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  1. En un principio habíamos decidido quedarnos en casa y poner algo de orden, pero el día está tan esplendido que se nos hizo imposible quedarnos encerrados y decidimos escaparnos a Foz do Arelho, una pequeña fraguesia de Caldas da Rainha situada en la preciosa Lagoa de Óbidos. Tras mirar los horarios para Foz en la web oficial de autobuses (rodatejo.pt) tomamos la cámara, la mochila y nos encaminamos a la parada más cercana. Y aquí estamos, llevamos media hora esperando y no parece que el autobús vaya a llegar, debería haber pasado hace ya un cuarto de hora largo y dudo mucho que tenga tantos problemas en llegar desde la estación central hasta aquí. No sabemos si ir hasta la estación central y preguntar o esperar un poquito más, los parroquianos del bar nos han confirmado que debería llegar en cualquier momento. Sinceramente yo tengo mis dudas y le comento a Avani que a este paso nos convenía más ir andando ya que Foz está a tan solo unos 6 Km de Caldas pero no parece tomarse muy en serio mi propuesta... Al final, viendo que no aparece el autobús, decidimos ir a la estación central y averiguar si por alguna razón hoy no circula. Nos contestan que los horarios online están mal, el servicio de bus se ha reducido y el próximo no sale hasta dentro de una hora y media. Vamos a pasear y a comernos una pizza, porque a este paso salimos a la una de Caldas y luego preferimos aprovechar al máximo el tiempo. Menos mal que los nuevos grafitis de la Casa dos Artistas reflejan mis pensamientos a la perfección y no hace falta que los exprese con palabras El autobús sale puntualísimo y por fin llegamos a la playa de Foz do Arelho, verdadero responsable de que decidiéramos venirnos a vivir a esta zona de Portugal, pues Avani puede practicar kitesurf en su preciosa Lagoa sin tener que luchar con las enormes olas del atlántico. Un frío viento sopla con fuerza y admiro a todos aquellos valientes que se atreven a meterse en las gélidas aguas del atlántico Como no hemos venido a tumbarnos en la playa, ni mucho menos a bañarnos considerada la temperatura, me pregunto realmente cómo aquellos tengan el valor para acercarse al agua. Bueno, no son muchos los que se atreven a mojarse poco más que los pies mientras que los que veo zambullirse tienen generosas y naturales capas protectoras, fruto de la buena comida portuguesa . Después de que Avani se tomara un café portugués, al parecer lo hacen muy bueno (yo no tomo café no puedo opinar ), decidimos subir por la Rua Visconde Morais para admirar la Lagoa desde lo alto y luego dar un paseo por los acantilados de este lado. A cada nueva curva no puedo evitar la tentación de tomar nuevas fotografías mientras Avani sigue maravillandose de que no haya ningún kiter o windsurfista aprovechando de tan maravilloso viento. A medio camino hay un pequeño descampado sobreelevado desde donde se aprecian sin duda las mejores vistas panorámicas de la playa y la bocana de la Lagoa. Lástima que el amarillo cartel "se vende" anuncia que uno de estos días desaparecerá este mirador y en su lugar habrá una nueva casa o quizás un pequeño bloque de pisos Hemos llegado a lo alto de cerro y desde aquí se ven claramente las pequeñas casitas del otro lado de la Lagoa. Esa zona pertenece al bonito municipio de Óbidos del cual hablaré detalladamente en otro relato. Óbidos es un pueblo precioso del que estamos enamorados, sin embargo en los últimos años su ayuntamiento ha pretendido explotar al máximo sus recursos turísticos y ha vendido/concedido gran parte de las lindas colinas que vemos desde Foz a multinacionales para construir grandiosos campos de golf, con sus respectivas zonas residenciales e incluso un enorme hotel a pie de playa... Debido a la crisis mundial, las obras de la mayoría de empresas han sido paralizadas y ya veremos cuándo y cómo reiniciaran. De todos modos nosotros pudimos asistir a la triste deforestación de gran parte de los preciosos bosques de pinos que crecían en esa zona. Lloré, nos indignamos y nos chocamos con la indiferencia más absoluta por parte de los habitantes de estas zonas, no todos, por supuesto, pero si la gran mayoría. Simplemente se lamentaban pero se echaban para atrás si se le proponía organizar una manifestación o firmar una carta al alcalde de Óbidos. No pretendíamos lograr que anularan los contratos pero al menos hubiese sido lindo demostrar que no todos estamos de acuerdo en que se vendan los terrenos públicos, que deberían haber sido declarados parque natural, a grandes multinacionales extranjeras. Nos comentaban algunos vecinos del pueblo, poniendo cara de resignación absoluta, que "sí, es una pena... yo iba muchos domingos a esos bosques con toda la familia a preparar barbacoas... incluso de pequeño mi padre nos llevaba... pero... qué podemos hacer nosotros." Dejamos atrás los tristes recuerdos y continuamos nuestro paseo por los acantilados desde donde se llega a bonitas y reparadas calas. En uno de los descampados, que antes servia de estacionamiento, han construido unas curiosas y enormes estructuras sobreelevadas compuesta por varios círculos unidos por pasarelas. La verdad es que por más que intentábamos buscarle algún sentido no logramos entender su finalidad. Más tarde Avani investigó este tema y pronto publicará un relato con todos los detalles de dichas construcciones. Os adelanto que si el proyecto acaba siendo reanudado (fue suspendido hace un par de meses), los curiosos círculos se convertirán en los pedestales de unos bancos, o tronos individuales, de madera que estarán colocados de tal modo que cada uno podrá observar el mar sin “interferir” con el otro, es decir que en cada uno de los círculos se sentará un individuo solitario y observará el horizonte mientras otro hace lo mismo sentado en su propio círculo contemplando el paisaje. Foto de Nádia Schilling, Arquitecta Paisagista En uno de los lados de las curiosas estructuras circulares comienzan unos escalones y pasarelas de madera que parecen sustituir los sinuosos senderos que recorrían los acantilados. Aunque parece estar prohibido el paso, nosotros nos aventuramos a seguir la escalinata de madera. Tuvimos que “escalar” y sortear algunos obstáculos que nos impedían el paso pero pudimos recorrer el lindo camino pasando por otras áreas habilitadas para instalar los mencionados bancos hasta llegar al final donde la estructura daba algunas curiosas vueltas y las vistas te dejaban boquiabierto. Espero que el ayuntamiento y la empresa encargada de las obras lleguen a un acuerdo para terminar la estructura pues sería una lástima que esta se degradara antes incluso de abrirla al público, algo que muchos temen que ocurrirá. Nos disponemos a volver por la carretera para llegar al centro de Foz do Arelho. Es una calle que siempre habíamos tomado con el coche, y a la que nunca habíamos prestado demasiada atención, sin embargo nos sorprende gratamente al recorrerla a pie. A la altura de Rua do Moinho torcemos hacia la izquierda y nos adentramos por las callecitas de Foz, parándonos para fisgonear a través de las verjas de las lindas casitas de la zona menos turística de Foz. La zona de la playa ostenta grandes y modernos caserones, sería una mentira por mi parte afirmar que son feos y que prefiero vivir en las pequeñitas casitas del centro, ya que el encanto de sus jardines, huertos y viejas paredes es mucho más autentico. Mi cámara y mente se esfuerzan por retener cada una de ellas en su memoria. Nos compramos un helado en una de las tiendecitas de la vía principal y buscamos un lugarcito reparado del viento donde comérnoslo con calma. Y de esa forma llegamos a la Fonte dos Namorados. Puede que creáis que estoy algo loquita pero tengo por costumbre mirar a la gente a los ojos y saludar si me cruzo con alguien en calles o lugares poco transitados, no sé, para mi es algo lógico y no puedo evitarlo (lo hago incluso en Barcelona imaginaros en un pequeño pueblo ). Si dos animales de la misma especie se cruzan lo normal es mostrar un mínimo de interés. Debo reconocer que en Portugal tengo a menudo serías dificultades para que me respondan al saludo, pues al parecer ellos solo se saludan si se conocen y, de lo contrario, se esfuerzan por mirar al suelo o al lado contrario para evitar ese pequeño intercambio de palabras o gestos. Incluso en muchas ocasiones simulan no haber escuchado mi “Boa tarde”. Esta costumbre suele quebrarse si perciben que eres extranjero porque entonces responden abiertamente al saludo con sonrisas abiertas y sinceras e incluso se paran a preguntar si pueden ayudarte o empiezan a contarte alguna anécdota. Esta actitud me hizo reflexionar que su costumbre de no saludar, o incluso negar el saludo, debe de ser una triste herencia de la dictadura donde nadie podía fiarse de nadie. Bueno, os contaba todo esto porque callejeando por Foz nos han ignorado el saludo tan descaradamente que he recordado el fastidio que me daba a principios de vivir aquí. En aquel entonces tuve yo también ganas de dejar de saludar pero descubrí que me resultaba imposible. Suerte que la curiosidad de los bichitos es idéntica en todas partes Una de las casas más señoriales del centro de Foz de Arelho es la enorme Quinta da Foz ahora convertida en un característico hotel. Dejamos atrás el pueblo y torcemos a la derecha por el paseo que lleva a la costa. En lugar de seguirlo hasta la playa tomamos un desvió de tierra que inicia justo enfrente de la primera glorieta de Foz y que conduce hasta la Lagoa. El camino pasa por entre pequeños establos de ovejas, huertos y campos cultivados donde diferentes aves revolotean en busca de lombrices e insectos. Y el camino sigue y sigue hasta desembocar en la mismísima lago donde nos quedamos un rato relajados observando como la marea va llenando de nuevo la pequeña Lagoa de Óbidos. Hay un camino muy bonito que inicia justo aquí y bordea parte de la Lagoa pero ya son las cinco de la tarde y el último autobús a Caldas sale a las seis así que, lenta y perezosamente, dirigimos nuestros pasos hacia la parada de autobús. A medida que la amplia playa de Foz va vaciándose de gente y la fuerte corriente de la marea sube el nivel de la Lagoa, van apareciendo más pescadores que se aprestan a a preparar sus pequeñas barquitas o colocan sus cañas de pescar en los diferentes muelles. Pasamos por delante de los diferentes chiringuitos de la playa y los riquísimos restaurantes que, por cierto, os aconsejo probar si algún día decidís venir por esta zona. Todos ellos ofrecen platos típicos portugueses donde el pescado fresco y el marisco es el principal ingrediente, sí, antes de volverme vegetariana adoraba venir a comer aquí Y después de una linda vuelta por todo Foz hemos llegado al mismo punto de partida y vuelvo a confirmar que Foz do Arelho es un destino precioso donde uno puede quedarse varios días disfrutando de los alrededores, de la playa, el lago y del constante vientooooo ... Por cierto, a pesar de que el viento frío suavice la sensación de calor, poneros crema protectora para evitar quemaros la cara ...
  2. Hoy también el tiempo está radiante y decidimos dar una vuelta por Caldas da Rainha. Si no habéis leído el relato anterior os recomiendo seguir el siguiente enlace La carretera que conecta nuestra zona con la ciudad pasa por algunos descampados desde donde tomamos lindas fotos de los cardos amarillos con la pequeña ciudad ciudad de fondo. Nuestro paseo sin rumbo nos ha llevado hasta la estación de trenes, un lindo edificio de estilo portugués, luminoso, de grandes ventanales y decorado con azulejos de Caldas. Enfrente de la estación hay otro edificio que siempre nos llama la atención es un viejo bloque de pisos que parece como si estuviese descamándose o hubiese sido dibujado en un manga y colocado allí. Tras cruza varias callecitas y pasar por la central de bomberos (una institución muy querida por los caldenses) hemos llegado a una linda zona residencial donde abundan las cuidadas y enormes casas de estilo colonial. Siempre nos ha llamado mucho la atención el hecho de que los portugueses, en general, prestan muchísimos cuidados a lograr tener una grande y hermosa casa con jardín que pueda albergar a toda la familia, padres, abuelos, hijos, nietos... La lastima es que los hermosos jardines rara vez son usados y en los años que hemos vivido en Portugal hemos podido sentir la tristeza y la soledad que inundan estas casas donde sus melancólicos habitantes se encierran dentro con las persianas bajadas. No hay niños jugando, no hay comidas al aire libre, no hay fiestas de noche, no hay risas ni música, solo lindos decorados sin alma. Volvemos al bonito y viejo centro de Caldas donde las casas tampoco emanan alegría pero donde los años han cargado de romanticismo e historia cada azulejo que las adornan. Nos paramos para comer en uno de los restaurantes del centro donde nos pedimos un plato de feijäo preto con patatas, arroz y salteado de verduras. Este suele ser el típico acompañamiento de los platos de carne a la brasa pero al ser vegetarianos pedimos el plato sin carne y os puedo asegurar que está bien rico Para finalizar el almuerzo nos acercamos a la cafetería pastelería Baia y nos tomamos el primer pastelito de nata del viaje, yo no soy una gran amante de los dulces, a excepción del chocolate negro que adoro, los strudels y mis amadísimos cannoli siciliani (siempre que no sean aberrantemente dulces), pero si los preparan bien los pequeños pastelitos de nata están buenos. En la parte alta del hospital se encuentra una interesante obra del escultor Ferreira da Silva, artista nacido en esta localidad y muy querido por todos. La obra “Jardim da Água” es un enorme espacio donde distintas formas y gruesas columnas decoradas con vivos colores y piezas de cerámica rodean y se reflejan en los estanques de agua. La obra es realmente interesante incluso en ocasiones como hoy donde el agua ha abandonado el escenario dejando los estanques secos y sin reflejos centelleantes. En lugar de agua hoy deslizan y saltan los skaters y traceurs (practicantes de parkour) por entre las piscinas vacías y las esculturas. Dejamos el Jardim da Água por la parte de atrás donde una escalerita de hierro lleva al precioso mural que se encuentra en la base de la escultura y que la mayoría de viajeros, e incluso locales, desconocen su existencia. Seguimos nuestro paseo y entramos en la parte alta de los jardines de Dom Carlos I, aislados, tranquilos, salvajes y muchísimo menos transitados: un lugar fantástico para leer un buen libro o tener una cita. Salimos por la puerta que da a la cariñosísima iglesia de Nossa Senhora do Pópulo, sin duda la más linda de Caldas da Rainha. El pequeño templo del siglo XVI se encuentra anexado a la Hospital Termal Rainha D. Leonor porque fue erguido como capilla privada del mismo pero pocos años después de su construcción la reina D. Leonor pidió al Papa la autorización para permitir la entrada a los feligreses de Caldas y elevar el estatus de capilla privada a Iglesia Matriz. El estilo de Nossa Senhora do Pópulo es principalmente neogótico con algunos rasgos de arte mudéjar y manuelino, aunque sin duda el detalle arquitectónico más llamativo es el campanario y el enorme reloj donado por el rey D. Joao V. Al otro lado de la calle se encuentra el bonito museo del Hospital Termal de Caldas da Rainha, momentáneamente cerrado al público pero donde podemos entrar y sentarnos tranquilamente en uno de los banquitos del patio bajo la sombra de una enorme y hermosa buganvilla. Y como andamos de turistas hemos decidido asomarnos inocentemente en las puertas del Hospital Termal Rainha D. Leonor, cerrado en estos momentos por un nuevo brote de salmonella. El viejo guardia nos mira ceñudo pero al ver nuestra cámara y preguntarle en un portugués turisteño si “poder entrar y ver poco” nos ha sonreído mostrándonos una enorme boca desdentada y contestado que no hay ningún problema que por favor pasemos. Sí, sí ya se que no es justo aprovecharse del hecho de ser extranjeros pero tampoco hemos hecho nada malo ni intentado corromper a nadie, solo hemos preguntado si podíamos saciar nuestra curiosidad viajera Nada más entrar un nauseabundo olor a rancio y algo más, quizás azufre, nos invita amablemente a retirarnos. Pero el guardia sigue mirándonos con su amplia sonrisa y no queremos ofender su amabilidad por lo cual nos adentramos por entre los oscuros pasillos esperando descubrir algo lindo que merezca la pena respirar ese aire tan cargado, sinceramente no se que tan beneficioso puede ser someterse a una cura intensiva en dicho hospital termal Gracias al flash logramos tomar algunas fotografías pero tras abrir algunas puertas y asomarnos a varios pasillos y habitaciones decidimos que es un perfecto escenario para una película de terror donde los antiguos enfermos cobran vida y vagan por entre las estancias buscando cuerpos sanos que devorar. Al volver junto al guarda le preguntamos inocentemente porque está cerrado y nos contesta que por tramites administrativos nada con importancia... Es cierto que la Salmonella no es una enfermedad mortal pero tampoco me parece correcto afirmar tranquilamente que está cerrado por “tramites administrativos”, pero en fin. Suponemos, o al menos esperamos, que cuando está abierto y en funcionamiento su apariencia y aire es menos lúgubre. Aunque hay que admitir que el hospital funciona desde ya hace más de 5 siglos como conmemora la escultura de corazones de la parte trasera del conjunto. Damos por finalizado nuestro paseo y lentamente, atravesando los bonitos jardines del parque, volvemos a casita. Podéis ver más fotos de nuestra excursión por Caldas da Rainha en mi álbum:
  3. Portugal es un destino hermoso de frías playas, altos acantilados, luminosos y cuidados pueblos, de gente humilde impregnada de saudade, viento y mar. Hay tantos destinos, tantas historias, tantos recorridos que me gustaría contaros pues he vivido durante más de dos años en tierras lusas y he podido admirar algunos de los más lindos pueblos y vivir situaciones o lugares menos elogiables... Pero como ocurre en este país las cosas se cuentan con calma y ahora prefiero empezar por el final, por nuestra último viaje a Lisboa y a la pequeña ciudad de Caldas da Rainha. No teníamos planeada esta escapada pero por un cúmulo de circunstancias favorables (días libres acumulados en el trabajo y buenísima oferta en los billetes de avión a Lisboa) el miércoles 25 de junio preparamos las mochilas y a las 6 de la mañana del jueves ya estábamos, al menos físicamente , en el aeropuerto de Barcelona esperando nuestro Vueling a Lisboa. Llegamos a las ocho y media, hora local, y salimos de la terminal para esperar al pequeño aerobus que nos llevaría a la estación de Sete Rios desde donde podíamos tomar el autobús a Caldas da Rainha. El aerobus es sin duda un servicio cómodo pero como en cualquier aeropuerto sale algo caro 3,5 euros por trayecto y persona cuando el billete a Caldas nos cuesta tan solo 8,7 y está a 90Km. Es lindo viajar a nuevos destinos pero también lo es volver a viejos lugares conocidos y durante el viaje a Caldas fuimos recordando algunas de nuestras simpáticas excursiones por la zona. Mientras tanto nuestro autobús atravesaba bancos de niebla, lluvias y repentinos rayos de sol. El típico clima fresco y húmedo de Portugal en ese momento nos pareció de lo más agradable ya que veníamos cargados del calor el y bochorno de Barcelona, pero debo admitir que cuando vivía allí eché muucho de menos sentir el calor en verano y el frío en invierno pues el eterno clima primaveral/otoñal me aburrió solemnemente Llegamos a Calda da Rainha donde por suerte ni llueve ni hay neblina, todo lo contrarío, el viento está despejando rápidamente las nubes y dejando paso a un intenso y limpio cielo azul que nos permite fotografiar la hermosa rua de Heróis da Grande Guerra bañada en luz. El pequeño centro de Caldas es peatonal lo que permite caminar sin prisas y sin más ruidos que el de los transeúntes, las terrazas y las cafeterías de la zona, volviendo el paseo muy agradable y permitiéndonos reabsorber el portugués que hemos ido perdiendo por falta de practica Vamos rápido evitando tomarnos nada en ninguna de las cafeterías del centro pues tenemos ganas de volver a ver nuestra queridísima Praça da Fruta, oficialmente Praça da República pero que todos conocen como plaza de la fruta ya que en ella tiene lugar el mercado. Es un mercado muy hermoso donde van tanto puestos de comerciantes locales, como ancianas señoras ataviadas de negro con sus cajas de verdura y sus viejas y dudosas balanzas oxidadas, donde van colocando los aun más gastados pesos. Es como retroceder en el tiempo y volver a la época, que no conocí donde la fruta y la verdura no sabían a plástico, donde los tomates eran deformes y estaban buenísimos, donde cada verdura tenía su estación, donde las ancianas de viejas y gastadas manos te venden lo que cultivan sus esposos en la pequeña parcela de tierra para complementar su misera pensión, donde las grandes marcas no tienen cabida. Nuestra prisa no sirvió de nada la plaza estaba toda patas arriba , estaban de obras, según nos cuentan unos ancianos, para recualificarla, ajustar el adoquinado de la plaza y uniformar los puestos de verdura con carpas que se montaran por la mañana y desmontarán al medio día. Vivimos durante tanto tiempo el viejo y desordenado mercado y nunca le hicimos fotos, a pesar de haberlo pensado cientos de veces, pero como suele pasar cuando vives en un sitio no cargas la cámara para ir a comprar zanahorias y papas... Solo nos queda el recuerdo y las fotografías de los hermosos edificios de la plaza. Antes de encaminarnos a casa queremos pasear por el parque Dom Carlos I, sí en Caldas de Rainha tenemos un pequeñísimo apartamento que compramos con la intención de usar como base o almacén para poder viajar y movernos sin preocuparnos de donde guardar los libros y otros trastitos. Abandonamos La Praça de la Fruta, bajamos por el pequeño callejón de Liberdade y llegamos al Hospital Termal Rainha Dona Leonor, que como lleva siendo habitual en los últimos años, está cerrado por un nuevo brote de salmonella... El parque de Dom Carlos I formaba parte de los jardines del viejo Hospital Termal para que los pacientes pudiesen pasear y recuperarse de sus enfermedades y a tal fin ha sido defendido, reformado y ampliado en innumerables ocasiones durante los últimos tres siglos. Actualmente los grandes jardines son públicos y es sin duda uno de los lugares preferidos de todo caldense. La zona más conocida y visitada del parque Dom Carlos I es la que se encuentra en la parte baja de las Termas, zona que cuenta con una linda cafetería acristalada, mesas de picnic, pistas de tenis, zona infantil, el museo de Jose Malhoa y un estanque, que en estos momentos se encuentra medio vació por mantenimiento pero que normalmente tiene barquitas que se pueden alquilar para dar una pequeña vuelta alrededor del estanque junto con los cisnes, patos y ocas que en el residen. Dejamos el bonito parque por la puerta inferior, donde se encuentran las pistas o canchas de tenis. Ya son más de las 13 y estamos hambrientos así que entramos en el centro comercial Vivaci, subimos a la última planta y nos pedimos 2 súper menús faláfel con arroz, ensalada, patatas fritas y 5 hamburguesitas de faláfel, sí ya se que no es muy portugués pero necesitábamos energía rápida Una vez recuperados volvemos a cargar nuestras mochilas sobre nuestros hombros y esta vez sí que nos vamos derechito a casa. Nuestro pisito se encuentra alejado de la ciudad y para llegar allí hay que caminar unos 20 minutos desde el centro comercial. De camino pasamos por delante del viejo almacén de trigo que han restaurado hace poco para acoger exposiciones de la facultat de arte e interpretación de Caldas, al igual que el edificio de al lado donde el grafitero portugués EIME dejo su huella. Saludamos a los vecinos, abrimos la puerta, subimos todos los diferenciales y... no hay luz, NO HAY LUZ y yo que pensaba llegar a casita y tumbarme a leer... suerte que hemos comido porque el piso es todo eléctrico y sin electricidad no funciona nada y cuando digo nada es nada, no podemos ni subir las persianas. Volvemos a salir de casa y ahora con prisa porque tenemos que llegar a la otra punta de Caldas antes de que cierren la oficina de EDP. Tenemos suerte y tras hora y media de fila nos atienden y nos comentan que entre hoy o mañana activarán de nuevo el contador... Efectivamente cuando llegamos por la noche, después de pasar el resto de la jornada en casa de unos amigos, ya habían activado todo. Realmente debo admitir que en EDP han sido súper eficientes. No olvideis visitar el álbum con más fotos de Caldas da Rainha y el relato de nuestro paseo por esta linda y pequeña ciudad:
  4. El día 12 de mayo fue el día Internacional del Museo y aprovechando que @Celitica y @Gris me habían insistido que debíamos visitar Sitges, decidimos tomar el tren de Rodalies desde Barcelona y visitar la pequeña localidad costera y sus museos. Llegamos a Sitges a las nueve y media y a pesar de que habían anunciado sol y nubes el día se había levantado gris, frío y muy ventilado. Suerte que nuestro planing consistía en visitar museos. Como el tiempo no invitaba a tomar fotografías nos limitamos a pasear tranquilamente por las calles peatonales del centro. Sitges es conocida por su característico casco antiguo donde las callejuelas animan a pasear sin prisa parándose a contemplar los llamativos y originales escaparates de los talleres y tiendas de cuadros, moda y artesanía. La bonita villa de Sitges ha atraído desde siempre a artistas, literarios y bohemios que durante los últimos siglos la han dotado de cierto aire exclusivo e intelectual, donde la pintura, el cine y la literatura juegan un importante rol, un claro ejemplo de esto es el reconocidísimo Festival de Cine Fantástico de Sitges. Otra de las características de el pequeña villa de pescadores es que está considerada como el destino turístico más concurrido de la comunidad homosexual en España y así lo testifican algunas esculturas, escaparates y locales. Subimos por la escalinata de la iglesia de San Bartomeu i Santa Tecla y llegamos en frente del histórico cañón que durante cuatro largas horas defendió en 1797 el pueblo de Sitges del ataque de dos fragatas inglesas ancladas en la playa. El oxidado cañón no es solo parte importante de la historia de la villa sino también de sus leyendas donde se narra que fue él mismo que disparó hace siglos una hermosa y joven doncella de nombre Tecla para defender el honor de sus hermanas del ataque de un cruel corsario. El Palacio Maricel se encuentra aún cerrado y según podemos leer, en el cartel informativo colgado cerca de la entrada, no abrirán sus puertas hasta dentro de una hora. Por ello nos pusimos a fotografiar los diferentes detalles de la bonita plaza el Raco de la Calma (rincón de la calma) Es curiosa la vieja fuente que se encuentra a la derecha de la entrada del Palacio Marycel, donde dos viejas gárgolas manaban agua, ahora parece estar seca, en una misma y vieja pila. El león de la izquierda cuenta que “Aquesta aigua no és bona per beura” (Este agua no es buena para beber) y en cambio la gárgola de la derecha, que representa a un viejo carnero, afirma que “Aquesta sí, però no raja sempre” (Ésta sí, pero no mana siempre) en algunos sitios he leído que la llaman la Fuente Bipolar Teníamos una hora para pasear, visitar y admirar el paseo, la playa de Sant Sebastià y la homónima ermita. Al terminar nuestra caminata nos sentamos y relajamos en uno de los bancos de la plaza de la Iglesia de Sant Sebastià desde donde se tienen unas preciosas vistas del casco viejo de Sitges y la escultura de Horacio Elena “Dona mirant el mar” (mujer mirando el mar). Lentamente retomamos nuestro camino al Palacio Marycel, que traducido al español significa Mar-y-Cielo. Con el nombre tengo serias dudas de cual es el correcto pues aunque oficialmente lo llaman Maricel en los diferentes azulejos del palacio y en la página oficial de Charles Deering en inglés se refieren al mismo como Marycel, por lo cual me hace sospechar que el nombre original es con i griega (y) pero por cuestiones de ortografía catalana las autoridades han decidido llamarlo con i latina (i) Llegamos en el preciso momento en que abrían las grandes puertas de madera y nos invitaban a pasar al interior del patio de azulejos con su preciosa fuente de helechos y la escalinata que nos llevaría hasta la primera planta del palacio museo. En la antesala encontramos una linda colección de vajilla y diversos objetos personales tales como pequeños retablos y bargueños. Debo decir que es una lastima que no se hayan incluido cartelitos con la información básica da cada uno de ellos. Antes de proseguir con nuestra visita tomamos uno de los trípticos del palacio y leímos su historia. Pasamos al primer salón el Saló d'Or donde, al igual que en el resto del palacio, se echaba en falta la oportuna explicación e historia de la sala o sus elementos decorativos. El salón esta repleto de interesantes obras y detalles como las oscuras ménsulas de madera que representan altos monjes pensativos, el precioso artesonado del techo o la imponente chimenea procedente del Palau de la Generalitat. Lastima que las sillas colocadas para los ocasionales conciertos, ceremonias y bodas ocupen gran parte de la sala y estropeen ligeramente la visión del conjunto. A la derecha del Salón Dorado se encuentra una pequeña capilla con un enorme retablo del siglo XVI y una variopinta colección de porcelana. Continuamos nuestro recorrido y llegamos al segundo mayor salón del palacio, el Saló Blau, la sala se encuentra vacía... solo unas pocas y feas sillas de plástico rodean el enorme salón y empezamos a entender la tristeza que debieron sentir todos aquellos que conocieron Maricel colmado de obras y vida cuando Charles Deering decidió llevarse todo a EEUU y literalmente desnudó el palacio... El único consuelo que nos queda es alzar la vista y admirar el extravagante y bello artesonado que decora el techo. Para cubrir un poco esa sensación deprimente que transmite la sala despojada de sus muebles y obras de arte el museo ha decidido exponer una pequeña muestra de viejas fotografías del Palacio y Sitges. Subimos a la segunda planta donde hay otra pequeña sala vacía donde el elegante artesonado y sus ménsulas nos recuerdan a unos distinguidos pavos reales de color negro, dorado y verde brillante. Tras abandonar el saloncito atravesamos el umbral de una vieja puerta azul y llegamos al encantador claustro. Sin duda uno de los lugares más conocidos del palacio y razón por la que, tanto aquellos que aman visitar los museos como los que no, deben visitar el Palau Maricel. Mientras esperábamos el momento oportuno para tomar algunas fotos, pudimos apreciar los curiosos detalles e historias que representaban los azulejos de las paredes del claustro. Donde, como por ejemplo, se representa una típica escena de un mercader vendiendo sus frutos y pescados a una señora mientras un bribón le roba parte de la mercancía Todos los visitantes que entraban en el pequeño claustro soltaban un suspiro de admiración y rápidamente dirigían su atención al privilegiado ventanal del palacio donde, tras varios intentos, al fin logré tomar una preciosa foto del más bello mirador de Sitges. Dejamos atrás el claustro y salimos a la bonita terraza de los geranios, o al menos así la he bautizado yo Mientras contemplábamos el precioso dibujo de la fuente de la terraza, donde ciervos y cisnes giran alrededor de una pila en forma de estrella octogonal, escuchamos a una guía contarle a unos turistas ingleses, que la alta y delgada palmera que se ve desde la terraza la trajo ahora hace 100 años Charles Deering La palmera en cuestión supera la altura del campanario y ha hecho falta reforzar su base para evitar que el fuerte viento y su propio peso la hicieran caer. Subimos por la escalinata que lleva a la terraza superior donde en ocasiones especiales se celebran banquetes y ceremonias al aire libre. Lastima que el fuerte viento no alentaba a permanecer más tiempo sentados en uno de los curvados bancos que imitan la ondas del mar, porque realmente es una terraza privilegiada donde sus formas y vistas se merecen unos minutos de pausa para reflexionar y asimilar todo lo contemplado hasta el momento. La visita ha llegado a su fin y abandonamos el precioso Palacio de Marycel convencidos de que hubiese sido aun más maravilloso poderlo disfrutar en sus inicios cuando las esculturas, tapices, muebles, y cuadros vestían todas las salas del conjunto.
  5. Si aun no habéis leído la primera parte del relato, donde describo la ruta a pie desde Figaró hasta los pies del Tagamanent, os aconsejo seguir el siguiente enlace: Desde el Collet de Sant Martí a los pies del Tagamanent hay varios senderos que coronan la cima por lo cual aconsejo seguir el que cada uno considere más oportuno, siendo los más pequeños los más bonitos y empinados En poco menos de 15 minutos, parando para admirar el paisaje, os encontrareis en la cima y admitiréis que ha valido la pena perder un poco el aliento subiendo por la pronunciada pendiente. En lo más alto del cerro hay suficiente espacio para acoger un gran numero de excursionistas y familias, si queréis venir con niños tened en cuenta que hasta el Collet de Sant Martí se puede llegar en coche por la carretera asfaltada que inicia poco después del pueblo de Tagamanent. El lugar es ideal para organizar un picnic o quedarse por un rato contemplando las inmejorables vistas, según algunos las mejores de todo el Montseny. Hemos tenido la suerte de que bajará un poco el viento y por unos momentos las nubes que cubrían densamente el horizonte se han abierto un poco, lo justo para ver un poco de cielo azul, aunque no lo suficiente como para dejar pasar el sol... debe de ser precioso estar en lo alto del cerro en un día despejado. Como podéis ver de entre todos los antiguos edificios y casas que formaban parte del castillo y viviendas de Tagamanent solo queda en pie la ermita de Santa María y algún muro adyacente. Mientras me asomo entre las rejas para ver el interior de la iglesia no puedo evitar en recordar la siguiente leyenda... " En la edad media, cuando Tagamanent aun no se llamaba así, el castillo era prospero y sus habitantes felices, heredó el castillo un noble Conde que se encontraba en la edad perfecta para buscar esposa y establecer una familia que heredara el castillo y sus propiedades. Como bien sabemos el Conde no tuvo dificultad alguna en encontrar esposa y entre todas las pretendientes escogió la más bella, séptima hija de un noble de Osona, la cual venía ademas con una buena dote que aumentaba el patrimonio del joven Conde. Nueve meses despues de la ostentosa boda el castillo hervía de emoción, los preparativos estaban todos listos y solo quedaba esperar el eminente nacimiento del futuro condecito. Pero en eso salió el Conde con cara compungida y anunció que el parto se había complicado y que tanto su querida esposa como el esperado hijo habían muerto... Por ello pedía que por favor sus desconsolados súbitos lo dejaran solo durante una semana para guardar duelo. Y así hicieron todos ellos dejándolo solo y yéndose a vivir durante 7 días en las masías colindantes. Pero la supuesta complicación y muerte de su esposa e hijo eran mentira, en esos momentos su mujer reposaba tranquila en el lecho con el hermoso hijo entre sus brazos. El problema era que el niño había nacido con los brazo más cortos de lo habitual y el Conde culpó de ello a la madre y lo consideró una grave ofensa para su honor. Por ello cuando ya todos los súbitos se habían marchado se acerco a la madre que aun tenía el niño en brazos y empezó a golpearla brutalmente mientras la culpaba de la deformidad de su hijo. Cuando se canso de pegar a su esposa la tomo de los pelos y la arrastro junto con su hijo al calabozo del castillo, donde los encerró para que muriesen de dolor y hambre. Durante los tres primeros e interminables días se escucharon los llantos y suplicas del bebe y de la madre, transcurridos los cuales solo se oían los de la madre que lentamente se fueron apagando hasta que al sexto día reino el silencio. Mientras tanto el malvado Conde había cavado dos tumbas que había rellenado con ropa y, cuando transcurrida la semana, volvieron los habitantes del castillo se celebraron los oficios tomando las tumbas como verdaderas. El deseo de descendencia hizo que transcurrido el tiempo de luto preestablecido el conde rápidamente buscase otra nueva esposa, casándose esta vez con la hija de un noble del Vallès. Pero la suerte quiso que el nuevo recién nacido también naciera con una pequeña deformidad y el Conde volvió a repetir el mismo procedimiento de la vez anterior con la única diferencia que esta vez primero mato a su mujer a golpes y encerró durante un par de días al recién nacido que rápidamente murió de frío y hambre. Los remordimientos acosaban al Conde y este se refugiaba en el interior de la iglesia para rezar, no ya a Dios en el cual no confiaba sino al Diablo pidiéndole que le concediese una buena descendencia. Tanto rezo que en el preciso momento que dejaron de escucharse los llantos del bebe un frío viento hizo estremecer al Conde y al volverse vio una siniestra figura esperándole fuera de la iglesia. El Diablo le prometió el bebe deseado con la condición de que se casase con la primera mujer con la que se cruzase desde aquel momento. El conde desesperado y ciego por su deseo acepto sin pensárselo y cuando al cabo de un par de día empezaron a volver sus sirvientes se cruzo con una anciana que volvía para ocuparse de sus tareas en el interior del castillo. Respetando el pacto debería haberla tomado como esposa pero el Conde adujo que el diablo no podía pretender que un señor de su categoría se acostase con tal mujer y así se autoconvenció. La siguiente mujer con la que se cruzo fue una joven y sana campesina a la cual propuso inmediatamente matrimonio sin ni siquiera esperar a finalizar el duelo por su segunda mujer. La familia escandalizada le pidieron que mantuviese la calma y primero mantuviese el luto y luego buscase esposa. Pero el conde ya no escuchaba consejos y al día siguiente se celebró la boda con la bella campesina a la cual no asistieron más que los sirvientes y la familia de la campesina. Nueve meses más tarde la nueva esposa dio a luz pero no un bebe con los brazos un poco más cortos sino sin ellos y con una enorme cruz invertida gravada en el pecho. El Conde no pudo reprimir por más tiempo su locura y tomando el niño por las piernas se dirigió, en frente de todos su súbitos, a la ermita de Santa María y allí empezó a golpearlo contra las paredes de la iglesia donde había cerrado el pacto con el Diablo, hasta que el recién nacido no fue más que una masa uniforme de sangre, carne y huesos que llevo hasta el interior del calabozo y tiro junto con los descompuestos cuerpos de sus antiguas esposas e hijos, para luego clavarse el mismo su propia espada. Los sirvientes que recordaron haber escuchado llantos provenientes del castillo entendieron lo que había pasado y el miedo y el horror los empujo a abandonar la zona y desde aquellos días nadie nunca más ha vivido en el castillo por considerarse una zona maldita. Dicen que incluso desde las masías de la zona hay noches que el viento trae consigo el sonido de los desesperados llantos de las madres y de sus bebes. Quienes vivieron en el castillo decidieron olvidar su anterior nombre y se referían a el castillo como “Nen Amagat” (niño escondido en catalán) pero al revés “Tagamanen” nombre al que, con el tiempo, se añadió una “t” al final por cuestiones fonéticas, llegando a nuestros días como Tagamanent " Fuente original LlegendesCatalanes traducido e interpretado por @Kamali Pero la ermita no es lo único que recuerda la fragilidad del ser humano, si uno se fija, en la punta de la gran “terraza” rocosa (punto desde donde se disfrutan unas vistas preciosas, ver la 1era y 3a imagen del relato) mirando hacia abajo, si sufres de vértigo no te lo aconsejo, se ve una plaquita blanca con una florecita de plástico... Como desde lo alto solo se ve eso y ya he dicho que soy muy curiosa decidí bajar por las rocas, hay que estar en forma pero no es difícil, hasta llegar a un saliente bastante grande que quedaba poco más abajo de la plaquita mencionada y desde donde seguramente la colocaron. En la plaquita esta escrito: "La meva petjada per la vida a sigut com un floc de neu. (Mi huella por la vida a sido como un copo de nieve.) Maritxell A. B. 1974 – 1997" Prefiero no perderme imaginándome el cómo o el porqué de este triste mensaje, dejando a la joven almita de Maritxell disfrutar de las hermosas vistas y prometiéndome a mi misma que hay que aprender a amar la vida antes de que se funda como los suaves copitos de nieve. Nos relajamos unos minutos contemplando el paisaje y las ruinas de Tagamanent antes de despedirnos de tan maravilloso paraje y disponernos a bajar hasta Aiguafreda y su estación de trenes para volver a Barcelona. A diferencia con el itinerario seguido para ascender hasta lo alto del Tagamanent desde Figaró, que en su mayoría transcurre por una amplia pista forestal ahora descendemos tranquilamente por el pintoresco sendero que cubre parte del GR5 (GR = sendero de Gran Recorrido), la Ruta Verdaguer o V+ (Recorrido por lugares y caminos más significativos de la vida del poeta y cura Jacinto Verdaguer) y la ruta Matagalls a Montserrat (trazada en 1904 por Jaume Oliveres) El recorrido es realmente lindo no hay un rincón o nuevo tramo del camino que no admiremos. Una de las características del terreno que más nos llama la atención es que la tierra esta formada a capas que poco a poco, con el agua y el constante paso de los senderistas y las bicicletas de montaña se va desmoronando o exfoliando, creando curiosos desniveles que, visto desde una perspectiva de hormiga, pueden recordar a los paisajes del Gran Cañon o a enormes y finas laminas de chocolate Otro dato curioso es que a pesar de ser más sombreado, o al menos eso parece (hoy, como ya he dicho, el sol brilla por su ausencia), hay más árboles caídos o tirados por el fuerte viento que azota este lado de la montaña, otorgando al camino un toque más salvaje. En algunas ocasiones los troncos muertos y metamorfoseados en enormes arañas grises intentan invadir nuestro sendero, otros al romperse se fragmentan laminándose al igual que finas tiras de papel... Menos mal que a pesar de los fuertes vientos, incluso hoy lo escuchamos susurrar entre las ramas más altas, aun quedan enormes y ancianos pinos que con sus grandes raíces mantienen el terreno. La ruta es apta para todo tipo de senderistas aunque en ciertas ocasiones aquellos con más problemas físicos o de rodilla deberán ir más lentos y/o ayudarse con los bastones para no resbalar o cargar excesivamente las rodillas. El resto del recorrido no presenta ningún tipo de dificultad. Desde hace unos minutos la ruta ha dejado atrás el sendero y ahora caminamos por la pista forestal que pasa por delante de la masía en ruinas de Puig Agut. Antes de desviaros a la izquierda siguiendo la linea de alta tensión recordad mirar atrás, veréis en lo alto y a lo lejos la cima del Tagamanent. Por suerte al cabo de pocos metros las señales que encontramos nos invitan a dejar el camino que sigue la linea de alta tensión y a adentrarnos por un nuevo y pequeño desvío a la derecha. A poco que sale el sol el precioso camino se inunda de luz y color volviéndolo aún más hermoso. Durante toda el camino se entrecruzan varios senderos y pistas forestales por ello es muy importante, para evitar perderse y tener que volver atrás, seguir las indicaciones del GR ( 2 franjas paralelas la superior blanca y la inferior roja) que podéis encontrar en los hitos metales de color verde, pintadas en el tronco de un árbol o en una piedra del camino. Con muchas pausas y risas llegamos al fin a la carretera desde donde se ven las primeras casas de Aiguafreda. Pero justo cundo ya dábamos por terminada la ruta aparece de nuevo la señal vertical indicándonos que “debemos” seguir por un pequeño atajo que nos evita tener que caminar por la transitada pista Llegamos a Aiguafreda y decidimos tomar el siguiente tren a Barcelona y aprovechar esta horita que nos queda para dar una vuelta por el municipio. Las intenciones eran buenas pero en el momento en que “aterrizamos” en el centro del pueblo cae sobre nosotros todo el cansancio del día y nos vemos obligados a postergar nuestra visita, entrar en un pequeño supermercado para comprar dos Aquarius y un par de manzanas. Quizás sea porque cada vez tomamos menos refrescos, por ser tan ácidos y malos para el cuerpo, pero el caso es que el Aquarius lo único que logra es darnos más set e impulsarnos a buscar lo antes posible una fuente donde quitarnos el regusto de la bebida (qué antes tanto nos gustaba) y calmar nuestra set. Suerte que las manzanas están deliciosas. Cansados y contentos nos dirigimos a la estación de rodalies a esperar nuestro tren que nos llevara de vuelta a la bulliciosa Barcelona.
  6. Nos encontramos en la estación de Figaró, un pequeño pueblo anclado a los pies del Montseny, en provincia de Barcelona. Quizás os suene el nombre del municipio por haber leído alguna noticia de su admirable forma de gestión, que ha logrado ser un ejemplo real de democracia participativa y abierta, donde los habitantes de la pequeña localidad deciden a que destinar parte del presupuesto anual. Puede sonar a utopía pero es cierto y al parecer cada año funciona mejor. La participación ciudadana es activa, critica e independiente, por ello en algunas ocasiones las decisiones tomados no concuerdan con las del alcalde y este se ve orgullosamente "obligado" a acatar las decisiones de sus conciudadanos, como él mismo dice: Otro de los atractivos de Figaró, razón por la que ahora nos encontramos en la pequeña estación de Rodalies, son las rutas y senderos que recorren el municipio. Algunos de los más conocidos son: Itinerario del Congost, Las Fuentes del Municipio, Ruta dels Arbres de Vallcàrquera y el Itinerario a Tagamanet. Nosotros vamos a agrupar estas dos últimas rutas para luego decender por el GR-5 hasta Aiguafreda. Atravesamos el pequeño puente que cruza el río Congost y nos desviamos a la izquierda por la calle de Ribes. Pasamos por delante del Ayuntamiento, del hotel, algún que otro bar, panaderías y pequeños comercios hasta llegar al final del pueblo donde, después de cruzar el riachuelo de Vallcàrquera, encontramos el camino bien señalizado de la Ruta dels Arbres (árboles) de Vallcàrquera. Como bien indica el nombre de este sencillo itinerario, es ideal para organizar excursiones con niños y aprovechar la ocasión para aprender a conocer los árboles que caracterizan esta zona del Montseny leyendo el nombre de los mismos en los carteles que encontramos al pie de los árboles más característicos. Entre la flora del Vallcàrquera podemos encontrar castaños, avellanos, robles, pinos, encinas, chopos, fresnos, alisos, almeces, ciruelos, saúcos y otros árboles típicos de la vegetación ribera o bosque de galería de montaña. El camino esta muy bien señalizado, unicamente hay que seguir la dirección de las franjas blancas y amarillas (senderos de Pequeño Recorrido, PR) y tener cuidado de no continuar por el sendero señalizado con las dos franjas en cruz a pesar de que el camino erróneo resulte tan atractivo como en esta ocasión Al poco llegamos a la fuente de la Noguera Punxeguda, dejando rienda suelta a mi imaginación puedo entrever como antaño se reunían a descansar los ancianos apoyados en el murito de la fuente, manteniendo el bastón entre sus nudosas manos mientras escuchaban el suave gorjeo del agua y el trinar de los pájaros. Los pequeños saltos de agua y las numerosas pozas del riachuelo nos invitan a fotografiar y filmar cada nueva curva del camino. Las señales nos convidan a cruzar el Vallcàrquera, abandonando el precioso sendero que bordeaba el arroyo y a seguir por una pista asfaltada, por suerte poco transitada. Tras unos minutos caminando por la prácticamente anónima carretera llegamos a la Font del Molí o fuente del molino. El agua sale clara y fresca y aprovechamos para mojarnos la cara y eliminar así los últimos recuerdos de la ciudad. Tened en cuenta que es la última fuente del itinerario, la próxima se encuentra en el pequeño pueblo de Aiguafreda, al final del recorrido. La pista continua entre bonitas masías con jardines y campos. Uno de los huertos consigue, a través de su extravagante decoración, captar nuestra incrédula mirada... desconocemos el mensaje que ha querido transmitir el propietario del singular huerto pero sin duda es desconcertante. Dejamos atrás las extravagancias o quizás una suerte de mensaje reivindicativo en defensa de la libertad y, erróneamente, seguimos nuestra ruta. Digo erróneamente porque cuando llegamos a casa me doy cuenta que justo detrás de esta masía se encontraba la iglesia de Sant Pere de Vallcàrquera del siglo XVII. A medida que nos alejamos del curso del riachuelo la vegetación va cambiando y enormes arbustos de ginesta florecida invaden los costados de la carretera. Pocos metros más adelante hay un cruce donde tendríamos que haber tomado el desvió de la izquierda para abandonar la Ruta dels Arbres de Vallcàrquera y encaminarnos en dirección al Tagamanet pero en su lugar hemos seguido recto hasta llegar a la pequeña casita de Can Matamoros. Para retomar nuestra ruta decidimos recortar por un pequeño sendero que pasa entre campos cultivados y viñas hasta llegara a La Rectoría, una casa de colonias y actividades para niños. Poco después de la pendiente de la Rectoría inicia la pista forestal que sube hasta lo alto del Tagamanent (1055m). A partir de aquí el sol, que hasta ahora nos acompañaba a intervalos, se despide por completo esperemos que al menos no decida llover... Mientras ascendíamos el primer tramo del camino nos hemos cruzado con varios grupos de BTT, MTB o ciclomontañistas que bajaban a toda velocidad pasándoselo en grande Las vistas del Congost (desfiladero) de Figaró son preciosas e invitan a planear una futura excursión por la zona. Proseguimos nuestra marcha por la amplia pista forestal, el desnivel es considerable aunque no resulta ningún impedimento para la gran mayoría de senderistas de todas las edades que cada fin de semana visitan esta zona del Montseny. Si os fijáis en las dos últimas fotos percibiréis que a medida que vamos ascendiendo el color de la tierra se va tornando cada vez más rojosa resaltando aun más los colores de la primavera. Cuando uno camina despacio tiene el tiempo de ver los pequeños detalles que otros pasan por alto... Por eso no me suele gustar mucho practicar trekking en grupo, aunque en algunas ocasiones puede resultar divertido soy una persona demasiado curiosa para limitarme a seguir la marcha sin distraerme mirando a mi alrededor. Llevamos aproximadamente 40 minutos subiendo y en estos momentos agradecemos que el sol haya decidido no acompañarnos... Hemos alcanzado la altura de Can Coll un gran agriturismo abandonado que disfruta de unas inmejorables vistas pero que su tamaño lo deben de haber vuelto ingestionable... Como ya he comentado alguna vez, amo los senderos pequeños que me permiten mantener un contacto más estrecho con la naturaleza que me rodea, donde la anchura del mismo sea a medida humana y no de coche. Y a pesar de que esta pista forestal en concreto es bonita y su “mal estado” prácticamente no permite el paso de coches no acaba de enamorarme y me entretengo fotografiando las flores silvestres y sus bichitos Hemos llegado a un cruce de caminos y no tenemos muy claro por donde debemos continuar, suerte que a lo lejos ya se ve el campanario de nuestro destino, el camino de la izquierda desciende según las indicaciones a Tagamanent... consultando el pequeño mapa del Montseny (el gratuito no el topográfico) deducimos que realmente desciende a Tagamanent pueblo por lo cual queda descartado, aunque @Avani no lo tiene tan claro pues no estamos seguros a que altura del recorrido nos encontramos y en el mapa solo hay trazados dos caminos no tres... Pero bueno apostamos por abandonar el desvió a la izquierda y centrarnos en decidir si tomamos el camino de la derecha o el del centro. El de la derecha es seguramente el correcto, peeero el del centro es un senderito de lo más atractivo y tanto Avani como yo tenemos ganas de perdernos entre los árboles y alejarnos de lo preestablecido... Poco a poco el sendero se estrecha hasta llegar a una bifurcación donde un montículo de piedras nos indica que hay que seguir por la derecha, al parecer es realmente el camino correcto porque por seguridad hemos dado unos pasos por el otro desvió y este parecía que se perdía en un precioso prado que invitaba a hacer una pausa e incluso comer, lástima que @Avani a dicho que no, que comemos en lo alto del Tagamanent... En ciertos momentos el precioso camino es traicionero e invita a perderse, como por ejemplo cuando se llega a un encantador rincón donde enormes bloques de pizarra medio desprendida te hacen continuar por la izquierda en lugar de la derecha como hemos visto hacer a una familia que justo pesaba en ese momento por allí, curiosamente son los únicos senderistas que nos hemos topado a lo largo de esta bonita ruta alternativa. El caso es que nos encontrábamos en un dilema, retroceder y tomar el desvió justo o internarnos y probar suerte... exacto hemos seguido por nuestro casi imperceptible senderito hasta llegar a un murito de casi dos metros que nos cortaba el paso, no hay remedio hay que "escalarlo", buscamos el punto más bajo yyy para arriba Otros dos punto memorable del camino son las vistas que aparecen tras una de las subidas con más desnivel y en lo alto de la montañita cuando atraviesa un precioso bosque de jóvenes y retorcidos robles. Hemos llegado a los pies del Tagamanent y un frío e intenso viento nos da la bienvenida. Tras visitar rápidamente la torre en ruinas, y comprobar que no sirve para repararse del viento, decidimos que antes de ascender hasta la cima buscamos un refugio donde comer nuestros más que merecidos bocadillos. Esta vez he preparado unas buenísimas pitas rellenas de hamburguesitas de lentejas naranjas, sésamo, ensalada, tahini, tomates cherry y rúcula mmmm que buenas Solo queda quitarme los zapatos y disfrutar del contacto de la fresca hierba en "nuestro" pradecito. No os perdáis la continuación del relato donde hablo de la cima del Tagamanent y la vuelta a Aiguafreda por el precioso sendero GR 5:
  7. Durante el trayecto a Girona me leo un articulo donde cuentan la importancia de esta 59ª edición de “Girona, Temps de Flors”, por tratarse de la primera vez en la que no participa María Corbarsí, considerada la fundadora de este precioso certamen. La exposición floral, que hoy en día ocupa todo el casco antiguo de Girona y sus principales monumentos, en sus inicios solo era una pequeño concurso organizado, en 1954, por la Secció Feminista con la colaboración del Ayuntamiento y la Diputación. Año tras año el certamen fue creciendo e involucrando más artistas, monumentos y asociaciones, tales como la asociación de “Amics de la Girona Antiga” que abrió las puertas a patios y jardines privados para exponer las hermosas esculturas florales. Otro de los grandes pilares de Girona en Temps de Flors son los más de mil voluntarios, según datos de la revista oficial, que año tras años hacen posible que la pequeña capital de provincia se llene de arte y flores. El centro histórico de Girona y la oficina de turismo se encuentra a unos 10 minutos de la estación de tren. Normalmente el camino más fácil y directo par allegar al casco antiguo es bajar por la calle del Hospital pero hoy me conviene desviarme e ir por la Plaza de la Constitución para visitar la muestra floral de la Plaça Santa Susana, de la iglesia del Mercadel, el patio del museo del Cine y el proyecto de la escuela La Salle y la escuela doctor Masmitja. En el viejo Pont de Pedra hay unos puestecitos de artesanía local a los que, a pesar de la enorme afluencia de gente, no parece ir demasiado bien... No os extrañe que haya mucha gente haciendo fila en lo alto del puente pues el Pont de Pedra es la parada oficial del abarrotado trenecito turístico, al parecer hay que mantenerse en cola más de 20 minutos para poder acceder a uno de los trenes que dan vueltas por el centro. La oficina de turismo esta llena aun así las recepcionistas atienden bastante rápido y en menos tiempo del que me esperaba ya había llegado mi turno. Si únicamente necesitáis el plano de las exposiciones y patios a visitar os recomiendo buscar en la estación de trenes el stand informativo habilitado para la ocasión o descargaros los siguientes pdf, uno con el mapa de Girona en Temps de Flors y el otro con la revista oficial. planol_tempsdeflors_2014.pdf revista_tempsdeflors_2014.pdf En mi caso quería, además, preguntar si tenían un dépliant con los menús y más información del Gastoflors, una iniciativa de más de 30 restaurantes que ofrecen platos especialmente preparados con flores. Al parecer la única información del Gastoflors es un listado con los restaurantes que participan, su dirección y el número de teléfono No es que me interesara ir, aunque no descarto que si hubiese encontrado un menú vegetariano a un precio razonable me hubiese hecho gracia comer una ensalada de flores . El caso es que unos amigos me habían pedido si les podía traer información pero tendrán que buscar ellos en un mapa donde esta cada uno de los restaurantes y llamar individualmente para saber en que consiste cada menú de flores. En uno de los margenes de la Plaza de Catalunya han recreado un folclórico escenario a orillas del río con maniquíes vestidos con los típicos trajes de antaño. Es bonito pero sin duda es mucho más original la propuesta de la Plaçeta del Carrer dels Vern, donde enormes margaritas hechas con botellas de colores cuelgan anárquicamente de las ramas de los preciosos cinamomos en flor, también conocidos como árboles del paraíso. El itinerario sugerido recomienda visitar la “telaraña de colores” del parque Jardín de la Infancia y continuar por la calle de les Beates pero yo me he decantado por trepar por la preciosa muralla del siglo IX. No puedo evitarlo siempre que he tenido la ocasión de venir a Girona acabo paseando por encima de sus tejados. A excepción de unos pocos turistas no hay prácticamente nadie recorriendo las murallas, por unos instantes olvido que hoy Girona esta llena de visitantes. También hay que tener en cuenta que si se quiere ver todos los patios, jardines y exposiciones quizás falten las energías para querer visitar también las murallas... Los Jardines del Alemanys son, junto con la muralla y la pequeña “Pujada de la Catedral”, mis rincones preferidos de Girona. En esta ocasión los jardines están parcialmente “ocupados” por el Fever Tree. El decorado usado para la presentación de sus cócteles y mixers es bonito: un viejo Citroen de color negro rodeado con cajas de madera repletas de hierbas aromáticas y frutas para sus mixers. No obstante me ha gustado mucho más la original creación de “Roba Estesa”, ropa tendida, que ocupa uno de los margenes del los jardines. Abandono los históricos Jardins Dels Alemanys, donde a finales del siglo XVII se instalaron los mercenarios alemanes destinados a Girona, y me adentro en el minimalista “Bosc Platònic”. L. Barbera, M. Escobar y M. Barinol nos invitan a experimentar la energía paseando a través de los cinco Sólidos Platónicos: el tetraedro, el octaedro, el icosaedro, el cubo y el dodecaedro. Del Bosque Platónico el recorrido pasa a través del arco de piedra, base de la preciosa cascada de flores del paraíso, al patio del museo del arte y a la propuesta “Umbracle” que invita a sentarse con calma y contemplar como el viento hace bailar las rojas e irregulares esferas creando un mágico contraste con el brillante verde primaveral. Callejeando por las estrechas y frescas calles de Girona he llegado al Mirador de los Maristes donde la corteza, el césped, el oxidado hierro, las marrones vasijas llenas de agua y pececitos dorados, junto con los coloridos lirios del Perú hacen que la exposición numero 36 encaje perfectamente con el mirador, llenando un vacío que daría mucho mas prestigio a este lugar generalmente olvidado por quienes visitamos Girona. Los lirios del Perú son de colores tan intensos y formas tan perfectas que uno llega dudar de la veracidad de los mismos, suerte que los abejorros y abejas no se guían por nuestros parámetros y revolotean felices entre tanto polen. Hay momentos en los que agradezco la pausa de colores llamativos y disfruto paseando por las callejuelas alejadas de las exposiciones, absorbiendo la paz y el suave color de la piedra y contemplando algunos de los maravillosos rincones que tiene Girona. Para llegar a la Casa Lleó Avinay, uno de los escenarios imprescindibles de Girona Temps de Flors, hay que adentrarse en el viejo Barrio Judío y bajar por la calle de Sant Llorens. Lleó Avinay fue el último de los grandes señores de la aljama de Girona, barrio judío, y uno de los más ricos de la época. De su riqueza y vida son testimonios directos las viejas estancias de piedra, los patios y el enorme jardín que fue construido y diseñado siguiendo la estructura del “Árbol de la Vida”. Actualmente se trata de una casa particular y generalmente esta cerrada al público pero su historia y estado de conservación la convierten en un escenario único e imprescindible. Sigo el recorrido marcado por el interior de la Casa Lleó Avinay y entro en la primera estancia abovedada donde una tormenta de neutrinos desciende desde una esponjosa y blanca nube sobre un campo de claveles de colores. Como si quisiesen invitarnos a pensar que el viento siempre aleja la tormenta en la siguiente estancia una compleja y delicada escultura de origami y cestería de color blanco revolotea encima de las aromáticas plantas de tomillo envolviendo todo la estancia como un enredadera que nace de los rincones, suelos y paredes transportando la intensa fragancia del tomillo. El jardín de la preciosa casa señorial esta cerrado y solo nos permiten mirar desde la verja “El Yin-Yang del agua y las flores acuáticas” donde los Amics del Diseny nos enseñan que a pesar que en sus inicios el agua y el aire pueden ser destructivos creando enormes remolinos de claveles, poco a poco se van calmando hasta llegar a el reposo y la serenidad de una bañera llena de blancas flores acuáticas. El recorrido continua y ahora entramos en una habitación oscura donde la música hace vibrar el agua de un barreño de color naranja, del que salen múltiples tubitos de agua que recorren la estancia hasta entrecruzarse, enrollarse y formar una gran cabeza pensante que no para de girar y reflejar el agua y las luces que atraviesan su interior. “Capa a un Altre Mon” así se llama la escultura que nos muestra como los pensamientos forman a la persona y estos mismos alimentan su entorno creando un continuo flujo de energía. En el viejo patio hay una pequeña muestra de persianas de madera que en parte tapan las hermosas flores del balcón que sin embargo logro encuadrar La última sala de la Casa Lleó Avinay esta dedicada a “La flor Etérea: Belleza Ingrávida a 2 Años Luz” una preciosa representación de la nebulosa de Grua. Mostrandonos que la belleza es la compañera eterna de lo frágil, de lo fugaz y de lo efímero... La siguiente exposición es el Museo dels Jueus, y aunque el patio y la salida se encuentran en la misma calle de Sant Llorens la entrada esta en el Carrer de la Força. de haber seguido el recorrido aconsejado no hubiese tenido que ir hacia adelante y atrás inútilmente pues habría visitado primero el museo y luego la Casa Lleò Avinay. Si únicamente se quiere ver la muestra floral del Museo de los Judíos hay que seguir las indicaciones al patio, de todos modos yo os recomiendo entreteneros un poco por las distintas salas del museo para entender la historia y los acontecimientos que tuvieron lugar en la antigua Girona. El precioso patio judío acoge la muestra floral numero 40 que a través de su obra quiere presentarnos los pensamientos y memorias de diferentes escritoras judías. Visito algunos de las propuestas expuestas en los patios del Carrer de la Força, las más representativas o curiosas las puedes encontrar en mi álbum de Girona, Temps de Flors, así como fotos de detalles y rincones de la exposición floral. La calle Pujada de la Catedral, como ya he dicho antes, es otros de esos rincones de Girona que tanto aprecio, me resulta difícil, por no decir imposible, pasear por el casco antiguo de esta pequeña capital de provincia sin sentarme en los escalones de la calle y sumergirme en mir pequeños y graciosos recuerdos infantiles... donde la abstracta escultura de bronce de Subirachs fue mi inamovible compañera de juegos durante más de tres meses. Hoy la estatua se encuentra rodeada por un campo de “Canyes y Clavells” Si por un lado la exposición me impide saludar a la estatua de Subirach, por el otro el suave tintineo de las campanas junto con el susurro de las serpentinas y claveles mecidas por el viento, envuelven la bonita calle de la Pujada de la Catedral, creando una atmósfera irreal que invita a relajarse por unos minutos escuchando el susurro del viento y absorbiendo la cálida luz del sol. Alrededor de la vieja fuente del patio de la Casa l'Ardica revolotean cientos de mariposas de colores rosados. Me encuentro al pie de la alta escalinata de la Catedral de Girona o mejor dicho de la preciosa exposición “Agora” donde los artistas han querido agradecer a María Corbarsí los 58 años dedicados a crear, fomentar y consolidar Girona, Temps de flors. Cientos de blancas figuras humanas están reunidas en la escalinata, todas ellas sentadas relajadas, sin prisa, parece que todas tienen el tiempo y la predisposición para conversar, cantar y escuchar. Si en lugar de hacer fotos para poder compartirlas online reflexionáramos sobre todo aquello que vemos, nos daríamos cuenta que en cierto sentido la efímera vida de estas planas figuras esta más colmada que la nuestra, donde preferimos escribir un whatsapp que hablar con el de al lado, asegurar que “me gusta” la foto de un prado verde en lugar de tumbarme y relajarme en uno, escandalizarnos por las injusticias del otro lado del mundo cuando ni siquiera miramos a los ojos de aquellos que sufren delante nuestro.
  8. Sí, todo empieza buscando el vuelo más barato ya no se cuantos son los destinos que hemos decidido por el precio del billete jajaj Me gustaría añadir un pequeño tip a este punto, no se si es un cumulo de paranoia y ciencia ficción pero no cuesta nada y puede que influya en el precio de nuestro billete. El "truco" consiste en ir borrando las cookies del navegador o entrar desde la pestaña de incógnito para evitar que las compañías vean una gran demanda para ciertos vuelos y no bajen el precio... Como digo, es algo que hago por costumbre y quizás ayude
  9. En poco más de media hora llegamos a la estación de Gelida, un pequeño pueblo del Alto Penedés, Barcelona. Gelida es famosa por sus fuentes y viñedos pero lo que más llama la atención del viajero es el castillo del siglo X, la iglesia de Sant Pere y el antiguo funicular de madera que asciende desde la estación de tren hasta el centro del pueblo, salvando un desnivel de 110m. Al salir de la estación buscamos, sin éxito, un cartel o señal que nos indique la dirección al funicular Alcanzamos a los otros pasajeros que han bajado con nosotros y les preguntamos la ubicación del característico funicular: un simpático gelidenc nos responde que esta al lado de la parada de Renfe, detrás de los arboles y matorrales de la izquierda, pero que ahora no hay ninguno que suba y que caminar no le hace daño a nadie. Subimos por la escalera metálica que lleva al segundo parquin de la estación y de allí seguimos por el arcén de la carretera que lleva al pueblo. Superada la rotonda de incorporación a la autopista y el paso bajo el puente encontramos un camino a la derecha que nos lleva directamente al centro de Gelida. Hemos llegado a la primera parada del funicular donde encontramos los horarios. Al parecer solo funciona los fines de semana de 09:55 a a 16:55, bajando y subiendo cada 30 minutos. Faltan 10 minutos para que pase, subimos el último tramo de escaleras que nos deja justo en frente de la última parada y decidimos esperar tranquilamente. El funicular se inauguró en 1924 y fue usado como medio de transporte regular por trabajadores, gelidencs y viajeros del tren hasta el 1972 donde, a consecuencia del mayor numero de vehículos propios, empezó a tener menos pasajeros. Tras varios años de perdidas la asociación propietaria del funicular tuvo que venderlo a Ferrocarils de la Generalitat de Ctalunya. Actualmente forma parte de la memoria histórica de Gelida y funciona tan solo los fines de semana. Damos un pequeño paso por las céntricas calles de Gelida, vemos algunos de los edificios modernistas que según la página de turismo caracterizan una época importante de Gelida, varias fuentes, la plaza del ayuntamiento y la nueva parroquia de Sant Pere. Desde la “plazita” que se encuentra al final de la calle Ángel Guímera hay una bonita panorámica de los campos de cultivo y la Serralada de Montserrat. Subimos por la callejuela del Carme y llegamos al Carrer Vicenç Perelló donde está la parada de autobuses y dos carteles informativos con todas las rutas oficiales del “Vi i el Cava” del Alt Penedes. Torcemos a la izquierda y al fin vemos el castillo en lo alto de la colina, como bien indica el nombre de la calle (Carrer del Sol) el astro esta de frente y nos impide tomar ninguna fotografía... Tras pasar por el parque de “La Font de St Miquel" y cruzar el puente llegamos a unas señales (Castell de Gelida, Els Tarongers) que creemos nos indican subir por las escaleras para llegar al castillo, pero en realidad no importa si se sigue recto o se toma ese camino, ambos llegan al mismo punto. Gelida es, desde hace siglos, un lugar privilegiado para los barceloneses que tienen la oportunidad de construirse o comprar una bonita casa con jardín y piscina en las verdes colinas de los alrededores del castillo. Nuestro recorrido al castillo pasa por delante de muchas de estas bonitas propiedades, en su mayoría cerradas todo el año a excepción de las vacaciones o puente largos, pero de entre todas estas villas las que más nos llaman la atención son dos ostentosos y viejos palacios de enormes jardines. Dejamos atrás el parque de la “Font de Cantillepa” y empezamos a ascender por la transitada carretera sin arcén que lleva al castillo. Antes de subir la última escalinata que lleva al Castell de Gelida nos leemos todos los carteles informativos. En el arco de la entrada entrada encontramos el folleto con los horarios del “Centre d'Interpretació”, el cual, ademas de ofrece información turística del castillo y del municipio, organiza visitas guiadas dentro de la fortaleza y la "ruta del modernismo por Gelida". También ofrecen actividades didácticas y culturales para grupos o escuelas. Traspasado el umbral de las murallas nos encontramos con la antigua parroquia de Gelida, ejercicio como tal hasta 1871. La iglesia de Sant Pere es la parte del castillo que ha sufrido más reformas a lo largo de la historia y la que mejor se conserva. Hay que tener en cuenta que no fue destruida junto el resto del castillo en 1714 (Guerra de Sucesión), es más, fue ampliada y reformada con las piedras del abandonado castillo. En menos de 10 minutos las nubes de Montserrat han cubierto todo el cielo y un fuerte viento ha empezado a soplar... Esperando que el tiempo mejore, al menos eso decían las previsiones, nos refugiamos en las escaleras de la iglesia y nos comemos un par de bocadillos con hamburguesas de falafel, las hice ayer por primera vez y me han quedado deliciosas El cielo sigue cubierto así que paseamos tranquilamente entre las ruinas del viejo castillo. Cuando ascendíamos por la carretera me imaginaba que, tal y como no habían tenido el cuidado de adaptar un arcén o camino para los peatones, el castillo lo habrían reformado a base de cemento. Pero nada más entrar y ver la roca viva que hacia de suelo, las murallas medio caídas y los viejos escalones que llevan a la parte alta me arrepentí inmediatamente de mis negativos pensamientos, el Castell de Gelida aun esta vivo, sus murallas y rocas caídas aun transmiten años de historia. Dejamos atrás la parte baja del castillo y nos dirigimos a través del precioso camino a la parte alta. Las viejas murallas protegen este bonito jardín silvestre de pinos, alcornoques, estepa blanca, romero y rocas donde antes se elevaban pequeñas viviendas. Hacia el horizonte vuelve a verse el cielo azul, si tenemos suerte, y el viento sigue soplando en esta dirección, quizás logremos recuperar el día. Mientras tanto me dedico a fotografiar unas preciosas florecillas de color blanco que crecen en las murallas y paredes del castillo. Creo que pertenecen a la misma familia que la flor “boca de dragón”, una vez en casa me pondré a investigar ^_^. El sol ha salido y con él los colores, todo vuelve a cobrar vida y decidimos recorrer de nuevo todo el castillo para captar de nuevo su esencia, esta vez alejada del frío y envuelta en luz y brillo. El Centro de Interpretación del castillo de Gelida nos había parecido que rompía la armonía del conjunto pero ahora con el sol y viéndolo junto con los inclinados y oxidados faros no nos desagrada. De nuevo estamos en la entrada del castillo, no hemos podido visitar el viejo cementerio por encontrarse cerrado, al parecer el terreno ha cedido por uno de los lados, ni la iglesia de Sant Pere de Gelida por dentro pero nos ha gustado mucho y si no fuese porque queremos hacer una pequeña ruta a pie por las montañas del parque de la Sierra de Ordal nos quedaríamos tranquilamente entre sus murallas.
  10. Es la primera vez que tomo la línea uno de Rodalies que costea el Maresme, como algunos ya sabéis soy nueva en BCN y me parece una bonita manera de descubrir el litoral. He leído varias opiniones en contra de este trayecto, por encontrase en primera linea de mar y estropear el paisaje, pero a su favor tengo que argumentar que gracias a él se ha frenado la construcción abusiva de edificios, hoteles y restaurantes en toda la costa de el ya hiper-urbanizado Maresme. Llegamos en poco más de 30 minutos, la niebla aun cubre gran parte del litoral pero el día promete ser bonito. Todo aquel que conozca un poco el Maresme, o haya mirado un mapa sabrá que el núcleo urbano de Cabrera de Mar se encuentra a 4km de la costa. Así que tras comprobar que los domingos no circulan los autobuses a Cabrera, seguimos las indicaciones de trafico y nuestra intuición, esperando no equivocarnos mucho. Por si acaso nos paramos a preguntar a una señora si la dirección era la correcta, nos comenta que vamos bien, tenemos que seguir la carretera siempre recto, pasar por debajo de la C32 y en la siguiente rotonda tomar el desvío hacia la izquierda. Efectivamente, poco después dejamos atrás las últimas casas de Vilassar de Mar y durante más diez minutos tenemos que seguir por el peligroso arcén de la B502, con el único aliciente que de lejos se ve el castillo. En la segunda rotonda abandonamos, aliviados, la transitada B502 y su smock, para desviarnos por la bien mantenida carretera de Cabrera. Hemos recuperado toda nuestro optimismo y buen humor, los cuidados campos y jardines, las hermosas villas en lo alto de las colinas, las bien mantenidas calles y la tranquilidad de sus habitantes es el bálsamo del ruido y el ajetreo de nuestro nuevo hogar. Al llegar a Cabrera el castillo está bien señalizado: en el primer cruce importante tenemos que torcer a la izquierda, por la misma calle del centro deportivo, y seguir todo recto hasta llegar al siguiente desvió donde, como indican las señales, hay que tomar la calle de la derecha. Si no habéis desayunado decentemente o os apetece un segundo y abundante desayuno, antes de llegar al segundo desvío os aconsejamos parar en el bar que hay enfrente del yacimiento de Mateu-Can Benet. Sirven unos estupendos platos de “faves a la catalana”, no aptas para vegetarianos habrá que pedir "faves amb torrades". Poco después dejamos atrás las últimas casas del pueblo y nos adentramos en el parque de la Serralada Litoral por un amplio camino de tierra. La pista forestal pasa cerca de caserones y viejas masías mientras sigue ascendiendo lentamente por la ladera de la montaña. En el primer tramo nos cruzamos con muchos lugareños que vienen a pasear el perro o hacer deporte, pero a medida que seguimos avanzando solo nos adelantan coches de familias con niños y de algunos maleducados que sienten demasiada pereza para venir andando o, al menos, reducir la marcha, prefieren llegar rápido, levantando polvo a su paso y perdiéndose los colores y perfumes de la primavera. No queríamos desviarnos de la ruta principal y hasta el momento hemos ignorado todos los posibles senderos alternativos. Pero nos acaban de adelantar dos coches yendo a tal velocidad que hemos tenido que esperar unos minutos antes de que se disipara todo el polvo que habían levantado. Mientras esperábamos hemos tomado la resolución de aventurarnos por el primer atajo que encontremos. Desafortunadamente el único caminito que vemos practicable se encuentra en la altura del parquin, después de allí la pista forestal esta cerrada por una cadena y todos prosiguen la marcha a pie, mejor dicho, los adultos andan los niños y perros ya han salido en estampida . Aprovechamos la confusión de niños, perros, padres y polvo para escabullirnos entre los matorrales siguiendo la pequeña senda. A pesar de no estar señalizado resulta muy fácil seguir el recorrido, el único punto donde hay que estar atento es en la primera encrucijada. Llegando desde el parquin, hay tres posibles caminos a seguir: el de la derecha desciende claramente en dirección Cabrera por lo cual queda lógicamente descartado, en un principio el más viable es el del extremo izquierdo pero se desvía demasiado de nuestra meta por lo tanto nosotros nos decidimos por el tercer sendero, el del centro, que cuesta un poco más de ver pero una vez localizado es muy sencillo de seguir. Al inicio el camino se abre paso entre pinos, alcornoques, arbustos de alterno, estepa blanca y lentisco pero cuando “cruzamos” a la ladera norte del Turró de Burriac la vegetación se vuelve más seca, gris y cerrada, dando prioridad a pequeños alcornoques de ramas bajas, brezos y sabinas. En algunos tramos el desnivel es muy pronunciado y, a pesar de que las raíces de los pinos y alcornoques son una óptima ayuda, no recomiendo practicar este sendero sin la agilidad y el calzado oportuno. Tras 20 minutos de ascensión llegamos a una explanada donde también confluye la pista forestal. Nos encontramos justo enfrente del camino que cubre el último tramo antes de llegar al castillo. En uno de los extremos, de la explanada, hay un pilar o monolito, que conmemora el quinto centenario (1480-1980) de las “Municipalitats de la Baronia del Maresme”, lo que más llama la atención de dicho monolito son las pequeñas piedras que hay en lo alto. En un principio me he imaginado que, en una suerte de tradición popular, la gente subía al pilar con cuerdas y dejaban, como demostración de la hazaña, una piedrecita en lo alto. Pero preguntando a algunos excursionistas de Argentona nos han contado que no hay que subir hay que tirar la piedra desde abajo e intentar que se mantenga en lo alto sin caerse. Explicado así suena fácil pero, teniendo en cuenta la cantidad de piedras que hay acumuladas, resulta difícil. Desde la explanada hay dos posibilidades: “trepar” por el estrecho y empinado sendero que corona el castillo por el oeste o caminar tranquilamente por la pista forestal que bordea el castillo por el este. Nosotros optamos por aventurarnos por el divertido camino que serpentea alegremente entre enormes rocas, madroños, enebro, pequeños alcornoques, estepa y ginesta. Pocos metros antes de llegar al castillo de Burriac decidimos pararnos en lo alto de dos enormes rocas mientras tranquilamente esperamos que vuelva a salir el sol, el cual desde ya hace tiempo se esconde detrás de enormes nubarrones. Es bonito sentarse al margen de la pendiente que llega al castillo y escuchar como van llegando los otros excursionistas, la mayoría de ellos exhaustos a causa de las últimas subiditas. Lo mejor son los niños, llegan orgullosos trepando con manos y pies, solo se paran para animar a sus padres que llegan cubriendo la retaguardia cargados con todo lo necesario para el picnic y algún que otro trofeo que han encontrado sus pequeños saltamontes. Cubrimos el último tramo y llegamos a la entrada principal del castillo, se entra por donde antiguamente se encontraban las cuadras y almacenes. Seguimos avanzando y nos encontramos con la cisterna y el primer cartel informativo, donde detalla un poco la historia del castillos sus diferentes estancias y las escalofriantes leyes de los señores feudales de aquella época: Las vistas son preciosas, uno puede quedarse embalsamado mirando el horizonte desde cualquier angulo del castillo. Subimos por las escaleras a la parte alta del castillo, dejando atrás la cisterna y las estupendas vistas de Mataró. Aquí, como abajo, los muros y paredes han sido reforzadas y tapadas con una capa de cemento, demasiado gruesa y lisa como para adaptarse al entrono, estropeando así la autenticidad del castillo. Si bien es cierto que muchos de los excursionistas usan las lisas y bajas murallas como bancos y mesas para sus picnics o para tomar el sol, hubiésemos preferido, teniendo en cuenta el entorno del castillo, un acabado menos impactante. La torre es la parte más importante de cualquier castillo y el de Cabrera de Mar no es la excepción. Según leemos en el cartel informativo se conoce con el nombre de “Torre de l'Homenatge", en ella se celebraba el Homenaje, ceremonia donde el vasallo juraba sumisión, lealtad, veneración y respeto al señor del castillo a cambio de un feudo (terreno concedido para su supervivencia). La torre también jugaba un papel importante en la defensa del castillo y en última instancia era el refugio más inexpugnable del castillo, por ello se construyeron los muros con rocas de 120 cm de ancho. Pasamos por debajo del viejo arco de piedra y bajamos al Bastión Sur del castillo. Este es seguramente uno de los mejores sitios para observar el Castell de Burriac. Nos despedimos del castillo por el camino "oficial", dejando atrás el sendero por el que habíamos subido. Tras rodear los muros de oeste bajamos por unas bonitas escaleras que bordean el Burriac hasta llegar a la amplia pista forestal. Queremos ir hasta el parquin y de allí tomar el camino que debería llevarnos a Cabrera. Para no volver por el mismo camino decidimos continuar por la pista forestal hasta el estacionamiento. A cierta altura nos llama la atención un pequeño desvió, nos adentramos, pero el atajo apenas dura unos pocos minutos. Los justos para emocionarnos por estar caminando bajo la sombra de los pinos Ahora puedo decir que es una suerte que el caminito durase tan poco, porque las vistas del castillo desde la pista forestal son inigualables. Siguiendo de nuevo un atajo hemos llegado al precioso pinar que hay en lo alto del parquin. Ahora toca adentrarnos por el camino que creemos nos llevará a Cabrera. Volvemos a nuestra encrucijada y torcemos por el sendero de la derecha, alejándonos del ruido de los coches y adentrándonos en un mundo de luces y sombras. El camino atraviesa primero una preciosa y estrecha galería formada con las ramas de los arboles más bajos. Al salir de dicha galería, de repente, el sendero se inunda de luz, y un intenso aroma de flores y pino nos hace olvidar la sombría senda que acabamos de atravesar. Siguen acompañándonos los pinos, madroños y pequeños alcornoques, pero ahora, junto con la estepa blanca y el romero crece también la lavanda y unos preciosos higos chumbos que nos sugieren llamar al camino "sendero de los cactus" Poco antes de llegar a Cabrera el sendero nos regala un último y precioso encuadramiento del castillo. Estamos muy contentos, la ruta es sin ninguna duda preciosa y hemos tenido muy buena suerte con todo el itinerario. Realmente recomendamos hacer el recorrido en este orden: subir hasta el parquin por la pista forestal, desviarse por el pequeño atajo hasta llegar a lo alto del castillo, bajar por la pista forestal y por último tomar el precioso "sendero de los cactus" hasta llegar a Cabrera.
  11. Cuando tenía 6 años estuvimos viviendo un año en un pequeño pueblo de Alemania (Wetter an der Ruhr) y para mi fueron las navidades más "autenticas": hacía fío, había, dulces, puestecillos, magia, NIEVEEEE... en fin navidad Heidelberg con su río y sus viejas casitas me recordaron esos momentos
  12. jaja cómo me reí. Gracias por llevaronos a tan lindos parajes
  13. Hoy es Sant Jordi, el día de la rosa y el libro, el día de los “enamorados” en Cataluña, el día que tanto han esperado los colegios para recolectar dinero para las próximas colonias, el día que las floristerías y librerías salen a la calle, hoy es un bonito día de primavera. Cuando era pequeña viví durante muchos años en la Costa Brava y ahora que hemos vuelto a Cataluña me hace gracia contrastar mir recuerdos con la realidad En el pequeño pueblo donde viví montábamos solo una paradita con libros y rosas, luego los más pequeños representaban una obra de teatro o entre todos se hacían grandes murales con el dragón, la princesa y Sant Jordi. Por eso tengo curiosidad de pasear por la Rambla y ver como se desarrolla la Diada de Sant Jordi en Barcelona. Poco a poco van llegando más y más transeúntes, es bonito comprobar que, a diferencia con otros días, la mayoría son barceloneses. La reina de esta “diada” es sin duda la rosa roja, símbolo de la pasión, acompañada de una espiga de trigo para desear la fertilidad y prosperidad. Las paradas de libros tienen en exposición todos los libros del momentos, algunas guías de ocio, cocina, deporte, guías visuales, etc., que pueden sacar de un aprieto a cualquiera que busca un regalo de último minuto. Observar con calma los libros expuestos por las diferentes librerías y asociaciones puede resultar difícil teniendo en cuenta el gran marea de gente. Aun más si la parada es de libros de segunda mano, donde uno siempre siente que tiene que buscar los pequeños tesoros escondidos entre tantas cajas y caratulas usadas. Hay stands especializados en un solo genero: excursionista, literatura verde o ecológica, cómics. Stand con libros que muestran orgullosos la bandera del arco-iris donde puedes encontrar bonitos cuentos para niños, donde las historias giran en un mundo donde lo importante es la familia y el amor no el genero o los roles preestablecido. Hay muestras de libros anarquistas, comunistas, independentistas, animalistas, humanitarios, religiosos, espirituales... En los puestos de flores el color prevalente es el rojo aterciopelado pero es fácil encontrar rosas negras, amarillas, azules, blancas y de colores. Las floristerías compiten entre ellas intentado diferenciar y destacar sus demasiado similares productos por encima de la competencia. Algunas añaden complejas decoraciones, otras intentan vender grandes arreglos florales de rosas y espigas, o rosas hechas de cerámica, de punto, de peluche o de papel. Personalmente disfruto más de las paradas de libros usados que de las casi anónimos stands de libros nuevos. Pero hay un pequeño puestecito que destaca sobre todos ellos, en autenticidad y romanticismo, donde todo transpira a letras vividas e invita a huir del consumismo que la rodea. Allí firma sin tregua libros, postales y laminas el poeta del viento, E. J. Malinowski, invitando a cualquier transeúnte a leer más, a creer y defender la cultura, a sumergirse en un viento lleno de versos. Ayer leí que en la bonita Rambla del Raval había una concentración multicultural de paradas de Sant Jordi. Nada más llegar un gran escenario me recibe al son de los tambores. Hay menos gente, más niños, más culturas, más manualidades. Es agradable de ver e invita a quedarse a disfrutar de los diferentes talleres y espectáculos que se van sucediendo. Stands con rosas y dragones hechas por la comunidad de peruanos de Barcelona. Puntos de libro de Sant Jordi de tela en la parada de una asociación que asiste a drogodependientes y afectados por el Sida. Hay talleres para hacer pulseras con cuentas de colores, puestos para tatuajes temporales de flores y rosas con henna. Todas las paradas tienen un objetivo que transmitir, no hay casi productos comerciales y las personas están más dispuestos a “perder” el tiempo hablándote que vendiendo. Que suerte haber venido quizás, según algunos, se pierde un poco la esencia de Sant Jordi pero resulta más divertido, colorido y útil. De chiquitita siempre creí que Sant Jordi era un santo catalán y que el dragón vivió no hace tantísimos años en algún pueblecito del Pirineo . Supongo que esta imagen se debe a que todos los relatos que leíamos llevaban la señera, o porque “Les tres Bessones” fueron, en compañía de la “Bruixa Avurrida”, y todos los habitantes llevaban puesta la barretina . El caso es que no fue hasta que, un 23 de abril, nos hicieron traducir la leyenda de Sanctus Georgius Et Draco y descubrí que el mítico Sant Jordi era el mismo que Sanctus Georgius, San Jorge, Saint George y tantos otros. Fue un descubrimiento que nos impacto a gran parte de la clase, supongo que muchos os estaréis riendo , pero para nosotros Sant Jordi era Sant Jordi y su leyenda había transcurrido en Cataluña no en Capadocia. Es bonito, e importante, conocer como todas las culturas confluimos, ayuda a reconocemos, respetamos y a dejar atrás pequeñas y triviales individualidades. Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo había un gran dragón de largas pezuñas y terrorífico aliento de fuego que tenía a todos los habitantes del pueblo atemorizados. Los habitantes no sabían cómo impedir que el dragón los atacara y decidieron darle 2 ovejas cada día para acontentar su hambre. Cuando se acabaron las ovejas le dieron vacas, asnos, caballos y otros animales del pueblo. Pero los días pasaron y el pueblo se quedo sin animales. La gente no sabía que hacer así que el reí convoco una reunión y decidieron que tendrían que ir sacrificándose uno a uno los habitantes del pueblo. Como no había voluntarios y para que fuese justo se pusieron los nombres de todos en un saco, incluso los del rey y de su hija, la princesa. Cada día un niño sacaba un papel, el que salía era entregado al dragón para que se lo comiera y un nefasto día le toco a la princesa. El Rey pidió a los habitantes que tuvieran clemencia con la princesa y no la dejaran morir, prometiendo a cambio la mitad de su reino pero los habitantes apenados contestaron que era su turno y se tenía que cumplir lo acordado. La princesa se encamino sola hacia la cueva del dragón y cuando este ya se disponía a abrir sus fauces para devorar a la pobre princesa, llegó un apuesto caballero a lomos de un precioso corcel blanco. El caballero alzo su lanza y la clavo en el corazón del dragón matándolo de un solo golpe. De la sangre del dragón creció un hermoso rosal y el caballero que no era otro que el valiente Sant Jordi recogió la más bonita de las rosas y se la entregó a la princesa. Desde entonces en el día de Sant Jordi los hombres regalen a sus amadas una rosa, y como la historia se hizo leyenda y se escribieron muchos libros, las mujeres les regalan a sus enamorados un libro.
  14. El palacio, construido en el siglo XVI y adquirido y remodelado por Doña Regla Manjón y Mergelina en el siglo XIX, no es el testimonio de una o varias épocas, es el testimonio de la excepcional cultura y pasión que demostró a lo largo de su vida la Condesa. Nunca había tenido la ocasión de visitar la Casa Museo de Lebrija y hasta ahora me había limitado a admirar, únicamente, la oscura entrada que custodia el magnifico patio. Dispongo de algo más de una hora para visitar tranquilamente la planta baja, tiempo que creía en un principio suficiente, pero una vez dentro del Palacio pienso que es irreal limitar la visita por las pautas de un reloj, que sin duda, ha dejado de funcionar hace ya mucho tiempo. Ahora entiendo a las guías que se limitan exclusivamente a referir los datos técnicos y artísticos de las diferentes estancias, porque no hay palabras para describir la serenidad y armonía que se respira en el patio central del Palacio. Árabes, romanos, persas, griegos, españoles, siglos y siglos de historias y estilos confluyen con el único propósito de embellecer este palacio de corte Renacentista Mudéjar. La leyenda representada en el magnifico mosaico romano, encontrado en una de las propiedades de la Condesa, tiene varias interpretaciones: muchos opinan que la figura central es el Dios Pan cantando canciones de amor para enamorar a ninfa Galatea. Otros opinan que ciertos detalles del medallón, un posible tercer ojo y los rasgos no tan agraciados de la figura masculina, hacen sospechar que en realidad no se trata de él, sino de un joven cíclope que robó la flauta del Dios para seducir a Galatea. Siguiendo esta hipótesis, el antiguo mosaico narraría al joven cíclope cantando a la ninfa como Zeus transformado en toro, cisne, lluvia, etc. conquista a Europa, Leda, Danae y a tantas otras, dándole a entender que siendo esos amores posibles, porqué no iba a serlo el suyo. Si uno logra dejar atrás el patio de finas columnas de mármol con elegantes capiteles mudéjares, entrará en un pequeño salón de color bordo donde se pueden admirar diversas vitrinas con monedas y cerámica de diferentes épocas y excavaciones arqueológicas. Desde una de las puertas del salón rojo, o Salón Bajo, se llega al Patio Ochavado. Una bonita estancia octagonal, con el mosaico de una vieja fuente ocupando todo el pavimento y una delicada estatua de bronce en el centro. Según leo, en el cartel informativo, este es uno de los primeros mosaicos adquiridos por la condesa en Itálica (yacimiento arqueológico en la provincia de Sevilla). La complejidad de su forma comportó que la Condesa llegara a la decisión de remoldelar y restaurar las estancias del Palacio según las necesidades de cada nuevo mosaico, encontrado o adquirido. Creando en este caso este peculiar “corredor” octagonal que comunica con todas las habitaciones de alrededor. Es muy sugerente poder caminar por encima de los mosaicos, tal y como lo hacían sus antiguos habitantes, aunque siento lastima por todas las pisadas que tienen que sufrir cada día. En el siguiente salón hay vitrinas con cerámica y cristalería romana, preciosos mosaicos clocados en paredes y suelos, pero lo más destacable es el enorme busto de Dioniso o Baco. Después de atravesar un pequeño corredor se llega al Cenador de Cristal, un esplendido salón de verano separado por una gran vidriera del jardín. Para decorar las paredes, la Duquesa compró y restauró los azulejos del viejo Convento de San Agustín. Como se puede leer en las guías del Palacio de Lebrija, el Cenador era una bonita sala llena de plantas y cómodos asientos usada para pasar las cálidas tardes de verano leyendo o de tertulia. El Cenador de Cristal comunica con el Salón de las Columnas, que, como podéis ver, es por si solo un museo de inmenso valor artístico. Varías de sus mosaicos, estatuas, columnas y capiteles provienen del yacimiento romano de Santiponce, Sevilla. En el fresco y oscuro Comedor de Verano se respira el aire de una antigua casa señorial española, donde azulejos y antiguos platos de cerámica adornan paredes, techos y suelos, algunos de ellos del siglo XV. El Patio de las Palmeras, o Patio de la Rosaleda, es perfecto para sentarse entre flores, palmeras, grandes tinajas y asimilar todas las diferentes épocas que confluyen en el Palacio de Lebrija. Como dijo Dª Isabel de León Marquesa de Méritos: "Me senté en el jardín, bajo el magnolio mirando el salón de las columnas, con sus paredes almagras, adornadas con fragmentos de mosaicos, cerré los ojos, y soñé que en esta casa, tenía un idilio Roma con Sevilla, que una era la mitad de la otra. Roma los mosaicos, Sevilla los azulejos Roma el laurel, Sevilla el jazmín Roma la Venus de mármol, Sevilla la cerámica azul de Triana Roma el Rosa Pompeyano, Sevilla el albero Roma el ciprés, Sevilla el naranjo Roma es de acanto, Sevilla de azahar." El bonito mosaico de Ganímedes precede al pequeño despacho conmemorativo con los bustos de los Condes de Lebrija, Don Eduardo de León IX y Doña María Regla Manjón y Mergelina. En las vitrinas del escritorio se pueden observar varios objetos personales, condecoraciones militares, medallones, una fotografía de la Condesa, rosarios, etc.. De nuevo en el patio central tomo otras bonitas fotografías de sus columnas y esculturas. Llegan dos guías, una para aquellos que deseen visitar la planta alta en español y otra para los turistas que prefieran la visita en inglés. Nos dividimos en dos grupos y, mientras el primero empieza ha ascender por la preciosa escalinata, nuestra guía nos cuenta como en el año 1901 la Condesa de Lebrija, la viuda Doña Regla Manjón y Mergelina, compra el palacio y se dedica los siguientes trece años a reconstruirlo conforme va adquiriendo los valiosos mosaicos y demás piezas de la colección. Subimos a la planta alta y, amablemente, la guía nos informa que debemos guardar la cámara El recorrido empieza con el pequeño y austero Salón Del Obispo, para luego continuar visitando el Salón Español, o Hall Verde, donde todo el mobiliario y artesanado es español a excepción de un curioso asiento/sofá portugués hecho con la cabecera de una cama de madera. A la derecha del Salón Español esta el Salón Heráldico y el acogedor Saloncito Árabe, con sus muebles, telas, cojines y cachimbas adquiridas en los numerosos viajes de la Condesa. Para llegar a la preciosa biblioteca, con más de 4000 libros que, cuenta nuestra guía, la condesa leyó al completo, pasamos por el recargado Salón Barroco. Innumerables cuadros del siglo XVIII, en su mayoría de temática religiosa, adornan las paredes del salón junto con estanterías de valiosa vajilla y delicadas figuras de porcelana y marfil. Hacia el final del Salón Barrocose encuentran algunas vitrinas con objetos personales de la Condesa de Lebrija y sus antepasados. En el Corredor de los Bargueños hay varios de estos característicos muebles españoles, decorados con madera labrada, marfil, nácar y carey (obtenido del caparazón de las tortugas carey, ahora en peligro crítico de extinción), que servían para guardar toda suerte de pequeños objetos. Entramos en la pequeña capilla para ver el retablo barroco con el Cristo de Marfi. Lo más característico del retablo de nogal, dice nuestra simpática guía, es la curva que presenta el cuerpo del Cristo Filipino al haber sido tallado directamente en el colmillo del elefante. En el siguiente salón se encuentran uno de los bargueños más antiguos de todo el Palacio, decorado con delicadas escenas dibujadas en papel pegado. En las paredes están todos los retratos de los principales miembros de la familia, menos el de la condesa que aparece en una pequeño portaretratos, sobre una de las mesitas del salón. Visitamos brevemente el Salón Cantón con su colección de porcelana china y cuadros de pintores ilustres como Van Dick o la escuela Murillo, para asomarnos al estupendo Comedor Principal. Al igual que en el Comedor de Verano la vajilla azul es el elemento ornamental que más capta nuestros sentidos, en este caso se trata de una vajilla inglesa de la Casa Spode, del siglo XVIII, herencia de la madre de la Condesa. El techo también esta decorado con platos de porcelana y loza, enganchados en tres grandes estrellas de madera, que de alguna manera, a pesar que nuestra guía lo niega, recuerdan a las Estrellas de David. La visita ha llegado a su fin, es una lastima tener que visitar la planta alta en grupo, pues las barreras y muebles impiden a la gran mayoría ver en detalle los diferentes salones y ornamentos. En muchas ocasiones debía esperar al final de la explicación para poder acercarme a ver la habitación de la que estebamos hablando, tampoco podíamos quedarnos atrás tranquilamente porque, por seguridad, debíamos ir todos juntos. Entiendo que, con las numerosas visitas que reciben y los valiosos objetos que decoran los salones, no es posible organizarlo de otro modo por ello agradezco enormemente que al menos la planta baja podemos degustarla sin guía y a nuestro ritmo. "Tienen las casas fisionomía. Tienen las casas almas. Tienen algo indefinible nacido de una idea o un sentimiento." Doña Regla Manjón y Mergelina.
  15. Hacia el medio día se han dispersado todos los nubarrones grises y el cielo aparece limpio y brillante. Me encuentro en la tranquila plaza de San Leandro, dejando que el sol absorba todo el frío que he acumulado. La fuente del siglo XIX que adorna la plaza, conocida como “Pila del Pato”, nació para sustituir la de Mercurio en la plaza de San Francisco. Pero, curiosamente, es una de las fuentes que más a “vagado” por las plazas de Sevilla, incluso durante más de 60 años estuvo en la Alameda de Hércules. Tras visitar 5 plazas la Pila del Pato llegó, hace ya casi 50 años, a esta pequeña placita para establecerse, esperemos, definitivamente. Hoy me gustaría visitar el Palacio de la Condesa de Lebrija en la céntrica calle Cuna. Así que tomo rumbo a la casa museo, callejeando en busca de nuevos rincones, como el precioso encuadre de la torre del antiguo convento de Los Trinitarios Descalzos. La característica torre es prácticamente la última huella que queda del viejo convento de los Trinitarios. Al parecer fue diseñada por un arquitecto ruso, de allí su curiosa forma bulbosa, que recuerda, de alguna manera, las iglesias ortodoxas. Sevilla es una ciudad preciosa, puedo pasar tres veces por la misma calle, plaza o rinconcito que siempre me parece hermoso. He dejado atrás la iglesia de San Pedro y la plaza de la Encarnación, para adentrarme por la calle de Puente y Pellón donde se encuentra la curiosa escultura del Caracol, de Chiqui Díaz. En el palacio hay un grupo de estudiantes italianos esperando para la próxima visita guiada, por lo que decido pasar después de comer. La Plaza del Salvador y bares de la zona están llenos, continuo caminando por las céntricas calles comerciales y sus trasversales observando los patios, los cuidados balcones de las casas o las estupendas fachadas de algunos edificios, como el que se encuentra en la calle. He comprado una pita falafél para llevar y me he sentado en uno de mis sitios preferidos, la Plaza del Triunfo. Habitualmente no entraría dentro de mi repertorio por ser un lugar demasiado turístico y frecuentado, pero me gusta sentarme en la blanca escalinata del monumento dedicado a la Inmaculada Concepción y comerme mi bocadillo, o en este caso pita, observando como la frenética vida turística al rededor de la Catedral, Giralda y Alcazar se relaja mientras todos se dispersan para ir a comer. En los alrededores de la catedral es frecuente encontrar, cantautores, gitanas del romero, figurantes, sevillanas, poetas, pintores y toda suerte de artistas. Me despido de la catedral y me dirijo de nuevo a la concurrida calle Cuna para visitar el hermoso Palacio de la Condesa.
  16. Son las ocho menos cuarto de la mañana, una mañana fría, gris y lluviosa, no puedo evitar pensar que el piloto se ha desviado de su destino y ha aterrizado, por error, en el aeropuerto de Oporto... Esta sensación se desvanece por completo al salir del avión y sentir el dulce y penetrante aroma del azahar ¡Indudablemente estamos en la hermosa capital de Andalucía! Desayunamos con calma, esperando que la insistente lluvia amaine un poco. No obstante el día no tiene intención de alegrase, así que después de dejar la cafetería y dar un divertido paseo bajo la lluvia decidimos esperar en otro local hasta que podamos entrar en el apartamento (Pilatos Apartments) y dejar las, ya empapadas, mochilas. El apartamento resulta ser un agradable estudio en la planta baja de un renovado edificio. Realmente para tres días no necesitábamos cocina, lavadora y demás, pero el precio era muy bueno y la localización es estupenda (Caleria, 10, Casco Antiguo), una pequeña calle muy céntrica pero tranquila. Hacia las dos del medio día la lluvia es ligera e intermitente y nos permite pasear sin necesidad de comprar un paraguas. No es la primera vez que estamos en Sevilla, no tenemos prisa por ver la Giralda, la Catedral, la Plaza de España y resto de monumentos. En lugar de eso paseamos sin rumbo por las sinuosas callejuelas de casco viejo, no hay turistas ni grandes o espectaculares edificios, solo casas, parquecitos con naranjos y pequeñas iglesias. Llevamos más de 45 minutos callejeando y no hemos encontrado donde pararnos a comer, así que decidimos retomar el rumbo de nuestros paseo y dirigirnos hacia una zona más céntrica. Al cabo de poco nos encontramos en la polémica plaza de Las Setas o Plaza de la Encarnación. No conozco otro sitio en Sevilla que ostente opiniones tan contrastadas: algunos las adoran, otros radicalmente las odien y el resto levantan la mirada con pena y resignación como diciendo “pues sí, está mejor que antes (lo cual era muy fácil), pero nos ha salido cara” A mi personalmente no me desagrada como obra, es decir me gustan sus lineas, la originalidad, el color, los materiales, etc.... Es un tipo de arquitectura que me atrae, me atrae aquí, como me podría haber atraído si se encontrase en medio de Barcelona. El problema es justamente ese, que aun no encuentro el punto de unión entre la escultura y la plaza donde se encuentra, me da la impresión de que las blancas setas se han abierto paso en un espacio demasiado estrecho y ahora se sienten comprimidas. Por supuesto entiendo que el fuerte contraste que crea entre lo moderno y lo antiguo es interesante. También tengo que admitir que si no existiese la “inútil” sobre-elevación y el centro comercial me gustaría mucho más, digo inútil porque rompe el concepto de plaza, entorpece la visión del monumento y su única razón de ser es el dinero. Las fotografías de la Plaza de la Encarnación son del día siguiente y de otros viajes, cuando la lluvia nos ha permitido sacar la cámara fotográfica de su funda Aprovechando el lluvioso día nos hemos parado en una vieja librería de segunda mano y me he comprado una estupenda novela, La piel del tambor, de Arturo Perez Reverte ambientada en Sevilla. Los escenarios están tan bien descritos y la novela parece tan real que al día siguiente pregunte en la oficina de turismo si me podía señalar en el mapa la localización de la iglesia “Nuestra Señora de las Lagrimas” , lastima que la susodicha iglesia solo existe en la mente del escritor y de sus lectores...
  17. El domingo empezó con buen pie, y no me refiero al tiempo que siguió siendo gris y lluvioso, sino a la suerte que tuvimos cuando, de camino a la estación, nos encontramos con un par de simpáticas ardillas. Menos mal que habíamos salido con suficiente antelación de la residencia y pudimos “perder” unos minutos intentando fotografiar a las escurridizas ardillas de cola tupida, por cierto estas no son como las ardillas de Londres que se dejan corromper con un poco de comida Una vez en la estación de trenes recogimos nuestros billetes, 1.50£ ida y vuelta de Huddersfield a Marsden y en menos de 15 minutos llegamos a la pequeña estación. Marsden es una pequeña población de algo menos de 4500 personas situada a 11km de Huddersfield. Su principal atractivo son la extensa red de senderos que atraviesan las ondulantes colinas que la circundan. Aunque también hay que visitar la iglesia de St Bartholomew, los canales y puebtes que cruzan el pueblo y la pequeña y sombría galería (el Standedge Tunnel) que se puede visitar en barco. La estación de tren se encuentra en la parte alta de Marsden al lado del canal que lleva al Standedge Tunnel, aunque nosotras decidimos bajar primero por la Station Road para visitar el centro del pueblo, la vieja iglesia de San Bartolomé y su entrañable cementerio. Aprovechando que apenas lloviznaba decidimos seguir uno de los muchos carteles de senderismo que se encuentran por el pueblo. El camino que por casualidad tomamos pronto se convirtió en un estrecho y poco visible sendero que atravesaba un empinado campo mojado Como veis el aliciente de dicho senderito eran las preciosas vistas panorámicas de Marsden. Al final de la senda de hierba y barro llegamos a un viejo camino de tierra que nos invitaba primero a torcer a la derecha y, transcurridos unos cinco minutos, a subir unos viejos escalones de piedra que llevaban a un sendero de hierba. Lo curioso de dicho camino es que finalizaba en una granja de vacas y allí no nos ofrecía ninguna otra posibilidad que volver sobre nuestros pasos o bajar por un amplio camino que conducía de nuevo al pueblo. Optamos por la segunda opción esperando encontrar un nuevo desvío, no sin antes fotografiar a nuestras nuevas amigas De vuelta al pueblo probamos unos cuantos senderos bien señalizados con perfectos y nuevecitos carteles de “Public footpath Nº --” que las administraciones colocaron por todos los alrededores tras ganar en el 2010 el reconocimiento oficial de Walkers are Welcome por sus bien mantenidos senderos y la excelente información que el pueblo ofrece a excursionistas. Lastima que la mayoría de estos carteles, que seguiamos entusiasmadas, realmente no lleven a ninguna parte y acaban al llegar a una granja, carretera, restaurante, casa particular, etc. Pues no son nada más que eso, caminos públicos o, mejor dicho, atajos que la gente ha utilizado desde siempre para llegar antes a sus casas o trabajos, atravesando campos y bosqucitos. Por ello si uno realmente quiere realizar un recorrido medio largo por los alrededores deberá, como en cualquier otro destino, informarse antes y olvidarse de estas bonitas sendas. Nosotras tampoco veníamos con la idea de practicar senderismo por lo cual los Public footpath nos brindaban la oportunidad de divertirnos probando uno y otro camino sin saber a donde nos llevarían y disfrutando de las vistas panorámicas que nos ofrecían. Sin darnos cuenta habíamos pasado un par de horas subiendo y bajando por los distintos caminos de las colinas del Sur-Este de Marsden por lo que ahora tocaba probar el sendero que bordeaba el río que lleva al Standedge Tunnel. Para ello tuvimos que volver a la estación de trenes, desde donde empieza el recorrido. Aunque primero aprovechamos para hacer una breve pausa en el bar-restaurante The Railway, por fuera llama poco la atención pero su interior es muy acogedor con varios rincones con mesas, sillones y sofás donde uno pude relajarse o charlar cómodamente mientras se retoman fuerzas. El camino al Standedge serpentea agradablemente a orillas del río, aunque vimos que hay una senda paralela que atraviesa la pequeña arbolada de la izquierda al final de la cual se encuentra un área de picnic. Por el camino nos cruzamos con varios excursionistas de mediana edad que nos observaban entre curiosos y divertidos pues como mi hermana y yo nos vemos una vez al año íbamos hablando y riendo mientras caminábamos y saludábamos muy amablemente a todo el que se cruzase en nuestro camino incluido a unos preciosos patitos que seguían a su mama a través del curso del río. Y cuando ya casi deberíamos haber llegado la senda pasa justo por debajo de las vías del tren, no hay ningún peligro pero el camino es muy feo, de cemento, hierro y goteras y si uno no sabe que después de dicho paso se encuentra una de los puntos más turísticos de Marsden, daría media vuelta y buscaría otro camino. Lo único bueno del pasaje es que cuando sales aprecias aun más los preciosos prados verdes que rodean el Standedge Tunnel y su museo. El sendero que nos llevo hasta el túnel de Standedge cruzaba el canal por un puente y seguía sinuosamente entre campos y bosquecitos hasta llegar de nuevo a un pequeño riachuelo de color cobre. Nos fijamos que la mayoría de ríos tenían un ligero tono rojizo lo cual nos hizo pensar que la zona debía ser muy rica en hierro lo cual explica también la cantidad de fábricas abandonadas que se encuentran en Marsden, aunque no he visto ninguna referencia al respecto. Poco después de abandonar el Standedge Tunnel el sol salió de entre las densas nubes e hizo brillar todo el verde de los alrededores. A cierta altura del camino nos desviamos para poder subir a las colinas que quedan al norte del pueblo, en parte para poder fotografiar Marsden desde otra perspectiva y en parte porque habíamos visto unos caballos a lo lejos. Caballos que resultaron ser unos bonitos ponis En nuestra ruta también nos cruzamos con rebaños de ovejas que pastaban en preciosos campos de margaritas amarillas. Por desgracia también tuvimos el “honor” de asistir a un no tan raro ejemplo de como vienen tratados los rebaños: Tras haber caminado unos cuantos kilómetros en dirección Marsden, nuestra ruta nos había alejado considerablemente del centro habitado, nos encontramos de frente con un rebaño de ovejas que corrían atemorizadas en nuestra dirección, por fortuna nos pudimos apartar en un recodo del camino para dejarles pasar, detrás de ellas venía el pastor montado en su pickup tocando el claxon y dando ordenes a los perros. Pero lo peor era el hijo del pastor, un niño de apenas 8 años que estaba en el asiento del copiloto con medio cuerpo fuera gritando toda clase de insultos a las pobres ovejas y dando golpes en el chasis de su coche. En cierto momento el niño saltó del coche en marcha y bajó para pegar y patear a las ovejas que se encontraban a la retaguardia del rebaño, menos mal que las piernas del niño eran demasiado cortas para dar de pleno a las ovejas y después de lanzar unos cuantos insultos gratuitos el pequeño monstruo decidió continuar su labor desde lo alto del coche, donde su padre le dio unas palmaditas de aprobación El sendero, por llamarlo de alguna manera, que veis en la panorámica superior nos condujo finalmente de vuelta al pueblo, y digo finalmente porque estuvimos buscando posibles desviaciones de nuestro camino para encaminar nuestros pasos en la dirección correcta pero a parte de unos excursionistas que venían campo a través no encontramos ningún camino que llevase a Marsden y no queríamos tener que dar media vuelta ahora que ya se veía el pueblo Una vez en Marsden dimos un último paseo antes de tomar el tren de vuelta a Huddersfield.
  18. El sábado, día catorce de junio, por la mañana el tiempo parecía que había mejorado un poco por lo que tras desayunar nos propusimos visitar la pequeña ciudad de Huddersfield. Mi hermana y, en este viaje, mi pequeña guía decidió que debíamos visitar primero el Greenhead Park, el parque más bonito y grande de Huddersfield. Pero como la residencia de estudiantes Snow Island se encuentra a dos pasos del centro aprovechamos para conocer algunas de las calles más vivas de Huddersfield y su iglesia principal. Realizamos algunas fotos gracias a la ayuda de un intenso sol que no obstante poco a poco nos fue abandonando detrás de unas cada vez más densas nubes En menos de 30 minutos llegamos a la entrada del Greenhead Park y nada más dar el primer paso empiezo a “diluviar” dándonos solo el tiempo de refugiarnos bajo el primer árbol que encontramos y así, saltando de refugio en refugio, proseguimos nuestra visita al bonito parque. Hasta que por fin la lluvia se apacigua unos poco minutos e incluso se asomar unos rayos de sol que hacen brillar la verde hierba recen mojada. No muy lejos del Greenhead Park se encuentra la pequeña Holy Trinity Church (Iglesia de la Santísima Trinidad) que alberga en sus jardines un precioso cementerio de románticas tumbas. Lo más bonito de estos típicos cementerios nórdicos es la aparente dejadez con la que se colocan y encuentran las tumbas, sin un orden preciso, muchas de ellas medio enterradas a consecuencia de los movimientos de tierra, agrietadas o cubiertas de musgo... todo ello les otorgan un belleza apaciguadora que te invita a sentarte al lado de una de ellas y admirar la naturaleza, el entorno, la fugacidad de la vida y tantas otras cosas por las que merece la pena reflexionar. Nuestro camino prosiguió entre grandes y ordenadas casas inglesas con sus jardines a ambos lados del camino que conduce a la entrada de la vivienda, sus altas ventanas y sus señoriales paredes de piedra gris. Como Esther vio que me gustaba tanto el cementerio me preguntó si me apetecía investigar si la necrópolis de Huddersfield era igual de bonita o por el contrario se parecía a las nuestras y así hicimos y después de perdernos un poco llegamos al cementerio por la parte alta. Como habéis podido comprobar en la fotografía el cementerio principal es mucho más bonito que nuestros edificios de tumbas adosadas de varias plantas y mucho cemento El tiempo siguió muy inestable y cada cierto tiempo llovía o se despeja con la misma facilidad, nosotras ya estábamos casi tan mojadas que no nos importaba seguir paseando bajo la lluvia pero tampoco tenía sentido seguir mojándose y arriesgarse a que la cámara se estropease, por mucho que la hubiésemos guardado dentro de su funda, por ello dimos por concluido nuestro paseo por Huddersfield y reservamos nuestros billetes de tren a Marsden para el día siguiente.
  19. El aeropuerto de Leeds (Bradford International Airport) se encuentra a 30 minutos del centro de la ciudad, yo cogí el autobús 757 que pasa cada 20 minutos y cuesta 3.30 libras (billete de solo ida). Se trata de un aeropuerto pequeño por lo que resulta muy fácil encontrar la parada de autobuses. Dentro del aeropuerto hay varios restaurantes de comida rápida y tiendas de souvenirs, yo antes de volver a España comí en el Camden Food donde encontré algunas alternativas para vegetarianos , probé un bocadillo de aguacate con salsa de hummus y pan negro que estaba bastante bueno. Generalmente no suelo cambiar dinero y prefiero pagar con tarjeta de crédito o sacar dinero de un cajero automático pero esta vez llevaba 100€ así que me dirigí a el punto oficial de cambio de divisas y realice la transacción. El cambió me pareció malo pero como cometí el grave error de no comprobar como estaba el cambio euro/libras esterlinas antes de salir de casa acepte y esto es lo que me dieron: 72.56 libras menos 4.99 de comisión. 67.57 libras por 100 euros cuando me tendrían que haber dado (lo comprobé esa misma tarde) 84.70 libras menos las 5 de comisión... Consejo: Evitad cambiar dinero efectivo es mejor sacarlo de los cajeros automáticos o cambiarlo directamente en tu banco antes de viajar. El trayecto en autobús es muy bonito sobre todo si cogéis asiento en el lado derecho del autobús desde donde se puede apreciar a medio camino una hermosa abadía. En el punto de información turística de Leeds nos informaron que se trataba de la Kirkstall Abbey y que se podía llegar con los autobuses 33, 33a y el 757 (el del aeropuerto). Fue una lastima que lloviera tanto pues nos hubiese gustado visitarla. Os dejo un vídeo que he encontrado, aunque en estas fechas se veía aun más bonita con el parque que la circunda de un color verde intenso. Tras reencontrarme con mi hermana intentamos dar una vuelta por el centro de Leeds pero la lluvia era demasiado insistente. Tras unas pocas fotos desistimos y volvimos a la estación de tren, para tomar el tren a Huddersfield aunque antes debíamos recoger la maleta que habíamos dejado en las taquillas. El precio estaba bien 3£ por bulto de 0 – 3 horas, 5£ por bulto de 3 – 6 horas, 7£ por bulto de 6 – 24horas. El precioso trayecto en tren me distrae constantemente de la conversación con mi hermana y a través del cristal de la ventanilla veo pasar velozmente ondulantes campos, pequeños pueblos, granjas, ríos, puentes de piedra, oscuros bosquecitos... todo de un verde tan brillante que invita a recorrer todos aquellos parajes en busca de viejos senderos entre riachuelos y rincones olvidados.
  20. Estremecimiento tristeza y silencio.... Realmente es muy deplorable ver lo inhumanos que podemos llegar a ser. La barbarie y la crueldad que despierta en nosotros el asqueroso sentimiento de superioridad. Lo peor es k los nazis son solo el gran ejemplo de ese sentimiento pero a diario somos participes, u observadores, de esa barbaridad y pocas veces reaccionamos para evitarla Gracias Alex.
  21. Qué experiencia más peliaguda pero me parece que tomaste la decisión correcta, Richard, a pesar de carecer por completo del sentido del orden y de la limpieza básica, parece un buen anfitrión y hubiese sido triste dejarlo plantado Y bueno Budapest es impresionante, tiene esa magia e historia que te llega al corazón, y por mucho que tenga copias y reconstrucciones varias es, a mi parecer, mucho más autentica que otras grandes y pulcras ciudades. Gracias por tus relatos qué me permiten acompañarte en tus viajes estos años que por cuestiones de trabajo apenas puedo
  22. El miércoles tras pasar los controles de seguridad, esperar más de una hora dando vueltas por la terminal 2 del aeropuerto de Barcelona y por fin dirigirme a la puerta de embarque asignada, me llegó un "curioso" mensaje de parte de Ryanair: Sin numero de vuelo ni otro dato que pudiese certificar la autenticidad de dicho mensaje , por lo que en un principio, y después de ver que el resto de pasajeros que esperaban en la cola parecían indiferentes, empece a pensar que se trataba de una broma, error o que se referían al vuelo del miércoles siguiente (la vuelta). Pero un poco más adelante un chico español también miraba su móvil con cara extrañada y miraba a su alrededor como había hecho yo segundos antes, por lo que me dirigí resueltamente y le pregunté si el también había recibido un mensaje de cancelación del vuelo... en un primer momento me miró sorprendido, como diciendo y esta quien es pero se repuso rápidamente y en menos de cinco minutos ya eramos un grupito de viajeros desconcertados con sendos mensajes de cancelación El aeropuerto seguía informando que en menos de 15 minutos embarcábamos, no vino nadie del personal de Ryanair a informarnos, no sabíamos que pensar o hacer y los minutos pasaban. Un inglés que debía asistir a un entierro el viernes llamó para pedir que nos confirmarán la situación y tras verificar que realmente el vuelo había sido cancelado a consecuencia de la huelga de controladores en Francia, decidimos presentar entre todos una queja en los mostradores de Ryanair. Al llegar nos esperaba una enorme fila con más de 100 personas esperando y una sola ventanilla abierta al publico. Nos colocamos pacientemente a final de la serpenteante cola, la cual avanzaba un puesto cada 10/15 minutos . Todos los del grupo tenían interés en permanecer allí incluso 2 o 3 horas con tal de conseguir una solución que los llevase lo antes posible a Leeds u otro aeropuerto cercano. Por el contrario yo solo quería visitar a mi hermana y si el tiempo acompañaba los alrededores de Huddersfield, por lo que llamé a Avani, le pedí que mirase si podía cambiar online las fechas de mi vuelo y en menos de 5 minutos ya me había reservado la ida para el viernes. Me despedí del resto de pasajeros invitando a aquellos que les fuese bien volar el viernes que no esperasen inútilmente en la fila y lo hiciesen directamente desde Internet y allí acaba la primera etapa de mi viaje. Por cierto fue simpático llegar el viernes al aeropuerto y reencontrarme con varios de los pasajeros del último vuelo cancelado, es curioso como las personas que en circunstancias normales acuartan/mos como si no existiese nadie a nuestro alrededor, y en cuanto hay un mínimo contratiempo nos socializamos con todos aquellos que comparten nuestra suerte...
  23. Hola viajeros Hace poco que nos hemos mudado a vivir a Barcelona y hasta ahora hemos estado tan liados con la mudanza y la puesta en marcha que no hemos podido desconectar como deberíamos. Se os ocurren algunas escapadas de un día, a ser posible en tren? Gracias Kamali
  24. Hola Zumrad!! Qué es? Sería bueno cambiar el nombre de las fotos y añadirle descripción Gracias
  25. "Síndrome de París" tampoco lo habia escuchado nunca aunque si lo experimente en varias ocasiones.. y la primera vez que sufri tal sindrome fue en Francia jajaja aunque no fue en París sino en Carcasone