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  1. El año pasado estaba en Escandinavia, donde el transporte (y la vida entera) suele ser caro. Así que decidí viajar desde Odense hasta Copenhague como casi nunca lo hago: haciendo hitchhiking, es decir, pidiendo aventón en la carretera. Es un estilo de viaje en el que no tengo mucha experiencia, pero lo he hecho un par de veces en Europa, Sudamérica y México. Definitivamente es la forma más barata de todas para transportarse. Literalmente es gratis. Y para los interesados en descubrir este arcaico y aventurero estilo de viaje aquí les dejo algunas recomendaciones. La paciencia es el primer elemento que debemos considerar. Es quizá por eso que casi no pido aventones. Si no me gusta mucho esperar a la gente con la que tengo una cita, esperar a que alguien que no tiene la obligación de recogerme me recoja es una espera que parece interminable. Así que desde ahora lo advierto: SI NO SON PACIENTES NO HAGAN HITCHHIKING. ¿Cuánto toma conseguir un ride? No lo sabemos. Hay días en que tenemos suerte, hay días en que no. Yo esperé veinte minutos en Odense y media hora en la salida al puente de Fionia. Me llevó en total 3 horas recorrer 170 kilómetros. En Sudamérica me llevó tres días recorrer 500 kilómetros. Sí, tres días. Lo que debo decir es que hay rutas más fáciles que otras. Por ejemplo, no podemos esperar fácilmente hacer la ruta París – Berlín. Son ciudades separadas por una larga distancia. Y las posibilidades de conseguir un conductor (que tenga espacio y quiera llevarnos) que haga precisamente esa ruta en coche son muy bajas. Es mejor viajar siempre haciendo rutas cortas. Debemos comenzar lo más temprano posible. Muchos conductores prefieren salir por la mañana para no llegar por la noche a su destino. Y definitivamente hacer dedo en la oscuridad es una cosa inútil. Siempre necesitaremos del sol. Es imperativo tener un mapa de las autopistas o, al menos, nuestro GPS o imagen de Google Maps guardada en nuestro móvil. No toda la gente local conoce con exactitud las carreteras, y aunque pidamos consejos a veces no nos darán la mejor opción. Una buena app es Maps.me, que nos ofrece mapas offline de Open Street Map, con lo cual no necesitaremos de una conexión a internet para geolocalizarnos. La cuestión es ¿dónde pedir el ride? En la carretera, por supuesto. Pero no en cualquier sitio. Las autopistas están hechas para que los conductores manejen a más de 100 km/h. ¿Alguien se detendrá mientras conducen a esa velocidad solo porque nos ven allí alzando el dedo? No es muy probable. Lo mejor es situarse en un lugar donde los conductores normalmente puedan disminuir la velocidad. Después de una caseta de cobro, cerca de una estación de servicio, cerca de una cafetería. Finalmente tendrán mucho más tiempo de observar nuestras caras y leer nuestros letreros (si tenemos alguno) y generaremos un poco más de confianza que si nos ven pasar como estrellas fugaces por sus ventanas. Hacer hitchhiking en los parques nacionales suele ser fácil, ya que la mayoría de los conductores son turistas. ¿Necesitamos un letrero? Depende. En mi experiencia he conseguido éxito con y sin letrero. Si estamos en una carretera donde haya varias bifurcaciones hacia varias ciudades quizá sea mejor especificar a dónde queremos llegar. Y para ello debemos escribir con letra legible y muy grande. Un buen marcador será también imperativo. En cambio si haremos una corta distancia o la mayoría de las personas conducen por la ruta hacia el mismo destino quizá no sea necesario el letrero. Lo que yo recomiendo es usarlo al principio. Si pasa mucho tiempo y nadie nos recoge podemos intentar ahora sin letrero. Muchas veces es conveniente que solo se paren y nos pregunten a dónde vamos. La mayoría de las veces pueden dejarnos más adelante y así poco a poco avanzaremos hacia nuestro objetivo. Además que si nos dejan en la siguiente bifurcación aumentaremos nuestras posibilidades de cachar un aventón (más bifurcaciones = más coches en la ruta). Debemos tratar de vestirnos presentables. No a mucha gente le agrada subir a un hippie peludo barba larga que probablemente huele mal. Además suelen creer que cargamos droga (eso pensaron de mí cuando hice dedo en España). No digo que nos vistamos de traje. Pero una bermuda o pantalón que no esté roto y un cabello peinado pueden marcar la diferencia. Este es un mundo sexista. Perdón que lo diga, pero viajar con una mujer siempre nos hará la vida más fácil. Cabe decir que dos es el número máximo para hacer hitchhiking. Muy pocas personas estarán dispuestas a subir a tres. Lo ideal es viajar solo. Pero vamos, un par de piernas y una cabellera femenina en la carretera ayudan a detener a muchos conductores. ¿Lo podemos hacer en todas partes? Seguro que no. Hay carreteras con muy poco tráfico donde nos será muy difícil. Hay carreteras que tienen olas de violencia. Hay unas que están en mantenimiento. Siempre nos tocará investigar antes de comenzar. Argentina es uno de los países donde me fue más fácil viajar haciendo hitchhiking. Y por último: hay que sonreír y mantener la frente en alto. No importa que haya calor, frío, que llevemos cuatro horas bajo el sol, que mientras pasan los coches mandemos a la mierda en voz baja a los conductores. Siempre hay que recordar que nosotros elegimos estar allí y nadie nos obligó. Y cuando alguien se detenga por nosotros nos cambiará el semblante en un abrir y cerrar de ojos. Luego vendrá esa verdadera sonrisa de satisfacción. Mi cara luego de conseguir al fin un ride hacia Chile. Para saber los mejores lugares en las carreteras donde hacer hitchhiking recomiendo esta página que me ayudó mucho en Argentina www.hitchwiki.org. No tiene tips para el mundo entero, pero sí para los destinos donde es más común viajar de de esta aventurera forma.
  2. Encontrar el transporte más económico y cómodo es un tema recurrente y una preocupación al viajar largas distancias, no importa dónde estemos. Y hace falta mencionar a una empresa francesa inigualable que hoy está presente en más de veinte países de tres continentes, incluyendo Europa, Rusia, Turquía, India, México y Brasil. Hablo de Blablacar. El covoiturage es una forma de viaje bastante común y segura en Francia que se ha expandido desde hace ya varios años, sobre todo con la aparición del internet y los smartphones. Se trata de un servicio de vehículo compartido que nos permite viajar junto con otras personas en el mismo auto dividiendo los gastos de combustible y peaje. Es como si organizáramos un viaje con amigos y pagáramos juntos. Solo que aquí no conocemos a las personas. Blablacar es una plataforma de covoiturage. Y como siempre, inscribirse es gratis. Necesitaremos verificar nuestro correo y nuestro teléfono móvil. De esta forma los usuarios nos podrán localizar. Y al ser una página basada en la confianza, podremos también verificar nuestro documento de identidad. Es forzoso también enlazar nuestra tarjeta bancaria para realizar los pagos en línea. Si tenemos un coche tendremos que llenar su descripción. Marca, modelo, año, color, incluso una foto de él. Blablacar funciona de manera muy fácil. Si tenemos un auto y haremos un viaje solo tendremos que publicarlo especificando lo detalles: hora y punto de partida, asientos disponibles, tamaño de las maletas, si aceptamos mascotas o fumadores a bordo y, por supuesto, el precio. Y si estamos interesados en un viaje como pasajeros, solo elegimos el lugar de partida, el destino y la fecha que nos interesa, y la página nos mostrará los trayectos disponibles que han publicado los conductores. Veremos la hora, las escalas previstas, un resumen del perfil del usuario y el precio total, que incluye una pequeña comisión para la empresa (que no es muy elevada). Elegiremos el que más nos agrade y enviaremos una reserva. Si el usuario acepta, Blablacar retendrá el dinero de nuestra cuenta. El siguiente paso será ponernos en contacto con el conductor para concretar el punto exacto de reunión y llegada. Así de simple. Una vez finalizado el viaje tendremos que darle al conductor un código que previamente Blablacar nos envió. Sin ese código el conductor no podrá recibir el dinero y nosotros podremos contactar el servicio al cliente si tuvimos algún inconveniente. Como había dicho, Blablacar es una comunidad basada en la confianza. Y las referencias juegan un papel importante. Así que al final de cada trayecto podremos escribir una referencia, tanto como conductor como pasajero. ¿Es peligroso? Blablacar tiene muchas medidas de seguridad y certificado. Y las referencias son suficientes para saber si un conductor lo ha hecho bien o no. ¿Es legal? Totalmente. No es un servicio de transporte de pasajeros. El conductor no necesita un permiso para ello, ya que no recibe ninguna ganancia, porque Blablacar es para COMPARTR GASTOS, como lo hacemos con amigos y familia. Eso nunca ha sido ilegal. ¿Es barato? Sí. Cuando un conductor publica un viaje Blablacar le recomienda un precio de acuerdo a los kilómetros, los peajes y los asientos disponibles. Así que cada uno es libre de subir, bajar o respetar ese precio. Pero la mayoría de las veces rondan precios similares a los de los autobuses. Al menos en Europa. Y en México solo la compra anticipada en buses nos saldrá más barato. De no ser así, Blablacar es la mejor opción. ¿Funciona siempre? Como dije, Blablacar no está disponible en todo el mundo, sino en los países que arriba mencioné. Así que no podremos fiarnos de la plataforma para todos los viajes que queramos. Sólo para aquellos donde los dueños de los coches conduzcan frecuentemente. Hay trayectos muy famosos que nunca tendremos problemas para hallar, como París - Lyon, Madrid - Barcelona, Río de Janeiro - Sao Paulo o Ciudad de México - Puebla. Pero algunos otros será mucho más complicado encontrarlos, sobre todo entre ciudades pequeñas. Así que en ese caso, el autobús o el tren serán la mejor y, quizá, única opción. ¿Lo recomiendo? Al cien por ciento. Lo he usado muchas veces y funciona a la perfección. Aunque el precio sea parecido al de los buses, no hay nada como la flexibilidad y comodidad de un viaje en auto. Paramos donde queremos, cuando queremos, escuchamos la música que queremos, conocemos y platicamos con gente. Y si tenemos un poco de retraso basta con decirle al conductor: “espérame un poco”, cosa que ninguna compañía de bus acatará. Y aunque no muchos lo hacen, es una buena forma de hacer amigos cuando se viaja solo. Blablacar es también una elección eco-friendly, perfecta para quienes sientan cierta culpa con el medio ambiente a causa de las emisiones de dióxido de carbono que emanamos al viajar. El promedio de personas que viajan en un coche es de 1.2 personas, en un coche donde caben cinco pasajeros. Compartir auto significa entonces que las mismas emisiones de CO2 de un coche se harán si viaja uno o si viajan cinco personas dentro. Así evitamos conducir otro auto y dañar más al medio ambiente. Existen otras páginas para compartir coche. Pero Blablacar es la de mayor expansión y mejor funcionamiento. Así que si viajan a Europa, Turquía, México o Brasil, no duden en visitar www.blablacar.com o bajen la app para su teléfono móvil.
  3. Ya hablé de la diferencia de precios y comodidades entre trenes y buses en Europa. Ahora hablaré de otro gran célebre viaje europeo con el que muchos sueñan: el Eurail. La idea es fácil: con un solo boleto podemos tomar todos los trenes de Europa que queramos y visitar todos los sitios que deseemos. Aunque no todo es como lo pintan. ¿Cómo funciona? En la página eurail.com tenemos varias opciones de boletos. Los hay para un solo país (One Country Pass), para un conjunto de países limítrofes (Select Pass) o para todos los países del espacio Schengen y algunos más (Global Pass). Solo elegiremos el que más nos agrade y nos lo enviarán agregando un costo de entrega. La ventaja que nos venden es poder improvisar nuestro viaje, tomando el tren que queramos hacia donde queramos. Pero hay que aclarar unas cosas. No todos los trenes son participantes. Los de alta velocidad y los nocturnos, por ejemplo, no están incluidos en nuestra compra. Y a veces será posible cogerlos pagando un costo extra. Además estaremos limitados a tomar un trayecto por día, ya veces uno cada tantos días. Eso dependiendo de cuánto estemos dispuestos a gastar. Si queremos viajar un mes en Italia, por ejemplo, podemos comprar el Italia Pass. Pero el boleto nos permitirá solo tomar trenes en tres días dentro de ese mes por 198€, cinco días por 273€ u ocho días por 369€. Es un poco mierda, diría yo. Lo mismo pasa con el Global Pass. Coger trenes por toda Europa cinco días en un mes nos costará 305€, diez días en dos meses 457€ y un mes continuo 613€. Y estoy hablando de la segunda clase. También hay que agregar que los europeos pagan menos. De hecho, ellos no hacen el Eurail, sino el Interail, que tiene un sitio web diferente, aunque prácticamente igual. Así, por cinco días en un mes pagarán 206€, diez días en un mes 301€ y un mes continuo 493€. Mucho menos que los extranjeros. ¿Conviene hacer el Eurail? Conviene si tenemos dinero y no queremos estresarnos reservando boletos. Pero económicamente no nos conviene. Bastará con decir que yo hice un viaje por las capitales europeas por 22 días y por cinco vuelos y cinco buses pagué 240€, mientras con el Eurail hubiera pagado 450€. Lo digo de nuevo: para cortas distancias y visitar los pueblos el tren es una buena opción, y si es tren regional el ticket podemos comprarlo directamente en la estación por el precio normal. Pero para largas distancias los vuelos lowcost y buses nos salvarán de caer en la tentación y arrepentirnos de habernos desfalcado por un simple viaje en tren. No todos los trenes tienen rutas panorámicas y bonitos paisajes a los lados. La mayoría del tiempo verán más vías, paredes con grafitis y estaciones sin nada extraordinario. Tampoco tienen camas ni cabinas privadas de lujo, como muchos los imaginan. Si sueñan con un viaje en tren tomen uno o dos cuando puedan. Pero cuiden su cartera. Dejen que los vuelos y los buses lo hagan más sencillo.
  4. Por alguna razón, en México ya no hay tren de pasajeros, salvo el tren del Tequila en Jalisco y el del Chepe en la Sierra Madre Occidental. Y pronto abrirá la línea histórica El Jarocho, de la Ciudad de México a Veracruz. Y en la mayoría de América Latina la situación es parecida. Nuestras opciones se han reducido a vuelos internos, autobuses y coches particulares. Los trenes son casi reservados a línea turísticas. Así que es normal que muchos latinos sueñen con un viaje en tren por Europa. Y una idea bastante errónea es pensar que es la opción más barata. Un viaje en tren es lindo. Es exquisito. Los asientos son cómodos, suele haber menos gente a bordo, tienen conexiones en todo el país, y con el espacio Schengen, la movilidad entre países es muy fácil. No hay tanto movimiento, no hay tráfico, es más seguro, más rápido y más puntual. Y todo ello, amigos míos, hace al tren la opción terrestre más cara para desplazarse de una ciudad a otra. Los trenes en Europa dependen de una sola empresa nacional por cada país. Renfe, en España, SNCF en Francia, SBB en Suiza, Deutsche Bahn en Alemania, etcétera. Eso quiere decir que no tendremos, al contrario de los buses, varias opciones para elegir. Aunque ello hace más fácil cotizar costos, ya que todo lo haremos desde su sitio web o su aplicación móvil. Pero existen varios tipos de trenes. Los de alta velocidad (usualmente los más caros), los regionales, los intercity… y cada uno suele tener un costo distinto. Así, por ejemplo, en Francia los trenes de alta velocidad (TGV) cambian de precio según el horario o la fecha, mientras los regionales (TER) suelen tener el mismo precio todo el tiempo, excepto por horarios pico o temporadas altas. Además de primera y segunda clase, la mayoría de los países ofrecen diferentes tarifas por la edad o situación del pasajero (adulto, tercera edad, niño, joven…). Pero habrá que investigar antes si es necesario pagar o no una tarjeta de reducción. En Francia será necesario pagar 50 euros por una carta joven (hasta los 26 años) válida por un año, mientras en Bélgica no tendremos que pagar nada, ya que tendremos descuento del 30% solo por ser menores de 26. Pero aun con reducciones sobre la tarifa completa el tren sigue siendo casi siempre más caro que el bus. Empresas como Ouibus en Francia, ALSA en España y Polskibus en Polonia ofrecen precios realmente bajos, sobre todo si se compran con anticipación. Pero la empresa de buses lowcost por excelencia es Flixbus, una compañía alemana que se ha convertido en la más demandada, al menos en Europa occidental. Con ellos he viajado hasta 200 km a partir de 10 euros. Nada comparado con los 30 que podríamos pagar con un tren sin compra anticipada. Los precios de Flixbus no suelen aumentar conforme se acerca la fecha de partida. Pero hay que intentar reservar para no perder nuestro asiento. Pero algo que debemos saber es que las estaciones de buses no son como en Latinoamérica. Este tipo de empresas aparcan en un estacionamiento (a veces sin techo) y a veces un poco lejos de las estaciones de tren, aunque nada exagerado. No obstante, la mayoría ofrecen enchufes eléctricos y wi-fi abordo, perfecto para el momento en que nuestro móvil se queda sin batería. Y si son trayectos largos, suelen hacer una parada para comer. Otra desventaja es que Flixbus hace muchas escalas en el camino, y el tiempo de viaje se prolonga mucho más que en un tren. En repetidas veces he tenido retrasos, aunque tienen que ver más con congestionamientos en la carretera o accidentes. ¿Qué recomiendo yo para planear un viaje en Europa? Siempre cotizar antes todas las posibilidades y elegir la más cómoda a nuestro tiempo y presupuesto. Una buena opción es hacerlo en goeuro.com, donde podremos comparar buses, trenes y vuelos entre los destinos que elijamos. Un buen tip es que Flixbus hace muchos viajes nocturnos, que aunque suelen ser pesados para muchos, nos conviene para ahorrar una noche de alojamiento. Solo tengan cuidado de no llegar a las 3 de la mañana a Múnich y tener que hacer una escala de dos horas. Menos mal que encontré un McDonald’s 24 horas para refugiarme del frío de la madrugada.
  5. En cada viaje que hacemos, desplazarnos dentro de las ciudades que visitamos es un presupuesto importante que muchas veces olvidamos tomar en cuenta, y que ataca como una plaga sin control nuestras billeteras. Los que vivimos en Latinoamérica puede que estemos acostumbrados a un transporte relativamente barato. Pero el extranjero puede sorprendernos de una no muy grata manera. Taxis y trolebús de la Ciudad de México. ¿Creen que cinco pesos mexicanos es mucho por el servicio de metro de la Ciudad de México? ¿O dos y medio soles peruanos por el metropolitano de Lima? Entonces un viaje a Madrid, Nueva York o Tokio les abrirán los ojos. El teleférico de La Paz, en Bolivia, es barato y muy funcional. El viaje sencillo en Madrid cuesta 1.5 euros, en Tokio entre 160 y 230 yenes (más de 2 dólares) y en Nueva York asciende a tres dólares. Ahora no todo suena tan bonito, ¿o sí? Los precios del transporte urbano local suelen ser más altos en estas ciudades porque son transportes de muy buena calidad. Además que un solo ticket incluye el servicio en casi la mayoría de las variantes (metro, tranvía, bus, y hasta ferrys en Suecia). En Estocolmo un ticket es válido para tranvías, metro, buses y barcos. Viajar es la mejor forma de hacer ejercicio. Y una buena manera de evitar pagar estos altos costos es caminar por la ciudad. Para ello hay que tratar de encontrar un alojamiento cerca al centro o a las principales atracciones que deseemos visitar. Pero ciudades como Madrid, Tokio y Nueva York parecen imposibles para caminar. Se tratan de megalópolis. Bueno, quizá es más cómodo entonces rentar una bicicleta. La mayoría de estas grandes ciudades cuentan con servicios públicos de renta de bicicletas por precios no tan elevados. En París, por ejemplo, cuesta 25 euros la suscripción de un año, 8 euros por siete días o 1.7 euros por un día entero. Tenemos derecho a trayectos ilimitados, con la condición de usar las bicicletas cada treinta minutos, aparcándolas en sus estaciones correspondientes que se encuentran por toda la urbe. Solo nos hará falta una tarjeta de débito con fondos suficientes para dejar el depósito de seguridad (que es de unos 150 euros aproximadamente). Ciudades como Ámsterdam y Copenhague son bien conocidas por tener más bicicletas que autos. Las distancias pueden parecer largas en ciudades así y podrían intimidar a cualquiera a hacer un tour en bici. Pero finalmente casi a nadie le interesa visitar los suburbios o periferias. Así que la superficie de Nueva York, por ejemplo, se reducirá a solo visitar la isla de Manhattan, y no Brooklyn, Queens, Bronx o Staten Island, que representan casi el 90% de la metrópoli. Si no tenemos más opción que tomar el transporte, en muchas ciudades suele ser más barato comprar un carnet de 10 tickets, o un pase diario o semanal, por ejemplo. Ahorraremos algunas monedas y tendremos la libertad de movernos sin límites. No hace falta mencionar que tomar taxis nos desfalcará. Pero de ser necesario, Uber sigue siendo la mejor opción. Aunque cuidado, Uber está encontrándose cada vez con más restricciones en el mundo por su situación legal, y por cómo afecta el mercado local. La Unión Europea, por ejemplo, hace poco concluyó que Uber es un servicio de transporte de pasajeros, más que solo una app. Y por tanto, es posible que exija a sus conductores conseguir la misma licencia que los taxistas. ¡Y mucho cuidado! En muchas ciudades europeas no hace falta tener un ticket para abordar un metro, tranvía o bus, pues no hay ninguna especie de puerta automática que se abra con el boleto. Lo que hay que hacer es comprarlo (como un buen ciudadano) y validarlo al subir en las máquinas especiales. Pero mucha gente no lo hace. Y “no pasa nada”. Tranvía en Berna, Suiza. Es fácil irse con la pinta o imitar al resto de los locales que pasan de ello. Pero hay controladores. Trabajadores que casi nunca vemos a bordo, pero que de vez en cuando aparecen. Y cuando lo hacen y nos pillan sin un ticket o sin haberlo validado nos cobran una cantidad suntuosa de dinero que no quiero decir cuánto duele. Solo diré que haber pagado 35 euros en París por un error de compra no fue nada agradable. Hay ciudades con transportes muy exóticos que no podemos pasar por alto, como los bicitaxis, los mototaxis, las piraguas o los vaporettos de Venecia, y es imperativo al menos un viaje en ellos. Es lindo conocer el transporte público de cada sitio al que vamos, y algunos obligados, como los autobuses rojos de dos pisos en Londres, o la línea 1 del metro de Budapest (el segundo más antiguo del mundo). Pero al final unos buenos zapatos para caminar serán nuestros mejores amigos y los de nuestra cuenta bancaria.
  6. Del álbum Stuttgart