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  2. Cuando fui elegido por el Ministerio de Educación francés para trabajar en Lyon algunos meses una de las cosas que más me alegró escuchar fue la privilegiada ubicación en la que se encuentra posada la ciudad. La confluencia de los ríos Ródano y Saône que esculpen dos colinas que dominan la metrópoli dan a Lyon el toque perfecto entre urbanización y naturaleza, lo que sin duda me regocijó de haber sido enviado allí en lugar de a ciudades como París. De hecho, desde la cima de la Croix Rousse y Fourvière, las dos colinas lionesas, se podía avistar a lo lejos la figura de los Alpes que custodian la frontera francesa. Algunos dicen que con mucha imaginación y esfuerzo, el Mont Blanc se aparecía en los días más despejados. A pesar de las recomendaciones de muchos, dejé pasar el invierno sin visitar una estación de esquí. Abril había llegado y mucha de la nieve se había derretido, aunque en los Alpes siempre existen picos cubiertos de nieve durante todo el año. Mi firme decisión de pasar por alto el esquí tuvo una sola razón: su alto precio. Por ello aproveché el invierno para visitar otros países que ansiaba conocer. No obstante, sabía que no dejaría pasar los Alpes franceses antes de partir de Francia. Y por ello decidí visitar Annecy. Las villas alpinas como Annecy son famosos destinos turísticos de fin de semana. Fue por eso que mi amiga Lianne y yo preferimos hacerlo un miércoles, día libre para ambos en la escuela donde trabajábamos. 130 kilómetros son los que separan a Lyon de Annecy, ubicadas en la misma región de Auvernia-Ródano-Alpes, aunque Annecy pertenece a otro departamento, el de la Alta Saboya. La Casa de Saboya fue una casa real europea que gobernó un estado independiente por varios siglos, territorio que actualmente forma parte de Francia. La mayor atracción de la Haute Savoie es nada menos que el Mont Blanc, la montaña más alta de toda Europa. Pero poco interesados en el alpinismo, Lianne y yo nos conformamos con admirar los Alpes desde tierras bajas. El tren hasta Annecy no tardó mucho en arribar. Y sin llegado el mediodía, nos dimos cuenta de que habíamos elegido un excelente día para la visita, que gozaba de un radiante sol y un liviano fresco que golpeaba desde el este. La estación central de Annecy está convenientemente ubicada justo al lado del casco antiguo, en el que pronto nos sumergimos en una tranquila mañana despejada de turistas. Las casitas de colores, los preciosos puentes de madera, los balcones llenos de flores y el reflejo de los mismos en los canales de agua cristalina pronto nos dejaron en claro el origen del apodo de Annecy: la Venecia de Saboya. Para ese entonces había perdido la cuenta de cuántas ciudades había ya visitado cuyo apodo fuera “la Venecia de algo”. Brujas, Ámsterdam, Colmar. Pero incluso después de haber estado en la propia Venecia, la belleza de pueblos como Annecy no se comparaba con ninguna del resto. No tardamos mucho en atravesar el centro histórico de la ciudad, que como capital de la Alta Saboya parecía bastante pequeña. Sus caminos nos llevaron hasta un malecón, que recorre un tramo de la orilla del lago de Annecy, el paisaje que todos buscan al viajar a este rincón de Francia. Es bien sabido por muchos el cuidado que Suiza tiene por preservar sus paisajes naturales. Pues bien, ese mismo extremo cuidado lo han copiado sus hermanos fronterizos para conservar lugares como el lago de Annecy. El claro azul de su superficie es testigo de la pureza de sus aguas, que caen directamente desde los picos nevados de los Alpes a sus orillas. El malecón ofrece a sus visitantes una gama de actividades acuáticas para disfrutar mejor del lago, como paseos en bote de remo, botes de motor, veleros e, incluso, practicar esquí acuático en los días cálidos. Ya que el sol todavía no alcanzaba su punto más cenital debido a la temprana hora, no nos era posible divisar la nieve de las montañas, que se perdía difuminada con el azul del cielo. Así que volvimos al centro para dar una caminata. A orillas del canal la iglesia de Saint François de Sales es una de los principales templos católicos que dominan el centro de la ciudad, aunque nada imponente comparado con otras parroquias de su estilo. Los cafés y restaurantes al lado del canal se habían comenzado a llenar de turistas y locales que buscaban un buen sitio para la hora del almuerzo. La razón por la que Lianne y yo teníamos libre los miércoles en Francia era la misma razón por la que muchos franceses podían darse la libertad de almorzar juntos aquel día. El gobierno francés decidió hace algunos años que las clases de educación básica finalizaran máximo a las 12 los días miércoles en todo el país, a diferencia del resto de la semana, en que muchos estudiantes se quedan en la escuela hasta las 5 o 6 de la tarde. Es la manera del gobierno de fomentar el tiempo en familia, brindándole a muchos trabajadores el beneficio de trabajar menos horas el miércoles para pasar más tiempo de calidad con sus hijos. Annecy es también sede de una famosa tienda de helados artesanales, que se han ganado la fama de ser de las mejores heladerías de Francia. Ofrece más de 70 sabores de helados en presentaciones que van desde una bola hasta nueve. ¿Nueve bolas de helado en una villa de los Alpes? Ni siquiera en un día tan soleado podía tentarme una oferta así. La primavera se hacía presente no solo en los floreados balcones del casco antiguo, sino en los árboles que con el viento dejaban caer sus pétalos rosados sobre las calles de piedra. Esas mismas rúas nos guiaron hasta la cima de una de las colinas a orillas del canal, donde se asomaba la torre del castillo de Annecy. Como toda buena urbe europea, Annecy cuenta con su propio castillo fortaleza, que fue residencia de los condes de Ginebra y de los duques de Genevois-Nemours en tiempos en que Saboya era un condado y ducado independiente. Las casitas a su alrededor traen a la mente sin duda a las viviendas de los Alpes Suizos. Su cercanía con el país helvético no solo se nota en sus moradas, sino en sus tradicionales platos como el fondue y la raclette. Y hablando de comida, el hambre se nos hizo presente pasado el mediodía, así que volvimos al centro por un par de bocadillos y un café para despistar el cansancio. En una de las cafeterías de la célebre calle Santa Clara, almorzamos bajo sus centenarias arcadas de piedra. Seguimos nuevamente de largo el canal por su floreado malecón, que para entonces se había llenado ya de vida por el ánimo de sus transeúntes. De regreso en la orilla del lago el sol había ya iluminado los picos de los Alpes, que hasta entonces nos dejaban ver el poder con el que custodiaban la ciudad. Las embarcaciones habían comenzado a zarpar para pasear a los más deseosos por la superficie de la cristalina laguna, sobre la que incluso se veía a un par de aventureros sobrevolando a bordo de un parapente. Sobre el famoso parque de los Jardines de Europa nos sentamos a comer un helado, mientras contemplaba por última vez la siempre extraordinaria cordillera alpina. Nos despedimos de la ciudad, no sin antes decirnos que no sería la última vez que contempláramos los Alpes, así como no sería la última vez que Lianne y yo viajaríamos juntos, ya que un fin de semana después nos reuniríamos para otra fugaz visita a un pueblo francés.
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  4. Lo bueno de Mónaco es que uno puede quedarse en las ciudades cercanas y así no gastar tanto en un hotel cinco estrellas. Sin duda uno de los destinos más lujosos del mundo.
  5. Es verdad que es la ciudad del lujo. Quizá compita con destinos como Dubai o Singapur en destinos costosos y excéntricos. Pero por sus paisajes y bonitas calles merece la pena ir
  6. La Costa Azul es la región de Francia que recibe más horas de luz del sol durante todo el año, y eso no podía hacerme más feliz después de un gris y lluvioso invierno en Europa. Mi amigo Fabien me habían convencido de viajar al litoral sur para visitarlo en su nueva casa un fin de semana, ubicada en Menton, la última ciudad al este de la Côte d’Azur. En la misma Riviera francesa me había encontrado con Esther, quien se quedaba en Niza con su novio. Menton y Niza son dos ciudades parecidas, predilectas por los ancianos franceses para su retiro, gracias a su cálido clima, azules playas y tranquilo estilo de vida, sumado a sus coloridos centros históricos que hicieron de la región el nacimiento del turismo moderno durante el siglo XIX. Ambas se tratan de ciudades costosas, donde adquirir una propiedad se vuelve cada año un sueño más lejano para los jóvenes, aunque Fabien tuvo la suerte de poder conseguir un crédito inmobiliario para su apartamento en Menton. Por ello fue muy conveniente hospedarme en su casa y aceptar su oferta de recorrer la costa en su coche, ahorrando un par de euros y disfrutando de la visita con un excelente guía local, aunque no llevara viviendo en la riviera más allá de un año. Si bien Menton y Niza eran destinos de lujo para muchos, nada se comparaba con mi siguiente destino, a donde Fabien me llevó el domingo por la mañana. Entre ambas ciudades, la joya de la Côte d’Azur es sin duda Mónaco, una ciudad-estado que posee el récord como el segundo país más pequeño del mundo, después de El Vaticano. Si me costaba trabajo dimensionar la extensión de Mónaco, bastó con pararme en uno de los acantilados que lo rodean y mirar hacia abajo. Los dos kilómetros cuadrados comprendidos entre los riscos y el mar Mediterráneo conformaban la totalidad de su superficie. Literalmente, un país que cabe en una sola fotografía. Los acantilados de Mónaco estuvieron habitados desde la época de los fenicios por tribus de ligures, aunque el estado moderno se formó durante la Edad Media, cuando se convirtió en un principado dominado por una familia noble proveniente de Italia, los Grimaldi, que siguen gobernando el país hasta la actualidad. Las anexiones de Italia y Francia le fueron quitando poco a poco buena parte de su territorio, que pasó de 24 kilómetros cuadrados a solamente dos. No obstante, el Principado de Mónaco sigue manteniendo su soberanía, y a pesar de tener acuerdos de seguridad con Francia, puede considerarse como un país independiente. Sin duda, quería ser testigo de un país tan particular como aquel. No me cabía en la cabeza imaginar la vida en un estado de solo dos kilómetros junto a la costa. Y al llegar, una menuda estación de la policía monegasca marcó la frontera entre Francia y Mónaco. Fabien me contó que los controles migratorios son estrictos, pero se efectúan sobre todo dependiendo de la nacionalidad de la matrícula del coche. Al ver que el nuestro era francés, poco interés le dieron, y nos dejaron seguir adelante hasta alcanzar la costa de la ciudad. Muchos franceses e italianos trabajan en Mónaco, cuya economía es mucho mayor, como suele pasar con los diminutos principados y ducados de Europa, como Luxemburgo o Liechtenstein. Sin embargo, no cualquiera puede darse el lujo de vivir allí. Los precios de las viviendas y rentas inmobiliarias son simplemente inalcanzables, sobre todo para los jóvenes como Fabien. Así que recibir un sueldo monegasco y vivir en Francia es la mejor opción para muchos. Literalmente, cruzan a diario una frontera internacional para trabajar. Mónaco cuenta con dos estaciones ferroviarias, por donde pasan los trenes de la compañía francesa, la SNCF. Así mismo, comparte el Aeropuerto Internacional de Niza, recibe muchas cadenas de telecomunicaciones francesas y recibe por parte del ejército francés protección internacional, a pesar de contar con su propia policía. No se podía esperar que un país de 30,000 habitantes lo hiciera todo por sí mismo. Túnel hacia la estación ferroviaria de Mónaco. Aunque pagar derecho de estacionamiento en Mónaco no es nada barato, era nuestra mejor opción para no caminar desde fuera de la frontera. Así, conseguimos dónde aparcar en La Condamine, el barrio central de Mónaco que rodea al puerto. El malecón posee los hoteles más caros de la ciudad, así como muchos edificios residenciales de verdadero lujo, donde solo los más adinerados pueden permitirse vivir. La avenida también forma parte del famoso circuito del Grand Prix de Mónaco, uno de los circuitos de Fórmula 1 más célebres del mundo. Una estatua de un piloto en su antiguo modelo Ferrari conmemora la primera carrera realizada en 1929, desde cuando el Gran Premio de Mónaco comenzó a cobrar fama internacional. Cada mayo, las suntuosas avenidas de la ciudad se colman de turistas aficionados al automovilismo. Para mí, era difícil creer cómo un área urbana tan densamente poblada podía albergar una carrera de tan alta velocidad. Fabien me hizo saber que una multitud de accidentes han tenido lugar en Mónaco. Aun sin autos de Fórmula 1, el malecón de La Condamine era para mí uno de los más bellos paseos que había realizado a orillas del Mediterráneo. Y aunque el final de la cordillera de los Alpes toca la costa monegasca con sus torrenciales nubes, el sol se hace presente los 365 días en la Costa Azul. Mirar hacia abajo, a la bahía, era admirar un hermoso puerto lleno de yates y veleros, a los que muchos de sus dueños permiten subir por una gran cantidad de euros. A simple vista, el puerto de Mónaco no tenía muchas diferencias con el resto de los puertos que había podido contemplar en el Mediterráneo, como en Marsella, Niza, Menton, Barcelona, Valencia, Génova o Ibiza. Pero la historia de cada embarcación era suficiente para poner al puerto de Mónaco como el más costoso en todo el Mediterráneo. El mejor ejemplo de ello me lo llevé al mirar el fondo del embarcadero, donde el más grande de los yates se asomó por encima del resto. Se trataba del Ona, el 32° yate más grande del mundo. Propiedad del magnate ruso Alisher Usmanov, tiene una longitud de 110 metros, una tripulación de 48 personas, puede albergar hasta 20 pasajeros y su valor actual se estima en más de 800 millones de dólares. Tan solo estacionarlo en el puerto de Mónaco puede costarle a su dueño la cantidad de 50 mil euros al mes. Así que cuando digo que Mónaco es para los ricos, es porque va en serio. Aun con la pinta de cada monegasco que caminaba por la ciudad o la ostentosa fachada de cada edificio sobre el malecón, La Condamine no era precisamente el barrio que me mostraría lo más caro de Mónaco. Para ello existe Montecarlo. Es quizá el barrio más famoso de Mónaco. Incluso se llega a pensar de forma errónea que se trata de la capital del país. Recordemos que Mónaco mide solo 2 kilómetros cuadrados, así que la ciudad es su propia capital. Montecarlo se fundó en el siglo XIX, haciendo honor al príncipe que gobernaba en aquella época, Carlos III de Mónaco. Y aunque después se dividió es más distritos (hoy son diez distritos los que forman el país), el barrio es famoso por una cosa en especial: el Casino de Montecarlo. En 1850, la familia real estaba casi en la quiebra, tras haber perdido Menton y Roquebrune como parte de su principado, quienes se unieron a Francia tras la firma de un acuerdo. Así, al príncipe se le ocurrió una gran idea para reactivar su economía: legalizar el juego para los extranjeros y abrir un casino de renombre. Al parecer, el plan funcionó a la perfección, y hoy el Casino de Montecarlo es uno de los más famosos del mundo, a donde miles de turistas adinerados llegan día tras día a derrochar su dinero en sus lujosas instalaciones. El edificio exhibe los mejores detalles de la corriente Beaux Arts y el estilo imperial de Napoleón III de Francia. El complejo incluye también un teatro, una ópera y una casa de ballet, aunque la mayoría llega a él buscando la adrenalina de las apuestas. El casino no permite la entrada de los monegascos a los juegos de azar, como una forma de asegurar su economía. Y aunque Fabien y yo éramos oficialmente extranjeros, ni de broma juntábamos la suma necesaria para ingresar a sus salas de juego. Así que una partida de blackjack en un pequeño casino contiguo (menos ostentoso y más barato) fue suficiente para colmar mi apetito de apostar en Mónaco. Si bien no pude disfrutar de la opulencia de sus mesas, sus esculturas y fuentes decorativas, sus bocadillos en bandeja de plata y sus empleados perfectamente aliñados y perfumados, el Casino de Montecarlo me dejó en claro su valía. Bastó con echar un vistazo a su fachada. Y no me refiero solamente al fasto de sus columnas y estatuas blanquecinas, sino a la aparatosa fila de autos de lujo que se estacionaban frente a él. Aunque el casino cuenta, por supuesto, con un servicio de valet parking, tal parece que los más acaudalados pagan por estacionar su lujoso coche frente a la entrada principal. Ferrari, Maserati, Audi, Volvo y las más reconocidas marcas se lucían alineadas para el deleite de los turistas (o para su ineludible envidia). Tras perder quince euros en la mesa de blackjack, dimos marcha atrás de vuelta hacia el malecón, por donde descendimos hasta toparnos de nuevo con el puerto. Del otro lado de la ensenada los antiguos edificios del centro histórico se asomaban, llamándome para descubrir la otra cara de Mónaco, una más antigua y tradicional. Al alcanzar las tierras más bajas, el puerto se llena de bares y restaurantes que son la mejor elección para almorzar y refrescarse en la ciudad. Aunque la pinta de cerveza asciende a 7 euros (dos euros más que en París), no se pueden encontrar opciones más baratas. Mónaco, al igual que toda la Côte d’Azur, posee una gastronomía totalmente influenciada por la dieta mediterránea, especialmente la italiana. Así que bocadillos con tomate, queso y hierbas provenzales fueron lo más apetitoso que pudimos elegir. Al lado sur de la bahía Fabien y yo comenzamos a subir la Roca de Mónaco, un gran monolito posado sobre el mar Mediterráneo, sobre la cual se encuentra el distrito más antiguo de la ciudad, Monaco Ville. Conforme fuimos escalando a nuestras espaldas se fueron abriendo las mejores vistas del país, con La Condamine y el puerto expuestos en su totalidad, dominados por los últimos acantilados de los Alpes marinos que nos seguían amenazando con nubarrones de lluvia. La cara norte de la colina se corona por los restos de la antigua fortaleza que protegía a Mónaco de los enemigos, erigida durante la Edad Media, de cuando datan la mayoría de los edificios en su centro histórico. Aunque el actual Mónaco fue una posesión deseada por muchos de los antiguos imperios en el Mediterráneo, por el que pasaron los griegos, ligures y romanos, fue una dinastía de origen genovesa quien logró consolidar al principado hasta lo que conocemos el día de hoy. Los Grimaldi llegaron a Mónaco en 1297, y expulsaron a los güelfos (facciones que apoyaban al Sacro Imperio Romano Germánico) de una manera muy peculiar. Francisco Grimaldi logró cruzar la fortaleza que protegía a la ciudad vistiéndose de monje. Una vez dentro, abrió la puerta a su ejército y tomó Mónaco por la fuerza. Desde entonces, los Grimaldi se aliaron al Reino de Francia y servían fielmente a su monarquía. Con el apoyo de Francia, los Grimaldi lograron separarse de Génova y autoproclamarse como señores feudales de Mónaco, y más tarde, como un principado. Así, hasta la actualidad, el Príncipe de Mónaco es la figura política más importante del país. Y como todo estado moderno europeo, posee su propio palacio real. Aunque el Palacio del Príncipe de Mónaco pudiera parecer como cualquier otro en Europa, hay varios factores que lo diferencian del resto. Primero, su fortificación. Ya que Mónaco nunca fue un estado con un gran territorio, fue necesario fortificar la residencia real, a diferencia de las demás monarquías en Europa, donde Versalles, San Petersburgo o Buckingham no tenían tal necesidad, al poseer vastas posesiones terrenales. La segunda, es que la familia Grimaldi es la única familia real europea que ha vivido en el mismo palacio desde su nacimiento hace más de 700 años, ya que no tenían espacio para edificar más residencias. Así, mientras los Habsburgo, los Romanov y los Borbones construían nuevos palacios continuamente a lo largo de sus reinos, los Grimaldi tuvieron que conformarse con darle mantenimiento y seguir agrandando su mismo castillo. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el palacio y su familia real no gozaban de tanta popularidad ni del mismo glamour que el resto de las ciudades de la Côte d’Azur, el nuevo destino turístico de los ricos. Pero ese lujo y ese glamour llegaron en 1956, cuando la estrella de cine Grace Kelly pasó de ser una actriz hollywodense a la Princesa de Mónaco más famosa hasta ahora. A pesar de todo, la familia real de Mónaco puede presumir ser la casa reinante más antigua de Europa, con 722 años de reinado continuo. El palacio y la monarquía poseen atractivos igual de relevantes que otros reinos europeos, como el célebre cambio de guardia, que se lleva a cabo todos los días a las 11:55 horas. Al otro lado de La Roca, otra pequeña bahía se abre entre los territorios que Mónaco se vio obligado a ganar al mar en los años 70s. El barrio de Fontvieille es el más nuevo de los distritos del país, y es sede de un pequeño pero importante embarcadero, de un helipuerto, de la conexión con el aeropuerto de Niza y del estadio de fútbol del Mónaco FC, que juega en la liga francesa. Al frente del palacio, el casco viejo de Mónaco se extiende en su totalidad. A pesar de ser una ciudad tan diminuta, en su zona medieval no se permite la entrada de autos que no sean locales, ni se permiten motocicletas después de las 22 horas. Así, los pocos autos que pueden encontrarse en sus calles son los de la policía monegasca. Las vías peatonales de Mónaco no tienen nada que envidiar al resto de los centros de las ciudades europeas. Tengo que decir que en ninguno de ellos los colores me habían cautivado más que en aquel mezquino principado del Mediterráneo. Mónaco nació y sigue existiendo con la ayuda de Francia, y eso se nota en la arquitectura de la ciudad. Un estilo renacentista combinado con algunas fachadas de porte italiano. Aunque quizá, el mayor logro arquitectónico del centro histórico sea el Museo Oceanográfico de Mónaco, ubicado justo frente al mar. Hogar de más de 400 especies de peces, el museo fue inaugurado en 1910 y sigue siendo uno de los más reconocidos del mundo. El famoso explorador e investigador marítimo Jacques Cousteau fue director del mismo durante varios años. Lamentablemente, no pudimos ser testigos de su fachada frontal, ubicada sobre el acantilado frente al mar, al que se puede acceder solamente sobre una embarcación. Pero no solamente el museo de ciencias marinas evocaba mi curiosidad, sino también la Catedral de San Nicolás, el principal centro religioso de Mónaco. Aunque la primera catedral fue erigida en el siglo XIII, la actual construcción data del siglo pasado, y es todo un tributo al estilo neorrománico, con una blanca y limpia fachada que posee incluso toques bizantinos. La catedral es el lugar preferido por la casa real para realizar la sepultura de los difuntos de la familia reinante. Así, en su interior pueden encontrarse las macabras tumbas de los príncipes anteriores, incluyendo los padres del actual Príncipe Alberto II. Antes de que el día avanzara más y la lluvia o la noche cayeran sobre nosotros, Fabien me llevó por un helado y comenzamos el descenso de vuelta a La Condamine. La ciudad parecía tranquila desde sus calles peatonales, pero al volver al melcón el tráfico y la vida urbana nos llevaron de vuelta al país más densamente poblado del mundo. Mónaco había sido una experiencia sin igual comparado con el resto de mis viajes. No solo se trataba de una ciudad, sino de un país contenido en una ciudad. Sus lujos, su historia y la manera en que aquel diminuto principado había conseguido sobrevivir tantos siglos me dejaron fascinado. Ahora era tiempo de regresar a Menton, desde donde volvería al otro día a mi vida de profesor en Lyon.
  7. Castro J

    Recorrer Andalucia

    Yo amo Andalucía, pero en verano el calor puede ser extremo para muchos, sobre todo que los últimos años las temperaturas han aumentado poco a poco. Una buena temporada para visitar Córdoba es en mayo, durante el festival de los patios, donde se decoran todavía más los patios interiores de las antiguas casonas del centro.
  8. En España una de las ciudades medievales mejor conservadas es Toledo. Fue capital de España por varios años y su casco antiguo conserva la forma típica de las ciudades de la época. Yo te recomiendo mucho visitarla
  9. AlexMexico

    Recorrer Andalucia

    Es sin duda mi lugar favorito en toda España. Pude ir dos veces a Granada y una a Córdoba y me enamoré de ambas, además visité rápidamente Jaén. Granada es mi ciudad preferida porque lo tiene todo: comida barata (dos euros con cincuenta por una birra, un baguel, papas fritas y pasta), hostales baratos (8 euros la noche), flamenco, fiesta, una catedral hermosa, gente muy alegre y, por supuesto, la Alhambra.
  10. Para mí una de las más impresionantes fue Segovia, no muy lejos de Madrid. Fue el lugar donde coronaron reina a Isabel la Católica. La ciudad tiene todavía restos de una muralla, un acueducto que sobrevivió desde la época romana, una catedral bellísima, y lo más medieval de todo, un castillo que parece de un cuento de hadas, ubicado en lo alto de un risco. Además, alrededor hay varios pueblos que muestran cómo era la vida en el medievo, como Peñafiel y Pedraza.
  11. El pueblo de Cesky Krumlov es de lo más bello de República Checa, además de Praga. Pero a diferencia de la capital, Cesky no es una ciudad grande, sino que tiene pinta de pueblito. Mira algunas fotos y te vas a convencer!
  12. El Monte Saint-Michel en Francia es por excelencia la mejor representación de una ciudad medieval. Tiene una muralla, una iglesia, callejuelas estrechas de piedra, y además de todo está ubicado en medio del mar del Norte.
  13. No solo para Estados Unidos, de hecho cualquier país te pide como requisito de ingreso un seguro de gastos médicos mayores. Aunque para ser sincero, nunca me lo han pedido en los controles de migración, a pesar de que lo llevo conmigo. Lo que hay que tener en cuenta al contratarlo son las cláusulas de lo que cubre y lo que no. La mayoría siempre cubren todo accidente, excepto en el caso de que se esté alcoholizado o drogado. No cubren deportes extremos ni países en guerras y conflictos, como Siria, Somalia, y a veces hasta Cuba, depende la compañía. Las sumas van a variar de acuerdo a la edad, el tiempo de estadía y el país, pero con cualquiera deberían dejarte a entrar a EUA.
  14. Daniel0027

    Recorrer Andalucia

    Y cabe decir que Andalucía es de las zonas más baratas de España. Pueden conseguirse tapas con una caña por dos euros! Y la comida es deliciosa en cualquiera de los destinos que describes.
  15. Rothenburg en Alemania es uno de los pueblos medievales mejores conservados que he visto. Es de estilo completamente alemán, muy diferente a ciudadelas como Carcassone. Pero vale muchísimo la pena
  16. Si pasas por Austria a mí me gusta mucho el pueblo de Hallstat, a orillas de un lago en los Alpes. Es super pequeño y te toma dos o tres horas recorrerlo, así que igual y puedes combinarlo con algún otro destino.
  17. Yo hace varios años que viajé a Estados Unidos contraté un seguro que me cubría lo equivalente en ese entonces a 50 mil USD por accidente o emergencia. Me dejaron entrar sin problemas, realmente creo que no se fijaron en la suma del seguro. La verdad desconozco cómo sean ahora los controles migratrios, quizá sean más estrictos. Puedes preguntar bien en el consulado quizá.
  18. Carcassone en Francia puede ser una buena opción junto con Toulouse. Yo estuve dos noches en Toulouse y en un día visité el castillo de Carcassone, en realidad es una ciudad muy bonita recomendaría ir por más tiempo!
  19. Me encantan los lugares medievales, son lugares donde parece que el tiempo se detuvo. En mi último viaje tuve la suerte de conocer Brujas y Gante... ahora pensando en un próximo viaje quisiera saber qué destinos recomiendan que sean medievales! Gracias!!!!
  20. En Hungría hay varios pueblos interesantes para conocer como por ejemplo Szentendre un pueblo muy artístico está muy cerca de Budapest, solamente 20 kilómetros!! Si visitas Budapest te recomiendo hacer una escapada de un día tiene unas casitas pastel hermosas e iglesias coloreadas. Pegada a la frontera con Austria se encuentra Sorpron una ciudad con una rica arquitectura medieval.
  21. flormdk

    Recorrer Andalucia

    Una de las comunidades de Españolas es Andalucía, una de las más extensas del país y a la vez una de las más turísticas. Es una zona con una rica historia donde se han ido fusionando a lo largo del tiempo distintas culturas y pueblos. ¿Qué ver en Andalucía? En esta región española pueden encontrarse pueblos cargados de historia, fiestas alegres y coloridas, playas, montañas, obras arquitectónicas impresionantes, arte, bailes tradicionales y mucho más... Arquitectura + playas en Granada Granada, es una ciudad con un imponente Patrimonio de la Humanidad, la famosa Alhambra es el último reino en ser conquistado por los Reyes Católicos. La colina de La Alhambra alberga la Alcaza y los Palacios Reales Nazaríes, una joya del arte arábigo. Para quienes deseen conocer la Alhambra un consejo importante es sacar las entradas con varios meses de anticipación en caso de que vayan a realizar el tour por cuenta propia, o planificar la visita con una agencia también con anticipación para no perder la posibilidad de visitar este magnífico lugar. El litoral de Granada posee una de las más antiguas localidades de la Costa Tropical. Entre el mar y la montaña se encuentra el municipio de Almuñécar, un sitio que ofrece a sus visitantes playas y aguas pocas profundas. Además de recorrer la costa, la Alhambra y el Generalife, Granada al igual que otros lugares de Andalucía, ofrece la posibilidad de disfrutar de la cultura local visitando un tablao flamenco, sitio donde tienen lugar los espectáculos flamencos. La milenaria ciudad de Córdoba Otra de las paradas imperdibles por la región de Andalucía, es Córdoba, un sitio donde la modernidad y el pasado se encuentran. Es una ciudad milenaria que ha sido declarada como Patrimonio de la Humanidad. Pasear por la ciudad de Córdoba es disponerse a descubrir un entramado de callejuelas, patios y plazas además de una Mezquita Catedral la cual es el reflejo de la época medieval y un auténtico símbolo de la ciudad. Estepona, un lugar recreativo y deportivo en Andalucía Siguiendo con los lugares para descubrir de la mágica Andalucía se encuentra Estepona en la famosa Costa del Sol. Pude decirse que conserva el encanto de un pueblo tipicamente andaluz de plazas tranquilas con los característicos adornos de macetas cargadas de flores y casas blancas. Es un destino turístico que cuenta además con campos de golf y zonas deportivas. Un lugar especial para visitar en Estepona, es el orquidiario un moderno jardín botánico con orquídeas y otras flores. Málaga, la ciudad que vio nacer a Picasso Siguiendo con las ciudades ubicadas en la costa del Sol, se encuentra Málaga, una ciudad portuaria. Además de disfrutar de sus playas, se puede visitar el Museo Picasso, donde se encuentran obras de este famoso pintor que nació en esta ciudad de Andalucía. Marbella un destino para disfrutar del sol y la playa Otro destino de sol y playa es Marbella, las montañas de la Sierra Blanca hacen de telón de fondo de los casi 30 kilómetros de playas de arenas en el Mediterráneo. Su centro histórico merece también un alto en el camino, para perderse por sus adoquinadas y angostas calles donde pueden encontrarse casas de estilo morisco, un estilo arquitectónico muy tradicional de la región de Andalucía. El centro de la ciudad de Marbella es la Plaza de los Naranjos donde pueden verse las ruinas de las murallas árabes medievales de la ciudad. Una ciudad con un color especial, Sevilla Enclavada a orillas del Río Guadalquivir se encuentra la ciudad de Sevilla, una ciudad muy animada con “un color especial”... Es la ciudad más poblada de la región de Andalucía y la cuarta ciudad más poblada de España. Un paseo por esta ciudad, debe comenzar por su casco antiguo, el cual tiene la particularidad de ser el más extenso de España y uno de los tres más grandes de toda Europa. Entre las paradas imperdibles se encuentran la Catedral que incluye a la famosa Giralda, el Alcázar y la Torre de Oro. Durante los meses de abril o mayo tiene lugar la Feria de Sevilla, un evento que dura toda una semana, donde la ciudad se viste de fiesta, sus ciudadanos y también los turistas lucen trajes típicos, disfrutan de los bailes tradicionales y de la gastronomía típica. La isla de Cádiz Cádiz es una isla que se separa del continente, esta ciudad se encuentra inmersa en el Parque Natural de la Bahía de Cádiz. Tiene la particularidad de ser la ciudad más antigua de Europa Occidental, allí pueden verse restos arqueológicos datados e más de tres mil años. De Cádiz se pueden destacar muchas cosas, las principales son las playas y las fiestas. Es una ciudad ideal para caminar y encontrarse con un rico patrimonio artístico y monumental. ¿Cuándo es el mejor momento para planificar un viaje por Andalucía? La temporada ideal para visitar Andalucía es durante los meses de junio a septiembre, meses en los que el clima es caluroso y seco. Es una época ideal para quienes desean disfrutar de las playas. Hay viajeros que prefieren combinar su viaje con algún evento, algunos de los eventos que pueden disfrutarse en esta región, son las celebraciones de Carnaval y la Semana Santa. Las ciudades tienen también eventos propios, como es el caso de la Feria de San Bernabé en Marbella durante el mes de junio y la Feria de Sevilla durante Abril o Mayo.
  22. flormdk

    Andalucia

    Andalucía es una extensa región española con varias ciudades turísticas para conocer...
  23. Yo te recomiendo mucho mirar el precio en la misma aerolínea donde compres tu vuelo, casi siempre tienen promociones muy buenas si adquieres el pasaje con ellos. Además ellos saben bien qué incluir y los montos para cada país al que viajas. No está de más investigar con ellos.
  24. En Polonia hay un pueblo que se llama Malbork, que es patrimonio de la humanidad. Tiene una fortaleza de ladrillo que es considerada de las más grandes del mundo. Además está junto al río, como muchas ciudades europeas, y eso le da un toque todavía más mágico.
  25. Además de lo que ya te dijeron yo te recomiendo subir a alguno de los miradores de los edificios, sobre todo a la hora del atardecer para verlo desde las alturas. La mayoría sube al Empire State, pero yo recomiendo también el Rockefeller, ya que desde ahí se ven tanto el Empire State como el WTC y el resto de los edificios del centro y sur de Manhattan.
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    • En España una de las ciudades medievales mejor conservadas es Toledo. Fue capital de España por varios años y su casco antiguo conserva la forma típica de las ciudades de la época. Yo te recomiendo mucho visitarla  
    • Para mí una de las más impresionantes fue Segovia, no muy lejos de Madrid. Fue el lugar donde coronaron reina a Isabel la Católica. La ciudad tiene todavía restos de una muralla, un acueducto que sobrevivió desde la época romana, una catedral bellísima, y lo más medieval de todo, un castillo que parece de un cuento de hadas, ubicado en lo alto de un risco. Además, alrededor hay varios pueblos que muestran cómo era la vida en el medievo, como Peñafiel y Pedraza. 
    • El pueblo de Cesky Krumlov es de lo más bello de República Checa, además de Praga. Pero a diferencia de la capital, Cesky no es una ciudad grande, sino que tiene pinta de pueblito. Mira algunas fotos y te vas a convencer!
    • El Monte Saint-Michel en Francia es por excelencia la mejor representación de una ciudad medieval. Tiene una muralla, una iglesia, callejuelas estrechas de piedra, y además de todo está ubicado en medio del mar del Norte. 
    • No solo para Estados Unidos, de hecho cualquier país te pide como requisito de ingreso un seguro de gastos médicos mayores. Aunque para ser sincero, nunca me lo han pedido en los controles de migración, a pesar de que lo llevo conmigo. Lo que hay que tener en cuenta al contratarlo son las cláusulas de lo que cubre y lo que no. La mayoría siempre cubren todo accidente, excepto en el caso de que se esté alcoholizado o drogado. No cubren deportes extremos ni países en guerras y conflictos, como Siria, Somalia, y a veces hasta Cuba, depende la compañía. Las sumas van a variar de acuerdo a la edad, el tiempo de estadía y el país, pero con cualquiera deberían dejarte a entrar a EUA.
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