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Recorrimos las fascinantes ruinas de este increíble país sobre la Honda ´89

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Si son como yo y la Historia nunca fue su fuerte :P entenderán lo desconcertada que estaba cuando empecé a investigar un poco por las redes sobre las antiguas culturas que habían habitado las tierras peruanas. Mi conocimiento (muy pobre) se limitaba a la civilización Inca, pero de repente fui desasnada y empecé a conocer otras culturas anteriores e incluso contemporáneo a los Incas! Lo más nombrado en las redes fue la cultura Moche, tan interesante como macabra debido a sus curiosas costumbres de realizar sacrificios humanos :O_o:

 

La cultura Moche se estableció principalmente en el norte de Perú, en lo que hoy conocemos como el departamento de Trujillo. Aquella sería una de nuestras últimas paradas antes de dejar atrás el territorio peruano.

 

En el trayecto desde Lima hasta Trujillo nos esperaban kilómetros y kilómetros de una desolada carretera que corría (por suerte para nuestro mínimo entretenimiento) paralela a la costa del Pacífico. Fuimos atravesando varios poblados pesqueros y hasta debimos pernoctar en una playa completamente solitaria que nos cruzamos al atardecer.

 

El camino hacia el norte de Perú

 

Armar la carpa frente al mar puede sonar a plan romántico increíble, pero la verdad es que se tornó bastante complicado luchar contra el fuerte viento que corría mientras armábamos el campamento. Sin embargo, a pesar de que yo estaba convencida que íbamos a ser arrastrados por un ventarrón con carpa y todo en medio de la noche, logramos dormir y descansar bastante bien.

 

Acampando en alguna playa

Acampando en las playas del norte de Perú

 

Al día siguiente emprendimos camino y unos kilómetros antes de ingresar al departamento de Trujillo, el paisaje fue cambiando paulatinamente. Ya nos veíamos tantos médanos con arena dorada volando por doquier al soplar los vientos. En su lugar se levantaban suave colinas verdes y algunos campos.

 

Paisajes de Trujillo

 

Unos diez kilómetros antes de la capital de Trujillo, en la entrada al departamento se encuentra el Valle Moche, sitio donde se alzan las enigmáticas Huaca del Sol y de La Luna.

 

Para serles honestas, no tenía idea con lo que me iba a encontrar en aquel sitio. Sólo llevaba conmigo las recomendaciones de varios para que visitáramos aquellas ruinas pero nada más, y creo que fue justamente eso lo que llevó a que quedara deslumbrada con aquellos restos arqueológicos.

 

El Valle Moche es un sencillo pueblo sin mucha urbanización, rodeado de colinas y algunos campos verdes. Para llegar a las ruinas dimos varias vueltas porque el lugar parecía un pueblo fantasma, aunque lo que en realidad pasaba era que a esa hora de la tarde, con el sol radiante y fuerte en el cielo, muchos buscaban el reparo en sus casitas o quizás dormían siesta. Llegamos a un predio donde debíamos adquirir las entradas. Allí se encontraba el museo de la cultura Moche, exhibiendo todos los objetos encontrados en las ruinas que visitaríamos. Recuerdo que tenía un estacionamiento de por lo menos 75 plazas, enorme y estaba completamente vacío, me pregunto si realmente alguna vez se llenará porque en ese momento la visión de un lugar repleto y bullicioso me parecía imposible.

 

Así que, entrada en mano, seguimos las instrucciones y algo dubitativos llegamos al sitio arqueológico. Junto con dos mujeres más, armamos un pequeño equipo que fue guiado por una mujer local a través de las ruinas. La guía nos explicó que en aquel vasto territorio de varias hectáreas que antiguamente habían pertenecido a la civilización Moche, existían dos templos enormes, La Huaca de Sol y La Huaca de La Luna. Los restos arqueológicos que visitaríamos serían de este último, ya que la Huaca del Sol aún estaba siendo investigada por los especialistas. Ambas construcciones estaban separadas por varios kilómetros, en donde estaba asentado el núcleo urbano de clase media alta.

 

Ascendimos una alta colina a través de unas escaleras armadas y entramos al primer escenario, perteneciente a La Huaca de La Luna.

 

Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

 

Los Moche tenían una forma muy particular de organizarse. Durante el período del primer gobierno habían levantado enormes muros y habían construido el Templo de La Luna, que se considera el edificio de religión. Una vez terminado aquel mandato, los Moche rellenaban cada rincón del templo y prácticamente lo enterraban, expandían los límites del templo unos metros más y volvían a construir nuevamente La Huaca de La Luna, sobre los restos enterrados. Esto le confiere a La Huaca de La Luna la famosa forma de “pirámide truncada” que tanto nos mencionaba la guía.

 

Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

 

En aquel Templo, los investigadores habían descubiertos tres pisos superpuestos, pertenecientes a tres períodos de gobernación distintos. En el paseo, se ingresa por el segundo piso de los restos arqueológicos. En varios sectores se puede apreciar excavaciones que muestran restos de muros y habitaciones enterrados, que pertenecen al período anterior. Es realmente llamativo ver cómo se han conservado las ornamentaciones talladas en los murales de estas construcciones, así como los colores utilizados que, según se ha estudiado, fueron extraídos de minerales.

 

Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

 

La imagen de una cabeza roja de grandes ojos y dientes afilados se repetía a lo largo de todos los muros. Aquel simpático hombrecito era Ai apaec, más conocido como el Dios Degollador. Éste era el Dios que veneraban los Moches, ya que era su protector en las batallas y proveedor de alimentos.

 

Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

Mmm... que dientitos!

 

Como mencioné algunas líneas más arriba, La Huaca de La Luna era considerado el templo religioso y allí se llevaban a cabo los espeluznantes sacrificios humanos. Cabe mencionar que sólo yo estoy poniéndole este tinte aterrorizador, porque la verdad es que, al parecer, los Moches se sentían honrados de sacrificarse para su Dios (aunque yo insisto en que deberíamos preguntarle a alguno si realmente estaba tan feliz :unsure: )

 

Primero se entablaba una lucha entre guerreros, el ganador era aquel que podía permanecer en pie, con su arma en mano y el que caía era considerado perdedor. Una vez que concluía la lucha, el abatido era despojado de sus ropas y su armamento y llevado por el mismo ganador hacia un sector del templo donde se cree que era “preparado” para el sacrificio, quizás suministrándole alguna sustancia alucinógena para minimizar la traumática situación.

 

Luego era trasladado a un santuario donde era degollado. Sobre el altar que se intuye funcionaba para el sacrificio, existen unas canaletas donde al parecer corría la sangre del sacrificado. Todo esto se producía dentro del Templo y fuera de la vista de la población. Los únicos que podían presenciar esto, eran los sacerdotes.

 

Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

Altar de sacrificio

 

Fuimos conducidos por la guía hasta un piso superior, que pertenecía al último templo construido en la Huaca. Allí se podía contemplar mejor la altura de los grandes muros adornados y el arduo trabajo de los constructores de estas magnificas decoraciones que tallaban un patrón continuo con ínfimas imperfecciones.

 

Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

 

Los Moches utilizaban muchas simbologías, de las cuales algunas se han podido deducir, como dibujos de guerreros, o figuras de animales. Sin embargo existen cientos más que siguen siendo un misterio, como el gran mural llamado Mural de Los Mitos, con decenas de figuras, y sin ningún significado aparente.

 

Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

El Mural...

 

 

Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

...Y su esquema

 

Hacia un costado en aquel tercer piso nacía una ancha rampa que bajaba hasta un enorme patio al aire libre que era concurrido por la gente del pueblo y al cual los sacerdotes se asomaban cuando debían comunicar sus predicciones.

 

Desde aquella altura se tenía una vista panorámica que ayudaba a imaginarse aquella enigmática civilización. Desde las alturas se podían ver los trazados de lo que había sido la organización urbanística y más allá se levantaba la Huaca de Sol que continúa siendo investigada. Aunque aún no hay mucha información sobre ésta, se sabe que aquel era el templo de política, donde se llevaban a cabo tareas de administración y era utilizado como vivienda de la alta sociedad moche.

 

Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

 

Con una entrada de precio accesible, una guía completa y sin el hostigamiento de cientos de desesperados turistas, el recorrido de las ruinas arqueológicas de La Huaca del Sol y de La Luna es, sin lugar a duda lo que más recomiendo del norte de Perú.

 

Después de tantos kilómetros recorridos, tantos nuevos amigos hechos en el camino, tantos desafíos (Como vender panes rocas en Cusco :big-grinB: ), y después de tantas maravillas vistas en las tierras peruanas, saber que nos faltaban pocos kilómetros para dejarlas atrás me generaba una nostalgia horrible :crying:

 

Pero aún nos faltaba un punto más por recorrer. No queríamos irnos de Perú sin haber disfrutado de al menos una de sus playas del Norte, de las que tanto habíamos escuchado hablar.

 

Entonces, recorrimos unos 600 kilómetros por la Ruta Panamericana Norte atravesando grandes extensiones de campo verde y altos montes hasta arribar a la localidad de Máncora.

 

Camino a Máncora

 

Máncora es un pequeño pueblo que se levanta a los costados de la Ruta, a pocos kilómetros del límite con Ecuador, y en los últimos años su fama ha crecido por ser la playa elegida por cientos de surfers peruanos y extranjeros.

 

Siendo una típica localidad de playa esperaba un insoportable movimiento y barullo turístico, pero la verdad es que era un pueblo súper calmo y tranquilo. De anchas calles completamente de arena que conducían a unas preciosas playas, fuimos paseando por Máncora hasta que nos topamos con un camping donde decidimos parar unos días.

 

Máncora, Perú

 

Los siguientes dos o tres días los dedicamos a dormir hasta tarde, pasear por las playas y comer la mayor cantidad de helados de Lúcuma Dolcetto que pudiéramos, para irnos con la mejor impresión de Perú.

 

Máncora, Perú

Sobre las calles paralelas a la Ruta, Máncora estaba atestada de ferias de productos artesanales, locales de ropa de surf, tiendas de accesorios y, sinceramente, lo quería todo, aunque mis bolsillos se negaban. Una vez que nos metíamos al pueblo por angostas vereditas de concreto que pronto desaparecían bajo la arena, ya no se veía tanto movimiento y reinaba una tranquilidad agradable.

 

Máncora, Perú

Boludeando en Máncora

 

Por las tardes, cuando el calor aminoraba un poco, solíamos caminar por las playas, mientras el sol comenzaba a bajar y los surfistas se divertían con las últimas olas del día. Máncora funciona además como un centro pesquero, por lo que también se podía ver desde la playa la enorme flota de barcos pesqueros que se bamboleaban sobre el oleaje mientras eran custodiados por grandes fragatas que planeaban en el cielo.

 

Máncora, Perú

 

La vida en Máncora era tan diferente a lo que estoy acostumbrada. Claro que todos tenemos responsabilidades y preocupaciones de toda índole, pero en Máncora se respiraba otro aire, allí no existían horarios, ni embotellamientos ni gente apresurada y estresada corriendo de un lado hacia otro, realmente fue fantástico pasar nuestros últimos días allí.

 

Máncora, Perú

Hasta él parece relajado!

 

Al tercer día, con una tristeza que no recordaba haber sentido antes, desarmamos campamento y volvimos a la ruta. Después de casi un mes recorriendo Perú era momento de decirle Adiós (o quizás un “Hasta Pronto!”) y seguir con la aventura.

 

Ecuador nos estaba esperando y quién sabe las cosas que viviríamos allí.

 

 

El famoso perro peruano

El perro peruano que nos despedía! :big-smil:

 

 

 

 

Y ésta fue nuestra última parada en Perú, no dejen de entrar a ver las fotos.... o el perro de allí arriba les aparecerá a la noche para atormentarlos ¬¬

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como ya mencioné en algún momento, toda esta aventura de viajar fue algo completamente nuevo para mí. Jamás había sobrepasado los límites de mi país en mis 26 años y apenas conocía algunas regiones cercanas. Contrariamente, Martin ya tenía experiencia en el asunto, ya había viajado por varios países vecinos y hasta vivió bastante tiempo en el extranjero, por lo que él era mi cable a tierra, por así decirlo, cuando no sabía cómo manejarme en ciertas situaciones.

 

Más allá de que cuando uno viaja, naturalmente todo es desconocido: paisajes, lugares, costumbres, personas… Para mí también significaba adaptarme a esta temporal vida nómade, acostumbrarme a los continuos cambios, a no desesperar ante cualquier eventualidad, a tener paciencia y persistencia.

 

Sin embargo, aunque suene raro, cuando un viaje se prolonga durante tanto tiempo, también se genera cierta rutina. Fue en ese momento cuando me di cuenta que la rutina, eso de lo que tanto nos quejamos y de lo que nos queremos desprender a toda costa, es sencillamente parte de nuestra naturaleza humana. A pesar de movernos continuamente había cosas que ya hacíamos automáticamente como por inercia: armar y desarmar la carpa, acomodar las cosas en el lugar exacto sobre la moto, parar cada dos horas y media a descansar y tomar agua… Fueron cosas que aprendimos e incorporamos. Al igual que prepararnos antes de entrar a una ciudad capital.

 

Ya nos había pasado con algunas grandes ciudades de Argentina, nos había pasado al ingresar a La Paz, en Bolivia…. Pero no permitiría que nos volviera a pasar cuando llegáramos a Lima. Tomé todas las precauciones posibles para no perdernos y marearnos en esta ciudad que, sabía, debía ser gigante.

 

Es por eso, que al pisar Lima, entrando por modernas autopistas, nos manejamos como si conociéramos el lugar de punta a punta.

 

Había buscado exhaustivamente en internet, hasta obtener las direcciones de los hostels más económicos que pude encontrar. Y tuvimos suerte de que todos se encontraban por la misma zona: el ostentoso barrio de Miraflores.

 

Miraflores, Lima

 

Llegamos en pocos minutos, gracias a las perfectas indicaciones que fuimos siguiendo a lo largo de toda la autopista y a pesar de que se nos complicó conseguir un lugar para resguardar la moto (el hostel donde nos hospedamos no tenía cochera), para la tarde ya estábamos instalados en una cómoda habitación.

 

En Miraflores hay un hostel cada dos cuadras. Y cerca de donde nos hospedábamos había una enorme plaza de bellos jardines que era el territorio de un centenar de gatos. Gatos y gatos por donde mirase, en los bancos, tirados en el césped tomando sol, sobre los árboles. SI, para una amante de los felinos como yo, aquello era el paraíso <3 <3 <3

 

Gatos de Miraflores, Lima

 

Unas pocas cuadras más adelante, se abría un gigantesco acantilado, bordeado por prolijas callecitas de paseo empedradas y canteros y escoltado por una hilera discontinua de edificios de todos los tamaños y colores. Cuando nos asomamos pudimos ver una larga playa y un mar embravecido que sólo se atrevían a probar algunos surfistas.

 

Lima, capital de Perú

 

Hacia los costados, la ciudad se extendía en la cima de este acantilado, asomándose edificios entre manojos de árboles y vegetación.

 

Lima, capital de Perú

 

 

Caminamos muchísimo aquel día. Aún recuerdo cómo me ardían las plantas de los pies una vez que volvimos al hostel. Incluso visitamos el famoso Parque del Amor, que ya fue mencionado en otro relato de esta misma página, llamativo por su gran escultura de una pareja besándose, realizada (leería más arde) por un artista peruana, y a la que llaman “El Beso”.

 

Parque del Amor, en Lima

 

Por la noche un amigo de Martin que venía siguiendo nuestro itinerario y nos esperaba en Lima, pasó a buscarnos por el hostel. Augusto se ganó mi respeto desde el primer minuto que lo conocí y nos invitó a una deliciosa cena.

 

Los contextualizo: nuestras comidas se reducían a económicos menúes que se servían en cualquier sucucho al costado de la ruta (riquísimos, no hay que negarlo, pero repetitivos en arroz y papa) y en cenas que nos hacíamos gracias a nuestra sencilla “cocina-móvil”: una ollita y un mechero con los que nos hacíamos fideos…. O más arroz. :crying:

 

Por eso, cuando entramos a aquel restaurante Chifa, donde se respiraba un aire muy ceremonial, con enormes mesas circulares acomodadas prolijamente frente a grandes ventanales y elegantes meseros atendiendo, y vimos esa exquisita comida, fue imposible no amar a Augusto. :big-smil:

 

El Chifa es una opción gastronómica altamente recomendada para quienes quieran viajar a este bello país sudamericano. Es el resultado del cruce de dos culturas: la china y la peruana. Las tradiciones culinarias traídas por los inmigrantes chinos a este país en el siglo XIX, fue adaptándose y evolucionado, tomando muchas cosas de la gastronomía peruana (conocida a nivel mundial por sus exquisitos platos) transformándose en una combinación exquisita de sabores y aromas.

 

La mesa donde nos sentamos les puedo asegurar que era grande, pero fue tanto lo que nos pedimos que no cabían en ella los platos! Fideos salteadas en salsa de soja y verduras; carne de cerdo agridulce; arroz chaufa (arroz frito, verduras y tortilla de huevo); verduras al wok…. Lo recuerdo y aun se me hace agua la boca. :big-grinB:

 

Después de todo lo que habíamos caminado aquel día y luego de aquella majestuosa panzada gracias a nuestro amigo, la cama de dos plazas del hostel fue el mejor final para aquel día y dormí plácidamente como un bebé. :rolleyes:

 

Al día siguiente aprovechamos un bus que pasaba exactamente frente al hostel y que gratuitamente nos llevaría al centro mismo de la ciudad de Lima.

 

 

Lima, capital de Perú

 

 

Voy a ser honesto con ustedes, esta parte de Lima, definitivamente no se encuentra en mi lista de los lugares más lindos visitados. Su plaza central, la Plaza Mayor de Lima, ubicada en pleno centro histórico, posee algo de encanto. Pero, por lo demás, se parece exactamente a las callecitas de pleno microcentro bonaerense, en Argentina, por lo que no fue algo que me llamó mucho la atención.

 

Lima, capital de Perú

 

Con el cielo completamente tapado de un suave gris, y sin un rastro de cielo celeste, el único brillo del día provenía de una colorida muestra artística que se exponía en la plaza. Unas estructuras, similares a árboles habían sido pintados por diversos artistas de la ciudad y se exponían sobre los jardines.

 

Lima, capital de Perú

 

Frente a la plaza la majestuosa Catedral de Lima se erigía con sus dos torres de paredes trabajadas que contenían grandes campanarios.

 

Catedral de Lima, Perú

 

En Lima También conocimos a Germán, muy amigo de Augusto. Germán nos conoció un día que Augusto nos presentó e inmediatamente nos ofreció hospedaje en su departamento para ahorrar los gastos de hospedaje. De manera totalmente desinteresada y con el único objetivo de brindarle una mano a estos dos viajeros, una persona que acababa de conocernos nos abría las puertas de su casa y es algo que me llenó de asombro y gratitud. :ohmy:

 

Nos dio algo de pena dejar el hostel en Miraflores que nos había cobijado durante un par de días, pero en vista de lo que podríamos ahorrar, nos fuimos sin dudarlo al departamento de German. Él vivía en un gran piso, en una zona aún más bonita y tranquila, de grandes y atractivas residencias y prolijos jardines.

 

Desde su balcón podíamos ver ese particular cielo gris y blancuzco que Augusto y German nos contaron que llamaban “panza de burro” por su color grisáceo. Siempre es así en Lima, y nunca se ve un cielo celeste, lo que me pareció un tanto triste, para ser sincera.

 

Lima fue el único lugar de todo Perú donde realmente nos dimos el lujo de probar de todo. Como ya conté, nos habíamos deleitado con la comida Chifa, pero los premios al mejor postre de la historia se lo lleva sin lugar a dudas el helado de lúcuma. Esta fruta de cáscara verde y brillante y carnosa por dentro que recuerda a un aguacate por su gran y redonda semilla, es utilizada para hacer postres de todo tipo y helados. Su gusto parece más bien como a alguna fruta seca, como nuez y sólo crece en Chile y en Perú. La vida es injusta. :dry:

 

En Lima comí helado de lúcuma en todas sus presentaciones: artesanal, en palito, con chocolate, con caramelo…. Comí lúcuma hasta que me salió por las orejas y si hubiera podido resolver el problema del congelamiento me hubiera comprado una caja repleta de esos helados!

 

Con German y Augusto también nos atrevimos al ceviche. Este plato de pescado cocido sólo con jugo de limón, que se preparaba junto con cebollas, camote o yuca y granos de maíz. Además el plato venía con una pizca de salsa de lo más picante que te subía rápidamente la temperatura corporal. Al menos teníamos un vaso de fresca chicha morada para calmar el ardor.

 

Así, a pesar de haber permanecido pocos días en Lima, no podíamos quejarnos: le dimos todos los gustos a nuestras tripas, visitamos viejos amigos y yo, personalmente me fui con dos nuevas amistades forjadas.

 

Ya faltaban pocos kilómetros para recorrer dentro de Perú, por lo que aquella mañana gris, como siempre, nos despedimos de nuestros amigos y partimos de Lima hacia las costas del norte.

 

 

Amigos del camino, Lima , Perú

 

 

 

 

 

 

Cuando uno piensa en Perú, inmediatamente lo relaciona con la civilización Inca y sobretodo con Machu Picchu. Aquella típica foto de Machu Picchu que repetimos una y otra vez en este blog (esa… la de la montaña más grande a la derecha, una más pequeña a la izquierda, nubes de fondo, y un valle minado de prolijas ruinas con el césped prolijamente mantenido y brillante) es la que inmediatamente se nos viene a la mente. Sin embargo, y sin por ello desmerecer este legendario sitio arqueológico, Perú es un país que esconde maravillas naturales que están a la altura de cualquier ruina arcaica.

 

Ya me había llevado una gran sorpresa al descubrir el lado amazónico de este país, visitando la reserva Madre de Dios en plena selva peruana (aconsejo humildemente que no dejen de ver las fotos de ese sitio increíble!). Por lo que la Reserva Nacional de Paracas sería mi segunda sorpresa en este país que, con cada kilómetro recorrido, me convencía de que era mucha más que sólo ruinas y civilizaciones desaparecidas.

 

Como todos estos sitios que tuvimos la suerte de visitar, llegamos a Paracas porque alguien nos recomendó visitar la reserva (no recuerdo quién fue exactamente, pero...se lo agradezco). Paracas, al igual que Nasca, se ubica dentro del departamento de Ica, lo que suponía que haríamos esos 200 km que separan una localidad de otra, atravesando el inhóspito desierto que cubre casi todo aquel departamento peruano.

 

Camino a Paracas, atravesando el desierto

 

Ventarrones de arena nos azotaron durante todas las horas de viaje por la carretera Panamericana Sur. De hecho, Paracas significa “lluvia de arena”, por la velocidad que alcanzan los vientos en la región y la molesta cantidad de arena que arrastran a su paso. Atravesamos el desierto caliente, de dunas rojizas hasta que comenzamos a notar más asentamientos y movimientos de camiones en la ruta.

 

Finalmente visualizamos un enorme arco que nos daba la bienvenida a Paracas, así que nos desviamos a la izquierda, encarando para la costa del Pacífico e hicimos unos diez kilómetros hasta llegar.

 

No tuvimos que recorrer mucho para notar de inmediato que aquel balneario es uno de los sitios de veraneo elegidos por la clase media alta de Perú. Las ostentosas casas de dos pisos y enormes ventanales frente al mar, los distinguidos hoteles de monumentales entradas, y las casas quintas de veraneo se levantaban a ambos lados de ancha carretera y nos hacían sentir un poco…. “pequeñitos”, llegando sobre nuestra moto, sudados y largando arena hasta por los oídos.

 

Nos detuvimos unos instante en el centro de la bahía, para poder ver el mar después de tanto desierto. No podían faltar los negocios de venta de artesanías y recuerdos, los restaurantes de comida marítima y las agencias de tours amontonadas en la pequeña plaza principal que estaba pegada al muelle. Tampoco podía faltar el vendedor acosador que nos siguió por toda la plaza ofreciéndonos una excursión a unas tal Islas Ballestas. Intentamos apartarlo sin darle mucha importancia hasta que mencionó que estas islas eran el hogar de una gran cantidad de fauna marina y terminó ganándose dos clientes. Hacía cinco minutos que acabábamos de llegar y ya teníamos dos tickets para abordar a la mañana siguiente una lancha hasta las islas….. ¿ :huh: ?!

 

Con el sol cayendo, buscamos hospedaje y, teniendo en cuanta el alto nivel de los turistas de esa zona, optamos por la opción más económica: acampar en la reserva.

La Reserva Nacional de Paracas comprende un área de aproximadamente 300 mil hectáreas. La mayor parte de estas hectáreas son de agua marina, dentro de las cuales están las Islas Ballestas, y el resto corresponde a puro desierto y playas.

 

La entrada a la reserva sólo se distingue entre la inmensa nada misma de arena, por

una pequeña garita de seguridad, donde los guardaparques nos cobraron S/15 cada uno por el ingreso al parque y por acampar esa noche.

 

Aprovechamos los últimos rayos de sol y nos adentramos en el árido desierto, a través de un maltrecho camino que en ciertos sectores parecía de concreto bueno, pero en otros estaba agrietado e intransitable. Aun así, llegamos hasta la Playa Roja.

Su nombre proviene obviamente de la coloración rojiza que muestra la arena, como resultado de la gran actividad volcánica que miles de años atrás se producía en aquella zona.

 

Playa Roja, Reserva Nacional Paracas

 

Llegamos justo para la caída del sol, en el momento donde todo comenzaba a teñirse de ese anaranjado profundo y las sombras de las aves acuáticas que aún se alimentaban en la costa se proyectaban como largos trazos oscuros por toda la playa.

Un par de gaviotas grises miraban atentas desde el acantilado hacia la costa, en busca del último bocado del día, mientras que cinco o seis gaviotas de cabeza gris correteaban por entre las ondulaciones en la arena.

 

Gaviota Gris (Larus modestus) Reserva Nacional Paracas

 

Corría mucho viento, pero las olas rompían lejos de la costa y sólo llegaba, con el impulso, una espesa alfombra de espuma que cubría toda la superficie escarlata de la playa roja.

 

Playa Roja, Reserva Nacional Paracas

 

Dentro del Parque hay varios sectores para acampar, pero elegimos el que se encontraba más cerca de la salida, porque al día siguiente debíamos estar temprano para realizar el tour por las islas.

 

Acampamos en una playa inmensa, bajo unos frondosos arbustos que nos servían como reparo del viento. Desde donde nos encontrábamos apenas si podíamos ver el mar, pero lo escuchábamos rugir con fuerza, mientras una numerosa familia de flamencos rosados se preparaba para pasar la noche. Cenamos unos fideos (junto con una adorable familia de ratones que se nos acercaron en busca de algo para comer) y pasamos la noche.

 

Apenas estaba amaneciendo cuando debimos levantarnos, desarmar campamento y dirigirnos al muelle de Paracas. Con los ojos todavía entrecerrados llegamos a la plaza, donde ya varios turistas que se embarcarían con nosotros estaban haciendo fila. Un pueblerino se entretenía alimentando a unos gigantescos pelicanos, de manera que posaran con su impresionante bolsa extendida para la foto.

 

Pelicano alimentándose, Paracas

 

En menos de media hora ya estábamos todos sobre una gran lancha con los chalecos salvavidas puestos y camino a las Islas Ballestas. La embarcación corría a toda velocidad por encima del oleaje del mar y nos salpicaba constantemente agua salada, lo que terminó de despertarme.

 

Camino a Islas Ballestas, Paracas

 

La primera parada la hicimos cerca de un enorme barranco de arena, que se encontraba sobre la costa. Sobre la pendiente de aquella gigantesca montaña de arena se podía distinguir un extraño dibujo.

 

El Candelabro, se lo llama a este geoglifo de 180 metros de largo, que se vincula con las Líneas de Nasca que habíamos visitado el día anterior. Y, al igual que ellas, tanto su origen como el motivo de por qué semejante figura se realizó en ese sitio, aún es un misterio.

 

El Candelabro, Paracas

 

Seguimos viaje durante unos 20 minutos, hasta que pudimos comenzar a divisar unas enormes masas rocosas que se levantaban sobre el mar. Las Islas Ballestas conforman un gran número de formaciones puramente rocosas, desprovistas de cualquier tipo de vegetación y hogar de varias especies de aves marinas.

 

Islas Ballestas, Reserva Nacional Paracas

 

Fue bastante impresionante descubrir que esa alfombra gris y blanca movediza que cubría los primeros islotes a los que nos acercamos no era más que una aglomeración de cientos y cientos de aves, una al lado de la otra.

 

Islas Ballestas, Reserva Nacional Paracas

 

El barco disminuyó la marcha y comenzó a acercarse lentamente a las islas. Los piqueros peruanos nos dieron la bienvenida. Con más de 4 o 5 lanchas acercándose cada mañana y cada tarde a la isla, estos animales están tan acostumbrados a la presencia humana que ni se mosquearon cuando la lancha comenzó a transitar por entre las islas.

 

Piquero Peruano (Sula variegata), Islas Ballestas

 

La erosión en toda esa zona había convertido a aquellas islas en un asombroso espectáculo arquitectónico natural. Robustos arcos de roca maciza se alzaban por encima del océano, y oscuros túneles atravesaban las islas de lado a lado.

 

Islas Ballestas, Reserva Nacional Paracas

 

Soplaba un viento bastante frio, pero ni el rugir de aquel ventarrón, ni el ruido del oleaje golpeando contra el barco superaban el ensordecedor barullo de las decenas de cantos y llamados de todas las aves que se amontonaban en las cúspides de las islas.

 

Pelicano (Pelecanus thagus), Islas Ballestas

 

Entre los piqueros peruanos que antes mencioné y los elegantes pelicanos, tuvimos la suerte de ver una familia de pingüinos de Humboldt, una especie amenazada que vive en el océano Pacífico.

 

Pingüinos de Humboldt (Spheniscus humboldti), Islas Ballesta

 

Bandadas de aves revoloteaban sobre nuestras cabezas, cuando la lancha giró, rodeando un gran islote rocoso y allí, ante nosotros, aparecieron los reyes de los mares. Cuatro lobos marinos descansaban plácidamente, acomodados sobre las rocas.

 

Lobos marinos (Otaria flavescens), Islas Ballestas

 

Siendo un área protegida para estas familias de aves migratorias, no está permitido bajar a las islas, lo cual era una lástima porque lo único que quería hacer en ese momento era lanzarme contra esos lobos marinos y dormir abrazada a ellos bajo el sol.

 

Lobo marino, Islas Ballestas

 

El viaje continuó, bajo una oleada de flashes y “clickes” de cámaras fotográficas, mientras pasábamos por debajo de arcos rocosos, esquivando pequeños islotes que emergían del océano por todos lados. Los piqueros peruanos copaban la mayor parte de las islas, pero de pronto también comenzamos a ver unas simpáticas aves oscuras de peculiar “bigote” blanco y largo, los zarcillos. El llamativo color rojo de sus picos y patas y sus mejillas amarillas contrastaban notablemente con el gris rocoso de las islas.

 

Zarcillos(Larosterna inca), Islas Ballestas

 

A cada metro que avanzábamos íbamos descubriendo más y más familias de lobos marinos esparcidas por todos los islotes. Realmente generaba envidia verlos durmiendo tan cómodos y pacíficamente.

 

Lobos marinos, Islas Ballestas

 

Ya iniciando la vuelta, el guía que viajaba con nosotros nos indicó el sector de puntas guaneras. Las aves de la Reserva de Paracas son aves guaneras, es decir que sus heces (el guano) es utilizado y comercializado (MUY comercializado, aunque no lo crean) como fertilizante natural. Al ver la cantidad inmensurable de aves que habitan esa zona, no es difícil imaginar el gran negocio que se puede hacer con sus hermosos desechos.

 

Islas Ballestas, Reserva Nacional Paracas

 

Una de las principales aves guaneras de Paracas, y al que veríamos antes de retornar, es el guanay, de pecho blanco y llamativo ocular rojo.

 

Guanay (Leucocarbo bougainvillii) Islas Ballestas

 

Retornamos pasando nuevamente bajo aquellas arcadas de piedra, justo a tiempo antes de que muriera de hipotermia porque el frío y el poco abrigo que había llevado no habían sido la mejor combinación para esa mañana.

 

Islas Ballestas, Reserva Nacional Paracas

 

Descendimos de la lancha, algo mareados después de tanto tambaleo y volvimos a la moto que nos esperaba en el muelle de Paracas, lista para seguir viaje.

 

 

Pelicano, Paracas

 

 

 

 

 

 

 

Mucha vida en las Islas Ballestas.... y mucho guano también! Mira el resto de las fotos... no te las vas a querer perder ;)

 

 

 

 

 

 

 

Sobrevolando Nasca

Una de las cosas que fui aprendiendo mientras viajábamos interminables horas sobre la moto, fue entablar profundas conversaciones conmigo misma.

 

Al principio eran ansiosas ideas y miedos que se amontonaban, de manera desordenada y sin sentido, expectante a todo lo que sería aquel viaje. Pero con el transcurso del tiempo, en mi mente ya se iban formando conversaciones claras, tal y como las tendría con una amiga.

 

Camino a Nasca

 

Ahora que lo pienso, viajar tanto tiempo sobre la moto, sin pronunciar ni una palabra y sin poder comunicarme con Martin (más que a los gritos o con señas), fue algo así como una gran terapia personal. Porque al fin y al cabo, terminé convirtiéndome en mi amiga, mi confidente. Dentro de mi cerebro iba entablando larguísimas conversaciones sobre diversos temas: la última gran experiencia que había vivido durante el viaje, recordando algunos roces personales con personas antes de salir, o bien imaginando cómo sería el reencuentro con mi mamá.

 

Digo que fue una terapia porque tener todo ese tiempo para poder analizar y ordenar ciertas ideas me sirvió mucho para llegar a conclusiones que luego aplicaría en mi vida. A veces me sumergía tan profundo en mis pensamientos que no prestaba atención al paisaje que íbamos atravesando, lo cual no era tan malo en algunos momentos, como, por ejemplo, cuando hicimos los 650 km hasta llegar a Nasca.

 

Aquel paisaje era diferente, sí…. Pero divertido, mmmno.

 

El departamento de Ica cubre casi toda el área del Desierto costero del Perú. Arena y médanos, arena y médanos, arena y médano durante horas! El viento que corría por la ruta arrastraba granitos de arena que golpeteaban en el casco a medida que avanzábamos. Pocos vehículos sobre la carretera, un sol fuerte en un cielo despejado y un paisaje desértico mirase para donde mirase fueron nuestra compañía sobre esos eternos kilómetros.

 

Camino a Nasca

 

Incluso llegue a dormitarme, entrando en esa especie de trance en la que uno siente que su cuerpo simplemente decide dejar de responder meintras la mente lucha continuamente para mantener los ojos abiertos. Un par de violentos golpes contra el casco de Martin cuando el sueño me vencía, fueron suficiente para despabilarme.

En el último tramo antes de ingresar a la ciudad de Nasca, la ruta discurre por entre unas hoscas colinas de tierra y piedras, completamente desnudas y si ningún rastro de vegetación. Y entonces llegamos finalmente.

 

Camino a Nasca

 

La entrada de Nasca es algo desprolija, con mucho movimiento y confusa. A los costados de una ancha avenida se levantaban casillas, comercios e industrias, que, junto con el desierto de arena que nacía justo por detrás de ellas, le daban un aire como de ciudad apocalíptica :wacko:

 

Seguimos una estrictas indicaciones que nos brindaron desde el centro de información turística y, tras alejarnos varios kilómetros por la carretera Panamericana, llegamos al km. 462, donde se abría un camino de tierra que se internaba en la vegetación desértica.

 

Fuimos atravesando campos de espinas hasta que finalmente llegamos al recomendado Ecolodge Wasipunko. Este centro turístico está ubicado en el medio del desierto, y abarca varias hectáreas de pura vegetación y enormes árboles. Para mi alegría, allí todo se volvía un poquito más verde y lleno de vida.

 

EcoLodge Wasipunko, Nasca

 

Olivia es una mujer refinada y de una calma interior enorme, y nos recibió como si nos hubiera estado esperando. Nos ofreció una de sus cabañas, todas muy pintorescas y con cómodas camas que llegaron a tentarnos, pero decidimos quedarnos con nuestra tienda.

 

Mientras nos guiaba por los diversos sectores del EcoLodge, un área de descanso y lectura o un gran restaurante donde tomaríamos el desayuno (incluido en el precio) a la mañana siguiente, un enorme y espléndido pavo real nos seguía con sus ornamentales plumas desplegadas.

 

Pavo real en EcoLodge Wasipunko, Nasca

 

Armamos campamento en un área rodeada de árboles, mientras la luz del sol que ya comenzaba a ocultarse se colaba por entra las ramas y las hojas. Olivia nos había informado que esa noche tendría invitados especiales, un contingente de europeos que llegarían simplemente para degustar la especialidad del Ecolodge: La Pachamanca.

 

EcoLodge Wasipunko, Nasca

 

La Pachamanca es un típico plato de Perú. Consiste en la cocción de diversas carnes y vegetales típicos andinos, como la papa, el camote, el choclo y la yuca, con el calor de piedras precalentadas, acomodadas en un hoyo cavado directamente en la tierra. De ahí su nombre quechua: Pacha= tierra, manka= olla. Algo así como olla de tierra.

 

Mientras Olivia nos describía el plato, no podíamos evitar que se nos hiciera agua la boca, después de haber pasado tantas semanas a base de arroz y fideos. Y creo que fue muy evidente en nuestros rostros, porque esa misma noche, Olivia se escabulló de sus invitados y nos sorprendió con una enorme olla de arcilla con Pachamanca. “Para que prueben un poco...” nos dijo mientras nos guiñaba un ojo. La combinación de sabores, el dejo a ahumado, y todo acompañado con una salsa de quesos y huancaína fue un increíble festín para nuestros paladares… nunca me voy a olvidar de esa noche :P

 

La verdad era que no estábamos muy convencidos de hacer el famoso vuelo por sobre los conocidos geoglifos de Nasca, pero una vez más, estando en aquel lugar, nos parecía una picardía dejar pasar aquella experiencia. Por eso, al día siguiente fuimos hasta el pequeño aeropuerto de Nasca. La sala principal, atiborrada de locales de ventas de pasajes y de vendedores hambrientos nos mareó bastante, pero finalmente conseguimos nuestros pasajes por U$D80 cada uno, más U$D25 por impuestos.

 

Luego de esperar una hora aproximadamente, y después de ver unas cinco veces el mismo documental de bajo presupuesto de las supuestas poblaciones andinas que se repetía una y otra vez en las pantallas de la sala de espera, nos llamaron para que nos acerquemos a la pista.

 

Viajaríamos en una pequeña avioneta junto con otra pareja de europeos que estaban de vacaciones. Cuando vi la avioneta y lo frágil que parecía, comencé a arrepentirme un poquito de hacer ese vuelo.

 

¿A esto nos vamos a subir?? :S

 

Una vez arriba, con los heatset bien colocados (pesaban un poco y podían ser algo incomodos), el piloto y el copiloto se presentaron e informaron entonces el inicio del vuelo.

 

El avión carreteó varios kilómetros por la pista hasta que con un leve sacudón elevó sus ruedas y antes de que pudiera notarlo ya estábamos en el aire. Tomé la cámara de fotos, entusiasmada, porque era la primera vez que viajaba en avioneta, y apoyé mi frente contra la ventanilla.

 

Iniciamos la excursión

 

De repente empecé a sentir un ligero revoltijo en mi estómago y mis brazos comenzaron a pesarme. Mientras la avioneta tomaba altura y las casitas se hacían cada vez más y más pequeñas, tenía la sensación de que mi cabeza se inflaba como un globo. Con movimientos leves, porque todo me mareaba, y dando por hecho que la altura me había afectado la presión, le alcancé la cámara a Martin y le encomendé la tarea de fotografiar los geoglifos :zsick: :zsick:

 

Yo asustadaa??? naaa....

 

Mientras sobrevolábamos Las Pampas de Jumana, el desierto de Nasca, podía ver la enorme extensión de esa zona tan árida extendiéndose hacia el horizonte como un manto de tierra clara y un poco de vegetación esparcidas.

 

Nasca desde los cielos

 

Por los heatsets, de repente escuchamos la voz del copiloto que nos señalaba el primero de todos los geoglifos que veríamos. Les aseguro que al principio no es fácil ver las figuras, pero una vez que se visualizan son realmente sorprendentes.

 

Lo primero que divisamos, entonces, fue un conjunto de líneas rectas y un trapezoide. Claro que son figuras sencillas, pero cuando se toma conciencia que son líneas de aproximadamente 15 km. perfectamente rectas, es imposible no quedar boquiabierto y la cabeza comienza a llenarse de preguntas.

 

Líneas y Trapozoide, jeroglíficos de Nasca

 

Luego, el copiloto nos señaló una segunda figura, mucho más asombrosa por su forma más humanoide. El Astronauta, u “hombre lechuza” se encuentra trazado en la pendiente de una colina y, en mi opinión, es un tanto tenebrosa con sus grandes ojos. Más bien parece un dibujo hecho por un niño de cinco años, pero de unas dimensiones de 40 mts. Es la única figura que se encuentra sobre una colina, el resto las veríamos todas en la llanura.

 

El Astronauta, jeroglíficos de Nasca

 

La avioneta se inclinaba hacia un costado y daba toda una vuelta por sobre el dibujo, y luego repetía el recorrido, pero inclinada hacia el otro costado, de manera que los cuatro pasajeros pudiéramos observar bien. Con cada inclinación, yo sentía que el cuerpo me pesaba cada vez más y me hundía en el asiento. Pero no quería descomponerme allí arriba, por lo que intenté distraerme con el siguiente geoglifo.

 

Uno de los más impresionantes para mí, con sus suaves curvas, sus correctas proporciones, y su enorme cola en espiral, El Mono de unos 135 m. Mientras la avioneta se posicionaba de un lado y del otro, y el desayuno se revolvía amenazadoramente dentro de mí, pensaba lo que debió haber sentido la primera persona que por simple casualidad descubrió estas increíbles imágenes. Porque desde la tierra es imposible percibirlas. Estos geoglifos pertenecen a la cultura Nasca, y datan del período prehispánico, hace 1500 años, pero fueron descubiertas recién en 1939, sobrevolando la zona.

 

El Mono, jeroglíficos de Nasca

 

Luego siguieron El Colibrí, con una distancia de 66 metros entre los extremos de sus alas, y el impresionante Pájaro Gigante, una figura que muestra un gran pájaro con un largo cuello en zigzag, de 300 mts. de largo y 54mts. de ancho.

 

Colibrí, jeroglíficos de Nasca

 

Por último, sobrevolamos las figuras de Las Manos, y El Árbol. Están casi pegadas a la carretera Panamericana, lo que constata que nadie se había percatado de estas figuras en el momento que se construyó la ruta.

 

Las Manos y El Árbol, jeroglíficos de Nasca

 

El motivo de que toda una cultura se movilizara y trabajara minuciosamente en estas enormes figuras que son sólo observable desde los cielos es aún hoy un gran enigma. Con una rápida búsqueda por internet se pueden encontrar diversas hipótesis que hablan de cuestiones astrológicas, lo relacionan con deidades o hasta con seres de otros planetas. Pero la verdad es que “Las líneas de Nasca” siguen siendo uno de los grandes misterios arqueológicos y poder ser testigo de semejante huella dejada por la humanidad fue una gran experiencia.

 

Cuando la avioneta aterrizó sobre la pista, mi malestar había disminuido, aunque aún me sentía bastante mareada. Tambaleando, bajé y pise suelo firme bastante aliviada. La experiencia fue genial y muy recomendada, pero la próxima procuraré ir con el estómago vacío :P

 

Avioneta para avistaje de jeroglíficos de Nasca

 

 

 

 

 

Interesante, no?? :huh: Mirá el resto de las fotosss!

 

 

 

 

 

 

 

 

Machu Picchu

Pareciera que visitar Perú y no ir a Machu Picchu es algo así como ir a un cumpleaños y no comer la torta, digamos. Machu Picchu se convirtió en uno de esos lugares a los que, alguien que se jacte de ser viajero, tiene la obligación de ir.

 

Claramente todo esto me parece muy exagerado porque puedo asegurarles que Perú esta atestada de ruinas arqueológicas que nada tienen que envidiar a Machu Picchu. Incluso supe de ruinas de mayor tamaño y más impresionantes que están inmersas entre montañas y selva (se debe caminar durante 5 días para llegar a ellas :ohmy: ) en el corazón de lo que alguna vez fue el extenso territorio inca.

 

Pero toda la atmosfera que rodea a Machu Picchu su aire místico y aventurero y sentíamos que si no pisábamos aquel incaico lugar, no estaríamos completos. Incluso llegar a Machu Picchu ya era todo un misterio para nosotros. No entendíamos bien hasta dónde podíamos llegar con la moto, o cuánto tendríamos que hacer a pie. Por eso fuimos preguntando a otros amigos viajeros que nos fuimos haciendo por el camino y que ya iban más adelantados y organizamos la excursión. A lo largo de este relato iré dándoles algunos consejos a quienes quieran visitar las legendarias ruinas de Machu Picchu tal como nos los dieron a nosotros y que puede facilitar su viaje.

 

Machu Picchu, Perú

 

Lo primero que se debe hacer es comprar la entrada (claro está). Esto se puede hacer a través de la página del gobierno de Perú ( http://www.machupicchu.gob.pe/ ) o bien directamente en Cusco.

  • CONSEJO N° UNO: Si bien la idea de pagar con tarjeta en cómodas cuotas a través de internet puede sonar tentativo, sé de muchas personas que tuvieron problemas con la página a la hora de efectuar la compra. La página es muy lenta, se traba con facilidad y es difícil efectuar la compra, por lo que es mucho mejor adquirir las entradas directamente en Cusco, donde también se puede pagar con plástico.

Ahora bien, tenemos diversos “tipos” de entradas:

  • Sólo el ingreso a Machu Picchu: 128 Soles (40 USD aproximadamente)
  • Ingreso a las ruinas de Machu Picchu + Museo: 150 Soles (50 USD aproximadamente)
  • Ingreso a las ruinas de Machu Picchu + el ingreso a la montaña HuaynaPicchu: 152 Soles (50 USD aproximadamente)
  • Ingreso a las ruinas de Machu Picchu + ingreso a la montaña MachuPicchu: 142 Soles (45 USD aproximadamente)

Además hay dos franjas horarias para las visitas a la montaña de HuaynaPicchu. Si compramos la entrada que incluye la escalada de esta montaña debemos optar por el grupo G1, donde tenemos que ingresar a la montaña de 7:00 a 8:00 o el G2, con horario de 10:00 a 11:00.

 

Machu Picchu, Perú

 

Como hay cupos limitados para el ingreso a las ruinas, es recomendable sacar las entradas con tiempo. De hecho en la página del gobierno de Perú, se puede chequear la disponibilidad de cupos para la fecha que queramos. Por lo general, para cualquier tipo de entrada, sacándola desde Cusco se consigue con 3 o 4 días de anticipación. El problema radica en conseguir la entrada que incluye la visita al HuaynaPicchu, porque se suelen llenar los cupos de inmediato por lo que conviene adquirir la entrada con dos o tres meses de anticipación, mínimo :wacko: . Esto supone el condicionante de estar en Machu Picchu el día exacto para el cual sacamos la entrada, porque no se puede cambiar la fecha una vez adquirida.

 

Como Martin y yo no queríamos depender de una entrada, optamos por comprar en Cusco entradas para las ruinas que incluían la visita a la montaña MachuPicchu, y planeamos viajar para estar el día anterior en Aguas Calientes o Machu Picchu Pueblo.

 

Aguas Calientes o Machu Picchu Pueblo

  • CONSEJO N°2: No importa para qué fecha saquen la entrada, procuren calcular bien el tiempo que tarden en llegar a Aguas Calientes, dependiendo del transporte con que lo hagan y estén un día antes, por lo menos.

Ese era nuestro plan, pero un repentino dolor de muelas que atacó a Martin y una obligada visita a Urgencias nos atrasó un día :crying: . Así que, con un día de retraso, salimos de Cusco rumbo nuevamente a Ollantaytambo, y desde allí tomamos el camino recomendado hacia Santa María. Llegamos con la última luz del día al pueblo y, a pesar de que aún nos faltaban algunos kilómetros hasta Santa Teresa (la última ciudad más cerca de Machu Picchu a la que se puede llegar en vehículo) desde ese punto el camino se convierte en ripio y hacerlo de noche iba a ser un suicidio. Por lo que nos alojamos en un hotel y pusimos nuestras alarmas a las 5 de la madrugada. Teníamos entrada para Machu Picchu al día siguiente, y aun nos faltaba recorrer bastante para llegar.

 

Aquel día fue muy largo y completamente agotador. Por eso mismo recomiendo que hagan toda esta loca travesía de llegar a Machu Picchu con tiempo y NUNCA el mismo día que tienen para ingresar a las ruinas :dry: . Salimos con los primeros rayos de sol y tomamos el camino de ripio.

 

Camino a Machu Picchu

 

Alguna vez escuché que a todo ese tramo lo llaman “El camino de la Muerte II” y la verdad es que es bastante acertado ese mote. La carretera deja en pocos minutos Santa María atrás y comienza a ascender por unas grandes montañas hasta que la altura se vuelve realmente vertiginosa. La niebla de la mañana que se desplazaba pesadamente por entre los picos, le daba un toque un tanto lúgubre a la situación, aunque no dejaba de ser un paisaje impresionante.

 

Camino a Machu Picchu

 

Y así arribamos, antes del mediodía a Santa Teresa. El camino continúa sólo hasta una Hidroeléctrica y allí finaliza, por lo que hay que comenzar a caminar. No estábamos seguros de encontrar estacionamiento para dejar la moto en aquel lugar, por lo que nos pareció más seguro dejar la Honda en un camping de Santa Teresa.

  • CONSEJO N°3: Desde la Hidroeléctrica se debe caminar 10 km hasta Aguas Calientes, y si bien es un trayecto recto sin muchas dificultades, siempre es mejor ir lo más liviano posible y llevar una botella de agua.

Como cada minuto que pasaba era un minuto menos en Machu Picchu, decidimos tomarnos un taxi desde Santa Teresa hasta la Hidroeléctrica, porque además la idea de agregarle 6km más a los ya 10km obligados que deberíamos caminar, nos parecía un tanto agotador. El taxista sumó unos 3 turistas más (europeos) al taxi para aligerar los gastos e hicimos el último tramo hasta la Hidroeléctrica.

 

Ya sobre el taxi comencé a preguntarme por qué habíamos dejado nuestras vidas en manos de aquel joven y despreocupado taxista que sin ningún problema, con una música folclórica estridente que sonaba de unos arruinados parlantes, hacía doblar aquel destartalado taxi a toda velocidad por las curvas de la carretera que corría a gran altura por entre la ladera de las montañas :eek: Dando fuertes tumbos llegamos a la Hidroeléctrica, que no es más que eso… una Hidroeléctrica en el medio de la nada.

 

Allí nacen las vías del tren que llegan hasta Aguas Calientes, por lo que simplemente hay que seguirlas. (Este trencito simpático que te lleva hasta Aguas Calientes, evitándote la caminata no baja su precio de los 100USD… :confus: )

 

En los primeros metros de las vías hay varios puestos apostados, que recomiendo aprovechar si no se hicieron de agua o comida porque luego la cosa se pone bastante desolada.

 

Como dije antes, la caminata no es difícil y la verdad que uno la termina disfrutando porque el paisaje que se atraviesa es sencillamente fantástico. Cruzamos un viejo puente y seguimos por las vías mientras delante nuestro nacían unas grandes montañas cubiertas de selva enmarañada e impenetrable.

 

Camino a Machu Picchu

 

Por momentos, la humedad se volvía un tanto sofocante, y creo que hubiéramos hecho varias paradas a descansar si no hubiéramos tenido el apuro de entrar a Machu Picchu ese mismo día.

 

Por las vías del tren, camino a Machu Picchu

 

Caminar 10 km parece poco, pero se termina haciendo un poco largo. Hasta que finalmente llegamos a la base de una enooooooorme y descomunal montaña, donde un paisano sentado tranquilamente en una silla te recibía la entrada. Cuando supe que debía subir esa gran montaña que tenía frente a mi quise salir corriendo :zsick:

 

Llegamos a Machu Picchu!

  • CONSEJO N°4: Desde Aguas Calientes salen combis que por poco dinero te llevan hasta la cima y verdadera entrada al Machu Picchu. Recomiendo 100% estas combis aunque sea sólo de ida para después bajar a pie si se quiere economizar más.

Subir esa montaña a través de unas destartaladas escaleras realizados en la ladera terminó por confirmarme lo que venía sospechando desde que inicié el viaje: Odio, realmente ODIO subir caminos empinadas. Sólo diré que maldecí a todo el mundo mientras mis adoloridas piernas subían escalón por escalón :madd:

 

Las vista subiendo la montaña hacia Machu Picchu

 

Nos tomó más de una hora llegar hasta la cima, donde se encontraba la verdadera entrada a las ruinas. Llegue bañada en sudor, con las piernas temblando y casi sin responderme y completamente sedienta. En la entrada, como en todos estos sitios explotados turísticamente, había un gran y pomposo restaurante, un local de venta de souvenirs y baños. Y muchísima gente.

 

Si algo terminó de empeorar mi humor fue ver los precios de las cosas. Ok, entiendo que todo es muy turístico y que las cosas allí me salgan ridículamente caras… pero ya cobrar por entrar a los baños??? :dry:

 

Finalmente para cerca de las 12 del mediodía después de una ajetreada mañana, ingresábamos a las ruinas de Machu Picchu.

 

 

Machu Picchu, Perú

  • CONSEJO N°5: Los cuidadores del lugar suelen tener poca paciencia y no van a dudar en echarte a patadas si es necesario. Recomiendo no meterse por lugares en los que no esté permitido. Recibí una agresiva y exaltada llamada de atención cuando inocentemente me subí a un bajo murallón para sacarme una foto.

Una vez allí, admito que mi mal humor se me despejó automáticamente porque la primera imagen con la que uno se choca al entrar, suele dejarte atónito. A pesar de haber visto las ruinas de Machu Picchu tantas veces en revistas y fotos, estar ahí realmente llega a erizarte los vellos de la nuca.

 

Machu Picchu, Perú

 

Dejando de lado el hecho de que todo allí esta restaurado (es decir, no es que uno toca exactamente una pared que fue testigo de la vida de los incas, sino una reconstrucción de la misma), las ruinas y el paisaje se acoplan de tal manera que uno se siente entrar a otro mundo. A aquella altura, unos 2500 msnm, la vista panorámica es una de las más espectaculares que apreciamos en todo el viaje. Las montañas son más bien delgadas y terminas en suaves picos redondeados, como si fueran dedos gigantes elevándose desde la tierra, y todo está cubierto de un manto verde frondoso que se mezcla con las nubes blancas que se desplazan sobre las sierras.

 

Machu Picchu agrupa diversas construcciones arqueológicas. Por un lado veíamos los ya conocidos balcones de cultivo, hacia el sur, y luego se encontraba el área de residencia, donde moraban los incas, y donde también hay diversos restos de templos religiosos.

 

Machu Picchu, Perú

  • CONSEJO N°6: Este consejo puede ser un poco obvio, pero como en todas las ruinas incaicas de Perú, es preferible contratar un guía o, si no se pueden dar ese lujo (como nos pasaba a nosotros), leer sobre los lugres antes de visitarlos porque de lo contrario creo que no se aprecia la historia y la riqueza del lugar al 100%.

Por caminos empedrados marcados sobre el césped, fuimos internándonos entre las trabajadas paredes sobrevivientes, atravesando conjuntos de casas y llegamos a un gran predio que era el sector agrícola conformado por balcones de cultivo dispuestos en las pendientes de todas las bajas colinas del terreno.

 

Machu Picchu, Perú

 

Habíamos llegado fuera del horario de ingreso a la montaña MachuPicchu, pero honestamente no lo lamenté porque después de haber caminado 10km y luego de haber subido esas interminables escaleras, no quería saber más nada con subir NADA :big-grin: Aunque no conocí nadie que no haya salido fascinado de subir ambas montañas y aseguran que la vista es más increíble... así que, al que le guste caminar, se lo recomiendo.

 

Machu Picchu, Perú

 

Subiendo y bajando por aquel laberinto de ruinas y turistas, llegamos a una colina que exhibía en su cima, la famosa piedra Intihuatana, uno de los objetos más estudiados que al parecer se relaciona con los conocimientos astronómicos incaicos.

 

Piedra Intihuatana, Machu Picchu, Perú

 

Luego de algunas horas recorriendo Machu Picchu, nos desorientamos un poco porque el lugar es lo bastante grande como para que uno termine mareado pero puedo recorrerse tranquilamente por completo en pocas horas.

 

Llegamos incluso a visitar el puente del Inca, caminando a través de un débil sendero de tierra que se metía entre la vegetación y dejaba atrás la ciudad de Machu Picchu y que luego se convertía en un angosto camino, por la ladera de una montaña con una caída bastante importante.

 

Puente del Inca, Machu Picchu, Perú

 

Después de un día muy largo y lleno de emociones distintas, nos tiramos en el césped, simplemente a contemplar aquella maravilla del mundo. Sin decirlo explícitamente, sabíamos que éramos muy afortunados de poder pisar aquel suelo y estábamos completamente satisfechos por ello :giggle:

 

Machu Picchu, Perú

 

Nos despedimos de Machu Picchu con la caída de la tarde y encaramos los últimos kilómetros (que por suerte fueron pocos) hasta llegar a Aguas Calientes o Machu Picchu Pueblo. En lo personal, quedé encantada con este pequeño y particular pueblito.

  • CONSEJO N°7: Dediquen un día a recorrer este hermoso poblado, establecido tan perdidamente en medio de la selva y atravesado curiosamente por las vías del tren.

El pueblo de Aguas Calientes es algo que nunca vi en otro lado (por lo menos no en Sudamérica). Rodeado de enormes paredes verticales de montañas, con un arroyo que corre velozmente y pequeños puentes que lo cruzan para comunicar un lado y otro del pueblo, Aguas Calientes se levanta como un manojo de pequeñas viviendas y cientos de locales dedicados sólo al turismo (hoteles, restaurantes, bares, comercios).

 

Aguas Calientes o Machu Picchu Pueblo

 

A simple vista parece una ciudad algo desprolija, con tanta vegetación selvática naciendo por doquier y con una urbanización descontrolada, atravesada por calles adoquinadas sin dirección aparente y en diversas pendientes. Pero entonces podemos encontrar la belleza del lugar en los murales de bronce en tres dimensiones que cubren las paredes de un pasillo, o los monumentos al Inca con un enorme cóndor en su hombro, o en ese curioso hecho de ver pasar un tren por medio de un pueblo.

 

Aguas Calientes o Machu Picchu Pueblo

 

 

 

Aguas Calientes o Machu Picchu Pueblo

 

Al caer la noche, el pueblo se llena de vida, con cientos de idiomas, culturas y personas entremezclándose en ese rincón perdido del mundo y luces de colores tintineantes que adornan las calles. Pasar un día o más en Aguas Calientes no tiene desperdicio alguno.

 

Aguas Calientes o Machu Picchu Pueblo

 

La vuelta hacia Santa Teresa fue más rápida que la ida. Debimos retomar el camino de 10 km hasta la hidroeléctrica, donde nos cruzamos con varios turistas entusiasmados y algunos amiguitos peludos por el camino :P

 

Coatí en el camino a Machu Picchu

 

Una vez que llegamos a Santa Teresa buscamos la moto y, sin más, tomamos la ruta para seguir nuestro viaje por aquella tierra incaica.

 

 

 

 

 

 

 

Tanta belleza arqueológica en este álbum! No dejen de pasar a relojearlo

 

 

 

 

 

 

 

Cuando quisimos comprar las entradas para visitar Machu Picchu, en la ciudad de Cusco nos encontramos con la sorpresita de que había un conflicto en la hidroeléctrica que se encuentra sobre el único camino que conduce a las míticas ruinas, y que a raíz de ello, la carretera se encontraba cerrada al paso en señal de protesta.

 

No sabíamos cuanto tiempo iría a durar este corte de ruta, y si bien nos encantaba estar en el camping “La Quinta de Lala” y nos divertía ver a Rosita, la cachorra, correr a las gallinas todas las mañanas, decidimos que lo mejor sería aprovechar ese tiempo indeterminado con el que contábamos para visitar algunas otras ruinas.

 

Así nos hicimos de un paquete de dos días con cuatro entradas para visitar las ruinas del Valle Sagrado al módico precio de 70 Soles cada uno.

 

El Valle Sagrado está establecido a pocos kilómetros de Cusco, entre los pueblos Pisac y Ollantaytambo. Posee ciertas características que lo han convertido desde la época incaica en un lugar especial para la agricultura, por su geografía y su clima, y en la actualidad en uno de los puntos turísticos más bellos e interesantes para recorrer en Perú.

 

Salimos una mañana con la moto cargada, prometiéndole a Olivia que volveríamos al camping de Cusco en un par de días y nos dirigimos rumbo a las ruinas. He aquí un pequeño resumen da cada una de ellas:

  • Ruinas de Pisac:

Estaba muy inmersa en mis pensamientos, mientras dejábamos atrás Cusco y nos metíamos de lleno en aquel enorme valle tapizado de verde vegetación con el cielo celeste y brillante a través de la ruta, cuando de repente tuvimos nuestra primera imagen de Pisac. Sólo 30 km separan esta ciudad de Cusco, cosa de la que no estaba informada, por lo que me sorprendió encontrarme tan pronto con nuestra primera parada.

 

El Pueblo de Pisac

 

Apostada sobre la costa del rio Vilcanota, el pueblo de Pisac se extiende como un largo cordón, separado de una gran pared de cerros de picos puntiagudos y onduladas laderas por kilómetros de cuadriculados campos de cultivos.

 

Cruzamos el rio por un puente e ingresamos a Pisac a través de irregulares calles de piedra que nos hicieron tambalear un poco sobre la moto. El camino cruzaba parte de la ciudad y después seguía a la par de un pequeño arroyo que corría por entre algunas rocas, antes de comenzar a ascender por la ladera de una de las sierras.

 

Y justo después de subir ese ancho camino de curvas cerradas, nos encontramos de frente con las ruinas arqueológicas de Pisac. Las pendientes de las sierras que se levantaban frente nuestro, estaban prolijamente trabajadas en anchos escalones de cultivo. Y a los pies de estas colinas y en algunos otros puntos, en distintas alturas, se agrupaban restos de construcciones de piedras.

 

Ruinas arqueológicas de Pisac, en el Valle Sagrado

 

Pisac fue un gran asentamiento incaico, con una superficie que abarcaba más de 4km cuadrados. Obviamente lo más llamativo de estas ruinas son los anchos andenes de cultivo realizados sobre las pendientes de las colinas.

 

Ruinas arqueológicas de Pisac, en el Valle Sagrado

 

Subimos la sierra por un camino lateral a los balcones, hasta llegar a la cima, donde la vista era asombrosa.

 

Ruinas arqueológicas de Pisac, en el Valle Sagrado

 

Las altas paredes de piedra que contenían los escalones de cultivo eran bien mantenidas, y hasta se podían apreciar hoscas escaleritas hechas con láminas de rocas.

 

Ruinas arqueológicas de Pisac, en el Valle Sagrado

 

Siguiendo marcadas y antiguas callecitas uno podía transportarse de un punto hacia otro, pasando por los restos arqueológicos sobrevivientes, que habían sido diferentes barrios dentro de la antigua zona de Pisac. También se podían apreciar restos de acueductos, puentes y hasta un cementerio. Fuimos metiéndonos entre las ruinas de casas, de las cuales sólo quedaban en pie sus paredes de roca, y atravesando algunos túneles que cruzaban las colinas de lado a lado.

 

Ruinas arqueológicas de Pisac, en el Valle Sagrado

 

Lo que me gustó de Pisac :) : Es una de las más grandes e imponentes ruinas de fácil acceso para visitar, y son mantenidas en excelente estado. La vista desde los ruinas es increíble, ni el mejor semipiso de lujo de cualquier ciudad podría superar la vista que tenían los incas desde sus hogares.

 

Ruinas arqueológicas de Pisac, en el Valle Sagrado

 

 

Lo que no me gustó :( : Tener que subir las escaleritas XD Dios mío! los incas debían tener unos músculos en las piernas superdesarrollados para subir y bajar esas colinas diariamente.

  • Ollantaytambo:

Después de estar un par de horas recorriendo las ruinas de Pisac, volvimos a la ruta y nos encaminamos hacia Ollantaytambo, que se encuentra en la punta opuesta a Pisac dentro del Valle Sagrado, a unos 50km.

 

Y así llegamos a las que, en lo personal, fueron las mejores ruinas que visitamos. Entramos al pueblo, atravesamos una gran plaza principal y cruzamos un corto puente que nos llevó hasta un extremo, donde se levantaban las ruinas. Al igual que en Pisac, las ruinas de Ollantaytambo estaban conformadas por los enormes balcones de agricultura y varias aglomeraciones de construcciones en distintos puntos. Pero, estas ruinas eran más ostentosas y las enormes paredes que aún se mantenían de pie, estaban construidas con enormes trozos de rocas prolijamente pulidas y trabajadas. Esto es porque Ollantaytambo fue un centro espiritual y militar, además de agrícola.

 

Balcones de cultivos, ruinas arqueológicas de Ollantaytambo

 

Al pie de las sierras, en una planicie se encontraba la entrada a las ruinas, junto con un predio de ferias donde se vendían diversas artesanías. Ya dentro de la zona de las ruinas, lo primero que se puede apreciar es el sector ceremonial, donde hay diferentes estructuras que conformaban fuentes de agua que servían para el culto de Unu, deidad del Agua. Aun fluye agua de ellas!

 

Fuente de culto a deidad del Agua, Ollantaytambo

 

Hacia ambos lados de esta planicie se levantan varias sierras. Comenzamos el ascenso de una de ellas a través de los anchos balcones de cultivo. Hicimos varias paradas donde nos sorprendía ver la delicadeza con que estaban trabajadas y pulidas esas grandes paredes macizas, sobretodo en el llamado Templo de las Diez Ventanas.

 

Templo de las Diez Ventanas, Ollantaytambo

 

A medida que el sol bajaba, bañaba todo de un cálido amarillo, haciéndolo todo más mágico y bonito aún. Sin embargo, aquel lugar fue sitio de ejecuciones y grandes batallas de resistencia contra los españoles. Ollantaytambo revela su lado agresivo a través de sus restos de grandes murallas y de varias torres de vigilancias.

 

Ruinas arqueológicas de Ollantaytambo

 

Sobre la colina opuesta, podíamos distinguir una construcción un tanto particular, compuesta de tres bloques superpuestos en cada balcón, con ventanas. El Centro Pincuylluna servía como depósito agrícola.

 

Centro Pincuylluna, ruinas arqueológicas de Ollantaytambo

 

Pero si estas grandes ruinas me habían asombrado por su belleza, el pueblo me deslumbró aún más. El pueblo de Ollantaytambo está como detenido en el tiempo, los pobladores viven manteniendo las costumbres de sus antepasados. Obviamente todo tiene un tinte turístico, y alrededor de la plaza principal hay varios restaurantes y bares, así como locales de viajes y tours. También está lleno de hoteles y hospedajes.

 

El pueblo de Ollantaytambo

 

Pero si uno se adentra por las callecitas, se siente como viajar en el tiempo. Las angostas calles, o mejor dicho los pasillos empedrados que se abrían entre las casitas corrían hasta el final del pueblo, donde nacían las sierras y los canales de riego llevaban agua a todos los rincones del pueblo, como huellas intactas del legado de los antiguos habitantes de la zona.

 

El pueblo de Ollantaytambo

 

Cerca de las ruinas, existe un gran predio que sirve de estacionamiento y pedimos permiso para armar carpa allí en un rincón y pasar la noche, para visitar las últimas dos ruinas al día siguiente.

 

Lo que me gustó de Ollantaytambo :) : Las ruinas son impresionante, pero aconsejo a quien vaya que se tome el tiempo para visitar el pueblo que, para mí, fue uno de los más bellos que recorrimos en Perú.

 

Ruinas arqueológicas de Ollantaytambo

 

Lo que no me gustó de Ollantaytambo :( : Aquel pueblo vive del turismo, por lo que es inevitable que éste termine contaminando todo lo genuinamente pintoresco del lugar, y además los precios de hospedajes y de la comida es un tanto elevado.

  • Moray

Cuando llegamos a Moray, realmente quedé desconcertada. Esperaba encontrar ruinas similares a las de Pisac y Ollantaytambo, con esos típicos escalones de cultivo enormes sobre la ladera de las colinas, pero, en vez de eso nos encontramos con balcones de cultivos circulares. Sobre un valle, se podía ver un balcón circular dentro de otro, con una circunferencia cada vez más pequeña, en descenso.

 

Ruinas arqueológicas de Moray, Valle Sagrado

 

Al parecer, el motivo por el cual los incas habían realizado estas extrañas estructuras era la investigación de distintos tipos de riego y cultivo de diversos vegetales. De esta manera, en la parte más alta se plantaban aquellas hortalizas que precisaban más agua y en la parte inferior aquellas que no requerían de tanta cantidad.

 

Ruinas arqueológicas de Moray, Valle Sagrado

 

Caminar por aquellos restos arqueológicos, subiendo y bajando por las viejas escaleras de roca, provocaba que en pocos minutos uno entrara en calor. Pero en aquella altura (unos 3400 metros sobre el nivel del mar) el clima era bastante fresco, sobre todo porque no muy lejos de allí se podían ver unas enormes montañas con sus picos completamente nevados.

 

Ruinas arqueológicas de Moray, Valle Sagrado

 

Lo que me gustó de Moray :) : Sin lugar a duda es algo distinto para visitar y para admirar el ingenio y las habilidades de los Incas.

 

Ruinas arqueológicas de Moray, Valle Sagrado

 

Lo que no me gustó de Moray: A diferencia de las otras ruinas, los balcones circulares es lo único que hay para ver en aquel sitio, y al estar alejada de cualquier pueblo, se convierte en una visita muy rápida.

  • Chinchero

Llegamos a nuestra última parada antes de regresar a Cusco, con la caída de la tarde. Tengo que admitir que ya estaba bastante cansada de ver ruinas y ruinas y llegamos un poco desganados a Chinchero.

 

Aun así, entramos al pueblo, y subimos una empinadísima calle adoquinada que conducía a una plaza, donde había sólo una iglesia. A esa altura y para no agitarse demasiado, recomiendo caminar despacio y disfrutar de artesanías y textilería inca que se ofrece en los puestos apostados a lo largo de la calle.

 

Desde la plaza pudimos apreciar las ruinas arqueológicas, dentro de las cuales lo que más destaca, sin lugar a dudas, son los restos del palacio inca, con grandes murallones.

 

Pero además, nos llamó la atención ver mucha gente en la plaza, un tanto… “alegre” :O_o: Cuando preguntamos, nos informaron que acabábamos de llegar para el final de una gran festividad, donde los habitantes de Chinchero se reúnen a tomar sus típicas bebidas alcohólicas, a entonar melodías y bailar. Por lo que quedaba de la fiesta, supongo que debió haber sido muy buena y lamenté habérmela perdido.

 

Sólo nos separaban 30 km de Cusco, pero nos detuvimos unos kilómetros antes, y acampamos en un bello bosque al lado de un arroyo.

 

Acampando antes de regresar a Cusco

 

Lo que me gustó de Chinchero :) : La plaza con su iglesia colonial del Siglo XVII, es una postal. Y las ferias!! Las recorrería por horas, aunque tenga que subir esas empinadas calles otra vez!

 

Lo que no me gustó de Chinchero :( : Esto es más bien una crítica a nuestra organización, mu hubiera gustado no dejar Chinchero para lo último, ya que fuimos algo cansados y realmente vale la pena recorrerlo con tiempo y ganas.

 

 

 

 

 

 

Y como ya es tradición, adjunto aquí el albúm para que vean el resto de las fotos! Ninguna tiene desperdicio! :big-smil:

 

 

 

 

 

 

Recuerdo que hace unos años atrás, mientras esperaba aburrida en la sala de espera de algún médico del que ya no recuerdo su especialidad, me entretuve ojeando una de esas “revistas del corazón” que siempre están disponibles en una esquina. Me detuve en la entrevista que le hacían a una actriz de telenovelas argentinas, especialmente en el párrafo donde le preguntaban por los lugares del mundo que había visitado, y la mujer, glamorosamente, hablaba de sus viajes por Paris, España, Inglaterra y Estados Unidos. Y cuando la indagaron sobre su lugar favorito, al que volvería, esta actriz respondió llanamente que la ciudad a la que volvería sería Cusco.

 

No es que fuese fanática de esta actriz, ni nada por el estilo, pero me quedé largo rato con esa entrevista en la cabeza, imaginándome cómo sería esta ciudad peruana como para que esa mujer quisiera volver sólo a ella habiendo viajado por tantos otros lugares. Y por algún motivo siempre pensé en Cusco como un lugar hermoso que algún día… alguuuun día visitaría.

 

Y ahí estaba :ohmy:

 

Para mí era algo muy loco saber que estaba punto de conocer realmente aquella ciudad que tanto me había idealizado. La primera parada que habíamos hecho dentro de Perú había sido en la fascinante amazonia peruana, en la ciudad de Puerto Maldonado, y del 1 al 10, la experiencia había sido de un 20! :big-grinB: Así que yo ya estaba completamente satisfecha con Perú, pero debo admitir que cuando ingresamos a Cusco me desilusioné un poco al encontrarme con una ciudad de calles algo destruidas y tránsito complicado, igual que cualquier otra. Pero todo cambió cuando llegamos (obviamente) al centro histórico de Cusco.

 

 

Plaza de Armas de Cusco

 

Arribamos a la Plaza de Armas casi de casualidad porque nos habíamos perdido, cruzando por una muy estrecha callecita empedrada de casi inexistentes veredas y salimos justo por el lado izquierdo de la Catedral de la ciudad. Enseguida nos abordaron varios vendedores ofreciéndonos diferentes hospedajes y tours y ahí nos preocupamos un poco por el gasto que tendríamos en aquella ciudad.

 

 

Catedral de la Ciudad de Cusco

 

La Plaza de Armas, sitio de tanta historia, viejos baldozones y prolijos jardines se encontraba justo en el centro de un torbellino de casitas y casas todas de estilo colonial con tejas naranjas y blancas fachadas que nacían alrededor de la misma y se extendían en altura, invadiendo los cerros aledaños hasta las cimas.

 

Plaza de Armas de Cusco

 

Obviamente las calles que rodeaban la plaza estaban inundadas de turistas. De todas partes me llegaban cientos de palabras de diversos idiomas. Frente a la Catedral, junto a nosotros, estacionó un gran bus del que descendieron por lo menos 30 turistas orientales, todos con cámara en mano y caras de asombro ante la enorme y antigua construcción que se elevaba frente a ellos.

 

Ayudados por un policía local, nos alejamos apenas unas pocas cuadras del centro y tomamos un empinada calle que subía y subía rodeando una sierra, camino a las ruinas de Sacsayhuaman y justo en una curva nacía un camino de tierra que nos llevó directo a “La Quinta de Lala” el único camping que debe existir en todo Cusco.

 

Oli, una pequeña mujer de tez morena y trato educado nos recibió y acomodó en el camping. Sólo nosotros estábamos con carpa en aquel gran terreno verde rodeado de colinas. El resto de los hospedantes eran 3 o 4 lujosas motorhomes de turistas europeos. “La Quinta de Lala” tenía baño con agua caliente, una pequeña cocina, wi-fi y hasta una pequeña casilla donde había muchos libros para pasar el rato, así que mejor no podíamos estar por 10 Soles cada uno.

 

La emoción de nuestra llegada a Cusco se me mezclaba con un problema del tipo económico que me venía preocupando desde hacía semanas :crying: Mi trabajo como redactora me ayudaba pero no me era suficiente y antes de que terminara el mes siempre me quedaba sin dinero, por lo que Martin debía pagar por los dos. Así que, para mí, era imperioso encontrar otro tipo de ingreso.

 

Y para ello, imitando otros viajantes que nos habíamos cruzado en el camino, se me ocurrió la “brillante” idea de hacer pan casero relleno para vender por las calles de Cusco. ¿Qué mejor lugar para la venta de comida, que un sitio repleto de turistas? Yo, que soy una soñadora muy voluble, ya me imaginaba como la reina de la panadería haciendo mucho dinero con mis exquisitos panes rellenos de queso, jamón y tomate.

 

El problema era que nunca había hecho pan en mi vida :big-grinB: y además, existía otro pequeño detalle: no tenía horno en el camping. Rápidamente resolvimos ese dilema al descubrir que, en la ciudad, se alquilaban grandes hornos de barro por hora. Así que la mañana siguiente a nuestra llegada, me levanté con el mejor ánimo del mundo y me puse a preparar los panes siguiendo la receta que había obtenido por internet al pie de la letra, con los gramos y segundos exactos. Pero, hubo otro gran dilema que nunca se me pasó por la mente tener en cuenta. La altura a la que nos encontramos, sumado a la baja temperatura de las frescas mañanas en Cusco impidieron que los pancitos amasados levaran correctamente. Vamos… que no levaron ni un centímetro :dry:

 

La frustración que sentí en ese momento fue absoluta y mi sueño de convertirme en una panadera exitosa se esfumó completamente. Aún con los panes sin levar, insistimos en la idea, así que nos montamos a la moto y bajamos hacia la ciudad, conseguimos un horno y horneamos la masa. El resultado (al no levar correctamente el pan) fue una docena de bodoques de masa dura y densa que no se parecían en nada a esos pancitos dorados y esponjosos de las fotos de la receta que tenía :crying: Pero ya estaban hechos, así que había que venderlos.

 

Claro que nunca imaginé que, después de estar buscando la receta perfecta por horas, después de levantarme temprano para medir exactamente cada gramo de los ingredientes y amasar y amasar, y después de todas las vueltas que dimos para encontrar aquel bendito horno... lo más difícil sería salir a vender.

 

Cusco, Perú

Intentando vender por las calles de Cusco

 

Suelo ser muy tímida y jamás en mi vida había sido una vendedora. Y ahí estaba, paralizada del miedo con mi bandejita y unos quince panes/roca que vender. Me animé a encarar a dos o tres personas, que apenas si me miraron y se negaron a mis maravillas culinarias y me di por vencida. (Realmente quiero decir que admiro notablemente a aquellas personas que pueden vender lo que sea con simpatía y verborragia).

 

Desolada, con un desanimo convertido en penosas lágrimas, y una bandeja llena de un mal primer intento, me senté en las escalinatas de la Catedral.. Mientras Martin me animaba a intentarlo nuevamente al día siguiente :crying:

 

Y eso hicimos. A la mañana siguiente ya todo el camping se había enterado de nuestro microemprendimiento porque era difícil ignorar a una chica amasando y llenando toda la cocina de harina. Una simpática alemana nos ofreció a dejar la masa en su motor home, donde la temperatura era más cálida y milagrosamente los panes levaron! Casi triplicando su tamaño. Vamos que se podía!! Los rellenamos con el queso, el jamón y el tomate y bajamos entusiasmados hasta el horno. Esta vez sí me convertiría en la reina de la panadería! Pero un incompetente empleado, encargado del horno arruinó los panes cuando le pareció mejor dejarlos al horno por casi 40 minutos. Una vez más tenía una docena de bollos con una cobertura tan dura que debía utilizar un pico y una pala para partirlo. Pero tenía que venderlos o estaríamos todo el mes masticando esa masa dura como comida.

 

El intento de venta en Cusco

 

Y aunque no lo crean (yo tampoco podía creerlo) logré vender 5 bellos pancitos. Sinceramente cuando entregaba el pan y me daban el dinero, me daba media vuelta y me alejaba lo más rápido posible, escuchando a mis espaldas el brusco crujir de los dientes de esas pobres personas al intentar morder esa masa…. A todos los que me compraron, realmente lo siento :unsure:

 

Aquel día, habiendo recuperado al menos el dinero que había invertido con esas ventas, el ánimo ya era otro, por lo que decidí relajarme y me dediqué a perderme por las calles de Cusco. Y cuando digo perderme no lo digo en un tono poético, realmente me perdí. Tengo un déficit importante en cuanto a la orientación y suelo perderme y desorientarme muy fácil en grandes ciudades, pero allí fue algo que disfruté.

 

Cusco, Perú

 

Crucé la Plaza de Armas bajo los rayos del sol, atravesé unas galerías y tomé una calle que pasaba por debajo de un robusto arco, hasta llegar a un enorme mercado. Me metí por callecitas que subían empinadamente y salían a otra calle principal con otras plazas y puestos de feria, y seguí rodeando grandes esculturas, cruzando antiguas iglesias y bajando por curiosas escaleras empedradas que corrían como atajos por entre las casitas.

 

Cusco, Perú

 

De camino al camping, subiendo esa difícil calle, en una de las primeras curvas uno se topaba con una inmensa plaza pelada que sólo era ocupada en el centro por una robusta cruz y hacia el fondo por una iglesia.

 

Cusco, Perú

 

La vista de Cusco desde aquel mirador era fantástica y me gustaba sentarme y pensar que yo, al igual que aquella actriz argentina de la que había leído, también elegiría a Cusco como mi ciudad preferida para regresar.

 

Cusco, Perú

 

Quizás por pena, por unirse a la causa o un poquito de ambas, Arthur me compró cuatro panes/piedras cuando regresé al camping. Arthur era un delgaducho y alto muchacho polaco de claros ojos tras unos grandes lentes y tupida barba rubia que le invadía casi toda la cara, y era de esos trotamundos natos, que tienen el pasaporte lleno de sellos de todas partes del mundo. Él viajaba en su combi transformada en una casa, junto a su novia Yana, una bellísima rusa y Rosita, la perra adoptada durante el viaje.

 

Enseguida nos llevamos bien con los tres, especialmente con Rosita que no paraba de correr enloquecida y como toda cachorra por todo el camping durante horas, persiguiendo a las gallinas de Oli. Una noche, Arthur, con su español-inglés y su simpático acento, nos invitó a tomar algo, por lo que decidimos conocer la noche de Cusco.

 

La noche de Cusco, Perú

 

Primero fuimos a Tiki Bar, donde nos sirvieron unos fuertes tragos en unos rústicos vasos mientras un muchacho de estilo muy rockero, entonaba algunos clásicos con su viola. Aparte de la belleza que irradiaba, Yana era una genio en todos los aspectos. Estudiaba a distancia mientras viajaba y había vivido en cientos de lugares alrededor del mundo. Fue fácil hablar con ella a pesar de alguna que otra traba idiomática, porque era una mujer que había viajado mucho y entendía perfectamente cómo me sentía en cuanto a todo lo que estaba viviendo en éste, mi primer viaje.

 

Tiki Bar, en Cusco, Perú

 

La noche se tornó más activa cuando nos dirigimos a un segundo bar y tomé el famoso Pisco Soul, preparado con Pisco, la bebida blanca típica de Perú y un huevo batido. Les advierto sobre ella: es un camino de ida. Al primer sorbo me pareció espantosa, pero al terminar el vaso era lo más rico que había probado en toda la noche.

 

Así terminamos en una pequeña disco, saltando los cuatro al son de una música bailable, completamente descocados y continuando con la degustación del pisco peruano.

 

Y para concluir la noche, Arthur (quizás… sólo quizás... llevado por los ambiguos efectos del alcohol :rolleyes: ) propuso convertirse en guía turístico para llevarnos a recorrer las ruinas del Sacsayhuaman en un tour nocturno.

 

Así fue como infiltrándonos furtivamente por debajo de barreras cerradas y algunos cercos, recorrimos parte de las ruinas a la luz de la luna y rodeados de un silencio tal que me erizaba los pelos. Vale decir que no veía nada y sólo fui dando tropiezos con rocas mientras íbamos saltando restos de muros y subiendo por antiguas escaleras, pero aun así, la experiencia fue única e inolvidable.

 

Esa noche me desplomé en la carpa y sólo quería dormir hasta las 3 de la tarde del día siguiente, pero un inesperado mensaje me despertó exactamente a las 8:26 de la mañana. Aquellas dos palabras que conformaban el mensaje me descolocaron del mundo completamente. “Nació Jade”

 

Recuerdo aún como unos pocos días antes de salir de La Plata, recibí una llamada de Celeste, una de mis tres mejores amigas de la infancia, que con voz tímida y entrecortada me decía que… iba a ser tía!! Durante todo el viaje fui recibiendo fotos de una barriga cada vez más grande y al fin la pequeña Jade, la primera hija de mis amigas más cercanas había nacido.

 

Había dos cosas que me generaba esto. Primero, por supuesto, una felicidad increíble, una sensación extraña por la llegada de un bebé a nuestro círculo de amigas, algo que era una novedad completa. Y segundo, una gran tristeza por no poder estar allí. Y nuevamente, me vi arrastrada por esas olas de depresión y desesperación que había experimentado ya incluso antes de cruzar a Bolivia.

 

 

Lo que estaba viviendo era increíble, una experiencia que me quedaría grabada para siempre, pero era difícil para mí obviar el hecho de que también me estaba perdiendo de momentos únicos en la vida de mis seres queridos que no se repetirían. La mudanza con su novio de una de mis amigas, la llegada de este bebé, la dolorosa separación de otra amiga…. Eran todos sucesos críticos, importantes y yo…estaba a miles de kilómetros de ello. Y a esto se le sumaba mi fracaso económico. Concluí que estaba intentando nadar contra la corriente y que todo el Universo me estaba mandando señales de que ya no podía seguir viajando. Llegué incluso a averiguar pasajes de avión desde Cusco a Buenos Aires y le planteé a Martin que ya no podía seguir viajando. Pero son en momentos como esos en los que de verdad valoro tener a este buen compañero a mi lado en este viaje. Martin sólo me abrazó, me dijo que estaba loca y me consoló con sus sabias palabras, calmando un poco mi consternación.

 

Y a la mañana siguiente, para realmente asegurarse de que seguiría viaje con él, sacamos las entradas para el legendario Machu Pichu :P

 

Cusco, Perú

 

 

 

Les dejo el álbum de esta bellísima ciudad, espero que la disfruten tanto como yo lo hice :)

 

 

 

 

 

 

Hay varias preguntas que se fueron repitiendo a lo largo del viaje, de quienes nos vamos cruzando por el camino: ¿De dónde vienen? ¿Cuántos kilómetros llevan hechos? ¿Cuánto tiempo? Y ¿Cuál fue el lugar que más les gustó? Para responder ésta última, no tengo ni un dejo de duda: mi lugar favorito en Suramérica es la Reserva Madre de Dios, en la amazonia sur de Perú. <3

 

Decir que aquel lugar, en el corazón de la selva peruana me fascinó, me queda chico.

 

Sin embargo, cuando ingresamos a Perú, ni siquiera sabíamos de la existencia de este lugar. Después de todas las complicaciones que se nos presentaros para salir de Bolivia, por un documento extraviado y muchas corridas, sumado a todos los roces que veníamos teniendo hasta el momento con el país, honestamente llegamos a la frontera con un mal humor importante. :mad:

 

Y para esta altura del viaje, en consecuencia de ello, había aprendido una lección muy importante, el trato que se recibe del otro mientras se viaja, es crucial.

Nunca me gustó relacionarme directamente con personas. Sé que puedo sonar como una ermitaña, pero la verdad es que siempre preferí tratar con animales. En este viaje aquello fue una gran prueba para mí, porque quisiera o no, tendría que contactarme con otros seres humanos, y fue entonces cuando aprendí que cuando se viaja, sobretodo en otros países donde no se conocen las costumbres, los ritmos de vidas (ni decir si no hablamos el mismo idioma), uno depende mucho de la relación con otras personas y se encuentra más vulnerable o sensible a la actitud de los demás :unsure:

 

Unas palabras de ánimo o, por el contrario, unas palabras hoscas o agresivas pueden marcar una diferencia sustancial. El mal trato, la poca voluntad de darnos una mano o simplemente que pasaran de nosotros durante nuestra estadía en Bolivia, habían terminado por desgastar nuestro ánimo. Pero cuando ingresamos finalmente a Perú, y el empleado de aduana nos dio la bienvenida con una sonrisa, su trato fue tan cordial que tenía ganas de abrazarlo. Así que, ya lo saben, si alguna vez se cruzan con un viajero, eviten la mala onda, a veces un simple saludo y una sonrisa pueden hacer sentir más cómodo a un extranjero de lo que parece.

 

Llegando a Perú! :)

 

Aun así y antes de continuar, es importante que aclare que esta sensación que me quedó de Bolivia fue transitoria. Luego, y viéndolo desde un punto de vista más distante, entendí que cada país puede ser un mundo completamente distinto a lo que se está acostumbrado y, algo muy importante que también aprendí es que lo que uno considera que esta bien o dentro de los parámetros de “normalidad” no es universal. Bolivia es un país sumamente interesante, al cual admiro por mantener tan vivas las costumbres de los pueblos que antiguamente habitaban estas tierras (algo que no se ve mucho en Argentina) y que posee una historia y una cultura muy rica. Uno sólo debe entender que es el invitado y debe adaptarse. ;)

 

Entonces, entramos a Perú. Sólo avanzamos unos 130 kilómetros hasta que llegamos a Puno, la ciudad peruana ubicada a orillas del Lago Titicaca. Siempre que ingresábamos a un país nuevo, yo sentía las mismas cosquillitas en la boca del estómago, una mezcla de ganas de conocer todo y algo de incertidumbre, y así me sentí durante los primeros kilómetros.

 

Puno, a orillas del lago Titicaca

Puno

 

Nos detuvimos en Puno únicamente para hacernos de un valioso mapa carretero que nos guiara por aquellas nuevas rutas (que enseguida notamos que eran muchísimo mejores que las de Bolivia). En el centro de turismo nos llenaron de folletos y así, con nuestros bolsillos llenos de información seguimos viaje.

 

Puno, a orillas del lago Titicaca

 

En este tramo hay que admitir que el paisaje es un tanto desértico. Sólo extensos y llanos campos se extendían a nuestro alrededor y cada tanto debimos atravesar algún que otro pueblito. Pero no pudimos avanzar mucho porque una inminente tormenta se formó en el cielo con grandes nubesotas negras y amenazadores relámpagos. :wacko:

 

Nos detuvimos en una gasolinera, donde nos ofrecieron un cuartito que tenían improvisado con cama y todo, para no pasar la tormenta en la carpa (amo a los peruanos ^_^ ). Esa noche, mientras el cielo rugía y el viento soplaba con fuerza colándose por los cientos de recovecos de nuestra precaria habitación, y con linterna en mano chequeamos la información que nos habían brindado en Puno y fue entonces cuando descubrí la existencia de Tambopata. Con sólo ver un par de fotos quedé emocionadísima y esa lluviosa noche cambiamos nuestra ruta planeada: Antes de ir a Cuzco, haríamos un desvío hacia la selva.

 

Y por Dios que valió la pena.

 

Con sólo desviarnos unos pocos kilómetros en dirección este, el paisaje cambió radicalmente. Ahora avanzábamos por una sinuosa carretera, la Ruta 30C , que corría por un valle escoltado por unas montañas eeeenoormes tapizadas de una vegetación aterciopelada color verde musgo.

 

Camino a Tambopata

 

Fue tan sorprendente aquel brusco cambio de paisajes que Martin y yo estábamos exaltados señalándonos las cumbres más altas o las particulares formas de los riscos (a los gritos, porque somos muy pobres para acceder a cascos con intercomunicadores :big-grinB: ). En el cielo, las nubes se desplazaban pesadamente, rozando las puntas de aquel enorme cordón de roca.

 

Camino a Tambopata

 

Y cuando aún no podíamos salir de nuestro asombro, la cosa se puso muchísimo mejor. De repente ella hizo su aparición, con toda esa energía que la caracteriza: La selva explotó delante de nosotros.

 

Por la amazonia de Perú, camino a Tambopata

 

Las enormes montañas antes apenas tapizadas con unos bajos arbustos, de repente estaban invadidos de una tupida selva que se apoderaba de todo, desde a base hasta la cima. Las lianas y las ramas de los árboles, las largos pastos y las matas se asomaban sobre la carretera como reclamando territorio.

 

Por la amazonia de Perú, camino a Tambopata

 

Y las aves! Oh! ¿Cómo explicarles…? La emoción…. La emoción que sentí en mí cuando escuche aquellos cantos de aves que jamás en mi vida había escuchado fue lo más hermosos que viví en mis 27 años.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

Las oropéndolas cruzaban volando por delante de la moto, con su intenso color negro y su cola amarilla radiante, y a lo lejos un grupo de guacamayos azules se amontonaban en la copa de un árbol haciendo un barullo estruendoso.

 

Por la amazonia de Perú, camino a Tambopata

 

La humedad se volvía bastante sofocante a medida que nos internábamos en la selva, y las chaquetas comenzaban a pegársenos a la piel. Pero yo estaba tan maravillada que ni ese calor me molestaba.

 

El viaje hasta la Reserva Madre de Dios nos llevaría dos largos días atravesando la amazonia peruana. La primera noche nos detuvimos a unos metros de un arroyo que corría por entre un extenso llano rocoso.

 

Por la amazonia de Perú, camino a Tambopata

 

A la mañana nos azotó una densa lluvia selvática que nos mantuvo prisioneros dentro de la carpa hasta casi el mediodía.

 

Por la amazonia de Perú, camino a Tambopata

 

El segundo día, armamos campamento en un claro que se abría al costado de la ruta y que terminaba abruptamente en una caída vertical de algunos metros de alto. Inmediatamente después comenzaba la selva, como una maraña de lianas, arbustos, y verde que nacía por todos lados. Unos roncos rugidos provenientes del interior de la selva nos sorprendieron en aquel lugar y nos animamos a bajar algunos metros para descubrir que era una gran familia de cerdos salvajes alimentándose en un pantano.

 

Por la amazonia de Perú, camino a Tambopata

El tercer día de viaje arribamos finalmente a la ciudad de Puerto Maldonado, capital de la región, situada en medio de la espesa selva. Algo sofocados y luego de algunas indicaciones, tomamos el corredor turístico Isuyama-Bajo Tambopata que se aleja de la ciudad y se interna directamente en la Reserva Madre de Dios. Este camino comenzaba siendo de piedras y luego se convertía en una verdadera pista de obstáculos de barro y grandes charcos. Con la moto cargadísima, la situación se volvió algo tensa, sobre todo cuando debíamos cruzar endebles puentecitos de madera que cruzaban pequeños arroyos.

 

Grafitti de Puerto Maldonado

 

Al costado de este corredor turístico fuimos cruzándonos con diversos campings o alojamientos que integran la Red de Conservación del Bajo Tambopata, pero con uno u otro nos encontrábamos con algún impedimento: o no tenían agua, o los precios de alojamiento superaban nuestro presupuesto. Frustrados llegamos hasta casi el final de esta carretera, donde al querer girar para pegar la vuelta nos fuimos de lleno al piso. :wacko:

 

Ya estaba bastante de mal humor, con MUCHO calor y con un gran moretón en la rodilla, cuando finalmente y retrocediendo algunos kilómetros nos cruzamos con el lugar PERFECTO.

 

El Parayso es, técnicamente hablando, una de las Áreas de Conservación Privada (ACP) de la Reserva Madre de Dios que están incluidas en esta Red de Conservación que nombraba antes. Son 16 hectáreas de este bosque amazónico que pertenecen a una bella familia y que se encuentra abierto al público, con el objetivo de conservar y recuperar los bosques.

 

Percy Balarezo es el responsable de esta iniciativa, y él nos recibió cordialmente cuando arribamos con la Honda. Ese hombre tiene una calma y una paz interior tan perceptible que en el mismo momento que me saludó sonriéndome con una bonachona sonrisa que le ocupó casi toda la mitad de su cara, mi mal humor se esfumó automáticamente.

 

Y junto a Percy, apareció un increíble personaje, saltando de rama en rama y curioso de nuestra llegada. Un simpático mono solitario que vivía por los alrededores saltaba de un lado para el otro extasiado por nuestra presencia. Cuando lo vi aparecer por entre las copas de los árboles casi se me cae la mandíbula de la sorpresa que me llevé. Aquel pequeñín tan simpático y curioso se acercó con tal confianza que hasta pude tomarlo de la mano y mi felicidad era tan, pero tan grande que hubiera podido saltar por entre las copas de los árboles igual que él.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

El Parayso se encuentra a la altura del kilómetros 4,6 del corredor turístico, sobre la costa del río Tambopata, y Percy había construido varios bungalows sobre un risco que se elevaba sobre el río. Nos permitió armar la carpa en la galería de entrada de uno de ellos y utilizar el baño, al precio del camping (obviamente hospedarse en el bungalow tenía otro costo).

 

Nuestro bungalow en Parayso

 

Hacía muchiiiisimo calor y la humedad era pesadísima. Y todos los que me conocen saben que odio el calor. Pero aquel lugar era tan increíble, tan lleno de vida que ni siquiera eso podía opacar mi alegría.

 

Si existe el edén en algún sitio…. Claramente es allí. Un débil sendero de tierra cercado por altos árboles y arbustos conectaba las construcciones, inmersas en el bosque y mientras uno caminaba, decenas de veloces lagartijas de colores verdes y amarronados se escondían rápidamente entre la hojarasca.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

Por las mañanas mientras una espesa bruma emergía de la tierra y se desplazaba sobre el rio, uno podía recolectar naranjas directamente de los árboles frutales que Percy tenía en el terreno y hacerse un vitamínico desayuno natural y los atardeceres en aquel lugar, con el sol ocultándose y bañando de una intensa luz el rio, eran la gloria.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

Cuando caía la noche todo quedaba a oscuras, pues la electricidad no llega hasta estos lares, por lo que sólo nos alumbrábamos con algunas velas que Percy nos alcanzaba. Y así cenábamos, a la luz de las velas, oyendo la melodía de cientos de grillos alrededor y deslumbrándonos con el reflejo de la luna sobre el río que corría delante de nosotros. Una noche, además, tuvimos la sorprendente visita de unos monos nocturnos. Toda una familia de pequeñas bolas de pelos de largas colas pasó frente a nuestras narices brincando por los árboles y esa noche casi ni podía dormirme de la dosis de felicidad que tenía en mi :big-grinB:

 

El Parayso hace honor a su nombre.

 

Habíamos planeado quedarnos sólo dos noches, pero aquel lugar rebosa de tanta belleza natural y la calma que se respira allí es tan única, que extendimos un tiempo más nuestra estadía porque sabíamos que difícilmente volveríamos a pisar un sitio similar a aquel.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

Solíamos visitar la ciudad de Puerto Maldonado aunque yo sufría muchísimo esas visitas porque estábamos tan lejos que debíamos manejarnos con los “toritos”. Este transporte no es más que una moto reformada, en cuya parte trasera tiene una estructura cubierta, con un asiento para dos. A modo de taxi, estos pequeñas moto/autos invadían las calles de Puerto Maldonado y era lo más económico que podíamos tomar para ir de un lado a otro. Cuando volvíamos por el corredor turístico yo creía que iba a morir en cada curva. Los toritos van a toda velocidad, dando tumbos y casi saltando sobre el camino y yo iba aferrada con uñas y dientes al asiento sintiendo que iba a salir propulsada en todo momento.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

Frente a Parayso, cruzando el corredor turístico se abría un angosto sendero que el propio Percy había abierto entre las matas, con un machete, y que nos invitó a recorrerlo.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

Corriendo lianas y ramas fuimos avanzando por el sendero, algo despreocupados hasta que un grito ahogado de Martin al ver que una enorme serpiente amarilla y naranja (nunca olvidaré esos colores) de metro y medio se deslizaba tranquilamente justo por el medio de sus pies, nos puso alerta de que debíamos estar atentos a cada pisada.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

Al regreso de la caminata un aliviador chapuzón en el río era la mejor manera de finalizar un caluroso día.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

Irme de Madre de Dios me costó muchísimo. Sé todo eso de que “hay que seguir viaje” y “nos queda mucho por recorrer”, pero la conexión que tuve con aquel lugar fue algo que nunca había sentido. Agradecí enormemente a Percy por permitirnos disfrutar de toda esa naturaleza y de alojarnos y prometí volver algún día.

 

Y no tengo la menor idea de que algún día regresaré a aquel Parayso porque sin lugar a duda, la Reserva Madre de Dios ocupa el primer lugar en mi lista de mejores lugares del viaje.

 

Reserva Madre de Dios, Tambopata, Perú

 

 

 

No dejen de ver el resto de las fotos que escogí para compartir con ustedes de este PARADISÍACO lugar en el mundo! :big-smil:

 

 

 

 

 

 

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