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  1. Hacía bastante que no planificaba un viaje al Sur de mi país, aunque ya viajé varias veces, no he terminado de recorrerlo... Tiene muchos lugares turísticos, otros no tanto y muchas cosas para ver y para hacer, en un sólo viaje es prácticamente imposible conocerlo completo. Esta vez no quería un viaje de muchas idas y vueltas, con varias paradas, varios hospedajes, varias veces de armar y desarmar valijas, sino que quería viajar más tranquila, con la famosa modalidad de slow travel. Considero que para conocer un destino hay que estar varias noches, sino es una simple “pasada por el lugar”. El Chaltén tiene el apodo de Capital Nacional del Trekking, esto es así porque tiene varios caminos para hacer con vistas a imponentes paisajes. Sabía que iban a ser seis largos días donde más que descansar, iba a sentirme parte del paisaje. Armé el equipaje con los bastones de trekking, calzados apropiados y ropa cómoda... El primer día, como en todo viaje sirve para ubicarse y acomodar el equipaje. Es un pueblo muy pequeño con muy pocas cuadras, pero con una gran cantidad de negocios, todo en función del turismo. El Chaltén es un lugar único y muy especial. Está dentro de un parque, el Parque Nacional los Glaciares, es un pueblo que vive exclusivamente del turismo y que se fundó hace muy poquito, en el año 1985. Como está en un Parque Nacional, no tiene aeropuerto, para llegar lo más cómodo es tomar un avión hasta El Calafate y desde allí un transfer. En mi caso, el viaje había sido bastante largo, desde mi ciudad, Mar del Plata a la Capital Federal, desde allí a El Calafate y finalmente a El Chaltén, unas cuantas horas de viaje y otras tantas en espera... El segundo día que llegamos, El Chaltén amanecía con un día único, soleado, sin viento (cosa bastante rara para tratarse de la Patagonia) y con una muy buena temperatura. Después de desayunar en el hotel salimos a caminar con rumbo al Cerro Torre. Hay varios circuitos de trekking, este está considerado como de dificultad intermedia. Es un trayecto de 22 kilómetros, está calculado para hacerse entre 5 y 6 horas. Así que salimos temprano, equipados con todo lo necesario para pasar el día, agua, frutas, un almuerzo liviano. Un consejo importante que nos habían dado los lugareños es que, el agua que se encuentra en el camino en los arroyos y cascadas es natural y que no es necesario entonces trasladar varias botellas de agua, basta con llevar una y recargar. Creo que nunca había tomado una agua tan rica y fresca Otra de las caminatas que se pueden hacer en este pueblo de montañas, es ir al Fitz Roy, es la meca de los escaladores y el camino más buscado por los amantes de las caminatas o del senderismo. Hubiera estado muy bien tener un día de descanso entre caminata y caminata, pero estaba anunciado mal tiempo para los días siguientes. Dicen los lugareños que un día de sol, despejado y sin viento, no se puede desaprovechar... A pesar del cansancio, luego del desayuno volvimos a salir. Para llegar al inicio del camino es conveniente tomar un minibus. Una vez llegado al punto de inicio nos esperaban unas nueve horas de caminata. Son unos 25 kilómetros. Lo bueno es que era verano y en verano en el sur, oscurecer después de las 22:30. De todas maneras salimos temprano para que no nos agarrase la noche en el camino. Durante la primera hora, la pendiente del camino es algo pronunciada, tuve que ir haciendo pausas para evitar la sensación molesta de falta de aire. Los ñires forman parte del paisaje junto con arroyos. Lo más lindo, el silencio y el aire puro. El punto más difícil del camino, es una pendiente empinada, la cual debe tener aproximadamente unos 400 metros. Demanda, según los carteles una hora de esfuerzo, ante mi falta de experiencia en este tipo de "travesías" me tomo una hora y media. De todas maneras cada segundo de esfuerzo valió la pena para disfrutar de La Laguna de los Tres con unos imponentes cerros de fondo. Después de tanto andar, era hora de sentarse a descansar, contemplar y hacer un picnic disfrutando tal hermosa postal. Una vez finalizado el almuerzo tuvimos que emprender el regreso, en total fueron aproximadamente nueve horas de caminata, a pesar del cansancio se disfruta igual, a lo largo del camino aparecen distintas postales que son realmente únicas. Los días siguientes fueron más tranquilos en cuanto a caminatas y exigencias físicas. Hicimos el paseo más sencillo, visitar el Chorrillo del Salto y lógicamente probar su exquisita agua pura de deshielo. A los días siguientes el tiempo empeoró , pero no fue un impedimento para seguir paseando.... Hicimos una excursión al Lago del Desierto, otro paraíso natural con senderos para caminar, afortunadamente mucho más sencillos. También visitamos los miradores desde donde se puede ver el pequeño pueblo rodeado de montañas que marcan sus límites naturales. Hubiera faltado más tiempo para recomponerse y hacer la tercera caminata larga que propone este destino, visitar el Pliegue Tumbado, pero de todas formas es lindo que siempre quede algo pendiente para planificar una vuelta ... El Chaltén es un pueblo único, al que seguramente en otra oportunidad volveremos!
  2. Del álbum Miami

  3. Hola!! Quisiera saber información y tips para planificar un viaje al Chaltén, la idea principal del viaje es hacer trekking, desde ya muchas gracias!!
  4. Más allá de todos los paisajes que nos habían asombrado y encantado hasta aquel momento en la Patagonia argentina, una de las mejores caminatas que realizamos en El Bolsón, fue la del Cajón del Azul: Un enorme río, al que llaman Río Azul, encajonado por altas paredes de piedra, rodeado de bosque nativo. De sólo imaginarme aquel paisaje, me llenaba de ansías para arrancar la excursión. El día anterior, debimos dar aviso a las oficinas de turismo, ubicadas en la plaza central de El Bolsón, donde nos registramos y nos brindaron un práctico mapa. A lo largo de un extremadamente largo sendero (de varios días de caminata) se encuentran diferentes refugios en los que uno puede pasar la noche, por lo que decididos a ello, nos equipamos con comida y las bolsas de dormir. Partimos una mañana entonces, desde Las Golondrinas en la moto, hasta llegar a un conocido paraje, llamado Chacra de Wharton, a aproximadamente 15 kilómetros. Allí debíamos dejar la Honda, ya que no se puede avanzar más en vehículo. Abrigados porque el día estaba bastante fresco, iniciamos la caminata. No les voy a mentir, fue un sendero muy cansador para mí y difícil, pero voy a intentar no adelantarme. Iniciamos descendiendo por un empinado camino marcado hoscamente en la tierra, hasta continuar con una senda más ancha, rodeada de un bosque de cipreses y cohiues. Y desde ese punto, comenzamos a subir. Paso a paso, íbamos ascendiendo a través de la pendiente que se internaba en aquel espeso bosque, siguiendo las flechas indicativas pintadas en las rocas o en los troncos de los árboles. A medida que avanzábamos, escuchábamos más cerca la turbulencia de un poderoso río, y eso nos animaba a seguir. La verdad es que yo debía detenerme cada algunos pasos para oxigenarme, porque el camino en aquel punto fue muy exigente. Para aumentar “la aventura”, a mi querido novio, no se le ocurrió mejor plan que salirse del camino principal, internándose en el bosque. Como ya les dije, está un poquito loco Al principio, ir haciéndonos paso entre la maleza, corriendo ramas y saltando raíces fue bastante divertido y emocionante… pero a medida que avanzábamos y nos internábamos más, la cosa comenzó a ponerse un poco complicada. Algunos metros más adelante nos cruzamos con lo que parecía ser un viejo camino, marcado débilmente en el suelo, y comenzamos a seguirlo, suponiendo que nos llevaría nuevamente a la senda principal. Aquello se puso realmente abstracto cuando comenzamos a avanzar por el borde de una vertical pendiente, con una peligrosa caída, varios metros hacia debajo de mucha vegetación. Casi que debía ir trepando, sosteniéndome de fuertes raíces para no rodar cuesta abajo. Ya bastante molesta con Martin porque ya aquello se estaba tornando demasiado para mi, decidimos desviarnos por segunda vez de aquel viejo camino y, afortunadamente, salimos al sendero principal. Sin más locuras, porque realmente se corre el riesgo de perderse en aquel laberinto de árboles, continuamos el ascenso por aquel camino de tierra y piedras, hasta llegar al responsable del estruendoso sonido que escuchábamos a lo largo del camino. Delante de nosotros, se abría un violento cauce de agua, una rama del Rio Azul, que descendía rápida y violentamente por entre gigantescas rocas claras. Un no muy confiable puente hecho de sencillas maderas se tambaleaba peligrosamente por sobre aquel caudal de agua. Aquel había sido el único medio para pasar por encima del brazo del Rio, pero (quizás quitándole un poco la aventura al camino, hay que admitir) un robusto, sólido y mucho más seguro puente de acero se había construido a su lado. Martin no dejó de quejarse de lo mucho que afectaba el sendero aquel puente, pero yo lo transité feliz y tranquilamente Continuamos el camino, que ahora bordeaba aquel sonoro caudal de agua cristalina. A medida que íbamos ascendiendo, por entre las copas de los árboles podíamos ver aquel brazo hacerse más angosto, escoltado por enormes paredes de piedra. El agua corría vertiginosamente saltando por entre las piedras y golpeando violentamente al caer. Luego de casi dos horas de continua travesía, llegamos al primer paraje del sendero, el refugio La Playita. En esta parte, el camino descendía sinuosamente hasta llegar a una cabaña situada en unas playas pedregosas, donde el agua corría más lenta y tranquilamente. En aquel lugar se puede acampar, comer algo o pasar la noche dentro del refugio, pero simplemente nos limitamos a recorrer las orillas, caminando por sobre hoscas piedras y continuamos la travesía. Sé que en épocas veraniegas, la gente suele bañarse en esas playas, pero esa idea estaba lejos de ser concretada para nosotros aquel fresco día. Aun nos restaba una hora más de ardua caminata por entre el bosque de grandes y altos pinos, en un tramo del mismo, debimos subir, escalando unos escalones realizados con gruesos troncos adheridos a una vertical pared de tierra. A medida que avanzábamos íbamos descubriendo algunos arroyos que cruzaban el bosque y a nuestro costado íbamos observando como el Rio Azul (ya habíamos conectado con él, a través del brazo) comenzaba a encajonarse en un abrupto cañadón, por entre el cual el agua corría rápidamente, arremolinándose en algunos sitios. Las paredes de aquel cajón se aproximaban cada vez más, a medida que continuábamos la caminata, hasta que llegó un punto que increíblemente ambas paredes estaban sólo separadas por apenas 80 cm. Un sencillo puentecito, hecho con algunos troncos conectaba ambas márgenes, pero uno podía saltar prácticamente de un punto al otro. Si se miraba hacia abajo, a 40 metros más o menos se podía ver el caudal el Rio Azul haciéndole honor a su nombre, ya que el agua realmente tiene un precioso color azul, a veces aguamarina cuando le pegan los rayos de sol, que no dejaba de deslumbrarnos. Cruzado aquel singular puente, un cartel nos indicó que sólo faltaba poco para llegar al refugio del Cajón del Azul. Apuramos la marcha hasta encontrarnos con una llanura, cubierta de campos de pastura. Unas vacas nos dieron la bienvenida en la tranquera e ingresamos al refugio. Como todos los refugios de aquel lugar, también podíamos pasar la noche allí, pero a pesar del cansancio y el agotamiento que sentíamos en nuestras piernas, una vez que recuperamos el aliento, con Martin decidimos seguir unos kilómetros más, aprovechando los últimos vestigios de luz del día, al siguiente refugio: El Retamal. Ni bien comenzamos a caminar los últimos tramos hacia nuestro objetivo, me arrepentí rotundamente. Aquellos últimos metros, había que hacerlos por entre altos árboles, tomando una difícil pendiente que ascendía varios metros. Con las rodillas casi temblándonos, llegamos a la cima, completamente exhaustos y desde allí, vislumbramos el siguiente refugio. Ingresamos a un extenso y verde campo con una sencilla casita ubicada en el medio. Un imperioso cordón de montañas rodeaba todo el paisaje. Un joven nos dio la bienvenida y nos indicó el lugar de la casa que podíamos utilizar, una cálida habitación con mesas y sillas tapizadas de lana de oveja y una pequeña cocina. Cansados y hambrientos por aquel arduo esfuerzo que nos llevó la caminata de todo el día, nos preparamos unos fideos y nos fuimos a dormir. En la parte superior de aquella habitación, un altillo servía de dormitorio, donde varios colchones se encontraban dispersos en el suelo. Recuerdo haberme metido dentro de mi bolsa de dormir y simplemente me desmayé. A la mañana siguiente, temprano, decidimos comenzar el retorno. El sendero sigue mucho más allá, llegando incluso a un glaciar, llamado Hielo Azul, pero no llevábamos la suficiente comida y ropas para pasar muchos días más en el bosque, por lo que había que volver. Sin embargo, antes de tomar el camino de vuelta, el encargado del refugio nos aconsejó que visitáramos un lugar, ubicado en altura, llamado Paso de Los Vientos. Sinceramente, mis pobres piernecitas no querían saber más nada con seguir subiendo, pero a pesar de mis quejas, aquello valió totalmente la pena. Fuimos avanzando a través de un sendero que ascendía internándose en el bosque, el cual crecía atravesando el camino. Debimos ir esquivando ramas, corriendo hojas y saltando raíces. El rocío de la mañana había humedecido toda la vegetación y pronto terminamos nosotros también completamente mojados, al ir rozando con todo el follaje que se interponía en el camino. El camino llegó hasta el comienzo de unas altas colinas que fuimos ascendiendo por entre grandes rocas, y cuando al fin llegamos a la cima nos quedamos anonadados. A nuestro alrededor se abría un gigantesco valle tapizado de bosque y más allá todo estaba rodeado de grandes montañas. En aquel lugar reinaba la absoluta paz y el silencio. Realmente uno se sentía muy insignificante al lado de tal abrupto paisaje. Permanecimos varios minutos allí, llenándonos de aire puro y contemplando aquel paisaje maravilloso. Me senté sobre la sima de una de las más altas colinas y me quedé simplemente maravillada. Aquella ardua caminata, realmente había valido la pena. Aquel lugar era increíble! Descendimos nuevamente al refugio El Retamal, tomamos nuestras mochilas y emprendimos el regreso a El Bolsón. Antes de llegar al Refugio del Cajón del Azul, en el cual no habíamos parado el día anterior, nos desviamos, curiosos de seguir una indicación en un desprolijo cartel de madera que indicaba el camino al “nacimiento del cajón”. Solo unos pocos metros más adelante descubrimos, efectivamente, el sitio exacto donde el río comenzaba a correr por entre el nacimiento de grandes rocas que más adelante se convertirían en el Cajón del Azul. El agua increíblemente cristalina saltaba por entre las rocas y se escurría cuesta abajo con fuerza. Se podía ver el fondo rocoso de tan transparente que era el agua. Un precioso Martin Pescador, un ave típica de la zona, famosa por sus habilidades en la pesca, sobrevolaba el rio en busca de alimento. Era la primera vez que veía a este precioso animal en persona Retomamos otra vez el camino y regresamos por sobre nuestros pasos hacia la moto. El camino de vuelta creo que fue peor que el de ida, si tengo que serles sincera, pero al final, llegamos cansados pero felices al reencuentro con nuestra querida Transalp.
  5. Me encanta la Patagonia por la naturaleza y su tranquilidad... Estoy decidiendo los lugares. Por suerte tengo 20 días para recorrer. Cuáles son a criterio de ustedes los lugares que no debería perderme??
  6. Hola!! Quisiera saber que excursiones existen para hacer en el Chaltén y sus alrededores.
  7. Jamás me había sentido tan vívidamente en una película de terror, como cuando paramos aquel atardecer en Bajo Caracoles. Literalmente aquel lugar está conformado por sólo un surtidor de gasolina, un hotel y CUATRO casas, exactamente a escasos metros de la ruta, rodeado de la absoluta nada: tierra, más tierra y unos pocos arbustos. Aquel lugar subsiste porque es parada obligada para cargar el tanque y porque cerca de allí se encuentra un atractivo turístico antropológico bautizado como cueva de las manos, del que lamentablemente no puedo hablarles porque no lo visitamos En la habitación del cuarto de aquel hotel que nos asignaron para pasar la noche había un gran ventanal por el que uno podía ver la extensa llanura patagónica extenderse hasta el infinito, una vista bastante impresionante. Cuando cayó la noche y todo quedó a oscuras, yo ya esperaba que apareciera algún asesino con una sierra o algo similar, porque era la escena perfecta. A la mañana siguiente, nos esperaba una gran sorpresa (no, no había acontecido ningún asesinato), al encontrarnos con un amanecer con una intensa nevada. Afuera todo estaba cubierto de una gruesa capa de nieve. Hasta la moto, que había dormido fuera, estaba blanca y helada. Al preguntar al encargado del hotel (un hombre bastante apático) si eran frecuente ese tipo de nevadas por aquella región, imaginen nuestra resignación cuando nos respondió que por aquella zona nunca nevaba La moto cubierta de nieve en Bajo Caracoles Esperamos por más de una hora, pero la nevada no aminoraba, ni un poco, por lo que decidimos marcharnos de todas formas. Tendríamos una segunda sorpresa desagradable al descubrir que aquel oso de peluche, pasajero que recogiéramos en El Calafate, Ruperto, había desaparecido. Lo busqué intensamente, pero el oso jamás apareció. Hasta el día de hoy sospecho de aquel sombrío hombre encargado del hotel, pero en nuestra imaginación nos hicimos la idea de que Ruperto era un oso viajero que sólo necesitaba un aventón hasta Bajo Caracoles, y a día de hoy debe seguir viajando por el mundo. Nunca antes habíamos viajado por la ruta bajo una nevada, y fue una experiencia casi mágica. A pesar del terrible frío que obviamente empecé a sufrir, los copos de nieve descendían del cielo lentamente, como en una película, haciendo de aquella escena un momento único. Fuimos atravesando esa cortina blanca, hasta dejarla atrás algunos kilómetros más adelante. Nuestra siguiente parada obligada al caer la noche fue en la localidad de Gobernador Costa, en un sencillo hotel y al día siguiente continuamos viaje. Era evidente que la noche anterior había nevado sobre la llanura, porque todo a nuestro alrededor estaba cubierto con un blanco manto. Claramente, estábamos llevando la nieve con nosotros. La carretera cubierta de nieve Estábamos próximos a llegar a nuestro siguiente objetivo: El encantador poblado de El Bolsón, sitio predilecto por los viajeros natos, mochileros y artesanos…. Bueno, por los hippies en pocas palabras Habíamos estado viajando meses por la interminable llanura patagónica, asombrosa por su extensión casi infinita, por sus colores, sus curiosos habitantes y su total inmensidad que deja impresionado a cualquier viajante, cuando, de repente, todo explotó de verde. Fue casi inmediato. Cuando me quise dar cuenta, viajábamos a través de la ruta rodeada de frondosos pinos que cubrían las cumbres de las montañas en todas direcciones. Respiré hondo dentro del casco, para llenar mis pulmones de oxígeno fresco y de ese peculiar aroma a tierra y hierbas. Sentí que me llenaba de vida y de alegría al ver aquel horizonte celeste, con las montañas apareciendo por todos lados y el verde del bosque. Llegando a El Bolsón Y nos estaban esperando. Eduardo, el papá de Martin, y Nerina, su mujer, viven en un barrio residencial llamado Las Golondrinas, a escasos kilómetros de la localidad de El Bolsón. Para llegar a su casa, tomamos un empinado camino de tierra, que subía sinuosamente por una pendiente y se internaba en un espeso bosque. Y al fin arribamos a lo que yo llamaría sin lugar a dudas, un pedazo del paraíso en la tierra. Situada sobre un extenso terreno de inclinada pendiente que se perdía entre los árboles aledaños, la casa de Eduardo y Nerina se erigía en la cima de una suave colina, rodeada de naturaleza y paz. Mirase por donde mirase el paisaje era simplemente maravilloso. Gigantescos cordones nevados se elevaban a lo lejos y todo estaba invadido de aquel bosque con sus tonos verdes, y también rojos y amarillos, que indicaban que en breve iniciaría el otoño. Allí, el más importante es el Cerro Piltiquitrón, un gigante de roca, a cuyos pies nace El Bolsón. Las Golondrinas Debo admitir que llegué algo nerviosa a Las Golondrias, pues sería la primera vez que conocería a Eduardo y Nerina, pero fuimos tan bien recibidos por ellos y por sus tres adorables perras: Belcha, Yuri y “La Popi”, que inmediatamente me sentí muy cómoda y en familia…un sentimiento que ya venía extrañando a tantos meses de la partida de mi hogar. Tan cómoda me sentí que permanecimos allí por un mes! Jejejeje....un poco abusivo, no? Aunque, honestamente, yo me hubiera quedado a vivir en aquel lugar… simplemente intenten imaginar, despertarse cada mañana con el canto melodioso de decenas de aves distintas, poder apreciar la belleza de los Picaflores Rubí que se pasaban todo el día aleteando cerca de los bebederos dulces que Eduardo y Nerina habían tenido la fantástica idea de instalar en cada ventana de la casa, poder fotografiar las liebres que curiosas se acercaban a olisquear las bellas flores del jardín de Nerina… para mí, eso era un sueño. Picaflor rubí Liebre patagónica Durante el tiempo que permanecimos hospedados en Las Golondrinas, pudimos recorrer algunos de los más bellos lugares cercanos como Lago Puelo, Los Alerces y el mismísimo Bolsón, así que intentaré darles una breve pero detallada descripción de cada lugar para que puedan viajar conmigo por los maravillosos rincones de mi país. El Bolsón Ya había visitado este bello pueblo algunos años atrás, cuando hice un viaje con mi familia y en ambas ocasiones tuve la misma sensación: aquel lugar tiene una energía, una vibra muy especial, quizás proveniente del impresionante Piltiquitrón, y es por ello que es tan elegido por viajantes bohemios. Su calle principal se extiende sólo algunas cuadras, cruzando la enorme plaza principal. En el medio de la ancha plaza verde, hay un gran estanque donde viven una pareja de Patos Overos con un plumaje increíblemente tornasolado. También se pueden avistar hermosas aves como el tradicional Tero, o las elegantes Bandurrias. Una de las atracciones más importantes de la plaza es, en realidad, la inmensa feria artesanal que abre un par de días a la semana y donde uno puede encontrar una variada oferta de productos artesanales. Patos Overos Pero también es importante que les hable de las dos cosas más maravillosas del mundo: La cerveza y el helado artesanal. El Bolsón posee una magnífica fábrica de cervezas que lleva el nombre del pueblo y, si uno quiere degustarlas, puede acercarse al restaurante ubicado a algunas cuadras del centro principal, donde encontrará una variedad increíble de sabores: las típicas rubia, negra y roja, junto con algunas opciones más exóticas, como cerveza con frambuesa, con cerezas, con cassis, con miel, con chocolate y hasta una muy extraña que es la cerveza picante. Además sirven unas pizzas exquisitas!!! Y luego de darse esa panzada de pizza y cerveza, nada mejor que ir por el postre a la heladería Jauja, donde sirven los más ricos helados con frutas de la zona (como cafayate) y algunos sabores un tanto más….. “exóticos” como: “mate cocido con tres cucharadas de azúcar” o “Profundo y Contradictorio”. Un kilo de ese helado y una noche de scrabble los cuatro en aquella cálida casa en Las Golondrinas es uno de los maravillosos recuerdos que mantendré siempre en mi mente. Hay una sencilla caminata que se puede hacer simplemente a las afueras del pueblo, que nos lleva a una vista panorámica increíble de El Bolsón y sus alrededores, y a conocer la famosa “Cabeza del Indio”, una peculiar formación rocosa que recuerda a un perfil de un hombre. Cabeza del Indio, en El Bolsón El Bolsón es sencillamente uno de esos lugares que uno no puede dejar de visitar si recorre la patagonia argentina, ya que es un sitio ideal para renovarse de energía, respirar pura naturaleza y quizás hacerse alguna trenza hippie Lago Puelo A sólo 17 kilómetros de El Bolsón, se encuentra este bellísimo espejo de agua, al que dedicamos un día para recorrerlo. Rodeado de un espeso bosque de copas frondosas y verdes, y de irregulares colinas se encuentra el pueblo, a pocos metros del lago, que lleva el mismo nombre. El inmenso Lago Puelo El lago, se encuentra ubicado dentro del Parque Nacional Lago Puelo, área de reserva de animales autóctonos como el pudú y el ya mencionado huemul. Además, se caracteriza por poseer una flora única en la zona, ya que es un sitio de transición entre el bosque andino y la selva valdiviana. Existen varios senderos para recorrer el Parque, pero lo más impresionantes son las vistas al inmenso Lago Puelo, que realmente parecen postales. Parque Nacional Los Alerces Un día de aquel mes en El Bolsón, decidimos cargar nuestras mochilas e irnos un par de días a recorrer el fabulosos Parque Nacional Los Alerces. Separados por unos 130 kilómetros de El Bolsón, aproximadamente, se llega al Parque tomando la ruta n° 71. El Parque Los Alerces es una inmensa área protegida (el cuarto en la lista de los más grandes Parques Nacionales) creada para la protección de fauna y flora autóctona, especialmente para preservar el bosques de alerces o lahuán, una especie de árbol de los más longevos del mundo, los cuales pueden vivir entre 3000 y 4000 mil años! Y llegan a medir hasta 60 metros de altura…impresionante. Aquel día, concluimos que la mala suerte era nuestra tercera pasajera en este viaje. Al llegar al Parque nos informaron que tanto los senderos para realizar caminatas dentro del mismo, como los campings habilitados (y en los cuales pensábamos pasar la noche) se encontraban cerrados, debido a que CADA 75 AÑOS, florece la caña de colihue, lo que produce un crecimiento descontrolado de población de ratones que se alimentan de ella y como consecuencia, un aumento de peligrosidad del hantavirus… genial! Parque Nacional Los Alerces, Patagonia argentina Resignados, decidimos pasar el día recorriendo los caminos principales que se encontraban abiertos. A pesar de este pequeñísimo e imprevisto inconveniente, el recorrido fue espectacular. Ingresamos por un ancho camino de tierra, internándonos entre montañas teñidas de rojo y naranja. Los colores del otoño Nuestra primera parada fue en el Lago Verde, un gigantesco lago de arenosas playas, rodeado del espeso bosque y vigilado desde las alturas por robustas montañas. Corría viento, por lo que un leve oleaje podía percibirse en la superficie del agua. Lago Verde, Parque Nacional Los Alerces Al continuar nuestro camino, nos íbamos sorprendiendo aún más de los colores que íbamos apreciando, expandiéndose por entre las montañas. Los árboles, con sus copas encendidas de vivos colorados y anaranjados, cubrían y adornaban las colinas. El Lago Verde se comunica, a través del Rio Arrayanes, con el más importante de todos los lagos dentro del parque, El Lago Futalaufquen. Aquel gigantesco lago, limitado lateralmente por enormes y verticales paredes de roca y cortado a lo lejos por verdes cerros, era todo un espectáculo para la vista. Lago Futalaufquen, Parque Nacional Los Alerces En las orillas, varias especies de patos, como el Macá Gigante, se encontraban alimentándose. Un curioso chucao, una pequeña ave de bellos colores, se acercó tanto y con tanta confianza hacia mí, que literalmente se paseó entre mis piernas, mientras yo lo bombardeaba a fotos. Hermoso y curioso chucao Las aguas del Lago Futalaufquen eran increíblemente cristalinas, si uno prestaba atención, podía ver claramente el fondo y más allá, el hermoso color verde que lo teñía. Un robusto puente cruzaba el lago, desde donde uno podía tener una vista panorámica alucinante. Aquel lugar era un inmenso paraíso de naturaleza. Retomamos la vuelta, deteniéndonos cada algunos metros, porque todo merecía un momento de apreciación. Entre aquel colorido bosque tupido se veían decenas de cursos de agua, arroyos y ríos que discurrían entre la espesa vegetación. Vista desde la carretera principal del Parque Pasamos la noche en un poblado cercano al Parque, y al día siguiente decidimos almorzar en Epuyén, una bellísima y tranquila localidad patagónica. Ubicado en el valle del Rio Epuyén, aquel lugar es otro pequeño rincón mágico del mundo al que uno no puede dejar de ir. Rio Epuyén... corría mucho viento! Almorzamos en una confitería vegana, instalada en lo alto de una colina, con grandes ventanales que ofrecían una increíble vista al Rio. A pesar de que un brillante sol radiaba por entre blancas nueves en el cielo, corría un helado viento, pero aquel momento fue mágico, de todas formas.
  8. Del álbum Singapur

  9. China es un país muy extenso con varias ciudades y atractivos turísticos para conocer. Uno de los tantos motivos para visitar este país es conocer sus reservas de osos pandas. Se estima que el 80% de los osos pandas que habitan en China se encuentran en la provincia de Sichuan en la Reserva Natural Nacional de Wolong a la cual se puede acceder desde la ciudad de Chengdú. Chengdú es la capital de la provincia de Sichuan y se ubica en el sudoeste de China, tiene una población de 14 millones de habitantes y su principal atractivo para los viajeros es la Reserva Natural Nacional Wolong. La ciudad es muy moderna y dinámica, en ella pueden encontrarse los típicos rascacielos modernos acristalados, es una ciudad en pleno auge y crecimiento, allí se fabrican dos tercios de los iphones del mundo. La Reserva se fundó en el año 1963 en un espacio muy grande, no sólo habitan pandas gigantes sino que también existen más de 4 mil especies distintas de animales. Además de ser el hogar de más de 150 pandas gigantes, es el hogar de otras especies que están en peligro de extinción como es el caso de los Pandas Rojos, ciervos y una gran diversidad de plantas. La Reserva es un espacio muy visitado, se estima que llegan aprovimadamente 100 mil visitante cada año. Para los fanáticos de estos simpáticos animalitos, está la opción de adoptar un panda, es decir ayudar a su manutención pagando una donación. Un dato muy importante es que la entrada es gratuita, sólo se debe abonar para entrar al Museo del Panda. Siguiendo con los datos y las curiosidades puede decirse que desde el año 2008, la ciudad recibió numerosas visitas tras el lanzamiento de una famosa película de DreamWorks la cual se llamó Kung Fu Panda. El paisaje de la película y de la arquitectura encontraron inspiración en esta ciudad china. Chengdú, es la tierra natal delos Pandas y uno de los sitios más buscados por los viajeros que quieren conocer a estos tiernos y simpáticos animalitos, sin embargo no es el único lugar, también se pueden ver a los pandas en zoológicos de otras ciudades como Beijing, Shangai, Guilin y Hong Kong. Más datos de interés El mejor momento para ver a los pandas es durante la mañana ya que es el momento en el que salen a comer y jugar. Hay muchos viajeros que quieren cumplir su sueño de abrazar a un panda… en algunas bases esto es posible gracias a programas de voluntariado en donde se permite tomar fotos y abrazar a los pandas bebes luego de una jornada de trabajo voluntariada. En la base de investigación es posible ver a los pandas recién nacidos en incubadoras, allí se crían como cachorros con el propósito principal de prepararse para su liberación. Esta especie al igual que el panda rojo están considerados como animales en peligro de extinción. El centro de los Pandas se encuentra a unos 3 km de la entrada principal de la Reserva, para acceder a la misma existen dos opciones, a través de una caminata por senderos y cascadas la cual no tiene mucha dificultad, pero no es aonsejable en caso de que esté lloviendo o de que el sendero esté mojado. La otra opción es tomar un colectivo. Desde Chengdú se pueden hacer otras excursiones como visitar el buda más grande del mundo, el Buda de Lesha. Para quienes prefieren las actividades al aire libre y las caminatas, una visita imperdible es el Monte Emei, se puede ir por un día, pero también está la opción de hacer una caminata entera para escalar la montaña la cual tiene una duración de tres días. Otro paseo imperdible es visitar el Monte QingCheng, una montaña considerada sagrada. Existen sitios en el interior de la montaña donde es posible quedarse. Es una experiencia que puede ser muy aventurera e interesante. Un dato no menor, es que esta montaña no es difícil de escalar. En otoño, la Reserva Natural de Jiuzhaigou regala un espectacular paisaje con hojas de varias tonalidades, ideal para caminar y conectarse con la naturaleza. Viajar es también acercarse a la cultura de un país, en Danba puede experimentarse la cultura tibetana, es una experiencia muy enriquecedora especialmente para viajes en familia.