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Relatos en este blog

A casi dos meses de haber permanecido en Sudamérica, mi viaje estaba a punto de llegar a su fin, y mi objetivo estaba por ser cumplido: sobrevivir dos meses en Sudamérica con no más que 800 dólares en mi tarjeta :blush:

 

Al salir de México, pocos e ininteligibles planes se bosquejaban en la comisura más metódica de mi mente. Nada iba más allá de quedarme en Lima y dejarme guiar por la suerte y el destino, mismos que me habían llevado desde las yungas de Machu Picchu y el altiplano boliviano, hasta las coloridas quebradas argentinas y el desierto chileno.

 

Y a pesar de la heterogeneidad de las cosas de las que pude disfrutar, en mi última aventura ansiaba sumergirme completamente en otra de las maravillas que el continente refugiaba en su zona más occidental: la cordillera de los Andes.

 

Si bien (para muchos) las cúspides supremas de esta cadena se alzan en el extremo sur, en la Patagonia chilena-argentina, no podía dejar de aprovechar la belleza que la sierra central andina me obsequiaba en Perú :rolleyes: Por supuesto, estoy hablando de la Cordillera Blanca, de la que he estado hablando en mis relatos anteriores.

 

Mis últimos dos días en la ciudad de Huaraz, la apodada Suiza peruana, los había pasado escalando algunas colinas de baja altura para captar los mejores ángulos de los montes nevados de la cordillera. En mi tercer y último día tomaría la prueba de fuego, con la que me despediría de Perú y de mis hazañas australes: subiría la Cordillera Blanca hasta la Laguna 69, un pequeño lago glacial en la cima de una de sus montañas. El reto: recorrer 7 km a pie por un zigzagueante camino de pendientes rocosas desde los 3900 hasta los 4600 metros de altura :confus: después de semanas de caminatas y viajes en la eminencia andina, me sentía listo para lograrlo :sneaky:

 

Es importante saber que si no se cuenta con un vehículo propio o rentado, el viaje a la laguna 69 es posible solamente con una agencia turística, pues no hay transporte público que recorra la carretera más cercana al lugar, a menos que se quiera caminar por 50 kilómetros cuesta arriba desde el poblado más cercano :whistling:

 

Existe un sinnúmero de agencias en Huaraz que ofrecen más o menos los mismos tours por los alrededores de la ciudad, cuyos precios se asemejan mucho los unos a los otros. Aún así, siempre es bueno tomarse el tiempo para cotizar uno por uno, y no dejarse llevar por el primer asalta-turistas que nos topemos en el camino :D

 

A pesar de la comodidad de que el propio hostal donde me hospedaba ofrecía el paquete por solo 40 soles, la austeridad en la que me encontraba me orilló a recorrer el centro en la búsqueda de un ahorro. 10 soles menos significaron mucho para mí en ese entonces :blush:

 

Temprano por la mañana dejé lista mi mochila en la recepción del hostal, para de una vez por todas desalojar el cuarto. Con mis ojos todavía cerrados por el sueño :sleep: la camioneta pasó por mí tan puntual como fue posible.

 

A bordo, iban apenas tres jóvenes turistas que se recostaban sobre las ventanas y se disponían a seguir durmiendo. Aunque yo hubiera querido hacer lo mismo, soy muy malo conciliando el sueño en asientos como ese :(

 

Pero el vehículo no tardó en llenarse. El chofer condujo por casi todos los hostales existentes en la ciudad, recogiendo en cada uno a un nuevo aventurero. Colmada con jóvenes de múltiples nacionalidades, la combi por fin dejó la ciudad y tomó la carretera nacional en dirección norte.

 

Transitamos nuevamente por toda la rivera del río Santa y, por ende, a lo largo de todo el Callejón de Huaylas, famoso valle que se emplaza entre la Cordillera Negra y la Blanca.

 

Poco a poco íbamos perdiendo altitud. La carretera corría en pendientes de baja inclinación. No obstante, y sin darnos cuenta, la cordillera a nuestro costado derecho se elevaba cada vez más :huh:

 

Al menos una hora y media después llegamos a la ciudad de Yungay. Esta población posee varias singularidades que la hacen muy interesante.

 

La más hermosa de todas es que se ubica justo al pie del Nevado de Huascarán, la montaña más alta del Perú y de toda la zona intertropical del planeta, incluso más que el Kilimanjaro en África :eek: Lamentablemente de esto me enteré tiempo después. Y ya que el chofer no tuvo la decencia de explicárnoslo, ninguno de nosotros bajó del vehículo para apreciar la exquisita postal :sad:

 

Pero es el mismo Huascarán quien ha condenado a la ciudad a poseer la más triste de sus particularidades. La actual Yungay está construida sobre los restos de la antigua Santo Domingo de Yungay, población que fue arrasada por un alud de rocas y lodo que la propia montaña arrojó :eek: tras ser sacudida por un terremoto en 1970 :oops:

 

Sea como fuese, nosotros llegamos a Yungay solamente para tomar una desviación en el camino. Así, dejamos la carretera nacional para dirigirnos al este, justo hacia el interior de la Cordillera Blanca.

 

A diferencia de Huaraz, Yungay es el mejor acceso a las montañas, pues tiene una carretera que la conecta directamente a ellas, y que de hecho, cruza de oeste a este todo el Parque Nacional Huascarán.

 

De esta forma, comenzamos el ascenso por la ruta. Metro a metro, la camioneta iba ganando altitud, mientras las faldas del Nevado de Huascarán nos daban la fría bienvenida :smug:

 

En medio de la autopista, que ya se había convertido en un camino de ripio, el chofer se detuvo frente a una casa de campo. Nos invitó a bajar del vehículo para tomar nuestro desayuno. Por supuesto, su agencia turística tenía convenio con el restaurante, y su escala era ineludible para hacernos consumir :dry: No obstante, nada era obligatorio, y yo tomé mi ya acostumbrado plátano y una barra de cereal que llevaba conmigo ;) Era mi mejor fuente de energía en días como esos.

 

Tras media hora, volvimos a bordo y seguimos en marcha. No mucho más adelante nos topamos con la garita de vigilancia, donde un gendarme nos cobró la entrada al Parque Nacional Huascarán, que ascendía a 10 soles (3 USD) por la estancia de un día, o a 65 soles por permanecer hasta 21.

 

Con nuestro ticket en mano, ingresamos por fin al majestuoso Parque Nacional :) declarado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1985.

 

Cuando el camino dejaba las pendientes atrás, el paisaje se convirtió en un estrecho corredor (orográficamente hablando) que nos hizo circular justo al lado de una enorme pared de roca. Se trataba de la Quebrada de Llanganuco, un desfiladero de origen glaciar.

 

De repente el chofer se detuvo nuevamente para dejarnos ver una de las maravillas de aquella garganta geológica. Ante nosotros, un enorme lago de aguas azul turquesa quedó a la vista en todo su gélido esplendor :ohmy:

 

Laguna Chinancocha, en la Quebrada de Llanganuco

 

La laguna de Chinancocha es uno de los dos cuerpos de agua que retienen uno de los ríos que baja desde los montes nevados del complejo. Su nombre significa “laguna hembra”, siendo su hermana contigua, la Laguna Orconcocha, la “laguna macho”.

 

Laguna Chinancocha, en la Quebrada de Llanganuco

 

Ambos nombres de origen quechua hacen referencia al apareamiento, ya que la laguna macho vierte su agua sobre la laguna hembra.

 

Laguna Chinancocha, en la Quebrada de Llanganuco

 

El hermoso cuadro fotográfico se acicalaba a sí mismo por especies vegetales únicas que crecen a las orillas de tan majestuoso estanque :rolleyes: bajo la sombra de las cuales los viajeros y yo posamos para el mejor de los recuerdos de nuestra visita… hasta entonces.

 

Laguna Chinancocha, en la Quebrada de Llanganuco

 

Continuamos la ruta hacia el norte, pasando de largo la siguiente laguna. Tras algunas pronunciadas curvas bajo los acantilados, el conductor se estacionó a la orilla de una baja escarpadura, ante la cual el verde y húmedo follaje daba inicio al valle por el cual comenzaríamos nuestra travesía.

 

Inicio del trekking a la laguna 69

 

Eran poco menos de las 10 de la mañana. El chofer nos dijo que el camino era recto, y que duraba alrededor de dos horas. Así que nos esperaría hacia las 3 de la tarde para partir de regreso a Huaraz.

 

Así, y con todo el entusiasmo a tope, el grupo caminó en una fila india hasta bajar al enorme valle.

 

Valle en el Parque Nacional Huascarán, rumbo a la laguna 69

 

En esta zona del trekking había un visible sendero de tierra que todos podíamos seguir, por lo que no tuvimos grandes complicaciones. Nuestro mayor problema llegó cuando, por momentos, el prominente cielo nublado dejaba caer la lluvia para vaciar su voluminoso cuerpo acuoso :(

 

Por suerte, me había preparado bastante bien, y cargaba conmigo mi poncho impermeable que había viajado desde lo más recóndito del lago Titicaca :big-grinB:

 

La tierra humedecida pronto estropeó el calzado de la mayoría de los senderistas, que no parecían conocer una de las reglas de oro del trekking: siempre llevar zapatos a prueba de agua :wacko: Afortunadamente, la experiencia me había hecho aprender la lección, y mis poderosos botines Caterpillar con suela de llanta no me defraudarían en medio de aquella lodosa vereda ;)

 

Camino a la laguna 69, Parque Nacional Huascarán

 

En el recorrido hice amistad con una chica alemana, Aleera, quien aprovechaba sus escasos 10 días de vacaciones para viajar desde su país natal hasta Perú, interesada solamente en conocer las montañas andinas, recomendación misma que recibió de una sus amigas que, de hecho, vivía en Huaraz desde hace más de un año.

 

El camino seguía casi paralelo al cauce del arroyo que corría a lo largo del valle. De vez en cuando debimos cruzarlo por un improvisado puente de piedras. Cabe decir que acudimos en enero, justo durante la temporada lluviosa de la zona :wacko: Supongo que si la caminata se hace durante el invierno y la temporada seca, el arroyo reduce su cuerpo o, incluso, desaparece.

 

Vista del valle en el camino de vuelta de la Laguna 69

 

En el medio de la travesía nos topamos con un singular y misterioso grupo de casas hechas de piedra, bajo cuyos techos cónicos de palos no parecía habitar nadie :huh: Nunca pudimos averiguar si se trataban de ruinas arqueológicas o si de verdad alguien pretendía vivir allí.

 

Ruinas vistas en el trekking hacia la laguna 69

 

Pero más adelante descubrimos que, sin duda, algún osado ser humano debía morar en aquel privilegiado territorio, pues grupos de vacas se hicieron presentes frente a nosotros, desviando su mirada mientras se saciaban con el húmido césped de la pradera :giggle:

 

Habitantes del Parque Nacional Huascarán, Perú

 

De vez en cuando deteníamos el paso para virar nuestros ojos hacia el lado opuesto que, poco a poco, dejábamos atrás, deseando divisar algunos de los picos nevados que nos rodeaban, entre los que se encontraban el Yanaphaqcha, el Yanaharu y el mismo Huascarán. Más el infausto clima del que habíamos sido advertidos cubría con nubes y niebla el horizonte :madd: dejando a la vista solamente a los montes de menor altitud.

 

De pronto, el camino parecía terminar, cuando todos nos vimos acorralados entre enormes acantilados. Pero por uno de los costados se veía caer una pequeña cascada, que anunciaba la presencia de lagunas en la cima. Era indubitable: debíamos subir :zsick:

 

Cascada en las paredes del Parque Nacional Huasca

 

El sendero se tornaba curvilíneo para facilitar el ascenso a casi 400 metros de altura :wacko: Aleera parecía un poco desanimada (al igual que yo, más no quise externarlo) :crying: Pero si había podido con Machu Picchu y el Valle de la Luna, estaba seguro de que una escalera de rocas bajo la llovizna no me derrotaría en lo más mínimo :mad:

 

Dimos marcha a la ascensión, casi después que el resto de nuestros compañeros, a excepción de algunos chinos que, como siempre, se habían retrasado tomando fotos :D

 

La vegetación parecía mudar de piel, mientras el verde brillante de los húmedos árboles del valle se convertían en pequeños y pálidos arbustos rebosantes entre una plancha de hierba de poca altura.

 

Vista del valle hacia la laguna 69

 

Para entonces, debíamos cuidar uno del otro, pues con el lodo en las pendientes cada vez más pronunciadas era muy fácil resbalar y caer al suelo :zsick: Por suerte, ninguno de nosotros tuvo la desfortuna de verse empapado en la tierra mojada :P

 

La respiración nos comenzó a fallar paulatinamente mientras ganábamos más altura. Habíamos pasado ya los 4200 metros :O_o: y la cuesta parecía no tener final. Fue cuando decidí tomar los primeros tragos a mi única botella de agua, que con la temperatura ambiente había empezado a enfriarse.

 

Cuando por fin llegamos a cima, pasamos por encima de la estrecha cascada, dejando el eminente valle a nuestros pies. A pesar del gélido clima, muchos nos quitamos los abrigos, pues nuestros cuerpos se habían calentado al por mayor, debido a la agitación de nuestros pulmones y el esfuerzo de la escalada :oops: Sin embargo, poco duramos a la intemperie, cuando al llegar a una de las lagunas que se formaba por el agua de lluvia, una espesa neblina se dejó caer sobre nosotros :confus: haciéndonos regresar de tope al frío de la montaña.

 

En la cima rumbo a la laguna 69, Parque Nacional Huascarán

 

El camino volvía a hacerse plano, mientras la llovizna parecía hacerse más espesa. Algunos impermeables parecían ya no funcionar ante tal humedad. Yo, por otro lado, ponía más atención en mis manos, que con el profundo frío ya no podía ni sentirlas :wacko:

 

Al verme sufrir, un chico de Oregon se acercó amablemente hacia mí y me ofreció un juego de guantes que no utilizaba :blush: El calor de ese par de prendas de algodón me reconfortó más de lo que el mismo paisaje podía deleitarme :big-grin:

 

Unos metros más adelante, un valle de suelo rocoso y lodo difuminaba por completo el sendero, dejándonos nuevamente varados entre las montañas :crying: El grupo y yo nos reunimos en un círculo para decidir qué camino tomar. Entre todos, un chico se ofreció a explorar el camino hacia el este, mientras otro propuso hacer lo mismo hacia el norte.

 

Al final, al este no parecía haber ninguna salida viable. Y a lo lejos, escuchamos un grito que nos indicó: ¡es por aquí!... al parecer, el norte era la dirección indicada.

 

Cuál sorpresa nos llevamos cuando descubrimos que otra pared de unos 200 metros de alto nos esperaba para ser subida :eek: La sorpresa era, que mis piernas no eran el problema (a pesar de haber elegido una bermuda corta como atuendo en ese frío día); el problema era, que ya no aguantaba la respiración :zsick:

 

Habían pasado ya dos horas y media desde que iniciamos, aunque el conductor nos había prometido que la travesía no pasaría de dos horas. Nuevamente caí ante un engaño publicitario de los peruanos :mad:

 

Ante todo, este viaje se había tratado de romper mis propios miedos, y de marcar mis propios records. Faltaba menos de medio kilómetro para llegar a mi destino. Así, di otro sorbo a mi botella de agua y comencé la última parte de la caminata :confus:

 

Aleera seguía tras de mí, agitando su respirar. Palabras de apoyo iban y venían de ella a mí, y del resto de los viandantes que subían la colina.

 

Para otra de nuestras sorpresas, algunos viajeros de otras agencias caminaban en dirección contraria, regresando a encontrarse con sus choferes y dar por terminado el tour. El reloj marcaba las 12:30. Sabía entonces que mi andar era una carrera a contrarreloj, pues debíamos regresar a más tardar a las 3 :O_o:

 

Cuando la vegetación desaparecía casi por completo, una serie de arbustos de un verde oscuro y de hojas blanquecinas nos dieron la bienvenida a la cima de la escalinata, desde donde corrimos a nuestro encuentro con nuestro objetivo inicial: la famosa Laguna 69.

 

Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

 

El estanque de enanas dimensiones se posaba justo a la sombra de dos picos, el Chacraraju y el Pisco, que se perdían en un cielo completamente blanco que se fusionaba con la nieve en lo alto de sus cúspides.

 

Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

 

La cerrada depresión en la que se encuentra no permitía tomar fotos a toda su anchura, pero con el cansancio sobre nosotros, disfrutarla con nuestros ojos y sentir su gélido brisar era más que suficiente para complacer nuestros deseos :big-smil:

 

Para nuestra suerte, la llovizna cesó por un tiempo :rolleyes: y nos permitió fotografiarnos con toda libertad frente a la excelencia de su tinte azul celeste, proveniente de la nieve pura que se derretía y caía desde lo alto.

 

Tras llegar a la Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

 

Apaciguar el calor corporal de la escalada con enjuagar las manos en sus aguas no era una opción ni para los más osados, que sabían perfectamente cuán bajo podían estar las temperaturas en su interior :zsick: Bastaba con sentarse a su lado y cobijarse bajo un aura de pureza natural ^_^

 

Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

 

Quienes traíamos bocadillos nos dispusimos a comerlos, siendo mi compacta y ligera lata de pollo en estofado la mejor opción para recobrar mis energías ;)

 

Ante la ausencia de un sol que nos dijese que era tiempo de volver, nuestros teléfonos móviles nos marcaban la 1 de la tarde. Y en vista de las 3 horas que tardamos en llegar :( debíamos partir lo antes posible, no sin antes dar un último adiós a la recóndita laguna, que a sus 4600 metros me había robado todo el aliento :smug: (y no solo me refiero al sentido figurado de la frase :oops: )

 

Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

 

Como suele suceder, el regreso fue más rápido de lo esperado, aunque la lluvia se dejó caer en varias partes del sendero :sad:

 

Camino de vuelta desde la Laguna 69

 

El descenso por ambas paredes nos permitió dar un respiro a nuestros pulmones, que bastante se habían ejercitado aquella mañana :zsick:

 

Al llegar al valle, el cielo se despejó, dejando a nuestros ojos el esplendor del Monte Yanaharu :big-smil: cuya cima nevada era abrazada por un conjunto de nubes blancas.

 

Vista del monte Yanarahu, Parque Nacional Huascarán

 

Aleera y yo fuimos los penúltimos en llegar al coche, seguidos por el par de chinos que tendrían ya varios gigabytes en su memoria SD :D

 

Al dar marcha atrás, el estético valle nos regaló una de sus últimas postales, que permanecería como uno de mis mejores recuerdos del Perú y de todo mi viaje a Sudamérica, mismo que quedaba por concluido con mi regreso a Huaraz y posterior retorno a Lima :( No hace falta describirlo, una imagen puede decirlo todo :P

 

Una postal en la Laguna Orconcocha, Quebrada de Llanganuco

 

Pasé la noche a bordo del bus rumbo a la capital con un sinfín de pensamientos asaltando mi mente.

 

Mi última noche con Karen y sus roomies comiendo en un restaurante chifa de Lima fue una de las maneras más confortantes de despedirme de un país que, en todos sus rincones, me había colmado de regocijos completamente indescriptibles ^_^

 

Perú se había convertido en el mejor boleto redondo que había tenido la dicha de adquirir, aún cuando fue un impulso escasamente meditado lo que me hizo dar clic en el botón buy :rolleyes:

 

Un día después, dormía en mi cama de vuelta en mi ciudad natal en México; y tan sólo una semana después, tomaba protesta en la sala de titulación de mi facultad, donde después de 4 años y medio me convertía en un Licenciado en Ciencias de la Comunicación :)

 

Ante todo, me sentí plenamente satisfecho de haber celebrado mi egreso de la manera más particular que cualquier otro lo haya hecho en mi entorno inmediato ;) Pero sobre todo, me sentía orgulloso de haber roto mis esquemas y haber logrado retos que jamás me creí capaz de consumar :big-smil:

 

Viajar solo por el mundo: una meta menos a cumplir en mi lista…

 

 

Tardes cálidas y ocasos fríos me aclimataban al cambio de altitud y bioma, desde que repentinamente pasé de la desértica y costera ciudad de Lima al poblado andino de Huaraz, emplazada en el medio de las sub-cadenas montañosas más altas del Perú y de toda la zona intertropical.

 

Si bien, varias semanas atrás me venía acostumbrando a las gigantescas altitudes del altiplano peruano-boliviano y de la puna de Atacama (que me llevó hasta los 4840 metros sobre el nivel del mar, en una de las rutas pavimentadas más altas del mundo :ohmy: ), en muchas de aquellas ocasiones mi cabeza las soportaba desde la cabina de un tráiler o parado en la carretera tratando de conseguir un aventón.

 

Mi estadía en Huaraz iba mucho más allá de visitar solo la ciudad. Mis intenciones se remontaban, mejor dicho, a conocer y fotografiar los paisajes montañosos de sus alrededores, y descubrir por qué le apodaban la Suiza peruana :rolleyes:

 

Pero para caminar y escalar los senderos, aún los de menor dificultad, había primero que adaptar el cuerpo al clima. Después de todo, cualquiera que viviera por debajo de los 3000 metros podía tener un ataque de soroche (mal de altura) sin importar a veces la condición física o edad. De hecho, uno se sorprende al observar a los ancianos locales de los Andes subir y bajar las montañas como si caminasen por la playa :wacko:

 

Así, con mi experiencia pasada escalando a Machu Picchu y la isla del Sol en el lago Titicaca, seguí las indicaciones de la oficina de turismo de Áncash (provincia peruana) y decidí hacer dos rutas de trekking sencillas antes de lanzarme directamente al interior de la Cordillera Blanca, la más alta de la zona intertropical en el planeta.

 

En mi primer día no hice más que subir al cerro más alto de la ciudad para tener vistas de la urbe y de algunos picos de la Cordillera Blanca, desde la carretera noreste hacia El Pinar. Ahora era tiempo de ascender al lado oeste, a la menospreciada Cordillera Negra.

 

En esta zona de los Andes, la cordillera se divide en dos cadenas menores, fraccionadas por el cauce de un río que forma a su vez un valle, el Callejón de Huaylas, donde se encuentra Huaraz. Al este, la Cordillera Blanca, llamada así por la presencia de hermosos picos nevados, es la más solicitada por los turistas, atraídos por los deportes de aventuras y paisajes que parecen sacados del Himalaya ^_^ Al oeste, se alza en su plenitud la Cordillera Negra, cuya ausencia de nieve y glaciares la posicionan a la sombra de su hermana mayor :unsure:

 

Pero hay algo de lo que muchos viajeros se olvidan: las mejores vistas de la Cordillera Blanca no se obtienen desde dentro de ella, sino desde fuera ;) Y es allí donde la Cordillera Negra jugaba para mí su papel más importante :big-grinB:

 

De esa forma, al despertar en mi segundo día en Huaraz, me preparé para subir por mi cuenta a uno de los mejores miradores del Perú :rolleyes:

 

A unas pocas cuadras del hostal tomé un colectivo que viajaba hacia las poblaciones del sur. Al salir de la ciudad, tomamos la ruta que corre paralela al río Santa, el principal afluente del Callejón de Huaylas.

 

Seguimos la ruta nacional 3 en dirección sur, por unos 20 kilómetros. Hasta que el conductor, siguiendo mis instrucciones, paró en el puente de Santa Cruz para que yo pudiera descender.

 

Río Santa

Río Santa

 

No era más que un pequeño puente que pasaba por encima del río, y donde daba comienzo el camino al pequeño poblado de Santa Cruz, apostado en las laderas de una de las colinas de la Cordillera Negra.

 

Río Santa, a la entrada de Santa Cruz

 

Era poco antes de mediodía, y el sol era para entonces bastante fuerte. Enseguida, me di cuenta de mi primer error: nuevamente había olvidado mi bloqueador solar :eek:

 

Me di de golpes en la frente, castigándome por parecer un viajero inexperto, que se aventura a un trekking por la montaña en pleno verano sin un bote de crema solar :madd: ¡Vaya lío! Pero pagaría el precio días después, de eso estaba seguro :zsick:

 

Como medida preventiva, me quité el suéter (que cargaba por la mañana fría y los vientos que me azotarían en aquella altura) y lo amarré en mi cabeza, de tal suerte que cubriera la mayor parte de mi cara y mi cuello, dejando mis brazos al descubierto, que muy acostumbrados estaban al sol :unsure:

 

Al pasar el puente había dos opciones: tomar la carretera de ripio por la que subían los autos, con pocas pendientes y distancias más largas; o andar por el escorado camino peatonal de tierra que subía directamente hasta la población. Con tal de exponerme lo menos posible al sol :blush: me decidí por el sendero con más árboles y sombra: el peatonal.

 

Sin más remedio que parecer un loco, avancé con paso firme por las empinadas escaleras que empezaban a subir por la ladera, por las que bajaban algunos lugareños que, creí, estarían acostumbrados a los turistas; más sus rostros no denotaban sino curiosidad e intriga :mellow:

 

A manera de zigzag me paseaba por la colina, buscando guarecerme bajo cualquier diminuta sombra. Aun así, el calor y la altura empezaron a agitarme y hacerme sudar.

 

No muchos metros más arriba, el menudo conjunto de casas que conforman la población de Santa Cruz apareció frente a mí. Pequeñas moradas de ladrillo sin repello con patios repletos de hierba seca, animales y algunos niños jugando. Y en el medio de la casi única calle que corría entre ellas, la imprescindible parroquia comunal.

 

Me adentré poco a poco en la minúscula aldea, mientras todos parecían permanecer en sus casas. Así que dejé que mi instinto me guiara para saber que ruta tomar, en aras de marchar con dirección al mirador.

 

Tras pasar la villa, seguí un largo sendero que cruzaba los cultivos de los campesinos, principal actividad de la región. Pero al parecer, ninguna persona trabajaba a esas arduas horas de la tarde :sad:

 

Cultivos en Santa Cruz

 

La vereda descendía en una curva hacia una zona arbolada, que era atravesada por un pequeño arroyo. Tras caminar varios metros me topé con un par de adolescentes que charlaban bajo una sombra, quizá, vigilando las plantaciones.

 

Les pregunté si era el camino correcto hacia el mirador, y entonces descubrí mi segundo error del día: había caminado en dirección contraria :eek:

 

En el momento en que la empleada de la oficina de turismo me recomendó recorrer aquel camino, pensé que se trataba de un trekking bastante turístico. Pero la falta de personas y señalamientos me daban a entender que no era muy común que los turistas ascendieran (al menos, no caminando) hasta el mirador en la cima de la sierra :confus:

 

En fin, no tenía muchas más opciones :sad: Debí regresar con todo mi orgullo al pueblo de Santa Cruz para tratar de hallar el camino.

 

Una vez de vuelta, un par de niñas que jugaban con su perro en el patio trasero de su hogar me preguntaron qué es lo que buscaba allí. Desesperado, les platiqué que deseaba subir hasta el mirador, a lo que ambas me indicaron el sendero a seguir. Y depositando mi confianza en ese par de chiquillas :blush: continué mi andar por las verdes faldas de la montaña.

 

En realidad, desde que llegara a Santa Cruz podía volver a tomar la carretera de ripio. En algunas zonas, se podían acortar las distancias con escalones y callejones.

 

Por supuesto, la ruta carecía de árboles y sombra. Pero al final, me resigné por completo ante el astro rey :giggle: y decidí aprovechar la caminata para broncearme, en vista de mi falta de bloqueador :smug:

 

Cual caminata por la playa, continué a lo largo del curvilíneo sendero, deleitándome con las vistas del valle a cada vez más altura, mientras daba pequeños sorbos de agua a mi botella para apaciguar las gotas de sudor.

 

El viento que azotaba las pendientes se enfriaba poco a poco, pero nada que no pudiera disfrutar con un sol tan dichoso como el de aquella jornada de verano :whistling:

 

Mi solitaria alma se encontraba de vez en cuando con corderos, reses y aves domésticas pastando por los lares, y algunos campesinos se empezaron a asomarse por mi camino.

 

La ausencia de automóviles por la autopista se vio interrumpida por la imagen de un pequeño incidente. Una camioneta había hundido una de sus llantas en un enorme agujero en la carretera :ohmy: Tres hombres trataban de sacarla con una palanca.

 

Me ofrecí a ayudarles sin ningún compromiso, pero preferían esperar a uno de sus vecinos que los auxiliaría con un camión más grande para remolcar.

 

Al cuestionar mi rara presencia, supusieron que me dirigía al mirador, y me indicaron el último tramo del ascenso: una escalinata de piedra, donde un letrero marcaba la proximidad del sitio :big-grinB:

 

Un pequeño y delgado riachuelo bajaba a una etérea velocidad al lado de las escaleras, el cual anunciaba el grandioso cuerpo de agua que aguardaba a ser visitado en el ápice de la sierra, a unos 3 km de distancia de donde comencé la caminata.

 

Así, más de dos horas después :zsick: (normalmente la marcha es de 1 hora y media) llegué a la cima de la pequeña montaña. Una casucha de piedra y madera era la única construcción a la vista en aquel majestuoso paraje andino.

 

Un par de niños se acercaron para venderme un paquete de galletas, a lo que acepté para compensar la energía que había gastado :smug:

 

Tras la modesta choza, un nuevo letrero daba la bienvenida al turista al mirador y a la radiante laguna de Wilcacocha.

 

Laguna de Wilcacocha

 

A primera vista, la laguna no parecía lo más hermoso :huh: Su agua era oscura y sus reflejos muy tenues. Su superficie estaba cubierta por un manto de hojas y musgo, por el que se paseaban algunas aves.

 

Laguna Wilcacocha

 

Pero hacía falta caminar pocos metros hacia el este y subir unos pequeños montículos para descubrir la verdadera belleza del mirador :eek:

 

Cordillera Blanca desde el mirador de Wilcacocha

 

La cadena de imponentes picos nevados en la colindante Cordillera Blanca se abría paso a la vista entre la nubosidad de la húmeda zona, difuminando sus cumbres escarchadas con el cúmulo de nubes que se posaba sobre ellas.

 

Cordillera Blanca vista desde la Cordillera Negra

 

Al pie de los macizos de oscuras paredes se extendía una plancha de verdes colinas cuadriculadas, que indicaban la presencia de vida humana en sus aposentos. Aquella sucesión de cerros poseedores de un vil apodo conformaban la relegada Cordillera Negra, misma que me hacía testigo de las mejores vistas de las que hasta entonces había podido gozar en toda la extensión del Perú :big-smil:

 

La Cordillera Blanca desde la laguna de Wilcacocha

 

Al voltear a la derecha, me di cuenta de que la casa de aquellos niños no era la única situada a su suerte en la cúspide de la sierra, pues otro pequeño conjunto de chozas se presumía augusto ante aquel montuoso paisaje.

 

"La Suiza peruana"

 

No podía imaginarme el estilo de vida que aquellas personas llevaban, siendo habitantes de una desolada montaña a casi 4000 metros de altura :O_o: No hacía sino pensar en Heidi y su abuelo en los Alpes :D lo que sin duda confirmó la razón del por qué Huaraz y su zona aledaña era apodada la Suiza peruana.

 

Cordillera Blanca vista desde la Cordillera Negra, Perú

 

Me senté un momento en lo más alto del montículo para comer mis galletas y admirar el paisaje. Desde allí, podía hacerme una idea de la accidentada geografía de la que era acreedora Perú, al quedar al descubierto parte del valle de Huaylas y las dos cordilleras centrales del país.

 

Callejón de Huaylas, Perú

Callejón de Huaylas y sus dos cordilleras

 

Frente a mí se alzaban los picos más altos de Perú, siendo el mayor de ellos el monte Huascarán, de 6768 metros de altitud.

 

Comencé a prepararme mentalmente, pues al siguiente día una de las agencias turísticas en Huaraz me llevaría, junto con un grupo de aventureros, a escalar a una de las lagunas más hermosas dentro de la imponente Cordillera Blanca, justo al lado del Huascarán :ohmy:

 

La Cordillera Blanca desde la laguna de Wilcacocha

 

El frío viento, mi piel quemada y la altitud de las que sufría en Wilcacocha no serían nada comparado ante lo que me enfrentaría después :sneaky:

 

Con la mejor de las postales del recuerdo :smug: descendí la montaña para volver a Huaraz, y descansar un poco para mi siguiente aventura :big-grin:

Huaraz, entre cordilleras

Un verano tornasol en Barranco me acoplaba durante mis últimas semanas en la capital de Perú, en la que había permanecido en total por más de quince días. Cualquiera de los trotamundos que hubiera pisado la acogedora morada donde me recibían (cuyos nombres lucían en las banderas del mapamundi posado a la entrada del apartamento) podía amparar la calidez y sugestión que se experimentaba al estar allí, y lo afanoso que era a veces proponerse salir :(

 

Pero mi generosa anfitriona, Karen, había respaldado las buenas recomendaciones que varios de los viajeros me habían dado sobre lo que, según ellos, era uno de los mejores destinos turísticos en Perú, para algunos, mejor incluso que Machu Picchu :ohmy:

 

Como ella tenía planeado un viaje a la olvidada ciudad de Ayacucho para el fin de semana, decidí aprovechar mis últimos días y mis últimos soles para hacer una expedición exprés hacia el norte, a la ciudad de Huaraz y sus espléndidos alrededores.

 

Entre las compañías de autobús que ofertaban el transporte desde Lima, me decidí por una de las más baratas y, quizá, menos confiables. Se hacía llamar Transportes Julio César, y por su servicio “emperador” pagué no más que 65 soles (unos 22 USD).

 

Con una de las peores terminales que podía haber visto en la ciudad, no me esperaba mucho de su servicio :wacko: Pero el paseo nocturno a bordo fue, sin duda, el mejor del que pude haber disfrutado en toda mi aventura por el sur ^_^ Un confortable asiento, aire perfectamente acondicionado, terramozas, servicio de wifi completamente funcional, una cena decente sin cargo extra y, lo mejor, sin ninguna escala :)

 

400 kilómetros al norte de Lima, el camino hacia Huaraz se tornó mucho más fácil y muy diferente al resto de las abruptas autopistas estatales por las que había viajado dentro del Perú. Esto debido a la simplicidad y la superficie plana de la carretera panamericana, por la que transcurría casi la mitad del recorrido justo al lado de la costa. Y con una cierta ausencia de cadenas montañosas, llegamos a Huaraz a la mañana siguiente, después de unas 7 horas a bordo del autobús.

 

Inmediatamente me dirigí al hostal que había reservado la noche anterior. Y como aún no era la hora de realizar el check-in, dejé mi mochila guardada y me dispuse a conocer un poco de la pequeña ciudad.

 

Catedral de Huaraz

 

Huaraz es la capital del departamento peruano de Ancash. Su ubicación en los Andes centrales la colocan a unos 3000 metros de altura sobre el nivel del mar. Y es precisamente esa ubicación lo que la hace el atractivo principal del norte del país.

 

Una pequeña alpaca en Huaraz

 

En esta zona de la cordillera más larga del mundo, las montañas se dividen en dos cadenas que se unen nuevamente algunos kilómetros más al sur. El valle que se forma entre las dos cadenas es llamado el Callejón de Huaylas, y es precisamente aquí donde se emplaza Huaraz.

 

Huaraz, con la Cordillera Negra al fondo

Ciudad de Huaraz, con la Cordillera Negra al fondo

 

La magia estratégica en este callejón la dejan al pie de ambas sierras: la Cordillera Negra al oeste y la imponente Cordillera Blanca al este, hogar de los picos más altos de Perú y de toda la zona intertropical del planeta, que superan los 6500 metros de altura.

 

Centro de Huaraz, con la Cordillera Blanca al fondo

Huaraz, con la Cordillera Blanca al fondo

 

Por supuesto, la municipalidad ha sabido aprovechar las maravillas naturales de las que se rodea y las ha abierto al turismo de la forma más sustentable posible, sin incidir negativamente en el equilibrio del ecosistema ;)

 

Así, cuando el sol ya había salido, recorrí las calles del centro buscando algunas frutas para mi desayuno, al tiempo que las agencias turísticas y las oficinas de gobierno empezaban a abrir sus puertas.

 

Pregunté en la oficina de turismo cuáles eran las excursiones más baratas y cortas en las montañas del rededor. La mujer me informó sobre algunos recorridos que podría hacer por mi cuenta, con la única ayuda del transporte público. Así mismo, me obsequió un mapa del Parque Nacional Huascarán, dentro del cual corre prácticamente toda la Cordillera Blanca. Con él, podría preguntar en las agencias los precios de las visitas a cada uno de los picos nevados, lagunas y glaciares.

 

Ya que la mayoría de los viajes partían muy temprano por la mañana, sabía que aquel día debía elegir una actividad pequeña. Así que volví al hostal para ocupar mi cuarto y me alisté para salir a caminar rumbo al noreste del pueblo, para subir hasta el llamado Pinar, desde donde tendría vistas panorámicas de la ciudad y de algunos picos nevados de la Cordillera Blanca :rolleyes:

 

A pesar de algunas rachas de viento frío, el sol me hacía recordar que estábamos en pleno verano. No valía la pena cargar una sudadera conmigo por horas :O_o:

 

Dejando el centro histórico atrás, me dirigí hacia el río Quillcay, que cruza la ciudad de este a oeste, y que es orillado por un malecón en ambos lados, repleto de kioscos, áreas verdes, juegos para niños y vendedores de todo tipo.

 

Pasando el río en el lado oriental de su rivera, la ciudad parecía acabar, con la última de sus avenidas desvaneciéndose al pie de un enorme cerro, donde varias casas de pobres fachadas se amontonaban en sus peligrosas laderas.

 

Pero la cima de aquel montículo sería quien me daría las vistas que en la oficina de turismo me habían prometido. Entonces me di cuenta que la avenida no desaparecía, sino que seguía su rumbo en una pendiente curva que zigzagueaba por la montaña. Aún así, si seguía por las improvisadas escaleras de tierra que ascendían hacia las chozas, ahorraría algo de tiempo. Después de todo, así es como aquellas familias subían hasta alcanzar sus viviendas :D

 

Los locales me volteaban a ver, cual forastero que había osado irrumpir en sus tierras. Los niños paraban de jugar para quedar en silencio, mientras sus miradas no se alejaban de mi agitado ser :unsure: Con saludos y gestos universales intentaba ser bien recibido por los lugareños, quienes pocas veces mostraban una sonrisa.

 

Serpenteando entre los perros de bárbaras expresiones, me abrí paso por la favela arbolada, que parecía más pequeña vista desde abajo :zsick: Hasta que al fin, me vi de vuelta en la avenida, que para entonces se había convertido en una autopista, desde donde contemplé en su totalidad la paisajística mancha urbana de Huaraz :rolleyes: con la Cordillera Negra en su fondo, apodada así por la ausencia de picos nevados en ella.

 

Vista de Huaraz, con la Cordillera Negra al fondo

 

Más adelante la carretera giraba en dirección noreste, bordeando al cerro que seguía ascendiendo. Tan solo al dar la vuelta, una de las montañas blancas de la imponente Cordillera Blanca se asomó entre la verde arboleda boscosa que descendía por la ladera sur. Entonces empecé a comprender la belleza natural de Huaraz de la que tanto hablaban los demás viajeros :ohmy:

 

Cordillera Blanca, Huaraz

 

En lo alto de la montaña, enormes cúmulos de nubes negras se apiñaban, amenazando a todo el valle contiguo con torrenciales lluvias. Pero quizá, era solo producto del enfriamiento del aire al subir por la pared de montañas que se topaba a su paso, siendo los Andes los creadores de los monzones que fertilizan a la adyacente selva amazónica.

 

Cordillera Blanca, Huaraz

 

Fuere a donde fuere que se dirigiera la lluvia, no podía vacilar mucho tiempo en mi caminata. Aún cuando el sol brillaba en su máxima plenitud y me quemaba con vehemencia :sad: había sido ya advertido sobre la temporada húmeda en la zona.

 

Continué por el sendero a la orilla de la ruta, que a pesar de todo se presumía bastante vacía. Al mirar hacia abajo por las faldas del cerro, algunos residentes de la verde zona realizaban sus tareas diarias en el bosque, cortando leña, alimentando a sus animales y recogiendo agua de pozos. Aunque vivían a pocos metros de la ciudad, parecían estar aislados en comunidades autosustentables.

 

En la siguiente curva que tornaba hacia el sur, empezaron a aparecer complejos habitacionales de recreo. Cierto tipo de ranchos a la orilla de la carretera con vistas a las laderas boscosas y las montañas nevadas, destinadas a turistas que buscan un fin de semana lejos de la ciudad ;) con todas las comodidades que un hotel te pueda ofrecer: habitaciones con calefacción, televisión por cable, restaurante, piscina, área de juegos para niños… siempre atendidos por familias humildes de la zona que decidieron hacer de la ubicación de sus viviendas un modo lucrativo de subsistir.

 

Las rojizas paredes del cerro seguían ascendiendo a la orilla de la autopista poco inclinada, que entre sus caminos serpenteantes y las altas copas de sus árboles, habían ocultado detrás de mí a la formidable cadena montañosa.

 

Al llegar a la siguiente curva, y con Huaraz a mis pies, me senté un momento a descansar y a leer un poco más de Lewis Caroll. Fue uno de los momentos en que disfruté mi soledad plenamente, sin nadie a mi alrededor que pudiera interrumpir el momento de paz, que a veces tanta falta hace en nuestras vidas ^_^

 

Al avanzar algunas páginas, una tormenta parecía avecinarse sin piedad desde lo lejos :sad: Así que no quise permanecer más tiempo y proseguí con mi caminata.

 

Después de la última curva, el famoso pinar apareció. Un pulmón boscoso en lo más alto del cerro, protegido por una cerca de alambres. La ruta avanzaba junto al enorme cuerpo de pinos, que a la vez dejaba a la vista, finalmente, el esplendor de los nevados del Parque Nacional Huascarán :big-smilB:

 

Cordillera Blanca, carretera de Huaraz

 

Las puntas de los picos Rima, Churup, Wamashrahu y algunos otros se alzaban con fulgor bajo un cielo de azul intenso oculto tras una tupida masa de nubes. El cuadro era enmarcado por el punto de fuga que formaba la carretera y el denso bosque por el que era orillada.

 

Cordillera Blanca, Huaraz

 

Ningún auto se veía venir por la pista, lo que me permitió tumbarme por unos instantes sobre el concreto con nada, sino mi soledad, los Andes y yo :smug:

 

Yo y la Cordillera Blanca de Perú

 

Cuando uno viaja a Sudamérica no puede evitar ser asaltado por las imágenes estereotípicas que espera captar de la misma. La estepa patagónica, la espesa selva amazónica, las frías costas del Pacífico con lobos marinos y los montes andinos. Y ésta era, sin duda, una de las postales que yo aguardaba capturar al sumergirme en la célebre Cordillera de los Andes :big-smil:

 

Cordillera Blanca, Huaraz

 

Mi piel roja reclamaba más bloqueador solar, que por cierto no cargaba conmigo :zsick: Y los desafiantes nimbostratos acercaban sus cuerpos nubosos cargados con agua hacia mí :O_o: Decidí que era hora de volver, pues aún tenía una larga caminata de retorno a Huaraz, y no había muchos coches a quienes pedir un ride.

 

Cordillera Blanca, Huaraz

 

Apresuré mis pasos por la pendiente cuesta abajo para bajar lo antes posible del empinado cerro. Pero esta vez no me arriesgaría a correr por las escaleras de tierra de la favela, sino que daría la vuelta entera por la curva de la avenida.

 

Una vez en la ciudad me sentía seguro, pues tenía dónde resguardarme. Pero antes de poder siquiera cruzar al otro lado del río, un chubasco se soltó sobre toda la ciudad, mientras yo corría por el malecón contiguo al canal :crying:

 

La totalidad de las personas que se entretenían entonces por el paseo, se amotinaron junto a mí bajo el techo de un pequeño kiosco :wacko: mientras algunas desafiaban al agua y se dirigían a sus labores cotidianas, empapados por la ola torrencial que no parecía cesar.

 

Suponiendo que podían pasar horas para que se detuviera :unsure: cuando el agua disminuyó su fuerza corrí directo hasta el hostal, deseoso de bañarme y de ponerme ropa seca.

 

Decenas de mochileros se hospedaban ese día en el hostal Akilpo. Mientras comía, hice amistad con algunos de ellos, quienes regresaban de largas travesía de hiking por las montañas.

 

Al final, escuché atentamente todas sus opiniones para decidir, apoyado por la oficina de turismo, cuál era mi mejor opción para visitar durante mi estancia en Huaraz, respaldado por el poco dinero que me quedaba.

 

Después de un cigarrillo con ellos, salí a cotizar todos los tours con las agencias de viajes. Hasta entonces había hecho posible una increíble aventura por Sudamérica con muy poco dinero, y estaba seguro de que podía hacer lo mismo en Huaraz ;)

 

 

Habían pasado 44 días desde que partí de mi país para comenzar mi viaje por Sudamérica, y 38 días desde que, repentinamente, cambié mis planes para dirigirme al sur, y no hacia Ecuador y Colombia como en un principio había planeado. Pero era momento de volver a pisar nuevamente la capital peruana para resolver algunos asuntos antes de que finalizara mi travesía.

 

Por la tarde de aquel sábado 17 de enero tomé un taxi colectivo en la avenida principal de Paracas que me llevó hasta la estación de buses de Pisco para comprar mi ticket a Lima, donde Karen me esperaba para ser nuevamente mi anfitriona en su cómodo y acogedor apartamento :P que me había recibido en mi primera semana sobre los suelos australes del continente.

 

Aunque fácilmente hubiera aprovechado más mi tiempo para conocer otros rincones del Perú, mi regreso a Lima era incitado por obligaciones de mayor calaña, que me internarían en la típica burocracia occidental :zsick:

 

Cuando llegué al departamento, percibí cómo algunas cosas habían cambiado desde la última vez que estuve allí: un nuevo roomie argentino (Gerardo), una nueva y casi permanente couchsurfer (Breanna), y claro, un nuevo gato :D

 

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Degustando un Pisco Sour con Karen y su nueva couch Breanna

 

Entre cervezas y desafinados cantos en el karaoke, Karen y sus amigos me recibieron con regocijo, trayéndome de vuelta al alborozo del barrio de Barranco, que tanto extrañé durante mi ausencia :rolleyes:

 

Maciela, una de sus amigas, nos invitó a la playa con su familia al siguiente día. Fue bueno conocer la casa de una típica familia peruana, que amablemente nos llevó consigo hasta la lejana playa Punta Hermosa.

 

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Se trata de un circuito de playas al borde la carretera panamericana, algunos kilómetros al sur de la zona metropolitana. Era alucinante cómo al salir de Lima, el característico domo gris en su cubierta se difuminó completamente para darnos a todos un magnífico día soleado de verano ^_^

 

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En medio de una abarrotada plancha de arena blanca, los padres de Maciela nos invitaron a comer ceviche con canchitas, una coca cola y la famosa leche de tigre, jugo de limón en el que se coce el pescado y servido como una extraña bebida :huh:

 

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Al final de ese tranquilo domingo, comenzaría nuevas osadías de permanencia en la capital, que resumiré en cinco puntos importantes que todo couchsurfer, backpacker o, en general, todo viajero, debe tener en cuenta en cualquiera de sus aventuras.

 

BUROCRACIA Y MIGRACIÓN

 

Desde hace muchos siglos vivimos en un mundo en el que todo ser humano parece tener la obligación (o el derecho) de pertenecer a un grupo de personas que cohabitan dentro de un conjunto de líneas imaginarias, que delimitan el territorio de los llamados países y que los separan unos de los otros.

 

Como naciones soberanas, cada país tiene sus leyes y modus vivendi, que de acuerdo a la ética y respeto que sus ciudadanos le tengan, hacen del mismo un lugar digno para vivir. Y cuando nosotros nos encontramos dentro de los límites debemos siempre atenernos a la ley que los rige.

 

Como es de saberse, pocas veces en este mundo globalizado podemos ser alguien sin papeles que acrediten nuestra identidad como individuos. Y fuera del país que nos vio nacer y que nos dio, por ende, nuestra nacionalidad, nuestro único medio de identificación y de libre tránsito por el planeta es el pasaporte. Por supuesto, el tiempo de expiración de ese pequeño librito nos cuesta dinero, y hay que asegurarse de que ese tiempo cubra por más nuestro periodo de estadía en el estado foráneo.

 

Lo más gracioso para mí fue que entré a Perú con un pasaporte que vencía más de un año después de mi salida de aquel país. Pero la inamovible burocracia mexicana me obligaba a renovarlo hasta diciembre de 2016 para tramitar una beca que ni siquiera sabía si se me otorgaría. Sin más remedio, llevé a cabo el trámite en la embajada mexicana en Lima, despidiéndome de otros 75 valiosos dólares :(

 

Pero abandonar el país con un pasaporte diferente al que había usado a mi entrada creaba un pequeño problema: necesitaba tener el mismo sello de entrada de la oficina de migración. Eso me orillaba a otro trámite burocrático y a otro pago a las autoridades :zsick: esta vez, del gobierno peruano.

 

Mi funesta sorpresa me la llevé cuando, luego de dos horas de inútil espera en la oficina de migración para pagar por el insignificante sello, la señorita que atendía en la ventanilla me hizo saber que solo me quedaban dos días legales para permanecer en Perú :eek:

 

Yo no podía creer lo que me decía :confus: Cuando crucé la frontera sur y entré por Chile, había mostrado mi pasaporte al oficial de migración, quien me preguntó mis motivos de visita y la duración de mi estancia. Claramente le dije que me quedaría hasta el 5 de febrero, día en que partía mi vuelo. Y muy sonriente me dijo: ¡Bienvenido a Perú!

 

Pero mi grave error fue tomar mi pasaporte con mis manos, sin siquiera echar un vistazo a lo que decía el sello que recién había colocado, adornado por un enorme 10 con tinta azul, que coincidía con el número de días legales de estancia que el infame hombre había tecleado en el computador :madd:

 

Desde entonces no volvería a confiar en ningún oficial de migración, que detrás de una sonrisa podría esconder la oscura intención de obligar a los extranjeros a contribuir con el estado, haciéndome hecho pagar un dólar de multa por cada día extra que pasé en el país, con un total de 45 soles que prácticamente regalé al órgano público de Perú :angry:

 

Es por ello que es muy importante asegurarse de que todos nuestros papeles estén en orden al entrar y salir de cada país, para evitar cualquier tipo de retención y multa. Esto incluye nuestro pasaporte vigente con nuestro respectivo sello de entrada, nuestra visa (un pequeño papelito que algunos países otorgan a la entrada, y que es necesario mostrar a la salida) con el número de días legales que podemos permanecer. En caso de que estos días se nos agoten, podemos salir y volver a entrar del país, o bien, pagar la multa de acuerdo a la ley de cada estado.

 

EL DINERO

 

 

Ya en un artículo anterior había hablado sobre la cuestión del dinero. Así exista gente que se lance a la aventura con la esperanza de vivir completamente del pueblo y la naturaleza, no se puede negar que en el sistema capitalista la propiedad privada es una constante, y que rebasarla nos puede llevar inevitablemente a la cárcel :unsure: Por tanto, es necesario cargar nuestro propio dinero, y la mejor manera para mí, es hacerlo en tarjetas de débito y/o crédito.

 

Debemos asegurarnos de que nuestra tarjeta sea VISA o MasterCard, para que pueda ser aceptada en la mayor parte del mundo, aunque por supuesto tendremos que pagar algunas comisiones cada vez que retiremos efectivo desde un país que no sea el nuestro.

 

Pero aún más importante es cuidar nuestras tarjetas de los ladrones :excl: y en el caso de extraviarla reportarla inmediatamente a nuestro banco. Y otro tip muy importante que puedo dar es siempre poner a un co-titular de nuestra cuenta que viva en el país de expedición de la tarjeta.

 

Afortunadamente en todo mi viaje no tuve ningún problema que tuviera que ver con mis cuentas de banco… más no lo mismo le pasó a mi buen amigo Dane, quien con su típica facha rubia y acento inglés fue asaltado por un taxista en los bajos suburbios de la capital peruana :sad:

 

Lo peor no fue el valor de sus artículos robados (un celular barato y un poco de efectivo). Lo peor vino cuando le quitaron también su tarjeta de débito :wacko:

 

Aunque el dinero dentro de la cuenta se mantuvo a salvo, desde Perú él no pudo tramitar otra tarjeta física para retirar dinero y pagar. Debía hacerlo desde Inglaterra. Pero siendo él el único titular, nadie en su país natal pudo realizar ningún trámite, quedando ese útil dinero congelado por el momento :O_o: Por supuesto, tuvo que recibir dinero en efectivo por Western Union por algún tiempo.

 

Otro consejo que puedo dar, es siempre tener al menos dos tarjetas, aunque sean de diferentes cuentas, pero siempre cargar solamente con una :light: Si nos roban en el hotel o casa, tendremos la otra con nosotros. Si nos asaltan en la calle, tendremos la que dejamos en el hotel. Pero siempre tener el número telefónico del banco para cancelar las tarjetas inmediatamente después del extravío.

 

EN BUSCA DE ENFERMEDADES

 

Para muchas personas la salud pasa a segundo plano cuando de viajar se trata. Sobre todo cuando somos jóvenes; nos sentimos fuertes e indestructibles, sin importar lo exposición a insectos desconocidos y a alimentos de origen extraño :smug:

 

Aunque esta vez me aventuré a viajar sin un seguro médico (lo cual es poco recomendable cuando el país no cubre el servicio médico público para extranjeros) siempre suelo estar preparado para toda eventualidad imprevista. Esto incluye en primera instancia las vacunas :light:

 

Debemos tomar en cuenta que algunas enfermedades erradicadas no lo están en otras partes del mundo. La malaria y la fiebre amarilla son comunes en muchas zonas selváticas del continente, y si vamos a visitarlas es importante estar precavidos. De todas formas, la mayoría de las veces las vacunas son gratuitas ;)

 

La mala suerte me alcanzó cuando a escasos días de partir a México, tuve la sublime ocurrencia de comprar una bolsa de leche entera (no caja, bolsa) para desayunar con cereal, pues era un poco más barata. Pero como dicen a veces, lo barato sale caro :zsick:

 

La diarrea que me ocasionó no fue una muy buena idea para los últimos días de mi estancia :oops: Ni remedios caseros ni pastilla alguna lograban aliviar mi indigestión y malestar estomacal. Mi enojo devino al saber que todo producto extraño de la selva, sierra o costa del país no habían sido los culpables, sino una maldita bolsa de leche barata :mad: Debemos evitar este tipo de equivocaciones y no buscar involuntariamente contraer enfermedades (sea cual sea) al viajar.

 

ADAPTACIÓN CULINARIA

 

No hay mucho que decir sobre esto. Hay que comer porque hay que comer; y si no encontramos lo que nos gusta, no nos queda otro remedio que adaptarnos a las circunstancias.

 

Afortunadamente para mí, Perú es un país extremadamente rico en variedad de productos alimenticios, que incluyen centenares de frutas, verduras y granos (entre ellos una cantidad inimaginable de clases de papa). Pero siempre hay algo muy difícil de hallar fuera de México: los chiles :rolleyes: (o ajíes, como lo llaman en Sudamérica).

 

Pero pude aclimatarme poco a poco, más que comiendo en la calle, cocinando con mis propias manos. Y un ejemplo de ello son mis ya frecuentes chilaquiles :big-grinB: un platillo mexicano hecho con tortillas fritas de maíz (nachos), pollo, queso, cebolla y salsa de tomate con chile. Aunque normalmente uso el chile serrano, en Perú no pude encontrarlo. Así que opté por el ají amarillo, que hizo sufrir un poco a mis anfitriones, pudiendo ser una de las cenas más picosas que hayan probado :giggle:

 

En fin, es solo un vago ejemplo de cómo podemos resolver nuestros problemas culinarios con lo que los mercaderes locales nos ofertan. Siempre es bueno probar cosas nuevas.

 

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Nuestra cena multicultural, con chilaquiles, guacamole, tequeños, vino e Inca Kola

 

ADAPTACIÓN LINGÜÍSTICA

 

Y ya no hablemos solamente de la barrera de la comunicación de un idioma a otro. Aunque hablemos la misma lengua, el español posee una infinidad de dialectos alrededor del mundo hispanohablante que se despeja en un cúmulo de jergas y argots, que nos obligan a sumergirnos en nuevas formas de intercambios parlantes y corporales.

 

Uno de mis proyectos durante mi viaje por España y Sudamérica fue precisamente recolectar ese glosario de palabras y expresiones que ampliarían mi vocabulario para tener una visión más amplia y general de lo que ser hispano se trata. Y he aquí algunas de ellas que quizá puedan servirles para futuros viajes ;)

 

(Sudamérica - México)

 

Choclo = Elote

Luca = Peso (moneda)

Chancho = Cerdo

Palta = Aguacate

 

(Perú – México)

 

Chucha = Vagina

Casaca = Chamarra

Picarones = Buñuelos

Pucha = Palabra comodín (madre, chingadera)

 

(Argentina – México)

 

Flashar = Sorprenderse

Posta = Neta

Me repinta/Me copa = Ya estás

En la concha de la lora = En casa de la chingada

Pileta = Piscina

Factura = Pan dulce

Torta = Pastel

Dulce de leche = Cajeta

Cajeta = Caca/Vagina

Ir de joda = Irse de peda

Pendejo = Morro (no es insulto)

Pata = Buena onda

Boliche = Antro

Campera = Chamarra

Poroto = Frijol

 

(Chile – México)

 

Caleta = Un chingo

Ándate a la chucha = Chinga tu madre

Guagua = Bebé

Güea = Palabra comodín (madre, chingadera)

Piola = Chido

Puta la güea = Puta madre

 

Como ven, el idioma es mucho más complejo de lo que se cree :rolleyes: Pero no hay que asustarse, solo toma algunos días acostumbrarse, y cuando menos se da uno cuenta, regresa a su país hablando como un boludo :big-smilB:

Mi viaje continuaba avanzando, y poco a poco me hacía tachar día por día mi calendario, que se reflejaba en un menudo diario de viajes que me empujaba cada vez más hacia el inevitable fin: mi regreso a México :(

 

A esas alturas, había cambiado mi dirección hacia el norte una vez que rebasé el trópico de Capricornio en el sur, y mis deseos por abandonar la ciudad de Arequipa (al sur de Perú) eran muy escasos. Y aunque era demasiado temprano para retornar a la capital, los deberes llamaban primero :zsick: y mi pasaporte debía ser renovado en la embajada de Lima.

 

No obstante, tenía tiempo y algo de dinero para hacer una escala intermedia por la ruta panamericana.

 

Si bien la ciudad de Nazca era un destino famoso para avistar las célebres y misteriosas líneas de Nazca dibujadas en el desierto circundante (que han dado a pie a miles de teorías sobre su aparición) era necesario pagar un vuelo en avioneta de casi 100 dólares para poder fotografiarlas decentemente desde los aires… definitivamente no era algo que se acomodara dentro de mi presupuesto :wacko:

 

Pero a 700 kilómetros al norte de Arequipa, la capital del departamento de Ica aguardaba solitaria, como un destino poco demandado, pero que poseía un diminuto paraíso de apenas unos metros cuadrados de extensión, apodado el ombligo del continente americano, que me había sido recomendado por muchos viajeros las semanas anteriores.

 

Así, mi última tarde en Arequipa la pasé en la estación de buses, buscando el mejor precio para llegar a la ciudad de Ica. Marcos, como excelente anfitrión, me ayudó en el regateo taquilla por taquilla, logrando disminuir el costo hasta 80 soles (28 USD).

 

Sin más remedio que partir, me despedí de Marcos, quien me dejó en la estación central para coger lo que sería el incómodo ómnibus que me llevaría hasta Ica.

 

De todas las empresas entre las que pude escoger, dejé que la inconfundible compañía Flores fuera la que me transportase. Y ahí comprendí que, quizá, debía empezar a acatar más los consejos de mis amigos peruanos y no dejarme tentar por lo barato de aquel país :O_o:

 

Acostumbrado ya a la falta de aire acondicionado a bordo, me arrepentí de no haber cargado bien mi móvil antes de partir, para con mis auriculares poder alejarme del irritante bullicio. Parecí haber olvidado por un momento lo concurrido que se veían los transportes públicos por parte de los estruendosos vendedores ambulantes. Pero entonces comencé a pensar, que quizá no eran solo los malos conductores y los imprudentes comerciantes quienes hacían de los viajes en Perú y Bolivia un total martirio :madd: Al parecer, los pasajeros tampoco tenían un sentido común de lo que se trataba hacer un viaje ameno.

 

Golpes en la espalda del asiento, maletas en el suelo, celulares con música, diálogos en voz alta, ronquidos, niños llorando, niños riendo, niños corriendo… todo ello sumado al sonar del motor viejo y el audio de una película apenas perceptible en las minúsculas pantallas del pasillo.

 

Sí, sin duda me daba cuenta de que mucha gente en Perú simplemente no sabe viajar :mad:

 

Y cuando por fin caía dormido, llegaba la primera escala. El chofer gritaba el destino y prendía las luces, despertándonos a pocos más de los solo interesados :confus:

 

Entre mil maldiciones silenciadas, pude dormir algunas de las once horas que duró aquel largo trayecto. Y el autobús me dejó botado en mitad de la carretera panamericana, afortunadamente a pocos kilómetros del centro de la ciudad.

 

El sol apenas comenzaba a salir, y la fresca madrugada daba paso a una calurosa mañana. Yo empecé a caminar por una larga avenida que, según los locales, me llevaría hasta la Plaza de Armas.

 

Mientras andaba, echaba un vistazo a lo poco que la ciudad tenía para ofrecerme. Negocios locales, escuelas, edificios habitacionales, estacionamientos… no me extrañaba ver lo sucias que se encontraban las calles; el centro de las ciudades en mi país suele lucir a veces igual :blush:

 

En vista de lo escasamente preparado que llegué a la plaza central, sin haber investigado antes una pizca sobre la ciudad, decidí hallar un hostal barato para dejar mi equipaje y conectarme a internet.

 

Calle por calle, fui zigzagueando por todo el centro, preguntando en la recepción de cada sitio que se presumía como hostal, pero que eran más que nada hoteles de poca monta. Aún así, los precios no bajaban de 35 soles, lo cual me parecía excesivo para una noche en aquella poco atractiva población :mellow:

 

Después de dos horas en la ciudad, el reloj marcaba apenas las 7 am. Varios negocios comenzaban a abrir sus puertas, entre ellos las cafeterías. Así que preferí tomar mi desayuno en un pequeño restaurante con wifi y tomar un descanso a mi absurda búsqueda.

 

El empleado de la barra pronto se dio cuenta de mi pinta foránea, y no dudó en preguntar: vienes a visitar Huacachina, ¿verdad? A lo cual respondí que, efectivamente, es lo que otros viajeros me habían recomendado de Ica.

 

Me hizo entender lo cerca que Huacachina se encontraba de la ciudad. Apenas unos cinco minutos por una pequeña carretera. Y que, en mitad de ese desierto, podría encontrar hostales, restaurantes e, incluso, podría acampar :rolleyes:

 

Y después de un rápido vistazo del lugar en mi tablet, terminé mi desayuno y me dirigí a la estación de colectivos, donde podría pagar 2 soles para llegar al tan citado paraje :big-smil:

 

En espera de hallar algún turista, los conductores de las combis me llamaron para abordar una de ellas, y sin un pasajero más a la vista, rápidamente me sacaron de la ciudad en dirección oeste, profundizándonos en una capa eterna de suelos arenosos.

 

Tras las colinas inhabitadas, la difuminada carretera tocaba su fin en un pequeño conglomerado de edificaciones de baja altura, emplazadas en un valle de arena. Bajé del automóvil y lo que se abría ante mis ojos era, sin lugar a dudas, el prometido ombligo de América :ohmy:

 

El oasis de Huacachina es una pequeña laguna natural que nace en el medio del desierto costero de Perú, y que recibe su merecida fama del oasis de América por ser el mejor lugar de descanso en aquel paisaje desolado ;)

 

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Nunca en mi vida había visto algo parecido. Era un oasis casi de película. Las típicas palmeras y arbustos semiáridos adornaban todo el contorno de un simétrico espejo de agua color esmeralda, por el que los lugareños se paseaban en pequeñas lanchas que anclaban en sus orillas, vigiladas por el hilo de construcciones en su perímetro.

 

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El diminuto pueblo que se alzaba todo a su alrededor, ofrecía los servicios básicos para hacer de la estadía de cualquier persona una joya del recuerdo, manchado por la civilización en una combinación respetuosa con la viva y verde naturaleza que se avistaba a la redonda ^_^

 

Unos cuantos minutos eran suficientes para rodear a pie al menudo cuerpo de agua, lo mismo que se tardaba uno en descubrir la inmensa fuerza que posee el vital líquido, capaz de dar vida aún en pequeñas cantidades, sin importar el lugar del que se trate.

 

Para esas horas de la mañana, el lugar se encontraba casi vacío, lo que me permitió apreciarlo en su estado casi natural :)

 

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Algunos niños y jóvenes locales se bañaban en sus aguas, saltando desde sus embarcaciones a una poca profunda laguna de oscura confianza, mientras los dueños de los locales barrían el frente de su acera.

 

Yo por mientras, quise relajarme un momento en mi solitario regocijo. Busqué una sombra bajo la cual sentarme para terminar de leer Hamlet, acompañado solo del aire que refrescaba mi cara, y del cantar de los pájaros que encontraban en Huacachina, al igual que yo, un lugar de recreo para escapar de una realidad definitivamente más dura :whistling:

 

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Después de poco más de una hora, muchos negocios ya habían abierto, y comenzaban a recibir clientes de uno a uno. Huacachina no poseía más que un malecón que recorría toda su orilla, tras el cual se alzaban la totalidad de sus edificios, todos ellos destinados al turismo: hoteles, restaurantes, tiendas de souvenirs y agencias turísticas; estas últimas dedicadas casi y exclusivamente a ofrecer paseos por las dunas del desierto a bordo de buggys y a la renta de equipo para practicar sandboarding. Aunque tenía todavía un poco de dinero ahorrado, lo estaba guardando para un destino más septentrional del que seguro no me arrepentiría, y dejé pasar mis horas en Huacachina sin montarme siquiera sobre una tabla de deslice :(

 

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Tras concluir a Shakespeare, di una vuelta más para tener diferentes perspectivas del oasis y capturarlas con mi lente. Mis intentos por ascender a la cima de una de las dunas fueron en vano, y me quedé sin una foto desde las alturas, tras resbalar repetidamente por la arena tan suave que colmaba mis botas y mis calcetines.

 

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En el extremo oeste de la laguna, sin edificios pero sí con mucha vegetación, encontré una casa de campaña solitaria tras los arbustos. Un trío de argentinos salió de ella, limpiando sus lagañas y en busca de aire fresco que los hiciese escapar del calor.

 

Me quedé por un rato para hablar con ellos. Me contaron su viaje desde el extremo más meridional del mundo (Ushuaia) hasta este ombligo continental. Partirían aquella tarde hacia la capital, y me recomendaban que, si me quedase en Huacachina, acampase en esa área, lejos de toda la gente.

 

Poco tiempo después, una policía llegó y le pidió a los tres que desmontaran su carpa, que sólo se permitía acampar por las noches. Entonces pensé, que no habría mucho más que yo pudiera hacer en el oasis, más que relajarme con sus vistas. Ni siquiera podría tomar en cuenta un chapuzón en el agua, que parecía bastante sospechosa y sucia :zsick:

 

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Siendo poco más de las 12 pm, busqué una opción no muy cara para comer y que pudiese darme acceso a internet para investigar qué más podría hacer en los alrededores de aquel lugar. Un arroz chaufa en un chifa, como siempre en Perú, fue la mejor opción ;)

 

La población más cercana parecía ser Paracas, una pequeña ciudad en la costa que, según muchos, era famosa por sus playas turísticas, pero sobre todo, por la Reserva Nacional Paracas, una zona protegida del Perú que da cobijo a una muestra representativa de flora y fauna de las ecorregiones del mar frío y del desierto costero del país. Era posible visitarla y tenía áreas de camping, lo cual me tentó a moverme inmediatamente para allá :big-smil:

 

Con mucho tiempo de luz todavía, pedí al empleado del restaurante las indicaciones para arribar a Paracas. El primer paso fue tomar el colectivo que me sacase de Huacachina, de tal suerte que le dije adiós a aquel majestuoso oasis de arena blanca y agua esmeraltada , para volver al caos de la capital de Ica.

 

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Una vez en la ciudad, no había colectivos que me llevasen directamente hacia Paracas, solamente buses a precios un poco más exorbitantes. Por tanto, acepté abordar la combi que me llevase hasta Pisco, la capital de la provincia homónima, que se localizaba a 22 km al norte de mi destino, y desde donde un taxi cobraba apenas unos soles para llegar.

 

Tan rápido como solo los conductores peruanos (y bolivianos) saben manejar, surcamos la carretera panamericana por más de 70 km hasta llegar al crucero que daba a la ciudad. El coche se estacionó y nos pidió bajar, a lo cual algunos pasajeros (y yo) replicamos diciendo que esa no era la ciudad, sino solo las afueras de Pisco. El chofer nos dijo que todos los que tomaban esa combi sabían que ellos nunca entran a la ciudad :angry: Por supuesto, contesté que “yo” no era “todos”. Yo era entonces solo un turista.

 

Sin más que poder hacer, debí tomar otro colectivo hasta Pisco, que me dejó en la zona de mercados, donde tomé un taxi compartido hacia Paracas.

 

La ciudad no parecía lo más hermoso del mundo. Su avenida principal, paralela al mar, estaba llena de hoteles y tiendas, y alguna que otra agencia de turismo. Me acerqué a una de ellas para preguntar por la Reserva.

 

Para ese entonces eran casi las 5 de la tarde. Los agentes me dijeron que a esa hora ya no saldrían más buses al parque, que la única forma de entrar era en coche o en un taxi (que por 40 soles era toda una estafa :confus: ).

 

Me invitaron a hacer noche en la ciudad y al otro día temprano visitar la reserva en uno de sus tours, y a tomar una de sus embarcaciones para visitar las Islas Ballestas, famosas por sus poblaciones de lobos marinos y aves acuáticas.

 

Recordando a aquellos lobos marinos con los que me había topado en Iquique, no quise gastar más dinero en volver a verlos (aunque en un paisaje seguramente más bonito que una zona portuaria). Decidí dar un paseo por la playa y después buscar un sitio para dormir.

 

Las playas de Paracas no eran lo que yo esperaba. Si bien estaban repletas de turistas que se asoleaban y bebían alcohol, su arena era oscura y llena de algas :oops: El agua era bastante fría y con un oleaje fuerte.

 

Tras caminar unos metros, pude ver a algunos jóvenes viajeros que habían montado sus casas de campaña. Con la intención de ahorrar lo más que pudiera, no dudé en montar mi carpa y estar preparado para cuando la noche cayera :big-grin:

 

Con muchas horas sin ducharme, me di un rápido chapuzón en el mar, para al menos quitarme el sudor :blush: Luego de ello, me tumbé al lado de mi tienda para comenzar mi siguiente libro mientras veía el atardecer; de repente, un policía con su típica expresión poco amable :unsure: me pidió a mí y a mis vecinos campers que desmontáramos nuestras casas y buscásemos un hostal, pues no se permitía dormir en la playa.

 

Algo decepcionado, repliqué que los agentes turísticos me dijeron que se podía acampar :mad: a lo que me dijo que el único sitio habilitado para ello eran algunas playas de la reserva, “muy cerca de allí”.

 

El policía me prometió que no tendría que caminar más de 6 kilómetros para arribar a los campings del parque nacional, y que estaba a tiempo de lograrlo :ohmy: (aunque el sol bajaba y eran ya las 6 pm).

 

Como el más inocente, deshice mi carpa lo más rápido que pude, empaqué todo de vuelta y comencé a caminar, deseoso de dormir aquella noche bajo las estrellas y no tener que vaciar más mi billetera :P

 

Unos metros lejos de la playa, un colectivo paró y me preguntó si iba a la reserva. Contesté que sí y ofreció llevarme por un sol.

 

Agradecido, monté el vehículo que pronto me transportó a la garita de acceso, en la que no había nadie que me cobrase por entrar ;) Aproveché para echar un vistazo al mapa, que me indicó el camino a seguir para llegar hasta el camping más cercano.

 

Sintiéndome afortunado por no pagar esos 10 soles :rolleyes: empecé mi andar por un camino de arena que se rodeaba de un inmenso paraje desértico de roca. El viento del mar soplaba con fuerza sobre todo mi cuerpo, y la corriente de Humboldt ya hacía sentir sus frías temperaturas.

 

Frente a mí, el sol bajaba a toda velocidad hacia su ocaso, mientras yo apresuraba el paso para llegar lo antes posible :sneaky:

 

Mi cámara se había quedado sin batería y no me dejó tomar ni una sola fotografía de aquella macabra, pero reluciente escena, conmigo solo caminando en la mitad de un desierto desolado.

 

Algunos coches empezaron a aparecer, pero circulando en dirección contraria a la mía. Todos volvían para salir de la reserva, haciéndome señas de qué demonios estaba haciendo allí. Por supuesto, el parque estaba hecho para recorrerse en coche, y nunca a pie. Sin importar lo que pensaran de mí, seguí perseverante mi camino hacia el oeste :smug: buscando llegar a la costa de acantilados donde un camping me esperaba.

 

El sol se ocultó por completo frente a mis ojos, habiéndome dado uno de los más hermosos, y a la vez terrorífico, ocasos de mi vida. La luz se había esfumado y sobre mí nada, sino un grupo de tenues estrellas, alumbraba mi sendero :unsure: Por suerte, mi celular aún tenía batería, y prendí la linterna que, esperaba, pudiese aguantar el resto del camino :zsick:

 

Viéndome solo en aquel desolado paraje natural, con una carretera apenas perceptible, pensé repetidas veces en acampar allí. Pero el viento era muy fuerte y, sin luz, sería toda una odisea armar el campamento sin ayuda :wacko:

 

La batería comenzaba a agotarse, y yo sabía que había caminado ya más de esos 6 kilómetros que el guardia me había prometido :madd:

 

A lo lejos, un par de luces me deslumbraron. Era una pequeña camioneta que salía de la reserva. Le hice algunas señas con la luz de mi teléfono para que parase y le pidiese indicaciones. Cuando pregunté por el camping, el conductor me vio como a un loco :confus: Me dijo que faltaban todavía otros 7 u 8 kilómetros, y que sin luz no podría ver la carretera.

 

Me resistí a darme por vencido… pero no tenía muchas más opciones :sad: Si dejaba ir a ese señor, probablemente ningún otro coche aparecería. Así que me monté en su asiento trasero y me resigné a regresar a la ciudad.

 

A pesar de lo poco y extraño que pude disfrutar la reserva, me dio muy gratos momentos. Más allá del contacto con la naturaleza, las caminatas solitarias son la mejor manera de pensar, de vencer los miedos y de conocerse a sí mismo ;)

 

Verme completamente solo, a oscuras, sin comida y poca agua, me hizo darme cuenta de la fuerza que se necesita a veces para viajar como un solo backpacker, pero son experiencias que refuerzan el espíritu y la autoconfianza :smug:

 

De regreso en Paracas, busqué el hostal más barato para pasar la noche, y contacté de nuevo con Karen para que me recibiese al siguiente día en Lima, a donde poco deseaba volver, pero era lo necesario para seguir mi camino hasta el final de mi solitaria y peculiar aventura.

Había pasado apenas un día pleno en la ciudad blanca de Arequipa. Mis couch Marcos, Percy y su amiga Mandy, me habían hecho darme cuenta de la augusta villa en la que por casualidad había parado. Su portada arquitectónica no era lo único que había logrado que cayera enamorado ante su mestiza efigie <3 proyectora de una fuerte identidad social; más fueron los mismos arequipeños quienes tejieron su importancia histórica, lo que la destacó en una muestra de orgullo para todo el Perú y el resto de Sudamérica.

 

Después de haber dado un recorrido general por los antiguos barrios virreinales, europeos e incas, y de haber visitado los conventos de mayor envergadura estilística, nos faltaba algo importante: avistar los prodigiosos paisajes que rodean a la Roma de América.

 

Arequipa está enclavada en un valle natural, el valle de Chili, dando pie a un oasis entre la sierra andina y la costa desértica, lo que hace que su clima sea muy agradable durante todo el año, y lo que la posiciona en una de las regiones más estratégicas para el comercio y el transporte del país.

 

Así pues, Marcos pasó por mí a la casa de Percy justo al empezar mi segundo día en la ciudad, para llevarme a los puntos fundamentales desde donde Arequipa me ofrecería sus mejores panoramas ;)

 

El ingrávido frío que se advertía aquella mañana nos obligaba a portar un ligero suéter para compensar la temperatura corporal :zsick: Pero tras unos minutos de que el sol subiese para colocarse a unos 60 grados, nos despojamos del abrigo para seguir nuestra andanza :big-grinB:

 

Al norte del centro histórico de la ciudad nos adentramos en uno de los barrios históricos más hermosos que pude ver en el Perú, y al que se conoce como el más antiguo de Arequipa: el barrio de San Lázaro.

 

Barrio de San Lázaro, Arequipa

 

En el resto de la zona monumental había ya apreciado el día anterior que la mayoría de las edificaciones antiguas estaban construidas en sillar, una extraña y reluciente piedra blanca que le otorgaba su merecido seudónimo a la población.

 

Pero caminar por los estrechos callejones del barrio de San Lázaro me dejó muy en claro cuál era la postal que de Arequipa se tenía en el resto del país :rolleyes:

 

Calle del barrio de San Lázaro, Arequipa

 

Las callejuelas adoquinadas serpenteaban, llevándonos cada vez a puntos más altos… y mientras el sol avanzaba hacia su posición cenital, deslumbraba el blanco de las casonas, interrumpido solamente por las puertas, macetas y faroles que colgaban de sus paredes. Una imagen imperdible de este increíble núcleo metropolitano ^_^

 

Seguimos nuestro camino al norte para conocer otro más de los patrimonios de la nación peruana: la Zona Monumental de Yanahuara.

 

Como un antiguo pueblo separado de la ciudad de Arequipa (hoy, su centro histórico) por el río Chili, Yanahuara se vio vinculado al resto de la población en el siglo XIX gracias a un famoso puente arequipeño: el puente Grau, por el que Marcos y yo cruzamos, mientras tomaba algunas fotografías que me empezaban a revelar el hermoso paisaje natural en el que Arequipa estaba situado.

 

Río Chili desde el puente Grau, Arequipa

 

Lejos, en el norte y el este, la difuminada silueta de tres montañas se aupaba en el horizonte azul, dejando a sus pies una plancha verde de vegetación salpicada por modestas construcciones de evidente clase media... pero Marcos insistió en seguir adelante, prometiéndome que me donaría una mejor vista de aquellas majestuosas e icónicas figuras.

 

Luego de ello, nos sumergimos de lleno en el barrio de Yanahuara. Desde el primer momento, su envoltura por sí sola me transportó de vuelta a las calles del centro histórico de Ibiza, en las lejanas islas Baleares del Mediterráneo <3

 

Calles del barrio de Yanahuara, Arequipa

 

Era inevitable no percibir la evidente estructura andaluza de cada uno de sus blancos callejones :ohmy: a pesar de ser un corredor bastante concurrido por los turistas, por todo el vecindario se respiraba una paz y tranquilidad exquisitas, que abonaban directamente a una suma experiencia vivencial, más que solo arquitectónica y visual, lo cual es una de las cosas que más se pueden apreciar en un viaje como el mío.

 

Conforme el barrio se ensanchaba, las callejuelas se empinaban más y más, acercándonos poco a poco al nivel más oportuno para una panorámica citadina.

 

Callejón en el barrio de Yanahuara, Arequipa

 

Ni una sola persona se veía en su andar. Coches, plantas y faroles eran lo único que opacaba entre el contraste azulado de un cielo despejado de verano con las blanquecinas estructuras urbanas creadas por el hombre varios siglos atrás. Sea lo que sea que los haya inspirado, habían logrado, sin duda, un trabajo tallado simplemente a la perfección ;)

 

Al salir de los callejones llegamos a la plaza principal del distrito, de una típica estructura hispánica: un zócalo de áreas verdes al centro con una parroquia, la Iglesia de San Juan Bautista de Yahahuara, a un costado. Pero algo marcaba la diferencia… un impresionante mirador en la cúspide del barrio.

 

Iglesia de San Juan Bautista de Yanahuara

 

Una vez posado allí, me dispuse a relajar mis piernas, magulladas por las repetidas cuestas :zsick: pero tras pocos segundos, me di cuenta de que Marcos había cumplido su promesa :ohmy:

 

La vista de la ciudad era envidiable, pero sin duda lo que más llamó mi atención fueron aquellas tres montañas que desde el puente Grau había observado.

Marcos me contó un poco sobre ellas. Se trataban de los volcanes Chachani, Misti y el Picchu Picchu, vistos de izquierda a derecha; aunque el Chachani era apenas percibido desde el mirador.

 

Vista de Arequipa desde el mirador de Yanahuara

 

Me contó también una interesante leyenda local, el mito del indio dormido: el Pichu Pichu se había enamorado perdidamente de su vecina (Chachani) que irradiaba belleza frente a él. Los dioses no vieron con buenos ojos esta relación, y decidiendo levantar un guardián en medio de los amantes (el Misti) para que nunca más se pudiesen volver a ver :crying:

 

El Pichu Pichu se enfureció y blasfemó contra los dioses, por lo que la Pachamama (diosa de la madre tierra) se vengó, y envió cataratas desde el cielo, tumbando a Picchu Picchu de espaldas sobre la cumbre más alta, y quedó convertido en piedra y dormido hasta el final de los tiempos :(

 

Desde varios puntos de la ciudad, incluido el mirador, se puede ver la silueta de un hombre dormido en la forma del volcán. Una bella historia de amor ^_^ que, sin duda, me recordó enteramente a la leyenda de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl en el valle de México, que pueden leer en uno de mis antiguos relatos http://www.viajerosmundi.com/blog/29/96-puebla-la-angelopolis-mexicana/

 

Llegó la hora del almuerzo, y tomamos un taxi para vernos con Percy y comer juntos. Luego de ello, volvimos al centro histórico para conocer la catedral, esta vez por dentro.

 

Catedral de Arequipa

 

Su fachada neoclásica es simplemente alucinante… una de las catedrales más hermosas que sin duda he podido ver. No obstante, la parte que da hacia la plaza central es su cara lateral, lo que la hace lucir desmesuradamente grande :eek: Al entrar, descubrí que se trata de una iglesia de proporciones normales, sin mucho más que presumir que sus retablos y altares, a los que cualquier persona de países católicos debe estar acostumbrada :dry:

 

Luego de un recorrido por los bazares de artículos turísticos, donde compré mi infaltable vaso de shot, caminé rumbo a la agencia turística de Mandy para reunirme con ella y Marcos, quien se había ido antes. De camino, me topé de nuevo con Valentina, la chilena que, al parecer, ya se sentía bastante bien, pues se hallaba sentada bebiendo unas cervezas después de haber pasado el último día vomitando por toda la ciudad por una humita que comió :mellow:

 

La saludé a ella y a sus dos invitados, Violeta y Diego, una chilena y un francés que viajaban en sus vacaciones y planeaban regresar a España para ejercer como profesores. Interesado en conocer más de ellos, prometí volver para tomar juntos un pisco sour (la bebida alcohólica del Perú por excelencia :smug:).

 

Llegué a la oficina de Mandy, donde dos señoras jubiladas, clientas predilectas, estaban sentadas hablando sobre su próximo viaje a Iquitos, en la Amazonia del país.

 

Al saber que yo venía de México, comenzaron a alagar por pies y cabeza a mi país :D Al parecer, habían quedado enamoradas de su recorrido por el altiplano central, visitando las principales ciudades coloniales, que como católicas fervientes y amantes de la joyería en plata, las habían cautivado de manera instantánea ;)

 

Fue muy gratificante toparme con alguien que, después de más de un mes lejos de mi tierra, pudiera recordarme las maravillas que México tiene la fortuna de poseer :rolleyes:

 

Dejando atrás la nostalgia, invité a Marcos y a Percy, quien había llegado poco después, a beber un pisco sour con las chilenas y el francés. Aceptada la propuesta, pasamos la noche en el callejón detrás de la imponente catedral, deleitándonos con los sabores del Perú :P

 

Bebiendo pisco sour con mis couch en Arequipa

 

Mi tiempo en Arequipa corría en cuenta regresiva, y al día siguiente poco podía hacer antes de dirigirme a la estación de buses :( Así que Marcos me llevó a comer un helado en el centro y encontrarnos con un alemán, deseoso de practicar su español.

 

Luego de ello, me despedí y agradecí a todos enormemente la grata vivencia que me habían hecho pasar en aquella monumental ciudad ^_^ Sin duda, Arequipa había sido, no solo una de las joyas visitadas que marcarían un punto más en mi mapa de viajero, sino otra muestra de cómo Couchsurfing y su desinteresada voluntad de ayuda al prójimo podían convertir un viaje en una experiencia mucho más humana y cercana a la realidad no turística, al sumergir a uno en el día a día de las personas comunes y corrientes.

 

Acoplando a Arequipa y a mis couch en otro de mis desordenados recuerdos de viaje, me dirigí a la estación de buses, donde compré mi pasaje hacia la desértica ciudad de Ica, donde un oasis de otro estilo me esperaba para mi deleite…

 

Pueden ver el álbum completo de Arequipa aquí:

 

 

Al filo de la media noche me embarqué en un autobús rumbo a la ciudad fronteriza de Arica, al norte de Chile. En la estación había conocido a Rodrigo, un mochilero de Concepción que viajaba con solo 100 dólares, con los que pretendía llegar hasta Colombia :huh:

 

Fuera o no verdad la hazaña que por doquier narraba, dejaba la ciudad de Iquique y se dirigía a Arica con el mismo objetivo que el mío: cruzar a Perú.

 

Antes de que el sol levara sobre las colinas del este, desembarcamos en la terminal a las 5 de la mañana. El sueño aún recorría nuestros cuerpos, pero no había mucho que hacer. Cogimos nuestras mochilas y nos sentamos en la sala de espera.

 

Allí, otra chilena apareció: Valentina, una simpática y peculiar viajera proveniente del sur del país, que se había aventurado a salir sola de casa para trabajar por un tiempo en Atacama, y ahora se disponía a disfrutar las delicias del Perú.

 

En el momento en que ella y Rodrigo dieron pie a un común diálogo fue cuando, tardíamente, me di cuenta de dónde estaba parado. Su mezcla de “güeon”, “po”, la hueá”, chucha”, “caleta” y “cachái” saturaron mi lóbulo temporal izquierdo :wacko: incapaz de descodificar el léxico repleto de chilenismos que emanaba de sus bocas.

 

Convenciéndome a mí mismo de que era apto para interpretar cualquier dialecto del español, pregunté a Valentina qué debíamos hacer para llegar a la frontera, destino que ella también procuraba.

 

La forma más fácil era tomar un colectivo a la ciudad de Tacna, del lado peruano. El bus pasaba por la frontera y esperaba a que los pasajeros hicieran su papeleo. Pero la oficina de migración abría hasta las 8, así que aguardamos con paciencia a la salida del primer autobús.

 

Compré mi último sándwich chileno en la terminal, quedando con pocos pesos en mi bolsa. No podía esperar a cruzar a Perú y volver a gastar en los cómodos y baratos soles, a los que ya me había acostumbrado semanas atrás :big-smil:

 

Poco antes de las 8, caminamos hacia un estacionamiento contiguo, desde donde salían los transportes al norte, cuyos asientos ya lucían llenos. Afortunadamente, las corridas partían casi cada 15 minutos.

 

No mucho tiempo después, ya con la luz del sol, arribamos al paso fronterizo. Como ya era un hábito para mí, pasé rápida e inertemente por los controles aduaneros y migratorios. Y con un nuevo sello en mi pasaporte, me di por bien servido ;)

 

El mar se fue desvaneciendo poco a poco en el occidente, devorado por las dunas de arena que dominaban aquel paisaje desértico, mismo que fue socavado por una nueva jungla de concreto que me dio la bienvenida de vuelta en Perú.

 

Inmerso nuevamente en la locura de las terminales peruanas, entre alaridos, ofertas dudosas y letreros poco legítimos, hablé con los chilenos para saber cuáles eran sus planes. Rodrigo pretendía llegar a Lima, mientras Valentina, al igual que yo, deseaba quedarse en Arequipa. Así, buscamos al mejor postor que nos llevase a la ciudad blanca.

 

Mientras yo subía a un café internet para avisar a mi couchsurfer la hora a la que llegaría, Rodrigo hizo amistad con Romain, un francés que, a las 11:00 am en punto, abordaría el mismo bus que nosotros rumbo a la capital arequipeña.

 

Rodigo, Romain y yo en la terminal de Arequipa

Los tres viajeros

 

Yo había elegido el asiento delantero por tratarse de un autobús panorámico, deseoso de experimentar aquella desconocida experiencia :rolleyes: Pero de haber recordado que los transportistas en Perú se rehúsan a prender el aire acondicionado, hubiera cambiado de opinión :O_o:

 

Pasé las 6 horas de la irritante travesía acomodando la cortina para que no me quemara el sol, que entraba directamente por el parabrisas, lo cual sumado a la escasez de aire, me sofocaba de calor al interior de aquella bulliciosa cabina :zsick:

 

La mujer a mi lado no paraba de hablar con su amiga sobre la película que se proyectaba a muy alto volumen. Los niños detrás de nosotros no escatimaban en correr por el pasillo, a pesar de las advertencias de su incompetente madre. Y en cada escala que el conductor hacía, multitudes de cholitas se subían ofreciendo a gritos ensordecedores sus productos alimenticios… sí, estaba de vuelta en Perú :blush:

 

Cuando el desierto fue sustituido por un verde y amplio valle al pie de los montes andinos, llegamos a Arequipa cerca de las 5:30 de la tarde. Valentina se apresuró a tomar un taxi al centro para buscar un hostal, mientras yo aguardaba por quien sería mi couch los siguientes tres días.

 

Marcos apareció no mucho después de mi llegada. Se presentó conmigo y con los otros dos viajeros, a quien ofreció ayudarles en su reciente arribo a la ciudad, como buen licenciado en turismo que era.

 

Rodrigo deseaba llegar a Lima, así que lo ayudamos a encontrar el mejor precio a su conveniencia. Después de despedirlo, nos embarcamos en un taxi junto con Romain hacia el centro de la ciudad, para dejarlo en el hostal donde se hospedaría.

 

Marcos me explicó que su casa se ubicaba en un suburbio bastante alejado de la metrópoli, y que para facilitar mi estadía, un amigo suyo sería quien me brindaría alojamiento, muy cerca de la zona centro.

 

Accedí sin vacilar mucho, y caminamos hasta la casa de su compañero Percy, no sin antes comer un buen arroz chaufa en un tradicional chifa arequipeño ¡Vaya si extrañaba la comida de Perú! :smug:

 

Percy trabajaba como asistente de un historiador. Vivía en un edificio que ofrecía cuartos estudiantiles a precios asequibles, y a su vez, era el encargado de cobrar las rentas.

 

Amablemente me hizo un espacio para dormir en su habitación, donde pude tomar una ducha y descansar, para continuar mi ruta turística al siguiente día por la mañana.

 

Si me pidieran describir Arequipa con dos adjetivos, me atrevería a decir que se trata de una hazaña imposible. Poco sabía sobre la urbe antes de volar al continente austral… fue hasta que Karen (mi couch en Lima) me invitó a pasar la navidad allí, que decidí agendarla para más tarde dentro de mi itinerario backpacker. Pero nunca creí toparme con tan eminente metrópoli :ohmy:

 

Arequipa es la segunda ciudad más grande de Perú, y por tanto, uno de los núcleos económicos, industriales y políticos más importantes. Pero su relevancia no sólo radica en su macro envergadura nacional, pues cada pequeño detalle de su historia, arquitectura, paisaje, cultura y población la hacen merecedora del tan vehemente orgullo de sus habitantes.

 

De todo ello me di cuenta con tan sólo pisar la ciudad; pero más a fondo cuando comencé a conocer mejor a Marcos y a Percy, cuyos perfiles profesionales (historia y turismo) fueron los mejores ejemplos para mostrarme la cara más regionalista de su natal ciudad, lo que me dejó en claro que ser peruano dista mucho de ser arequipeño :mellow:

 

Inicié mi primera mañana acompañando a Percy a la escuela en que trabajaba, donde Marcos pasó por mí para darme un extenso tour por el centro de la ciudad.

 

De camino, atravesamos el barrio del Vallecito, uno de los sectores aledaños a la zona monumental. Arequipa se distinguió en el pasado por ser el punto poblacional preferido por los inmigrantes adinerados para establecerse a su arribo en el virreinato del Perú, y en la República independiente del Perú, lo que incluía a múltiples ingleses y alemanes. El barrio del Vallecito muestra una parte de cómo solían vivir estas familias europeas de clase alta a principios del siglo XX, que formaban parte de la élite intelectual de la ciudad.

 

Casa típica del barrio del Vallecito, Arequipa

 

Si bien Arequipa no existía formalmente antes de la llegada del imperio ibérico (no como lo hacía Cusco), había algunas edificaciones incaicas que quedan en pie hasta el día de hoy. Se trata de los tambos.

 

En la red comercial que los incas tejieron a lo largo de los Andes, construyeron estos tambos como bóvedas y lugares de descanso. Cuando los españoles llegaron, fueron convertidos en viviendas para la clase trabajadora. Marcos me llevó a ver dos de los tambos que la ciudad todavía conserva.

 

Tambos de Arequipa

 

El Tambo de Bronce es famoso por ser el más antiguo. Me sorprendió saber que estos vetustos inmuebles siguen siendo habitados en forma de vecindades por familias de clase media y baja, que viven su día a día bajo techos de siglos de antigüedad :ohmy:

 

Tambo de Bronce, Arequipa

 

Después nos dirigimos al Tambo Matadero, que no dejaba al desnudo colores tan vivos como el anterior, pero cegaba la vista con su blanca y reluciente piedra volcánica de sillar, lo que, quizá, le otorgabaun atractivo más auténtico, al ser la materia prima icónica de la ciudad, que le brinda su meritorio seudónimo de La Ciudad Blanca.

 

Tambo Matadero, Arequipa

 

Aunque el gobierno resguarda ambas vecindades como un patrimonio local, las casas siguen siendo propiedades privadas de las familias que allí moran, por lo que su visita debe hacerse con cautela y debido respeto.

 

Tambo de Arequipa

 

Tomamos un café en una de las estrechas calles del centro histórico para que, posteriormente, Marcos me mostrase uno de los más representativos conceptos del regionalismo de Arequipa: la escuela arequipeña.

 

La fuerte formación de una identidad mestiza durante la época virreinal, mayormente influenciada por la crema y nata de la corona española en Perú, dio pie a una propia corriente estilística que se denominó escuela arequipeña, cuyo destacamento atiborrado influenció las zonas aledañas, llegando incluso hasta Potosí, en Bolivia.

 

Fachada de la Iglesia de San Agustín, Arequipa

 

La fachada de la Iglesia de San Agustín fue una muestra de ello. Aunque reconstruida después de un terremoto, conserva los detalles del barroco mestizo, característico por poseer elementos católicos españoles combinados con elementos propios de la cultura incaica… todo un deleite a los ojos :rolleyes: sin importar nuestras creencias religiosas (lo cual, créanme, no va conmigo).

 

Fachada de la Iglesia de la Compañía de Jesús, Arequipa

 

Visitamos también la Iglesia de la Compañía de Jesús, quizá la más famosa de su estilo en el Perú, pues es considerada la cuna del barroco peruano, datando del siglo XVII. En su interior me topé con algunas exposiciones y venta de obras de artistas locales, lo cual me dejaba en claro el papel crucial que el arte juega en todo Arequipa.

 

Iglesia de la Compañía de Jesús, Arequipa

 

Seguimos el tour, adentrándonos en el modo de vida español durante la colonia, mismo que predominó en la ciudad, al ser mayoría comparado con la población indígena.

 

Las grandes casonas que se asientan en el centro de la ciudad dejan admirar el lujo en el que los colonos peninsulares se regocijaban al poblar estas lejanas tierras. La casa de Tristán del Pozo es un claro vestigio de ello.

 

Antigua casona española en Arequipa

 

Los Tristán del Pozo eran una familia de origen vasco muy influyente en Arequipa. Su fama deviene, entre muchas otras cosas, con Flora Tristán (autora del libro Peregrinaciones de una Paria, el cual recomiendo mucho), sobrina del virrey Pío Tristán, quien después se convertiría en una de las precursoras del socialismo y feminismo actuales, pasando a formar parte, incluso, de la biblioteca personal de Karl Marx.

 

Sin darme cuenta, estaba parado en una ciudad que había sido cuna de vastas manifestaciones culturales y sociales, no sólo en Latinoamérica, sino en otras partes del mundo :ohmy: (es también el lugar de nacimiento de Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura 2010).

 

Dejando de lado por un tiempo las profundas clases de historia, hicimos escala en el mercado central, para matar el hambre con un rico tamal y vivir, de la mejor manera, el verdadero sabor de la cultura arequipeña, que solo los atestados y coloridos pasillos de un mercado latinoamericano pueden mostrar.

 

Mercado central de Arequipa

 

La variedad de frutas y verduras costeras, serranas y selváticas de Perú solo pocos países la pueden igualar. Desde los elotes negros hasta las famosas hojas de coca se acumulaban en tumultos a precios muy baratos, que uno se animaba a comprar al sonar de las bochincheras ofertas de sus contendientes.

 

Choclo negro en el mercado de Arequipa

 

Culminamos el trayecto subiendo al balcón del Palacio de la Municipalidad para tener la mejor toma de la Basílica Catedral de Arequipa.

 

Plaza de Armas y Catedral de Arequipa

 

Allí, nos topamos con Valentina, quien mientras disparaba el obturador de su cámara se quejaba de un dolor estomacal :unsure: culpando a una humita que había comido el día anterior en el autobús.

 

Como se acercaba la hora de comer, la invitamos a unírsenos junto con Percy para que probase un caldo blanco, que podría ayudarle a estabilizar su digestión. Pero poco le ayudó haber probado aquel típico platillo que, en cambio, la hizo vomitar repetidas veces en el baño :crying:

 

Nos quedamos con ella mientras intentaba mejorarse con electrolitos y una botella de agua fría, casi imposible de conseguir en esta ciudad, donde por alguna extraña razón la gente prefiere tomar las bebidas a temperaturas tibias (a pesar del calor).

 

La llevamos de vuelta a su hostal, donde consiguió cambiar su corrida de autobús para Cuzco al siguiente día, y así evitar viajar más de 10 horas en ese deprimente estado. Después de ello casi renuncié a cualquier tipo de comida callejera que pudiera deveniren aquel sufrimiento :unsure:

 

Al caer la noche acompañé a Marcos a ver a su amiga Mandy, quien era dueña de una agencia turística en el centro.

 

Todo un día de charlas con nativos de la ciudad me hizo darme cuenta de la idiosincrasia comunitaria que poseen los arequipeños, singularizada por la oposición a un centralismo estatal, y que presume sus raíces como mucho más que una simple provincia.

 

Lima y Cuzco, como antigua y nueva capital, suelen llevarse todo el crédito en la historia, cultura y turismo del Perú a nivel internacional. Pero ellos me hicieron apreciar la trascendencia que distingue a Arequipa de entre todas las demás ciudades, y me hicieron agradecer el haber decidido parar allí por algunos días… no sólo por poder admirar a fondo la belleza tangible e intangible de la ciudad, sino por las maravillosas personas con las que me estaba topando, y que serían, a fin de cuentas, quienes me mostrarían la verdadera esencia arequipeña :rolleyes:

Era un viernes 12 de diciembre y los rayos del sol apenas y apaciguaban la helada temperatura con la que se amanecía en la antigua capital inca de Cuzco. Desperté antes de las 7 de la mañana, y Eucebio ya había partido.

 

Tranquilamente decidí tomar una ducha caliente antes de desalojar la habitación. Apenas mis ojos se abrían luego de un largo y conciliado sueño, pude avistar las ronchas que habían aparecido a lo largo de mis brazos. Pequeños círculos rojos que rebosaron mis cuatro extremidades :ohmy: Un poco asustado al ignorar la razón de dicho brote e indispuesto a acudir a un médico antes de emprender mi viaje, bajé mis cosas a la recepción y esperé por el desayuno, tratando de pensar en la más simple de las explicaciones (pulgas en las sábanas).

 

Mientras comía un pan francés con mermelada, un vaso de jugo de naranja y una taza de café, imaginaba cómo se habría vivido la noche anterior en mi lejano México, cuyas noches del 11 de diciembre comienzan las festividades del cumpleaños de la virgen de Guadalupe (de la que ya hablé en un relato anterior http://www.viajerosmundi.com/blog/23/58-basilica-de-guadalupe/), y que se celebra justamente el 12 de este mes.

 

Evocando en mi boca un tamal con champurrado caliente, al sonar de los diligentes rezos de las vecinas en la capilla que se erige frente a mi hogar, guardé un bulto de cosas que dejaría en los lockers del hostal, en vista de la ligereza con la que pretendía llegar a Aguascalientes, pequeño pueblo del Valle Sagrado de los Incas desde donde escalaría al otro día hacia una de las siete maravillas del mundo: Machu Picchu.

 

Justo antes de reñir con el chico de recepción por la presencia de pulgas en las camas :mad: un señor llamó a la puerta del hospedaje preguntando por mí y por una pareja chilena. Ya con algunos kilos menos en mi mochila, subí a la combi aparcada unos metros fuera y busqué el asiento que pareciera lo menos incómodo para un extenso viaje de 6 horas. No así, las oscilantes sillas de atrás fueron las únicas plazas disponibles para mí, Jennifer y René, una pareja de colombianos con los que pronto hice amistad, y quienes me tranquilizaron al decirme que las ronchas eran piquetes de mosquitos, y que debía usar harto repelente de insectos al viajar por aquella selva montañosa :zsick:

 

El plan era simple: haríamos dos escalas para comer y llegaríamos a la Central Hidroeléctrica a las 2:30 pm (15 USD), desde donde caminaríamos hasta Aguascalientes. Allí, buscaría un hostal (5 USD) para subir al otro día a Machu Picchu (20 USD con credencial de estudiante y 40 USD para extranjeros). Haría otra noche en el pueblo (5 USD) para caminar de vuelta a Hidroeléctrica al otro día y tomar la combi de vuelta a Cuzco (15 USD). Tres días llenos y agitados que son, para mí, el mínimo para disfrutar de buena forma dicha jornada. Y especifico los precios son para ayudar a los futuros viajeros, ya que ciertamente es la opción más barata que encontré de hacerlo.

 

Al entablar mis primeras palabras con Jennifer y René, el grupo de chicas delante de nosotros rápidamente reconocieron el acento de sus compatriotas… ahora me encontraba en mi camino por las laderas del sureste peruano rodeado de simpáticos colombianos :rolleyes:

 

Como si el ruido del viejo motor de la van que avanzaba a paso ágil por las altas carreteras de Cuzco no fueran suficiente, los colombianos y yo pasamos las primeras horas del viaje platicando en voz alta (como buenos latinos). Cualquier viajero experimentado o novato se puede imaginar la pluralidad de temas que surgen a raíz de un simple “hola”, mismos que colmaron los oídos del resto de nuestros compañeros durante la mañana de aquel viaje.

 

Después de unas dos incómodas horas botando en los asientos traseros, el conductor hizo una escala en el poblado de Ollantaytambo, donde nos dio 20 minutos para ir al baño y comprar comida y agua.

 

Nuevamente a bordo y con la luz del sol ya sobre nosotros, eché un vistazo a mis piernas, que parecían cada vez más enrronchadas :wacko: Coloqué el repelente de insectos casi en todo mi cuerpo y recosté mi cabeza sobre la ventana, por la que pronto se empezaron a avistar los primeros picos nublados de la cordillera.

 

Camino a la Hidroeléctrica

 

Cuando nos adentramos en la espesa niebla que cubría las cumbres orientales, el calor dejó de sentirse, y dio paso a un frío discreto que calmó a todos en la combi. Nuestro sueño se arrulló con la cumbia regional que comenzó a sonar cada vez más alto desde el estéreo del coche :O_o: y que parecía alentar al conductor a avanzar cada vez más rápido por las pronunciadas curvas.

 

Pronto, las palabras de Fabio volvieron a mí, cuando el camino se empezó a hacer más estrecho y los precipicios por las laderas más profundos. Al conductor no parecía importarle, pues su objetivo era claro: llegar a la hidroeléctrica a las 2:30 pm, para así volver a Cuzco con el otro grupo esa misma noche. Nos encontrábamos en el segundo camino de la muerte (aquí pueden saber cuál es el primero http://www.viajerosmundi.com/blog/35/148-el-camino-de-la-muerte-o-casi/).

 

Nuestras cabezas pegaban casi al techo, al saltar por el camino de ripio. El polvo del sendero se alzaba cada vez que otro auto nos pasaba al lado, y se introducía por las ventanas llenándonos de tierra. Ni la alegre cumbia podía mitigar nuestro miedo cada vez que la combi se topaba con un coche viniendo de frente :crying: Sólo mirábamos cuesta abajo, hacia el turbulento río Urubamba, que corría desde hace un tiempo junto a nosotros.

 

Santa Teresa

Pueblo de Santa Teresa

 

Poco más de las 2 pm (más de 5 horas después de haber partido) llegamos a Santa Teresa, última población antes de la central hidroeléctrica. Comimos un merecido menú de sopa y milanesa de pollo, luego de lo cual no tuvimos tiempo alguno de reposar, pues el conductor un poco malhumorado nos hizo a todos retornar a la combi.

 

Tras los últimos botes en los asientos y de sacudir el polvo de nuestras cabezas, llegamos a la hidroeléctrica. No es nada más que las ruinas de una antigua central que se posa junto al río, donde decenas de combis se aglutinaban para dejar a los cientos de viajeros que se disponían a llegar a Aguascalientes. Algunos mercantes han aprovechado y han abierto puestos de comida a lo largo del complejo. No obstante, lo que más llama la atención es el tren.

 

Tren de Hidroeléctrica a Aguascalientes

 

En vista de la creciente afluencia turística, se construyó una vía desde la central hasta Aguascalientes (aparte de la ruta directa Cuzco – Aguascalientes). Los menos osados prefirieron tomar el tren, cuyo ticket cuesta alrededor de 23 USD. Fuera de ello, la única opción es caminar. Por supuesto, fue la que nosotros tomamos.

 

Al ser los últimos en arribar, la mayoría de los viajeros nos habían dejado atrás. Como ya habíamos pagado la vuelta con la misma agencia de viajes, confirmamos nuestra hora de retorno para el día domingo. Colocamos protector solar y repelente en nuestra piel, y comenzamos la travesía.

 

Comenzando la caminata a Aguascalientes

 

El paisaje había ya cambiado bastante. Dejamos atrás las altas montañas nubladas de clima seco y nos adentramos en las húmedas yungas peruanas. Es increíble ser testigo del contraste que marca el fin de la cordillera andina y el comienzo de la selva amazónica :ohmy:

 

Se podían escuchar los estruendos del río Urubamba en su rápido avanzar por el cauce. Un pitido anunciaba el paso del tren, con el cual debíamos abandonar las vías férreas y caminar por las orillas. El camino era bastante plano, lo cual agradecimos infinitamente. Pronto, un simpático perro se unió a nuestro grupo de trekking ^_^ Lo llamamos Chapo (en honor al narcotraficante más poderoso de México).

 

"Chapo", nuestro compañero de trekking

"Chapo", nuestro acompañante en la caminata

 

El sol empezó a desvanecerse entre las tenues nubes que aparecían en el cielo, ayudado por las prominentes copas de los árboles que encuadraban nuestro sendero. Bordeamos gran parte del río, que a su vez era costeado por los montes verdes, típicos del paisaje del valle de Machu Picchu (sí, esos que se ven en las fotos de google).

 

 

Trekking a Aguascalientes con colombianos

 

Ligeras gotas comenzaron a caer, pero nada de qué preocuparse. La jornada fue bastante amena al lado de tan encantadores colombianos ;) No cabe duda del por qué su alegre personalidad ha adquirido tanta fama a nivel mundial.

 

Luego de más de 2 horas y media de caminata llegamos a la primera bifurcación, donde al tomar el camino de la derecha me topé con un gringo que estaba un poco perdido. Lo auxilié y entablé una conversación con él, que se prolongó hasta que apareció frente a nosotros aquella aldea mítica. Una encantadora mini masa urbana que parecía haber sido dibujada por una especie de dios en el medio de un valle sagrado. Era Aguascalientes.

 

Aguascalientes a lo lejos

Nuestra primera vista de Aguascalientes

 

Nada de lo que pude imaginar sobre el sitio en el que haría noche pudo haberme cautivado más que mis primeros avistamientos del pueblo. Modestas edificaciones que se asomaban al final del horizonte, marcado por el tumultoso río y la montaña a la que subiría al día siguiente.

 

Cuando el primer hotel se mostró frente a nosotros, había perdido a los colombianos, quienes se habían rezagado muchos pasos atrás. Como era de esperarse, los caza-turistas aparecieron, y comenzaron a ofrecernos alojamientos a precios baratos (en español y en inglés). Entonces me di cuenta de lo mal que nosotros podíamos hacerle a aquel mágico pueblo, que había transformado sus tradiciones indígenas en aras de capitalizar su tesoro más preciado y obtener toda la plata posible de ello.

 

Primero que nada, el gringo y yo compramos nuestras entradas a Machu Picchu en la oficina de turismo de Aguascalientes. A pesar de ser un pueblo tan pequeño, aquí se puede encontrar de todo. Desde lujosos hoteles, restaurantes, cajeros automáticos, internet y agua caliente, hasta las pequeñas chozas donde vive a gente nativa que, en su gran mayoría, viven precisamente del turismo. Es sin duda un sitio mágico que da el mejor recibimiento al viajero antes de ascender a la cumbre sagrada de los incas.

 

Aguascalientes

 

Tratando de mantenernos lo más lejos posible del globalizado estado actual de Machu Picchu, nos alojamos con una señora nativa que nos ofreció una cama por 15 soles en su precario hostal, donde el gringo y yo compartimos habitación con Kati y Fabrice, dos franceses que habían bajado desde Quebec hasta Sudamérica. Con el sonar del río que pasaba junto a la habitación y con el sol ya casi en su ocaso, fue sin duda el mejor lugar para pasar la noche en aquella yunga legendaria :)

 

Vista de Aguascalientes

 

Luego de una espléndida ducha fría en aquel clima cálido húmedo, el gringo y yo salimos por unas cervezas a un bar local, donde vi pasar a Jennifer y René. Habían encontrado una habitación muy cerca. Nos quedamos de ver la mañana siguiente pasa subir juntos a Machu Picchu. Cuando la lluvia empezó a caer, el mesero nos tomó la cuenta y corrimos de vuelta al hostal, para madrugar al día siguiente y comenzar la jornada con la mejor actitud.

 

La alarma sonó a las 5 am. Tomé un modesto abrigo para el sereno de la mañana, mis dos plátanos que había comprado el día anterior y mi botella de agua. Cuando salimos a la calle, una muchedumbre de todas nacionalidades caminaba hacia la salida del pueblo, todos por supuesto con el mismo destino. Kati, Fabrice y el gringo se adelantaron, pues ellos habían comprado su entrada para subir al Huayna Picchu (el famoso pico tan fotografiado que vigila a la ciudad de Machu Picchu). Debían estar en la entrada a las 7 am, y subir la montaña a pie no es nada fácil ni rápido. Esperé a los colombianos fuera de su hostal casi 20 minutos. Al ver los rayos del sol en el horizonte, decidí seguir mi camino solo y encontrarme con ellos arriba.

 

A la salida del pueblo, un motín de autobuses se disponía a subir cada pocos minutos a grupos de turistas que preferían pagar 10 USD que andar a pie hasta la cima. Yo pensé “vaya aventura que se están perdiendo”. Cuando miré hacia arriba y comencé a subir, definitivamente los comprendí :unsure:

 

No sabía si mi estado físico era demasiado malo o si en verdad los incas tenían unos músculos de hierro :wacko: Después de unos 30 minutos cuesta arriba cada paso parecía una eternidad. Entre cada bocanada de aire mis piernas sólo gritaban “¡para ya!”, mientras el palpitar de mi corazón se aceleraba a la par del ritmo en que el sol ofrecía su mágico alba sobre mí. El calor y el sudor empezaron a sofocarme, y me obligaban a tomar descansos a pocos escalones de distancia :crying: Comí mis dos únicas bananas y más de la mitad de mi litro de agua para cobrar las fuerzas de seguir adelante.

 

Vistas del valle al subir a Machu Picchu

Valle que rodea Machu Picchu

 

Por un momento me sentí único, con las espléndidas vistas que el valle me ofrecía mientras más alto subía. Sólo se escuchaba el lejano andar de los camiones de turistas. Hasta que de pronto, el Huayna Picchu apareció a lo lejos, cuando en seguida arribé a la cima, donde los miles de turistas se ponían bloqueador solar para ingresar al parque de Machu Picchu. Tras un menudo descanso, coloqué más bloqueador y repelente en mi piel y me dispuse a seguir con la jornada. No hace falta mencionar los estrepitosos precios de los productos (y del baño) que se ofrecen en el parque, por lo que decidí sobrevivir con la cantidad de agua que me quedaba.

 

No fue sino hasta que tuve la ciudad custodiada por el Huayna Picchu frente a mis ojos que de verdad me di cuenta de dónde me encontraba parado (más bien, sentado :big-smil:).

 

Primera vista de la ciudad

 

Es la extraña y reconfortante sensación de viajar a un destino must go, cuya obligada visita nos persigue desde años atrás (es el caso de la Torre Eiffel, el Coliseo Romano o la Muralla China). Si bien la torre Eiffel había cumplido pocas de mis expectativas preliminares, Machu Picchu es simplemente eso: otro mundo, otra historia, otra esencia, otra magia.

 

En ese momento no importaba la cantidad de figuras humanas que se veían caminar por los pasillos de la ciudad. No importaba en cuántos idiomas se oía hablar a los guías turísticos. No importaba que hubiera gastado mi presupuesto de una semana en dos días. Y ya no importaba el dolor de mis piernas, para entonces dormidas. Me levanté luego de un descanso y seguí la ruta. Machu Picchu tenía mucho más para sorprenderme ;)

 

Pasé de largo la famosa piedra donde todos los turistas se toman selfies y piden matrimonio a sus parejas, y seguí cuesta arriba hasta La Casa de los Guardianes. Es una pequeña cabaña de vigilancia en lo alto de un montículo, desde donde se puede distinguir fácilmente la división de la ciudad: su zona urbana y su zona agrícola.

 

Casa de los Guardianes

Casa de los Guardianes, en lo alto de la colina

 

Una de las maravillas de Machu Picchu son los andenes de cultivo, que lucen como grandes escalones a las laderas de la montaña. Sus paredes de roca y su relleno de tierra permitían drenar el agua para fines agrícolas. La gran pluviosidad de la zona permitió a los incas sobrevivir en tan extrema ubicación.

 

Cultivos agrícolas en las laderas

Sistema de cultivos

 

Antes de bajar del área de guardianes, Jennifer y René aparecieron, grabando con su videocámara junto a mí. Amablemente me invitaron parte de su sándwich de jamón y queso, antes de descender juntos a la zona urbana del complejo.

 

Machu Picchu era de por sí una ciudad de difícil acceso para los pueblos enemigos. No obstante, todo su perímetro estaba amurallado. De esta forma, la única entrada a la ciudadela es una puerta ubicada al sur, por donde todavía entran los visitantes.

 

Puerta de entrada a la zona urbana

Única puerta de entrada a la ciudad

 

Prácticamente son pocos los accesos que están actualmente señalizados. Pero los guardias del recinto suelen ser bastante estrictos, y no permiten a uno seguir su propio camino, sino el que todos los turistas toman con sus grupos. A veces es un poco complicado, pues casi no hay flechas que digan a dónde seguir :O_o:

 

De esta forma, iniciamos el recorrido por el Templo del Sol, que fue utilizado para ceremonias alusivas al solsticio de junio. Posee una ventana por donde los rayos del sol del 21 de junio penetran exactamente por sus bordes.

 

Templo del Sol

Templo del Sol

 

Más adelante nos topamos con la zona de viviendas, donde habitaban la mayoría de los pobladores. La más fina por supuesto, es la Residencia Real, que incluye incluso una terraza con vista al lado este de la ciudad. A diferencia de las edificaciones que había visto hasta entonces (de aztecas y mayas), los techos de los incas eran triangulares y cubiertos de paja. Quizá se debía a la cantidad de precipitaciones que tenían lugar en el valle.

 

Viviendas de Machu Picchu

Antiguas viviendas incas

 

Entre el Templo del Sol y las viviendas se entrelazan una serie de fuentes artificiales, cuya agua corre desde el cerro Machu Picchu (al sur). Las corrientes de agua servían también para regar los cultivos del este. Los incas fueron realmente unos expertos en ingeniería :ohmy:

 

Seguimos adelante hacia el lado oeste de la ciudad, desde donde tuvimos vistas de los Andes más elevados, cuyos picos nevados desaparecían entre las nubes que poco a poco se avecinaban. A pesar del quemante sol de mediodía (sobre mi piel todavía pelada por aquel día en Lima :zsick:), apresuramos el paso, antes de que los cumulonimbos nos rociaran con su lluvia.

 

Llegamos a la Plaza Principal, que está rodeada por el sector de templos, siendo los más famosos el Templo de las Tres Ventanas y el Grupo de las Tres Portadas. Otra de las cosas que sorprenden de la ingeniería inca es la forma de rompecabezas que sus construcciones parecen ostentar. Una roca sobre otra tallada a la exactitud de las medidas. Algunas de ellas, incluso, ni siquiera tienen una forma cuadrada :huh: sino aristas inclinadas y con líneas irregulares, sostenidas sin ningún tipo de cemento o mezcla.

 

Piedras inclinadas en construcciones de Machu Picchu

 

Nos encontramos con unas simpáticas llamas ^_^ símbolo mundial del Perú. Enormes grupos de turistas disfrutaban de tomar fotos y acariciar a estos joviales camélidos, que parecían estar más que acostumbrados a las miradas de extraños que se sentían atraídos por ellas <3

 

Una toma de infraganti

 

Exhaustos, bajamos hacia el final del recorrido: el Templo del Cóndor y el grupo de depósitos o Qolcas. En este primero hay una piedra en el medio del patio, en el que muchos creen ver representado un cóndor, ave sagrada de los Incas y símbolo de los Andes. Realmente me hubiera ser el afortunado que pudiera haber avistado el solitario vuelo de esta gigantesca ave :(

 

Luego de casi 5 horas recorriendo toda la ciudad (que parecía pequeña desde lo alto de la Casa de los Guardianes :wacko:) retornamos a la entrada principal, donde muchos abordaban el autobús para volver a Aguascalientes. Indispuestos a gastar un centavo más, Jennifer, René y yo bajamos nuevamente a pie toda la montaña. Esta vez el esfuerzo fue menor, y llegamos al pueblo cerca de las 2 de la tarde.

 

Camino de descenso a Aguascalientes

Descenso de vuelta a Aguascalientes

 

Tomé una ducha y caí muerto en mi cama. Cuando desperté pocas horas después, Kati y Fabrice habían vuelto ya. Su travesía había sido el doble que la mía, pues habían escalado además el Huayna Picchu. No quisieron salir, sino reposar en el hostal. Además, Fabrice tenía seriamente lastimada la rodilla. Son los gajes de visitar maravillas como esta :O_o:

 

Compré algunos souvenirs y comí algo en el mercado local de Aguascalientes. Luego de unos deliciosos picarones :P regresé al hostal y me dispuse a descansar. El gringo había vuelto directamente hasta la central hidroeléctrica ese mismo día (pobre de él). Así que al siguiente día quedé de caminar de vuelta con los franceses.

 

La pareja y yo tomamos un desayuno en el mercado y emprendimos la caminata, no sin antes colocar un vendaje en la rodilla de Fabrice (es bueno ir preparado para toda eventualidad de emergencia ;)). Sin tanta prisa, caminamos lento en solidaridad con él y llegamos a la hidroeléctrica en 3 horas. Ahí, me despedí de los franceses (cuyo blog recomiendo leer http://lesvoyagesdekatietfabrice.overblog.com/ a los que sepan francés) y me reencontré con los colombianos para tomar juntos la combi de vuelta a Cuzco.

 

Fue un viaje de 6 horas hacinado en los mismos incómodos asientos y con el mismo imprudente conductor :zsick: Ésta vez me tocó ir sentado junto a un holandés que hablaba muy bien el español y que era fan de la música latina. Se vio muy interesado en conocer todo sobre México, y platicamos a lo largo de todo el viaje. Empezaba a conocer a mucha gente en tan poco tiempo; y era algo que disfrutaba ^_^ Me recomendó dirigirme al lago Titicaca en Bolivia después de dejar Perú. Tomé su consejo bastante en serio.

 

Llegamos a Cuzco a las 9 pm. No tenía ningún plan en absoluto. Jennifer y René se dirigían hacia Puno para después cruzar a Bolivia. Decidí seguir mis instintos y continuar mi aventura con ellos. Volví por mis cosas al hostal y tomamos un taxi a la central de autobuses, donde cogimos el próximo bus a Puno, donde transbordaría a mi siguiente destino, todavía incógnito...

 

Los invito a ver el resto de las fotos del legendario Machu Picchu :big-smil: :

 

 

Mi rumbo a los Incas

No fue fácil tomar una decisión para dejar atrás la ciudad de Lima. Era el único destino que verdaderamente había planeado visitar. De hecho, era mi única parada obligatoria, tanto que su aeropuerto me recibió y me despediría.

 

En principio mis planes apuntaban hacia el norte del subcontinente. Tenía intenciones de visitar a mi amiga Juliana en Bogotá y había recibido una invitación de Freddy, un estudiante colombiano de intercambio, para pasar el fin de año en su natal Santa Martha. Y la verdad que el Caribe colombiano puede tentar a cualquiera. No así, sabía que volar 5 horas hasta las tierras Incas y no visitar Machu Picchu me haría merecedor a un Fail Goal, y sobre todo al reproche de todos mis amigos (y de mí mismo), y fracasaría como viajero del sur.

 

Pensé en la posibilidad de subir hasta Colombia y dejar Machu Picchu como última escala, antes de volver a México. Pero algunas charlas con Karen y un vistazo a mi cuenta de débito me bastaron para enderezar mi decisión. Visitar las icónicas ruinas incas no sería precisamente lo más barato de mi viaje; en cambio, sería una de las cosas que más huecos le haría a mi billetera. En efecto, me dirigí a la milenaria ciudad de Cuzco para después dejar que el viento me llevara consigo a donde mejor conviniera a mi destino.

 

Pronto me di cuenta de que ya no estaba más en México. Investigar los precios de los tickets de bus para Cuzco no fue tan fácil como teclear en un buscador online o una página web de una estación de autobuses. En la ciudad de Lima cada compañía tiene su propia terminal (a excepción de la central norte, donde se aglutinan todas). Por tanto uno debe caminar calle por calle para preguntar por los precios, que pocas veces se muestran en sus sitios web. Por suerte, casi todas las empresas de transporte terrestre se encuentran en el mismo lugar, al este de la vía exprés, entre las estaciones México y Estación Central del metropolitano.

 

Un buen tip para quien visite Perú es que los costos de viaje en bus suelen ser variables. Muchas veces se consiguen boletos mucho más baratos si se compran con bastante antelación. Además, no es lo mismo viajar de día y de noche, o viajar en días hábiles o fin de semana. Y lo mejor, o peor de todo, es que en ocasiones se puede regatear. Por ejemplo, si un bus está a punto de salir y aún no se ha llenado, los vendedores rematan los precios a bajo costo. Uno se puede dar cuenta por los estruendosos gritos de las mujeres que anuncian su salida próxima, y que son ya parte de la atmósfera auditiva de viajar a través del Perú. Lo malo de esto va para los gringos y guiris, a los que por su escaso español o rubia cabellera incrementan los precios, creyéndolos idiotas que soltarán cualquier cantidad de plata por un pasaje.

 

Al ver que las cosas funcionaban algo diferente que en mi país, opté por comprar un día antes el pasaje más barato en la compañía más decente y confiable que pude encontrar, en aras de las advertencias que Karen y Luzmi me habían hecho sobre los accidentes y asaltos en las carreteras (lo cual sinceramente no me preocupaba mucho, después de mi viaje nocturno en Guatemala).

 

Conseguí pagar 80 soles (27 USD) en un bus de la compañía CIVA, empresa que contaba con tres tipos de servicio: Económico, Super y Exclusivo. Por supuesto, escogí el económico. Sabía que me esperaban cerca de 21 horas a bordo sin servicio de wifi, comida, bebidas o asientos cama :ohmy: (lo que sí ofrecía el servicio exclusivo por 100 soles más). Pero estaba dispuesto a sacrificarme un poco por guardar ese dinero que días después de abriría las puertas al famoso recinto sagrado. Después de todo, nada podría ser peor que aquel bus en el que viajé con polleros en Guatemala.

 

Sin más, me despedí de mis couch, prometiendo volver a Lima para finales de enero, fecha en la que Karen me ofreció regresar con ellos.

 

Tomé mi bus un miércoles a la 1:30 pm. A mi equipaje de mano se habían agregado sándwiches de jamón y queso, algunos chocolates, una botella de agua, pastillas para el soroche y hojas de coca. A partir de entonces esas pequeñas hojas fueron mi pan de cada día. Karen me las había recomendado para cuando me diera el soroche o (mal de altura), mientras Luzmila, como si lo que menos quisiera fuera calmarme, me recomendó pastillas :huh: ya que eran más fuertes y efectivas que las hojas.

 

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Hojas de coca, solución andina al mal de altura

 

En fin, desde poco después de partir pude dormir cómodamente, disfrutando de la poca demanda que esa ruta tuvo aquel maravilloso día. No existe nada mejor que tener dos asientos para ti solo. A penas antes del anochecer pude avistar las primeras colinas que anunciaban las curvas de la cordillera más larga del mundo, que estábamos a punto de atravesar.

 

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El tiempo pronto perdió su propia noción, entre las veces que me despertaba y me volvía a acomodar. Entonces pude arrepentirme un poco de no haber pagado algunos soles más por un servicio mejor, en vista de la resistencia que opuso el conductor a encender el aire acondicionado, a pesar de las gotas de sudor que empapaban nuestras camisas durante el día. Pero sobre todo, de sentir nuestras piernas congeladas cuando ascendíamos la cordillera andina a altas horas de la noche :(Más me arrepentí de haber dejado mi saco de dormir dentro del portaequipaje.

 

La primera escala llegó, y todos bajaron a cenar. Comer uno de esos caldos de gallina que me ofrecían en mitad de la carretera no me abría mucho el apetito. Mucho menos después del hedor que el baño del autobús emanaba por el pasillo :zsick: (y que no pretendía utilizar en todo el viaje). Así que mejor sacié mi hambre con un pequeño sándwich y aproveché para orinar en un lugar sin movimiento.

 

En el modesto restaurante de aquella autopista nocturna conocí a Eucebio, un peruano del Callao que resultó ser mi colega de profesión. Viajaba a Cuzco para celebrar su cumpleaños. Luego de una pequeña charla con él, volvimos al bus y seguimos el camino, no sin antes tomar el consejo de Eucebio y mascar mis primeras hojas de coca, para evitar el soroche a la altura a la que estábamos a punto de subir.

 

En mi ciudad (en la costa del Golfo), la gente cree que le dará el mal de altura si visita la Ciudad de México, a unos 2200 metros sobre el nivel del mar. Pero cuando de Perú se trata, hablamos de ligas mayores. En este país se encuentran las ciudades más altas del globo. Basta con mencionar La Rinconada, cerca de la frontera con Bolivia. Se trata de la población permanente más alta del mundo, a 5100 msnm. A los pies de los picos nevados de los Andes, ni siquiera los monjes tibetanos se atreven a establecerse en altitudes tan abruptas :O_o: Y por si el estilo de vida en un clima de esa naturaleza no fuera poco, la mayoría de sus habitantes vive de la extracción de oro (sí, trabajan en minas a esa altura). Por supuesto, las condiciones de salubridad y las esperanzas de vida son todavía muy bajas.

 

Y como si las hojas de coca me hubieran sedado (o drogado, como algunos lo creen por su ya famoso nombre), no desperté en toda la noche. Si bien el frío penetraba hasta mis huesos, parece que mi posición en ambos asientos ayudaba un poco a calentar mi cuerpo, apoyado por la prudencia del resto de los pasajeros que decidieron al fin cerrar sus ventanas para evitar que el gélido viento entrara a la cabina.

 

Desperté cuando paramos a desayunar, donde nuevamente hablé con Eucebio, mientras disfrutaba de mi último sándwich y chocolate. Según él, ya habíamos pasado lo peor, aunque la verdad no sentí dolor alguno a pesar de ser mi primera vez en los montes andinos. Creo que Karen, Luzmila y él me habían asustado más de lo que debían.

 

Apenas algunos metros adelante, el bus se detuvo involuntariamente, debido a un grupo de trabajadores que arreglaban la autopista. Todos comenzaron a desesperarse, y dieron paso a las quejas :wacko: Como sabía que no podía arreglar nada gritando y enfadándome, me senté en una roca a divisar por un momento el río que corría junto a nosotros. No pude evitar comprar un plato de estofado de pollo a una señora que, como ángel, apareció cargando cubetas con comida junto a la larga fila de autos que se aglutinaban esperando poder pasar. El sol de mediodía ya calentaba nuestras cabezas, cuando el embotellamiento se disipó y pudimos al fin avanzar.

 

Llegamos a Cuzco a la 1 pm. Fueron prácticamente 24 horas de viaje (literal, el viaje más lago de mi vida hasta ahora). Eucebio me ofreció buscar hospedaje juntos. Cogimos un bus al centro de la ciudad y comenzamos la búsqueda. Paré antes en un ciber-centro, y revisé mi perfil de Couchsurfing, para saber si algún host de la zona había aceptado mi solicitud. Al verificar que las pocas respuestas recibidas eran negativas, seguimos la caminata hacia la Plaza de Armas. A pesar del cansancio y la carga que llevaba en mi espalda, pude disfrutar de las hacinadas calles de Cuzco.

 

 

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Plaza de Armas de Cuzco

 

A pesar del amor que muchos de los viajeros le toman a esta longeva ciudad, a mi no me enamoró de la misma manera. Desde el momento en que pisé los alrededores de la Plaza de Armas, decenas de agentes turísticos se acercaron a mí para ofrecerme infinidad de tours. Aunque reconozco que es su trabajo y que muchos pueblos del Perú viven de ello, me molesta mucho verme atestado de personas que lo único que buscan es hacer plata conmigo, mucho más que ayudar a un viajero :O_o: Y es algo que, en ocasiones, le quita mucho de su encanto original a un lugar.

 

No obstante, pisar la ciudad de Cuzco era ya para mí, un privilegio :) Fue declarada por la constitución nacional como la capital histórica del país. Es además, la ciudad continuamente habitada más antigua de toda América, al haber sido la capital del milenario imperio Inca y, quizá, la ciudad más importante del Virreinato del Perú del imperio español durante su conquista en el continente. No por nada, la UNESCO la nombró oficialmente Patrimonio de la Humanidad en 1983.

 

Las historias que esta urbe guarda consigo son de por sí magníficas. Son tan impresionantes como las historias que permanecen en la vieja Tenochtitlán (capital de los aztecas que vive ahora bajo la estruendosa Ciudad de México). Un encuentro entre dos mundos distintos, y una guerra de dominación que marca un hito en la cultura e identidad actual del Perú y de todas las tierras hispánicas.

 

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Convento de Santo Domingo

 

Eucebio y yo nos dirigimos al barrio de San Blas, donde nos dijeron que es una zona común de hospedaje para backpackers que buscan economizar (ya que Cuzco es una ciudad por demás turística). Al subir aquella pequeña cuesta detrás de la catedral, anhelando hallar un refugio donde descansar, pude al fin sentir que la altura me mataba. Y no precisamente en mi cabeza, sino en lo agitado que palpitaba mi corazón con tan sólo dar un paso :zsick:3400 metros de altura no era algo a lo que estuviera acostumbrado.

 

Finalmente hallamos una habitación de dos camas por 20 soles cada uno (6.5 USD). Me di una ducha rápida y bajé a la recepción. Eucebio debía verse con sus amigos, así que seguí el día por mi cuenta.

 

A pesar de haber pedido algunos consejos a una amiga mía que ya había visitado la ciudad, y de haber leído algunos foros, no estaba en nada seguro de cuál sería la mejor forma de llegar a Machu Picchu. Todos me ofrecían tours distintos (incluso en el hostal) que no bajaban de los 120 dólares por dos noches. Necesitaba hallar información con alguien que no pensara que mi cara tenía forma de billetera. Decidí salir a caminar para buscar información, mientras me adentraba en las mágicas calles coloniales del centro histórico, que según los arqueólogos, tiene forma de puma.

 

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Catedral de Cuzco

 

Debo decir que los españoles supieron ubicarse en un punto bastante estratégico para comenzar su conquista en el cono sur del continente. Y parece que no repararon en gastos con las edificaciones que alzaron aquí, con mano de obra esclava, claro está.

 

Es una pena que pocos son los vestigios reales del imperio inca que permanecen aún como atractivos. Es el caso de Coricancha, un santuario al dios del sol sobre el que se construyó el Convento de Santo Domingo, sitio con una de las mejores colecciones de pintura de la Escuela Cusqueña (corriente artística que se aprecia en muchas de las iglesias católicas del Perú).

 

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Coricancha con el Convento de Santo Domingo

 

Las imponentes estructuras antiguas del imperio ibérico contrastan a sus pies con las cholitas peruanas que se pasean con sus coloridas vestimentas, sus altos sombreros y sus inseparables y gigantes bolsos en sus espaldas (cuyo contenido siempre ha sido un misterio para mí). Bien cargando una alpaca bebé o un niño bailando, intentan hacer un poco de dinero ofreciendo fotos de ellas mismas a los turistas que, como yo, las observan con curiosidad.

 

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Luego de una serie de preguntas en la oficina de turismo de Cuzco, donde me ofrecían una única posibilidad (pagar el tren de 100 dólares hasta Machu Picchu :ohmy:), regresé un poco decepcionado al hostal, donde acompañé a Eucebio a cenar una hamburguesa Bembo (franquicia peruana que es consumida aún más que Mc Donald’s).

 

Ya de vuelta en el hostal, encontré a una pareja argentina sentados en la recepción, que esperaban la hora de salida de su bus rumbo a Puno: Nico y Rocío. Terminaban apenas una larga jornada por la ciudad y habían ya regresado de Machu Picchu. Habían pagado uno de los tours de 120 dólares, y me contaron su experiencia. Pero Rocío (que estudió una licenciatura en Turismo) me recomendó ir con una agencia al otro día temprano y pagar solamente por el transporte de ida y vuelta, sin hospedaje, comidas ni entrada al recinto. Además, con mi credencial de estudiante podría ahorrarme la mitad del precio de admisión.

 

El chico de la recepción del hostal escuchó nuestra conversación, y me ofreció el transporte por 90 soles (30 USD) de ida y vuelta. Era lo más barato que había encontrado hasta entonces. Además, llegar a Machu Picchu era más complicado de lo que había creído. No había transportes públicos ni sería muy fácil hacer autostop. Y para llegar caminando con el Camino Inca, debía pagar más de 200 USD, además de gastar 4 días en la caminata. Así que no lo dudé por más tiempo y me animé a reservar el lugar para el siguiente día por la mañana, por lo que me fui a dormir temprano para recobrar fuerzas.

 

Agradecí el consejo a Rocío y pedí a ambos sus nombres en facebook para contactarlos si por casualidad me dirigía a Bolivia. Nunca creí que el destino me reuniría de nueva cuenta con ellos dos y pasaría experiencias maravillosas a su lado. Mi verdadera aventura estaba por fin, a punto de comenzar…

Lima la gris: 2° parte

El sábado por la mañana me levanté y todos en el apartamento me felicitaron por mis 23 años :big-grinB: Era ya mi tercer cumpleaños que pasaba fuera de casa; y para ser sincero, me agradaba la idea de estar en otro país para ese entonces.

 

En vista de que Karen y Fabio tuvieron que trabajar, prometieron verme por la noche para celebrar todos juntos. Gentilmente, Luzmila, una de las roomies de Karen, se apiadó de mí y me propuso acompañarme a conocer el centro histórico de Lima.

 

Había hablado muy poco con ella, pero resultó ser una chica encantadora. Pequeña, muy delgada, usaba lentes de armazón, pelo lacio oscuro y una voz que remembraba a los peluches parlantes; de sólo verla daban ganas de apretarle los cachetes y abrazarla como a una muñequita de felpa :rolleyes: Pero más allá de su tierno físico, es una chica muy curiosa e inteligente, que se convirtió en mi mejor guía turístico de la capital peruana.

 

Tomamos el metropolitano (una especie de metrobús) para llegar al centro de la ciudad. Nuestra primera parada fue la Plaza Cívica de Lima. Debo confesar que desde el momento en que salí de la estación subterránea central me sentí de vuelta en los años 60’s (aunque lógicamente nunca los viví).

 

Plaza Cívica de Lima

 

Los edificios modernos que rodean a la plaza me recordaron a las antiguas construcciones de la Universidad Nacional en México, a su vez contrastados por los edificios antiguos que ahora cumplen funciones del gobierno. Es el caso del Palacio de Justicia, que ostenta un estilo clásico, con sus columnas griegas y su tipografía grecolatina.

 

Palacio de Justicia

 

También me llamó la atención el Parque de la Exposición, al sur de la plaza, que luce una serie de edificios clásicos europeos rodeados de frondosos jardines. Pero Luzmila me aconsejó que no entráramos, porque ahora estaba bastante descuidado y, quizá, me llevaría una gran decepción.

 

Para comenzar el tour en ese caluroso día de la primavera austral, quisimos refrescarnos un poco. Así que a Luzmila le pareció buena idea que probara el chupete de aguaje. No es más que una paleta de hielo de aguaje, una fruta proveniente de la selva peruana. Quisiera poder describir el sabor, pero no es nada parecido a lo que haya probado antes. Valdría la pena degustar la fruta por sí sola, ya que ese chupete fue más que delicioso :P

 

Continuamos nuestro recorrido a pie. Esta vez, por supuesto, no olvidé colocarme bloqueador solar en toda mi piel; no pensaba sufrir un minuto más por ese falso domo grisáceo tras el cual parecía ocultarse el sol :mad:

 

Luzmila me condujo al barrio de Quilca. Es un sector de apenas unas cuantas cuadras de ancho, con calles estrechas que dejan ver ancianos edificios todavía habitados. La mayoría de ellos ocupan sus primeras plantas como establecimientos lucrativos de difusión cultural. Hay mercadillos, bazares, tiendas de antigüedades, librerías, cafeterías y todo tipo de comercio donde se pueden encontrar infinidad de curiosidades.

 

Ejemplo de ello es el bazar donde descubrí los discos, revistas y fotografías de los personajes del Chavo del 8, el Chapulín Colorado y el resto de las series del inolvidable Roberto Gómez Bolaños. Hacía poco que Chespirito había muerto en mi país natal, y parecía que al resto de Latinoamérica le dolía más que al propio México :ohmy: En cualquier televisor se transmitían capítulos del Chavo, y en los programas de comedia no tardaron en parodiarlo como forma de homenaje. En fin, parece que Chespirito tocó los corazones de varias partes del mundo con su inmortal chipote chillón <3

 

Iglesia la Recoleta

 

Unas calles al oeste nos topamos con la Iglesia la Recoleta, la única capilla de estilo gótico en Lima. Si bien estoy acostumbrado a las construcciones católicas, el goticismo no es algo con lo que me pueda deleitar todos los días.

 

Volvimos hacia la Plaza de San Martín, donde se yergue una estatua en memoria del libertador sudamericano y Padre de la Patria del Perú. Lo interesante en esta escultura es la dama que se posa debajo del caballo de José de San Martín, quien tiene una llama en su cabeza (literalmente). Algunos edificios del rededor de la plazuela lucen al estilo art nouveau francés, y por algunos instantes uno puede sentir que se ha transportado al otro lado del océano Atlántico.

 

Estatua de José de San Martín

 

Luego de unas fotografías seguimos nuestro camino por el Jirón de la Unión, una de las calles principales del centro del distrito, que después de unas cuadras se convierte en un andador peatonal, orillado por grandes comercios, como restaurantes, casinos y boutiques. Es una calle bastante concurrida, donde involuntariamente uno se ve inmerso en la contienda de empujones colectivos con los demás transeúntes.

 

No tardé mucho en ratificar el juicio que Fabio había manifestado sobre los conductores peruanos: “Ten cuidado, conducen como viven: un poco acelerados”. Ser un peatón en las calles de Lima es casi equiparable a practicar un deporte extremo. Las luces del semáforo no avalan seguridad alguna al que intenta cruzar la calle, y las líneas peatonales suelen ser un simple adorno. El clacson parece no cumplir más su función original; más bien parece la nariz por la que los taxistas respiran en cada esquina en la que divisan a una persona de pie (así no esté haciendo ninguna seña de parada). Los oficiales de tránsito se asemejan más a una estatua viviente que se posa en medio de la avenida con su celular en mano, y que responde con un cortante “ajá” cuando de quejarse de la vialidad se trata.

 

La palpitante vida de esta selva urbana me abrió el apetito a mitad de la tarde. Una mujer con coloridas vestimentas apareció frente a mí, rodeada de personas que comían a sus faldas. No dudé en comprarle un tamal, típico alimento latinoamericano hecho a base de maíz. Aunque el sabor y textura es bastante parecido al de México, su color amarillo, su relleno de aceituna y su guarnición de cebolla morada con perejil y limón le dieron el toque extranjero que necesitaba.

 

Tamal peruano :D

 

Llegamos a la Plaza Mayor, donde está el Palacio de Gobierno del Perú y la Catedral de la Ciudad. Ahí nos vimos con Paul, un amigo de Luzmila. Juntos visitamos el Convento de San Francisco. No es nada muy alejado de cualquier otro convento de misioneros católicos en América. Pero su atractivo está en las catacumbas, una serie de tumbas en el sótano de la Basílica donde, además de sacerdotes y monjes franciscanos, se enterraron los cuerpos de indios de la zona (lo cual no fue nada común en los tiempos de la colonia). Un montón de huesos y lúgubres pasillos por los que ahora se pasean los turistas.

 

Convento de San Francisco

 

Para finalizar la jornada, y como algo que no sorprende a nadie que viva en este mundo globalizado, visitamos el barrio chino de Lima. Al principio no fue nada nuevo para mí. Pero un par de charlas con Luz y Paul me sirvieron para darme cuenta de la enorme influencia que los inmigrantes chinos trajeron a este país. Y para ello bastó ir a comer a un chifa (forma en que se denomina en Perú a un restaurante chino-peruano).

 

Luzmi y Paul me llevaron a un chifa para probar la gastronomía peruana, que para mí parecía más comida china. Al final entendí que es sólo una fusión de la comida local con ingredientes, texturas y estilos del país oriental.

 

Lomo saltado

 

El arroz chaufa es el platillo más famoso. Cocido con jengibre y salteado en una sartén honda con trozos de huevo, se puede servir con pollo, carne o variedad de ingredientes, y su precio va desde los 7 hasta los 15 soles. Es una buena y sabrosa forma de llenar el estómago. También probamos el lomo saltado, la chicha morada (bebida de maíz negro fermentado) y por supuesto, la Inca Kola, la gaseosa más consumida en todo Perú (sí, incluso más que la misma Coca Cola). Sé que muchos peruanos están muy orgullosos de su producto local, pero mi humilde opinión es que la Inca Kola sabe a goma de mascar. Luego de unos cuantos vasos, su dulzura empalagó mi paladar, cual chicle saborizado.

 

Inca Kola :P la gaseosa peruana por excelencia

 

Los chifas son sabrosas opciones a lo largo de todo el Perú, pero no por ello las más baratas. Recomiendo también comprar en fondas de comida corrida, mercados y con vendedores ambulantes. Nada que un buen estómago mexicano no pueda resistir.

 

Por la noche volvimos a casa, donde Fabio y Karen me esperaban para celebrar. Nos citamos con Dane y su couch Maya, para ir juntos a la playa y tomar unas cervezas. En vista del alto precio que Dane y yo nos vimos obligados a pagar la noche anterior por un pisco sour, decidimos hacer algo más barato para mi cumpleaños. Pasamos la noche sentados junto al mar, con botellas de cervezas y conversaciones bilingües (Dane no hablaba español y Fabio no hablaba inglés). Es quizá una de las cosas más bonitas de viajar: disfrutar las eventualidades que nunca planeaste.

 

Celebrando mi cumpleaños con nuevos couchsurfers

Con mis nuevos amigos celebrando mi cumpleaños 23

 

Al próximo día me sorprendí al pararme al baño por la mañana y ver a Fabio con su maleta en la espalda. Se preparaba para dejar Lima. Su permiso en Perú vencía en pocos días y debía salir si no quería pagar varios dólares de multa. Fue un momento bastante triste y nos tomó a todos por sorpresa, incluso a mí, que llevaba apenas 3 días en el apartamento. Sin más, me despedí de él, esperando volverlo a ver en Ecuador, su próximo destino. Son las cosas a las que uno se debe acostumbrar cuando viaja. Decir adiós, es el pan de cada día.

 

Como parte de mis viajes, el intercambio cultural y culinario es una pieza muy valiosa. Así que un día decidí ir al mercado de Barranco y comprar los ingredientes necesarios para cocinar chilaquiles para mis amables anfitriones.

 

Se trata de trozos de tortilla de maíz fritos (mejor conocidos como nachos, o totopos en México) bañados en salsa de tomate verde o rojo, y revueltas con pollo despicado. Se sirve con queso blanco y cebolla encima. Por supuesto, la salsa lleva chile, o como lo llaman en Sudamérica, ají.

 

Intenté cocinar la salsa no tan picante, para el mejor deleite de mis amigos. Pero al parecer mis papilas gustativas han perdido parte de su sensibilidad al picor. Y con sólo dos ajíes lima que encontré en el mercado, Karen y sus roomies comenzaron a sudar, diciéndome “esto está muy rico”, mientras la tez de sus caras se teñía de rojo.

 

Una noche Paul y Luzmila me llevaron al centro comercial Larco Mar para probar el ceviche peruano, quizá el platillo más famoso del Perú. Su sabor no era muy distinto al que probé en México, pero la forma de comerlo cambiaba drásticamente. El ceviche se sirve con granos de maíz y un trozo de camote al lado, y se acompaña por canchitas (granos de choclo tostados con sal), a diferencia de México, donde se acompaña de galletas saladas. Sin embargo, pude deleitarme bastante con el manjar, que acompañado por una cerveza cusqueña, fue la mejor combinación para la noche.

 

Ceviche mixto peruano

 

Otro de mis platillos preferidos fue la papa a la huancaína, que saboreé en una feria de Barranco. Se trata de papa blanca cocida y servida en rebanadas sobre una hoja de lechuga y bañada en una salsa huancaína (de la provincia de Huancayo). Nunca intenté hacer la salsa, pero básicamente consiste en queso, leche, aceite y ají amarillo, lo que le da ese color anaranjado.

 

Papa ala huancaína

 

La gastronomía peruana es inmensamente variada y deliciosa, aunque no pude probar todas sus maravillas. Pero lo que nunca me atreví a probar fue la leche de tigre, que es prácticamente el jugo de limón en el que se coce el ceviche (y servido como una bebida); el cuy, un roedor oriundo de los andes que se sirve asado y entero (se pueden ver sus dientes y sus ojos, tal y como estaba cuando lo mataron); ni el anticucho, que es el corazón de la res servido en una vara.

 

No obstante, recomiendo al visitante en Perú degustar, aparte de los mencionados arriba, platillos como la causa, el pollo a la brasa, el wantan frito con tamarindo, la alpaca, el chupe de camarón, el ají de gallina, el rocoto relleno y los picarones.

 

Mi penúltimo día en la capital lo pasé con Wesley y Lionel, un gringo y un limeño que conocí por Couchsurfing. Con Lionel como guía, recorrimos la costa desde Barranco hasta el distrito de Chorrillos, al sur de la ciudad.

 

Vista de Lima desde Chorrillos

 

La costa de Chorrillos es un lugar de pescadores, donde se amotinan las gaviotas y pelícanos a pelear por el pescado que sobra del mercado. El olor es insoportable, pero común para los trabajadores. No obstante, desde aquí tuvimos vistas increíbles de todo el circuito de playas.

 

Seguimos adelante y subimos la colina que domina el sur de Lima, donde se posa una cruz gigante y una estatua de Cristo, que simula al del cerro del Corcovado en Río de Janeiro. Desde lo alto se tiene una panorámica de toda la metrópoli, desde la provincia del Callao hasta la carretera Panamericana hacia Lurín.

 

En la punta del cerro de Chorrillos

 

El paisaje de acantilados escarpados de roca desértica es increíble, y es usual a lo largo de toda la costa del Pacífico en Sudamérica, desde el norte de Perú hasta el centro de Chile. A pesar del abrasador sol veraniego, los vientos que azotan en lo alto suelen ser fríos, en principio gracias a la corriente marina de Humboldt, que viaja desde las aguas antárticas.

 

Vista de la costa del sur limeño

 

Detrás del cerro pudimos observar otra de las caras de Lima. No muy lejos de las grandes y lujosas casas de la frontera entre Chorrillos y Barranco, se hacinaban unas cuantas humildes viviendas en las laderas rocosas del monte.

 

Favelas limeñas en Chorrillos

 

Al sentir nuestra piel quemada por el sol, descendimos nuevamente al mar y regresamos a Barranco, donde me despedí de mis dos nuevos amigos, quienes tomaron su colectivo de vuelta a casa.

 

Luego de una estadía de unos 5 días en la capital y de hesitar sobre mi siguiente destino, decidí comprar mi boleto de bus hacia Cuzco, la capital imperial de los Incas, y principal destino turístico desde donde podría visitar el ícono sudamericano: Machu Picchu.

 

Karen y Luzmila me dieron muchas recomendaciones sobre cómo cuidarme en el Perú, cuál era la compañía de buses con menos accidentes o asaltos, qué hacer si me daba el soroche (o mal de altura)… Así que partí de Lima con un vacío emocional, que a la vez me daba una extraña sensación de alegría, al no saber cuál sería mi ruta a seguir y sin nadie que me acompañara en mi solitaria travesía.

 

Pueden ver el resto de las fotos de Lima “la gris” en el siguiente álbum, y manténganse al pendiente de la próxima entrada de este viaje por el valle de los Incas.

 

 

Lima la gris: 1° parte

Ha llegado el momento de iniciar la recapitulación de mi viaje por las tierras andinas del sur. En un intento por acercarme un poco más a la cultura latinoamericana y crear nuevos vínculos con la sangre mestiza de la que soy producto, decidí dejar México por unos meses desde el pasado diciembre para celebrar el final de mi vida como estudiante (aunque considero que eternamente seré uno en esta humanidad).

 

Si bien a lo largo de mi carrera universitaria mis profesores me instruyeron a crear objetivos y repetitivamente visualizar la misión y las metas de las comunidades en el campo laboral, esta vez decidí partir un poco más a la aventura, y dejé que el destino hiciera lo suyo conmigo. De tal suerte que mi único objetivo fijo sería sobrevivir esos dos meses en Sudamérica con el recortado presupuesto del que disponía… y así lo hice :)

 

No obstante, por supuesto que debí fijar mi punto de llegada y de retorno, siendo Lima el destino elegido. Para ser honesto, no fue por su apertura al turismo ni por su estilo de vida, sino porque fue el precio más barato que pude conseguir a un mes previo de arrancar mi travesía.

 

A pesar de mi experiencia en este tipo de viajes, no quise inmiscuirme mucho en lo que internet y las guías de LonelyPlanet pudieran aseverar sobre esta populosa capital. Más bien, quise dejar que me sorprendiera por sí misma. Un año antes había experimentado ya el Síndrome de París, aquel trastorno bautizado por los japoneses, donde la desilusión es uno de los varios síntomas que asaltan la mente del individuo que visita un destino que no cumple las expectativas, al comparar sus imágenes previas con la dura realidad de la ciudad, lo que suele ocurrir en destinos demasiado famosos y vendidos, como París, Londres, Nueva York o las pirámides de Giza.

 

De esta forma, mi único y primer contacto con la ciudad fueron las solicitudes de Couchsurfing que envié anticipadamente, de las cuales unas 5 fueron aceptadas, más algunas otras invitaciones que recibí por parte de los locales para alojarme con ellos :rolleyes: Fue desde aquel momento que pude percibir la encantadora hospitalidad de los peruanos. Más tuve que tomar una decisión, y accedí a quedarme con Karen, decisión de la que afortunadamente no me arrepentiría.

 

Primero que nada debo recomendar algo: nunca, pero jamás, decidan emborracharse antes de tomar un vuelo :zsick: Suena lógico, porque incluso se corre el peligro de que le nieguen a uno el abordaje al avión. Pero, prudentemente, a mis amigos y a mí se nos ocurrió hacer una de nuestras últimas reuniones como universitarios en casa de una compañera, ya que posteriormente muchos de ellos regresarían a sus ciudades para siempre y yo, entonces, me ausentaría por dos meses.

 

La cerveza, el ron y los drinking games fueron nuestros acompañantes por aquellas horas que después me harían falta reponer a bordo del Boeing 737 :wacko: Pero unos buenos chilaquiles picantes como desayuno, un café y unos chicles fueron mis mejores ayudantes para enfrentarme al control de seguridad del Aeropuerto Heriberto Jara de Veracruz y al Benito Juárez de la Ciudad de México.

 

Luego de intentar reponer el desvelo de la noche anterior durante las 5 horas de vuelo y de muchos vasos de café que seguramente hartaron a la azafata, arribé a la ciudad de Lima cerca de las 10 de la noche de un jueves.

 

Karen me había dado ya la dirección y referencias de su apartamento, que se encontraba en el otro extremo de la ciudad. Sabía que era un poco arriesgado tomar transporte público a esa hora, así que cambié los pocos dólares que cargaba en efectivo a nuevos soles peruanos, para intentar pagar un taxi que me llevara a mi destino.

 

Como si usar una bermuda y botines, cargar una mochila y una tienda de campaña fueran sinónimos de guiri (españolismo que refiere al turista europeo, rubio y rico), los taxistas comenzaron a hablarme en inglés. Vamos dije — hablo español, no soy gringo :huh:

 

Entonces, dio inicio mi odisea del regateo. Karen me había dicho que 40 soles (14 USD) era el precio máximo que debía pagar en un taxi hasta su casa. Claro, me lo decía una mujer peruana ¿Qué pasa con el mexicano que viaja solo? Parecía que no podía bajar de 65 soles :O_o:

 

Traté de alejarme un poco de los autos aparcados en la puerta principal, y un taxista me ofreció llevarme por 45 soles. Me mostró su credencial de acreditación y me dijo “ven, mi taxi está por acá”. Cuando nos habíamos alejado lo suficiente como para que yo empezara a preocuparme, le dije “perdone, tengo sed. Iré a comprar un agua”. Aproveché para perderlo y buscar otra opción que me diera más confianza.

 

Al final, la verdad triunfó sobre la mentira, y dije a un taxista que sólo tenía 50 soles en efectivo (lo cual era cierto). Accedió a llevarme por tal precio. Y por si tenía mis dudas, sacó su GPS y habló por teléfono con Karen para asegurarse de que efectivamente entrara al edificio sin problemas, y para cuidarme de que nadie me robara. Me sentí muy alivianado ;) y me despreocupé de las advertencias que había recibido (no por ello había que menospreciarlas).

 

Karen me recibió con un buen guiso de trigo y con una cálida plática con su novio argentino Fabio, que entonces se encontraba marcando en un mapa los lugares de origen de los couchsurfers que habían recibido en aquel lindo apartamento. Nos fuimos a tomar nuestro merecido descanso, pasando así mi primera noche en un colchón inflable con quien se convertiría en mi nuevo roomie: Tequila, un gatito cachorro muy inquieto.

 

Tequila, mi compañero de cuarto en Lima

 

Al siguiente día Karen se fue a trabajar, y Fabio (que también había llegado como un couchsurfer) me acompañó a dar mi primer tour por la ciudad.

 

El apartamento de Karen está muy bien ubicado, en lo que a mí respecta, en una de las mejores zonas de Lima. Y no por ser una zona excesivamente cara o llena de gente posera y adinerada. Me refiero al distrito de Barranco. Desde que llegué, lo bauticé como “El Coyoacán de Lima”, siendo Coyoacán la zona más bohemia de la Ciudad de México.

 

Casona antigua en Barranco

 

Barranco, ubicada al sur de la capital, es un barrio no muy grande, cuyas casonas de estilo europeo que datan del siglo XIX adornan las calles que se atestan de locales y visitantes en busca del romanticismo y el ambiente bohemio característico de su esencia. Hostales, restaurantes, fondas, discotecas, bares, mercadillos, vendedores ambulantes, hippies y artesanos, artistas callejeros, surfistas camino a la playa… todo un conjunto más que ordinario que forma una de las mejores áreas de la urbe para relajarse y conocer la otra cara de la capital.

 

Vista de Barranco

 

Cuando en México estaba a punto de comenzar el invierno (que no suele ser frío en mi ciudad), en Perú y el cono sur casi finalizaba la primavera. El clima era bastante agradable ese día. Cálido, con un viento gentil que soplaba desde el mar y dejaba refrescar las gotas de sudor que resbalaban por mi frente.

 

Al llegar a la costa escarpada que iconiza la costa pacífica sudamericana, Fabio me ofreció sentarnos en el césped para disfrutar de un mate, que como buen argentino siempre cargaba consigo. Me contó que Lima era apodada “Lima la gris”, y pronto descubrí por qué.

 

"Lima la gris"

 

La vista desde aquel acantilado dejaba ver a una Lima cubierta por una extraña bruma grisácea, que difuminaba por completo el horizonte en el eterno océano Pacífico y en el contiguo barrio de Miraflores. Pero la sensación era muy extraña. No se parecía nada a las neblinas frías típicas de la montaña o del invierno. De hecho, la ciudad se asienta en el desierto costero del oeste central sudamericano. El calor árido se dejaba sentir, sobre todo en mis labios, que comenzaron a escarpar pequeñas grietas en su superficie rosada. Pero al mismo tiempo, la humedad (según algunos de casi 100%) colocaba ese domo perpetuo que no dejaba ver el sol ni las nubes de forma nítida.

 

Era muy extraño para mí :huh: Estoy acostumbrado a la alta humedad de Veracruz (de un 80% aprox.), que en una zona tropical hace que nuestros poros suden al por mayor. Pero la combinación de una humedad tan alta en un clima desértico era algo simplemente inexplicable para mí. Y si además de todo esto, sumamos la presencia de la corriente marina de Humboldt en las aguas que bañan sus playas y que las templan a temperaturas congelantes y la completa escasez de lluvias (realmente nunca llueve) nos referimos a un microclima extremadamente peculiar.

 

Entrada al distrito de Miraflores

 

Luego de unas galletas y de un mate semiamargo (después de un tiempo le agarré el gusto), seguimos nuestro camino por la costa limeña. Cruzamos entonces al distrito de Miraflores. Dicho barrio es conocido por ser el más moderno y costoso de la ciudad. Es el hogar de embajadas, inversionistas, grandes hoteles, restaurantes, centros comerciales, casinos y la mayoría de los residentes extranjeros. Es todo lo que nadie imaginaría al pensar en la imagen estereotípica del Perú.

 

Si bien algo me sorprendió, era mirar la interminable cantidad de casinos que se amotinan en la capital peruana, especialmente en Miraflores y el distrito de San Borja. Unos conocidos me dijeron que se trataba de estrategias de lavado de dinero :O_o: pero no puedo ni quiero profundizar en el tema.

 

Centro Comercial Larco Mar

 

Recorrimos la avenida principal de Miraflores, la calle General Larco, hasta el famoso óvalo de Miraflores, donde está el Parque Kennedy, famosos por los gatos que lo visitan (así es, hay muchos gatos). Una vez aquí, dimos vuelta y regresamos al apartamento.

 

Fueron cerca de 5 horas de caminata y escalas para avistar la ciudad, incluyendo las paradas a tomar fotos y comernos una banana para matar el hambre. Me sentía muy bien para ser mi primer día fuera de México, pero Lima me tenía una sorpresa preparada.

 

Cuando volvimos a casa y después de una merecida ducha, me miré al espejo… ¡toda mi piel era roja! :mad: Mi cara, mis brazos, mis hombros, mis piernas. De verdad que parecía un turista novato. Pero vaya que Lima me hizo su mala jugada.

 

Antes de salir de casa miré por la ventana, el cielo parecía nublado. No había un calor excesivo, así que decidí no ponerme bloqueador solar. Pregunté a Fabio si debía, y me dijo que no habría problema, que él caminaba todos los días para vender fotos y no le había pasado nada. Desde aquel momento debí advertir lo que me pasaría, pues la piel de Fabio estaba curtida en tonos rojizos.

 

Los aparentemente nulos rayos del sol que caían sobre mi piel no me hicieron sentir quemaduras en ningún momento. Pero entonces aprendí a no confiar en el clima de aquel domo gigantesco bajo el que estaba parado :wacko:

 

Por la noche, ya con el ardor y con crema humectante en mi piel para aliviarlo, me reuní con Dane, un chico inglés que conocí por Couchsurfing. Él recién había llegado a Perú tres días antes, y se estaba hospedando con otra limeña en el distrito de San Borja.

 

Me invitó a un bar en Barranco, el bar Ayahuasca (cuyo nombre hace referencia a una bebida originalmente medicinal hecha de plantas de la selva peruana, y que se ha convertido en una droga alucinógena muy famosa, rodeada por rituales especiales). Cuando Dane me mandó un mensaje a mi celular diciéndome dónde estaba, se me hizo muy fácil contestar “I’ll be there in a minute”. Sin pensar en que de verdad él creería que estaría ahí en 1 minuto exacto, tardé poco más de media hora. Por supuesto, quedé como el típico mexicano impuntual :unsure:

 

Me uní a él y sus amigos: Maya (su host), una chica de Bélgica y Jennifer, una gringa muy parlanchina. Todos eran muy chéveres, y juntos bebimos por primera vez un pisco sour, la bebida más famosa del Perú :P hecha del licor pisco y un huevo batido, esencialmente.

 

A las 12:00 am de esa noche era mi cumpleaños número 23, y tras las felicitaciones de los presentes llegó mi primer regalo: la cuenta. 21 soles por un pisco sour (7 USD). Demasiado caro para ser Perú :crying: Por supuesto, nunca volví a ese bar…

 

Dejo el link con la primera parte de las fotos de esta increíble ciudad :big-grinB: y esperen al próximo relato para conocer más de mis vivencias en “Lima la gris”:

 

 

Ahora que he finalizado de contar mis viajes por mi país y la estrepitosa Guatemala, por fin he regresado a México después de dos meses por el sur del continente americano. Con un repertorio de carpetas llenas de fotos en mi ordenador, un diario de viaje al full y un diccionario personal de expresiones de la lengua española, quizá sea el momento de un break.

 

Así que antes de comenzar a relatar mis recorridos por tierras andinas y mis seis meses de estadía en el viejo continente, platicaré un poco sobre algunas de las típicas dudas que inquietan a muchos de los que me ven partir de repente, sin saber qué se esconde detrás de cada foto posteada en facebook, o de cada vaso de shot que forma parte de mi colección de souvenirs.

 

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¿A DÓNDE VOY?

 

Una de las preguntas que muchos de mis conocidos me hacen es ¿cómo decides a dónde viajar, habiendo tantos destinos en el mundo?

 

Si bien es cierto que la primera vez fuera del país es todo un enigma repleto de sombras e incertidumbre, es bueno dejarse llevar por las circunstancias. Quizá un viejo amigo te invite a un tour de 7 días por el Caribe para navidades; quizá toque visitar a la familia en Ontario, o simplemente cruzar la frontera para comprar ropa nueva en McAllen.

 

Sea cual sea la situación, lo importante es dar el primer paso: decir que sí. En mi caso, yo cumplía con los requisitos para realizar una estancia de movilidad estudiantil en el extranjero después de mi semestre en la capital. Con más de 20 países como opción, aposté por España, pues había hecho amigos españoles en México.

 

Pero es un caso muy particular. Lo más importante es tomar la decisión de salir y dejarse llevar un poco por ese impulso interno de lo desconocido, y por supuesto, aprovechar cualquier oportunidad que se presente :)

 

Es verdad que existen destinos must go, que se han incubado en nuestra mente desde años atrás, y que no queremos morir sin algún día visitarlos. Es el caso de París, Nueva York, la Muralla China o Machu Picchu. Pero nunca hay que olvidar que cada rincón del mundo tiene un encanto diferente, que a veces puede cautivarnos más que la misma Torre Eiffel. Así que no debemos menospreciar esa escapada de un fin de semana a un pueblo cuyo nombre nadie conoce, a la cascada a la que no llega la ruta de asfalto o al sitio que no aparece en el mapa.

 

Y como una de esas decisiones poco meditadas, desde el verano pasado comencé a ahorrar con la única intención de hacer un viaje al sur durante el invierno (el verano austral) para celebrar de una forma distinta mi graduación de la universidad, que según mis cuentas se cumpliría a principios de diciembre. Y decidí ir al sur porque sería verano; después de viajar durante el invierno europeo necesitaba climas cálidos.

 

No tenía muchos planes, pero en mi mente se bosquejaba la idea de visitar Brasil. Incluso, se los comenté a varios amigos, y muchos deseaban sumarse a mi aventura… al final, todo boceto se desdibujó por sí solo. Los vuelos que había cotizado a Río de Janeiro subieron de precio súbitamente. Probablemente esperé a que el tiempo hiciera lo suyo en las aerolíneas de menor costo :O_o:

 

Pero si bien, esperar la confirmación de mis amigos o una repentina oferta online no fue la mejor idea, las cosas suelen suceder por algo. Y es que el bajo presupuesto que junté para finales de año no me permitiría permanecer más de un mes en la inmensidad del país carioca. Así que después de una exhaustiva cotización en la red, el destino elegido fue Lima, Perú, con un vuelo redondo en un plazo de dos meses por el que pagué 600 dólares. Después de eso, ya nadie, sino el propio destino, podría decidir el futuro de mi aventura.

 

Lo principal, es no dejarse asustar cuando los planes se van abajo; es más, es recomendable no planear las cosas tan profundamente. Decir: voy a viajar en ese mes que tengo libre puede ser más que suficiente. Y así, no importará en qué parte del mundo estés, mientras estés fuera de casa durante ese mes, entonces tu plan se cumplirá :)

 

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¿CÓMO ENCUENTRO EL VUELO MÁS BARATO?

 

Lamentablemente no existe una fórmula mágica para coger el precio más barato en las aerolíneas, pero he aquí algunos tips que el tiempo me ha enseñado:

 

Si siempre buscamos precios desde la misma computadora (con la misma dirección IP) las páginas de las aerolíneas lo sabrán, y siempre nos mostrarán los precios más altos. Lo mejor es checar los precios desde distintos ordenadores de vez en cuando, para compararlos entre sí.

 

También, los sitios web guardarán los datos del historial de revisiones cada vez que entremos a checar los precios. Lo mejor es abrir una ventana de incógnito en nuestro navegador; de esta forma, la computadora no recordará nada de nuestra última visita a la página y nos tratarán como un nuevo cliente.

 

Se dice que las aerolíneas muestran los precios más altos a los clientes que residen regularmente en la ciudad de origen o destino del vuelo. Así, si nosotros vivimos en México y revisamos el itinerario México DF. – Bogotá, nos mostrarán el precio más alto. Pero si vivimos y revisamos el precio de esta misma ruta desde la ciudad de Buenos Aires, el precio podría ser más bajo. Los hackers y expertos en computación conocen formas de engañar a tu navegador y hacerle creer que estás en otra parte del mundo. Parece que cambian temporalmente la dirección IP del ordenador. Valdría la pena pedir ayuda a alguno de ellos, pues ésta sería una forma perfecta para cotizar vuelos online.

 

Lo mejor es comprar el vuelo con al menos dos meses de antelación. Aproximadamente dos semanas antes los precios pueden comenzar a subir mucho. Aunque hay veces en que, si el vuelo no se llena, las aerolíneas rematan los asientos a precios muy bajos. Pero no recomiendo esperar mucho, es más probable que suban a que bajen.

 

Por último, los buscadores como Despegar y Skyscanner tienen la opción de crear una cuenta y poner una alerta de vuelo; de esta forma, la página te avisa con un correo electrónico cuando surja un precio barato al destino que elegiste, sea cual sea la aerolínea.

 

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¿CÓMO AHORRO, CUÁNTO DINERO NECESITO?

 

Hay quienes piensan que viajar es muy caro. Pero se imaginan a sí mismos en una piscina de un hotel con vista al mar sosteniendo una margarita. Por otro lado, hay quienes creen que un mochilero viaja sin dinero, viviendo todo el tiempo de la caridad humana y de lo que la naturaleza le brinda. Ambos están equivocados.

 

Hay dos formas de empezar: primero decidir el destino, investigar sobre el coste de vida del lugar y con base en el tiempo de estadía estimar un presupuesto para el viaje. Y la otra es simplemente ahorrar hasta que ya no queramos (o podamos) más, y con base en ese dinero elegir nuestro destino y el tiempo de viaje. Nunca se gastará lo mismo en Perú que en Noruega, por ejemplo.

 

Para ahorrar no hay mejor fórmula que eliminar los lujos innecesarios. Y es aquí cuando uno debe puntualizar qué es necesario y qué no lo es. No es necesario ir al cine, a la discoteca o a un restaurante costoso cada fin de semana. Cambiar estos planes por una simple comida en casa con los amigos y una cerveza en la playa puede ahorrar más de lo que uno cree. Pero claro, no podemos dejar de gastar en comida, la renta de la casa o los impuestos :big-smil:

 

Otra forma, muy usual en los viajeros actuales, es comenzar a vender las cosas que ya no se necesitan. Esa lavadora antigua, esa licuadora que ya nadie usa o ese teléfono móvil que reemplazaste pueden generar un ingreso extra.

 

No existe un presupuesto fijo. He conocido personas que viajaban con 100 dólares al mes (hacían autostop, dormían en carpa y comían frutas y verduras), así como he conocido quienes lo hacían con más de 1000. En lo personal, he logrado viajar con poco menos de 500 dólares al mes. Todo depende del estilo del viaje.

 

A pesar de lo mucho que se puede ahorrar hoy en día, siempre se necesitará al menos un poco de dinero en el bolsillo; así que no crean los cuentos hippies de que el mochilero no carga un centavo :huh: Siempre será necesario un pasaporte, pagar impuestos en el país destino, usar transporte público y, al menos, el derecho a un baño.

 

HOSPEDAJE

 

Debemos definir nuestras prioridades. Si nuestra prioridad es la comodidad, y se buscan unas vacaciones relajadas sin mucho esfuerzo, entonces seguramente nos convendrá alojarnos en un hotel. Pero si nuestra prioridad es conocer lo que más podamos y ahorrar para hacer más con menos, entonces un techo con cama y baño es más que suficiente.

 

En toda ciudad del mundo hay una oferta variada de alojamientos. Lo único que nos debe preocupar es si el destino que visitamos es muy concurrido o no, y si es necesario entonces reservar con antelación. No es lo mismo llegar al pueblo olvidado de dios, donde ningún turista llega y siempre habrá una habitación disponible, que llegar a Cancún durante las vacaciones de verano y encontrar todo lleno.

 

Para reservar cualquier tipo de hospedaje (hotel, hostal, apartamento, camping…) existen muchas páginas web muy funcionales; las más conocidas son Hostelworld y Booking, pero cualquier buscador es bueno.

 

Existen formas mucho más económicas, pero que representan un esfuerzo mayor. Una de ellas es, por supuesto, hacer carpa.

 

Hay que tomar en cuenta que no en cualquier sitio se permite acampar. Hay países donde es más fácil que en otros. Argentina, por ejemplo, es muy amigable con los campings. Pero habrá sitios donde represente un peligro, como las carreteras de Centroamérica. En algunos simplemente habrá un policía que te corra, como en playas públicas de las ciudades. En cambio en los pueblos pequeños será difícil hallar problemas. Sea como sea, cargar una tienda de campaña siempre nos ahorrará algunos dólares en las situaciones adecuadas, donde el clima y la gente lo permitan. Además, no existe nada más mágico que dormir bajo las estrellas ^_^

 

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Una nueva forma de alojarse que ha sido posible gracias a las nuevas tecnologías es Couchsurfing. Se trata de una red social de huéspedes alrededor del mundo. La red no es lucrativa, por lo que los hosters regularmente no esperan nada a cambio, sólo una sonrisa, una buena plática y, quizá, una cena de su lugar de origen.

 

Personalmente me he vuelto adicto :P pues representa mucho más que un simple hotel gratis. Es la manera perfecta de conocer gente de todo el mundo, practicar idiomas y verse rodeado de la verdadera cultura local, al estar alejado de cualquier tipo de venta turística. Un restaurante en un hotel de Madrid no se compara con la comida que cocina una persona común y corriente en una casa de clase media.

 

Por supuesto, todo tiene sus sacrificios (aunque yo le veo más pros que contras). Al estar alojado con una persona prácticamente desconocida, no se pueden esperar lujos (aunque en algunas situaciones, los hay). No se sabe con exactitud cómo es la casa, cómo es el barrio donde se ubica, cómo es la cama o el sofá donde dormirás. Además, uno se debe adecuar a los horarios de escuela/trabajo de los hosters. No es un hotel donde se puede entrar y salir a toda hora, y donde se puede hacer lo que quiera. Siempre se estará en una casa ajena, y por ello merece nuestro respeto. Pero todo tiene su encanto; pasar al modo de vida de un local le hace a uno sentirse realmente en ese lugar.

 

COMIDA

 

Si nuestro objetivo es ahorrar, no se puede esperar un desayuno continental todos los días. Lo más recomendable es mantenerse alejado de los restaurantes turísticos, que pueden cobrar más de 10 dólares por un menú :wacko: En algunas ciudades (sobre todo en Latinoamérica y Asia) se pueden encontrar mercados locales y comida de calle, donde un menú puede rondar los 3 dólares.

 

A mucha gente le asustan este tipo de platillos, pues los ven poco higiénicos y no saludables. Pero cabe echar un pequeño vistazo a las medidas de sanidad del sitio. No todos los puestos del mercado están sucios, aunque lo parezcan. Además, para mí, la comida casera de mercados siempre es más rica que la de los restaurantes.

Cuando se tenga acceso a una cocina en un hostal o en casa de alguien, vale la pena cocinar. Comprar algunos vegetales o carne en el mercado siempre será más barato que una comida hecha.

 

Hay que hacer sacrificios, y algunos días nuestro desayuno puede componerse sólo de una banana y un vaso de agua, y comeremos verduras crudas para el almuerzo. Pero lo importante es estar bien alimentado e hidratado. Es mejor tener una zanahoria cruda en el estómago que una bolsa de frituras y una gaseosa. No es nada bueno enfermarse durante un viaje, así que nuestra prioridad siempre debe ser la salud. La pasta y el arroz son imprescindibles para el viajero.

 

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¿EN QUÉ VIAJO?

 

Hay países donde la industria del transporte está muy monopolizada, y hay pocas compañías de bus o tren que ofrecen precios muy altos, como México o España. No obstante, el bus siempre suele ser la opción más barata.

 

En algunos países las aerolíneas lowcost ofrecen vuelos a precios muy baratos, incluso más que los transportes terrestres. Es el caso de Europa, donde Ryanair, EasyJet y Vueling ofrecen vuelos desde 15 euros el viaje sencillo. Así que nunca hay que quitar la vista de las páginas web de las aerolíneas; las ofertas salen de repente y más vale estar ahí para aprovecharlas :rolleyes:

 

Hacer autostop es, por ende, la opción más barata. Pero hay que ser muy perseverantes con ello. Así mismo, se debe tomar en cuenta la confianza que las personas puedan tener en los desconocidos, depende del lugar donde se esté parado. Así, Argentina es muy amigable con el hitchhiker, pero en España es casi imposible.

 

Si se decide por esta forma de viaje, desde mi experiencia recomiendo lo siguiente:

  • Lucir presentable. Se tienen muchas más probabilidades de que alguien nos recoja si estamos bañaditos y con ropa limpia a si nuestra facha se asemeja más a la de un indigente (con todo respeto).
  • Sonreír. Pasar horas bajo el sol en la carretera puede ser desesperante, y eso nos pone de mal humor. No obstante, no debemos olvidar que el conductor no sabe eso, y si queremos que nos recoja más nos vale sonreír y hacer parecer que todo es bonito en nuestra mente.
  • Hacer alguna gracia. Es válido pararse junto a la ruta y alzar el dedo. Pero si además de eso tenemos puesta una nariz de payaso, hacemos malabares, mostramos un letrero con un mensaje chistoso o simplemente bailamos, contagiaremos al conductor con una sonrisa y será más probable que pare por nosotros.
  • Estar acompañado de una mujer. Seamos sinceros, las mujeres tienen un poder seductor :O_o:

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¿QUÉ MÁS NECESITO?

 

Sin duda lo primero es tener un pasaporte vigente. Debemos informarnos si en el país de origen necesitamos una visa o algún tipo de permiso para entrar (no es nada bonito que te nieguen la entrada o salida de un país).

 

Es de saberse que la tecnología hace la vida más fácil a todo mochilero. Por más que exista la creencia de que viajar con poco dinero y un equipaje reducido es sinónimo de pobreza extrema, un buen smartphone, una tablet y una tarjeta de débito/crédito internacional siempre serán los mejores amigos del viajero.

 

Sobre lo último, vale la pena poner un co-titular a nuestra cuenta bancaria que viva en nuestra ciudad de origen, ya que muchas veces en el extranjero no podemos hacer movimientos. También es mejor llevar dos tarjetas de débito y cargar sólo una a la vez, en caso de extraviar la otra. Sino pregúntenselo a mi amigo Dane, a quien le robaron su tarjeta en Lima y se quedó sin dinero :wacko: Tuvo que pedir a sus padres que le enviaran dinero en efectivo por Western Union, cuya comisión es más grande que la de un cajero automático.

 

Lo demás son cosas básicas: una buena navaja multiusos, un poncho impermeable para la lluvia, zapatos tipo Caterpillar (los salvarán de todo tipo de terreno), pantalones cortos, jeans, sueters y una buena chaqueta. Son de ayuda unos tapones para oídos, un antifaz para dormir, un cuchillo, la medicina necesaria, primeros auxilios, bloqueador solar, un saco de dormir y una buena carpa.

 

También hay que informarse bien sobre el tipo de conectores eléctricos en el país que visitamos y llevar el adaptador correspondiente.

 

Pero lo que más se necesita para viajar es, sin duda, las ganas de vencer el miedo a lo desconocido. La gente me imagina feliz y sonriente todo el tiempo. No vieron mi cara mientras buscaba un taxi por la noche en el aeropuerto, mientras buscaba un rincón donde dormir en la estación de bus, mientras intentaba entender el idioma húngaro en la estación de tren y mientras rascaba mis últimos centavos para comprar un agua. No me vieron cuando me enfermé del estómago, cuando me dolía la cabeza por la altura, cuando acampé bajo una tormenta ni cuando me perdí en el desierto :crying:

Más todo terror pasa a segundo plano cuando las anécdotas y los recuerdos nos provocan una risa que inmediatamente sustituye al miedo. Es entonces cuando lo que una vez nos hizo dudar, nos reconforta más que nunca, y cuando agradecemos haber salido por fin de nuestra zona de confort ;)

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