Jump to content

Yo VS El Valle de la Luna

AlexMexico

1392 views

Después de tres días haciendo dedo en las carreteras de la puna argentina y de dos noches de acampar al lado de la ruta, por fin pude despertar en una cama cómoda y decente en un hostal de San Pedro de Atacama, mi primer destino dentro de Chile, al cual había llegado con 25 pesos en mi cartera desde la ciudad de Salta, en su país vecino del este.

 

En mi larga travesía me había acompañado Max, un brasileño sin el cual, posiblemente, no habría podido llegar, pues con su acento carioca convenció a un conductor brasileño de llevarnos hasta allí en su enorme camión de carga.

 

Habíamos cenado y pagado la noche en el hostal con el dinero que un loco alemán nos había regalado en Argentina. Chile me había sorprendido con sus altos precios, casi equiparables a lo de Europa.

 

La noche en un cuarto compartido nos había costado más de 15 dólares :wacko: y hasta ese entonces había venido pagando no más de 5 USD por noche en el resto de los países. Comer medio pollo nos costó casi 12 dólares. Sin duda, sabía que sería un duro golpe a mi bolsillo :O_o: Pero mantuve la calma, supuse que al ser Atacama un lugar turístico, era normal que el centro de la ciudad ostentara tales precios.

 

De todas formas, ese alemán nos había regalado la primera noche en la ciudad. Pero el siguiente paso para nosotros era, entonces, sacar dinero del cajero, pues no poseíamos un centavo más en efectivo.

 

Luego de un ligero desayuno que Max amablemente preparó, salimos a conocer un poco la pequeña ciudad, en busca de un cajero automático.

 

 

Plaza de Armas de San Pedro de Atacama

 

 

La mayoría de las calles de San Pedro de Atacama no están pavimentadas. En oposición, están hechas de ripio, piedras y tierra, donde al caminar se levanta el polvo al aire, dando esa sensación de un pueblo del viejo oeste.

 

 

San Pedro de Atacama

 

 

Sus estrechas vías son costeadas por casitas de adobe de baja altura, pero de superficies a veces enormes. Por supuesto, la mayoría de las edificaciones en el centro están ocupadas por hoteles, comercios, agencias de viajes y restaurantes que tratan de ofrecer lo mejor al público. Sin embargo, San Pedro de Atacama tuvo el poder de cautivarme <3 a pesar de las enormes masas de turistas que caminaban entonces (y a lo largo de todo el año) por sus calles.

 

Centro de San Pedro de Atacama

 

Sus paredes de adobe, sus calles adoquinadas, su escasa y desértica vegetación, sus colores opacos, la arena en el aire, el incesante sol de verano... Así no tuviese los paisajes más coloridos y su clima fuera tan extremo, Atacama ofrecía, además, algo que no muchas ciudades tienen: una infinidad de bellezas naturales a las que cualquier turista podía acceder. Solo había un problema: los precios :(

 

Cuando apenas llegué al pueblo la noche anterior, me quedé anonadado de la cantidad de excursiones que ofrecían las agencias y hostales :ohmy: y que presumían en cartelones colgados fuera de sus edificios: lagunas altiplánicas de colores turquesa, aguas termales, géiseres, colonias de flamencos, ruinas arqueológicas, salares, el cráter de un volcán activo, paseos por el desierto, noches en un observatorio astronómico

 

Pero de la misma forma en que todo ello me sorprendió, los precios me dejaron con la boca abierta :eek: poniendo mis pies en la tierra y resignándome a no poder conocer casi nada de lo que el magnífico y gigantesco Desierto de Atacama y la Reserva Nacional de los Flamencos me proponían :sad:

 

Sólo había una excursión que no rebasaba por mucho nuestro presupuesto: un paseo por el Valle de la Luna. Los costos rondaban entre los 9,000 y 16,000 pesos chilenos (algo como entre 15 y 28 USD). Ya que nos habían dicho que en Atacama no había cajeros de Santander (cuya comisión es mínima por ser mi banco), sacamos dinero de otro cajero de red.

 

Un día antes habíamos mirado los precios al Valle de la Luna, pero recordamos haber visto en el hostal un grupo de bicicletas en renta amontonadas en una de las salas. Así que antes de contratar cualquier paquete, fuimos a investigar qué tan lejos estaba el valle, y si era posible alcanzarlo sobre dos ruedas. La mujer de la oficina de información turística nos dio un mapa de la ciudad y sus alrededores y nos indicó el camino para llegar. Según ella, era fácil recorrerlo en bicicleta. El día era hermoso y la idea era simplemente cautivadora :rolleyes:

 

Volvimos al hostal y nos dispusimos a rentar dos bicicletas. Cada uno pagamos 3,000 pesos (poco menos de 5 USD) por 6 horas a bordo del austero vehículo. Nos dieron nuestros cascos y el dueño del hostal, amablemente, me prestó una mochila para guardar mi cámara, mi botella con agua y las herramientas de emergencia que nos proporcionó.

 

Nos habíamos ahorrado más de dos tercios del precio del tour, y todo parecía mucho más divertido :big-smil: Era apenas medio día y teníamos toda la tarde para recorrer el desierto. El hotelero nos recomendó llevar mucha agua y bloqueador solar. A diferencia de la mujer en la oficina de turismo, me confesó que era una larga y dura travesía. No obstante, ya no podía apaciguar mis ánimos en lo absoluto :smug:

 

Alrededor de las 12 pm, con el sol justo sobre nuestras cabezas, Max y yo salimos del hostal montados en nuestras bicicletas, listos para recorrer de pies a cabeza el famoso Valle de la Luna.

 

Antes de salir de la ciudad, nos dirigimos a la estación de buses. Yo sabía que mi presupuesto no me daría para ninguna otra excursión. El resto de los lugares estaba demasiado lejos para ir en bicicleta, y no había transportes públicos que nos llevasen. Supuse entonces que, más allá del Valle de la Luna y San Pedro de Atacama, no tenía mucho más a qué quedarme y pagar otra noche de hostal, pues no pude conseguir un couchsurfer que me alojase :blush: De esa forma, quise comprar mi ticket de bus para dejar el pueblo ese mismo día y pasar la noche a bordo, con tal de salvar algo de plata.

 

La central de buses era bastante pequeña, pero con suficientes opciones de empresas entre las cuales poder elegir. A sabiendas de lo caro que me estaba saliendo mi estadía en aquel país decidí no viajar más hacia el sur. Quería regresar pronto a Perú, donde los precios me hacían sentir más cómodo. Así que me dirigiría a Iquique, una pequeña ciudad al oeste, en la costa del Pacífico, desde donde podría subir fácilmente hasta el sur de Perú.

 

Una vez con mi ticket en la bolsa, pedaleamos por las arenosas calles del centro de Atacama y en unos cuantos minutos salimos de la ciudad, tomando la carretera 23 al oeste, en dirección a Calama.

 

En la ruta a San Pedro de Atacama, desde el Valle de la Luna

 

Avanzamos uno o dos kilómetros aproximadamente por la autopista, riendo y disfrutando del aire seco, mientras fotografiaba todo a mi alrededor, y Max grababa un video a modo de selfie :big-grin: La silueta del Volcán de Lascar dominaba todo el panorama.

 

San Pedro de Atacama custodiado por el volcán Lascar

 

Pasamos un puente y una parada de bus. El pueblo comenzaba a alejarse de nuestra vista. En la primera bifurcación, tornamos a la izquierda, dirigiéndonos hacia al sur. Allí, la carretera parecía interminable. Corría de forma recta por una inmensa llanura árida, sin una señal de vida vegetal a sus orillas. Desde allí, manejábamos paralelos al pueblo, el cual se divisaba como un oasis de adobe adornado por una fila de verdes árboles en su parte frontal. Esos serían los últimos colores vivos que vería por las siguientes 4 horas.

 

Carretera hacia el Valle de la Luna

 

Me había puesto desde antes toneladas de bloqueador solar. No quería que me pasara lo mismo que me ocurrió en Lima, donde una capa grisácea de niebla y nubes me hizo creer que mi piel no se quemaría. Pero mientras más avanzaba el reloj, el sol parecía intensificar la fuerza de sus rayos :confus:

 

La llana autopista nos llevó por otros 4 km hasta la caseta de información del parque. En un letrero se leía “Valle de la Luna” y a la entrada del complejo se alzaba una especie de escudo de piedra, con figuras antiguas talladas y con la bandera de Chile en su parte superior.

 

Entrada al Valle de la Luna

 

Nos acercamos a la oficina de información. Sólo había un par de mujeres en la ventanilla y el señor de la limpieza. El complejo es bastante cómodo y amable con el turista. Hay un pequeño museo de geología que explica a profundidad las endémicas y peculiares características del valle. Al parecer, los estudios han concluido que millones de años atrás existió un lago cerca de un volcán de la zona, cuyo arrastre fluvial y residuos orgánicos formaron la base de lo que ahora es la depresión del valle. La erosión de varios siglos ha tallado lentamente las rocas sedimentadas de sal, yeso, arcilla y arena, dándoles esa forma lunar tan singular.

 

Luego de recorrer a grandes rasgos el museo, compramos nuestros tickets (a mitad de precio con credencial de estudiantes :rolleyes: cerca de unos 3 USD) tomamos un par de folletos y empezamos el recorrido. Mientras varios coches y autobuses turísticos pasaban de ida y de vuelta, Max y yo comenzamos a pedalear constantemente. La carretera por la que habíamos llegado parecía partirse en dos. Tomamos el camino asfaltado de la derecha que después se convirtió poco a poco en un camino de ripio.

 

Aquí, la cosa se empezaba a complicar un poco más para mí :zsick: Había una que otra rampa poco empinada, lo que empezó a debilitar mis piernas. Max, por el contrario, parecía estar en muy buena condición. Solía practicar box en Río de Janeiro y levantaba pesas en su tiempo libre. Por lo tanto, la hazaña le era mucho más fácil :dry:

 

No pude evitar empezar a tomar agua de mi botella de litro. Estaba quemando muchas calorías y el calor y escasa humedad me agotaban y resecaban mi piel. En especial, resecaban mis labios. Cuando me di cuenta, la botella estaba ya casi a la mitad. Faltaba mucho por recorrer todavía, debía racionarla si quería alcanzar mi meta :mellow:

 

Luego de pasar una pequeña colina, vimos un camión de pasajeros estacionado en una orilla del camino. Al ver un pequeño parqueadero de bicicletas, nos estacionamos para averiguar de qué se trataba.

 

Un grupo de turistas caminaba por la arena hirviente hacia una especie de cañón. Max y yo avistamos a sus espaldas, un letrero que anunciaba las Cuevas de Sal. Nos alejamos un poco del numeroso rebaño y nos adentramos en las misteriosas cuevas.

 

Un camino de arena nos llevó serpenteando entre grandes paredes de roca, que formaban pasadizos cada vez más estrechos. Las paredes empezaron a cerrarse cada vez más desde arriba, cubriendo la entrada de la luz del sol. La roca escarpada y rugosa era algo placentera al tacto. Además, nos habíamos dejado los cascos puestos, y así protegíamos nuestras cabezas de un choque contra la piedra.

 

Cuevas de sal del Valle de la Luna

 

Mientras el camino dejaba la arena para convertirse en roca, el laberinto se tornaba más y más angosto, al grado que nos tuvimos que arrastrar para salir de algunas de las pequeñas cuevas. Al final salimos por la parte alta de un montículo, desde donde tuvimos que saltar hacia el arenal donde comenzamos.

 

Allí, el camino seguía hacia una especie de cañón de poca altura, de donde los turistas ya se habían retirado. Solo un par de viajeros eran nuestros compañeros en aquel inmenso paisaje de rocoso.

 

Los otros chicos jugaban un poco con el eco de sus voces; Max y yo llegamos hasta el final del camino, donde una modesta cuerda dividía un montículo de roca de un montículo de arena, una estampa sublime que podía describir a la perfección la composición básica del desierto del norte chileno.

 

Arena y roca en el Valle de la Luna

 

Caminamos de vuelta hacia el parking, donde antes de coger mi bicicleta, descubrí una pequeña garita, donde creí que habría un poco de agua potable :light:

 

Tres jóvenes estaban ahí. Me dijeron que era la última caseta en todo el Valle de la Luna. De ahí en adelante estaríamos solos :excl: Les pregunté si el agua de la llave era potable, a lo que contestaron que no. Pero detrás suyo, había un garrafón de agua. Les ofrecí algo de dinero si me dejaban rellenar mi botella. Lo pensaron un poco, y luego negaron mi efectivo, pero amablemente me dejaron llenar mi garrafa :big-grin:

 

Ese nuevo litro de agua debía durarme el resto del recorrido. Habíamos avanzado ya unos 10 km desde la ciudad y yo sentía que mis labios se habían convertido en las cuevas de sal que acababa de visitar :wacko:

 

Cogimos las bicicletas y dimos la vuelta a la garita, pues el camino seguía detrás de la pared de roca que la custodiaba ¡Y vaya sorpresa que me llevé! El camino seguía con una enorme rampa de unos 800 metros de largo y una pendiente de unos 30 grados :O_o: Mi corazón palpitó y mi boca no pudo evitar resoplar en un suspiro :zsick: Eso era apenas el comienzo del gran valle.

 

Por supuesto, decidimos subirla andando. El esfuerzo era menor si caminábamos a que si pedaleábamos. Y Max sabía que yo debía reservar fuerzas. Después de todo, él fue un excelente compañero de viaje, pues siempre tuvo consideración por mi condición física :blush:

 

Luego de varios minutos cuesta arriba alcanzamos la punta, donde sonreímos al avistar el paisaje del Valle Lunar. Pero sobre todo, el mirar que el camino seguía cuesta abajo con pendientes poco pronunciadas :big-smil:

 

Valle de la Luna, Chile

 

Max y yo nos deslizamos varios metros abajo y seguimos hacia adelante. Eché un vistazo a nuestro mapa para saber cuánto nos faltaba. Debíamos llegar hasta una especie de minas, donde el camino se cerraba y no se permitía ir más allá.

 

Para entonces, el paisaje entero se alejaba tanto de mi realidad, que de verdad me transportó a la escenografía de una película, a la Guerra de las Galaxias, simplemente a otro planeta <3 Mis ojos se deslumbraban por los colores ocre en formas rocosas tan irregulares que contrastaban con el pabellón azul uniforme y perfecto que se iluminaba ante el poderoso sol de aquel día.

 

Formaciones del Valle de la Luna

 

Aquel sitio parecía tan inhóspito que me daba miedo que mi llanta se ponchara por alguna circunstancia, y quedarme varado allí, en mitad de la nada :unsure: Cada metro que avanzaba sin pedalear me asustaba un poco más. No por lo fácil que era descender las pendientes poco inclinadas, sino porque sabía que de regreso, ese sería un enorme reto para mí :zsick:

 

A pesar del cansancio y del calor, no sudábamos tanto como pensamos. Pero el viento que azotaba nuestras caras mientras avanzábamos era el más seco que había sentido en toda mi vida :O_o: Mi piel me picaba por el quemar del sol; mi boca se llenaba de una rara e incómoda masa blanquecina que me hacía jadear y escupir a cada centímetro. Pero lo que más sufría por sobre todo, eran mis labios… entonces recordé que el Desierto de Atacama es el más árido de todo el mundo. Después del desierto de hielo en la Antártida, es el sitio con menos humedad en todo el planeta. Y vaya que lo había descubierto por mí mismo :wacko:

 

Valle de la Luna

 

Cuando casi ya no sentía mis piernas ni mi boca, y después de casi una hora de pedalear sin parar y sin hablar entre nosotros, llegamos al final del camino. Eran ya las 3 de la tarde. No había una sola sombra a la vista. Tomé agua para reponerme un poco, pero sentía que ya no podía más :crying: Me aventé sobre la tierra, jadeando bajo el sol. Y lo único que logró hacerme poner en pie fueron las palabras de ánimo de Max, a quien envidié por mostrarse tan sereno con menos de un litro de agua que llevaba consigo.

 

El término del viaje era marcado por un grupo de formaciones rocosas llamadas Las 3 Marías. Se trata de tres columnas de granito, cuarzo y arcilla que han sido maravillosamente erosionadas por la sal y el viento del desierto. Como estaba prohibido tocarlas, solo tomamos algunas fotos desde lejos.

 

La 3 Marías, Valle de la Luna

 

El mapa indicaba que las minas estaban unos metros hacia la izquierda de aquella ruta. Había un camino de piedras que marcaba dicha dirección, y Max quería conocerlas. Pensé que si me quedaba parado muchos minutos, perdería aún más fuerza, y que sería mejor seguir en movimiento antes de darme completamente por vencido :mad:

 

Cogimos nuevamente las bicicletas y nos adentramos al camino. Pronto, nos dimos cuenta que no era tan buena idea ir pedaleando. Las piedras nos hacían rebotar mucho y nos cansaban más de lo debido :confus: Yo decidí bajarme y seguir caminando.

 

Casi un kilómetro más adelante llegamos a una especie de construcción en ruinas, donde vimos un grupo de bicicletas estacionadas. Max se fue a asomar a donde creyó que eran las minas, pero no vio más que un gran hoyo en el suelo, donde estaba el grupo de turistas.

 

Marcando el final de nuestro recorrido, tomamos algunas fotos del inmenso valle que se abría frente a nosotros y emprendimos la caminata de regreso.

 

Final del recorrido en el Valle de la Luna

 

Cuando el camino volvía a ser de ripio, debíamos andar unos 18 kilómetros de vuelta hasta la ciudad :oops: Yo ya no sabía qué pensar, así que simplemente dejé mi mente en blanco y comencé a pedalear. No demoré mucho para bajarme otra vez de la bicicleta y empezar a caminar. La primera cuesta apareció, y aunque poco inclinada, era un golpe duro para mis piernas.

 

Tomé parte de mi última reserva de agua y me dispuse a avanzar. Me dije a mí mismo que si había aguantado tres días haciendo dedo por la puna argentina con solo agua, plátanos y naranjas, debía aguantar esas dos horas en bicicleta :angry:

 

El tiempo transcurrió en silencio. Max siempre iba delante de mí. El calor lo había despojado de su camisa y empezaba a sufrir un poco más las penurias. Mientras tanto, yo jadeaba y cerraba los ojos para no avistar las distancias que me hacían falta :zsick:

 

Pronto, el grupo de turistas alemanes que estaban en la mina, apareció con sus bicicletas manejando junto a nosotros. Los saludamos amablemente y seguimos juntos el camino. Al menos, me sentía acompañado por si algo me sucedía :blush:

 

Las chicas alemanas parecían padecer igual que yo del cansancio y la deshidratación. Pero todos nos apoyamos con gritos de entusiasmo. Y con tal compañía, cuando menos nos dimos cuenta, llegamos a la cima de la última cuesta, la mayor de todas, que nos llevaría hasta la garita del valle.

 

Paisaje desde el Valle de la Luna

 

Antes de bajarla tomamos algunas fotos, con una vista maravillosa de los volcanes que custodian todo Atacama.

 

Max y yo en la cima del Valle de la Luna

 

Me sentí contento, porque de ahí en adelante el camino se haría más fácil :big-smilB: Tumbé por un momento mi bicicleta y casi me terminé el agua para celebrar mi osada travesía.

 

Nuestro transporte en el Valle de la Luna

 

Luego de las fotos, nos formamos en fila y descendimos juntos por la cuesta de casi 1 km de largo. El viento rosaba nuestras caras y la velocidad nos obligaba a frenar poco a poco para no volcarnos boca abajo.

 

En pocos segundos llegamos a la garita. Ya ningún grupo de turistas parecía estar entrando al valle. Ya pasaban las 4 de la tarde y el sol no parecía avanzar rumbo a su ocaso.

 

Salimos del valle y tomamos la ruta de ripio que daba hasta el complejo de información. A pesar de andar en línea recta, cada empuje al pedal era un golpe para mis piernas. Los alemanes empezaron a adelantarse y nos dejaron a Max y a mí un poco más atrás. Me sentía mal por causar la demora :sad: pero como Max me dijo, no llevábamos ninguna prisa :whistling:

 

Cuando arribamos a la estación, dejé la bicicleta y me tumbé bajo la sombra. Un grupo de turistas que entraban en su coche me vieron allí botado. “Wow, debe ser muy duro”, me dijeron. Yo solo reí, y les dije “lo logré:big-smil:

 

Pasé al baño para lavar mi cara, que ya se sentía más que arenosa y seca. Mojé mis labios para aliviarlos un poco. A pesar de haber usado el labial hidratante, no dejaban de producir esa extraña masa blanca de resequedad :unsure:

 

Luego de un ligero reposo, seguimos adelante los últimos 6 km por carretera para retornar finalmente a San Pedro de Atacama.

 

Misión cumplida, Valle de la Luna

 

Poco más de las 5 pm, nos vimos de vuelta en el hostal. Aunque ya habíamos desalojado las habitaciones y no teníamos derecho a usar el baño, el señor nos dejó pasar al mirar nuestro estado de sumo cansancio. Pero me dijo que si queríamos ducharnos tendríamos que pagar dos mil pesos (4 USD) :wacko:

 

Sabiamente, escondí mi shampoo en mi bermuda y entré al baño. Usando solamente el lavabo, enjuagué mi cabeza llena de polvo, mis brazos y mis manos. Me sequé con mi playera y salí como si nada hubiera pasado :whistling:

 

En ese transcurso, Max salió para comprar su boleto para el Salar de Uyuni. Al final se decidió por comprar el tour de 3 días que lo llevaría por las maravillas del desierto hasta el suroeste de Bolivia.

 

Tomé mi tiempo libre antes de ir a la estación de buses para comer un merecido menú de ensalada y carne en la zona de mercados de la ciudad :P que siempre es más barato que los restaurantes del centro.

 

Antes de dejar el hostal, escuché a un chico belga que se dirigía hacia Iquique esa misma noche. Kenzo tomaría el mismo bus que yo, y no dudé en presentarme con él. Max me acompañó a coger mi autobús y me despedí de él, deseándole suerte en su viaje de vuelta a Brasil ;)

 

Después de todo, de eso se trataba el viajar solo. Cuatro días antes había conocido a Max y ahora lo dejaba atrás para seguir mi viaje junto a un desconocido belga… pero al final, todos y cada uno permanecerían en mi memoria, haciendo de mi viaje por Sudamérica un hermoso y aventurado recuerdo :rolleyes:

 

Pueden ver todas las fotos en este álbum:

Chile

Sign in to follow this  
  • entries
    3
  • comments
    9
  • views
    3672


3 Comments


Recommended Comments

Había leído ya un poco sobre este desierto. Se que es una de las mejores zonas de avistamiento de los astros. Debe ser maravilloso hacer una noche ahí. 

 

Increíble aventura! 

Share this comment


Link to comment

Sí, de hecho hay tours a los observatorios astronómicos por las noches para avistar los astros.

 

Ignoro si es más árido que el Sahara, pero al parecer sí, la humedad es casi nula. Solo lo supera el desierto de hielo de la Antártida.

Share this comment


Link to comment
Guest
Add a comment...

×   Pasted as rich text.   Restore formatting

  Only 75 emoji are allowed.

×   Your link has been automatically embedded.   Display as a link instead

×   Your previous content has been restored.   Clear editor

×   You cannot paste images directly. Upload or insert images from URL.

Loading...
  • Blogs

    1. Islandia

      • 1
        entry
      • 2
        comments
      • 21
        views

      Recent Entries

      A principios de mayo la nieve en la mayoría de las ciudades de Europa se había esfumado. La primavera se había anunciado con esplendor aquel año y un delicioso clima corría por todo el continente. 

      Incluso en los rincones de la húmeda y fría cordillera noruega el sol me había sonreído con ventura, y tras cuatro días en Estocolmo me sentía totalmente satisfecho del goce del que Escandinavia me había hecho acreedor.

      A mitad de la primavera, muchos se habrían decidido por disfrutar de ciudades floreadas, llenas de canales y arboledas donde Europa pudiera ofrecer sus mejores y coloridas postales. La tranquilidad que llega cuando el invierno culmina. Pero mi decisión fue un poco más brusca. Bastante brusca, me atrevería a decir.

      Aquella última noche en Estocolmo cogí un autobús hacia el norte, con rumbo al aeropuerto internacional de Arlanda. El abordaje fue el más tranquilo que jamás hubiera vivido. Solo 10 personas íbamos a bordo de aquel Airbus a319, y claro, no podía estar más feliz de tener el avión casi totalmente para mí.

      Pero mi vuelo no se dirigía al sur. No me encaminaba hacia la calidez de latitudes más meridionales. Mi destino no era ni siquiera las tierras continentales. Volaba con rumbo al noroeste, dos husos horarios hacia el occidente, a donde solo los vikingos se atrevieron a embarcarse hace más de un milenio desde las costas del Báltico.

      Aunque la oscuridad había inundado Estocolmo, al elevarse el avión a más de 8 mil metros un haz de luz entró por mi ventana. Era el sol de medianoche que se asomaba desde el Ártico. Y aunque iluminaba también las montañosas tierras nórdicas, una densa niebla lo cubría todo debajo de nosotros.

      Tres horas pasaron para atravesar el mar de Noruega y el mar del Norte, y ganándole la carrera al tiempo, el avión comenzó a descender poco a poco entre una espesa niebla. 

      El gris del exterior era simplemente aterrador. Ni las franjas del litoral, ni la torre de control, incluso las luces de la pista de aterrizaje eran escasamente percibidas por los ojos humanos a bordo. El piloto llevó a cabo un descenso prácticamente a ciegas, guiado por la eficiente base aérea.

      Sus exitosas maniobras nos llevaron a salvo hasta el aeropuerto de Keflavík, ubicado en un cabo al suroeste de Islandia. A una latitud de 64º 08' N, era el sitio más septentrional en donde hubiera estado parado. Mi viaje de primavera sería, así, una fría aventura en aquella remota isla, a unos cuantos kilómetros por debajo del círculo polar ártico.

      Aunque durante mayo las horas de oscuridad en Islandia son escasas debido a su posición geográfica, a la medianoche, hora en que recogí mi maleta en la cinta transportadora del aeropuerto, la penumbra era total. Y aunado a la niebla que acompañaba a la noche, el exterior no era algo apetecible por disfrutar.

      Me dirigí rápidamente al estacionamiento, donde el último autobús de conexión con la ciudad saldría unos minutos después.

      Casi una hora más tarde, a 40 kilómetros al este, llegamos a Reikiavik, la capital de Islandia, que hasta hoy ostenta el título de la capital más septentrional del mundo.

      Por fortuna, el autobús condujo hasta el centro de la metrópoli, desde donde pude caminar cuesta arriba por sus empinadas calles hasta alcanzar la casa de Gisli, un estudiante que contacté por Couchsurfing y que me hospedaría por un par de días en su apartamento.

      Gentilmente, aguardó hasta casi las 2 de la mañana por mi arribo. Al parecer yo era su primer huésped, y no podía decepcionarme ante la calidez de los islandeses.

      Gisli vivía en el segundo piso de una típica casa islandesa, construida con una especie de material de lámina de colores vivos, y un tejado en picada que ayuda a que la nieve resbale y se derrita durante las nevadas del invierno.

      large.DSC03948.JPG.17aee0cbf4ae81a213d6ea7272f906a5.JPG

      Alquilar un piso en Reikiavik, según me contaba, se había vuelto sumamente caro, sobre todo después de la crisis que Islandia enfrentó en 2008 y 2009. Pero sus padres le apoyaban lo suficiente para que pudiera finalizar sus estudios en la capital.

      Como la primera verdadera ciudad que se fundó en la isla por parte de los noruegos en tiempos medievales, Reikiavik se ha vuelto el centro industrial, financiero, político y cultural de Islandia. Con 200 mil habitantes, su área metropolitana alberga a dos tercios del país entero. Era más que raro hallarme en un país cuya población nativa es menor al número de turistas que alberga. 

      La niebla del día anterior había dado paso a un clima frío esa tarde, aunque aquello era bastante normal. Después de todo me encontraba al sur de Islandia, a unos cuantos kilómetros del círculo polar. Pero con el tiempo limitado, no podía dejar que el clima me hiciera perder tiempo y salí a conocer la ciudad.

      large.DSC03937.JPG.206a957834e86510d07fca2c1a286fc4.JPG

      A pesar de encontrarse a latitudes equiparables al norte de Alaska y el Yukón, Islandia posee un clima subpolar oceánico templado. Sus temperaturas de hecho no bajan tan drásticamente, y el invierno puede presentar apenas -10°, un clima más cálido que el que viví en el invierno de Berlín o Polonia.

      large.DSC03896.JPG.c5240924bd75bcbf52e30ea2fbdf7c52.JPG

      La isla es así bastante habitable no obstante su situación geográfica, y se lo debe nada menos que al Golfo de México. La corriente del Golfo arrastra masas de agua y aire cálidas desde el trópico que contrarrestan la frialdad del Ártico. Las costa de Islandia se mantienen libre del hielo todo el año, algo impensable en otros lugares a la misma latitud.

      Caminar por Reikiavik era para mí como andar por una ciudad en miniatura construida con legos. 

      large.DSC03903.JPG.092cffb79761d3d672ee9654c51a21e5.JPG

      El ambiente tan tranquilo, el escaso tráfico y los pequeños edificios que le dan vista a la urbe apenas podían compararse con una modesta comarca en otros países. Sin duda era la capital más tranquila que jamás hubiese visitado.

      large.DSC03938.JPG.1ae5c9f31f649f4b5f4de7f0749444f3.JPG

      Me preguntaba repetidas veces con qué interés llegaron los primeros residentes a aquella remota parte del mundo. 

      Es bien sabido que los vikingos eran asiduos y expertos navegantes, lo que los llevó a conquistar y saquear múltiples territorios en la Europa continental. Pero los vikingos escandinavos se aventuraron más allá, mucho antes de que Galileo demostrara que la Tierra es esférica y antes de que los españoles arribaran al continente americano.

      Los fuertes vientos del mar del Norte llevaron a Erik el Rojo, un explorador noruego, hasta las deshabitadas islas del ártico, a las que él mismo bautizó como Islandia y Groenlandia. 

      El comerciante vikingo convenció fuertemente a varios noruegos de emigrar hacia la ‘Tierra verde’ para colonizar la isla. Así, el nombre de Ingólfur Arnarson pasó a la historia del país como el primer residente permanente de Islandia, y fundador de Reikiavik, ya que allí estableció su hacienda.

      Ingólfur es considerado el creador de Islandia como país, ya que tras su colonización se estableció el Alþing, un parlamento legislativo que es nada menos que el parlamento más antiguo del mundo entero todavía en existencia, y con ello se dio paso a la Mancomunidad islandesa, que luego formaría parte del Reino de Dinamarca-Noruega.

      large.DSC03918.JPG.d44eb150db031333df988fa67289e893.JPG

      Estatua de Ingólfur Arnarson.

      El parlamento se fundó primeramente en la región de Þingvellir (hoy un parque nacional que ningún parecido tiene con un centro político estatal), y fue hasta el siglo XIX cuando se trasladó a Reikiavik, lo que la convirtió en capital. Hasta el día de hoy, el parlamento se sitúa en el Alþingishúsið, el palacio parlamentario, que a mi parecer, es el más pequeño que jamás avisté.

      large.DSC03894.JPG.44462eb23c47b158aa0c1d03b6c6253c.JPG

      Con la cristianización de Escandinavia y los países nórdicos, no pasaría mucho tiempo para que Islandia abandonara también el paganismo y fuera evangelizada, lo que ocurrió alrededor del año 1000.

      El rey Cristián III de Dinamarca impuso el luteranismo luego de la Reforma de Lutero en Europa continental. Y aunque Reikiavik posee todavía una catedral católica, la catedral más importante para los islandeses es la Catedral luterana.

      large.DSC03893.JPG.9cf8afba7b40e9c652011a4fb4820352.JPG

      Aunque no tiene absolutamente nada de monumental e impresionante comparada con el resto de las catedrales, aquel modesto templo posee más un valor simbólico que arquitectónico y religioso para todos los islandeses, pues allí se celebró el establecimiento del Reino de Islandia y se entonó el himno nacional por primera vez, lo que en el siglo XIX comenzaría con el movimiento independentista que hizo de Islandia un país soberano a mediados del siglo XX.

      Pero como toda ciudad cristianizada, Reikiavik tiene también un campanario del cual estar orgullosa. Y el título se lo da la Hallgrímskirkja, la iglesia y el edificio más alto de toda Islandia.

      large.DSC03892.JPG.9bf6ca1b7f704ee114219af581b378fb.JPG

      La curiosa forma de su torre de 75 metros de altura se dice que fue inspirada por el movimiento de lava basáltica que caracteriza a la isla. Así, aquellos blancos pilares son visibles desde casi cualquier lugar de la ciudad y da una bienvenida a los turistas que encuentran en ella una mezcla de la cultura religiosa y los maravillosos paisajes naturales de este remoto país.

      large.DSC03943.JPG.0aa09a6425709b259762a6747213f0ee.JPG

      Curiosamente, una figura pagana se yergue frente a la iglesia. La estatua de Erik el Rojo situada en lo alto de la colina celebra el descubrimiento de la isla, y frente a él desciende la totalidad del centro histórico de Reikiavik, por donde me dispuse a caminar aquella fría tarde.

      large.DSC03945.JPG.cab1f85ed139e4ac79939219a7d7c739.JPG

      Aunque Islandia es un país mayoritariamente cristiano, poco a poco ha ido creciendo el número de ateos en la isla. Pero lo más sorprende son los movimientos neopaganos que poco a poco van cobrando fuerza.

      Estos ritos traen de vuelta las tradiciones y creencias de los pueblos vikingos que poblaron el lugar hace siglos. Y su influencia no se nota solamente en la religión, sino en el estilo de vida mismo de los jóvenes islandeses.

      La publicidad por las calles muestra a modelos con rasgos vikingos, y los mismos espectáculos musicales y teatrales intentan rescatar las sagas vikingas bajo las cuales se ha construido la historia del estado islandés.

      large.DSC03895.JPG.01fc74c5c9f2cbac93e9347dc6fd080f.JPG

      La moda entre los jóvenes son las barbas largas, abrigos voluminosos de piel y beber cerveza en enormes tarros de madera. Los vikingos, sin duda, siguen vivos en las tierras nórdicas.

      large.DSC03932.JPG.88f72f1482928041d30a9815a4b9fec8.JPG

      Por supuesto, todo se adecua a su tiempo. La vida “vikinga” de la juventud se ha transformado a los estándares del siglo XXI y la modernidad de Islandia como un país del primer mundo.

      Reikiavik se muestra hoy como un centro artístico posmoderno bastante fuerte. Entre otras muchas ciudades europeas, es una ciudad de murales.

      large.DSC03928.JPG.b171df8b8c30950e169ed017f4434ed8.JPG

      Los frescos en las paredes del centro metropolitano son la cara moderna de Islandia hacia el mundo exterior. Sus colores y formas sitúan a Reikiavik como una urbe a la vanguardia. No se puede ignorar la excentricidad que artistas nativos como Björk han puesto de moda en el mundo entero.

      large.DSC03935.JPG.bf723457674a7fef50342d595dcb91d4.JPG

      Otra de las excentricidades características de esta tierra nórdica que llama mucho la atención de los turistas es su extraño idioma.

      El islandés es la lengua que menos ha cambiado desde que evolucionó del nórdico antiguo, familia a la que pertenecen también el noruego, el sueco y el danés. Aunque la lengua viva que más se le parece hoy es el feroés, hablado en las islas danesas de Feroe.

      Las palabras islandesas se fueron acoplando al alfabeto latino, aunque conserva todavía algunas rúnicas de las lenguas germánicas, como la Þ, siendo el único idioma del mundo que usa este caracter (que vamos, ni siquiera sé cómo pronunciar).

      large.DSC03931.JPG.63697b63683bab0e5002f1bcecf8c550.JPG

      Leer los vocablos islandeses es una situación de terror. Ejemplo de ello fue la relevante explosión que tuvo el volcán Eyjafjallajökull en 2010 y que dejó a buena parte de Europa sin tráfico aéreo, debido a la nube de cenizas que provocó la intensa erupción. En fin, no hace falta imaginarse el sufrimiento de los conductores televisivos de toda Europa al intentar pronunciar Eyjafjallajökull para dar a conocer la noticia a los televidentes.

      Las calles del barrio Miðborg constituyen el centro histórico y gubernamental de Reikiavik. Orillado por coloridos edificios, representa el núcleo turístico de la ciudad.

      large.DSC03927.JPG.25bc24a1004cd428152be78b58de0de8.JPG

      Sus estrechas vías, muchas de ellas peatonales, me llevaron cuesta abajo hasta el estanque de Tjörnin, un pequeño lago alrededor del cual se desenvuelve el casco principal de la capital.

      large.DSC03911.JPG.38cb266f1f06a29195384ea808e8e4a9.JPG

      El Stjórnarraðið se encuentra muy cerca al lago, y se trata de la sede del poder Ejecutivo, donde se encuentra el Consejo de Ministros. A diferencia de sus países nórdicos hermanos, Islandia abandonó la monarquía y se decidió por ser una república. Y claro, su palacio de gobierno no es nada de ostentoso comparado con los palacios reales de Escandinavia.

      large.DSC03917.JPG.056828cd709edb77041073354e3df945.JPG

      El Ayuntamiento es otro de los edificios importantes, donde aproveché para refugiarme un rato del frío y pedir alguna información en la oficina de turismo. Reikiavik era solo mi primera parada en Islandia y necesitaba algo de orientación sobre su geografía.

      large.DSC03910.JPG.79adaed47b5cf87c8a75bcda870ce565.JPG

      Bajando las colinas hacia el norte de la península donde se enclava el centro, alcancé el puerto marítimo de Reikiavik, principal actividad industrial del país.

      large.DSC04201.JPG.073f0d7ca6473553d53a5319bef76b62.JPG

      Desde los embarcaderos pude apreciar el Harpa, el centro de conciertos y conferencias que se ha convertido en el núcleo cultural de la isla, y que le da otro gran toque de modernidad al país.

      large.DSC04200.JPG.e9a1a3d0d74bb0d030f3d27e413a4dee.JPG

      Los barcos y cruceros son algo típico de observar en el fiordo que se abre al norte de la capital, donde los paisajes montañosos se empezaron a asomar cuando las nubes se esfumaron y el sol al fin me sonrió algunas horas.

      large.DSC04204.JPG.2dfe5c08d9d39a396e9304d229ad67a2.JPG

      Más al este, caminando por su malecón, la ensenada de Reikiavik me dio mi primer acercamiento a la accidentada geografía que me esperaba en Islandia. Volar hasta aquella remota isla no había sido sin duda para visitar su capital solamente, sino para dejarme sorprender por las maravillas naturales que solo un sitio como aquel podía darme.

      large.DSC03921.JPG.5f16e9ab62f9512b99f654dc9c9dd844.JPG

      Si bien Islandia es considerada parte de Europa por su similitud cultural e histórica, la isla se posa justamente en medio de las placas tectónicas Euroasiática y Norteamericana, lo que geológicamente la coloca en ambos continentes.

      large.DSC03925.JPG.97a3a30298c54e23843db8451e6deea6.JPG

      Con una falla que parte al país justo por la mitad, no es de sorprender que la actividad volcánica, sísmica y geotérmica sea lo que caracteriza a Islandia, y lo que la ha puesto en el mapa como uno de los destinos turísticos predilectos de los mochileros. 

      Y justo con dos mochileros es que me había quedado de ver aquella noche para intercambiar nuestros planes y tomar alguna copa. Pero antes de ello volví a casa de Gisli para cenar con él.

      Preparar la cena para mi anfitrión siempre ha sido un placer. Es la mejor forma para agradecer su hospitalidad. Pero comprar los ingredientes para una simple cena en Islandia fue un pequeño roce a un paro cardiaco.

      Los precios en la isla están simplemente por las nubes. Y no solamente por la proveniencia de sus productos importados (la mayoría lo son), sino por la inflación que la crisis del 2008 dejó en su canasta básica.

      4 euros por una lata de atún, 3 euros por un chocolate y la inexistencia de la venta de alcohol en supermercados (ya que la ley controla su venta libre para prevenir las adicciones) hizo de mi noche algo un poco difícil. Así que un simple platón de pasta tendría que ser suficiente para ambos.

      Tras aquella experiencia no sabía qué esperar de la vida nocturna de Reikiavik y de sus precios. Al reunirme con Alessandro y Catherine, dos couchsurfers que habían arribado a la ciudad aquel mismo día, visitar un bar local me dio algo de escalofríos. 

      En efecto, el precio promedio de una pinta de cerveza es de nada menos que diez euros. Diez euros por un vaso mediano de cerveza. Finalmente creo que el alcohol sería lo que menos buscaría beber en Islandia.

      Pero la noche se pasó divertida. Entre risas y música de origen neopagano, los bares de Reikiavik nos dejaron en claro a los turistas que la moda vikinga tiene un enorme peso.

      Un juego de ruleta le trajo bastante suerte a uno de los jóvenes locales que bastante borracho estaba ya. Y ocho cervezas gratis por una ronda de aquel inocente juego nos dio el privilegio de recibir un tarro de cerveza gratis a Alessandro, Catherine y a mí. Era obvio que aquel chico islandés no podría solo con ocho tarros de cerveza.

      Mientras volvíamos caminando cuesta arriba a nuestro hospedaje, ambos me contaron los planes que tenían para recorrer la isla y sus paisajes naturales. Habían rentado una van y la recogerían al siguiente día. Conducirían y dormirían en aquel vehículo perfectamente equipado para la vida en las carreteras árticas. Pero por las fechas en que pensaban hacerlo, no me sería posible unirmeles.

      Aquello significaba que mi travesía por Islandia la haría solo, al fracasar en mi búsqueda por un acompañante para mi aventura.

      Y con poco dinero para rentar un coche, la decisión estaba tomada. Haría mi trayecto pidiendo aventones en la carretera. Un viaje más con solo mi mochila y el hitchhiking de mi dedo pulgar.

      Con una tienda de campaña, un saco de dormir nuevo, ropa térmica, un rompevientos y botas para la nieve, la siguiente mañana sería el inicio de una inusitada hazaña, que me mostraría que con Islandia no se juega tan fácil. Pero la satisfacción de un viaje por una isla del ártico nadie me la quitaría jamás.

    2. Templos cristianos en madera negra, cuervos azulados, un enorme puñado de inmigrantes árabes, un sauna sobre las heladas aguas del Báltico, pepperoni de alce, carne de ballena, fiordos milenarios en la costa atlántica, un sinfín de figuras y estatuas de trolls, elfos y enanos. 

      Hasta ahora la península escandinava me había dado lo que, con muchas ansias, había esperado de ella. Sumado a ello, me había llenado de placeres que poco pude aguardar, entre ellos un suculento y soleado clima que había hecho de mis días hasta ahora los mejores en mi viaje por Europa.

      Aunque poco deseaba marcharme de Bergen, de sus increíbles paisajes montañosos y de la calidez de mis anfitriones en la ciudad noruega, lo que tenía por delante me alentaba a partir. Y así, aquella noche me despedí de Angélica y Aleks, y tomé el tram con dirección al sur para llegar al aeropuerto internacional de Flesland.

      Aún siendo las 9 pm, el sol brillaba al otro lado de ventanas del avión como si fuese un amanecer. Y poco después de despegar en el fondo se asomó un paisaje alucinante. La cordillera de los Montes Kjolen aparecía ahora desde otro ángulo, uno que los rayos solares me dieron el goce de apreciar en su máxima desnudez. 

      large.DSC03777.jpg.9a416193a441b6928de408ad46273ae2.jpg

      Pero las montañas quedarían atrás por un par de días. Era momento de volver a la gran ciudad, y cerca de las 22:15 horas mi vuelo aterrizó en Estocolmo.

      El tráfico en el aeropuerto era mayor del que había esperado. No aguardaba hallar tal cantidad de gente una noche entre semana. Pero la capital sueca es la mayor urbe de Escandinavia, y pronto descubriría su importancia.

      Tomé un shuttle bus hacia la estación central de la ciudad, donde Logan aguardaba por mí. Aquel chico francés que estudiaba su máster en Estocolmo había sido el único couchsurfer en aceptar mi solicitud de estadía por cuatro días. Después de ocho meses en Francia, sabía que los franceses no me decepcionarían.

      Cogimos el metro hasta su casa, en una residencia estudiantil del campus norte de la universidad. Ahora comenzaba a resentir los altos precios escandinavos de los que tanto había escuchado. 4 euros el viaje sencillo, era simplemente el metro más caro que había costeado en mi vida.

      Aunque la vida estudiantil seguía siendo atractiva, había pasado ya varios días hospedado en campus universitarios en Dinamarca. Era momento de salir y explorar la ciudad por mi cuenta, cosa que hice a la siguiente mañana, cuando el hambre despertó mi estómago y mi paladar.

      Extrañamente, Escandinavia resultó ser el único lugar en Europa donde encontré tiendas de la cadena 7-Eleven, y Suecia parecía ser el país donde más se había esparcido la multinacional.

      Si bien prefiero los productos naturales, los combos que 7-Eleven ofrecía en Estocolmo fueron irresistibles, y la manera más barata de llenar mi estómago. Por cuatro euros, la tienda ofrece dos piezas y una bebida. Aquella mañana una manzana, una dona y un café fue lo más barato que pude conseguir para saciar mi hambre.

      Tomé el metro hacia el centro de la ciudad, y descendí justo en la estación central, donde el bullicio y el gentío fue todavía mayor al que me había topado la noche anterior en el aeropuerto.

      La estación central se encuentra en el área comercial de Estocolmo, una zona más moderna y sumamente viva donde todos los días convergen locales y turistas en una guerra de transeúntes, una bastante educada, me atrevería a decir.

      Pero unos pasos más al sur el viejo Estocolmo comienza a aparecer, con exquisitos edificios del siglo XIX que ponen en alto la ciudad como una verdadera capital europea.

      El Palacio de la Ópera es un gran ejemplo de la arquitectura neoclásica que imperó en Estocolmo y que la puso en el mapa como una prominente metrópoli desde hace dos siglos. 

      large.DSC03851.JPG.0fdee0dcb7a59f690d0d3cb361d85625.JPG

      Al cruzar uno de los tantos puentes que atraviesan los canales de Estocolmo (y que la convierten en una más de las Venecias del Norte), me adentré de lleno en el centro de la ciudad, formado por tres pequeñas islas que dividen el delta del lago Mälaren del mar Báltico.

      large.DSC03778.JPG.12e8829ef234d31d51abaf0a6d5a402e.JPG

      La más pequeña de ellas es Helgeandsholmen, cuyo único edificio ocupante es el Palacio del Parlamento sueco, el Riksdag.

      large.DSC03804.JPG.3d66ceefbcab570a524aad941bb4eca5.JPG

      Suecia, como el resto de los países nórdicos, tiene un enorme respeto por su gobierno y sus representantes políticos, Así, el parlamento es uno de los más queridos en el mundo por sus ciudadanos. Suecia encabeza también la lista de los países con menor índice de corrupción.

      El estilo barroco de la casa parlamentaria es otro buen ejemplo de la envergadura con la que la capital sueca salió a flote a pesar de la competencia que representaban las demás monarquías europeas. Después de todo, fue Suecia quien rompió la Unión de Kalmar una vez terminado el medievo, heredando así al mundo los cinco países nórdicos que hoy conocemos, en lugar de uno solo que pudo haber sobrevivido de no haber sido por la separación de los suecos.

      large.DSC03848.JPG.d5efa7246adcd28d04dff6ff9523ce1a.JPG

      Fue precisamente durante la Edad Media cuando Estocolmo se fundó, y el mejor homenaje a aquella época lo rinde el Museo de Estocolmo medieval, ubicado prácticamente bajo tierra en ese pequeño trozo de isla donde me encontraba parado frente al parlamento.

      Ya que el acceso era gratuita, no dudé en entrar a conocer la historia que resguardaban aquellos túneles subterráneos.

      La razón de su peculiar ubicación es que el museo está posado sobre las ruinas arqueológicas de la antigua ciudad medieval, que todavía resguarda los restos de la muralla que rodeó la pequeña Estocolmo entre 1250 y 1520.

      large.DSC03783.JPG.39424219e9c2f2f4b6751058e2eaf355.JPG

      La ciudad no llegaba más allá de las dos pequeñas islas que hoy conforman el centro de Estocolmo, pero representó una gran hazaña para el reino de Suecia una vez extinta la era vikinga, ya que controlaba el comercio entre el mar Báltico y los lagos interiores de la península, gracias a su increíble conexión por vía fluvial.

      large.DSC03788.JPG.374c034d30e27f54f61e26153cf026de.JPG

      El museo muestra algunas figuras reales encontradas durante las excavaciones, como los rostros de los antiguos reyes tallados en piedra, y algunos de los manuscritos antes de que Gutenberg revolucionara el mundo con la imprenta.

      large.DSC03785.JPG.0fa68546291242dcfb84954418f4f2ae.JPG

      Los restos de algunas embarcaciones dejan en claro la herencia que los vikingos dejaron a la sociedad monárquica sueca de la Baja Edad Media. Al igual que Copenhague y Oslo, la situación geográfica de Estocolmo fue clave para las hazañas marítimas.

      large.DSC03802.JPG.6a2c12bb77453bcceef63cc9d41c877b.JPG

      Una de las figuras más conocidas en el museo es una pequeña estatua de San Jorge, quien se muestra cabalgando su caballo y asesinando al dragón a quien, cuenta la leyenda, asesinó para salvar a toda una ciudad.

      large.DSC03795.JPG.fa3533380574223e28189a6656770c32.JPG

      El mito de San Jorge, un santo procedente de la Capadocia que fue canonizado luego de ser decapitado por no renunciar a su fe cristiana durante la época del Imperio Romano, ha traspasado tiempos y fronteras. Y al igual que muchos europeos, los suecos le tenían un enorme respeto, ya que lo veían como protector de los caballeros y los guerreros del medievo.

      Pero las figuras que quizá llamaron más mi atención fueron las escenas de la cotidianeidad que Estocolmo vivía durante aquellos años.

      Skedna Gertrude era la carnicera de la ciudad, y curiosamente, sus ganancias eran iguales a la de los hombres, algo sumamente raro en la época.

      large.DSC03798.JPG.51d40224a72bb3b5f99000b910c2267d.JPG

      Y el zapatero en su taller, quien se dice podía realizar un par de zapatos por día, algo muy distinto a la producción en masa de la época contemporánea.

      large.DSC03787.JPG.267c1f305ab4318400a75b6c258b12de.JPG

      Antes de que el día avanzara más, preferí no confiarme del sol que abrasaba la ciudad aquel día, y quise aprovechar la soleada tarde para caminar al aire libre.

      Crucé entonces otro puente hacia la isla contigua de Stadsholmen, la más grande del centro de Estocolmo y donde se emplaza Gamla Stan, el casco antiguo de la ciudad.

      large.DSC03805.JPG.6d53b5797c6443b5fa28ee54696d74d6.JPG

      Gamla Stan es el sitio donde Estocolmo nació, más precisamente durante el siglo XII. Y aunque muchos de los edificios originales fueron demolidos o remodelados, hoy el barrio sigue conformándose por callejuelas de estilo medieval.

      large.DSC03808.JPG.e0deacb074438bc710371b0fb7141cd0.JPG

      Al ser el distrito que atrae a más turistas en toda la ciudad, Gamla Stan está repleta de tiendas, cafeterías, restaurantes y algunos hoteles.

      large.DSC03809.JPG.5f2da7a5256469dd354b0055ba58d449.JPG

      Aunque posee también muchos de los edificios más célebres de Estocolmo y toda Suecia. El Museo Nobel es uno de ellos. Presenta a los laureados con el galardón Nobel desde 1901, así como la vida de Alfred Nobel, uno de los ciudadanos suecos más reconocidos a nivel mundial. 

      large.DSC03810.JPG.7f1d4050dd7ef15719e12b56a5de69e5.JPG

      El museo se ubica justo en la plaza Stortorget, la más antigua de la ciudad y el corazón desde donde se desarrolló el resto de Estocolmo desde su nacimiento. 

      large.DSC03812.JPG.0bd0f080dfbfc9e0c7134aa32506ee89.JPG

      Pero el edificio más famoso y quizá el más importante en Gamla Stan es el Palacio Real, la residencia oficial y el mayor de los palacios de la realeza sueca.

      large.DSC03814.JPG.cc7c3b60b133d765cfacfde4962d5190.JPG

      Aunque la residencia donde realmente viven los reyes de Suecia y su familia se encuentra en Drottningholm, el de Estocolmo funge como el palacio oficial, y es donde se llevan a cabo las funciones del rey como jefe de estado, así como alojar a los asistentes personales y administrativos de la familia real.

      Al llegar al sur de Gamla Stan, a la orilla de uno de los canales que la delimitan, la isla contigua de Södermalm apareció. Y es allí donde aparcan los cruceros que traen a los turistas a visitar la mayor ciudad de Escandinavia.

      large.DSC03820.JPG.efb5417e0c1c921d626fb769f1095578.JPG

      Un puente vehicular y peatonal une a ambas islas. Y por recomendación de la oficina de turismo, una breve visita a Södermalm valía la pena.

      large.DSC03845.JPG.c95cd2791212a4a368e0a2116cdb7bfb.JPG

      Se trata de un barrio un tanto más bohemio con numerosos cafés, restaurantes y galerías de arte independientes, lo que le da el toque hipster y juvenil al centro de la ciudad.

      large.DSC03832.JPG.2b37ea43528b41c1acd9b8d0f561f6b2.JPG

      Pero quizá lo mejor de Södermalm son sus colinas a la orilla del canal, desde donde se tienen las mejores vistas de Gamla Stan y de los campanarios de sus iglesias.

      large.DSC03840.JPG.0b5ec217917df000f1fc76696d1c8191.JPG

      Por la noche volví hasta el campus universitario, donde me reuní nuevamente con Logan y cenamos una pizza con dos de sus amigos, un sueco y una peruana que había decidido mudarse a Suecia porque le encanta la oscuridad del invierno. Ambos, fervientes amantes del black metal escandinavo.

      Al siguiente día me dirigí hacia la zona este de la ciudad, comenzando por una breve visita al Museo de Historia Sueca, que también ofrecía entrada gratuita al público general.

      large.DSC03862.JPG.e4e7de11927f7ad9ca31f0d21a284a3f.JPG

      Aunque el museo va dirigido un poco más hacia el público infantil, ya que muestra juegos y muestras interactivas, fue una buena manera de sumergirme en la forma en que Suecia y la población escandinava se desarrolló desde la era vikinga.

      large.DSC03861.JPG.128ae3b18eb2c75f8f9a190aeddf64a0.JPG

      Las maquetas de los antiguos asentamientos y las figuras a escala de los drakkar son un ejemplo de cómo el pueblo vikingo se desarrolló en estas tierras desde la Alta Edad Media.

      large.DSC03860.JPG.aa6a0f30ff77e24ba8dadffb315ab557.JPG

      Y tras la llegada y el triunfo del cristianismo a la península, Suecia pasó a ser un reino más que obedecía al papado de Roma, aunque el paganismo y las tradiciones vikingas perduraron para siempre.

      Unos metros hacia el sur desde el Museo de Historia alcancé la riviera de otro de los tantos canales de Estocolmo. Aquel que divide la parte continental de la ciudad de Djurgården, otra de las islas de la ciudad.

      large.DSC03865.JPG.9798209b53e4aa9a88aaa1c008ab2a78.JPG

      Djurgården es una isla que, casi en su totalidad, contiene un parque urbano, lo que la convierte en el barrio más apreciado por los locales para poder relajarse y alejarse del bullicio de la capital.

      Pero para los turistas, Djurgården es mucho mejor conocido por alojar varios de los mejores museos de Estocolmo, y que son de gran interés para muchos.

      El Museo Nórdico, por ejemplo, se encarga de presentar la historia del pueblo sueco ubicada específicamente entre finales de la Edad Media y la Edad Contemporánea.

      large.DSC03866.JPG.22752125e526ca63aad8d88dc70f5973.JPG

      El Museo Skansen es uno de los más apreciados, ya que se trata del primer museo al aire libre del mundo. Contiene representaciones de la vida cotidiana de los suecos durante los últimos siglos. Incluso hay actores disfrazados que simulan el día a día de su época.

      large.DSC03874.JPG.ccd0801d3e9372e9ad5476598362c2cd.JPG

      El Museo Vassa es quizá el orgullo de Estocolmo y de toda Suecia. Es el museo más visitado de toda Escandinavia. Presenta al único navío del siglo XVII que ha sobrevivido intacto hasta nuestros días. El Vassa, fue un buque de guerra que naufragó apenas después de haber zarpado desde Estocolmo. En el siglo XX, el barco pudo recuperarse y hoy se presume casi ileso en la isla de Djurgården.

      large.DSC03867.JPG.7f9b1fefc4f58e52f0f0af08e66c40ed.JPG

      Y aunque no sea el de mayor afluencia, el Museo Abba es también uno de los más queridos. Y es que no hay grupo musical sueco más famoso en el mundo que este peculiar cuarteto pop de los años 70s.

      large.DSC03871.JPG.bd6062c48c4d60e114a4663e33367597.JPG

      Djurgården posee también un parque de diversiones, y es justo desde allí donde zarpan los ferrys al resto de la ciudad. Por 4 euros el boleto sencillo en el transporte público de Estocolmo, lo que menos podía esperar es que los ferrys estuviesen incluidos en el precio.

      large.DSC03883.JPG.52a7400be3e09946ccb07a4ec728fa07.JPG

      Así, pude al fin presumir que di al menos un paseo en bote por los canales de Estocolmo. No se puede visitar la Venecia del Norte sin navegar por sus aguas.

      large.DSC03880.JPG.f80c9d77bc5ab9429bcfc9ccad2d2cd1.JPG

      Volví nuevamente a Gamla Stan para un último paseo, antes de volver con Logan para cenar juntos en la residencia.

      Los siguientes días en Estocolmo los pasaría tomando clases de acroyoga y kung fu en las enormes explanadas de sus parques. El sol me sonrió como nunca y esperaba que así permaneciera para los siguientes días, pues me esperaba una larga travesía por uno de los lugares con los climas más hostiles en el planeta.

    3. Tenía pensado conocer Europa del Este, los destinos pensados eran Praga, Budapest, Bratislava y algunos pueblitos no tan conocidos... Pero una buena oferta a Estados Unidos produjo un cambio de planes a los destinos de Miami y Nueva York. Son dos viajes totalmente diferentes, pero ambos estaban en mi mente al igual que otros varios destinos más...

      Luego de unos días de descanso + playa + shopping y paseos por la ciudad de Miami llegamos a Nueva York, la ciudad nos recibía con un poco más de 30 grados (para mí que soy amante del calor estaba más que bien) :)

      Teníamos alquilado un departamento en Astoria, en Queens muy cerquita de Manhattan. Sacamos la tarjeta metrocard ilimitada por una semana y nos resultó muy cómoda para manejarnos.

      Además optamos por comprar el pase para el bus turístico y recorrer las partes más importantes de Nueva York.

      Habiamos llegado a la tardecita, pero no podía perder la oportunidad de realizar el primer paseo... Estrenamos nuestra tarjeta de metro y fuimos a Times Square. Es un sitio alucinante, se ve más espectacular aún que en las películas, fotos y videos.

      large.IMG_20190727_185631326_HDR.jpg.fd0e475c27321b25604e1f14961e2e88.jpg

       

      Algo que siempre me ha gustado de las ciudades grandes es visitar sus miradores! Fuimos a dos de ellos, al Rockefeller Center y al One World Observatory. El primero no me resultó tan impactante como el segundo. El OWO se encuentra en la zona donde anteriormente estaban las Torres Gemelas, es una zona muy linda para recorrer, las grandes fuentes que ocupan el espacio donde estaban las Torres Gemelas, producen una sensación de tranquilidad y silencio que invita a reflexionar en medio de la caótica Manhattan. En esta zona además se encuentra un centro comercial muy bonito que por fuera tiene forma de Paloma.

      large.IMG_20190730_113612406.jpg.32e1934c5b74a194a030ed48d0261ed5.jpg

      Otros paseos que me gustaron mucho fue recorrer la Quinta Avenida, la zona de Brooklyn donde nació Nueva York... Allí aprovechamos a cruzar el puente y también a sacarnos algunas fotos en Dumbo.

      large.IMG_20190731_150928625.jpg.47202c61358324354018157b05c54a6a.jpg

      Nunca había pasado mi cumpleaños de viaje, pero esta vez sucedió. Para festejar fuimos a almorzar a un restaurante argentino que habíamos averiguado previamente por internet y a la noche encontramos un restaurante italiano frente a Times Square y justó nos tocó una mesa en una esquina donde podíamos aprovechar a disfrutar de las luces y el movimiento caótico de la Gran Manzana.

      Ir a Nueva Yotrk y no visitar la Estatua no iba a ser un viaje completo, por lo que optamos por comprar el ferry para ir. Es importante aclarar, para quienes estén pensando en hacer este paseo que hay varias opciones... Hay un ferry gratuito que te lleva a ver la Estatua desde lejos pero que no permite bajarse, a mi criterio no es una buena opción ya que la estatua se ve del mismo tamaño que en un mirador, por lo que lo ideal es comprar el pase para el ferry y bajarse. La isla es muy chiquita se puede recorrer a pie y por supuesto ver a la emblemática Miss Liberty frente a frente. No subimos a la corona porque no disfruto de los espacios chicos y encerrados, en caso de que deseen hacerlo se debe reservar con anticipación ya que se venden pocas entradas por día.

      large.IMG_20190801_123327214.jpg.1da12ce2884f07b321bcdb5cfb5271f5.jpg

      Una zona nueva de la ciudad es Hudson Yards donde se encuentra un shopping nuevo y también el mirador The Vessel, es una estructura muy llamativa. Para visitarla se debe sacar la entrada por internet, no tiene costo pero es un paseo que vale la pena realizarlo con unas vistas increíbles.

      large.IMG_20190729_171333378_HDR.jpg.251b139b72d86a2ebd3317cff1973e3c.jpg

      Un paseo imperdible para los amantes de la fotografía, es visitar la tienda de fotografía más grande de la ciudad, donde se puede encontrar todo tipo de lente, accesorio, luz y demás. Allí aproveché para hacer algunas compras...

      El Central Park fue otro de mis lugares preferidos, es realmente muy grande. Si desean ver algo en particular, lo mejor es planificar la visita con tiempo para ver exactamente donde se encuentra, de lo contrario es muy díficil... Yo caminé sin rumbo disfrutando del paisaje verde en medio de Manhattan. Existen alternativas para recorrerlo ir en bicicleta, caballo.

      large.IMG_20190728_113918195.jpg.c923c814471eabbd29c19b383a72ee2b.jpg

      Hay cientos de paseos para hacer, varias veces opté por tomarme cualquier bus al azar y pasear sin rumbo, creo que cualquier calle es bonita y especial.

      Por último quisiera compartir algunos tips:

      La mejor manera de moverse en la ciudad, como comenté anteriormente es en Metro o bus. Hay muchas cosas para ver, hacer todo caminando es realmente imposible. Los sistemas de transporte están super conectados, son muy eficientes y también seguros.

      En cuanto a las atracciones a visitar, creo que la mejor opción es comprar un pase con la cantidad de atracciones que uno desea ver, previamente conviene realizar una investigación y ver qué lugares se desean visitar.

      Los buses turísticos son una buena alternativa para tener un primer pantallazo de la ciudad.

      Quienes deseen ahorrar en alojamiento una buena opción es hospedase fuera de Manhattan, nosotros lo hicimos en Queen, Astoria. Es un barrio muy tranquilo y también tiene varios locales y comercios de todo tipo.

      Para conocer la ciudad se necesitan varios días. Nosotros estuvimos seis días intensos donde vimos muchas cosas, pero tranquilamente se puede estar dos semanas sin aburrirse y más también...

      Opciones de comida hay cientas, restaurantes de todo tipo y también los supermercados venden viandas ya listas para comer. Aprovechamos a comer varias ensaladas ya que era verano y la ocasión lo ameritaba.

       

       

×
×
  • Create New...

Important Information

By using this site, you agree to our Terms of Use.