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  1. 4 points
    Portugal, es uno de los países más económicos de Europa, tiene destinos ideales para planificar una escapada de fin de semana y también opciones para quienes deseen dedicarle más días. Cuenta con ciudades antiguas y otras que combinan un casco antiguo con una elegante parte moderna. Además tiene varias playa y una rica gastronomía. Entre sus destinos principales se encuentran... Lisboa Todos los viajes suelen empezar por las capitales, por lo que no es una mala idea empezar a conocer este país por su ciudad más importante. Es una ciudad vibrante con un rico patrimonio histórico, barrios cargados de historia, monumentos y sus características fachadas de azulejo. Entre los puntos imperdibles de Lisboa, se encuentra la Plaza del Comercio, la más importante de la ciudad la cual funcionó en el pasado como puerta de la ciudad para el comercio marítimo, para conocer el lado bohemio de la ciudad el sitio a donde ir es el Barrio Alto. Un viaje por Lisboa no estaría completo sin antes visitar el Parque de las Naciones, la zona donde se desarrolló la exposición de 1998. Es una zona bien distinta ya que se caracteriza por ser moderna y con muchos espacios abiertos. Oporto Oporto es la segunda ciudad más importante de Portugal, luego de Lisboa. Es un destino muy elegido por los españoles que suelen tomarlo como destinos para escapada de fin de semana. Por la belleza de sus calles elegantes y estrechas y sus barrios ha sido declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Uno de los puntos más importantes de la ciudad de Oporto, es la Plaza de la Libertad la cual conecta a la parte antigua de la ciudad con la parte moderna. A la hora de hacer compras, no puede faltar un paseo por la Rua Santa Catarina, una de las principales arterias comerciales. Para los amantes del café una parada casi obligada es pasar por Majestic, un elegante café que forma parte de la historia de la ciudad ya que fue inaugurado en los años 20, sentarse allí es sentirse parte de la historia de la ciudad. Algarve Se trata de un paraíso de Portugal que cuenta con playas de ensueño, pueblos pesqueros y un paisaje impactante. En la actualidad, es considerada como la región más turística del país, se encuentra al Sur del pais y abarca un pocos más de 150 kilómetros. Lo más característicos son sus costas con formaciones rocosas únicas. Tavira Uno de los destinos de playa más tradicionales del país es Tavira ubicado en la parte oriental del Algarve. Es un sitio de calles empedradas rodeadas de varios cafés y restaurantes familiares. Se caracteriza por un ambiente relajado ideal para disfrutar del descanso en las playas. Óbidos Óbidos se encuentra al Norte de la ciudad de Lisboa, es considerado como uno de los pueblos más bonitos de Europa, se encuentra rodeado por murallas del siglo XV. Su paisaje de casas blancas, techos rojizos junto con balcones y terrazas cargados de flores cautivan la atención de los viajeros. La ciudad puede visitarse tranquilamente en el día, la distancia en autobus de aproximadamente una hora desde Lisboa. Sintra Sintra fue declarada en el año 1995 como Patrimonio de la Humanidad, es un sitio realmente imperdible por sus playas y también por su arquitectura. Un viaje por Sintra no estaría completo sin antes recorrer su caso histórico. La ciudad de Sintra puede visitarse en el día desde Lisboa en tren. La distancia entre ambas ciudades es de apenas media hora y tienen muy buena frecuencia, ya que los trenes suelen salir cada 20 minutos. Otra manera de conocer Sintra, es haciendo una excursión con guía, para de paso conocer más sobre la historia del lugar. Info útil para planificar un viaje a Portugal El tipo de clima es del tipo Atlántico Mediterráneo, se caracteriza por ser lluvioso y frío en el norte. El sur es completamente distinto, es seco y caluroso. Por lo que la mejor manera de planificar un viaje sería eligiendo primero la zona que se desea visitar y luego viendo la mejor época del año. Para quienes deseen disfrutar de la vida nocturna, las ciudades más animadas son Lisboa y Oporto ya que cuentan con varias opciones y atractivos nocturnos. La moneda oficial, al igual que varios países de Europa, es el Euro. En cuanto a la cocina, la gastronomía es principalmente mediterránea con influencias de la cocina árabe, española y brasilera. Los platos tienen como ingredientes principales, el pan, los aceites, especias, quesos y carnes. No hay que olvidar, que el país tiene una destacada tradición vinícola. Viajar a Portugal, es una excelente oportunidad para probar sus vinos, los cuales son el resultado de las tradiciones introducidas en la región por civilizaciones antiguas como los fenicios, griegos, romanos y cartaginenses. La tradición del vino en Portugal data de varios años atrás, puede decirse que fue en la época del Imperio Romano, cuando el país comenzó a exportar sus vinos. Portugal es uno de los destinos más económicos de Europa, a la medida que nos alejamos de las zonas turísticas podemos encontrar mejores precios. Un lugar imperdible para ir de compras son los mercadillos donde pueden conseguirse las populares toallas y vajillas características del país. El idioma oficial es el portugués. A la hora de escoger alojamiento podemos encontrar varias opciones, desde exclusivos hoteles de lujos hasta casas rurales, pensiones, campamentos al aire libre, departamentos y hoteles de todas las categorías. Portugal es un país muy religioso, todos los años se celebran importantes fiestas religiosas como el Carnaval y la Fiesta de la Flor en Madeiras. Otros días importantes para agendar para quienes deseen participar de las fiestas son el 25 día de abril día en que se conmemora la Revolución de los Claveles y el 1 de diciembre, el Día de la Independencia.
  2. 4 points
    Miami es un destino ideal para disfrutar de sus playas. Es además un destino que ofrece otras atracciones turísticas como por ejemplo visitar y conocer paisajes únicos como es el caso del Parque Nacional Everglades. Las mejores playas de Miami Uno de los principales motivos para visitar Miami, además de las compras, son las playas. Existen distintas alternativas... playas llenas de gente, playas solitarias...Hay opciones para viajes en pareja, solitarios y también para viajes familiares. Una buena opción puede ser conocer las cualidades de cada una de ellas y elegir varias para visitar durante el viaje. La más famosa, South Beach La playa más famosa de Miami, sin lugar a dudas es South Beach. Es la playa más popular también en el mundo del cine. Esta playa se ubica en Ocean Drive, en los alrededores pueden encontrarse un montón de servicios para pasar el día. Parque de Bill Baggs La playa de Bill Baggs se encuentra en el sur de Key Biscayne, donde se sitúa el famoso faro del Cabo de Florida. Es un lugar especial para disfrutar de los deportes como la natación y el surf. Se suman a las opciones de paseo, realizar una visita guiada al faro de Bill Baggs. Esa playa es ideal para los viajeros que buscan playas tranquilas y con menos cantidad de gente. Haulover Beach, la playa nudista Esta playa es conocida por ser la única playa nudista legal de Miami. es además un lugar ideal para la práctica de sur. Crandon Park, la playa familiar Para viajes en familia, en especial con niños, una excelente opción es visitar Crandon Park, se caracteriza por ser una playa plana, es decir, hay que caminar mucho para llegar a la parte más honda. Matheson Hammock Park Siguiendo con las playas familiares, otra opción perfecta es esta playa escondida en Old Cutler Road. La playa está formada por un grupo de atolones artificiales formando una piscina. Consejos para disfrutar de las Playas de Miami Al igual que cualquier destino de sol y playa, es recomendable llevar protector solar. Conviene alejarse de las zonas dedicas al surf ya que las tablas pueden llegar a ser muy peligrosas. Es importante prestar atención a las banderas de colores. Cuando hay tiburones cerca de las playas suelen ponerse dos banderas de color rojas juntas. Tarjeta de atracciones en Miami Al igual que muchas ciudades turísticas del mundo, Miami cuenta con un pase de atracciones, puede ser una buena opción para quienes deseen visitar varias atracciones además, tiene la ventaja de permitir saltar esperas. Con la tarjeta de atracciones se pueden visitar varios puntos turísticos como por ejemplo museos, casas de los famosos a bordo de un llamativo autobus barco, entre otras opciones más. La tarjeta puede comprarse por un día, por dos o por más cantidad de días. Una de las preguntas que suele surgir a la hora de comprar un pase de atracciones, es si resulta rentable comprar la tarjeta de atracciones, la respuesta es según... Depende del viaje que cada persona tenga planeado... Si la idea es visitar playas o hacer shopping no es la mejor opción pero puede ser muy rentable para quienes deseen conocer otros puntos turísticos o hacer excursiones a Cayo Hueso o Everglades. Parque Nacional Everglades Se trata de un espacio de 6000 kilómetros cuadrados, es la zona más salvaje de los Estados Unidos.Es un terreno pantanoso que parece no tener fin. Allí habitan varios animales exóticos, este espacio ha sido declarado como Patrimonio de la Humanidad, Reserva de la Biósferea y también como Humedal de Interés Internacional Cayo Hueso Los cayos son una cadena de pequeñas islas que se encuentran unidas por puentes. Situada al sur de Florida más cerca de Cuba se encuentra esta pequeña isla tropical que en el pasado supo ser refugio de piratas y pescadores.Hoy en día se ha convertido en un lugar muy turístico. Para quienes deseen conocer Cayo Hueso, se recomienda recorrerla a pie o en bicicleta. La mejor manera de llegar a Cayo Hueso es alquilando un auto en Miami. El paisaje durante los 250 kilómetros es único. Para quienes no deseen manejar, existe la posibilidad de contratar una excursión organizada. Más info útil ¿Cómo ahorrar en Miami? En los últimos años se ha convertido en una ciudad más asequible con opciones para todos los bolsillos, sin embargo teniendo en cuenta algunos consejos y trucos se puede ahorrar bastante dinero... Uno de los principales consejos es reservar tanto el vuelo como el hotel con la mayor antelación posible. Existen otras opciones de alojamiento para quienes no deseen hospedarse en hoteles, los departamentos tanto privados como compartidos suelen ser una opción más económica comparado con los hoteles. Las tarjetas turísticas permiten ahorrar bastante dinero, en especial si la idea es conocer varios puntos turísticos. Utilizar transporte público, en Miami existen más de 800 autobuses que recorrer la ciudad. Es importante tener en cuenta que un billete común de autobús vale un poco más de 2 dólares. En caso de utilizar varias veces al día el transporte público, se puede optar por un pase diario el cual suele rondar los 5 dólares, casi 6.. Para utilizar esta opción se debe comprar una tarjeta. Generalmente las rutas de los metrobus suelen operar las 24 horas del día, por lo que tomar el transporte público es una buena alternativa. ¿Cuándo visitar Miami? En cuanto a la temperatura, los mejores meses para conocer Miami son los meses que van de noviembre a mayo, ya que es la época de días cálidos pero que no llegan a ser extremadamente calurosos.
  3. 3 points
    Muchos creen que es fácil partir al extranjero para trabajar fuera por un tiempo (o quizá para siempre). Pero las cosas no son como en las películas ni como en Facebook. Allí mostramos nuestra mejor cara, la parte feliz. Nunca la parte mala, ni todo lo que pasamos para estar donde estamos. Así que aquí algunas cosas de la dura realidad para trabajar en el extranjero. Una cosa debe quedarnos en claro: EN TODOS LOS PAÍSES HAY DESEMPLEO. En algunos menos, en otros más. Así que no se puede esperar encontrar trabajo en un día. ¿Cuáles son los pasos para trabajar fuera? Bien, tenemos varias opciones. La segura y la insegura. La insegura es salir de nuestro país sin ninguna oferta ni plan a futuro. Llegar a nuestro destino y empezar a buscar. Pero he aquí el problema. Si llegamos solo con nuestro pasaporte entraremos en calidad de turistas. Legalmente no tendremos el permiso de trabajar. Y conseguir un permiso de trabajo una vez estando en el país será muy complicado. Sino pregúntenselo a todos los latinos que han cruzado la frontera hacia Estados Unidos. ¿Pero podemos trabajar sin permiso? Sí, pero solo obtendremos trabajos informales, y eso con mucha suerte. Un empleo sin contrato. Dígase camarero, servicios de limpieza, trabajador doméstico. Y si tenemos algún problema del tipo laboral no podremos defender nuestros derechos, porque legalmente no estamos aptos para hacerlo, sin mencionar que no podremos exigir un sueldo decente. Además, como turistas se nos dará un límite de tiempo de estancia de unos tres meses, dependiendo del país. Y si nos quedamos más tiempo del que nos dieron, al salir tendremos que pagar una multa nada barata. Se nos podrá deportar y se nos podrá negar la entrada al país en el futuro. Y si decidimos nunca salir, entonces seremos oficialmente inmigrantes ilegales. Y yo creo que a nadie le gustará saber realmente cómo es la vida de un ilegal en otro país. La forma segura es hacerlo con una visa de trabajo. Es el visado que nos permite laborar legalmente en territorio extranjero y lo podemos obtener en el consulado de nuestro país destino. ¿Cómo obtener un visado de trabajo? Debo advertir que puede no ser tan fácil. Entre todos los documentos (que pueden incluir grados de estudios, actas de nacimiento, cartas de antecedentes no penales, muchas veces traducidas al idioma nativo) se nos pedirá siempre un contrato de trabajo. Sí, debemos obtener un contrato en nuestro destino antes de salir de nuestro país. ¿Cómo hacerlo? No hay respuesta. Cada quien debe arreglárselas para conseguir el contrato. Buscando en internet, enviando CVs, cartas de motivación, usando contactos o conocidos en el extranjero. El proceso de búsqueda de trabajo en todos los países suele ser el mismo de siempre. Pero algunas empresas pueden ser más estrictas en sus requisitos. Por ejemplo, muchas veces algunos países no nos dejarán ejercer una profesión que no es la nuestra. En Estados Unidos casi nunca podremos dar clases si no tenemos un título en pedagogía, enseñanza o similar. O en Noruega no podremos hacer marketing si nunca estudiamos marketing. Así que si cumplimos los requisitos, logramos tener una entrevista online y la empresa nos acepta, ¡felicidades! El siguiente paso será que la empresa nos envíe una carta de aceptación o contrato, donde se especifique el tiempo por el que nos contratarán. Con ello podremos tramitar el visado en el consulado. Y cabe aclarar: los consulados siempre tienen el poder de decidir si nos otorgan o no el permiso. Si hay algo que no les parece de nosotros podrán negarnos la visa. Aun cuando la empresa ya nos haya enviado un contrato. Y esto es muy común con el Consulado de Estados Unidos. Finalmente, si hemos sido contratados y conseguido la visa no quiere decir que podremos vivir para siempre en el país. La visa de trabajo tiene una fecha de vigencia que coincide con el término del contrato. Luego de ello estamos obligados a salir. Si el empleador decide renovar nuestro contrato entonces podremos prolongar nuestra estancia en la oficina de migración. Y si nuestro objetivo es conseguir la ciudadanía, sepan que tomará algunos años. Aunque la forma más rápida será siempre casarse con un nacional, si en verdad encuentran el amor o arreglan un matrimonio por dinero (no lo hagan). Existen algunos programas que nos facilitan el trámite o nos pueden conseguir un contrato más rápidamente. Y de ellos hablaré después.
  4. 3 points
    La deshidratación y una terrible jaqueca fueron el resultado final de una noche de sábado en Lyngby, a las afueras de Copenhague. Una fiesta en una residencia estudiantil de Dinamarca me mostró que la fama de los daneses y el alcohol es más que certera. Con la cabeza dando vueltas e intentando recuperar mis fuerzas con una botella de electrolito, fue como tuve que tomar un tren hacia la capital, donde cogí un autobús que me llevó 150 kilómetros hacia el oeste, hasta la isla de Fionia, unida a Selandia por el puente del Gran Belt, el tercer puente colgante más largo del mundo. Pocos kilómetros de tierra y agua separan a Dinamarca y al continente europeo de la península escandinava. La construcción de estos puentes colgantes significan una increíble reducción de tiempos y costos de transporte. Así que no fue necesario tomar un ferry hasta Fionia, y el bus me llevó directamente hasta Odense, capital de la isla. Odense es la tercera ciudad más grande del país. Mis saberes sobre ella eran vagos, pero su cercanía a Copenhague la hacía un destino atractivo. Además, no quería irme de Dinamarca habiendo visitado solamente su capital. A pesar del miedo que había en mí nacido por los altos costos de los países nórdicos, el transporte resultó más barato de lo esperado. Las distancias en Dinamarca no suelen ser muy grandes. Aunado a ello, las carreteras sin peaje son parte del estado de bienestar danés, uno de los muchos beneficios que el gobierno proporciona a sus habitantes. Cerca de las 7 pm el bus me dejó en una carretera en el sur de la ciudad. Mi anfitrión, Liron, me había mandado la ubicación de su casa. Otra vez, se trataba de una residencia estudiantil, junto al campus principal de la universidad de Odense, donde estudiaba letras y enseñanza de la lengua inglesa. Ya que el sol de primavera me sonreía con esmero (a esa latitud la luz solar se esfuma a las 9 pm en abril), decidí caminar hasta el campus, paseándome entre verdes senderos y tranquilos vecindarios. A mi arribo, parecía que volvía a la residencia que me acogió en Lyngby. Esta vez no estoy preparado para una fiesta universitaria, me dije. La resaca era suficiente como para querer solamente recostarme y descansar. Por fortuna, era domingo, y Liron me recibió con una cena que había preparado para sus compañeros de piso, quienes se disponían a disfrutar tranquilamente del clásico europeo: Barcelona contra Real Madrid. No había señales de cervezas que amenazaran mi sosiego. A la mañana siguiente el cielo despertó con furia, y dejó caer la lluvia sobre toda la isla de Fionia. Ni siquiera Liron quiso acudir a su clase matutina para no empaparse en el corto camino. Pero el sol de mediodía hizo de mi visita a la ciudad algo que valiese la pena. Y ya que Liron partiría a sus clases, no dudó en dejarme una de las bicicletas de la residencia para permitirme conocer Odense sobre ruedas. La avenida principal que conecta el campus universitario con el centro de la ciudad me mostró a sus orillas construcciones de ladrillo cobrizo que forman parte característica de la arquitectura danesa. Las iglesias de corte protestante construidas del mismo material dejaban al desnudo la fuerza que la reforma de Lutero trajo hasta la península varios siglos atrás. Al cruzar el río Odense, que atraviesa la ciudad de norte a sur, me adentré en su casco histórico, recibido por el Adelige Jomfrukloster, un antiguo convento que hoy pertenece a la Universidad del Sur de Dinamarca. Aunque Odense es una de las urbes más antiguas de Dinamarca (con más de mil años de haber sido fundada), sus edificios no conservan mucho de la historia medieval que vio nacer a la ciudad. En cambio, la mayoría de sus casonas permiten a uno viajar de vuelta al siglo XVI, época en que fueron edificadas. Muchas de las casas de la calle Overgade, por donde comencé mi andar, han convertido su vestíbulo en negocios que ofrecen a los turistas platillos, cafés, souvenirs e incluso museos. Overgrade fue la mejor manera de adentrarme a Nedergade, la zona del centro histórico donde, aunque se permite el tránsito de vehículos, conserva mucho más la esencia de la antigua Odense. La totalidad de las calles en Nedergade están adoquinadas, y es a veces difícil diferenciar la acera de la propia rúa. Al final uno quiere pasearse por cualquiera de las vías que en ella encuentra. Pero Nedergade se distingue sobre todo por las bellísimas casitas de madera que lucen sus magníficos y vivos colores, incluso en un día nublado como aquel. Las fachadas bajas con ventanales en madera, tejados triangulares en picada y áticos con chimenea hacían del centro de Odense un verdadero pueblito de cuentos. Y no era de extrañarse que aquella villa de ensueño hubiera inspirado algunos de los cuentos infantiles más célebres en el mundo. En mi caminar por Nedergade me topé con la casa más famosa de todas. El lugar que había visto nacer y crecer a Hans Christian Andersen. Aunque a los 14 años Christian Andersen habría de partir a Copenhague para intentar convertirse en un cantante de ópera, el mundo entero lo recordaría como el mejor escritor de cuentos infantiles de la historia. Si “El patito feo”, “La Sirenita”, “El soldadito de plomo”, “La reina de las nieves” y “El ruiseñor” traen a nuestra mente pasajes de nuestra infancia, se lo debemos todo a este enorme poeta y escritor que Odense tuvo la fortuna de acoger. Se dice que muchos de los cuentos escritos por Andersen fueron inspirados en la mitología nórdica. Aunque es verdad que sus múltiples viajes y amoríos con hombres y mujeres pudieron inspirar varios de sus pasajes. Suecia, Alemania, Turquía, Italia, Grecia y Malta fueron algunos de los sitios que el autor pudo visitar, a pesar de haber nacido en una pobreza casi extrema. Odense presume así hoy un museo entero dedicado a Hans Christian Andersen, que aunque está dirigido sobre todo al público infantil, es capaz de cautivar a cualquiera. Finalmente, seguro que alguno de los cientos de personajes creados por su imaginación y llevados a la televisión, cine y teatro, forman parte de nuestros recuerdos de la niñez. Las callejuelas de Nedergade me transportaron sin duda a alguno de sus cuentos. Quizá a “Las zapatillas rojas” o “El soldadito de plomo”. Pero Odense era por sí misma una ciudad que me hacía crear mi propio cuento en mi cabeza. Al cruzar hacia la parte oeste del casco antiguo el centro se convirtió en una enorme zona peatonal, que fue cambiando poco a poco el paisaje circundante. La zona de Vestergade es el área comercial del centro, donde las tiendas de ropa, restaurantes y comercios crean una atmósfera menos fantástica, pero todavía cálida y amena. El palacio del ayuntamiento y las oficinas del gobierno de Fionia se encuentran en su mayoría en este sector, conservando la arquitectura de ladrillos tan típica de Dinamarca. Y no había mejor ejemplo para ello que la catedral de San Canuto, una de las catedrales góticas más grandes de toda Europa. Aunque Dinamarca, al igual que el resto de los países nórdicos, no posee una enorme población católica, los vestigios de Roma y el papado siguen presentes hasta el día de hoy. Un buen hot dog al estilo danés, con pepinillos y salsa Remoulade, fue una excelente forma de aliviar el apetito, para luego dar un último paseo por Nedergade y sus casas encantadas. Me había quedado de ver con Liron después de sus clases en un supermercado central. Era mi turno de comprar los ingredientes para cocinar la cena para él y algunos de sus compañeros de piso. La sorpresa me la llevé cuando Liron no me dejó comprar nada, más que algunas bolsas de nachos para preparar mis chilaquiles. La mayoría de los ingredientes él los tenía en casa, y los que faltaban estábamos a punto de conseguirlos gratis. Cuando una parte de mí creyó que Liron estaba sugiriendo robar el supermercado, el shock se hizo todavía más fuerte al observar la siguiente escena. Liron se sumergió en el contenedor de basura en la parte trasera de la tienda, y comenzó a sacar productos caducados y a meterlos a su mochila. Se llama dumpster diving —me dijo—. Lo hacemos todo el tiempo mis amigos y yo. El dumpster diving era una práctica que sin duda había visto antes. En indigentes, personas pobres, niños trabajadores o drogadictos. Pero no era algo que me esperar de un grupo de estudiantes universitarios en Dinamarca. Los supermercados siempre tiran todos los productos caducados —Liron insistió en explicarme—. La verdad es que la mayoría de esos productos todavía son comestibles y están en muy buen estado de calidad. Mi mente no entendía qué necesidad tendrían aquellos chicos de comer cosas de la basura. Si algo me había sorprendido de Dinamarca era el esmero de su gobierno en preservar su estado de bienestar social. Los daneses pagan el mayor porcentaje de impuestos del mundo, casi de un 50%. Aquello le da a sus ciudadanos carreteras sin peaje, permisos de maternidad pagados de un año, salud pública, gratuita y de calidad para todos, subsidios de vivienda, desempleo, retiro de la vejez y una de las mejores educaciones del mundo entero. Cada estudiante mayor de 18 años (incluidos Liron y sus amigos) recibe 5,384 coronas danesas al mes (alrededor de 725 euros). Eso, sumado a que la universidad es gratuita, me hacía dudar seriamente sobre por qué necesitaban comer de la basura. Hacer el dumpster diving significaba para Liron y sus amigos no solamente ahorrar varias coronas danesas al mes, sino una manera de ayudar al planeta y disminuir el desperdicio de comida. Parecía que aquellos chicos habían entendido muy bien a su edad la fortuna de la que gozaban al vivir en Dinamarca, y desperdiciar comida los hacía sentir culpables de la pobreza que desafortunadamente muchos otros países atraviesan. Dinamarca es quizá el único país en donde la población ha protestado en contra de bajar los impuestos. Los daneses prefieren seguir pagando altos impuestos con tal de mantener su estado de bienestar. Eso demuestra la plena confianza que los ciudadanos tienen en su gobierno. Sin poner en duda las decisiones que vi aquella noche, preparé por primera vez una cena con productos caducados extraídos directamente de la basura. Y sobreviví a ello. Me atrevo a decir que el sabor y la calidad no fue nada desagradable, incluso la del pollo y el yogur que comí de postre. Superado la prueba, Liron me llevó con uno de sus amigos a disfrutar de mi última noche en Odense, bajo el calor de un bar local y acompañados de cerveza artesanal fabricada en la propia ciudad. Dinamarca me había sorprendido, no solo con su excelente calidad de vida, sino con la excelente calidad de sus anfitriones. Y aunque comer de la basura no fue algo que hubiese esperado, demostró todavía más que los daneses son personas increíbles. Ahora me tocaría descubrir las otras caras de Escandinavia. Los países nórdicos aguardaban por mí con más sorpresas bajo el cielo nórdico.
  5. 3 points
    Muchos dicen que la parte más dura de un viaje es siempre volver a casa. Pero mi experiencia me ha demostrado que la parte más difícil son las despedidas. Dejar atrás una ciudad que me dio cobijo y trabajo por varios meses no fue algo fácil de enfrentar. Si bien es cierto que luego de decenas de experiencias en Couchsurfing y más de una veintena de países visitados, despedirse de un sitio sin saber si volveré a él es algo a lo que todavía no logro acostumbrarme. Pero decirle adiós a Lyon, al colegio Jean Perrin o al río Ródano y sus tardes de vino, no se comparó con la amargura de decirle adiós a mis amigos. Un puñado de personas de varios rincones del mundo que seguirían procurando en Lyon una forma de vida permanente. Yo por mi lado, debía partir. Con un mes y medio por delante antes de coger mi vuelo a México, mi siguiente viaje estaba planeado, dejando como siempre una pizca a la aventura y a la incógnita que da a cada travesía el enigmático entusiasmo que merece. Mi tren me llevó hasta la Gare de Lyon de París, donde permanecí un par de días con mi buena amiga Danya, quien vivía entonces con su novio Julien en los suburbios de La Défense. Tras depositar mi valija en sus aposentos, una mañana de abril me despedí de ella y de Julien, prometiendo volver en poco más de un mes, luego de mi andar por el norte europeo. Desde los hangares del Charles de Gaulle mi vuelo partió hasta un aeropuerto en la isla Amager, ubicada justo en el estrecho que conecta al mar del Norte con el mar Báltico. Es el aeropuerto principal que sirve a Copenhague y a la ciudad sueca de Malmö. Aquel día, yo tomé un tren hacia la isla de Selandia, donde Copenhague sería mi primer destino por visitar en los rincones de Escandinavia. Había varias razones por las que los países escandinavos habían sido mi elección final. La primavera había llegado, y con ella la esperanza de toparme con un clima mucho más cálido que me permitiera recorrer los países nórdicos con calma y regocijo. También, era de mi conocimiento lo excesivamente caros que pueden ser aquellos rincones de Europa para alguien como yo. Y con los euros que había logrado ahorrar en Francia, sabía que era el momento ideal de disfrutar del norte sin padecer hambre ni penurias. Y aunque al dejar el avión y coger mi tren en el aeropuerto el cielo me mostró un frío y nublado clima, mi promesa ilusoria seguiría depositando mi confianza en ver salir el sol sobre la península danesa. Un grupo de niños no dejó de mirarme en todo el recorrido dentro del vagón. Sus murmullos en un idioma totalmente ininteligible a mis oídos no me daban pista alguna sobre su conversación. Un turista dirigiéndose a Copenhague no podía ser una gran sorpresa para ellos. Pero el pasmo vino a mí cuando una anciana señora se me acercó al salir del tren en la estación central. Disculpe, mis niños dicen que es usted un famoso jugador de fútbol. ¿Es verdad? —preguntó esperanzada hablando un extraño inglés—. ¡It’s Alexis Sánchez! —gritó uno de los pequeños—. La reacción inmediata de todos a mi alrededor fue voltear estupefactos a observar la escena. ¿Qué haría Alexis Sánchez viajando en un tren a Copenhague, solo y con una vieja mochila al hombro? —me pregunté—. Sin guardias de seguridad, sin ropa deportiva, sin la prensa asediando y sin el Club Arsenal FC a su lado (con el cual jugaba en aquel entonces). Por unos segundos me quedé inmóvil, sin palabra que emanara de mi boca, mirando fijamente y con ternura al grupo de niños, a los que no quería romperles el corazón, romper el sueño de conocer a uno de sus héroes en la central de trenes de su mismísima ciudad natal. Me llamo Alexis —contesté, mirando a los ojos al pequeño del que emanó el grito—. Pero no me apellido Sánchez, ni soy jugador de fútbol. Estoy seguro de que un día lo conocerás. Al ver a los niños partir tomados de las manos, por un minuto pensé que quizá debí darles mi autógrafo y hacer de aquel uno de los mejores días de su vida. Pero vamos, que aquello había ido demasiado lejos. Decir que me parezco a Alexis Sánchez luego de saber que me llamo Alexis no era algo sorprendente. Pero aquella escena en plena central de trenes, fue sin duda una historia de viaje que hizo de mi día algo memorable. Al salir de la estación cambié mis euros por coronas y compré un hot dog en un pølsevogn, un típico carrito de salchichas. Aunque el hot dog no es un invento nacido en Dinamarca, el estilo danés incluye pepinillos sobre la salchicha y una salsa Remoulade, un aderezo que luce como la mostaza, pero que tiene un sabor inigualable. El tranvía me llevó hasta el barrio residencial donde vivía Rasmus, el couchsurfer que había aceptado hospedarme por algunas noches en Copenhague. La puerta de su edificio estaba abierta, y la de su apartamento también. Al tocar, nadie contestó mi llamado. Al fondo, los ruidos de la televisión se escuchaban en uno de los cuartos. Me quité las botas y caminé hasta él, donde Rasmus y su novia jugaban FIFA con toda su concentración en el televisor. Me senté entonces en el mueble y los observé jugar, esperanzado de recibir al menos una simple bienvenida. Traté de ignorar mi extrañeza por el incómodo momento, hasta que Rasmus se paró y se dirigió a la cocina. Cogió una botella de vodka y tomó un trago directo de la boca. Era la 1 de la tarde. Me duele la muela —me dijo al darse cuenta que lo miraba fijamente y con rareza—. Esto aliviará el dolor, no me gustan las pastillas. Rasmus parecía sin duda un chico inusitado. Pero, ¿qué era Couchsurfing sin la peculiaridad de sus miembros? De pronto, Rasmus no pudo quitarme la mirada de encima. ¿Alguna vez te han dicho que te pareces a Alexis Sánchez? —me preguntó. Y no pude hacer nada más que soltar una carcajada al aire—. Sí, acaban de preguntarme si era él justo al llegar a la estación de tren —le conté. Y su reacción fue similar a la mía frente a aquellos pequeños. Al menos, mi supuesto parecido con Alexis Sánchez había por fin roto el hielo luego de tan engorroso primer encuentro. Sin pensarlo mucho tiempo, Rasmus me ofreció prestarme una de sus bicicletas. Así, los tres disfrutaríamos de la tarde dando un paseo por la ciudad al mejor estilo danés: sobre dos ruedas. Después de Ámsterdam, Copenhague es la ciudad europea donde la población usa más la bicicleta para transportarse, casi más que los propios automóviles o el tren metro. Según las últimas estadísticas, más del 50% de los habitantes de la urbe utilizan la bicicleta para ir al trabajo o a la escuela. Es a veces más probable ser atropellado por un ciclista que por un automovilista. Nuestra primera parada fue La Sirenita, la estatua inspirada en el cuento del danés Christian Hans Andersen que años más tarde fue llevada a las salas de teatro y de cine, habiéndose convertido no solo en un ícono de los cuentos infantiles, sino en el mayor símbolo de Copenhague y Dinamarca. Aunque Christian Hans Andersen nació realmente en Odense (a 160 kilómetros de Copenhague), la estatua se colocó a orillas de la bahía del puerto de la ciudad capital, dando la bienvenida a los buques que entran junto al paseo de la costa Langelinie. La estatua fue construida hace más de 100 años por Edvard Eriksen, y es ahora el monumento más fotografiado de toda Dinamarca. Así, fue necesario hacer fila para poder conseguir una foto decente de la misma. La Sirenita está catalogada como una de las atracciones turísticas más decepcionantes del mundo, junto con la estatua del Manneken Pis en Bruselas (esa famosa fuente con un niño que orina). Es el ejemplo perfecto de la expectativa contra la realidad. Seguimos por la orilla del Langelinie atravesando su parque, que mostraba las primeras señales del arribo de la primavera a la ciudad. Rasmus nos llevó hasta posarnos frente a la gran fuente de Gefion, una monumental escultura emplazada frente a la iglesia de San Albán. La escultura es una representación de la leyenda del nacimiento de Selandia, la isla donde se encuentra Copenhague. Según las sagas de la mitología nórdica, el rey sueco Gylfi prometió a la diosa Gefion un territorio que ella pudiese arar por las noches. Gefion convirtió entonces a sus cuatro hijos en bueyes y comenzó a arar la superficie. La fuerza de su trabajo fue tanta que el territorio fue despojado de Suecia y arrojado al mar entre Escania y Fionia, creando así la isla de Selandia y dejando en Suecia un hueco que se conoce hoy como el lago Vänern. La fuente muestra así a Gefion y sus cuatro bueyes arando la tierra y llegando hasta Selandia, un ejemplo de lo importante que la mitología y las sagas nórdicas siguen siendo para muchos habitantes de los países escandinavos, aún cuando la mayoría son ateos y cristianos. Como sus hermanos Suecia y Noruega, Dinamarca sigue siendo hoy una monarquía parlamentaria, desde que se abolió la monarquía absoluta. Y como toda monarquía europea, Dinamarca tiene su propio palacio real, residencia de la familia real, encabezada hoy por la Reina Margarita II. El Palacio de Amalienborg es muy diferente al resto de las residencias reales de las que había sido testigo en Europa. De hecho, para mí parecían más bien cuatro palacios diferentes, ya que se tratan de cuatro edificios de estilo rococó que flanquean una plaza central. Los cuatro palacios tienen funciones distintas, y solo uno es el lugar de residencia de Margarita II. De hecho, la reina estaba allí, ya que Rasmus me hizo saber que cuando la bandera danesa está izada indica la presencia de la soberana en sus aposentos. La monarquía danesa es una de las más antiguas del mundo, ya que ha gobernado Dinamarca continuamente desde el año 958. Aunque Dinamarca es el más pequeño de los estados nórdicos, su fuerza ha sido tal que fue capaz de unir a todos los países nórdicos en la Unión de Kalmar, la cual solo Napoleón fue capaz de disolver. Los daneses aprecian y respetan mucho a la familia real, aunque no ejerza ningún poder de decisión en los asuntos públicos de la nación. Tal y como otras realezas europeas, representan más bien a la ayuda humanitaria, la investigación científica, el medio ambiente, el arte y hasta íconos de la moda. A unos pasos del palacio, una enorme cúpula verde llamó mi atención. Rasmus me llevó justo frente a ella, corona de un famoso edificio cristiano. La iglesia de Federico, mejor conocida como Marmorkirken (iglesia de Mármol), es un templo luterano que posee nada menos que la cúpula más grande de Escandinavia. Como el resto de los países nórdicos, Dinamarca fue influenciada por la Reforma protestante de Martín Lutero, convirtiendo a una buena parte de su población y su propia monarquía en cristianos protestantes, dejando atrás a Roma y a la iglesia católica. La construcción de Marmorkirken fue incluso interrumpida por su alto costo, ya que la cúpula fue inspirada en la mismísima basílica de San Pedro en El Vaticano, decorada con doce columnas con frescos de cada uno de los apóstoles. La iglesia de Federico es un gran y bello ejemplo del poder que los luteranos cobraron en Dinamarca y su ciudad capital, y hoy es casi la iglesia más visitada del país. Pero Rasmus estaba por mostrarme apenas el punto más visitado de todo Copenhague y la península danesa entera. El Nyhavn, traducido al español literalmente como “puerto nuevo”. Copenhague nació en el siglo X como un puerto de pescadores vikingo, y desde su nacimiento hasta hoy, la parte esencial de la ciudad ha sido su puerto, que domina desde tiempos medievales la entrada al mar Báltico. Nyhavn fue mandado a construir en el siglo XVII por el rey Cristian V para que los barcos llevasen las cargas de los pescadores. Su malecón pronto se volvió famoso por sus bares, los marineros y la prostitución. Con el paso de la revolución industrial, los buques de enormes dimensiones ya no podían entrar en el pequeño embarcadero, por lo que pasó al abandono. Aunque hoy, perfectamente restaurado, es el paseo más turístico de todo Copenhague. Y quizá su fama se deba sobre todo a los petit hôtels que se posan en ambas orillas del canal. Los petit hôtels eran típicas residencias de la burguesía de los siglos XVIII y XIX, donde alojaban a sus familias durante su tiempo de estadía en la ciudad, antes de volver a sus enormes casas rurales. Hoy, el primer piso de la mayoría de estos edificios los ocupan restaurantes, tiendas y bares que ofrecen sus servicios a los turistas los 365 días del año. Nyhavn es quizá el lugar más colorido y animado de todo Copenhague. Rasmus me llevó de vuelta por la orilla del puerto, donde antiguos barcos de madera denotan la importancia que el puerto ha tenido para la ciudad desde tiempos memorables. El propio Rasmus es un marino mercante. Se encontraba entonces en sus dos meses de descanso, que solía pasarlos en su ciudad natal con su novia, antes de volver a hacerse a la mar. La happy hour en un bar local (con cerveza nacional por solo 2 euros la botella) fue sin duda el mejor sitio para escuchar las vivencias de un marinero danés. La filosofía de vida de Rasmus me dejó ver su lado más humano. Detrás de ese tosco hombre escandinavo que diez meses al año vivía sobre el agua, se encontraba un joven cuyas aventuras alrededor del globo le habían hecho ver realidades tan distintas que terminaron por llegar a su lado más sensible. Su próxima aventura, según me contó, sería en Groenlandia, territorio perteneciente al Reino de Dinamarca, donde enseñaría en una escuela local. Antes de que el frío hiciera más difícil la vuelta a casa, cogimos las bicicletas y regresamos a su apartamento, por una cena caliente y una partida de FIFA, donde claro, Rasmus me obligó a jugar con el Arsenal FC y Alexis Sánchez como delantero. A la siguiente tarde decidí verme con mi amiga Isabel, quien había también trabajado en Lyon, y a quien no le vendría mal un poco de compañía en un día lluvioso en Copenhague. La cita fue en la plaza central del Palacio Amalienborg, donde a mitad del cambio de guardia nos encontramos con Isabel. Según nos contó Rasmus, los chicos de la guardia real no son más que adolescentes de unos 18 o 19 años quienes cumplen con un servicio a la nación. Posiblemente ni tengan los huevos de hacerte daño si te acercas —nos hizo saber—. Pero tienen el permiso de atacarte si te aproximas demasiado al palacio o a la reina. Ya que solo dos bicicletas viajaban con nosotros, subí a Isabel al asiento trasero para hacerla disfrutar de un paseo sobre ruedas. Condujimos de nuevo hacia Nyhavn, donde la llovizna parecía haber ahuyentado a muchos de los turistas que suelen atestar el canal. Rasmus nos llevó al estudio donde se ha hecho sus tatuajes. ubicado justo en el malecón de Nyhavn. Tattoo-Ole presume ser el estudio de tatuajes registrado más antiguo del mundo. Verdad o mentira, su fama es indudable en toda Dinamarca, y los diseños del tatuador son verdaderas obras de arte. Subimos de nuevo a las bicicletas y esta vez atravesamos el canal Havnebussen, que separa la isla de Selandia y la de Amager, al sur. El barrio de Christianhavn y su zona residencial fue otra manera de enamorarnos de Copenhague y sus vivos colores. Las casitas de ladrillo y tejados en V no era algo extraño en una ciudad europea. Pero cuando tales colores aparecen frente a uno en un día lluvioso como aquel, cualquiera se detiene por un par de fotos. La llovizna combinada con la velocidad sobre las bicicletas parecían amenazar el humor de Isabel y hasta el mío. Pero llegar a lugares como aquellos nos sacaban una sonrisa de forma inmediata. Aunque Rasmus nos había llevado hasta Christianhavn por otra razón. La incógnita y peculiar ciudad libre de Christiania. Se trata de un barrio parcialmente autogobernado que desde 1971 se declaró independiente del gobierno danés. A la entrada del barrio, un letrero avisa a los visitantes “está usted saliendo de la Unión Europea”, ya que los residentes consideran la zona fuera de la misma. La situación de Christiania se considera legal, ya que a pesar de los conflictos, el gobierno ha aceptado que dentro de ella no se paguen impuestos, que las viviendas no sean propiedades particulares individuales, sino de la propia comunidad e, incluso, está permitida la venta de drogas blandas, lo que la hace por supuesto un destino común para los locales y turistas. En Christiania vive gente, hay bares, restaurantes, tiendas de ropa y parques. Es una ciudad dentro de otra. Las bebidas y productos cuestan casi la mitad que fuera de ella, ya que no abonan impuestos. Su nacimiento en los 70s le da ese toque hippie que nunca esperé encontrar en Copenhague. Las fotografías están prohibidas por cuestiones de seguridad, y para resguardar la zona como residencial, y no como un zoológico de ciudadanos radicales. Ramus me contó que si alguien grita “¡policía!” como parte de una broma, el mito dice que se te castigará metiendo una botella de refresco en tu culo, como represalia por ahuyentar a los vendedores de droga con falsas advertencias. Christiana fue sin duda una experiencia poco esperada en Dinamarca. Uno jamás pensaría que en un país con un índice de desarrollo tan alto, un puñado de ciudadanos se puedan rebelar contra el gobierno. Volvimos a casa para cenar y beber algunas cervezas. Me despedí de Isabel antes de ir a la cama, esperando volver a verla en un futuro cercano. Mi siguiente mañana me orilló a dejar el apartamento y decir adiós a Rasmus, dándole las gracias por tan agradable experiencia. Pero el adiós a Copenhague todavía no llegaba del todo. Cogí un tren hacia la localidad de Lyngby, a pocos kilómetros de la ciudad. La razón de mi partida hacia tal desconocida área de la isla fue reencontrarme con Mads, a quien había hospedado cuatro años atrás, y quien ahora estudiaba en aquella remota zona de Selandia. Las residencias de Lyngby dejaban ver una tranquila y poco transitada área urbana que existía allí por una importante razón, la Universidad Técnica de Dinamarca. Mads vivía en una de las residencias estudiantiles mientras se esforzaba por terminar su maestría en Ingeniería de Energías Renovables. Y Lyngby parecía el lugar perfecto para dicha tarea. Los verdes paisajes que rodean la zona me permitieron respirar el aire tan puro que tanta falta me hacía luego de varios días en la ciudad. La vegetación acuática regada por las aguas de su lago hacían creer que se trataba de un manglar. Dinamarca se distingue por sus tierras bajas que, al igual que Holanda o Bélgica, la hace gozar de cuerpos de agua como aquel. Mads me hizo aprovechar la tarde junto a la tranquilidad del lago. El sol por fin había salido y había dejado un cielo despejado, que por suerte me acompañaría los siguientes días de mi viaje. Por la noche volvimos a la residencia, donde una dorm party nos esperaba. Había ya escuchado hablar de la fama que tienen los daneses con el beber alcohol. Pero una fiesta de dormitorios en una residencia universitaria era mucho más de lo que había esperado de una noche de copas. La fiesta de dormitorios consiste en lo siguiente. A cierta hora, todos los habitantes del pasillo de la residencia se reúnen en la sala común para cenar. Luego de ello, hay un sorteo para elegir a uno de ellos. El elegido, es el primero en invitar al resto a su dormitorio, donde ha preparado un tema para un drinking game. Luego del primer juego de bebidas, el sorteo vuelve y elige al segundo anfitrión, luego el tercero, el cuarto, y así hasta llegar al dormitorio diez. En resumen, los invitados a una dorm party deben aguantar juegos con bebidas alcohólicas en diez habitaciones diferentes. Por supuesto, no todos aguantan el ritmo, y llegar al cuarto número diez significa una enorme resistencia a la embriaguez de los daneses. El muro de Trump fue el tema para el dormitorio de Mads, donde él representaba al gringo republicano y conservador, y yo, claro, al mexicano de clase obrera que cruza el muro de forma ilegal. El beer pong, la música y el tequila me dejaron casi inconsciente al final de la noche. Pero la fuerte resaca no me impediría seguir con mi trayecto por las tierras escandinavas.
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