillosamente sobre nuestras cabezas y de repente pudimos ver un cielo completamente estrellado. Uno que está acostumbrado a vivir en luminosas ciudades que ocultan vilmente este fenómeno, realmente queda impactado al ver este espectáculo. Se podía ver perfectamente la vía láctea extendiéndose de manera infinita, como un manojo de miles y miles de pequeñas y grandes lucecitas, tintineando armoniosamente sobre el azul oscuro y profundo del cielo de la noche. Permanecimos los dos boquiabiertos, con la mirada hacia el cielo, queriendo guardar ese recuerdo para que quedara eternamente en nuestra memoria.

    El frio comenzaba a hacerse sentir, y nos obligó a resguardarnos en la carpa. Y ahí pasamos la noche, en medio de ese lugar casi mágico, regalo de la naturaleza, completamente solos, rodeados solo de patos y liebres.

    A la mañana siguiente procuramos levantarnos temprano, para desarmar la carpa y guardar todo, antes de que las primeras personas llegaran a visitar el lugar. El amanecer en ese lugar es igual de hermoso que el atardecer. Desarmamos lentamente las cosas, y emprendimos la subida hacia la moto.

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    Justo antes de marcharnos, vimos aparecer un guanaco en lo alto del acantilado, a unos metros nuestro y escuchamos su peculiar llamado por primera vez. Nunca antes había escuchado un guanaco y hacen un sonido completamente raro, como cósmico, con un eco agudo extraño.

    Como si de un saludo de despedida de ese lugar tan especial se tratase, el guanaco vociferó varias veces. Lo saludé agitando mi mano, antes de subirme a la moto y seguimos viaje. Debimos atravesar el territorio chileno y luego embarcarnos en una balsa que cruzaría el estrecho de Magallanes para al fin llevarnos a Tierra del Fuego. Nuestra primera meta estaba cerca de ser cumplida.

  16. Entre el traslado, la nueva comunidad y las excursiones por la zona había arrinconado los relatos de nuestro viaje a Montenegro en septiembre 2013, pero aquí estoy de nuevo dispuesta a contaros todas nuestras vivencias en este pequeño y precioso País ^_^

     

     

    Al abrir la ventana de nuestra habitación en Cetinje, un agradable olor a frío y leña quemada vigorizan todos nuestros sentidos ¡definitivamente hoy va a ser un bonito día de montaña! Solo nos hace falta encontrar una cafetería donde recargar nuestras energías para afrontar un día de excursiones por Lovcen, la verdadera cuna de Montenegro.

     

    Los tejados de Cetinje al amanecer

     

    Hay pocas cafeterías abiertas y aún no les ha llegado el pan o los bollos para el desayuno y tan solo nos pueden ofrecer el te y el café... Con el hambre que tenemos decidimos volver sobre nuestros pasos y entramos en una panadería que habíamos visto al salir del hotel. Es pequeña pero tiene un enorme surtido de panes y pastelitos, después de preguntar un poco elegimos 2 “bureks de sir” cilíndricos, los típicos bureks serbios (en forma de pastel) nos gustan menos, y 4 “strudlas” o “strudels” (dos de manzana y dos de cereza). En total pagamos solo tres euros :), en España cada strudel nos hubiese costado como mínimo euro y medio... Nos sentamos en una terraza en frente de la plaza del mercado donde poco a poco van montando los puestos de verdura y fruta, como podéis ver no queda ni rastro del precioso amanecer.

     

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    El desayuno esta tan bueno que Avani decide ir de nuevo a la pastelería para comprar otro burek de sir para él y otro strudla de manzana para mí :giggle:. Desde hoy nos declaramos fans incondicionales de las panaderías Montenegrinas por su sabor y su precio, ademas me encanta el nombre: pekara. La primera norma de nuestro club de fans es: parar siempre que podamos en las diferentes pekaras de nuestra ruta por Montenegro y abastecernos de riquísima energía.

     

    Abandonamos el hotel y partimos hacia la ruta que lleva a Lovcen. El precioso día se ha cubierto de nubes y con ellas se esfuman nuestras esperanzas de ver toda la costa montenegrina desde lo alto de Lovcen.

     

    Zona norte de Cetinje desde la ruta a Lovcen

     

    Planeábamos conocer alguno de los numerosos senderos que recorren el parque, pero viendo los densos nubarrones nos decantamos por subir directamente al Mausoleo de Njegos.

     

    La serpenteante carretera abandona rápidamente el valle de Cetinje y se adentra en las verdes y rocosas montañas del Parque Nacional de Lovcen. Lovcen "il monte nero" (1749 m) no solo da nombre a todo el parque sino también al Montenegro o Crna Gora ("crna" significa negro y "gora" monte en montenegrino). El parque, y concretamente la montaña de Lovcen, ocupan un puesto especial en el corazón de todo montenegrino, no hay que olvidar que por siglos representó y refugió a toda la nación de las distintas invasiones. Aunque la montaña más visitada es Jezerski Vrh por albergar en su cima el imponente mausoleo de Petar II.

     

     

    Los antiguos soberanos de estas tierras nos dan la bienvenida a Ivanova Korita, una pequeñísima localidad situada en el centro del parque.

     

    Aldeana de la pequeña aldea de Ivanova Korita

     

    En Ivanova Korita se encuentra el Centro Recreativo y Deportivo de Lovcen, punto de partida de varias rutas y actividades del parque, también consta de alojamientos, zona camping, restaurantes, áreas con barbacoas y varias instalaciones deportivas.

     

    Centro Recreativo de Lovcen

     

    En la área recreativa como en los bosques de hayas de los entornos es fácil ver a pequeñas y escurridizas ardillas negras, que esperan la ocasión para robar algo de comida, aunque como siempre no es recomendable alterar sus hábitos y ofrecerles o dejarles comida.

     

    Área picnic en el Centro Recreativo

     

    Seguimos ascendiendo por la estrecha carretera de montaña, el paisaje es cada vez más árido y las verdes hayas dejan paso a los pequeños arbustos, los esporádicos grupos de pinos y las flores salpican de alegres colores las verdes terrazas de pasto y margenes del camino.

     

    Bonito Cardo yesquero (echinops ritro)

     

    Hemos llegado al aparcamiento del Mausoleo de Njegos, ahora solo hay que caminar unos 300m por un sendero de pinos, rosas silvestres, crocus tommasinianus (de la familia del azafrán), salvia y otras plantas mediterraneas.

     

    Sendero hasta lo alto de Jezerki Vrh

     

    Al final del sendero se encuentra la tienda de souvenirs (en este momento en restauración) y la preciosa escalera de casi 461 escalones que nos llevara a lo más alto de la montaña Jezerski Vrh a 1657 m.

     

     

    La senda prosigue bordeando la cumbre y lo único que nos separa de caer por la ladera es una frágil barandilla de madera, volviendo el sendero aún más interesante. Desde lo alto deberíamos ver el Lago Skadar y la costa Adriática pero las densas nubes solo nos dejan entrever las montañas que rodean el lago y un tenue resplandor donde debería estar el mar. Algo decepcionados por no poder disfrutar de estas prometedoras vistas proseguimos nuestra ruta y de pronto ante nosotros aparece la famosa Bahía de Kotor :)

     

    Sendero al mausoleo de Njgos, en Lovcen

     

    Nos encontramos el Mausoleo de Petar II Petrovic Njegos repleto de andamios y carteles de obras que nos informan que la restauración se debe a la próxima celebración de su 40 aniversario pero que a pesar de las obras el mausoleo se encuentra abierto al publico, ¡qué suerte por un instante pensamos que no podríamos entrar!

     

    El Mausoleo de Njegos esta en obras :(

     

    Compramos los billetes de entrada y un monje ortodoxo nos informa que lamentablemente la sala donde se encuentra la bella estatua de Petrovic Njegos se encuentra en estos momentos cerrada y que tan solo podemos visitar la tumba y el mirador y que por ello nos cobra la tarifa reducida (1,50 euros).

     

    Entradas al mausoleo

     

    Bajamos a la cripta donde se encuentra la tumba del héroe más amado de todo Montenegro, Petar II:

    Petar II Petrovic Njegos (Петар II Петровић Његош) nacido el 13 noviembre 1813 y fallecido por tuberculosis a la temprana edad de 37 años, fue el príncipe-obispo de Montenegro, filósofo y poeta, cuyos trabajos literarios y tratados se consideran la cuna de la actual Montenegro.

     

    Njegos nació en el pueblo de Njegusi, el la ladera del Parque de Lovcen cerca de Cetinje. A los once años entró en el monasterio de Cetinje para iniciar su educación y preparación para suceder a los 17 años a su tío, Petar I. Entre sus logros más aclamados se encuentra la creación e introducción de un sistema fiscal justo y un código de leyes basadas en los derechos humanos, convenciendo para ello a todos los grandes jefes de los diferentes clanes de Montenegro. Njegos era un defensor de la unión y la liberación del pueblo serbio y estaba dispuesto a renunciar a sus derechos principescos a cambio de una unión justa y pacifica con Serbia. Por ello y por la importancia de grandes obras suyas como “La corona de la Montaña” se considera que Petrovic Njegos asentó las bases para la ex Yugoslavia.

     

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    Venerado como príncipe, poeta y filósofo fue enterrado en una pequeña capilla en el Monte Lovcen, capilla que en la Primera Guerra Mundial fue destruida por los austro-húngaros. En esa ocasión los restos de Njegos fueron trasladados al amparo del Monasterio de Cetinje, hasta que en 1925 la pequeña capilla fue reconstruida. En 1974 el escultor y arquitecto Ivan Mestrovic bajo la tutela del gobierno yugoslavo sustituyo la pequeña capilla por el actual mausoleo.

     

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    Salimos por la puerta posterior del Mausoleo para llegar a el hermoso punto panorámico de Lovcen desde donde el conocido escritor irlandés George Bernard Shaw se pregunto “Estoy en el Paraíso o en la Luna”. Y a pesar del día nublado puedo afirmar que G. B. Shaw no exageraba, es un rincón idílico desde donde se disfrutan vistas de águila.

     

    El precioso mirador de Lovcen

     

    Nos quedamos un rato en el mirador contemplando el entorno y comiéndonos tranquilamente unos burek de sir de la panadería de Cetinje y unos snacks salados. Cuento este detalle, quizás insignificante, porque gracias a habernos entretenido en el mirador cuando volvimos al mausoleo nos encontramos que la sala de Petrovic Njegos estaba entreabierta y, aunque en su interior estaban trabajando, había polvo y un pequeño andamio, pudimos admirar esta hermosa sala donde la enorme estatua de granito negro del escultor croato Ivan Mestrovic resalta el precioso mosaico dorado que decora el techo.

     

    Estatua de Petar II Petrovic Njegos

     

    Nos despedimos del monte Jezerski Vrh y del Mausoleo de Njegos para retomar nuestra ruta por el Parque de Lovcen, esta vez en dirección Kotor por una de las carreteras de montaña más hermosa de Montenegro, según la mayoría de guías de viaje. Por culpa de las densas y grises nubes que cubrían el cielo no pudimos admirar toda la belleza de la ruta y las panorámicas de la Bahía de Kotor. De todos modos opino que a pesar de ser sin duda hermosa, se trata de la carretera de montaña más turística y transitada (en varias ocasiones hemos asistido a peligrosos cruces entre autobuses, furgonetas o autocaravanas que debían retroceder / avanzar hasta llegar a un pequeño margen de la carretera para dejar paso) y, en mi opinión, no es la más bella de Montenegro.

     

     

    Podeis leer mis otros relatos de Montenegro o mirar los diferentes álbumes

  17. El día 12 de mayo fue el día Internacional del Museo y aprovechando que @Celitica y @Gris me habían insistido que debíamos visitar Sitges, decidimos tomar el tren de Rodalies desde Barcelona y visitar la pequeña localidad costera y sus museos.

    Llegamos a Sitges a las nueve y media y a pesar de que habían anunciado sol y nubes el día se había levantado gris, frío y muy ventilado. Suerte que nuestro planing consistía en visitar museos.

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    Como el tiempo no invitaba a tomar fotografías nos limitamos a pasear tranquilamente por las calles peatonales del centro. Sitges es conocida por su característico casco antiguo donde las callejuelas animan a pasear sin prisa parándose a contemplar los llamativos y originales escaparates de los talleres y tiendas de cuadros, moda y artesanía. La bonita villa de Sitges ha atraído desde siempre a artistas, literarios y bohemios que durante los últimos siglos la han dotado de cierto aire exclusivo e intelectual, donde la pintura, el cine y la literatura juegan un importante rol, un claro ejemplo de esto es el reconocidísimo Festival de Cine Fantástico de Sitges. Otra de las características de el pequeña villa de pescadores es que está considerada como el destino turístico más concurrido de la comunidad homosexual en España y así lo testifican algunas esculturas, escaparates y locales.

    Subimos por la escalinata de la iglesia de San Bartomeu i Santa Tecla y llegamos en frente del histórico cañón que durante cuatro largas horas defendió en 1797 el pueblo de Sitges del ataque de dos fragatas inglesas ancladas en la playa.

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    El oxidado cañón no es solo parte importante de la historia de la villa sino también de sus leyendas donde se narra que fue él mismo que disparó hace siglos una hermosa y joven doncella de nombre Tecla para defender el honor de sus hermanas del ataque de un cruel corsario.

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    El Palacio Maricel se encuentra aún cerrado y según podemos leer, en el cartel informativo colgado cerca de la entrada, no abrirán sus puertas hasta dentro de una hora. Por ello nos pusimos a fotografiar los diferentes detalles de la bonita plaza el Raco de la Calma (rincón de la calma)

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    Es curiosa la vieja fuente que se encuentra a la derecha de la entrada del Palacio Marycel, donde dos viejas gárgolas manaban agua, ahora parece estar seca, en una misma y vieja pila. El león de la izquierda cuenta que “Aquesta aigua no és bona per beura” (Este agua no es buena para beber) y en cambio la gárgola de la derecha, que representa a un viejo carnero, afirma que “Aquesta sí, però no raja sempre” (Ésta sí, pero no mana siempre) en algunos sitios he leído que la llaman la Fuente Bipolar ^_^

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    Teníamos una hora para pasear, visitar y admirar el paseo, la playa de Sant Sebastià y la homónima ermita.

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    Al terminar nuestra caminata nos sentamos y relajamos en uno de los bancos de la plaza de la Iglesia de Sant Sebastià desde donde se tienen unas preciosas vistas del casco viejo de Sitges y la escultura de Horacio ElenaDona mirant el mar” (mujer mirando el mar).

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    Lentamente retomamos nuestro camino al Palacio Marycel, que traducido al español significa Mar-y-Cielo. Con el nombre tengo serias dudas de cual es el correcto pues aunque oficialmente lo llaman Maricel en los diferentes azulejos del palacio y en la página oficial de Charles Deering en inglés se refieren al mismo como Marycel, por lo cual me hace sospechar que el nombre original es con i griega (y) pero por cuestiones de ortografía catalana las autoridades han decidido llamarlo con i latina (i) :rolleyes:

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    Llegamos en el preciso momento en que abrían las grandes puertas de madera y nos invitaban a pasar al interior del patio de azulejos con su preciosa fuente de helechos y la escalinata que nos llevaría hasta la primera planta del palacio museo.

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    En la antesala encontramos una linda colección de vajilla y diversos objetos personales tales como pequeños retablos y bargueños. Debo decir que es una lastima que no se hayan incluido cartelitos con la información básica da cada uno de ellos.

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    Antes de proseguir con nuestra visita tomamos uno de los trípticos del palacio y leímos su historia.

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    La remodelación y construcción del conjunto monumental de Marycel tuvo lugar entre 1910 y 1916 cuando el millonario norteamericano Charles Deering junto con la ayuda y guía del artista e ingeniero español Miquel Utrillo i Morlius decidieron comprar el antiguo hospital Sant Joan Baptista y el palacio de enfrente creando un conjunto monumental de inmenso valor artístico.

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    Bajo las instrucciones y peticiones de Deering, Utrillo viajó por toda la Península Ibérica buscando obras de arte y elementos procedentes del derribo de edificios religiosos y civiles para embellecer y construir el precioso palacio de Maricel.

    Poco a poco las estancias fueron cobrando vida y la pasión de Deering por el arte las convirtió en auténticas salas de museo. Su colección incluía obras de El Greco, Zurbarán, Goya, Mir y tantos otros artistas que, por desgracia, ya no se encuentran en el interior del palacio. Tras una supuesta discusión con Utrillo o un intenso desagrado con el gobierno de transición de España Deering decidió, en 1921, abandonar Sitges y llevándose consigo la mayor parte de sus obras que hasta entonces pretendía donar a una fundación que debería gestionar el Palacio Museo de Maricel.

    Pasamos al primer salón el Saló d'Or donde, al igual que en el resto del palacio, se echaba en falta la oportuna explicación e historia de la sala o sus elementos decorativos. El salón esta repleto de interesantes obras y detalles como las oscuras ménsulas de madera que representan altos monjes pensativos, el precioso artesonado del techo o la imponente chimenea procedente del Palau de la Generalitat. Lastima que las sillas colocadas para los ocasionales conciertos, ceremonias y bodas ocupen gran parte de la sala y estropeen ligeramente la visión del conjunto.

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    A la derecha del Salón Dorado se encuentra una pequeña capilla con un enorme retablo del siglo XVI y una variopinta colección de porcelana.

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    Continuamos nuestro recorrido y llegamos al segundo mayor salón del palacio, el Saló Blau, la sala se encuentra vacía... solo unas pocas y feas sillas de plástico rodean el enorme salón y empezamos a entender la tristeza que debieron sentir todos aquellos que conocieron Maricel colmado de obras y vida cuando Charles Deering decidió llevarse todo a EEUU y literalmente desnudó el palacio...

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    El único consuelo que nos queda es alzar la vista y admirar el extravagante y bello artesonado que decora el techo. Para cubrir un poco esa sensación deprimente que transmite la sala despojada de sus muebles y obras de arte el museo ha decidido exponer una pequeña muestra de viejas fotografías del Palacio y Sitges.

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    Subimos a la segunda planta donde hay otra pequeña sala vacía donde el elegante artesonado y sus ménsulas nos recuerdan a unos distinguidos pavos reales de color negro, dorado y verde brillante.

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    Tras abandonar el saloncito atravesamos el umbral de una vieja puerta azul y llegamos al encantador claustro. Sin duda uno de los lugares más conocidos del palacio y razón por la que, tanto aquellos que aman visitar los museos como los que no, deben visitar el Palau Maricel.

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    Mientras esperábamos el momento oportuno para tomar algunas fotos, pudimos apreciar los curiosos detalles e historias que representaban los azulejos de las paredes del claustro. Donde, como por ejemplo, se representa una típica escena de un mercader vendiendo sus frutos y pescados a una señora mientras un bribón le roba parte de la mercancía ;)

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    Todos los visitantes que entraban en el pequeño claustro soltaban un suspiro de admiración y rápidamente dirigían su atención al privilegiado ventanal del palacio donde, tras varios intentos, al fin logré tomar una preciosa foto del más bello mirador de Sitges.

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    Dejamos atrás el claustro y salimos a la bonita terraza de los geranios, o al menos así la he bautizado yo ^_^

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    Mientras contemplábamos el precioso dibujo de la fuente de la terraza, donde ciervos y cisnes giran alrededor de una pila en forma de estrella octogonal, escuchamos a una guía contarle a unos turistas ingleses, que la alta y delgada palmera que se ve desde la terraza la trajo ahora hace 100 años Charles Deering :ohmy: La palmera en cuestión supera la altura del campanario y ha hecho falta reforzar su base para evitar que el fuerte viento y su propio peso la hicieran caer.

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    Subimos por la escalinata que lleva a la terraza superior donde en ocasiones especiales se celebran banquetes y ceremonias al aire libre.

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    Lastima que el fuerte viento no alentaba a permanecer más tiempo sentados en uno de los curvados bancos que imitan la ondas del mar, porque realmente es una terraza privilegiada donde sus formas y vistas se merecen unos minutos de pausa para reflexionar y asimilar todo lo contemplado hasta el momento.

    La visita ha llegado a su fin y abandonamos el precioso Palacio de Marycel convencidos de que hubiese sido aun más maravilloso poderlo disfrutar en sus inicios cuando las esculturas, tapices, muebles, y cuadros vestían todas las salas del conjunto.

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    Relatos Recientes

    Una de mis grandes metas o mejor dicho mi sueño, es conocer todo mi país, la Argentina.

    Me gusta viajar y conocer los lugares turísticos, pero también disfruto de estar en aquellos lugares que parecen olvidados de los mapas. Debo confesar que tengo un mapa en el cual voy coloreando con fibras los lugares que voy conociendo.

    Cada vez que tengo la oportunidad de viajar, armo la valija y salgo. Esta vez, el motivo que me llevó a viajar, fue un golpe de suerte, de mucha suerte. Nunca había ganado nada, hasta que me gané un viaje para dos personas a la ciudad más antigua de todas o también conocida como “Madre de Ciudades”, es decir, Santiago del Estero. El premio era completo… set de viaje, estadía, pasajes en avión de ida y vuelta y un city tour.

    Para la gran mayoría de los viajes, al lugar donde hay que ir primero, es a la capital federal. Contraté un servicio que me llevó directamente hacia Aeroparque, aunque con bastantes horas de anticipación, pero era lo más cómodo.

    Llegué al aeropuerto, temprano. Era eso de las siete de la mañana aproximadamente.

    blogentry-190-0-28780300-1401730573_thumb.jpg Saliendo para Santiago del Estero desde "Baires".

    Tenía pasajes para salir a las dos de la tarde, pero fui con ánimos de paseo y gracias a ello se me pasó realmente muy rápido. Lo primero que hice fue guardar mi equipaje para poder pasear tranquila. Después de desayunar fui a dar una vuelta para conocer los distintos negocios. Entré a la librería y me compré un libro de bolsillo que me acompañó gran parte del viaje. No sé cómo, pero el tiempo se voló y llegó el momento de hacer el famoso check in.

    La experiencia de vuelo fue divertida, a decir verdad era la primera vez que viajaba en avión, por lo que un viaje corto me vino muy bien. Iba mirando por la ventana disfrutando del paisaje en la altura, viendo los cursos de agua, contemplando el verdor de los campos e imaginando figuras con las caprichosas formas de las nubes.

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    Luego de unos minutos, para ser exactos, tres cuartos de hora, pisé tierra firme en el tranquilo aeropuerto de la Ciudad de Santiago del Estero donde me esperaban para trasladarme al hotel. Me deshice rápidamente de los abrigos, pese a que era invierno, allí no lo parecía. El cálido aire invitaba a estar de remera, como en una tarde de verano.

    No tardé mucho en prepararme para salir a dar una vuelta por la ciudad. Para sintetizar, podría decir que es una curiosa mezcla de construcciones antiguas, muy antiguas, con estructuras en desarrollo y sitios nuevos. Las edificaciones antiguas como la Catedral dan cuenta del paso del tiempo por esta tierra y dan fe del apodo que lleva el lugar.

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    Aproveché a hacer el city tour por la ciudad y también por sus alrededores. Siempre me ha resultado interesante disfrutar de estos paseos, ya que vienen acompañados de explicaciones. Visitamos el parque y también un sitio muy típico, un patio santiagueño donde se escucha folclore y se comen comidas típicas.

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    Entramos al Museo del Bicentenario, un espacio muy moderno que reúne varias colecciones históricas, arqueológicas y mucho más. Un sitio que recomiendo visitar.

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    Cuando viajo, me gusta aprovechar el tiempo y conocer lo más posible, soy una viajera incansable siempre con ansías de conocer más y sacar fotos. Después del city tour tomé un colectivo con destino a la Ciudad de Termas de Río Hondo. Fui con ganas de caminar y conocer ya que descansar en las termas no me parecía muy atractivo, no es mi estilo. Al llegar a la terminal de Termas, lo primero que hice fue visitar la oficina de información turística para buscar folletos. Con el plano en mano y una botella de agua bien fresca (aquí también seguía haciendo mucho calor), empecé a caminar acompañada por el buen tiempo.

    Es una ciudad nueva, muy diferente a la Capital. Tiene bastantes locales de ventas de artesanías, cafeterías y bares. También tiene una plazoleta muy bonita decorada con luces, frente a la cual me senté a tomar un rico café para descansar los pies. Fue un atardecer muy lindo, ya que no refrescó, parece que el invierno no tiene lugar en estas tierras del país.

    Después de haber cenado, tomé un colectivo para regresar a Santiago del Estero, para volver a descansar al hotel. Prometo en otro post, dar más detalles sobre esta ciudad tan linda que recomiendo que conozcan.

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    Como comenté anteriormente, me gusta aprovechar los viajes para conocer la mayor cantidad de lugares posibles, aunque eso implique algunas horas en ruta y volver más cansada de lo normal. Por ello, al día siguiente, me levanté temprano y luego de desayunar me tomé un colectivo con destino a San Miguel de Tucumán. Es una ciudad con mucho movimiento, con gente que va y viene, con colectivos llenos y autos que poblaban las calles. Sabía que allí la alta densidad de población es una característica, pero realmente no me lo imaginaba tan así. Es más, puedo asegurar que en el centro de la ciudad hay más movimiento que en el centro de mi ciudad, es decir, Mar del Plata.

    blogentry-190-0-30105600-1401730915_thumb.jpg Mural dentro de la Casita de Tucumán

    Por supuesto, conocí la Casita Histórica de la Independencia y pasee largas horas, pero prefiero contar esta parte del viaje en otro relato, para poder dedicarle más atención.

    El tiempo pasó y como de costumbre bien de prisa, (pareciera que al viajar pasa aún más rápido) Llegó la hora de acomodar el equipaje y prepararse para tomar de nuevo el avión para volver a la rutina cotidiana de la cual no podemos escapar por mucho tiempo.

    Podría decir que fue un viaje muy interesante. Sin planearlo y casi sin pensarlo llegué a la ciudad más antigua del país, conocí la ciudad de Termas de Río Hondo y San Miguel de Tucumán. Conocí varios lugares en muy poco tiempo y muchos otros me quedaron por conocer. Prometo en algún momento volver para terminar de colorear mi mapa…

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  18. El palacio, construido en el siglo XVI y adquirido y remodelado por Doña Regla Manjón y Mergelina en el siglo XIX, no es el testimonio de una o varias épocas, es el testimonio de la excepcional cultura y pasión que demostró a lo largo de su vida la Condesa.

    Nunca había tenido la ocasión de visitar la Casa Museo de Lebrija y hasta ahora me había limitado a admirar, únicamente, la oscura entrada que custodia el magnifico patio.

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    Dispongo de algo más de una hora para visitar tranquilamente la planta baja, tiempo que creía en un principio suficiente, pero una vez dentro del Palacio pienso que es irreal limitar la visita por las pautas de un reloj, que sin duda, ha dejado de funcionar hace ya mucho tiempo.

    Ahora entiendo a las guías que se limitan exclusivamente a referir los datos técnicos y artísticos de las diferentes estancias, porque no hay palabras para describir la serenidad y armonía que se respira en el patio central del Palacio. Árabes, romanos, persas, griegos, españoles, siglos y siglos de historias y estilos confluyen con el único propósito de embellecer este palacio de corte Renacentista Mudéjar.

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    La leyenda representada en el magnifico mosaico romano, encontrado en una de las propiedades de la Condesa, tiene varias interpretaciones: muchos opinan que la figura central es el Dios Pan cantando canciones de amor para enamorar a ninfa Galatea. Otros opinan que ciertos detalles del medallón, un posible tercer ojo y los rasgos no tan agraciados de la figura masculina, hacen sospechar que en realidad no se trata de él, sino de un joven cíclope que robó la flauta del Dios para seducir a Galatea. Siguiendo esta hipótesis, el antiguo mosaico narraría al joven cíclope cantando a la ninfa como Zeus transformado en toro, cisne, lluvia, etc. conquista a Europa, Leda, Danae y a tantas otras, dándole a entender que siendo esos amores posibles, porqué no iba a serlo el suyo.

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    Si uno logra dejar atrás el patio de finas columnas de mármol con elegantes capiteles mudéjares, entrará en un pequeño salón de color bordo donde se pueden admirar diversas vitrinas con monedas y cerámica de diferentes épocas y excavaciones arqueológicas.

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    Desde una de las puertas del salón rojo, o Salón Bajo, se llega al Patio Ochavado. Una bonita estancia octagonal, con el mosaico de una vieja fuente ocupando todo el pavimento y una delicada estatua de bronce en el centro. Según leo, en el cartel informativo, este es uno de los primeros mosaicos adquiridos por la condesa en Itálica (yacimiento arqueológico en la provincia de Sevilla). La complejidad de su forma comportó que la Condesa llegara a la decisión de remoldelar y restaurar las estancias del Palacio según las necesidades de cada nuevo mosaico, encontrado o adquirido. Creando en este caso este peculiar “corredor” octagonal que comunica con todas las habitaciones de alrededor.

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    Es muy sugerente poder caminar por encima de los mosaicos, tal y como lo hacían sus antiguos habitantes, aunque siento lastima por todas las pisadas que tienen que sufrir cada día. En el siguiente salón hay vitrinas con cerámica y cristalería romana, preciosos mosaicos clocados en paredes y suelos, pero lo más destacable es el enorme busto de Dioniso o Baco.

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    Después de atravesar un pequeño corredor se llega al Cenador de Cristal, un esplendido salón de verano separado por una gran vidriera del jardín. Para decorar las paredes, la Duquesa compró y restauró los azulejos del viejo Convento de San Agustín. Como se puede leer en las guías del Palacio de Lebrija, el Cenador era una bonita sala llena de plantas y cómodos asientos usada para pasar las cálidas tardes de verano leyendo o de tertulia.

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    El Cenador de Cristal comunica con el Salón de las Columnas, que, como podéis ver, es por si solo un museo de inmenso valor artístico. Varías de sus mosaicos, estatuas, columnas y capiteles provienen del yacimiento romano de Santiponce, Sevilla.

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    En el fresco y oscuro Comedor de Verano se respira el aire de una antigua casa señorial española, donde azulejos y antiguos platos de cerámica adornan paredes, techos y suelos, algunos de ellos del siglo XV.

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    El Patio de las Palmeras, o Patio de la Rosaleda, es perfecto para sentarse entre flores, palmeras, grandes tinajas y asimilar todas las diferentes épocas que confluyen en el Palacio de Lebrija. Como dijo Dª Isabel de León Marquesa de Méritos:

    "Me senté en el jardín, bajo el magnolio mirando el salón de las columnas, con sus paredes almagras, adornadas con fragmentos de mosaicos, cerré los ojos, y soñé que en esta casa, tenía un idilio Roma con Sevilla, que una era la mitad de la otra.

    Roma los mosaicos, Sevilla los azulejos

    Roma el laurel, Sevilla el jazmín

    Roma la Venus de mármol, Sevilla la cerámica azul de Triana

    Roma el Rosa Pompeyano, Sevilla el albero

    Roma el ciprés, Sevilla el naranjo

    Roma es de acanto, Sevilla de azahar."

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    El bonito mosaico de Ganímedes precede al pequeño despacho conmemorativo con los bustos de los Condes de Lebrija, Don Eduardo de León IX y Doña María Regla Manjón y Mergelina. En las vitrinas del escritorio se pueden observar varios objetos personales, condecoraciones militares, medallones, una fotografía de la Condesa, rosarios, etc..

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    De nuevo en el patio central tomo otras bonitas fotografías de sus columnas y esculturas.

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    Llegan dos guías, una para aquellos que deseen visitar la planta alta en español y otra para los turistas que prefieran la visita en inglés. Nos dividimos en dos grupos y, mientras el primero empieza ha ascender por la preciosa escalinata, nuestra guía nos cuenta como en el año 1901 la Condesa de Lebrija, la viuda Doña Regla Manjón y Mergelina, compra el palacio y se dedica los siguientes trece años a reconstruirlo conforme va adquiriendo los valiosos mosaicos y demás piezas de la colección.

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    Subimos a la planta alta y, amablemente, la guía nos informa que debemos guardar la cámara :( El recorrido empieza con el pequeño y austero Salón Del Obispo, para luego continuar visitando el Salón Español, o Hall Verde, donde todo el mobiliario y artesanado es español a excepción de un curioso asiento/sofá portugués hecho con la cabecera de una cama de madera.

    A la derecha del Salón Español esta el Salón Heráldico y el acogedor Saloncito Árabe, con sus muebles, telas, cojines y cachimbas adquiridas en los numerosos viajes de la Condesa.

    Para llegar a la preciosa biblioteca, con más de 4000 libros que, cuenta nuestra guía, la condesa leyó al completo, pasamos por el recargado Salón Barroco. Innumerables cuadros del siglo XVIII, en su mayoría de temática religiosa, adornan las paredes del salón junto con estanterías de valiosa vajilla y delicadas figuras de porcelana y marfil. Hacia el final del Salón Barrocose encuentran algunas vitrinas con objetos personales de la Condesa de Lebrija y sus antepasados.

    En el Corredor de los Bargueños hay varios de estos característicos muebles españoles, decorados con madera labrada, marfil, nácar y carey (obtenido del caparazón de las tortugas carey, ahora en peligro crítico de extinción), que servían para guardar toda suerte de pequeños objetos.

    Entramos en la pequeña capilla para ver el retablo barroco con el Cristo de Marfi. Lo más característico del retablo de nogal, dice nuestra simpática guía, es la curva que presenta el cuerpo del Cristo Filipino al haber sido tallado directamente en el colmillo del elefante.

    En el siguiente salón se encuentran uno de los bargueños más antiguos de todo el Palacio, decorado con delicadas escenas dibujadas en papel pegado. En las paredes están todos los retratos de los principales miembros de la familia, menos el de la condesa que aparece en una pequeño portaretratos, sobre una de las mesitas del salón.

    Visitamos brevemente el Salón Cantón con su colección de porcelana china y cuadros de pintores ilustres como Van Dick o la escuela Murillo, para asomarnos al estupendo Comedor Principal. Al igual que en el Comedor de Verano la vajilla azul es el elemento ornamental que más capta nuestros sentidos, en este caso se trata de una vajilla inglesa de la Casa Spode, del siglo XVIII, herencia de la madre de la Condesa. El techo también esta decorado con platos de porcelana y loza, enganchados en tres grandes estrellas de madera, que de alguna manera, a pesar que nuestra guía lo niega, recuerdan a las Estrellas de David.

    La visita ha llegado a su fin, es una lastima tener que visitar la planta alta en grupo, pues las barreras y muebles impiden a la gran mayoría ver en detalle los diferentes salones y ornamentos. En muchas ocasiones debía esperar al final de la explicación para poder acercarme a ver la habitación de la que estebamos hablando, tampoco podíamos quedarnos atrás tranquilamente porque, por seguridad, debíamos ir todos juntos. Entiendo que, con las numerosas visitas que reciben y los valiosos objetos que decoran los salones, no es posible organizarlo de otro modo por ello agradezco enormemente que al menos la planta baja podemos degustarla sin guía y a nuestro ritmo.

    "Tienen las casas fisionomía. Tienen las casas almas. Tienen algo indefinible nacido de una idea o un sentimiento." Doña Regla Manjón y Mergelina.

  19. El domingo empezó con buen pie, y no me refiero al tiempo que siguió siendo gris y lluvioso, sino a la suerte que tuvimos cuando, de camino a la estación, nos encontramos con un par de simpáticas ardillas. Menos mal que habíamos salido con suficiente antelación de la residencia y pudimos “perder” unos minutos intentando fotografiar a las escurridizas ardillas de cola tupida, por cierto estas no son como las ardillas de Londres que se dejan corromper con un poco de comida ;)

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    Una vez en la estación de trenes recogimos nuestros billetes, 1.50£ ida y vuelta de Huddersfield a Marsden y en menos de 15 minutos llegamos a la pequeña estación.

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    Marsden es una pequeña población de algo menos de 4500 personas situada a 11km de Huddersfield. Su principal atractivo son la extensa red de senderos que atraviesan las ondulantes colinas que la circundan. Aunque también hay que visitar la iglesia de St Bartholomew, los canales y puebtes que cruzan el pueblo y la pequeña y sombría galería (el Standedge Tunnel) que se puede visitar en barco.

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    La estación de tren se encuentra en la parte alta de Marsden al lado del canal que lleva al Standedge Tunnel, aunque nosotras decidimos bajar primero por la Station Road para visitar el centro del pueblo, la vieja iglesia de San Bartolomé y su entrañable cementerio.

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    Aprovechando que apenas lloviznaba decidimos seguir uno de los muchos carteles de senderismo que se encuentran por el pueblo. El camino que por casualidad tomamos pronto se convirtió en un estrecho y poco visible sendero que atravesaba un empinado campo mojado ^_^

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    Como veis el aliciente de dicho senderito eran las preciosas vistas panorámicas de Marsden. Al final de la senda de hierba y barro llegamos a un viejo camino de tierra que nos invitaba primero a torcer a la derecha y, transcurridos unos cinco minutos, a subir unos viejos escalones de piedra que llevaban a un sendero de hierba. Lo curioso de dicho camino es que finalizaba en una granja de vacas y allí no nos ofrecía ninguna otra posibilidad que volver sobre nuestros pasos o bajar por un amplio camino que conducía de nuevo al pueblo. Optamos por la segunda opción esperando encontrar un nuevo desvío, no sin antes fotografiar a nuestras nuevas amigas ;)

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    De vuelta al pueblo probamos unos cuantos senderos bien señalizados con perfectos y nuevecitos carteles de “Public footpath Nº --” que las administraciones colocaron por todos los alrededores tras ganar en el 2010 el reconocimiento oficial de Walkers are Welcome por sus bien mantenidos senderos y la excelente información que el pueblo ofrece a excursionistas. Lastima que la mayoría de estos carteles, que seguiamos entusiasmadas, realmente no lleven a ninguna parte y acaban al llegar a una granja, carretera, restaurante, casa particular, etc. ;) Pues no son nada más que eso, caminos públicos o, mejor dicho, atajos que la gente ha utilizado desde siempre para llegar antes a sus casas o trabajos, atravesando campos y bosqucitos. Por ello si uno realmente quiere realizar un recorrido medio largo por los alrededores deberá, como en cualquier otro destino, informarse antes y olvidarse de estas bonitas sendas. Nosotras tampoco veníamos con la idea de practicar senderismo por lo cual los Public footpath nos brindaban la oportunidad de divertirnos probando uno y otro camino sin saber a donde nos llevarían y disfrutando de las vistas panorámicas que nos ofrecían.

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    Sin darnos cuenta habíamos pasado un par de horas subiendo y bajando por los distintos caminos de las colinas del Sur-Este de Marsden por lo que ahora tocaba probar el sendero que bordeaba el río que lleva al Standedge Tunnel. Para ello tuvimos que volver a la estación de trenes, desde donde empieza el recorrido. Aunque primero aprovechamos para hacer una breve pausa en el bar-restaurante The Railway, por fuera llama poco la atención pero su interior es muy acogedor con varios rincones con mesas, sillones y sofás donde uno pude relajarse o charlar cómodamente mientras se retoman fuerzas. El camino al Standedge serpentea agradablemente a orillas del río, aunque vimos que hay una senda paralela que atraviesa la pequeña arbolada de la izquierda al final de la cual se encuentra un área de picnic. Por el camino nos cruzamos con varios excursionistas de mediana edad que nos observaban entre curiosos y divertidos pues como mi hermana y yo nos vemos una vez al año íbamos hablando y riendo mientras caminábamos y saludábamos muy amablemente a todo el que se cruzase en nuestro camino ^_^ incluido a unos preciosos patitos que seguían a su mama a través del curso del río.

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    Y cuando ya casi deberíamos haber llegado la senda pasa justo por debajo de las vías del tren, no hay ningún peligro pero el camino es muy feo, de cemento, hierro y goteras y si uno no sabe que después de dicho paso se encuentra una de los puntos más turísticos de Marsden, daría media vuelta y buscaría otro camino. Lo único bueno del pasaje es que cuando sales aprecias aun más los preciosos prados verdes que rodean el Standedge Tunnel y su museo.

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    El sendero que nos llevo hasta el túnel de Standedge cruzaba el canal por un puente y seguía sinuosamente entre campos y bosquecitos hasta llegar de nuevo a un pequeño riachuelo de color cobre. Nos fijamos que la mayoría de ríos tenían un ligero tono rojizo lo cual nos hizo pensar que la zona debía ser muy rica en hierro lo cual explica también la cantidad de fábricas abandonadas que se encuentran en Marsden, aunque no he visto ninguna referencia al respecto. Poco después de abandonar el Standedge Tunnel el sol salió de entre las densas nubes e hizo brillar todo el verde de los alrededores.

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    A cierta altura del camino nos desviamos para poder subir a las colinas que quedan al norte del pueblo, en parte para poder fotografiar Marsden desde otra perspectiva y en parte porque habíamos visto unos caballos a lo lejos. Caballos que resultaron ser unos bonitos ponis :) En nuestra ruta también nos cruzamos con rebaños de ovejas que pastaban en preciosos campos de margaritas amarillas.

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    Por desgracia también tuvimos el “honor” de asistir a un no tan raro ejemplo de como vienen tratados los rebaños: Tras haber caminado unos cuantos kilómetros en dirección Marsden, nuestra ruta nos había alejado considerablemente del centro habitado, nos encontramos de frente con un rebaño de ovejas que corrían atemorizadas en nuestra dirección, por fortuna nos pudimos apartar en un recodo del camino para dejarles pasar, detrás de ellas venía el pastor montado en su pickup tocando el claxon y dando ordenes a los perros. Pero lo peor era el hijo del pastor, un niño de apenas 8 años que estaba en el asiento del copiloto con medio cuerpo fuera gritando toda clase de insultos a las pobres ovejas y dando golpes en el chasis de su coche. En cierto momento el niño saltó del coche en marcha y bajó para pegar y patear a las ovejas que se encontraban a la retaguardia del rebaño, menos mal que las piernas del niño eran demasiado cortas para dar de pleno a las ovejas y después de lanzar unos cuantos insultos gratuitos el pequeño monstruo decidió continuar su labor desde lo alto del coche, donde su padre le dio unas palmaditas de aprobación :mad:

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    El sendero, por llamarlo de alguna manera, que veis en la panorámica superior nos condujo finalmente de vuelta al pueblo, y digo finalmente porque estuvimos buscando posibles desviaciones de nuestro camino para encaminar nuestros pasos en la dirección correcta pero a parte de unos excursionistas que venían campo a través no encontramos ningún camino que llevase a Marsden y no queríamos tener que dar media vuelta ahora que ya se veía el pueblo ^_^ Una vez en Marsden dimos un último paseo antes de tomar el tren de vuelta a Huddersfield.

  20. Lo primero que notas cuando llegas a Monteverde es la vista panorámica que ofrece este pueblo ubicado a más de 700 metros de altura: por un lado el territorio de Basilicata con el imponente Monte Vulture, por el otro el valle del rio Osento que alimenta el embalse de "San Pietro" (en italiano "Lago San Pietro") donde se realiza el "Grande espectáculo del agua".

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    Algunos amigos italianos me habían hablado bien de este evento afirmando que no podía no conocer algo "tan hermoso", he investigado online y he encontrado opiniones positivas, la web oficial incluye el programa del espectáculo y los objetivos de la fundación que lo organiza. No me quedaba que decidir el día, con el calor de este verano 2012 la perspectiva de una noche al aire abierto era atrayente, así que la mañana siguiente, sábado, nos pusimos en marcha al medio día con destino Monteverde (provincia de Avellino).

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    Nosotros veníamos desde Potenza (Basilicata) y de aquí tardamos 1 hora para llegar al Lago San Pietro, en verdad no sé si cogimos el recorrido más breve.. :( Nos ha llamado la atención la cantidad de autocares aparcados en la entada del pueblo: masas de turistas esperando su turno para dirigirse al "Espectáculo del aire" (que tiene lugar antes del espectáculo del agua), la taquilla abarrotada, personas protestando, en resumen: he tenido la sensación que me encontraba en un lugar muy "turístico" que está viviendo un grande éxito al cual su organización no está preparada. Si a esto le añadimos que, en la plaza donde está actualmente ubicada la taquilla, puede verse una estatua de la "Maria Immacolata" colocada en medio al grande letrero que anuncia "benvenuti a Monteverde", empiezo a sospechar que acabo de desembarcar en un lugar de turismo religioso.

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    Aún así sigo pensando que el espectáculo del agua de las 21:30h merece la pena, mientras tanto hubiese agradecido visitar el casco antiguo que rodea el castillo medieval de Monteverde pero mis amigos insisten en asistir al Espectáculo del Aire por lo que no me queda más remedio :rolleyes:. Intentamos comprar un billete combinado y, para nuestra sorpresa, nos dicen que la reserva es obligatoria, yo respondo que en la página web (agosto 2012) no estaba puesta dicha información, finalmente conseguimos nuestros tiquets pero yo no renuncio a sugerir al personal de la fundación "Insieme per…" de colgar online la info sobre reservas obligatorias ya que los folletos en papel (disponibles en la taquilla) informan correctamente pero la web no. Cuelgo aquí una foto del billete de entrada al espectáculo del agua, lamentablemente no ha sido posible guardar el original del tiquet de entrada del espectáculo del aire ya que los organizadores nos lo han retirado durante el control de acceso.

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    A las 19:00h empieza el "Spettacolo dell’Aria", un acontecimiento que nos presenta varios ejemplares de rapaces (halcones, búhos, lechuzas o "barbagianni" en italiano, una hermosa águila real) y dos cuervos reales en una exhibición humorístico-educativa ideales para los más pequeños y ubicada en uno de los puntos panorámicos más hermosos.

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    Terminado el espectáculo (he colgado todas las imágenes en este álbum), volvemos a bajar al pueblo no sin tomar antes un buen café italiano, volvemos a coger el coche y nos dirigimos esta vez al Lago di San Pietro, el dique artificial donde cada noche desde el 28 de julio hasta el 26 de agosto (año 2012) 3000 personas acuden a la cita. Llegamos al párquing, aquí la organización nos parece perfecta y nos llama la atención la cantidad de voluntarios, muchos de ellos niños y adolescentes. Una vez aparcado el coche nos dirigimos a la pequeña pineda que da acceso a la tribuna, aquí se encuentran los lavabos públicos y varios puestos de comida y suovenirs. Finalmente entramos en el recinto y tomamos asiento en las gradas, es agradable saborear el fresco de la noche aunque hay que esperar por lo menos unos 40 minutos hasta que todos entren para ocupar su sitio. Es aconsejable llevar una gabardina ya que la humedad del lago no deja indiferentes.

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    El espectáculo empieza puntualmente y nos sumergimos en la historia y vida de Gerardo Maiella aquel que fue sucesivamente apodado como el "santo del pueblo", San Gerardo, que nació en Muro di Lucania, se formó en Puglia y operó en Campania (tres regiones del Sur Italia).

    Cuando miré la página web del evento no tuve la impresión de que fuese un evento con pronunciada matriz católica, reconozco que me esperaba una reconstrucción que remarcarse las claves históricas de la persona de Gerardo Maiella, pero en la práctica el espectáculo destaca especialmente los aspectos religiosos lo cual, bajo mi punto de vista (corroborado por las opiniones de mis amigos), resulta un poco decepcionante si consideramos las expectativas generadas.

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    Lo que más nos gustó son los efectos de luces, las danzas y las músicas que ayudan a crear una magia en el aire, la calidad del sonido es optima, el armonía entre textos y recitación es acertada, la parte técnica del evento está bien pensada salvo por los ballets que se encuentran algo lejos de espectador.

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    Otro punto a tener en cuenta es que los ingresos (restados los gastos) del Grande Espectáculo del Agua de Monteverde se destinan a fines benéficos, en especial para fomentar proyectos de ayuda a niños, en la web oficial se detallan algunos programas. He colgado varias fotos del espectáculo en mis álbumes: