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Encontrado 348 resultados

  1. Buenas! Estoy armando un itineario por Europa del Este para 17 días... ¿Qué ciudades agregarían si o sí?
  2. Una capital vertiginosa, ciudades en el norte ubicadas cerca de montañas y un gran conjunto de islas son algunas de las tantas propuestas que ofrece Tailandia. Tailandia, uno de los países que figura en la lista de exóticos, es una perfecta combinación de flores, budismo, respeto, sabores intenso, lluvia, calor... Es un país bastante poblado, tiene 69 millones de habitantes, de los cuales 12 millones viven en la capital. Existen varias religiones... budistas, musulmanes, católicos e hindúes. A la hora de planificar una visita es importante tener en cuenta que entre julio y septiembre llueve demasiado. Algunas de las propuestas turísticas de Tailandia son... Una ciudad de templos, palacios y mucho movimiento: Bangkok Bangkok es una ciudad intensa donde se pueden encontrar 320 templos además de una gran cantidad de palacios deslumbrantes. Uno de los más destacados es el Palacio Real, se trata de un conjunto arquitectónico formado por edificios utilizados como sede real desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. Es una ciudad de mucho movimiento, con autopistas gigantescas que por momentos pueden atascarse de vehículos, pese a ello no se escucha ningún bocinazo. Es interesante mencionar que es una ciudad en expansión, ya que cuenta con sistema de trenes elevados además de líneas de subte. Uno de los puntos imperdibles de Bangkok es pasear por la Avenida de los Reyes, es una réplica de Les Champs Élysées. Sobre esta avenida se encuentra el Museo Nacional. Siguiendo con la lista de lugares para conocer, se encuentra el famoso templo Wat Pho es muy famoso debido a que en su interior se encuentra el gran Buda reclinado, una figura que llama mucho la atención por tener unos 46 metros de largo y 15 metros de altura. Tailandia es sinónimo de templos... Otro de los templos que vale la pena visitar es el de Wat Arun su nombre significa Templo de la Aurora o Templo del Amanecer. La isla de Phuket La isla más conocida, la más grande y la que mayor cantidad de turistas recibe es Phuket, se encuentra conectada con la península tailandesa por carretera y también cuenta con un aeropuerto. Es la meca del turismo de sol y playa, es posible encontrar una gran cantidad de importes hoteles resort, actividades nocturna. Chiang Mai Otra de las ciudades que vale la pena visitar es Chiang Mai, se encuentra en el norte de Tailandia en una zona montañosa. Allí se pueden ver vestigios del pasado como murallas además de templos budistas. En la parte nueva de la ciudad existen tiendas de modas, sofisticadas galerías y una gran variedad de restaurantes y café. Entre los platos característicos del lugar se encuentra el plato llamado khao soi, fideos en curry. En algunos restaurantes se ofrecen shows musicales. Pattaya En la costa este del Golfo de Tailandia se encuentra Pattaya, una ciudad muy popular por sus playas. Años atrás fue simplemente una tranquila aldea pesquera, en la actualidad es un lugar muy animado con centros hoteleros, condominios, centros comerciales y clubes. Las playas son además escenarios perfectos para la práctica de deportes y paseos en motos de agua. Datos útiles para planificar un viaje por Tailandia El país tiene tres estaciones, el verano con altas temperaturas, entre 30º y 40º, de marzo a junio la época más lluviosa y el invierno (el cual se caracteriza por ser suave en cuanto a las temperaturas) de nombre a febrero. Esta última es la época considerada como temporada alta. Es importante verificar, si se necesita visa y vacunación contra la fiebre amarilla, esto dependerá del país de origen. Los templos por lo general cierran a las 17:00 horas. Otro dato... es necesario cuidar las monedas y guardarlas. En algunos lugares se debe pagar por utilizar el baño. La moneda oficial es el Bhat. Es posible cambiar euros y dólares por moneda local. Generalmente los locales comerciales aceptan tarjetas de crédito. Tailandia es un país seguro e ideal para cualquier tipo de turismo. Es un buen destino para planificar un viaje en pareja, luna de miel, disfrutar con amigos o por qué no, tomar la mochila e iniciar el primer viaje sólos, el sudeste asiático es muy popular para los mochileros por sus precios accesibles. Puede afirmarse que es un país económico, los restaurantes tienen buenos precios, las entradas para los sitios de interés son bastante accesibles comparadas con otras entradas del resto del mundo. Otro de los motivos por el cual planificar un viaje a Tailandia es por su gran variedad de propuestas,tiene una interesante oferta cultural, de naturaleza, mercados, compras, islas, playas paradisíacas y mucho más. La cordialidad de la gente se suma a los motivos por el cual planificar un viaje, es un destino muy amigable con el turismo, con gente dispuesta a ayudar a los turistas a pesar de las barreras idiomáticas.
  3. Hola viajeros! Un destino que tengo pendiente desde hace bastante tiempo es Salta... La idea es ir en octubre... escuché que en los meses de verano puede hacer mucho calor. La idea es en principio llegar a Salta... lo qué no tengo decidido es si parar allí o ir traslandome para conocer las otras localidades de la Quebrada... ¿Qué opinan? ustedes hicieron excursiones o fueron recorriendo cada lugar? Gracias por los consejos! me encanta buscar ayuda en blogs.
  4. Sudáfrica un país cautivante por su fauna exótica, sus paisajes y sus distintas propuestas turísticas. Hay varios motivos para planificar un viaje a este país… En primer lugar su vida silvestre intacta, su cultura dinámica y atrapante, sus imponentes paisajes ideales para hacer actividades al aire libre o simplemente detenerse a contemplar la naturaleza, sus playas, sus calles, una infraestructura de primer nivel, una gastronomía variada y muchas cosas más… Qué ver en Sudáfrica Una de las principales propuestas turísticas es hacer un safari en el Parque Kruger. Con una extensión de casi dos millones de hectáreas es uno de los Parques Nacionales de mayor extensión del mundo y también de uno de los más famosos. Es un verdadero refugio de vida que alberga una gran diversidad de animales, un sitio donde se pueden ver elefantes, leones, leopardos, rinocerontes, búfalos, entre otras especies. Este enorme espacio natural se encuentra en el noroeste de Sudáfrica. Entre las principales ciudades turísticas se encuentra la Ciudad del Cabo, la segunda ciudad más poblada del país después de Johanesburgo y uno de los principales destinos turísticos del continente africano. Es un destino muy elegido por quienes desea practicar actividades al aire libre como escalada, buceo, golf y parapente. Sus playas son ideales para la práctica de deportes acuáticos como el surf, kayak y winfsurf. Siguiendo con las propuestas turísticas de Ciudad de Cabo, uno de los imperdibles es la Playa de Boulders, una playa donde pueden encontrarse pingüinos, la cual forma parte del Parque Nacional Table Mountain, también conocido como Parque Nacional de la Península del Cabo donde pueden verse montañas, una gran variedad de flores raras y también especies de plantas típicas del lugar. Es otro sitio para ver especies típicas del país como leones, leopardos, elefantes entre otras especies más. Otra de las propuestas que ofrece Sudáfrica a sus visitantes es visitar los valles cubiertos de viñedos y conocer sus pueblos de encantadora arquitectura. Johannanesburgo es la ciudad más grande y más poblada de Sudáfrica, tiene además la particularidad de ser una de las cuarenta áreas metropolitanas más grandes de todo el mundo, también es considerada como una ciudad global. Siguiendo con las curiosidades de esta capital puede decirse que es una de las pocas grandes ciudades del mundo que no se encuentra en la costa y tampoco posee un río importante o canal que la comunique con el mar como es el caso de otras ciudades importantes como Madrid o Berlín. Es también la tercera ciudad más poblada de África luego de El Cairo y Lagos. Johannesburgo si bien no es un destino turístico tradicional es un punto de conexiones de vuelos a la Ciudad del Cabo, Durban y el Parque Nacional Kruger. Sin embargo, cuenta con atracciones para los turistas como un importante parque de diversiones y un zoológico el cual es el más grande del país. Además, tiene la particularidad de contar con varios museos de arte y complejos donde pueden verse importantes obras. Otro de los centros turísticos de Sudáfrica es Durban, uno de los principales motivos por el que varios viajeros eligen visitar este lugar es por sus playas y también por su riqueza cultural. La ciudad cuenta con otras propuestas turísticas como visitar el Barrio Indio ubicado al oeste del centro, una de las zonas más pintorescas. El punto más visitado de la ciudad es Marine Parade ubicado frente a la playa, allí es posible encontrar una gran cantidad de hoteles y restaurantes. Cerca de la ciudad de Durban pueden encontrarse parques naturales refugio de las especies tradicionales del continente africano. Gastronomía de Sudáfrica La gastronomía de Sudáfrica ofrece a los viajeros que desean explorar este país a tavés de los sabores una gran variedad de platos los cuales son fruto de varias culturas. Algunos de los platos típicos son el Biltong, una carne curada en salazón y el Bobotie un plato originario de la cocina malaya, se trata de un pastel de carne con uvas y pasas cocinado con huevo por encima. Es común servir este plato acompañad de arroz amarillo, coco y bananas en rodajas. También es típica la leche ácida la cual lleva el nombre de Amasi y la salsa llamada chatni, una salsa dulce que generalmente se sirve sobre la carne. Curiosidades de Sudáfrica Sudáfrica es un territorio organizado en nueve provincias y en lugar de tener una ciudad capital, su capitalidad está formada por tres ciudades: Pretoria la cual es la sede del poder ejecutivo, Bloemfontein la sede del poder judicial y Ciudad del Cabo la sede del poder legislativo. Como se mencionó anteriormente, la ciudad más poblada es Johannesburgo la cual tiene la particularidad de ser una de las cuarenta áreas metropolitanas más grandes de todo el mundo. La nación lleva el sobrenombre de la Nación del arcoíris por su diversidad de culturas, idiomas y creencias religiosas. En la constitución del país, se reconocen como oficiales 11 idiomas. Más curiosidades… Sudáfrica es un país muy extenso, más de lo que parece. Para tener una idea de su tamaño puede decirse que es mayor a Alemania, Holanda, Bélgica, Francia e Italia juntos! En Sudáfrica se puede encontrar el mamífero más alto, las jirafas y también los más pequeños, la musaraña pigmea. También se puede conocer al más rápido de todos los felinos, el guepardo, el ave más grande del mundo, el avestruz y otras especies más.
  5. Hola viajeros, quería saber que mas se puede hacer en Estambul aparte de recorrer centro histórico en sultanhamed y taksim. Concretamente estuve leyendo y analizando la opción de ir a la parte asiática que según dicen es muy linda, pero me podrían recomendar algún barrio o lugar en particular? Gracias de antemano!
  6. Panamá es una ciudad en crecimiento, su fama como centro de actividad financiera provocó un auge inmobiliario el cual se plasmó en enormes rascacielos de cristal, metal y hormigón. Tiene una interesante propuesta de actividades para hacer, una amplia oferta de servicios y varios shoppings. La ciudad creció mucho en altura, en población y también en cuanto al tránsito. La ciudad de Panamá tiene varias propuestas para pasar unos días de vacaciones como por ejemplo, recorrer la costanera, disfrutar de actividades al aire libre, realizar salidas nocturnas entre otras actividades más… ¿Qué hacer en Panamá? Uno de los imperdibles de esta ciudad es la Cinta Costanera, se trata de un tramo de tierras ganadas al mar, donde se encuentran zonas recreativas para practicar deportes, el lugar cuenta también con una ciclovía, fuentes y áreas verdes. Otro sitio ideal para recorrer es el casco antiguo de calles adoquinadas. Muchos de los edificios que formaban parte de esta zona fueron abandonados y posteriormente reciclados, en la actualidad funcionan como hoteles, cafés, restaurantes, agencias de viaje, galerías y también como tiendas. La ciudad de Panamá cuenta con Patrimonios de la Humanidad que vale la pena visitar como la iglesia de San José con su llamativo altar de oro y el Palacio Municipal. Uno de los motivos para visitar Panamá, es ir de compras. Uno de los más concurridos por los amantes de las compras es el Multiplaza, donde se reúnen las marcas internacionales más famosas. Vale la pena también visitar el Alta Plaza Mall un centro comercial con un diseño arquitectónico vanguardista con 150 locales comerciales. Conocer el Canal de Panamá es otro de los “must do” de la ciudad. Uno de los motivos por el que es conocido este lugar es por su canal, una importante vía de navegación interoceánica entre el Mar Caribe y el Océano Pacífico el cual funciona a través de esclusas. Uno de los momentos ideales para visitarlo, es en el momento en el que pasan los buques más grandes lo cual sucede entre las 1:00 pm y las 5:00 pm. Otros paseos y atractivos turísticos de Panamá Un paseo por Panamá no está completo sin probar el café panameño el cual ha recibido reconocimientos internacionales, en la actualidad, está considerado como uno de los mejores del mundo. En las tierras altas de la provincia de Chiriquí se cultiva una variedad de café que lleva el nombre de Geisha, la cual es originaria de Etiopía. El mismo se puede degustar en cualquier de sus cafeterías o bares. Para muchos viajeros, la gastronomía es otra manera de conocer los lugares, existen varios restaurantes tradicionales en donde se sirven latos tradicionales, en algunos restaurantes se ofrece comida panameña mientras se realizan espectáculos con danzas indígenas y bailes tradicionales. La ciudad de Panamá también es famosa por su vida nocturna, con una cultura que tiene la particularidad de ser reconocida por ser divertida. Las opciones para un paseo por la noche son varias como visitar clubes, probar gastronomía local o platos internacionales en alguno de sus restaurantes, visitar casinos, es importante mencionar que la ciudad cuenta con varias salas de juegos. Las artesanías y cerámicas que pueden comprarse en la ciudad son unas de las más creativas de la región. Son recuerdos auténticos a la vez que también son una buena opción de souvenir para regalar. Las artesanías más populares son las molas, se trata de una forma de arte textil tradicional cosidos en paneles con diseños complejos y múltiples capas los cuales son realizados utilizando técnicas tradicionales. Otras artesanías que pueden conseguirse son canastas tejidas a mano y esculturas pequeñas. Una de las principales zonas donde pueden comprarse artesanías es en el casco viejo. Para conocer más sobre la historia de Panamá, un paseo recomendable es visitar las Ruinas de la Ciudad Original de Panamá. Panamá viejo fue fundada en el año 1519 por españoles. Recorrer el océano en un tren histórico es otra de las propuestas. El famoso Panamá Canal Railway es un ferrocarril que fue inaugurado en el año 1855. El mismo fue construido por viajeros que buscaban oro. En la actualidad, es una interesante propuesta para disfrutar de las vistas del canal, la selva tropical y los alrededores. El tren sale por la mañana y regresa a la tarde. Es importante tener en cuenta que no se pueden hacer reservas para tomar el tren. A pocos kilómetros de la ciudad de Panamá también se puede disfrutar de actividades al aire libre como por ejemplo jugar al golf en un paisaje selvático. Consejos y datos útiles Los trayectos urbanos en taxis no son largos y pueden costar entre tres y cinco dólares. El trazado es un tanto complicado, cuesta detectar los puntos de referencia de la ciudad y no es fácil moverse a pie, además de que existe el riesgo de psar de un área bonita a una que no lo es. Del aeropuerto al centro, el precio de los taxis suele ser de 30 dólares. Dentro de la ciudad funciona uber y también el metrobus, este último funciona únicamente con tarjeta prepaga. Sobre la plaza Francia se instalan los artesanos donde además de comprar souvenires y regalos puede apreciarse la vestimenta típica de los lugareños. En el aeropuerto se ofrece para quienes estén de tránsito con largas esperas, tours de compras.
  7. La Capital Federal también llamada Ciudad de Buenos Aires es la ciudad principal de Argentina, mi país. Es un sitio cosmopolita con mucho para hacer y para ver, tiene importantes centros comerciales, varios atractivos turísticos, barrios tradicionales, librerías, museos, avenidas emblemáticas, pizzerías y mucho más… Buenos Aires invita a ser visitada más de una vez… Fui varias veces, por aun concierto y luego me quede un par de días para recorrer la ciudad, fui a la Feria del Libro, fui de paso para tomar un vuelo hacia alguna otra ciudad, o algún colectivo que me conectara con algún otro lugar, fui de vacaciones de invierno, fui en verano… Siempre con algún motivo distinto y siempre siempre queda algo pendiente para ver… Esta vez fui por cuatro días. Llegué un viernes por la noche, la ciudad me recibía con un día primaveral de esos que invitan a salir a pasear. Al llegar a la ciudad recordé el mundo de gente que es Buenos Aires, una ciudad donde la gente va y viene a paso acelerado y los autos circulan a gran velocidad con un tránsito tan caótico como inquietante. Luego de dejar las cosas en el hotel fui a pasear por la Avenida Santa Fe ya que el alojamiento estaba a una cuadra de esta gran avenida donde se pueden encontrar cientos de negocios y también restaurantes para comer. Algo típico y característico de Buenos Aires son las pizzas en combinación con fainá. Otro de los paseos que aproveché para hacer durante el fin de semana fue ir a la Librería el Ateneo, es la librería más linda que he visitado, con una arquitectura muy llamativa, además tiene cientos de libros para todos los gustos, pero no fue la única librería que visité también fui a una adentro de un shopping en donde se vendían todos libros y novelas en inglés. El edificio donde se encuentra esta librería fue construido en el año 1917 y fue diseñado con la finalidad de que funcionase en el lugar un teatro, posteriormente se remodeló y desde el año 2000 funciona como una librería perteneciente a una marca tradicional de libros. Cuenta con puntos de lectura y también con un café. Por supuesto que también visité los hitos más emblemáticos como la Plaza de Mayo, aunque haya ido en varias oportunidades a mi criterio, siempre invita a ir una vez más y también pasar por el famoso Obelisco. Aproveché para visitar lugares que no conocía, siempre que algo pendiente… Tenía como Pendiente un Centro Cultural muy lindo donde había muestras muy interesantes relacionadas con la naturaleza y el arte. Otro museo que no conocía es el de La Casa Rosada, donde se pueden ver objetos que pertenecieron a la historia del país y también a cada uno de los presidentes. Lamentablemente no pude visitar la Casa Rosada, va un dato muy importante: para ir es necesario hacer una reserva por internet con 15 días de anticipación. Siguiendo con los datos útiles: hay distintas opciones para moverse por esta gran ciudad, una es el bus turístico que pasa por las paradas de los barrios e hitos más turísticos y representativos, pero también hay transporte público y varias opciones, yo elijo siempre los subtes porque son los más rápidos. (Para moverse en transporte público es necesario contar una tarjeta “Sube” la cual funciona para todos los medios: trenes, subtes y colectivos, también se puede alquilar una bicicleta para recorrer la ciudad de una manera distinta) Los shopping también son una visita obligada, en esta oportunidad recorrí el Alto Palermo Shopping y el del Abasto, este es uno de los más grandes de la ciudad. Uno de los centros comerciales más lindo son las Galerías Pacífico las cuales fueron declaradas como Monumento Histórico Nacional. Los murales y las cúpulas invitan a detenerse a mirar y contemplarlas... Un paseo por Buenos Aires nunca está completo… esta vez además de algunos museos, también me quedó pendiente conocer El Planetario…
  8. Para parar en París, qué zona recomiendan??
  9. Hola! Me gusta conocer los destinos a fondo, sin prisas, quisiera saber cuántos días me recomiendan para conocer la Ciudad de México, cuáles son los imperdibles y demás tipos de consejos
  10. Un puñado de días viviendo en Francia bastaron para comprender lo que verdaderamente es un país primermundista, y para disfrutar de los beneficios de ser asalariado bajo un régimen tributario tan humano. Llegué a Francia para dar clases de español a alumnos de 14 a 18 años en una escuela pública de Lyon. Y las prestaciones laborales, aún con un contrato temporal, superaron mis exigentes expectativas. El Ministerio de Educación Francés, como mi empleador, me ofrecía alojo en la residencia del colegio; pagaba la mitad de mi abono de transporte mensual; reducía el precio del menú del comedor a solo 3.14 euros. Aunque mi recibo de nómina manifestaba la alta (altísima) tasa de impuestos que me era descontada, nunca pude realmente quejarme de los servicios que el gobierno francés pone a disposición de todos sus ciudadanos y residentes. Y esos beneficios son tantos que, incluso, llegaron a estresarme. Sonará estúpido, pero la gran cantidad de periodos vacacionales angustió mi mente, opacando el tiempo que debía destinar a preparar mis futuras clases. Como suele suceder, el gremio de la educación es el que goza de más vacaciones en el país, con más de 12 semanas por año (más de tres meses enteros). Algo imposible en una empresa mexicana. Lo cual quería decir que mi periodo de siete meses trabajando para el colegio se reducirían a prácticamente cinco, descontando las ocho semanas que obtendría como asueto. Sin duda, la mejor noticia que pude recibir al firmar mi contrato. Así, sin siquiera haber comenzado a laborar y sin haber todavía encontrado un apartamento en Lyon, tuve que darme a la tarea de planear mis vacaciones de tous-saints, un viaje a mediados de octubre que duraría 15 días. Ante el estrés de preparar clases, buscar un hogar, trabajar para mi segundo empleo en México y concluir los papeleos necesarios con la burocracia francesa, opté por hacer un viaje fácil, rápido y sencillo. Un tour por el centro de Europa viajando por carretera a bordo de buses de bajo costo. Esta vez no habría vuelos ni aeropuertos. No tendría que preocuparme por llegar con horas de anticipación, por la manera de salir y entrar a la ciudad desde los aeródromos, por el equipaje que llevase conmigo ni por la disponibilidad, horarios y precios. Y una empresa alemana fue quien me animó a volver a los viajes por carretera: Flixbus, la compañía de buses de menor costo en Europa occidental. En mi último viaje del viejo continente había volado de ciudad en ciudad, reduciendo mis gastos al máximo con las aerolíneas lowcost. Pero Flixbus se había ahora expandido, y sus precios ridículos y miles de destinos en toda Europa hicieron de mi toma de decisiones una tarea mucho más fácil. Justo lo que necesitaba. Y sobrevalorando el tiempo que estaría en Francia me incliné por viajar al este, y adentrarme al desconocido centro europeo, que escondía algunos destinos que desde hace mucho llamaban mi atención. Y para alcanzar los alpes austriacos y los castillos del sur alemán era estrictamente necesario atravesar Suiza, el oasis europeo. Mucho había oído hablar de Suiza. El mejor país del mundo para muchos. Un paraíso financiero para las empresas. Sede de cientos de asociaciones y compañías multinacionales. Una política neutral con cero guerras ni enemigos. Excelente sistema de salud, excelente cuidado al medio ambiente, excelentes relojes, quesos, chocolates y navajas. Pero todo ello tiene un precio. Un inmenso costo de vida. Y sabía que viajar a Suiza no era quizá lo más prudente que podía hacer sin haber recibido mi primer salario. Pero no tenía muchas opciones. La manera más fácil de llegar a los alpes austriacos desde Lyon era atravesando Suiza en tren o por carretera. Y así lo haría. Y tras solo tres semanas de mi debut como profesor, cogí mi vieja mochila y abordé por primera vez un Flixbus desde la terminal Part-Dieu de Lyon. Los trenes suizos son un anhelo para la mayoría. Pero un vistazo a su talón de precios haría a esa mayoría comprar el mismo ticket de bus que yo. El servicio de café, conexiones eléctricas y wi-fi a bordo me hicieron preguntarme cómo aquella empresa podía ser rentable. Su secreto radica en la cantidad de escalas que puede hacer en un solo trayecto (tres en aquel viaje). Y sobre todo, recae en el alto monto de impuestos que Flixbus esquiva por aparcar fuera de terminales de autobús. De tal suerte que el chofer me dejó junto a una estación de gas, en algún extraño punto de la ciudad de Berna, la capital suiza que sería la primera parada de mi viaje. Ante mi nuevo desafío (sobrevivir a Suiza sin gastar todos mis ahorros) mi mejor alternativa fue continuar explotando mi red social favorita: Couchsurfing. Y Nora, una estudiante alemana, fue quien me ofreció un colchón en su casa para poder pasar dos noches en la ciudad. Berna me recibió con una tarde lluviosa, bajo la cual Nora y yo caminamos rumbo a su casa para poder comer el almuerzo. Nora era originaria de Düsseldorf, y estaba haciendo su tesis en la Universidad de Berna. Sus continuos ciclos de estudio la hicieron buscar una forma de conocer gente nueva para despejar su mente, y encontró en Couchsurfing una atractiva opción. Halagado por ser su primer invitado, la acompañé a comprar una barra de queso gruyère y una pieza de pan. Así, sabía que empezaba a acercarme poco a poco a lo que era Suiza y su famosa adicción por los quesos. Nora vivía en una casa de huéspedes con todo tipo de personas. Algo que me recordó a la serie Hey Arnold!, para quien la haya visto. Cesada la lluvia, salimos a dar un paseo por el centro histórico de Berna. Las calles de una de las capitales más pequeñas donde alguna vez había estado nos llevaron sin pierde hacia el casco viejo de la ciudad, que da comienzo con su central de trenes, punto de reunión de la mayoría de los locales. Los grisáceos edificios coronados por las tejas nos abrieron paso a la Suiza medieval, edad misma de la que datan la mayoría de sus construcciones. Aunque la mayoría de ellas fueron remodeladas en el siglo XVIII, el plano urbanístico de la ciudad vieja de Berna es el mismo que desde 1191 se fundó sobre aquella pequeña colina. Aunque no era oriunda de allí, Nora conocía ya bastante bien la ciudad, que con sus escasos 140 mil habitantes no se comparaba en mucho a su natal Düsseldorf. Pero aunque pequeño, el centro histórico de Berna sigue siendo uno de los mejores testimonios del trazado citadino del medievo europeo. Y por ello fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La torre del reloj pronto apareció al final de la Marktgasse, la calle principal del centro. El monumento se posa justo en medio de la colina, y es quizá la estructura más vieja de la ciudad, y sin duda la más emblemática. Muchas historias se cuentan sobre ella. Pero lo más interesante para muchos locales es saber que, orgullosamente, es uno de los pocos monumentos históricos del mundo sobre el que se puede orinar (hay un mingitorio dentro del cuartel). Otro de los grandes atractivos es la fuente del arcabucero. Es una de las fuentes que sobrevivió desde su popularización en el siglo XVI. Ahora sus figuras alegóricas adornan la avenida principal que baja hacia lo más bello de la capital. Antes de que la actual Suiza naciera, Berna fue fundada sobre una pequeña colina rodeada por el río Aar, que formó una frontera natural contra los enemigos. Hoy la pequeña península se conecta al resto del territorio a través de puentes de piedra, que ofrecen una espléndida vista de la ciudad. La leyenda cuenta que el nombre Berna proviene del alemán “bärn” (pronunciado “bern”), que significa literalmente “oso”. Se dice que el duque Bertoldo V de Zähringen, fundador de la ciudad, prometió llamar a la nueva aglomeración según el primer animal que pudiese cazar. Y un oso fue lo que se topó en su camino. Los locales parecen todavía muy orgullosos de su historia, y los osos están presentes en cada elemento de la capital. Incluso en su bandera. Y justo al lado del río se ha logrado salvar a una pequeña familia de osos que hoy viven en cautiverio. Los nombres de quienes han aportado dinero para el cuidado de estos animales aparecen en cada una de las piedras que pavimentan el balcón desde donde se les puede ver paseando. Los osos de Berna se han convertido en el símbolo de la ciudad, y poseen ya un lugar en la mayoría de sus habitantes. Más arriba de su jaula, un parque brinda las mejores vistas de la ciudad, que en ese entonces se teñía con los fulgurantes colores del otoño. Antes de que pudiese volver a llover, volvimos andando por el centro, no sin antes pasar a comprar otra pieza de pan para la cena, en uno de los singulares locales del andador comercial. Muchas de las tiendas de la calle principal se encuentran en el subterráneo. Y se accede a ellas por puertas de madera que se abren hacia arriba, y no hacia adelante. Estas pequeñas cuevas solían ser los sótanos durante el medievo. Bodegas donde se almacenaba todo tipo de víveres que ayudaban a las familias a sobrevivir el invierno. Hoy, bueno, encontramos desde vendedores de CDs antiguos hasta panaderos. Al otro día, Nora debía acudir a una de sus clases, y quedé de acompañarla para conocer su universidad. La Universidad de Berna es una de las mejores universidades públicas de Europa. Nada menos que donde Albert Einstein realizó la Teoría de la relatividad. Allí mismo acompañé a Nora para aprovechar las vistas desde lo alto del campus. Y aunque planeaba aprovechar su hora de clase para dar una vuelta, algo me puso en apuros. Mi número telefónico había sido cancelado. Hacía un mes que había comprado una SIM card con una compañía francesa, y había pagado 20 euros para tener llamadas, mensajes e internet en toda la Unión Europea (aunque Suiza no es parte de ella). Vinculé la cuenta con mi tarjeta de débito para que pudiesen cobrar automáticamente. Pero al parecer no había entendido del todo las cláusulas. Ya que no solo cancelaron mi plan, sino que eliminaron mi línea. Ahora no tenía un número para usar. Ni siquiera podía recibir llamadas. ¿Para qué querría entonces un celular? Sin wi-fi era simplemente nada. Así que a partir de entonces la tecnología no estaría de mi lado, y volvería a utilizar los encuentros a la antigua: acordando un lugar y una hora. Esperé a Nora para comer juntos. Un kebab turco fue la opción más barata, que por diez francos suizos (diez euros aproximadamente) fue el kebab más caro de mi vida. El día anterior, cuando todavía tenía un número de móvil, había quedado de verme con Christian, un couchsurfer que me había invitado a quedarme en su casa. Pero al haber aceptado la invitación de Nora primero, decidimos al menos salir a tomar algo. Nos vimos en la central de trenes, como cualquier suizo haría. Nora y Christian intercambiaron sus números antes de que ella volviera a la universidad. Así no padecería más de la ausencia de mi línea telefónica. Apenas al despedirnos, un indigente se acercó mendigando dinero. Christian empezó a hablar un raro alemán con él y caminó hacia una tienda. Compró una bebida y un pan. Se los dio al hombre que, con una sonrisa, agradeció su noble gesto. Sabía muy pocas cosas sobre Christian. Era joven, 20 años, tocaba el bajo en una banda de rock. Sus brazos se cubrían en tatuajes. Su ceja era atravesada por dos picos. Hablaba tres idiomas, había nacido en la zona francófona de Suiza. Tenía una novia y vivía en una zona rural a las afueras de la ciudad. No había estudiado la universidad y quería ser chofer de tranvía. Todo ello me pareció interesante. Pero encontrarme a un indigente en Suiza era algo que no esperaba. Y ver a Christian hacer lo que hizo era, sin duda, lo que esperaba de Suiza. Su evidente personalidad alternativa me invitó a dirigirnos al otro lado de la ciudad, alejándonos un poco del centro histórico, que él suponía que habría visitado ya. El poco llamativo paisaje nos llevó al pie de un hospital. “Entremos”, me dijo, ante mi cara de estupefacción. “Aquí es donde trabajo”. “¿Eres médico?”, repliqué. “No, solo hago mi servicio civil”. En Suiza el servicio militar es obligatorio, aunque puede esquivarse pagando un alto monto correspondiente. Pero es posible evadir al ejército haciendo un servicio civil. Así, Christian decidió ayudar en un hospital. El servicio civil tiene un salario fijo. Y Christian recibía más de dos mil francos al mes. No mucho, según él. Tomamos el elevador hasta el último piso. Conocía bien el edificio y sabía que desde su terraza-café se tenía una bella y diferente vista de Berna. Una que no muchos conocían. Y entre lo desconocido, bajamos a caminar de vuelta al centro, para que me mostrase uno de sus lugares favoritos. En la confluencia entre dos avenidas, Christian me mostró un viejo y descuidado edificio que ha sido tomado por jóvenes anarquistas. Fomentan la paz. No hay drogas, prostitución ni actos ilegales. Pero allí la policía no tiene entrada. Solo “el pueblo”. Aun en países como Suiza, donde todo parece perfecto, existen movimientos de izquierda que rechazan las ideas del gobierno. No cabe duda de que el ser humano siempre tendrá algo de qué quejarse. Y si no todo parecía perfecto, Christian me llevó a otro edificio cercano, que resultó ser una oficina donde el gobierno proveía droga a los adictos. Sí, el gobierno suizo regala droga a los adictos. Era algo difícil de creer. Observar aquel grupo de junkies luego de haber tomado drogas que su gobierno les obsequió me causó, indudablemente, una conmoción. Pero hay una explicación para todo. ¿Qué pasa si le quitas la droga a un drogadicto? Se torna violento, y no tarda en recaer. La mejor manera de abandonar una adicción es ir disminuyendo poco a poco los niveles de consumo, pues el cuerpo adquiere una necesidad fisiológica del producto. En Suiza, el gobierno se encarga de llevar un expediente de los adictos que se den de alta en su programa. Así, les entrega periódicamente su dosis necesaria, que va decrementando con el tiempo, hasta que el adicto sea capaz de renunciar a su consumo. Eso evita que las personas recurran al mercado negro en busca de mercancía ilegal. Mientras la tarde avanzaba y Christian relataba cómo es haber nacido en un país como el suyo, caminamos por las calles empedradas que se ocultaban a los lados de la avenida principal, donde un día antes Nora me había llevado. Los rojizos tejados que resbalaban el agua de la brisa nos guiaron hasta la orilla del río Aar, donde según él, los pobres solían vivir hace varios siglos. Hoy esta zona ha perdido por completo su mala reputación, y es una de las áreas más cotizadas por los residentes. Y tenía sentido el porqué. Antes del anochecer, subimos hacia la plaza principal de Berna, just al frente del edificio más emblemático e importante del país. El Palacio Federal. Suiza es un país, como dije ya, asombroso. Y no solo por regalar droga (lo siento, me sigue sorprendiendo). Sino por su propia estructura gubernamental. Se trata de la única confederación del mundo que forma un estado, cuyo nombre oficial es también la Confederación Helvética. Su territorio se divide en cantones, que hace siglos se unificaron para defenderse a sí mismos hasta lograr separarse del Sacro Imperio Romano-Germánico. Con un sistema representativo y porcentual, existen siete representantes de los cantones en el poder ejecutivo. Eso quiere decir que Suiza tiene siete presidentes. Por ello, es normal que nunca escuchemos en las noticias sobre el “jefe de estado” de Suiza. O su “líder nacional”. Suiza es un verdadero pueblo unido orgulloso de su lugar en el mundo. Y ese orgullo lo veríamos reflejado muy pronto sobre el gran Palacio Federal. Literalmente, al caer la noche hubo un espectáculo de luces y música proyectado sobre el edificio. Se trataba de una animación que celebraba los 150 años de la Cruz Roja, la organización internacional de salud más importante del mundo, y que se creó precisamente en Suiza. Finalizado el show, buscamos un buen lugar donde cenar. Y Christian no me dejaría partir sin haber probado el plato más típico de Suiza: el fondue. Encontramos una mesa en una cálida taberna. No había comido nada en horas, y eso prepararía mi estómago para el siguiente paso. El caquelon es la olla donde se funde el queso, que se coloca sobre un pequeño hornillo que debe permanecer encendido para que el queso no se solidifique. La gran cacerola de queso nos fue servida con una canasta de pan, que puede ser sustituida también por papitas cocidas. La enorme cantidad de carbohidratos y el grasoso queso hace del fondue un indiscutible plato de invierno. Pero afuera había frío, así que lo ameritaba. Justo al terminar Nora nos alcanzó fuera del restaurante, y nos acompañó a tomar una buena cerveza en un bar cercano. Christian no se iría sin pagar la cuenta del restaurante, y sin regalarme una bolsa de chocolates, como un buen recuerdo de Suiza y sus tradiciones. Ese inconcebible sujeto llegó incluso a ofrecerme dinero. “Yo sé que nací en un país rico, en el que muchos quisieran vivir. Nadie elige dónde nacer, yo solo tuve suerte”. Christian insistió en ayudarme con mi viaje, donándome una desconocida cantidad de dinero. Yo insistí en que no. Su increíble nobleza y la hospitalidad de Nora me dieron de mis primeros días en Suiza una exorbitante sorpresa. Y no podría esperar a llegar a mi siguiente parada: la ciudad de Zúrich.
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