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  1. Uno de mis mayores retos estaba por cumplirse, al lograr salir de Suiza sin haber vaciado mi cuenta bancaria y todavía con dos países frente a mí.

    Junto a la central de trenes de Zúrich, en un extenso estacionamiento, aparcaban tres autobuses verdes frente a los que esperábamos un grupo de diez personas. En Europa las terminales de buses al aire libre son cosa común. Y solo bajo un diminuto techo nos refugiábamos de la fría noche.

    Un par de argentinos volvían a reafirmar su prototipo. Mochileros cargando instrumentos musicales y un porro de marihuana que me ofrecieron y preferí rechazar.

    Aunque ese churro me prometía una noche de sueño sin interrupciones, no podría cambiar lo que estaba por venir.

    A las 10 de la noche abordé mi Flixbus hacia Innsbruck, una perdida ciudad al oeste de Austria que no quería dejar pasar. Aquella empresa de transporte me había sorprendido con sus precios tan bajos por toda Europa y era, por supuesto, la opción más barata para cruzar la frontera suiza.

    El arribo a Innsbruck estaba pronosticado hacia las 6:30 a.m. Y así, me dispuse a dormir y ahorrar una noche de hospedaje.

    Pero a las 3 de la mañana las luces se prendieron. El conductor detuvo el vehículo en un oscuro parking y todos empezaron a bajar.

    Mis ojos apenas podían abrirse. Me puse mis lentes para ver algo más que lagañas y nubosidad. Bajé del bus con mi boleto en mano y pregunté al chofer qué estaba pasando.

    “Esta es la última parada”, dijo. “No, yo compré mi boleto hacia Innsbruck”, repliqué. “Es otro bus. Tienes que esperar hasta las cinco”.

    Aquella era una dura lección de viaje. Siempre leer los detalles del traslado. Mi boleto era, efectivamente, un viaje sencillo de Zúrich a Innsbruck. Pero incluía una escala de dos horas en Múnich, Alemania.

    ¿Cuándo había yo visto un viaje en bus con conexiones de ese tipo? Las cosas no funcionan siempre como en mi país. Y no quedaba más remedio que esperar dos largas horas en una perdida terminal de Múnich, a donde había planeado viajar dos días después.

    ¿Qué hacer a las 3 de la fría madrugada en Múnich? No hay muchas respuestas. Pero de unas escaleras se veían bajar grupos de jóvenes, que parecían venir (o ir) de fiesta.

    Subí para saber qué se escondía sobre el montón de coches estacionados. Un supermercado y algunas tiendas cerradas. Pero hay afortunadamente una marca que ha pensado en todo: Mc Donald’s.

    Si debo dar una medalla a dos marcas que han salvado mis viajes esas son Mc Donald’s y Starbucks. Siempre que se necesite un techo donde escapar del frío, un baño limpio o internet gratuito, ellos dos estarán en una esquina no muy lejana. Muchas veces a cualquier hora del día.

    Y para los jóvenes alemanes Mc Donald’s no es más que la mejor y única opción donde encontrar algo que comer luego de una noche de cerveza y electrónica.

    Una hamburguesa y 1 hora de wi-fi gratuito después, bajé de vuelta a la terminal para abordar mi bus. Esta vez esperaba que fuera el definitivo, sin más escalas sorpresas que me despertasen en el camino.

    Antes de las siete, cuando todavía no salía el sol, llegamos a Innsbruck. La mañana era muy fría, y en la densa oscuridad podía ver ligeramente la silueta de las montañas que rodeaban la ciudad. Era la razón por la que viajé con tanto esmero hasta esa remota villa alpina.

    Innsbruck es una ciudad pequeña. No muchos couchsurfers pueden encontrarse allí. Y consecuentemente, ninguno de ellos pudo acogerme durante mi visita. Fue el momento entonces de descubrir una nueva forma de alojamiento.

    Llegando a Francia abrí una cuenta en AirBnB. Mi compañero de piso en Lyon estaba inscrito como huésped, y algunos amigos en México ya lo habían probado. Para mí no era más que un Couchsurfing pagado.

    Y como los hostales en Innsbruck parecían no bajar de los 50 euros (al menos en esa época del año), AirBnB sería mi respuesta. Por solo 16 euros la noche, Rashed me hospedaría en un pequeño apartamento no muy lejos del aeropuerto.

    Aunque los check-in suelen ser a partir del mediodía, Rashed me recibió a las 7 a.m. No tenía dónde dejar mi mochila. Además, una buena ducha no me venía nada mal después del agotador viaje nocturno.

    Rashed parecía un chico solitario. Hacía una maestría en la Universidad de Innsbruck y sus días los pasaba estudiando. Pero tras una pequeña charla me mostró una dura y actual cara de Europa. Rashed era sirio.

    Hacía ya algunos años que había escapado de su país. El gobierno austriaco lo había ayudado otorgándole una beca y un apartamento para que pudiera continuar su vida lejos de Damasco.

    Afortunadamente su familia estaba bien. Vivían ahora en Alemania, separados de su hijo y de la vida que alguna vez forjaron en un país que ahora está destruido por la guerra.

    Los refugiados se han convertido en un tema común en Europa. Aunque la apertura de muchos países para recibir extranjeros es algo que alabar, el éxodo en pleno siglo XXI es una cosa dura de creer. Pero Rashed y su historia me mostraron la realidad. Y AirBnB era una forma para él de conocer gente nueva y distraerse en una ciudad totalmente opuesta a la que lo vio nacer.

    Por suerte para mí, una ciudad opuesta a la mía era justo lo que estaba buscando. Y sin desaprovechar mi único día de visita, salí a conocer Innsbruck desde antes de que su gente despertara.

    Pocas personas han oído hablar de Innsbruck, apesar de ser una de las ciudades más importantes de Austria. Pero para los que la conocen lo hacen por una razón: los Alpes.

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    Innsbruck se encuentra justo en un callejón ladeado por la cordillera de los Alpes, las montañas más grandes de Europa. Y no era otra la razón por la que aquella remota villa me había atraído hasta sus suelos.

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    No importa por dónde caminara, las montañas estaban allí. Observando todo. Vigilando la ciudad. Dibujando su silueta sobre un hermoso cielo azul que me sonrió esa mañana.

    Innsbruck es el sitio ideal para los amantes de los deportes de invierno. Yo no soy uno de ellos. Y el otoño, para mí, era el momento ideal para visitar aquellas majestuosas montañas que resguardaban un etéreo frío en su valle interior. Nada que no pudiera soportar después de mis anteriores viajes por Europa.

    Con un escaso conocimiento de las actividades específicas que en Innsbruck podía hacer, decidí caminar hacia el centro histórico para buscar la oficina de información turística.

    La corriente del río Eno podía escucharse desde lejos y dejaba al desnudo la placidez de la que goza la ciudad. Y desde cualquiera de sus orillas la vista era increíble.

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    Tras cruzar uno de sus puentes, el centro histórico de Innsbruck no tardó en aparecer y mostrar su cara más colorida.

    Los edificios barrocos y modernistas demuestran lo mucho que sus habitantes se han preocupado por conservar su pasado lo más intacto posible.

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    Y no por nada Innsbruck sigue siendo un enorme punto turístico de Austria. No muchas ciudades pueden ofrecer un hermoso casco viejo con un lienzo de montañas como imagen de fondo.

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    Los negocios alrededor de la calle Maria-Theresien apenas abrían sus puertas cuando yo ya había tomado la mayoría de mis fotos.

    En medio de ella la columna de Santa Ana se posa como uno de los principales monumentos de la ciudad, coronando las antiguas edificaciones que la custodian.

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    Entre ellas está la Casa Helbling, una famosa y lujosa morada que data de la Edad Media y que fue redecorada al estilo rococó.

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    Pero el más famoso de todos los monumentos es el simpático tejadillo de oro.

    Un balcón mandado a construir por el emperador Maximiliano I y que fue recubierto con tejas originales de cobre doradas al fuego. Sin duda, una excéntrica manera de poseer el mejor de los miradores de Innsbruck en aquel entonces.

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    Frente al tejado corre la avenida principal del centro, que se flanquea por construcciones góticas, cuyas arcadas hasta el día de hoy alojan a mercantes que tratan de ofrecer lo mejor de Innsbruck a los locales y turistas.

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    A solo unos metros detrás de sus callejones se asoma el palacio imperial, otra obra de Maximiliano I.

    Innsbruck es la capital de Tirol, estado austriaco que alguna vez fue un principado. El palacio imperial sirvió como residencia de los príncipes en tiempos del Imperio Romano-Germánico y del Imperio Austrohúngaro. Y hoy parece como si el tiempo simplemente no hubiera pasado.

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    Como todo palacio imperial de Europa, el de Innsbruck es poseedor de un extenso jardín imperial, que sirvió para el recreo de la familia real alguna vez.

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    Toda la belleza del centro histórico de Innsbruck parecía destacar por sí misma. Pero algo la descollaba todavía más. Los Alpes.

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    Los paisajes montañosos que atraviesan todo el centro de Europa, desde la Costa Azul francesa hasta los valles del Danubio al este, fueron unos de los puntos estratégicos de las civilizaciones que allí se establecieron.

    Innsbruck está justo en el medio de dos subcordilleras. La Nordkette al norte y la Patscherkofel al sur, ambas de más de dos mil metros de altura (aunque nada comparado con mi viaje a las alturas de los Andes, a mucho más de cuatro mil).

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    La situación de Innsbruck la dota de un clima boreal. Así, la nieve nunca desaparece de sus picos montañosos.

    Y aunque una Innsbruck cubierta en nieve debe tener su encanto, para mí no había nada mejor que un suelo seco y un cielo despejado. Así que la pregunta obligada surgió. ¿Se podría subir a las montañas?

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    La oficina de turismo podía asemejarse fácilmente a una librería. Con folletos en vez de libros. Pases de un día a una semana ofrecían los highlights de la ciudad. Pero nada de eso me interesaba. Yo quería ir a la montaña.

    La única opción que los empleados me daban era la joya turística de Innsbruck: el teleférico a Nordkette.

    Desde hace ya varios años subir hasta lo más alto de la cordillera que rodea Innsbruck en su zona norte es sumamente fácil gracias al teleférico. Desde el centro de la ciudad en tan solo 20 minutos se puede alcanzar la cima.

    Pero, como era de esperarse, el precio no era el más asequible. Un viaje ida y vuelta rondaba los 35 euros. Solo transporte incluido.

    Cogí un mapa y salí un poco decepcionado. Aunque la verdad no me había sorprendido. Pero las montañas seguían ahí, vigilando todo. Y me llamaban a gritos que no era capaz de ignorar.

    Así que crucé el río y caminé cuesta arriba. Seguiría el cable funicular hasta donde me fuera posible. La primera estación era en el zoológico alpino y parecía no estar muy lejos.

    Las laderas de los Alpes parecían el lugar preferido para muchos de los residentes de Innsbruck, que las habían elegido como lugar de vida permanente.

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    La mayoría de aquellas casas simulaban una cabaña, dotando a Innsbruck de un paisaje 100% alpino, si se ignoraban las construcciones modernas.

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    Desde el zoológico el camino se volvía más agotador. Cada vez había menos calles y quedaban los senderos de tierra, preferidos por ciclistas y montañistas, deportes bastantes comunes en Austria.

    Para ese entonces estaba ya bastante oxidado. Hacía tiempo que la altura no era parte de mi vida y subir senderos de montaña no era algo que hiciera seguido.

    Mis esfuerzos me llevaron hasta la siguiente estación, Nordpark, cuya estructura simula los techos de un glaciar.

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    La gente que paga su ticket puede subir y bajar del funicular en las estaciones de escala. Y lo hacen no solo por admirar la escultura de metal. Lo mejor de Nordpark es su mirador.

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    Su poca altura es ya suficiente para ofrecer una vista panorámica espectacular de la ciudad y de la cordillera Patscherkofel.

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    El río Eno queda al descubierto y muestra su intenso color azul, cuyas aguas resbalan desde las cumbres nevadas que así presumen su pureza.

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    Un bocadillo en la terraza de Nordpark fue sumamente relajante. Pero hacía falta ahora voltear atrás.

    Las montañas se hacían mucho más escarpadas. Los cables del teleférico se hacían cada vez más verticales. Y a la vista ningún sendero o escaleras hacia la cima parecían invitarme a subir.

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    Las últimas paradas, Seegrube y Hafelekarspitze estaban a más de 2000 metros de altura y prometían las mejores vistas y actividades en toda Innsbruck. Un restaurante, bares y hasta una discoteca en las alturas. Una estación de ski, actividades deportivas, un iglú artificial. Toda una pequeña ciudad en lo alto de los Alpes.

    Pero al parecer la única forma de llegar era por el teleférico. Y ni eso me convencería de pagar 35 euros.

    Me alejé entonces un poco de la estación y dejé el teleférico atrás. Seguí a un grupo familiar que caminaba por un sendero que se adentraba en el bosque. Un letrero apareció entonces: “Willkommen auf der Nordkette”, dando la bienvenida a Nordkette.

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    Tras él, un mapa dibujaba la telaraña de senderos que se tejían por el bosque de montaña. Y aunque poco conocía hasta dónde me llevarían, no dudé en adentrarme y conocer más de cerca las montañas de Nordkette.

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    Los primeros pasos me llevaron hasta algunos restaurantes y resorts en mitad del bosque a los que se puede llegar todavía en automóvil. Son sitios perfectos para un domingo familiar.

    Pero al rebasarlos el bosque se hacía más denso por varios kilómetros, y la ciudad desaparecía entre el saturado follaje.

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    Por el contrario, las montañas parecían acercarse, y sus serpientes de nieve se hacían más visibles mientras la tarde avanzaba.

    Las horas se me habían ido volando. Y una caminata solitaria por el bosque era justo el pretexto perfecto para no fijarme en la hora.

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    Todo allí era paz. La naturaleza en su máximo esplendor. Una ciudad así era de envidiarse. Era imposible pasar un fin de semana aburrido con tal cantidad de senderos por recorrer.

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    Los ciclistas me rebasaban cada diez minutos. Al parecer yo era de los pocos que se habían sumergido tanto sin un vehículo conmigo. Menos mal que mis botas todo terreno soportaban hasta lo peor.

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    El calor comenzó a sofocarme y me obligó a quitarme los abrigos. Una y otra vez. Así es el montañismo. Así es sudar en un clima hemiboreal.

    Los colores alpinos no dejaban de sorprenderme. Y sus tonos otoñales me hacían saber que aquel viaje en octubre fue la mejor decisión que pude haber tomado.

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    Todo aquello era algo difícil de encontrar en mi país. Quizá viajar 10,000 km no era necesario, pero indudablemente jamás me arrepentiría.

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    El laberinto de caminos me llevó hasta una solitaria iglesia que también servía de parking. Los coches me anunciaban que estaba de vuelta en la ciudad.

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    Eran casi las 4 de la tarde, y había recorrido unos 10 km al pie de las montañas.

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    Para ese entonces el calor se me había ido, y un fuerte viento helado subía desde el valle y me aventaba hacia atrás. El clima había cambiado radicalmente en un segundo y sabía que existían probabilidades de lluvia.

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    Apresuré mi paso y crucé el resto de bosque casi corriendo. Cuando llegué a la ciudad un grupo de nubes negras había oscurecido el panorama.

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    El viento aceleraba la corriente del río y provocaba un tenebroso zumbido en mis oídos. Momento justo para meterme a un restaurante, comer una hamburguesa y tomar una buena cerveza.

    Antes de que oscureciera volví a casa de Rashed para tomar un baño y relajarme en la calefacción. No quería dormir tan tarde. Un bus aguardaría por mí el siguiente día para llevarme a la frontera norte de vuelta con sus vecinos los alemanes.

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    Los Alpes me habían maravillado más de lo que esperaba. Ahora era tiempo de que un castillo de cuentos lo hiciera.

  2. La Capital Federal también llamada Ciudad de Buenos Aires es la ciudad principal de Argentina, mi país. Es un sitio cosmopolita con mucho para hacer y para ver, tiene importantes centros comerciales, varios atractivos turísticos, barrios tradicionales, librerías, museos, avenidas emblemáticas, pizzerías y mucho más…

    Buenos Aires invita a ser visitada más de una vez… Fui varias veces, por aun concierto y luego me quede un par de días para recorrer la ciudad, fui a la Feria del Libro, fui de paso para tomar un vuelo hacia alguna otra ciudad, o algún colectivo que me conectara con algún otro lugar, fui de vacaciones de invierno, fui en verano… Siempre con algún motivo distinto y siempre siempre queda algo pendiente para ver…

    Esta vez fui por cuatro días. Llegué un viernes por la noche, la ciudad me recibía con un día primaveral de esos que invitan a salir a pasear. Al llegar a la ciudad recordé el mundo de gente que es Buenos Aires, una ciudad donde la gente va y viene a paso acelerado y los autos circulan a gran velocidad con un tránsito tan caótico como inquietante.

    Luego de dejar las cosas en el hotel fui a pasear por la Avenida Santa Fe ya que el alojamiento estaba a una cuadra de esta gran avenida donde se pueden encontrar cientos de negocios y también restaurantes para comer. Algo típico y característico de Buenos Aires son las pizzas en combinación con fainá.

    Otro de los paseos que aproveché para hacer durante el fin de semana fue ir a la Librería el Ateneo, es la librería más linda que he visitado, con una arquitectura muy llamativa, además tiene cientos de libros para todos los gustos, pero no fue la única librería que visité también fui a una adentro de un shopping en donde se vendían todos libros y novelas en inglés. El edificio donde se encuentra esta librería fue construido en el año 1917 y fue diseñado con la finalidad de que funcionase en el lugar un teatro, posteriormente se remodeló y desde el año 2000 funciona como una librería perteneciente a una marca tradicional de libros. Cuenta con puntos de lectura y también con un café.

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    Por supuesto que también visité los hitos más emblemáticos como la Plaza de Mayo, aunque haya ido en varias oportunidades a mi criterio, siempre invita a ir una vez más y también pasar por el famoso Obelisco. Aproveché para visitar lugares que no conocía, siempre que algo pendiente… Tenía como Pendiente un Centro Cultural muy lindo donde había muestras muy interesantes relacionadas con la naturaleza y el arte.

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    Otro museo que no conocía es el de La Casa Rosada, donde se pueden ver objetos que pertenecieron a la historia del país y también a cada uno de los presidentes. Lamentablemente no pude visitar la Casa Rosada, va un dato muy importante: para ir es necesario hacer una reserva por internet con 15 días de anticipación.

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    Siguiendo con los datos útiles: hay distintas opciones para moverse por esta gran ciudad, una es el bus turístico que pasa por las paradas de los barrios e hitos más turísticos y representativos, pero también hay transporte público y varias opciones, yo elijo siempre los subtes porque son los más rápidos. (Para moverse en transporte público es necesario contar una tarjeta “Sube” la cual funciona para todos los medios: trenes, subtes y colectivos, también se puede alquilar una bicicleta para recorrer la ciudad de una manera distinta)

    Los shopping también son una visita obligada, en esta oportunidad recorrí el Alto Palermo Shopping y el del Abasto, este es uno de los más grandes de la ciudad.

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    Uno de los centros comerciales más lindo son las Galerías Pacífico las cuales fueron declaradas como Monumento Histórico Nacional. Los murales y las cúpulas invitan a detenerse a mirar y contemplarlas...

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    Un paseo por Buenos Aires nunca está completo… esta vez además de algunos museos, también me quedó pendiente conocer El Planetario…

  3. La elección de un destino siempre es difícil para un viajero. Y aunque pocas veces podemos realmente arrepentirnos, puede llegar un momento en el que nos digamos: “debí haber elegido este otro”. Y es un pensamiento inevitable.

    Pero cuando la elección ha sido claramente la correcta, el regocijo resultante es inminente. 

    Escoger solo tres de las 26 regiones académicas en la Francia continental para pasar siete meses de mi vida como profesor de español no fue, sin duda, una decisión fácil. Pero ciertamente fue una de aquellas que llamaría “la correcta”.

    A la sombra de París, la metrópoli francesa por excelencia, se encuentra una portentosa ciudad, comúnmente puesta en segundo plano. Una ciudad que ha sido desplazada por buena parte del turismo internacional que visita a Europa, solo por ser más pequeña que su hermana del norte.

    Su vetusta historia, su bien conservado patrimonio, su excelente ubicación y deliciosa gastronomía hicieron de Lyon la mejor de mis elecciones para vivir en Francia.

    Si bien ni siquiera siete meses en “la capital de la seda” fueron suficientes para conocer todos sus rincones, un par de buenos amigos y un libro titulado Lyon: secret et insolite hicieron que aquello que es imprescindible no escapara de mis ojos.

    Y lo siguiente es el mejor intento de una lista de atractivos y barrios imperdibles en la que, personalmente, fue la mejor ciudad en la que pude haber vivido en Francia.

    Roma y los galos.

    Lyon no siempre fue Lyon. Y Francia no siempre fue Francia. Pero algo es claro en su rivalidad con París: Lyon es más antigua. Y a su fundación en el 43 antes de Cristo fue llamada Lugdunum, por sus padrinos los romanos.

    Lyon es a veces apodada la antigua capital francesa. Aunque de eso muy poco es verdad, ya que cuando Lyon pudo ser capital de algo, Francia ni siquiera existía. Pero sí lo hacía Galia, la enorme provincia romana de la que Lyon fue centro político y cultural.

    Es por ello que, aunque no muchos se lo esperan, en Lyon podemos encontrar dos bellos y conservados anfiteatros romanos.

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    La ciudad está estratégicamente ubicada en la confluencia de dos importantes afluentes fluviales: el río Ródano y el río Saona, fácilmente navegables para toda sociedad que allí se estableció.

    Y otros dos cuerpos naturales dominan la metrópoli: la colina de Fourvière al oeste y la colina de la Croix Rousse al norte, de las que hablaré más adelante.

    Y cada una de estas dos colinas resguarda como tesoro los vestigios arquitectónicos más antiguos que Lyon puede poseer, de una de las civilizaciones que más marcó el mundo occidental.

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    Aunque uno de ellos, el ubicado en la Croix Rousse, fue testigo de una cruel matanza de cristianos, en un intento de los romanos por conservar el paganismo de su religión.

    Capital de las tres Galias, Lyon no solo pudo mostrarme parte de lo que hoy es Francia, sino parte de lo que hace siglos fue Roma.

    El Vieux Lyon.

    Es claro que durante siglos de existencia Lyon haya tenido que cambiar sus fachadas y extender sus complejos habitacionales para dar cabida a la creciente población que llegaba a ella, atraída por la bonanza económica de la que gozó por mucho tiempo.

    Y aunque los anfiteatros son los remanentes más longevos, el Vieux Lyon es la zona más antigua donde todavía vive gente (incluido mi amigo Jonathan, quien me invitó a emborracharme en el interior de este antiguo e histórico complejo).

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    La primera vez que di un paseo por el Viejo Lyon, que resulta ser la zona más turística de la ciudad, simplemente no me sentí en Francia.

    Y no resulta extraño. De hecho la mayoría de este barrio medieval-renacentista fue construido bajo los estándares italianos, debido a la oleada de florentinos que llegaron con el matrimonio de Catalina de Médecis con el hijo del rey francés.

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    Es por ello que esas grandes edificaciones poseen un patio interior al puro estilo itálico. Y los callejones que abren paso entre el interior de las manzanas son uno de los símbolos más apreciados de Lyon. Los llamados traboules.

    Un paseo por Lyon no puede estar completo sin caminar por el oscuro interior de un traboule. Y no se trata solo de la funcionalidad de acortar las distancias por esta estrecha parte peatonal de la ciudad. Es un legado que hoy forma parte innata de la identidad lionesa.

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    Es en uno de esos coloridos edificios italianos que se aloja el Museo Gadagne, que cuenta la historia de la ciudad con piezas y mapas originales, entre las que se encuentran una cama hecha exclusivamente para Napoleón Bonaparte y el cartel de la Exposición Internacional de 1914.

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    Pero si hay un museo que debió llamar mi atención desde que caminé por primera vez por el barrio es el Museo del cine y miniatura.

    Aunque Lyon no es reconocida internacionalmente como una capital del cine, es el lugar que prácticamente vio nacer al séptimo arte.

    Los hermanos Lumière, inventores del cinematógrafo, hicieron allí la primera película de la historia: la famosa cinta Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir, donde hoy se encuentra en su honor el Instituto Lumière.

    La cinta no mostraba nada más que, literalmente, la salida de los trabajadores de una fábrica. Y ese nuevo invento que ellos mismos dijeron que no poseía futuro alguno, se convirtió en una de las industrias de entretenimiento más grandes del planeta.

    Y aunque Lyon no cuenta con estudios cinematográficos ni ha sido sede de muchos rodajes, se ha encargado de mostrar a la gente la magia de aquello que Auguste y Louis Jean Lumière crearon en el siglo XIX.

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    El Museo de cine y miniatura ha recopilado piezas originales de algunos de los filmes más famosos de la historia. Desde la escalofriante escenografía francesa de El Perfume (con réplicas tamaño natural de Jean-Baptiste Grenouille) hasta las máscaras de El planeta de los Simios.

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    Mis alumnos de intercambio provenientes de Mallorca pudieron no haber apreciado como yo las páginas del storyboard original de Troya o la cabeza del triceratops de Jurassic Park. Pero la utilería y miniaturas allí presentes me hicieron sentirme mucho más niño que ellos.

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    El barrio central del Vieux Lyon alberga también a la catedral de Saint-Jean, una de las dos iglesias más icónicas de la urbe.

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    Su fachada delantera y posterior recuerdan mucho a la catedral de Notre Dame de París, obteniendo casi el mismo valor emblemático para los locales y turistas que su gemela parisina. Pero si una iglesia debía imperar la ciudad, Saint-Jean pudo hacerlo solo hasta la llegada de su nueva rival en el siglo XIX.

    Altos de Fourvière.

    Lyon fue fundada en el lado oeste del río Saona. Pero no tan al norte en el actual distrito 9 (a donde me dirigía diario para trabajar en el colegio público Jean Perrin). Sino en lo alto de una de las dos colinas que mencioné con anterioridad. La célebre colina de Fourvière, a la que hoy puede accederse fácilmente a través de un funicular.

    Fourvière vio nacer a Lyon en manos de los romanos y fue testigo del crecimiento de la metrópoli a sus pies, con los imponentes Alpes en su difuminado horizonte (donde con suerte puede verse el Mont Blanc en un día bastante despejado).

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    Y fue justamente al lado de este increíble mirador que los lioneses decidieron erigir un templo en agradecimiento a la Virgen María por salvarlos de la peste en el siglo XVII.

    Esa modesta capilla fue remodelada a partir de 1870 para darle forma a la actual Basílica de Notre Dame de Fourvière.

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    Su imponente y alternativa arquitectura inspirada en el arte románico y bizantino, pero sobre todo su perfecta ubicación a 120 metros de alto, la ha hecho el símbolo religioso de Lyon.

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    Al otro lado del mirador, una torre de metal apodada “la Torre Eiffel” también domina la ciudad. Se trata de una torre de telecomunicaciones que fue mandada a hacer por un restaurantero durante la Exposición Universal de Lyon en 1914 para atraer turistas a su restaurante.

    Este par se ha convertido en la corona lionesa, pudiendo ser vistos desde casi cualquier punto de la ciudad. Sea cuando salía a comprar pan, paseaba en bicicleta, corría a orillas del Ródano o, incluso, desde mi salón de clase, la basílica y la torre de Fourvière me harían no olvidarme nunca de que me encontraba en Lyon.

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    La presqu’île y Terreaux.

    Cuando Lyon se vio atrapada entre la colina de Fourvière y el río Saona no le quedó otro remedio que extenderse hacia la península contigua que hoy da lugar al centro de la ciudad.

    Terreaux, Hôtel de Ville, 1er arrondissement son algunos de los nombres con los que los lioneses llamarían a esta zona de la ciudad, ubicada justo en medio de los dos afluentes que la atraviesan.

    Este estrecho trozo de tierra, llamado en francés presqu’île (literalmente “casi isla”), es la península más cotizada donde la mayoría de los locales quisieran vivir.

    A pesar de mis esfuerzos, encontrar un apartamento en esta zona fue imposible para un joven extranjero sin experiencia laboral y con un salario bajo en relación al resto. Pero mis últimos 15 días en Lyon los pasé refugiado en el estudio de mi amigo Loïc, justo en el corazón de este bullicioso y haussmanniano vecindario.

    La Plaza de Terreaux es el núcleo de la presqu’île, flanqueada por bares y cafeterías que dan a toda la península más vida que en cualquier lugar de Lyon.

    Al sur de la explanada se encuentra el Palacio de Bellas Artes, que alberga al Museo de Bellas Artes de la ciudad.

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    Sí, es verdad que Lyon no destaca tanto en las artes como lo hace París, con sus mundialmente famosos museos. Pero fue una buena manera de pasar mis domingos lluviosos, cuando todo lo demás está cerrado en la ciudad.

    Al este se alza el Hôtel de Ville. Es importante saber que en francés la palabra hôtel no siempre querrá decir lo que en español. Así, la traducción de Hôtel de Ville no es “hotel de la ciudad”, sino más bien “ayuntamiento”.

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    Y justo detrás del ayuntamiento se halla un edificio que todo buen lionés ocupa como punto frecuente de reunión, incluyéndome a mí.

    La Ópera de Lyon se resguarda bajo esa majestuosa construcción coronada por ocho musas griegas (sí, normalmente son nueve, pero ocho es un hermoso número par que conserva la simetría arquitectónica).

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    Hasta este punto haría pensar a cualquiera que Lyon es una ciudad burguesa y chic, como la gente suele pensar que es París. Una ciudad donde la gente acude a la ópera vestida de gala y visita un museo cada domingo. Pero no es así.

    De hecho, en la Ópera de Lyon algunos jóvenes han encontrado un lugar propicio donde contraponer sus expresiones artísticas ante la música clásica occidental.

    A diario es posible encontrar en el pasillo exterior de la ópera a grupos de bailarines de música urbana practicando sus coreografías. Los más avanzados enseñan a los novatos los pasos básicos del hip-hop y break dance, mientras cúmulos de gente los observan con detención. Era una manera sumamente entretenida de esperar a mis impuntuales amigos antes de salir a buscar un café.

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    Y al norte de la ópera, la explanada de asfalto sirve a los skaters para practicar sus movimientos, dando un peculiar espectáculo a los que toman su cerveza en las terrazas contiguas.

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    La Croix-Rousse y los canuts.

    Ha quedado claro que Lyon es más que una ciudad burguesa y refinada. Es una mezcla de contrastes para todos los gustos y edades. De hecho, Lyon no siempre gozó de una aristocracia de edicios haussmanianos (típica postal parisina de la belle époque). Lyon salió adelante gracias al trabajo. Y no hay trabajo que le haya sido mejor reconocido que haber dominado el tejido de la seda.

    Lyon fue uno de los últimos destinos de la ruta de la seda en Europa, que transportaba la codiciada fibra natural desde el Lejano Oriente.

    El siglo XIX fue la época dorada de la seda, cuando muchos artefactos fueron desarrollados y cuando aumentó el número de trabajadores dedicados a la industria.

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    Máquina de tejido de seda.

    La mayoría de esos obreros, llamados canuts, poseían un taller (atelier en francés) en el barrio al que ellos mismos dieron vida. La famosa Croix-Rousse.

    Se trata de la segunda colina que domina la ciudad. Igual de famosa que su hermana Fourvière, la Croix-Rousse ha estado a la vez separada y unida a Lyon desde su existencia como comuna.

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    La Croix-Rousse vista desde el río Saona.

    Mientras Lyon se ha desarrollado como una gran metrópoli, la Croix-Rousee ha conservado ese ambiente de pueblo, que hace sentir a sus habitantes en una especie de isla en medio de la gran ciudad. Muchos de ellos nunca “bajan”, haciendo la totalidad de su vida en lo alto de la meseta.

    El siglo XIX significo muchas cosas para este vecindario y para el mundo entero. Fue el siglo en el que se unió oficialmente con Lyon, derribando la muralla que las separaban y creando un lazo inminente a través de un funicular, el primero en el mundo.

    Pero fue también cuando nació la primera protesta laboral del planeta, en manos de los canuts. Los trabajadores de la seda estaban sometidos a condiciones muy duras, por lo que alzaron la voz ante las autoridades, siendo violentamente reprimidos.

    Los canuts dejaron su legado en la Croix-Rousse. No solo en el tipo de viviendas altas con traboules y con amplias ventanas (la luz ayudaba a trabajar la seda), sino con la atmósfera bohemia que heredaron al día de hoy.

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    Antiguo edifico de canuts.

    La colina se divide en dos barrios: el plateau y les pentes. El plateau es la meseta, zona residencial con la más alta densidad de población. Y les pentes son las pendientes que suben desde el centro de Lyon, cuyas estrechas calles albergan hoy el barrio artístico y bohemio de la ciudad.

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    Les pentes de la Croix-Rousse.

    Subir por las cansadas pendientes de la Croix-Rousse era algo indispensable cada vez que un día bello y despejado ameritaba sentarse ante una linda panorámica. La llanura este hacia los Alpes desde lo alto en medio de un ambiente bohemio es una de las mejores cosas que pueden hacerse en Lyon.

    Quais du Rhône.

    Si preguntamos a un lionés cuál de los dos ríos que atraviesan la ciudad prefiere, sería quizá una pregunta muy difícil.

    El río Saona flanquea al Viejo Lyon y pasa junto a la colina y la Basílica de Fourvière, siendo el preferido de los turistas si de un paseo en bote se trata. Pero el Ródano tiene lo suyo.

    El Ródano puede ser un río más bien destinado a los locales. En su extenso malecón (quai du Rhône en francés) puede encontrarse cientos de personas a todas horas del día. Desde los que, como yo, corrían en las templadas mañanas (excepto cuando el invierno lo volvió imposible) hasta los indigentes que se refugiaban bajo los puentes.

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    El malecón del Ródano tiene vida. En sus simétricas alamedas que colorean la ciudad de acuerdo a su estación. En la increíble vista de la presqu’île y Fourvière desde cualquiera de sus puntos.

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    La Croix-Rousse vista desde el quai du Rhône.

    En la línea de botes aparcados a sus orillas donde se puede beber una cerveza en la terraza. En la piscina municipal al aire libre que, incluso en invierno, siempre está llena.

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    Pero sobre todo tiene vida los jueves por la noche, cuando todos los estudiantes acuden a su escalinata a admirar a los skaters hacer sus piruetas y a beber vino y cerveza hasta que llega la hora de buscar un club.

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    El quai du Rhône me dio las mejores y más inolvidables noches en Lyon. Seis botellas de vino para tres personas, ver el trasero desnudo de estudiantes que cantaban al unísono “muéstranos tus nalgas”, música hip-hop francesa que escuchaban los racailles

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    Bien, creo que la elección no me es difícil. Mi río preferido es el Ródano. Y seguro el de muchos otros también.

    Confluences.

    Pero la lucha entre ambos ríos termina justo donde llega a su fin la ciudad de Lyon.

    Confluences es, literalmente, la confluencia del Ródano y el Saona. Los ríos se vuelven uno solo y eso da fin a la presqu’île y a la ciudad entera.

    Es en realidad un barrio un tanto lujoso, donde se halla un famoso centro comercial y un conjunto de edificios habitacionales ultramodernos.

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    Entre ambos, un pequeño embarcadero sirve como aparcamiento del vaporeto, un bote de servicios turísticos que ofrece paseos por el río Saona.

    Pero el emblema del vecindario es el Museo de Confluences, ubicado en la punta extrema sur de la península.

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    Es otra edificación ultramoderna que alberga exposiciones permanentes y temporales que vale la pena visitar. Una sala con réplicas de tamaño real de las especies animales del mundo, una exposición contemporánea sobre expediciones a la Antártica, hasta una muestra de la historia de los zapatos.

    Pero la mejor parte es la vista que se tiene desde su terraza, que nos deja admirar el fin de Lyon.

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    Es posible caminar por ese pequeño estrecho, donde las olas poco a poco cubren el último pedazo de tierra.

    Ciudad de los murales.

    Otro de los grandes secretos que resguarda Lyon.

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    Muy poca gente llega sabiendo la cantidad de murales que posee la ciudad en cada uno de sus rincones. Desde murales que simulan una biblioteca a orillas del Saona hasta frescos que hacen honor a Diego Rivera y la cultura mexicana en el lejano distrito 7.

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    El más famoso, sin duda, es el fresque des lyonnais, un enorme mural ubicado en el centro de la ciudad, que muestra a los lioneses más célebres de la historia.

    Se presumen personajes como los hermanos Lumière, Laurent Mourguet (creador del teatro guiñol), Paul Bocousse (uno de los mejores chefs de Francia) y Antoine Saint-Éxupery, el famoso piloto y autor de El Principito. Por cierto, el aeropuerto de Lyon lleva su nombre.

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    Pero el más alucinante es ciertamente el mur des Canuts, ubicado en la Croix-Rousse.

    Muchos dicen que es el mural más grande de Europa. Yo diría que quizá lo fue en su tiempo.

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    Sea cierto o no, su tamaño es colosal, y el empeño que los artistas pusieron en él puede notarse a leguas, sea visto desde lejos o desde cerca.

    Pero a mi primer acercamiento el mural engañó mi vista. La perspectiva de escalera y el conjunto de edificios pintados en otro edificio me hizo creer que todo ello era real.

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    El fresco se ha renovado con el paso del tiempo y ha sido financiado por patrocinadores. Todo en él hace honor a la Croix-Rousse, conteniendo elementos característicos de la vida cotidiana en aquel afanado barrio.

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    Hay muchas razones por las que diría que prefiero Lyon ante cualquier otra ciudad francesa. Su clima, su trazo urbano, su comida, su limpieza, su seguridad, su cultura. Lo cierto es que me es muy difícil pensar en Lyon como una ciudad turística. La pienso solo como un melancólico hogar. Pero sé que estos sabios y sinceros minirelatos pueden motivar a muchos a conocer Lyon hasta lo más profundo de su ser. Porque aunque sea la tercera ciudad más grande de Francia, siempre seguirá siendo secreta e insólita.

  4. flormdk
    Último Relato

    Estando tan lejos de mi país, aprovecho lo más que puedo para viajar y recorrer esta zona tan linda del mundo, Oceanía. Claro que recorrer y ver todo es imposible, entonces llega la hora de elegir por distancia, tiempo y dinero… Estando a cuatro horas de Auckland no podía evitar las ganas de ir. Ya había visto fotos y videos por internet y la ciudad me había parecido sumamente bonita.:big-grin:

    Me había tomado unos días exclusivamente para viajar… había partido primero rumbo a Sydney, luego hacia Melbourne y la última parada del viaje sería Auckland antes de volver a Brisbane la ciudad donde estoy viviendo.

    Después de tres horas de viaje llegué a destino… Debo admitir que con algo bastante de jet lag, no tanto como aquel que sentí cuando llegué a Australia desde Argentina, pero algo así, a lo que se sumaba el cansancio de los días de tanto viaje.

    De todas maneras no tenía ganas de quedarme a descansar así que salí a recorrer la ciudad. Quizás sea un error, siempre leo que se recomienda dejar el primer día de viaje para descansar, pero no puedo quedarme encerrada en un lugar al que llego por primera vez.:blush:

    El primer sitio al que quería ir era a la Torre, la Sky Tower, no para entrar porque estaba muy cansada pero sí para verla desde cerca.

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    La torre de Auckland es una torre de telecomunicaciones, difusión de radio y televisión pero también un importante complejo y lugar que no se puede dejar de visitar. Es una de las mayores atracciones de Auckland, recibe unos 700 mil turistas cada año. Es la torre más alta del hemisferio sur, tiene más de 300 metros de altura.

    Salí del departamento en donde estaba parando, no tenía internet en el celular porque el chip australiano lógicamente no andaba en tierra neozelandesa, tampoco tenía un plano entonces opté por preguntarle a una persona que pasaba caminando... Le pregunté cómo podía llegar hasta la famosa torre, con su inglés neozelandés (muy parecido al australiano y bastante diferente del americano) me dijo algo así como que tenía que ir hasta la cima de la colina, luego bajar la colina y finalmente llegaría..  Le dije gracias aunque no estaba muy segura de las indicaciones :huh:

    Seguí caminando y nuevamente volví a preguntar... Recibí indicaciones que tenían como punto de referencia subidas y bajadas de colina. Conclusión… Si vas a Auckland y preguntas por cualquier punto ya sea la Torre, el centro o el supermercado más cercano, la gente te responde con ese tipo de indicaciones bastante difíciles de comprender ya que las pendientes no son tan pronunciadas.Demás está decir que la gente es sumamente amable y dispuesta a ayudar, pero si queres entender las indicaciones tenés que prestar mucha atención al relieve. Admiro la memoria que tienen para acordarse las subidas y bajadas de las calles cuando en realidad no son tan pronunciadas.

    Después de unos minutos de caminata, tratando de prestar atención a las subidas y bajadas... llegué hacia la Torre, saqué unas fotos desde afuera y tuve que volver al departamento me sentía demasiado cansada.. el jet lag y los días de viaje continuado se hacían notar.

    Al día siguiente, por suerte más descansada, compré los boletos para el colectivo turístico, el cual vino muy bien porque la ciudad es muy grande, está muy extendida y no creo que pocos días alcancen para ver todo… hay mucha vegetación, mucho verde, pastos impecables que parecen el dibujo de un  cuadro, estructuras muy lindas como las del museo y muchos edificios antiguos en reparación y otros tantos en construcción.

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    La zona del puerto es muy pintoresca. También con el colectivo se pude ir a un shopping muy grande y a otros sitios interesantes como la parte céntrica de la ciudad.

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    Cuando estuve más descansada aproveché a subir a la torre para disfrutar de la vista de la ciudad. Una vista maravillosa que pude disfrutar mientras tomaba un café. Cualquiera pensaría que en un lugar tan lindo y tan alto debe ser muy caro tomar un café, pero todo lo contrario, los precios son iguales que en el resto de los café de la ciudad, por lo que recomiendo que vayan con tiempo para tomar algo. Cuando voy a un mirador o sitio así, me gusta ir a la tarde y ver cómo a medida que va oscureciendo se van prendiendo las luces de la ciudad dando lugar a una vista única. También hay un restaurante que está en otro piso y es giratorio, lamentablemente había que ir con reserva y ya estaba todo ocupado. Consejo: si quieren disfrutar de una cena en el restaurante giratorio averiguen con anticipación para poder reservar^_^. Otra cosa, consulten por los horarios de cena, en este lado del mundo se cena muy temprano!

    El resto del tiempo lo aproveché para caminar por la ciudad, iba a ser excursiones pero el tiempo no acompañaba para ello, de todas maneras la pasé super bien disfrutando de la tranquilidad y de los paisajes que la ciudad tiene. Además está bueno que en cada viaje quede siempre algo pendiente para tener una excusa para volver...

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    Teníamos un fin de semana largo libre en Australia y había que aprovecharlo, en esta gran isla los feriados no son moneda corriente y cuatro días libres son ideales para planificar un viaje y conocer más...

    Las opciones eran y son muchas, Australia lo tiene todo... desiertos, selvas, playas... El desierto siempre me había interesado, el famoso Uluru, pero era algo distante, bastante distante y complicado... primero había que volar a Sydney y de ahí tomar un tour,sumado a ello los tours son acampando cosa que no me apetecía por miedo a víboras, arañas y demás cuestiones...

    Finalmente decidimos ir hacia Cairns y fue una muy buena opción...

    Llegamos el viernes Santo, en este lado del mundo Semana Santa tiene como feriados el Viernes y el Lunes, distinto a mi país donde los días feriados son jueves y viernes. Acá los feriados se toman muy en serio, cierra todo! Llegamos y era una desolación, eso que estábamos en un departamento en pleno centro, pero no había nadie! Estábamos frente al shopping más grande de Cairns pero estaba cerrado... Había muy pocas cosas abiertas, un supermercado (con precios sumamente caros), algunas casas de souvenires y las agencias de excursiones. Pero no andaba nadie en la calle, más tarde lo comprendí... había turistas pero estaban todos haciendo excursiones, el movimiento se empezó a notar después de las cinco de la tarde cuando todos empezaron a volver de las excursiones.

    Aprovechamos este primer día para recorrer la ciudad, paseando por la Explanada, una zona muy bonita de Cairns donde se encuentra una pileta además de varios negocios y agencias de viaje donde pudimos averiguar por excursiones…

    Al día siguiente hicimos la excursión de la Barrera de Coral. La excursión partía de un muelle, había que ir lógicamente en barco. Ya había viajado en ferries y otros medios acuáticos, pero nunca en el mar, siempre en lagos o ríos. De todas maneras no tenía miedo. El viaje empezó lo más bien, hasta que de golpe el barco empezó a moverse para todos lados, sin parar... Casi todos empezaron a sentirse mareados. Quería disfrutar de mirar el horizonte pero tuve que permanecer mirando un punto fijo en el piso para no marearme.. finalmente llegamos al punto donde hacer snorkel. Fue una actividad al principio algo difícil porque nunca había hecho snorkel, pero de todas maneras lo disfruté y también disfruté de mirar el horizonte en esas aguas cálidas y de color turquesa. Fue una experiencia única.

    La otra excursión que hice fue ir a la Selva. Siempre me ha llamado la atención el paisaje de las selvas, los aromas, los ruidos de los pájaros, es un lugar donde te podes desconectar y sentir aire puro. Tomé una excursión que me llevó a Yungaburra, la selva  más antigua del mundo! Allí pude disfrutar de cascadas y lagos, además de ver algunas rarezas como el árbol llamado Fig Tree muy llamativo por la forma en que sus ramas van enredándose entre sí.

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    Había posibilidad de meterse en las cascadas pero el agua estaba algo fría, así que aproveché el tiempo para descansar y contemplar el paisaje.

    Fue un viaje muy intenso! Pero realmente lo disfruté mucho. En el último día fui a la playa. Siempre había querido estar en una playa con palmeras como las que se ven en las postales, para mí son diferentes ya que las de mi ciudad no tienen palmeras (de todas maneras son muy lindas , son distintas en lugar de mar abierto, muchas de ellas tienen escolleras)

    Para llegar a la playa tuve que tomar un colectivo, las playas están a 20 kilómetros del centro de la ciudad. El colectivo tarda una hora en llegar, como era feriado la frecuencia estaba bastante baja, pasaba un colectivo cada hora, de todas maneras es muy fácil organizarse para ir en transporte público en cualquier ciudad de Australia, todas las paradas tienen los horarios en los que pasan los colectivos, también hay una aplicación que ayuda a planificar el viaje indicando el punto de partida y el punto de destino, la aplicación arroja varios resultados con distintos medios de transporte.

    Compré un billete para usar durante todo el día. Luego de casi una hora de viaje, en la que se me pasó el tiempo volando porque iba mirando por la ventana los bonitos paisajes, llegué a Palm Cove. Hay muchas playas, pero la mayoría de los lugareños me habían recomendado esta.

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    La playa es sumamente linda y además en los alrededores tiene varios cafés, locales gastronómicos y comerciales. Por supuesto que también hay opciones para quienes busquen algo más agrestre o más tranquilo.

    De todas maneras la playa es super tranquila y segura, podes dejar tus cosas en la arena e ir a refrescarte al mar sin problemas.

    La organización australiana también decía presente en playa... había un área para bañarse delimitada y cercada por mallas que impedían que entraran las aguas vivas.

    Caminé bastante por la playa disfrutando del mar y de la arena bastante blanca y después fui a comer a uno de los restaurantes de la zona. Si andan por Australia no pueden dejar de comer el pan de ajo que se ofrece antes de pedir una pizza. Es muy rico, eso sí, en todos los sitios lo preparan de manera diferente, pero siempre es rico.

    Volví a acomodarme para volver a tomar el avión y volver a Brisbane la ciudad de Australia donde estabaparando, antes aproveché a pasar por el shopping el cual es muy lindo. Tuve un buen vuelo y una muy linda estadía disfrutando de paisajes y de hacer muchas actividades como me gusta a mí :big-smil:

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    Hastiado del invierno, de la nieve, de aquello cielos plomizos que abatían cada una de mis fotos, por fin llegó el momento de volver al sur de Europa, que aunque todavía a tres o cinco grados centígrados, me hacían sentir como que el verano se había adelantado.

    Así comencé febrero volando hacia el último destino de mi Eurotrip: Roma, la Ciudad Eterna.

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    WizzAir me llevó desde Varsovia hasta la costa de Lacio, en los hangares del Aeropuerto Internacional Leonardo Da Vinci, mejor conocido como Aeropuerto de Roma-Fiumicino, el más grande de Italia.

    Sorprendentemente Roma había sido el único lugar donde no había podido conseguir alguien que me alojase a través de Couchsurfing. Aunque un alma caritativa proveniente de Irlanda me había ofrecido un techo el siguiente día. Así que tomé el bus hacia la central de trenes, cerca de donde había reservado un hostal para mi primera noche. Allí conocí a Gaby, una mexicana de Tijuana que también terminaba su intercambio en España, y con quien compartiría mi siguiente jornada.

    A pesar de la ligera llovizna que azotó la capital italiana la siguiente mañana, el sol por fin me sonrió, alumbrando toda la extensión de la milenaria capital del Vitrubio.

    Es imposible en algún texto, obra o discurso describir lo que es y lo que significa Roma. Una metrópoli que hoy posee unos 4 millones de habitantes (no tan grande comparada con otras capitales mundiales), pero que ha sido por siglos el centro político, social, cultural, religioso, artístico, lingüístico, filosófico y moral de todo el mundo occidental.

    Lugar de nacimiento y derrumbe del Imperio Romano y sede de la Iglesia Católica, no cabe duda de por qué Roma había sido elegida como mi último destino en Europa. Una ciudad que, por más turística que sea, es vital visitar al menos una vez en nuestra vida.

    Con solo tres noches por delante y un muy pequeño presupuesto disponible, dado que era el final de mi viaje, conocer la mayoría de las reliquias romanas sería un gran desafío. Pero tenía una ventaja: ¡Roma es el mayor museo al aire libre del mundo! Y no podía estar más agradecido por tener tanto que ver sin necesidad de pagar un solo centavo.

    Así que por la mañana Gaby y no nos preparamos y salimos hacia el principal monumento de la ciudad, que por nada podíamos perdernos. El Coliseo romano.

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    La historia de Roma se remonta a la célebre leyenda de Rómulo y Remo, quienes fueron amamantados por una loba y fundaron la ciudad, siendo Rómulo su primer rey en el siglo VIII a.C.

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    Durante los siguientes trece siglos Roma acogería la capital de un reino, una república y un imperio que legarían a la posteridad sus formas de gobierno y que controlarían e influirían a gran parte del mundo.

    Pero esos trece siglos de poder no terminaron con la llegada de la Edad Media. Su legado hoy sigue vigente. Y una pequeña (y enorme) muestra de su magnificencia es la joya de sus anfiteatros, que ha sobrevivido veinte siglos en el centro de la ciudad.

    Los anfiteatros eran algo común en los romanos. Eran utilizados para eventos públicos, como peleas de gladiadores, obras de teatro o ejecuciones. Y sus ruinas están presentes a lo largo de lo que alguna vez fueron sus provincias, desde España hasta el Medio Oriente.

    Pero es el Coliseo de Roma el que mejor se ha conservado. Su capacidad para 50 000 espectadores lo hacían el más grande jamás construido por los romanos. Y hoy como un perfecto símbolo de la Edad Antigua ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo Moderno.

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    Algo que pocos saben es por qué hoy se le conoce como “Coliseo”, cuando no se trata de un coloso, sino de un anfiteatro. Pues su nombre deriva de una antigua estatua, el Coloso de Nerón, que se posaba muy cerca del teatro. La estatua hoy ya no permanece en pie, pero ha heredado su nombre a este inmortal ícono mundial.

    Justo al lado se yergue el monte Palatino, una pequeña colina donde se cree que nació la ciudad. Y como muestra de su importancia se encuentran a sus pies las ruinas arqueológicas del Foro Romano, que hoy están abiertas a los visitantes, pero que como estudiante pobre no me dispuse a pagar. Aunque para ser sinceros, las mejores vistas las tuve desde el otro lado de sus cercas.

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    Se trata de lo que solía ser el centro de la ciudad de Roma. Lo equivalente a una plaza central hoy en día.

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    Allí, desde tiempos de la república, se concentraban los edificios públicos, instituciones de gobierno, el mercado, los centros religiosos y culturales.

    Sus calles, que hoy no son más que trazos con piedras apiladas sobre la tierra y la yerba, marcaban las arterias principales de la ciudad, por las que se paseaban los ciudadanos, los senadores y hasta el mismo emperador.

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    El Foro romano fue una de las primeras muestras de los tesoros al aire libre que Roma ofrece a sus visitantes. Sin reservas, filas interminables o miles de guardias de seguridad.

    Unos metros más al este, cruzando la Vía del Fori Imperiali, otro foro aparece en escena. El Foro Trajano, que lleva el nombre del emperador que lo mandó a construir.

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    La sucesión de foros en el centro de la ciudad denota la huella que cada uno de los emperadores deseaba dejar en Roma. Desde Augusto hasta Julio César legitimaron su gobierno con monumentos que lograron sobrevivir más de dos milenios.

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    Pero no todos los edificios datan de la Edad Antigua. Roma ha sido habitada por muchos siglos y, como centro cultural y artístico de occidente, ha visto pasar casi todas las corrientes artísticas.              

    Justo al norte del Foro Trajano el Palazzo Valentini y las dos iglesias que lo flanquean son una viva muestra del Renacimiento romano, que a partir del siglo XVI dotó a la ciudad de obras de arte inigualables.

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    Y a solo unos pasos se abre la famosa Plaza Venezia, nodo urbano donde confluyen varias de las avenidas importantes en el centro de Roma. Y en ella la conmemoración al estado italiano moderno: el monumento a Víctor Manuel II, rey que unificó Italia en el siglo XIX.

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    Aunque cuna de controversias por estar construido sobre una de las colinas históricas de Roma y sobre lo que solía ser el barrio medieval, el monumento ofrece increíbles vistas panorámicas de los foros imperiales y las plazas alrededor.

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    Y esa mezcla entre cultura clásica, medieval, renacentista y moderna hacen a Roma merecedora de su pseudónimo, la Ciudad Eterna.

    A escasos metros del monumento a Víctor Manuel II otra célebre plaza nos dio la bienvenida con una hermosa y amplia escalinata tras la que alcanzamos el Ayuntamiento de la ciudad. La Plaza del Capitolio.

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    Y es de esperarse que cada escultura que vigila la escalera antes de llegar a la explanada sea tan exquisitamente cautivadora, pues el lugar entero fue pensado por Miguel Ángel, el artista italiano que llevó al Renacimiento a una de sus máximas expresiones.

    Michelangelo (nombre original) pasó por muchas de las disciplinas artísticas. Desde la escultura hasta la arquitectura. Y pasó sus últimos años elaborando los planos de algunas edificaciones que embellecerían Roma y toda Italia de por vida.

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    Pero la arquitectura no es lo único que hace bella a una ciudad. Lo más importante es, claro, su comida y su gente.

    Gaby me llevó a comprar un gelato, postre italiano por excelencia que estaba obligado a probar.

    La temperatura rondaba los diez grados, pero la llovizna había cesado y el sol brillaba con fuerza. Un buen cono helado no era entonces una mala idea.

    En cada esquina, un carrito de helados artesanales ofrecía todos los sabores, colores y texturas que pudiéramos imaginar. Elegir un solo sabor era un reto complicado. Pero el heladero estaba allí para persuadirme a lo mejor.

    El anciano hombre empezó a hablar italiano, a lo que yo nada pude responder. Intenté descifrar lo que decía, pero su pronunciación arrastrada poco me dejó entender. Aunque no dejó que la barrera del idioma impidiera nuestra comunicación. Y haciéndome señas me invitó a entrar a su carrito, señalando la cámara de Gaby, invitándola a tomarnos una foto juntos.

    Ya los italianos tienen una buena y conocida fama en el resto del mundo por ser alegres y expresivos. Y me había quedado más que claro con aquel heladero, y con tan solo caminar por las calles de Roma.

    Pieles bronceadas con tonos apiñonados. Ojos verdosos y profundos. Cabelleras castañas y brillantes, siempre bien peinadas. Perfumes discretos y elegantes. Un outfit siempre bien combinado, sin llegar a una moda exagerada ni pretensiosa. Todo acompañado de un dulce y sexy acento y ademanes irradiantes de emotividad. Con una sonrisa por delante. La gente italiana podía ser, sin duda, la más hermosa de Europa.

    Mucha gente piensa en París como la ciudad del amor y la capital de la moda, con luces, gente elegante y bien vestida. Pero para mí no. Roma era, y es hasta ahora, la ciudad más romántica que he conocido. <3

    Sumado a la algarabía de sus habitantes, Roma regala a los turistas una infinidad de monumentos que, por más insignificantes que parezcan, están tan bien detallados que cada esquina puede pasar fácilmente por una obra de arte.

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    Columnas, estatuas, fuentes, iglesias. Callejones orillados por coloridas casonas que con sus macetas colorean a la ciudad y la hacen diferentes a muchas de las grises y uniformes capitales europeas.

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    Y en camino hacia el norte pasamos frente a otra de estas construcciones que engalanan a la capital itálica. Otro de los casi indestructibles recuerdos que los romanos dejaron en la ciudad. El Panteón, un enorme templo que se ha mantenido en pie desde el lejano año 125 d.C.

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    Y no se trata de un cementerio, como podemos entenderlo en español. Sino de un templo dedicado a los antiguos dioses.

    El edificio con su cúpula y sus columnas griegas es uno de los símbolos vivos y originales que ha ayudado a entender mucho sobre la religión romana.

    Más tarde llegamos a la Piazza del Popolo, o Plaza del Pueblo, una de las más grandes y visitadas en Roma.

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    En el centro de su explanada semicircular un obelisco egipcio conmemora a Ramsés II. Y en su lado sur un par de iglesias gemelas dan la bienvenida.

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    La plaza se sitúa donde solía estar la muralla de la ciudad. Es por ello que al norte se posa todavía una de sus antiguas puertas, la Puerta del Popolo.

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    Como en toda Roma, la plaza está adornada por increíbles estatuas y fuentes que recuerdan a la mitología clásica grecorromana, cultura que el Renacimiento quiso precisamente recuperar tras los siglos del oscurantismo medieval.

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    Y en su lado este, unas escaleras nos invitaron a Gaby y a mí a subir hacia la Villa Borghese, un conjunto de jardines que forman un gran pulmón verde para la urbe.

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    Desde lo alto tuvimos una de las mejores vistas de Roma, que dejaba ver sus cúpulas y colinas que distinguen a la capital.

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    Al bajar continuamos de nuevo hacia el sur para alcanzar otra de las célebres plazas públicas. La Plaza de España, donde la iglesia Trinitá del Monti resalta en lo alto de las escaleras donde cientos de turistas se toman fotos a diario.

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    Y por si no estábamos hartos de las plazas (la verdad es que no) nos dirigimos hacia la Plaza Novona, que solía ser un estadio en tiempos de los antiguos romanos.

    Hoy es un centro de vida cultural donde varios artistas acuden a mostrar sus talentos. Y entre toda su extensión destacan el Palazzo Pamphili  y la Fuente de los Cuatro Ríos en el centro.

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    Pero no muy lejos de ahí llegamos a la más grande y famosa de todas las fuentes romanas: la Fontana di Trevi.

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    Su monumental tamaño y detallada escultura barroca, que representa el movimiento de las aguas, no es precisamente lo que la hace tan famosa, sino los mitos que la rodean. Uno de ellos con la película Three coins in the fountaine, que nace a su vez de una leyenda local, donde al arrojar una moneda a la fuente el turista asegura su regreso a Roma, dos monedas aseguran el amor y tres arrojadas con la mano derecha sobre el hombro izquierdo aseguran el matrimonio.

    Pero por supuesto, el filme más aclamado que convirtió a la fuente en un ícono del cine italiano es La Dolce Vita, donde Anita Ekberg se lanza a la fuente e invita a Marcello Mastroianni a hacer lo mismo.

    Ningún turista tiene permitido bañarse en la fuente, claro está. Pero el mito de la moneda sigue vivo. Y es por eso que la multitud de turistas rodean a la fontana a todas horas del día, arrojando monedas mientras le dan la espalda a Nerón, quien tira de sus dos hipocampos.

    Verdad o falsedad, irse de la Fontana sin tirar una moneda es como decirle a Roma que no quieres regresar. Aunque para ser honestos, hay que saber que todo ese dinero, al menos, es destinado a buenas causas, y con él se ha financiado un supermercado para las personas pobres de Roma (sí, tanto así puede ser recaudado).

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    La noche cayó y era hora de cenar. Y al ser Italia, elegir el menú no fue una larga incógnita. Una buena pizza napolitana (que después descubriría que poco tiene de Nápoles) y un espagueti al pesto fue la mejor elección para terminar nuestro día.

    Esa misma noche cogí mi mochila y me despedí de Gaby. Había conseguido por fortuna un couchsurfer que me alojase en el centro de la ciudad. Así llegué a casa de Anthony, un músico irlandés que rentaba un pequeño taller, donde una litera fue mi alcoba por las siguientes dos noches.

    Antes de que el imperio romano se dividiera en dos, y el imperio de occidente cayera ante las invasiones bárbaras, la religión cristiana ya había comenzado a ser difundida por los apóstoles y sus seguidores.

    A pesar de las resistencias, el cristianismo suplió a la religión pagana de los antiguos romanos, tanto en oriente como en occidente, y Roma fue elegida como centro de la iglesia cristiana, convirtiéndola otra vez en la capital mundial.

    Los papas han jugado siempre el papel de patriarcas del catolicismo y han tenido el poder en Europa desde la Edad Media, siendo ellos los encargados de coronar a los emperadores de todo el continente.

    Así, los papas han poseído desde la desaparición del imperio romano vastos territorios en la península itálica, llegando a extender sus dominios hasta el actual sur de Francia, en los llamados Estados Pontificios.

    Pero con la unificación del Imperio de Italia en 1870 el papado se quedó sin territorio alguno sobre el cual ejercer su poder como jefe de estado.

    No fue hasta el gobierno fascista de Mussolini que el dictador le ofreció al papa el territorio de 44 hectáreas que hoy ocupa la Ciudad del Vaticano, el estado más pequeño del mundo, mismo que me dispuse a visitar la siguiente mañana.

    Caminar hacia el Vaticano significa atravesar el único canal de agua que Roma posee. El río Tíber.

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    A lo largo de su caudal una multitud de puente permiten el paso de un lado al otro. Y uno de los más famosos es el Puente Sant’Angelo, que conecta el centro de la ciudad con el castillo omónimo.

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    Ambas construcciones de maravillosas dimensiones y arquitectura fueron construidas por los romanos. La idea original del Castillo de Sant’Angelo fue crear un mausoleo para el emperador Adriano. Pero finalmente se utilizó como fortaleza y como parte de la muralla que rodearía la ciudad.

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    El puente está flanqueado por hermosas estatuas y llevan hasta las cercanías de la Vía della Concilliazione, venida que conecta con la Ciudad del Vaticano.

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    Al solo poner los pies en aquella calzada sagrada para los peregrinos, la sensación por la Iglesia Católica podía notarse en el marketing creado a partir de cada pequeño detalle.

    Vendedores ambulantes y tiendas con magnetos, vasos, mantas, vitrales, gorros, rosarios, todo con la fotografía del Papa. Benedicto XVI había abdicado hace menos de un año y el Papa Francisco se había ganado ya los corazones de muchos fieles.

    Pero nadie parecía recordar a Benedicto. Su foto no aparecía por ningún lado. Solo Francisco y, claro, el Papa Juan Pablo II, fallecido hace ya varios años, pero presente todavía en la cabeza de muchos.

    Ignorando todo artículo de venta, caminé directo hasta la plaza central, quizá la más famosa de toda Roma: la Plaza de San Pedro.

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    Cientos de católicos se reúnen a diario en esta explanada esperando ver al Papa, cuando no se encuentra de viaje. Algunos domingos el Papa ofrece una misa, donde la gente lo admira casi como a un Dios.

    Y al fondo de la plaza se alza la más sagrada de todas las iglesias del catolicismo, hasta hoy el más grande de todos los templos cristianos. La basílica de San Pedro, la iglesia nodriza de todas las iglesias.

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    Con todo el dinero que los católicos recaudan alrededor del mundo, es de esperarse que la basílica de San Pedro sea una brillante obra maestra. Y uno esperaría tener que pagar para entrar. Pero, afortunadamente, no es así.

    Y, en absoluto, no son mis raíces católicas lo que me invitaba a ver su interior. Era poder ser testigo del Renacimiento en carne viva.

    La fila para ingresar era larga. Pero al ser antes del mediodía la espera fue todavía muy decente. No necesité ninguna especie de ticket para entrar. Solo pasar un control de seguridad. Y eso incluía una revisión a nuestra vestimenta.

    Como era invierno, todos íbamos tapados desde los pies hasta la cabeza. Pero en verano, muchas mujeres se acercan en minifaldas, vestidos pequeños, así como los hombres en bermudas, sandalias y camisas sin mangas. Es la iglesia, así de simple.

    Desde la entrada principal se accede a la Nave Central, que deja ver la inmensidad del templo.

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    En su construcción participaron los arquitectos más reconocidos de sus tiempos. Entre los más famosos está, por supuesto, Miguel Ángel, quien colaboró en su planeación a partir de 1546.

    Justo al lado de la entrada una de sus más reconocidas obras aparecen a la vista. La Piedad, donde Miguel Ángel representó a la Virgen María sosteniendo el cuerpo muerto de Jesús en sus brazos.

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    Y a ambos lados de la nave múltiples esculturas se presumen a los fieles, como los monumentos a los santos.

    La basílica lleva el nombre de San Pedro, uno de los doce apóstoles de Jesús que predicó el cristianismo en Roma y que se convirtió, por ende, en el primer papa de la historia.

    Pedro murió en Roma y se dice que sus restos se conservan en la iglesia.

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    Otros muchos santos yacen en el Vaticano. Entre todos, está la tumba del famoso Juan Pablo II, que pronto será convertido en santo, y al que miles de fieles rezan todos los días.

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    Justo sobre el altar se impone la magnífica bóveda de la Basílica, ideada y pintada por Miguel Ángel, convirtiéndola en la obra cumbre del Renacimiento.

    El trabajo del enorme fresco en la cúpula tomó unos cuatro años al joven artista. Entre disputas con el papa, humedad con los colores, rechazo por la ayuda de otros pintores, Miguel Ángel llevó su inexperiencia en pintura al máximo nivel, pasando a la historia como uno de los mejores de la historia.

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    Para admirar su obra desde cerca, el Vaticano deja a los visitantes subir por cinco euros, contando con un elevador o escaleras para acceder a las orillas de la cúpula, que es nada menos que la más alta del mundo.

    Como buen y fuerte turista, decidí tomar los escalones, que al alcanzar los 100 metros aproximadamente se tornaron en estrechos pasadizos inclinados por los que apenas y podíamos caminar y respirar. Definitivamente no hechos para claustrofóbicos.

    Sinceramente, subir a la cúpula no es una buena idea si lo que se quiere es tener una buena vista del fresco de Miguel Ángel. Por supuesto, la mejor vista se tiene desde lejos.

    Pero subir los 136 metros valió la pena cuando pudimos salir al exterior y tener al frente la vista panorámica del Vaticano y de la ciudad de Roma.

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    Desde la punta se distinguían perfectamente los santos que adornan la fachada de la basílica y el obelisco central en la plaza.

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    Una vista memorable que dejó al descubierto el encanto de Roma en un hermoso día de invierno.

    Mi última tarde en la ciudad la pasé cruzando los puentes del río Tíber y visitando un poco el pequeño barrio hipster que se esconde en su orilla occidental, a donde pocos turistas se acercan y donde pude comer una pizza más tradicional que el resto de las que se ofrecen a los visitantes.

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    Roma había superado mis expectativas por muchísimo y habría sido el lugar perfecto para terminar mi viaje por Europa.

    Y aunque por confiar en el servicio continuo de buses hacia el aeropuerto Ciampino casi pierdo mi vuelo (que al igual que yo, tuve retraso), me vi en Madrid al siguiente día, donde tomaría mi vuelo de regreso a mi país, dando por finalizado mi primer viaje como backpacker, que apenas 450 euros habían hecho realidad.

  5. Los días parecían hacerse cada vez más cortos en Polonia. Los exiguos rayos del sol se ocultaban a las 16 horas, y levantarse a las 9 parecía como despertar al mediodía. El frío no se esfumaba y la nieve tampoco. Hasta ese punto estaba un poco harto del invierno en Europa central. No era lo que había imaginado. Y llevar puestas mis botas y varias capas de ropa encima todos los días me empezaba a exasperar. :angry:

    Pero antes de volver al sur tenía un último destino más al norte. No podía irme de Polonia sin visitar su gran capital.

    Mis tres noches en Cracovia en el apartamento de Maciek habían sido bastante placenteras.  Y como un último favor para agradecerme la hospitalidad que le había brindado en México algunos meses atrás, me puso en contacto con algunos amigos suyos en Varsovia, donde había terminado sus estudios universitarios.

    Maciek me llevó entonces a la estación central. Un mes atrás había conseguido un viaje de Cracovia a Varsovia por solo 10 złotys (2.5€ aprox.) con la empresa Polskibus. Pero como suele ocurrir con los precios baratos, el bus llegó con retraso, :zsick: y unas cinco horas pasaron para que llegase a la capital.

    Habiendo desaprovechando todo el día en la carretera, me vi obligado a pasar algunas horas solo al arribo del bus. Una pareja de amigos de Maciek me hospdaría esa noche en su apartamento al norte de Varsovia. Pero debía esperar a que saliesen de la oficina, alrededor de las 7 p.m.

    Como dije ya, la noche caía rápido sobre el crudo invierno  del este europeo. Y caminar solo por las oscuras calles repletas de nieve no es algo exquisito. Al menos no para mí. :oops:

    Sin más opciones, cogí mi mochila y caminé un poco por el centro de la ciudad. La gran avenida Marszałknowska me llevó hasta el centro financiero, el corazón de Varsovia y de casi todo el país.

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    A pesar de haber sido casi completamente destruida por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, Varsovia resurgió de los escombros como una nueva metrópoli, siendo hoy una de las capitales más importantes de la Unión Europea, que se luce con un imponente conjunto de modernos rascacielos que albergan hoteles de lujo y oficinas de grandes compañías transnacionales.

    Pocos saben que antes de la guerra Varsovia fue uno de los tempranos centros capitalistas del mundo y de Europa. Fue sede de una de las primeras bolsas de valores del continente y atrajo a empresarios de todos los alrededores.

    Tristemente la historia de la ciudad y del país no puede ser contada sin tomar en cuenta las múltiples invasiones que sufrieron por los imperios adyacentes.

    Rusos, prusianos, austrohúngaros, alemanes. Pero a pesar de la influencia extranjera forzada, los polacos han sabido mantener su identidad.

    No obstante, uno de los grandes símbolos del centro financiero de Varsovia, el Palacio de la Cultura y la Ciencia, sigue siendo un remanente de la rusificación del país.

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    El rascacielos fue construido durante la época comunista de Polonia, cuando la Unión Soviética invadió el país con el pretexto de haberlo salvado de la ocupación nazi. Un hecho que sigue vivo hasta hoy, con un gran número de polacos que todavía hablan ruso.

    Aunque los rusos no solo estuvieron presentes en Polonia durante la Guerra Fría, sino desde la partición forzada de Polonia en tiempos de la Rusia zarista, hoy las hostilidades armadas parecen haber terminado. Y el Palacio de la Cultura y la Ciencia es otro edificio más que ilumina el centro de la ciudad.

    La penumbra me llenaba de melancolía. Eran solo las 5 p.m. y Varsovia parecía estar muerta. ¿Quién querría salir a dar un paseo a esa hora?, me pregunté. Solo yo y mis incontenibles ganas de viajar sin importar el tiempo. :blush:

    Tomé una calle en dirección norte, acercándome al centro histórico de la ciudad. Y en medio del frío crepúsculo solo un bar estaba abierto. Un restaurante mexicano con tequila al 2x1 donde sonaba una canción de Cristian Castro en versión salsa.

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    Fue sin duda un momento surrealista y vivificante que me brindó ánimos para continuar con mi osada caminata nocturna. :D

    Al toparme con la muralla del casco antiguo decidí que era mejor adentrarme en el centro histórico al día siguiente, con la plena luz del sol. Así que caminé a la estación de metro más cercana para viajar al norte de la ciudad, donde unos minutos después me encontré con los amigos de Maciek.

    Me llevaron hasta su apartamento, un cómodo y amplio T3 donde me ofrecieron una habitación y una cama matrimonial solo para mí. ¡Couchsurfing realmente podía salvarme la vida! :big-grinB:

    Insistieron en compartir conmigo su cena vegetariana y mostrarme un poco el mapa de la ciudad, explicándome los mejores sitios a visitar.

    Al día siguiente tras el desayuno tuvimos que salir muy temprano porque ambos debían trabajar.  Aquella noche no podrían hospedarme. Pero, exponiendo la calurosa hospitalidad de los polacos, se las arreglaron para contactarme con otro amigo suyo, al que vimos en una estación de metro para que le diese mi mochila y así no la cargase el resto del día. ;)

    Por la noche me reencontraría con él para dormir en su apartamento. A pesar de todo, Polonia no era tan fría como imaginé. :rolleyes:

    Así, nuevamente desde el centro financiero, comencé un recorrido matutino por la ciudad.

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    Para regocijo de mi piel, pálida y sin mucha vida, esa mañana el sol se asomó con todas sus fuerzas sobre Varsovia, dejando por fin al descubierto un vívido cielo azul. :rolleyes:

    Caminé primero hacia el norte de la zona centro. Un lugar donde permanecen algunos recuerdos que Polonia quisiera olvidar.

    En 1949 el Tercer Reich alemán invadió Polonia, dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial. Su principal objetivo era recuperar los espacios que alguna vez pertenecieron al Imperio de Alemania en el siglo XIX. Y, como todos sabemos, uno de los deseos del Führer era gobernar sobre un reino de “raza aria”, lo que llevó al exilio de las minorías raciales en todos los territorios dominados.

    Los judíos fueron la comunidad más numerosa que sufrió este separatismo. Y si bien en Alemania la población judía no era extremadamente copiosa, Hitler se encontró con casi 3 millones de judíos en Polonia.

    Las primeras medidas de segregación en el país incluyeron marcar a los judíos con una estrella de David en su brazo, prohibirles usar el transporte público, las aceras, los parques o comer en restaurantes. Después llegó la prohibición de cambio de residencia, impidiendo así el movimiento de judíos fuera de Polonia.

    Pero lo peor llegó en 1940, cuando se finalizó la construcción del Gueto de Varsovia, el mayor de los guetos judíos construidos por la Alemania nazi.

    En solo el 2% de la superficie de la ciudad los alemanes confinaron a más de 400,000 judíos provenientes, no solo de Varsovia, sino de varios de los territorios ocupados.

    Durante un año y medio esta fue la residencia oficial de los judíos, donde las el hambre, las enfermedades y la muerte reinaban por las calles todos los días. Pero para 1942 el gueto se vaciaría de forma casi repentina, cuando la verdadera solución final empezó a llevarse a cabo, y los alemanes deportaron a la mayoría de las personas al campo de exterminio de Treblinka, donde murieron en las cámaras de gas.

    Los pocos judíos que corrieron con la suerte de quedarse en el gueto para trabajar iniciaron un levantamiento en contra de los nazis en 1943. Estos hechos provocaron la furia del general Himmler, quien ordenó quemar todos los edificios del gueto, reduciéndolo casi completamente a escombros.

    Estos hechos fueron perfectamente retratados por Roman Polanski en el filme El pianista, basado en la historia real de un sobreviviente del gueto.

    Y entre aquellos escombros todavía residen algunos muros malheridos que hoy exhiben memoriales y monumentos conmemorativos de lo que fue uno de los episodios más oscuros y sangrientos de la ciudad.

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    No fue extraño caminar por Varsovia y toparme en cada esquina con placas rememorativas de los soldados caídos, los judíos asesinados o los civiles que apoyaron el levantamiento.

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    Pero como Maciek me había prometido, Varsovia era mucho más que eso. Varsovia es una ciudad nueva y llena de vida a la que los milagros de la posguerra también sonrieron.

    Inmediatamente tras la liberación de Polonia por parte de la URSS, dieron comienzo las obras de reconstrucción de Varsovia, que había perdido casi el 80% de sus edificios:wacko:

    Es increíble entonces caminar por sus calles y pensar que apenas unas décadas atrás nada de aquello existía. Y, sin duda, una de las mejores reconstrucciones que se llevaron a cabo fue la del Barrio antiguo de Varsovia, que en 1989 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por ser uno de los centros históricos mejor restaurados del mundo.

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    El día apenas estaba empezando para muchos polacos, quienes se paseaban por el centro haciendo sus compras matutinas y algunos pocos yendo a trabajar.

    La primera imagen que tuve del centro de Varsovia fue claramente distinta a lo que había imaginado. Los edificios no eran de ladrillos rojos ni de fachadas grises y renacentistas, como muchas otras capitales europeas.

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    Por el contrario, me topé con paredes coloridas que brillaban con la luz del sol, bajo un techo de tejas que se encontraba parcialmente cubierto en nieve.

    Mi parte favorita fue la Plaza Mayor, hogar del antiguo mercado callejero de Varsovia.

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    La explanada está rodeada de casas altas y coloridas en cuyo centro se había instalado una pista de patinaje sobre hielo para el deleite de los pequeños.

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    Más al sur llegué a la Plaza del Castillo, que toma su nombre del Castillo Real de Varsovia, que se posa justo en el lado este de la explanada.

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    El castillo fue la residencia real del rey de Polonia hasta 1795, y hoy alberga a un museo de la Fundación de Historia y Cultura.

    En la otra punta se alza la famosa Columna de Segismundo, que conmemora el traslado de la capital polaca de Cracovia a Varsovia por el rey Segismundo II en 1596.

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    La plaza es el principal punto de encuentro de turistas y locales, y por ella se puede acceder al resto del centro de la ciudad. Yo decidí primero ir al oeste, para ver los restos de la muralla que rodeaba la antigua Varsovia.

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    Tomé después una de las calles principales del centro que me llevó hasta el frente del Palacio del Presidente, actual sede del poder ejecutivo polaco aún resguardado por centinelas al estilo monárquico.

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    Buscando algo de comer, seguí las arterias de la ciudad hasta atravesar un parque junto al Teatro de la Ópera, que entonces se cubría de blanco dejando el fresco césped hundido bajo una espesa capa de nieve que estaba harto ya de pisar.

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    En el medio del jardín otro monumento rendía honores a los defensores de la patria. La tumba del soldado desconocido conmemora a todos los polacos que defendieron Varsovia durante la invasión nazi, y dos centinelas resguardan con recelo el sepulcro nacional.

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    Hice una parada para almorzar y calentar un poco mis pies. Pasar horas sobre la nieve no es una experiencia tan afable como la mayoría podría pensar. Pero con lo cortos que son los días en Europa en el horario invernal más valía seguir andando que hacer una enorme pausa bajo la cómoda calefacción. :blush:

    Caminé por el puente Poniatowskiego para cruzar el río Vístula, entonces congelado por las heladas temperaturas. Aunque el sol parecía empezar a hacer ceder al hielo poco a poco.

    En el otro extremo llegué al Estadio Nacional, el más grande del país y casa de la selección nacional de futbol de Polonia.

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    El paisaje al otro lado del río cambió mi perspectiva. Se trataba de una zona residencial, con una increíble vista de los rascacielos que se ensombrecían con el ocaso.

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    En la parte este del Vístula se encuentra el distrito de Praga, un barrio histórico que se anexionó a Varsovia  apenas el siglo pasado.

    La importancia de este vecindario es que no fue destruido durante la guerra, y hasta hoy sigue conservando su carácter rústico y ambiente tranquilo.

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    La poca industrialización y oposición a su remodelación por parte del ayuntamiento y de los residentes puede apreciarse a simple vista con un corto paseo por sus calles, que son las más densamente pobladas de la ciudad.

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    Antes del anochecer volví a la parte oeste del río para conocer el centro histórico al estilo navideño.

    Diciembre había terminado hace más de treinta días, pero las luces y el pino seguían en pie, brindando ese toque de Navidad que hace a cualquier ciudad más cálida que de costumbre. :)

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    Más tarde caminé nuevamente al centro financiero para encontrar al amigo de Maciek que me hospedaría aquella noche. Pero antes de ir a casa visitamos a su novia, para lo cual volvimos al barrio de Praga, esta vez viajando el metro.

    Comí un bocado de trigo con un vaso de té y miel, que reconfortaron mi última velada en Polonia en compañía de dos desconocidos que, sin importarles mi procedencia, me recibieron como un rey. :big-smil:

    La siguiente mañana viajaría hasta el Aeropuerto Chopin de Varsovia para dejar atrás el este europeo y volver al sur. Mi viaje estaba a punto de terminar, no sin antes visitar la antigua capital romana.

  6. Un viaje por Europa con aerolíneas lowcost comenzaba a cansarme un poco. Es verdad que había ahorrado casi la mitad de mi dinero comprando mis tickets de avión de forma anticipada, y no un ticket de tren Eurail, como muchos de los viajeros que vienen al viejo mundo hacen.

     

    Había gastado aproximadamente 220 euros en diez trayectos entre once ciudades de Europa del este y oeste por las que viajaría 22 días. Un ticket de 21 días con Eurail costaba, para los no europeos, 440 euros, lo que permitía coger un tren diario por todo el Espacio Schengen, de cualquier ciudad a cualquier destino y a cualquier hora.

     

    Pero, ciertamente, viajar con avión tiene sus desventajas. Ello implica mucho tiempo de anticipación para llegar al aeropuerto, que en la mayoría de los casos se encuentra a las afueras de la ciudad. Hay que tomar en cuenta el transporte ciudad-aeropuerto, que no suele ser muy barato. :(

     

    Además, con aerolíneas como Ryanair, hacía falta sellar el boleto de abordaje y mostrar el pasaporte en ventanilla antes de pasar al control de seguridad (solo para los no europeos), y para ello también había que hacer una fila. :wacko:

     

    Después venía el control de seguridad, que siempre es y será un dilema. Computadora, celular, cinturón, gorros, chaquetas y hasta zapatos fuera para pasar por el lector casi desnudo. Luego toca volver a vestirse y correr hacia la sala de espera. :O_o:

     

    Los tiempos de abordaje y despegue se hacen cada vez más eternos. Al final, se ahorra mucho tiempo y dinero para distancias largas en el continente, comparadas con un tren. Pero siempre habrá que pagar un precio. :zsick:

     

    Y así viajé nuevamente con la aerolínea Easyjet, que me llevó desde el lujoso aeropuerto Schipol en Ámsterdam hasta el aeropuerto de Berlín-Schönefeld.

     

    Aunque me había asegurado esta vez de no hacer tantos viajes nocturnos o extremadamente matutinos para no tener que dormir en los aeropuertos, era invierno. Y si bien me había acostumbrado a que en España y México el sol se oculta a las 6 p.m., en el este de Europa, incluido Berlín, anochece a las 4 p.m. Así que llegar a las 5 p.m. a Berlín no me salvó de la oscura y fría noche. :oops:

     

    Al salir del aeropuerto parecía que me había transportado a un mundo paralelo. La oscuridad y ausencia de gente me hizo dudar de dónde diablos estaba entonces. Pero entre la negrura pude sentir debajo y casi sin poder ver, la nieve. :ohmy:

     

    Hace más de un mes había viajado al suroeste de Alemania para ver los mercados navideños y para conocer la nieve. Pero solo lo primero fue posible. Y aunque había esbozado el instante mágico en que caerían los copos sobre el mercado de Navidad, ahora el verdadero momento había llegado, y fue todo lo contrario.

     

    Me agaché para coger un poco de nieve con mis guantes. Era como tocar hielo de la nevera. No pude evitar pensar en hacer una bola de nieve y lanzársela a alguien. Pero no había nadie alrededor. Nadie. :unsure:

     

    Al contrario de lo que había pensado, caminar sobre la nieve no fue una experiencia grata. En lugar de dar pasos agigantados o hundir mis pies bajo centímetros de ella, la nieve se había barrido por la acera y ahora el suelo estaba mojado y resbaladizo. Y sumado a la oscuridad y mi gran mochila, debía caminar con precaución. :wacko:

     

    Tras unos minutos mirando lo poco que la luz iluminaba el piso, sinceramente no podía pensar otra cosa que en llegar a casa de Ria, mi couchsurfer, y calentarme con un café con leche. Hacía casi -6 grados Celsius y estar solo fuera del aeropuerto en una noche así no es nada agradable. :huh:

     

    Menos mal que había viajado equipado con un guardarropa bastante adecuado. Un par de botas todo terreno, plantillas de peluche y calcetas. Pantalón y playera térmicos, más un suéter, y dos abrigos encima. Una buena bufanda a modo de cubrebocas, guantes, un gorro y orejeras. Nada, excepto mis ojos, estaban al descubierto. Y era una buena elección. :D

     

    Solo yo y un argentino estábamos en las vías del metro aquella noche. Escuchar el español en aquel vagón vacío rociado por la blanca escarcha me hizo sentir un poco más cerca de casa, aunque ahora estuviera a casi 10,000 km lejos en mitad del invierno europeo.

     

    Ria y Maik, su novio, vivían en un barrio residencial al este de Berlín. Encontrar su casa no fue algo complicado. Y al entrar a su acogedora morada, sinceramente, no quise salir más. :blush:

     

    Ambos habían preparado la cena: un puré de trigo con verduras y un poco de té caliente. Ria se desempeñaba como creativa para el teatro, y creaba espléndidas esculturas artesanales para la escenografía de las obras, que se lucían por todo el apartamento. Mientras Maik trabajaba como DJ en un club de Berlín.

     

    Nos sentamos en el gran salón para conocernos un poco y me ofrecieron un cómodo colchón inflable para pasar la noche. Si quería aprovechar el siguiente día en la ciudad debía levantarme temprano, sabiendo que el sol era escaso en enero.

     

    Mi frío día comenzó con una leve nevada en el este de Berlín. Definitivamente la nieve era mejor que la lluvia. Al menos no me mojaba. :smug: Pero no podía resistir mucho tiempo bajo ella si quería recorrer la ciudad.

     

    Tomé el metro hasta Alexanderplatz, en el corazón de la ciudad, el punto perfecto para iniciar mi recorrido invernal.

     

    La plaza solía ser el centro del Berlín del este, capital de la antigua República Democrática Alemana que estaba en manos de la Unión Soviética, en tiempos de la Guerra Fría.

     

    Aunque Berlín es hoy una de las capitales europeas y mundiales por excelencia, es bien sabido que por más de cuarenta años estuvo dividida por los bloques de la OTAN y la URSS, lo que la convirtió en el símbolo de la Guerra Fría y de la eterna lucha entre el mundo capitalista y comunista.

     

    Pero lo que hace 27 años era el centro de un mundo separado hoy es un vivo espacio público rodeado por innumerables monumentos y edificios icónicos de Berlín.

     

    Justo al oeste de la plaza corre el río Spree, el principal afluente de la ciudad. Y en el medio se forma una pequeña isla llamada Spreeinsel, mejor conocida como la Isla de los Museos. Su nombre, claro está, se debe a la cantidad de museos que existen, hoy catalogados como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

     

    En ellos se exponen las colecciones de arte y antigüedades que pertenecían a los reyes de Prusia, antiguo reino al que pertenecían Brandemburgo y Berlín.

     

    Isla de los Museos en Berlín

     

    Entre los más famosos se encuentran el Museo Antiguo (o Altes Museum), el Museo Nuevo (Neues Museum) y la Galería Nacional Antigua.

     

    Museo Antiguo de Berlín


    Museo Antiguo

     

    Pero el más icónico edificio en la isla es sin duda la imponente catedral de Berlín, un enorme templo neobarroco que se alza en el medio de un país mayormente protestante.

     

    Catedral de Berlín

     

    Seguí mi camino hacia el oeste de la ciudad, cubriendo mi boca y casi imposibilitado de sacar mi cámara con mis guantes para tomar una foto. Mis dedos estaban congelados. :oops:

     

    Y si la nieve aún tenía para mí un poco de encanto, se esfumó rápidamente cuando, al llegar a la Universidad de Humboldt, resbalé sobre el hielo y caí de de un solo y fuerte sentón. :confus:

     

    Univrsidad de Humboldt, Berlín

     

    Me vi allí, a mí mismo, tirado sobre el blanco suelo del campus. ¿Qué podía hacer? Solo reír. Y después de mirar a todo mi alrededor (no pude evitar sentir las miradas ajenas) me levanté y continué con mi frente en alto. :blush:

     

    Caminé por todo el bulevar Unter den Linden, una de las principales avenidas del centro, que me llevó hasta el emblema mundial de la ciudad. La Puerta de Brandemburgo.

     

    Puerta de Brandemburgo, Berlín

     

    Este monumento neoclásico que recuerda a la Acrópolis de Atenas, con la diosa Victoria montada sobre un carro tirado por cuatro caballos, no fungió solo como una puerta de la antigua metrópoli. Entre sus columnas se han sucedido varios de los más importantes sucesos de la Alemania actual.

     

    El 30 de enero de 1933 15,000 hombres de la SA desfilaron a través de ella, marcando el inicio del nazismo y del ascenso de Hitler como canciller y futuro führer. Pero su fama mundial recae en el gran suceso de 1961: la construcción del Muro de Berlín.

     

    La muralla que dividiría a Alemania y Berlín por 28 años pasaría exactamente por la Puerta de Brandemburgo, dejándola a la merced y convirtiéndola en “tierra de nadie”.
    Por años fue el símbolo de la Guerra Fría, de la división del mundo entero, de oriente y occidente, de Estados Unidos y Rusia, de la humanidad.

     

    Así mismo en 1989, al ser derrumbado por fin el muro, pasó a ser el símbolo de la desintegración de la URSS, de la unión de Alemania y del planeta tierra.

     

    Hoy la puerta es sede de los principales eventos masivos en Berlín, como la celebración del fin de año y algunos conciertos y eventos conmemorativos. No es entonces de extrañarse que todo el tiempo se rodee de turistas y locales curiosos por conocerla.

     

    Puerta de Brandemburgo, Berlín

     

    Y entre todos ellos, un chico joven de unos 25 se acercó a mí con su celular, hablándome en alemán y luego en inglés. Me pidió tomarle una foto frente a la puerta, a lo que rápidamente acepté.

     

    “Pero será una foto algo extraña”, me dijo. “¿Por qué?”, pregunté yo. “Porque es para cumplir una apuesta”. :huh:

     

    Luego caminó un poco hacia la puerta y dejó su bolso en el suelo. Se quitó el gorro, la chaqueta y los guantes. Y después empezó a desabotonar su camisa. Ahora sabía de qué se trataba la apuesta. :ohmy:

     

    Menos mal que no implicaba salir completamente desnudo. Solo sin su camisa. Así que no tardé mucho en tomarle la foto. Si yo me estaba congelando con tanta ropa encima, no podía imaginar lo que quitarse la camisa a -6 grados podía ser. :confus:

     

    Detrás de la puerta se llevaba a cabo una manifestación por un grupo de árabes que pedían la renuncia del presidente Rouhani de Irán. No sabía qué podrían lograr estando tan lejos de su país. Pero las políticas internacionales y la mayoría de las guerras se controlan desde Estados Unidos y Europa, por lo que no resulta extraño que numerosos grupos de migrantes en Alemania se manifestaran en contra del régimen islámico actual.

     

    Manifestación contra el gobierno iraní en Berlín

     

    Seguí mi camino en dirección oeste hasta entrar al gigantesco parque Tiergarten.
    Por supuesto, durante el invierno no podía esperar otro tipo de paisaje en un jardín que una espesa capa de nieve sobre la escasa vegetación. :blush:

     

    Tiergarten, Berlín

     

    En su interior se encuentran también algunos edificios públicos, como el Reichstag. Fue la sede del parlamento durante el Segundo Imperio Alemán y de la República de Weimar, y hoy punto de reunión del Parlamento de la República Alemana.

     

    Reichstag en Berlín

     

    Nadie osaba dar un paseo matutino por aquella fría sábana blanca. Solo yo. Pero estaba en Berlín por solo tres días y tenía que aprovecharlo. :big-grin:

     

    Tiergarten, Berlín

     

    En el medio del parque, en el cruce de las grandes avenidas que lo atraviesan, se alza la llamada Siegessäule, o Columna de la Victoria, que conmemora las victorias de Alemania en el siglo XIX.

     

    Columna de la Victoria, Berlín

     

    Para quienes hayan visitado la Ciudad de México alguna vez, seguro les recordará al Ángel de la Independencia.

     

    Fue en aquel enorme bosque donde vi por primera vez un río congelado. Era algo que solo había visto en las películas. Una textura impresionante que me hacía desear jamás tener que caer sobre su superficie (o peor aún, bajo ella). :unsure:

     

    Tiergarten, Berlín

     

    Al llegar a la columna, ya en el Berlín occidental, tomé el camino hacia el lado este, llegando a la famosa Potsdamer Platz.

     

    Potsdamer Platz, Berlín

     

    Se trata de un centro financiero, como muchos otros. La diferencia recae, nuevamente, en que fue el símbolo del Berlín occidental, y que marcaba la diferencia entre las ideologías y sistemas económicos de occidente y oriente.

     

    Muy cerca se encuentra una reconstrucción del Checkpoint Charlie, el más célebre de los pasos fronterizos del Muro de Berlín que hoy se muestra como una atracción turística, con todo un soldado estadounidense resguardando la caseta. :ohmy:

     

    Checkpoint Charlie, Berlín

     

    Caminé de vuelta al río, viendo la noche caer sobre mí y la Alexanderplatz, con su torre de telecomunicación sobresaliendo entre toda la ciudad.

     

    Alexanderplatz, Berlín

     

    Huyendo del frío y deseando otra taza de té, volví a casa de Ria para descansar y calentarme.

     

    El siguiente día lo dediqué a conocer un poco los alrededores del barrio donde Ria y Maik vivían.

     

    Una iglesia en un barrio al este de Berlín

     

    Me topé, claro está, con otro día nevado, pero un poco menos frío.

     

    Un panteón al este de Berlín

     

    Tras las iglesias góticas y los panteones cristianos se escondía un barrio residencial lleno de turcos.

     

    Barrio turco al este de Berlín

     

    Ria me había hablado un poco sobre la gran influencia que tiene Berlín de aquellos inmigrantes. De hecho, los berlineses suelen decir que el famoso plato dürüm kebab nació en su ciudad, y no en Turquía. :huh:

     

    Barrio al este de Berlín

     

    Lo cierto es que el kebab que comí en Berlín fue el más barato y rico de la historia. :P

     

    Todo ello me hacía notar en qué lugar del mundo estaba parado. Definitivamente no me sentía en Alemania. Me sentía en una especie de capital mundial. Con gente de todos colores, nacionalidades, idiomas, vestimentas…

     

    Y aunque entonces veía muy poca gente en la calle (a causa del frío), me habían contado que Berlín es una de las mejores ciudades para disfrutar el verano en Alemania, y por ello desearía volver en un futuro mucho más cálido. ;)

     

    Pero ahora había que aprovechar el frío y la nieve. De regreso en México no podría hacerlo. Así que volví con Maik y Ria y nos reunimos con algunos de sus amigos, quienes planearon una tarde de juegos en la nieve en un parque cercano.

     

    Llevamos un pequeño trineo y una tabla de snowboarding. Todo lo que había deseado hacer en mi infancia ahora lo estaba haciendo. A mis 22 años.

     

    Disfrutando la nieve en Berlín

     

    En el parque había una pequeña colina, donde decenas de niños con sus padres y hermanos se lanzaban por la nieve sin temor alguno.

     

    Disfrutando la nieve en Berlín

     

    No hizo mucha falta que me enseñaran cómo usar el trineo. El principio era fácil. Sentarse y deslizarse.

     

    Disfrutando la nieve en Berlín

     

    Pero debo aceptar que la primera vez tuve miedo de caer. ¿Cómo se sentiría golpearme contra la nieve? Era algo que tenía que descubrir. Una experiencia nueva como ver el mar por primera vez. :rolleyes:

     

    Disfrutando la nieve en Berlín

     

    Luego de unos minutos mis dedos y manos estaban completamente congelados, y no sabía qué hacer para calentarlos. Ria tuvo una buena idea.

     

    Había llevado un termo con vino caliente para degustar. Todos nos amontonamos alrededor de su humeante sabor para ingerir un poco del calor que emanaba. Aunque no servía de mucho.

     

    Disfrutando la nieve en Berlín

     

    Al caer la noche volvimos a casa y no volvimos a salir. La temperatura había descendido a casi -10 grados y estaba claro que era demasiado para alguien de la costa mexicana como yo. :zsick:

     

    Al siguiente día dejaría la acogedora morada berlinesa y prometería volver algún verano. Ahora cruzaría la frontera por carretera, adentrándome en la desconocida Europa del este.

     

    Pueden ver todas las fotos en el siguiente álbum:

     

     

  7. El fin de una larga estadía fuera de casa es siempre un momento triste. No importa dónde estemos, las despedidas nunca son fáciles para nadie. Y tampoco para mí. :(

     

    Para mediados de enero había pasado ya cinco meses en España, y prácticamente cuatro meses viviendo en Santiago de Compostela, una ciudad que me había dado mucha lluvia y nuevos amigos.

     

    Mi vuelo de vuelta a México estaba programado para el 12 de febrero, lo que quería decir que al terminar mis exámenes me quedaban todavía más de veinte días libres en Europa.

     

    Era invierno, un frío invierno, y mi presupuesto se había reducido a pocos pesos en mi cuenta bancaria. Por lo que en un principio mis planes no iban mucho más allá de quedarme en la ciudad o esperar mi partida en Madrid. :unsure: Pero en el mes de diciembre recibí mi mejor regalo de Navidad. :ohmy:

     

    Mi universidad me envió un correo notificándome de un último depósito antes del día 20. Había hecho todo lo posible por dejar mi apartamento antes y no generar más gastos hasta antes de regresar. Pero ese último depósito salvó mis últimas vacaciones. :big-smil:

     

    Sin dudarlo mucho tiempo me dirigí a la mejor página web de viajes que había conocido en Europa, www.drungli.com (aunque debo decir que funcionaba mucho mejor hace tres años que el día de hoy). :huh:

     

    Su secreto era buscar el vuelo más barato con un origen y una fecha específica, sin importar el destino y la clase de aerolínea. Con un botón que decía “take me anywhere”, drungli me dirigió a todas las aerolíneas lowcost de Europa para armar mi próximo viaje de manera aleatoria.

     

    Y habiendo gastado menos de 250 euros visitaría nueve ciudades a lo largo del continente, desde la costa española hasta la fría Europa del este. Y mi primer destino era Barcelona.

     

    Al abordar el avión en el aeropuerto de Santiago intenté no pensar en lo que dejaba atrás y, más bien, pensar en lo que venía por delante. :crying: No quería llegar a Barcelona empapado en lágrimas pensando en los inolvidables meses que viví como un estudiante en Galicia. “Todavía no termina”, me dije. Y miré los increíbles viajes que me esperaban.

     

    Como siempre, mi viaje fue planeado en su totalidad con transportes baratos y Couchsurfing, la mejor red de huéspedes de la que me he valido hasta ahora.

     

    Llegué cerca del mediodía al aeropuerto de Barcelona-El Prat, donde mi nuevo host, Eloi, me recogió en su coche.

     

    Aunque estábamos a mitad de enero, el día era bastante soleado y me hacía olvidar un poco al triste, gris y nublado cielo de Galicia. Eloi me recibió con una gran sonrisa y eso me hizo olvidar un poco la melancolía que recorría mi mente. :rolleyes:

     

    No obstante, me sorprendí de la bondad que se podía encontrar en Couchsurfing cuando me enteré de que él había pedido el fin de semana libre para poder pasar conmigo algún tiempo, y que había rentado el coche en una comunidad de car sharing solo para poder recogerme en el aeropuerto. :ohmy:

     

    “No era necesaria tanta bondad”, le dije. “Eres mi primer couchsurfer y quiero ser el mejor anfitrión”, respondió. :blush:

     

    Sin nada más que decir que un sincero “gracias”, me llevó hasta su estudio-apartamento ubicado en el céntrico barrio de Gracia.

     

    Nacido y criado en Barcelona, Eloi conocía a la perfección la ciudad como para poder mostrarme lo mejor en aquel fin de semana. Y aprovechando el sol del mediodía salimos a recorrer un poco la ciudad, no sin antes parar a comer unos buenos pinchos españoles, que incluían tortilla de patatas, croquetas y un quiche bastante francés. :P

     

    La historia de Cataluña, y especialmente de Barcelona, me había llevado hasta allí con un sinfín de dudas.

     

    Había visto la reacción de los madrileños al perder las elecciones para los Juegos Olímpicos del 2020, mismos que Barcelona ya ha tenido en 1992 y que es una más de sus eternas rivalidades. Había leído mucho sobre la intención de Cataluña de separarse de España. Había escuchado ya a dos catalanes hablando catalán. En fin, Barcelona parecía ser una ciudad única que podría hacerme sentir fuera de España estando dentro de España… y no estaba tan equivocado.

     

    Nuestro tour comenzó en el emblemático Paseo de Gracia, una de las principales avenidas de la ciudad que cruza el distrito central de Ensanche. Es una especie de Campos Elíseos de Barcelona.

     

    No son solo las tiendas a sus costados lo que la hacen tan famosa, sino los numerosos y curiosos edificios que dotan de identidad a la ciudad.

     

    No se puede hablar de Barcelona sin mencionar a Antoni Gaudí, uno de los arquitectos más famosos en la historia. Y para quien no lo conozca, basta solo googlear su nombre y echar un vistazo a sus inigualables creaciones.

     

    Antoni Gaudí fue conocido por su incomparable manera de diseñar edificios, a veces recurriendo a la maquetación sin un plano previo, o improvisando ideas a la marcha ya en la etapa de construcción. :ohmy:

     

    Su imaginación lo llevó a límites extremos en su época (finales del siglo XIX y principios del XX), esquivando las formas geométricas y dejándose inspirar por la naturaleza, lo que finalizó en el nacimiento del modernismo catalán y en edificios de formas totalmente orgánicas.

     

    Uno de los mejores ejemplos es la Casa Batlló, número 43 del Paseo de Gracia, cuyo primer dueño fue precisamente la adinerada familia Batlló.

     

    Casa Batlló de Gaudí, Barcelona

     

    Su fachada no era algo que pudiera comparar con ningún imaginario previo. Su alocado diseño era simplemente algo que no creía posible a principios del siglo pasado. :ohmy:

     

    Columnas parecidas a huesos humanos, balcones en forma de antifaz, ventanas de colores y paredes decoradas con restos de mosaicos y azulejos que formaban un conjunto vívido y primaveral, adornado en su parte superior por una cruz de cuatro brazos que denota el amor que Gaudí poseía por la religión católica.

     

    Casa Batlló de Gaudí, Barcelona

     

    Para mí era algo así como una casa sacada de un cuento de hadas. Pero allí no acababa lo mejor.

     

    A lo largo de la avenida Eloi me mostró varias de las obras más importantes de la arquitectura modernista catalana, que incluían obras de maestros un poco menos conocidos a nivel mundial, como Lluis Domènech y su maravillosa Casa Lleó Morera.

     

    Casa Lleó Morera, Barcelona

     

    Otro gran arquitecto fue Josep Puig, creador de la Casa Amatller, un edificio con una fachada plana de forma triangular que mezcla el gótico, el flamenco y el increíble modernismo que da como resultado una casa de ensueño donde cualquiera quisiera vivir. <3

     

    Casa Amatller, Barcelona

     

    Al final del paseo llegamos a una enorme plaza desde donde comenzaba otra famosa avenida llamada Las Ramblas, famosa por estar orillada por restaurantes, cafés, comerciantes de prensa, flores, aves, artistas callejeros y un sinfín de atracciones que la hacen lucir llena a todas horas de la tarde.

     

    Las Ramblas, Barcelona

     

    En el extremo sur llegamos al Puerto Antiguo de Barcelona, repleto de pequeñas embarcaciones y yates privados y cuna de la ciudad fundada hace cientos de años.

     


    Puerto Antiguo de Barcelona

     


    A su alrededor hay numerosas atracciones, como un centro comercial, un acuario, un lujoso hotel y el moderno World Trade Center, dotando a Barcelona de instalaciones de talla mundial.

     

    Puerto Antiguo de Barcelona con el WTC al fondo

     

    El puerto antiguo es un lugar perfecto para relajarse dentro de una zona metropolitana de más de cinco millones de habitantes.

     

    Puerto Antiguo de Barcelona

     

    Volvimos a pie por la ciudad antigua serpenteando el llamado Barrio Gótico, el vecindario más antiguo de la urbe que forma el centro histórico actual.

     

    Barrio antiguo de Barcelona

     

    Eloi me mostró los edificios más emblemáticos de la antigua Barcelona, como el Palacio de Gobierno de Cataluña y la Catedral de la ciudad.

     

    Catedral de Barcelona


    Catedral de Barcelona

     

    Todos aquellos edificios se ubican sobre las antiguas ruinas de lo que fue un asentamiento romano que hoy testifica el cambio de la humanidad a través de los siglos.

     

    Volvimos a casa para descansar, mientras yo sentía un ligero ardor en la garganta. “Es el frío”, me dije. Algo normal que intenté ignorar y esperé que mejorara mientras dormía. :unsure:

     

    El sábado por la mañana Eloi me dejaría a mi suerte. Él tenía cosas que hacer y decidimos vernos al final de la tarde.

     

    No muy lejos de Gracia caminé hacia el monumento más emblemático del arquitecto Antoni Gaudí y que se ha convertido en el ícono de Barcelona por excelencia: la Sagrada Familia.

     

    Con el título oficial de la Iglesia católica de Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, su belleza no solo radica en su fachada exterior, sino en la cantidad de enigmas que envuelven su construcción.

     

    Antoni Gaudí inició su construcción en el año 1882 y en sus planos hizo toda una síntesis de la arquitectura naturalista y de su estilo personal, siendo la obra cúspide del arquitecto.

     

    Pero Gaudí murió y solo fue testigo físico de la cripta y del ábside, dejando los planos listos para la continuación de su construcción. Pero descifrar los planos de un arquitecto como él no es una tarea fácil. :O_o:

     

    El templo no ha sido terminado y se sigue construyendo con donaciones de origen privado, lo que quiere decir que su construcción ha durado más de 130 años. :eek:

     

    Es por ello que la expectativa de visitar la Sagrada Familia se rompió cuando la vi rodeada de grúas y cubierta por mallas de contención. :confus: Sin embargo, estudiar sus fachadas exteriores es todo un viaje a la extraña mente de Gaudí.

     

    La Sagrada Familia en Barcelona

     

    Los detalles ornamentales del llamado Pórtico de la Fe posee un gran número de esculturas que representan la vida de la Virgen María. Y verlas de pies a cabeza significa perderse por un instante en un mundo imaginario que solo Gaudí pudo concebir.

     

    La Sagrada Familia en Barcelona

     

    Las formas orgánicas inspiradas en la naturaleza son también evidentes en todo el edificio, dejando el legado de Gaudí para la posteridad de la ciudad.

     

    Más al sur llegué a la Plaza Monumental de Toros de Barcelona, que hoy sirve para realizar eventos musicales y deportivos. Pero es otro testimonio de una tradición española que sobrevive ya en pocos lugares del país, debido al cambio de mentalidad de las nuevas generaciones y a las leyes de protección animal.

     

    Plaza Monumental de Toros de Barcelona

     

    Un detalle interesante que noté al caminar por las calles de la ciudad fue la cantidad de banderas catalanas que vi colgadas en los balcones de los apartamentos. Por supuesto, entendí su significado como símbolo de la lucha separatista de los catalanes en España.

     

    Bandera independentista de Cataluña en Barcelona

     

    Cataluña tiene una historia lejana y cercana con el resto del país, habiendo sido un principado adjunto al Reino de Aragón que poseía su propia lengua y una cierta independencia cultural y económica diferente a la castellana, corona misma que logró incorporar a Cataluña dentro del Reino Español.

     

    El idioma catalán ha sufrido a lo largo de los siglos. Ha estado a punto de perderse en muchas ocasiones, siendo la más reciente la dictadura de Franco, donde fue estrictamente prohibido.

     

    Banderas independentistas de Cataluña en Barcelona

     

    Hoy Cataluña lucha por regresarse a sí misma lo que intentó serle arrebatado; pero muchos quieren más que eso. Quieren que Cataluña sea un país soberano reconocido por España y por el mundo.

     

    Carrer de la Marina, Barcelona

     

    Caminé hacia el sur por la calle Carrer de la Marina que me llevó justo hasta la costa donde se estableció la Villa Olímpica en 1992.

     

    Malecón de Barcelona

     

    Aunque era pleno invierno y la temperatura no era precisamente la más cálida, las playas de Barcelona me dieron esa brisa mediterránea que necesitaba para continuar los siguientes días en el resto de la fría Europa. :big-grin:

     

    Playa de la Barceloneta, Barcelona

     

    Habiendo vivido toda mi vida en la costa este de México la playa será algo que siempre me hará falta, esté donde esté.

     

    Playa de la Barceloneta, Barcelona

     

    El litoral barcelonés cuenta con nueve playas de alto nivel con todo el equipamiento necesario para dar a los turistas y locales la mejor de sus estadías.

     

    Playa de la Barceloneta, Barcelona

     

    El arte en Barcelona es algo común de encontrar en cada rincón de la metrópoli, y la playa no puede quedarse detrás. :rolleyes:

     

    Playa de la Barceloneta, Barcelona

     

    Tras relajarme unos instantes frente al mar volví a girar al norte rumbo al Parque de la Ciudadela, que aloja al parlamento catalán, algunos museos y al célebre Arco del Triunfo de Barcelona, que recuerda al mundo la importancia de la ciudad que alojó dos veces una Exposición Universal en 1888 y en 1929.

     

    Arco del Triunfo de Barcelona

     

    Al caer el ocaso me reuní con Eloi y sus amigos en un bar local para probar algunas cervezas.

     

    Vida nocturna en Barcelona

     

    Eloi resultó ser un VJ profesional. Sí, VJ. Un Video Jockey. Se encargaba de todos los efectos de video para algunos de los mejores clubes nocturnos de la ciudad.

     

    Y como buen sábado en la noche no quiso dejarme ir sin conocer la famosa vida nocturna de Barcelona. Así que volvimos a casa para cambiarnos de ropa y fuimos junto con una de sus amigas a uno de los clubes donde él trabajaba.

     

    Para ese entonces mi garganta estaba casi cerrada. Había comprado algunas pastillas para chupar. Pero el ardor era cada vez más intenso. Y tristemente decidí no beber nada frío para evitar empeorarla. :zsick:

     

    Le entrada de la discoteca estaba repleta, como de costumbre. Pero Eloi conocía a todos, y como los más privilegiados tuvimos una entrada gratis y exclusiva antes que los demás. :eek: Era entonces que me daba cuenta de la suerte que Couchsurfing me podía brindar. :big-smilB:

     

    La discoteca era enorme, con varias salas de música electrónica. Algunas más lounge, algunas más chill out. Y la más grande, por supuesto, con la mejor música tecno house del momento.

     

    Me sentía decepcionado por estar en una de las mejores discotecas de Barcelona con entrada gratis sintiéndome no del todo bien por mi garganta. :oops: Pero decidí ignorarlo.

     

    Eloi y su amiga me ofrecieron algunos tragos sin mucho hielo, a lo que accedí para integrarme un poco al ambiente. Estaba en una noche de sábado en Barcelona con dos chicos muy agradables y debía tratar de disfrutarlo. :blush:

     

    La noche de fiesta terminó para nosotros muy cerca de las 6 a.m., cuando volvimos los tres al apartamento para dormir, ya derrotados. :sleep:

     

    A la siguiente mañana la lucha por despertar fue bastante ardua. Eloi tenía dolor de cabeza y yo no soportaba el dolor en mi garganta. :wacko:

     

    Pero comimos algo para reponernos y salimos un poco para aprovechar el día antes de que el sol se ocultase. Era mi último día en la ciudad y no podía irme sin conocer otra de las joyas de Gaudí: el Parque Güell.

     

    Parque Güell en Barcelona

     

    En 1900 el empresario Eusebi Güell encargó al ya famoso Gaudí una villa alejada del ruido de la ciudad para familias adineradas, rodeadas por la belleza natural de la zona.

     

    El resultado fue este parque surrealista que hoy está abierto como un sitio público para los barceloneses y turistas. <3

     

    Parque Güell en Barcelona

     

    Es otra de las muestras del amor de Gaudí por la arquitectura orgánica y naturalista que comenzó a practicar a principios del siglo XX.

     

    Parque Güell en Barcelona

     

    La entrada al parque está marcada por un par de pabellones que parecen dos pequeñas casas de jengibre donde vive algún personaje de un cuento de hadas, coronadas por techos de mosaicos y una colorida cruz católica en lo alto.

     

    Parque Güell en Barcelona

     

    Tras ella subimos por una escalera donde se hallan dos fuentes y una escultura que se ha convertido en el símbolo del parque. El llamado Dragón de la Escalinata, o Dragón de Gaudí. Aunque más bien simula ser una salamandra.

     

    El Dragón de la Escalinata, Parque Güell en Barcelona

     

    Todas esas pequeñas y particulares esculturas denotan el perfeccionismo de la técnica trencadís, que él mismo creó, donde juntaba pequeños restos de mosaicos de distintos colores para tapizar una figura.

     

    Parque Güell en Barcelona

     

    En lo alto de la escalinata llegamos a lo que parecía ser una imitación de un antiguo templo griego, con columnas estriadas que parecen ser de mármol, aunque no lo son.

     

    Parque Güell en Barcelona

     

    Dichas columnas sirven para sostener la explanada principal del parque, donde ya se acumulaban algunos charcos de agua que avisaban una lluviosa noche en Barcelona.

     

    Explanada del Parque Güell en Barcelona

     

    La explanada está completamente delimitada por un banco ondulante decorado de la misma manera que el pequeño dragón y que simula la forma de las olas en la costa, que podía verse a lo lejos hacia el sur.

     

    Parque Güell en Barcelona


    Con Eloi y su amiga comiendo un bocadillo

     

    La situación geográfica del parque es la mejor manera de alejarse del bullicio y de tener una vista panorámica de la capital catalana. <3

     

    Barcelona desde el Parque Güell

     

    Tras una agradable caminata por sus pórticos y de un buen bocadillo español volvimos al coche para manejar al sur.

     

    Parque Güell en Barcelona

     

    Eloi quiso terminar mi visita con el antiguo Castillo de Montjuic, una fortaleza en ubicada en una de las colinas de la ciudad.

     

    Castillo de Montjuic, Barcelona

     

    Por desgracias la noche ya había caído, y el acceso estaba ya cerrado. Era el precio por haber tenido una gran noche de fiesta y de haberse levantado tarde… pero todo había valido la pena. :big-smil:

     

    Regresamos a casa y despedimos a su amiga, quien partió esa misma noche a un pueblo cerca de la ciudad. Al siguiente día sería yo quien se despediría de Eloi, dándole las gracias por haber sido un grandioso host y por haberme regalado tres increíbles días en Barcelona. Sin duda, había cumplido su objetivo de ser un excelente anfitrión. :)

     

    Tomé el metro hacia el aeropuerto para coger mi vuelo al próximo destino que drungli había elegido para mí: Ámsterdam.

     

    Pueden ver todas las fotos en los siguientes álbumes:

     

     

     


  8. Hola nuevamente a todos. :)

     

    Lamento haber estado ausente estos últimos largos meses, pero han sido tiempos ajetreados. Martin y yo retornamos a nuestra ciudad en Febrero del año pasado y volver a la rutina diaria fue un poco costoso.

     

    Pero bueno, regresar también es parte de un viaje y a pesar de que es algo algo de lo que no se habla mucho, para nosotros regresar fue un gran desafío. Después de tantos meses viviendo el día a día y sorprendiéndonos constantemente con nuevos destinos, volver al estudio, al trabajo y a todas esas cosas de una vida sedentaria puede significar un gran esfuerzo.

     

    Retornar a casa no es fácil, sé que los viajeros me comprenderán. Los primeros días uno se siente realmente exaltado y lleno de alegría, ya que se reencuentra con sus amigos y su familia, y vuelve a dormir por fin en su propia cama y a ducharse con agua calentita.

     

    Pero con el paso de los días cuando ya visitaste a toda tu familia, cuando ya contaste tus anécdotas más de 35 veces y las preocupaciones por encontrar un trabajo, por pagar cuentas o por dar exámenes comienzan a atormentarte, como en mi caso, es inevitable sentirse invadido por oleadas de melancolía :crying:

     

    Creo que cada uno maneja la sensación de volver como puede. En mi caso me dedique de lleno a la Universidad y a volver a reintegrarme en el mundo laboral. Muchas veces me encuentro soñando despierta con los lugares por donde anduvimos con la moto. Cualquier mínimo estimulo como un aroma particular, una canción o un sabor me traen constantemente recuerdos de la experiencia de viajar por Sudamérica, la más grande que he vivido hasta ahora.

     

    Sin embargo, no quiero ponerme dramática y prefiero evitar las lágrimas. Durante todos estos meses hemos aprendido a volver a la rutina, pero lo que me lleva a mí a seguir contenta es pensar que este regreso no significa el fin de un viaje. Digamos que simplemente nos tomamos una pausa. ;)

     

    Ahora bien, no siempre regresar es malo. Hoy estoy regresando a este maravilloso sitio que me abrió las puertas de un nuevo mundo hace ya casi dos años. Para mí es un placer compartir mi historia con viajeros como ustedes y leer de sus propias aventuras. Así que hoy vuelvo a contarles sobre el resto del viaje y de los países que visité para revivir una vez más y con mucha felicidad mi experiencia de viajar.

     

    La última vez que escribí, les contaba sobre la estadía en Ecuador. Así que retomemos:

     

    Ecuador es un país impresionante. Ya habíamos conocido las peculiares playas negras de Mompiche, nos habían sorprendido las noches de fiestas en las calles de Montañitas y habíamos visto a escasos metros las ballenas de Puerto López. Sin embargo, puedo asegurarle que la experiencia más maravillosa que me regaló ese país fue ver de a una gigantesca tortuga de mar. :ohmy:

     

    Fue en una de las noches húmedas que pasamos en Mompiche, mientras preparábamos unos insulsos fideos para una rápida cena antes de ir a la carpa, cuando nos cruzamos con un viajero en la cocina del camping.

     

    Aquel muchacho era argentino también, por lo que la complicidad fue inmediata. Como solía suceder con todos los aventureros que nos cruzábamos por el camino, nos presentábamos contando sobre los lugares que habíamos visitado, y pasándonos consejos.

     

    Es así como escuchamos hablar por primera vez de este lugar llamado Portete. El viajero argentino tenía planeado ir a Portete en los próximos días ya que había escuchado de una organización llamada Equilibrio Azul que se dedicaba a la conservación local de las tortugas marinas y que aceptaban voluntarios por escasos días para realizar patrullajes nocturnos en busca de tortugas que salieran del mar a desovar en las playas.

     

    Mis ojitos brillaron ante la posibilidad de ver a estos animales en semejante acción, y Martin reconoció enseguida el próximo destino. :big-grin:

     

    Así fue como al día siguiente desarmamos campamento y provistos de un mapa mental con las indicaciones del compañero patriota para llegar a Portete, dejamos atrás el pequeño pueblo costero de Mompiche.

     

    Portete no se encontraba muy lejos de allí. Sólo debíamos retomar la ruta principal y volver a desviarnos hacia la selva unos kilómetros más adelante. Lo que este compañero argentino se olvidó de mencionar fue un pequeño detalle que nos tomó por sorpresa. El camino que debíamos tomar finalizaba bruscamente en el mar. Nos encontramos desconcertados con el asfalto metido de lleno en el agua, una pequeña construcción al costado y unos botecitos meneándose con la marea.

     

    Sólo unos pocos metros más adelante, sobre el mar se levantaba una gran isla verde: Portete. Si bien la información de que Portete era una isla nos hubiera sido útil, pronto descubrimos que aquella única construcción que se encontraba al lado del camino era un estacionamiento donde podíamos dejar la moto durante los días que visitáramos la isla.

     


    Isla Portete, Ecuador

     


    Coordinamos los días y el precio con el dueño del estacionamiento y tomamos solo algunas cosas para llevarnos con nosotros. Mientras descargábamos lo esencial, dos pequeños y flacuchos niños se nos acercaron a trote ofreciéndonos exaltadamente su bote para cruzarnos hacia la isla.

     

    Con el temor que le tengo al agua, que mi vida dependiera de un niño no era una idea que me encantara, pero pronto descubrí que aquel pequeñín podía hacer el tramo con los ojos vendados. El día estaba nublado, y una fina llovizna caía desde el cielo mientras el viento húmedo hacía tambalear el precario botecito que maniobraba con precisión el muchacho que no tendría más de 12 años.

     


    Cruzando, con miedo, hacia Portete xD

     

    En menos de 5 minutos, el bote encalló en la playa de Portete y descendimos cargados de nuestras mochilas y carpa. Sólo había algunos pescadores y otro bote-transporte con un grupo de jóvenes visitantes en la playa. Desde allí nacía un camino de arena húmeda que contrastaba con el césped verde que cubría toda la isla, escoltado por flacas palmeras.

     

    Mientras caminábamos por la arena, siguiendo las indicaciones del niño que nos había transportado para llegar hasta el refugio de la Fundación Equilibrio Azul, nos cruzábamos esporádicamente con sencillas viviendas elevadas sobre pilotes para protegerlas de mareas altas.

     


    La isla Portete

     


    Llegamos a lo que suponemos que era la “calle principal” porque contaba con una escuela, un almacén y viviendas un poco más amontonadas, hasta que finalmente encontramos el refugio, una sencilla casucha de madera con un amplio jardín adelante. Nos recibió un muchacho alto de largas rastas y acento que delataba inmediatamente que nada tenía que ver con aquel lugar.

     

    Voluntario oriundo de Reino Unido, el joven Dean nos hizo pasar a la pequeña casilla donde paraban los voluntarios oficiales y sin mucho preámbulo le explicamos que queríamos participar de las salidas nocturnas. Evidentemente tenían este tipo de visita extranjera voluntaria de forma diaria, porque no fue algo que lo sorprendiera mucho a nuestro amigo de rastas. Coordinamos para vernos esa misma noche y nos despedimos para buscar algún lugar donde armar carpa.

     

    Llegamos así, guiados por los vecinos del lugar, a la casa que una joven compartía con su padrastro. De entre todas las humildes casitas que copaban la isla Portete, debo admitir que esa casona de dos pisos llamaba bastante la atención. Estaba ubicada justo al final de una solitaria calle de arena que se introducía por entre las palmeras y los pastos y era vecina de unas pocas casillas.

     

    La muchacha y su padre habían armado en la esquina de su terreno un sector con cocina, baño y parcelas para los acampantes. Éramos los únicos allí, así que teníamos todo a nuestra disposición. Coordinamos precio y días de estancia, cruzamos unas cordiales palabras con los dueños del lugar y salimos al trote a la playa a buscar un lugar donde saciar el hambre voraz que sentíamos. Entre una cosa y otra habíamos perdido por completo la noción del tiempo y el reloj ya marcaba las 2 de la tarde y nuestros estómagos rugían famélicos.

     

    Encontramos un rústico bar/restaurante sobre la playa, frente al mar donde un grupo de amigos comían un plato repleto de cangrejos, a los cuales machacaban a mazasos. Pedimos el menú marítimo del día y disfrutamos de sentarnos un momento después del trajeteo.

     


    Honestamente el día no acompañaba. Quizás con un poco de sol, Portete podría verse como el mismo paraíso. Pero aquella tarde unas nubes grises se amontonaban en el cielo y esa molesta llovizna no paraba de caer.

     

    Con los estómagos felizmente llenos, decidimos hacer un rápido paseo por la orilla de la playa antes de volver a la carpa. Desconozco si Portete es un sitio muy turístico, y de ser así claramente no estábamos en temporada alta porque no nos cruzamos con ningún turista.

     


    La isla Portete

     


    En aquella caminata simplemente éramos nosotros y el mar. Hacia el costado opuesto se levantaba altas palmeras y podíamos distinguir algunas que otras casillas de los nativos del lugar, pero no había ningún rastro de turismo, lo cual, pese a quedar como ermitaños, nos hacía muy felices.

     

    Ya estábamos por pegar la vuelta en nuestra solitaria caminata playera, cuando distinguimos a unos 15 metros más adelante una figura alta y delgada con largas rastras que nos pareció familiar. Efectivamente, allí adelante se encontraban Dean, de Equilibrio Azul con otras tres personas y algunos niños. Todos parecían muy interesados en algo que se encontraba tendido sobre la arena.

     


    A medida que nos fuimos acercando, aquello que se encontraba sobre la arena comenzó a tomar forma ovalada y oscura….como un gran caparazón. El corazón me dio un vuelco en el pecho: ”ESO es una tortuga!!!” le grité exaltada a Martin, mientras apuraba la marcha sobre la arena húmeda de la playa de Portete.

     


    Tortuga golfina (Lepidochelys olivacea)

     

    Cuando Dean nos vio, agitó sus manos enérgicamente para llamar nuestra atención. A medida que nos acercábamos, pude confirmar que claramente aquello se trataba de una tortuga, una enorme tortuga golfina, moviendo perezosamente sus patas traseras, para tapar los huevos que acababa de desovar a plena luz del día!!! :ohmy:

     

    Las tortugas comúnmente salen por la noche a depositar sus huevos sobre la playa, en un hoyo no muy profundo que cavan y tapan una vez depositados los huevos. Que esta hermosa tortuga hubiera salido durante el día era algo sumamente extraño y una oportunidad única en la vida.

     


    Tortuga golfina (Lepidochelys olivacea)

     

    Cuando llegamos al lado del animal que con sus últimas fuerzas terminaba su trabajo materno sin darle mucha importancia al público presente, me quedé sin palabras para expresar lo que sentía. Estaba a escasos centímetros de una gran tortuga golfina, siendo testigo de un fenómeno tan bello como la puesta de sus huevos! Era como estar viendo una película…pero no, no lo estaba viendo a través de una pantalla… yo estaba ahí! Me sentía como atrapada en un sueño.

     


    Tortuga golfina (Lepidochelys olivacea)

     


    Dean estaba igual de emocionado que yo, con una sonrisa constante y tomándole fotos a la bella madre desde diversos ángulos. La señora tortuga terminó de cubrir con mucho esmero sus huevos y lentamente emprendió el regreso al mar.

     


    Tortuga golfina (Lepidochelys olivacea)

     


    Pausadamente, la golfina fue dando hoscos aletazos en la arena y moviendo de a pocos centímetros su pesado cuerpo. Cada pocos metros se detenía, exhausta de la larga travesía que había realizado, y luego volvía a retomar la marcha.

     


    Tortuga golfina (Lepidochelys olivacea)

     


    Nunca olvidaré el sonido de la tortuga arrastrándose sobre la arena pesadamente, y el golpeteo de sus aletas sobre la playa. Finalmente llegó hasta donde las olas se deslizaban sobre la arena. Al contacto de la espuma marina, la expresión de la golfina pareció cambiar: había logrado su objetivo, había logrado lo que instintivamente la llevo a sobrevivir a pesar de todas las amenazas: la perpetuación de su especie.... la Naturaleza es increíble <3

     


    Tortuga golfina (Lepidochelys olivacea)

     


    En solo dos pasos más, la tortuga se internó de lleno en el mar, y la vimos desaparecer entre las olas. Y ahora debíamos encargarnos de los huevos. Portete, como me explicaban los chicos de Equilibrio Azul mientras desenterraban suavemente el reciente nido, es el sitio predilecto por varias especies de tortugas marinas para desovar. Sin embargo, allí los huevos corren riesgos. A veces por las mismas personas son pisoteados o los perros callejeros se los comen.

     


    Es de público conocimiento que las tortugas marinas son especies en peligro de extinción. Los ejemplares adultos son amenazados por la basura arrojada al mar, las redes de los pescadores y las astas de las embarcaciones que suelen lastimarlas e incluso provocarles la muerte. Por ello, la tarea de Equilibrio Azul es preservar cada puesta de las tortugas que llegan a aquellas playas.

     


    Para ello, si la tortuga desova lejos del centro urbano, los chicos dejan los huevos en su lugar, y simplemente rodean el nido con una red para evitar a los perros. Si la tortuga desova muy cerca del poblado, como era el caso de aquella tortuga golfina, los huevos son trasladados con mucho cuidado a lo que ellos llamaban “vivero”.

     


    Viveros de Equilibrio Azul

     


    Los viveros son parcelas de 2 metros por 4, que se encontraban apostados sobre la playa y cercados con vallas de madera y redes. Cada vivero se encuentra dividido en cuadriculas, donde son trasladados los nidos para su protección.

     


    Viveros de Equilibrio Azul

     


    Los chicos de Equilibrio Azul desenterraron con suma precaución el nido cavado por la tortuga golfina hasta llegar a los huevos. Con suavidad fueron retirándolos de la arena y los colocaron en un recipiente de plástico. 105 huevos!!! Fueron los contados.

     


    Huevos de Tortuga golfina (Lepidochelys olivacea)

     


    Voluntarios de Equilibrio Azul trabajando

     


    Una vez que se retiran todos los huevos, se mide el ancho y la profundidad del nido con exactitud y con estas medidas se produce una réplica del nido lo más exacta posible en una de las cuadriculas del vivero. Se depositan en el nido construido los huevos y se vuelven a tapar. De esta manera se trasladan a los viveros y se asegura su total eclosión.

     


    Voluntarios de Equilibrio Azul trabajando

     


    El trabajo de los chicos de Equilibrio Azul realmente es impecable y la dedicación y pasión que ponen en cada una de estos rescates es completamente admirable.

     


    Viveros de Equilibrio Azul

     


    Durante la noche y tal como habíamos arreglado, nos acercamos con Martin al refugio y desde allí junto con dos personas más, nos dirigimos hacia la playa. Obviamente pocas luces iluminaban el pueblo. Solo unas pobres luces se veían desde el interior de las casillas… pero la playa se encontraba a oscuras, iluminado únicamente por la blanca luz de la luna.

     


    Recorrimos de punta a punta la playa unas dos o tres veces, iluminando con luces rojas (la luz de las linternas puede asustar o despistar a las tortugas) pero sin ningún hallazgo exitoso. Martin, cansado, se volvió al camping antes de finalizar el patrullaje y yo me quedé hasta el final.

     


    No vimos nada inusual durante la noche, pero la verdad que después de haber sido tan afortunada en ver una tortuga en plena luz del día y apreciarla por completo, no me disgusté. En cambio me entretuve hablando con la chica que guiaba el grupo, una ecuatoriana local que vivía en Portete y divirtiéndome con sus anécdotas.

     


    Cuando el patrullaje terminó, retorné al camping. Me acompañó durante un trecho la guía y luego caminé los últimos metros sola, alumbrando con la débil luz de la linterna el camino. No había absolutamente nadie a mi alrededor. Podía escuchar claramente cada ola rompiendo contra la playa, los cientos de sonidos de los distintos insectos a mi alrededor y mis pasos apresurados sobre la hierba.

     


    Llegué completamente exhausta a la carpa, donde Martin dormía tranquilamente. Aquel había sido un día largo y con muchas emociones… me dormí a los pocos segundos y descansé como un bebé.

     


    Huellas de la naturaleza

     

     

     

     

     


    Regresé!! con ésta, que fue una de las mejores experiencias que viví durante el viaje :big-smil: En nuestro próximo encuentro, les contaré sobre una de las capitales más bellas que visitamos: Quito!
    Mientras, no dejen de ver las fotos de esta bella tortuga en el álbum completo!!!

     

     

  9. Nuestro último día en el occidente mexicano quisimos pasarlo en el medio del bosque y la viva naturaleza. Y, como es costumbre, la mejor decisión la tomamos gracias a la recomendación de un local tapatío, quien nos incitó a la aventura en búsqueda de los pueblos mágicos de Jalisco :rolleyes:

     

    La secretaría de turismo de México ha utilizado este título emblemático para denominar a las poblaciones de mayor importancia y belleza histórica, cultural y natural alrededor de todo el país. Por supuesto, ha servido para impulsar la afluencia de turistas durante todo el año.

     

    En la provincia de Jalisco eran varias nuestras opciones, pero la más acertada por su cercanía y accesibilidad fue la población de Mazamitla, al sureste del estado.

     

    En nuestra nueva travesía se nos unió la tía Lupe, madre de una de mis primas con las que viajaba, quien se encontraba en Guadalajara para asistir a una boda. Los cinco juntos partimos por la mañana al tomar el autobús en la carretera sur, que tras bordear el enorme lago de Chapala por 150 kilómetros nos llevó a nuestro pequeño destino perdido entre las montañas.

     

    Centro de Mazamitla

     

    A primera vista, Mazamitla me colmó de sensaciones muy distintas a la que todos los pueblos mágicos tenían el poder de hacerme experimentar :ohmy: Sus techos de teja, balcones en madera y pasillos con pilares me transportaron inmediatamente a miles de kilómetros de distancia :) en el lejano Cusco, para ser exactos.

     

    Centro de Mazamitla

     

    Arquitectura como ésta rara vez es hallada en las recónditas localidades mexicanas. Es quizá, por ello, que el centro histórico de Mazamitla es una de las principales razones para enorgullecerse de su linaje actual ^_^

     

    Zócalo de Mazamitla

     

    Mientras recorríamos la catedral y la plaza de armas, algunos pares de simpáticas jóvenes se nos acercaron para ofrecernos paquetes turísticos a los principales destinos del pueblo, que incluían paseos por el centro histórico, actividades de deportes extremos en sus paisajes circundantes y la visita a la Cascada El Salto, misma que nos había sido recomendada.

     

    Catedral de Mazamitla

     

    No obstante, nos mostramos obtusos ante sus ofertas, tomando como consejo la ruta a seguir hacia la dichosa caída de agua ;)

     

    Era menos del mediodía y la población no mostraba mucha actividad. Se nos había dicho que, precisamente ese día, se celebraba el día del pueblo mágico, de tal forma que más tarde se haría un desfile conmemorativo por las calles del centro histórico.

     

    Deseosos de ser testigos de la festividad, decidimos partir al sur en busca de la cascada, para poder estar de vuelta a la hora adecuada para el desfile :big-grinB:

     

    Hicimos una parada en la tienda para comprar comida para llevar. Tortillas de maíz, queso, chicharrón y salsa picante fue el menú para nuestra templada tarde :P

     

    Las estrechas calles del casco viejo nos llevaron colina abajo, orillados por las modestas viviendas de anaranjados tejados que fosforecían bajo un inminente sol.

     

    Rmbo a Los Cazos, Mazamitla

     

    Un embudo de rúas nos dragó hasta el extremo sur del pueblo, donde las pendientes no cesaban de descender a considerables inclinaciones. A cada paso que dábamos, solo pensábamos en lo arduo que sería nuestro regreso :unsure: y sobre todo, pensábamos en mi tía, quien sin duda no poseía la misma resistencia corporal, aunada a un problema de asma :(

     

    Unos kilómetros más adelante un grupo de locales apareció halando de sus caballos. Por supuesto, el trueque por sus servicios no se hizo esperar, aguardando por nosotros, únicos turistas aquel día, para que pagásemos por un paseo sobre sus lomos.

     

    Conociendo ya la experiencia que mi tía poseía con los corceles (en cuya infancia solía montarlos) le ofrecimos pagarle el paseo hasta la cascada, en aras de salvar un poco de sus fuerzas. En vista de sus negativas, los hombres comenzaron a bajar el precio más y más... pero nada funcionaba para convencerla :wacko: Optamos por caminar.

     

    Las primeras casas de campo empezaron a aparecer en la larga avenida, tan distintas al resto de las moradas citadinas.

     

    Rumbo a Los Cazos, Mazamitla

     

    Amplios terrenos las circundaban repletas de una viva vegetación que adornaba su campirana pero moderna arquitectura.

     

    Mazamitla es bien conocida por los jaliscienses por ser hogar de turistas y extranjeros que llegaron para quedarse, quienes han caído enamorados ante los pies de muchas de las hermosas casas de campo que se venden en la zona, perfectas para vacacionar durante el caluroso verano :big-smil:

     

    Más allá de los pintorescos pórticos a las afueras de la localidad, arribamos a un ostentoso y lujoso fraccionamiento campirano en el extremo sur. Una garita de madera nos dio la bienvenida a Los Cazos, misma donde nos vimos obligados a contribuir con una moneda, que se vería destinada a la conservación de la flora y fauna del lugar.

     

    Los Cazos, Mazamitla

     

    A pesar de la evidente belleza del sector, se había permitido la privatización de la zona, siendo todos los terrenos a la orilla de un largo camino de ripio vendidos a particulares, deseosos de construir sus casas de verano.

     

    Los Cazos, Mazamitla

     

    Menos mal que los vecinos habían hecho algo bueno con el espacio a su alrededor, que para nuestro deleite se encontraba en las perfectas condiciones de conservación ante su obligada visita :rolleyes:

     

    Los Cazos, Mazamitla

     

    Las escasas callejuelas que bajaban por los oteros parecían sacadas de un cuento de hadas <3 Y las pintorescas casas en sus aristas podían fácilmente ser habitadas por una comunidad de hobbits que, por alguna extraña razón, hubieran llegado a ese recóndito rincón de México.

     

    Los Cazos, Mazamitla

     

    En ambos extremos del sendero el bosque templado ensanchaba su espesura, convirtiéndose en un preponderante pulmón que mantenía vivaz el encanto de todo Mazamitla :big-grinB:

     

    Paisaje en Los Cazos, Mazamitla

     

    Solo algunos pocos vecinos presumían su regocijo desde sus cautivadoras moradas, mientras hacían la limpieza de sus fructuosos jardines o se preparaban para un asado de primavera.

     

    Los Cazos, Mazamitla

     

    El sublime cantar de las aves se acompañaba en su tranquilidad solamente por nuestras voces y el correr del cauce de un estrecho arroyo a nuestro costado, sesgado en cada vivienda por pequeños y llamativos puentes tallados en los troncos.

     

    Los Cazos, Mazamitla

     

    Después de unos 2 kilómetros cuesta abajo el camino llegaba a su fin, y se oía entre la selva de altos encinos el golpear del agua contra el suelo.

     

    Donde el arroyo se topaba con el vacío, dejaba su agua caer por la ladera de una pared de roca, en cuya cima nos permitimos sentarnos a tomar un descanso y, por supuesto, aprovechar su belleza para capturar más fotografías :rolleyes:

     

    En lo alto de la cascada de Los Cazos, Mazamitla

     

    Más antes de bajar por la escalinata de más de 100 pasos, empleamos una pequeña palapa de madera para comer el almuerzo y recobrar nuestras fuerzas. Entonces algunos pares de turistas más se hicieron por fin presentes, aislándonos de nuestra solitaria comparecencia.

     

    En lo alto de la cascada de Los Cazos, Mazamitla

     

    Caminamos por el último tramo del trayecto, que nos llevaba justamente hasta el pie de la pared de rocas, lo que nos reveló finalmente la cascada El Salto, de 30 metros de altitud.

     

    Cascada de Los Cazos, Mazamitla

     

    La delgada y líquida línea blanca iluminada por el tenue sol aparentaba difuminarse en su parte inferior, produciendo un halo de vapor y brisa que empapaba todo a su alrededor.

     

    Cascada de Los Cazos, Mazamitla

     

    El pequeño y poco profundo estanque a sus pies nos dotaba de rocas humedecidas, por las que pudimos saltar hasta llegar lo más cerca que pudimos por su costado derecho, evitando siempre ser molestados por el resto de los turistas, que casi se bañaba bajo sus aguas :D

     

    Cascada de Los Cazos, Mazamitla

     

    Un clima templado nos relajó ante la majestuosidad de la exuberante y excitante naturaleza, llevando nuestro improvisado viaje citadino más lejos de lo que creímos llegar :rolleyes:

     

    Cuando los viajantes despejaban la zona fue momento para posarnos justo al lado de sus aguas, y sentir la brisa aún más de cerca para apresar el nítido momento en nuestros lentes ópticos.

     

    Cascada de Los Cazos, Mazamitla

     

    Un último momento de júbilo fue necesario antes de partir :big-smil: sin muchos deseos de retornar a la gran ciudad de Guadalajara.

     

    Cascada de Los Cazos, Mazamitla

     

    La marcha de regreso se prolongó a un paso sumamente lento, a sabiendas de las escoradas pendientes que nos esperaban a subir hasta el pueblo :zsick:

     

    Pacientes a cada paso que dábamos, no hesitamos en tomar descansos a cada cierto tramo. Más no nos mostrábamos arrepentidos de no haber aceptado cabalgar por Los Cazos.

     

    Al salir del fraccionamiento, no podíamos hacer nada más que mirar hacia la larga e inclinada subida que teníamos por delante. Más no teníamos otra opción que ascenderla :wacko:

     

    Pero pronto apareció una camioneta chevrolet pick up, cuya batea nos sedujo instantáneamente. Y sin dudarlo más de dos segundos, pedimos a su chofer un ride hasta la cima del pueblo, a lo que gentilmente accedió :big-grinB:

     

    Felices de ahorrarnos un considerable y cansado recorrido :P nos apresuramos hacia el zócalo del pueblo, donde los preparativos para la celebración estaban por finalizar.

     

    Buscamos el mejor sitio entre la multitud, que se regocijaba orgullosa por un año más del nombramiento de su ciudad natal.

     

    Desfile de pueblos màgicos en Mazamitla

     

    Los grupos de niños de todas las primarias y secundarias de Mazamitla comenzaron a desfilar por la calle principal, mostrando satisfechos figuras representativas de todos los pueblos mágicos de México, desde su extremo norte en la frontera hasta la punta más oriental de la Riviera maya :big-smil:

     

    Desfile de pueblos m`gicos en Mazamitla

     

    Con aquella muestra gozosa de las comunidades más pequeñas y bellas del país, partimos alegres de Mazamitla para tomar nuestro avión desde Guadalajara, resguardando todos los recuerdos para uno más de mis viajes a la posteridad.

     

     

  10. AlexMexico
    Último Relato

    Tras dos largos meses recorriendo Sudamérica, fue momento de volver a México. Apenas una semana después de mi retorno, daba comienzo el famoso carnaval de Veracruz, el más grande de todo el país. Y fue allí, con viejos y nuevos amigos, que mis próximos viajes no se harían esperar :rolleyes:

     

    Con el line up completo de los artistas que se presentarían en marzo de ese año, planeamos un road trip a uno de los festivales de música más particulares al que se pueda acudir. Y que a tan sólo 240 kilómetros de mi ciudad, me sentía un poco azorado de nunca haber asistido :zsick:

     

    Se trata del festival Cumbre Tajín, en su edición 2015, una feria cultural que se desarrolla cerca de la ciudad de Papantla, al norte del estado de Veracruz. Con ceremonias, talleres, danzas, rituales, actos circenses, conferencias, exposiciones, terapias y conciertos, se pone en alto el nombre, no sólo de los innumerables artistas, sino de la antigua y majestuosa ciudad totonaca de El Tajín y su centenaria cultura imperecedera.

     

    La combinación de ambos elementos me parecía más que atractiva. Después de todo, ¿un concierto en una zona arqueológica precolombina? No podía pedir mucho más :big-smil:

     

    Año con año, los boletos al festival pueden comprarse en línea o adquirirse directamente en las taquillas del parque. A precio de estudiante, pudimos pagar 350 pesos (25 USD) por cada día del concierto ;)

     

    El evento se realiza alrededor del equinoccio de primavera (21 de marzo), pero se celebran casi siempre 5 días durante toda la semana, normalmente desde el jueves hasta el lunes. En nuestro caso, decidimos concurrir solamente el fin de semana.

     

    Con maletas poco asediadas y diciendo adiós al invierno, partimos justo el 21 de marzo desde la población de Cardel con rumbo a la carretera norte. Alfieri, Amy, Alex, Daniela y yo nos embarcamos junto con Víctor, un chico de Bélgica que habíamos conocido en carnaval gracias a Couchsurfing, la red de huéspedes de la que tanto me había valido los últimos meses :P

     

    Una vez en la ruta, el camino se caracterizaba por los enormes hoyos con que nos topábamos en la carretera de asfalto y la extraña neblina que se dibujaba en todo el horizonte :wacko: misma que no nos dejaba disfrutar de la costa atlántica que seguimos bordeando.

     

    Mientras más al norte nos encontrábamos la temperatura parecía subir más :zsick: La primavera apenas daba comienzo, pero la densa humedad de la selva baja elevaba la sensación térmica por encima de los 35 grados Celsius :crying: Menos mal que, al contrario de mis amigos, iba poco cubierto con una ligera bermuda y una remera sin mangas :blush:

     

    Unas 3 horas después arribamos a la ciudad de Papantla, antigua población de la civilización totonaca. Papantla ostenta el título de pueblo mágico, debido a su riqueza cultural e histórica. No obstante, a simple vista la ciudad no parece tener mucho que ofrecer al turista.

     

    Pero, entre algunas de sus peculiaridades, cabe destacar que Papantla es considerada la cuna de la vainilla como producto de venta mundial :smug: ya que los antiguos totonacos la utilizaban como saborizante. Por supuesto, fueron los españoles quienes comercializaron la planta y, más tarde, la esencia del extracto. Es por ello que para muchos es interesante tomar uno de los tours por los cultivos de vainilla más antiguos del planeta.

     

    En fin, rápidamente atravesamos las angostas y empinadas calles de la localidad para salir a la carretera al suroeste, misma que nos llevó directamente hasta nuestro destino final.

     

    A la izquierda de la ruta apareció el enorme parque temático Takilhsukut, donde los principales eventos del festival se llevan a cabo. Como nos quedaríamos hasta el domingo, debimos buscar un lugar donde alojarnos… y con un presupuesto tan bajo, eso no significaba otra cosa que un lugar donde acampar :big-grin:

     

    Afortunadamente casi la totalidad del espacioso campo verde al otro lado de la ruta estaba destinado al parking de automóviles y al camping. Sin vacilar mucho tiempo, pagamos nuestro derecho de piso al encargado y montamos de una vez nuestro campamento, que se componía de dos pequeñas carpas y un auto con nuestro equipaje.

     

    Eran no más de las 2 de la tarde, y el calor se seguía haciendo cada vez más presente. A falta de duchas y empapados en nuestro sudor :oops: nos dirigimos a la entrada del parque, no sin antes comer algo que saciase nuestro hambriento estómago.

     

    Por supuesto, no fue de extrañar que no nos dejasen pasar con ningún tipo de equipaje al complejo, a excepción de los teléfonos celulares, cámaras fotográficas pequeñas y nuestras billeteras. Los alimentos y bebidas estaban por del todo prohibidos :sad:

     

    La multitud avanzaba y se desvanecía poco a poco con cada paso que daba dentro del recinto. Paredes de colores vivos y excéntricamente llamativos decoraban los comercios que recibían a los visitantes, muchos de los cuales se apresuraban a comprar cualquier accesorio que los hiciese sentirse ad hoc al evento en transcurso.

     

    Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Pronto nos vimos sumergidos en las veredas de asfalto canteadas por áreas verdes, que se acicalaban atestadas de turistas, desde el grupo familiar más ortodoxo y proverbial hasta la cuadrilla de hippies más posmodernos que se pudiese encontrar. Cumbre Tajín era, sin duda, un espacio de convergencia de las más distintas bogas contemporáneas, sumamente contrastadas con la legión indígena supuestamente autóctona.

     

    Desfile de totonacos, Festival Cumbre Tajín 2015

     

    La fuerte identidad de los totonacos me hacía dudar si, en su lucha por la supervivencia, habían perdido o modificado los valores que antiguamente regían a su pueblo, viéndose ahora rodeados de foráneos que rara vez buscaban más que un toque a su porro de hierbas alucinógenas para tratar de disfrutar mejor de los espectáculos que tan gentilmente les ofrecían.

     

    Danza en el Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Cada espacio físico estaba destinado a una actividad diferente: teatro callejero, rituales de danza, talleres de pintura, venta de productos locales… y en la verbena del sitio más asediado de todos (el destinado a la venta de alcohol) nos topamos con Liz y Amairany, dos amigas de la universidad que, para ese entonces, ya cargaban consigo una botella de torito, tradicional bebida veracruzana hecha a base a alcohol de caña con frutos naturales.

     

    Teatro callejero en el Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Nos llevaron hasta el mejor quiosco para adquirir otra botella, pero dados los altos precios alrededor de todo el complejo, muchos optamos por beber cerveza, que por 70 pesos el litro (unos 5 USD) nos dolió hasta el alma no habernos embriagado antes de entrar :confus:

     

    Con nuestras billeteras resignadas, nos sentamos en la plaza central del parque a beber nuestra cerveza y nuestro torito, y a disfrutar del símbolo inmortal que más caracteriza a los totonacos y a todas las civilizaciones mesoamericanas en el mundo: los voladores de Papantla :big-grin:

     

    Voladores de Papantla, Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Aunque Papantla no es considerada por los historiadores como la cuna de esta tradición, fue aquí donde se mantuvo viva durante los siglos de la colonia española, quienes trataron de prohibir toda clase de culto que no fuese católico, lo que acuñó a que se les denominara de esa manera.

     

    El ritual de los voladores, proclamada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, consiste en un palo de más de 20 metros de altura; en su punta se encuentra una cruz giratoria (que representa los 4 puntos cardinales) sobre la que baila el caporal, quien toca la música con un tambor y una flauta. A cada extremo de la cruz va atada una cuerda, que en su otro extremo sostiene por la cintura a un volador, quien se lanza al vacío desde la cruz cuando ésta comienza a girar. De tal forma, poco a poco los voladores van bajando mientras dan vueltas alrededor del asta, hasta llegar al suelo, donde forman un círculo abierto.

     

    Con los voladores de Papantla, Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Cuando uno vive en México se acostumbra tanto a este tipo de espectáculos que de cierta manera dejan de ser sorprendentes. Pero es definitivamente algo que vale la pena admirar :)

     

    Terminamos la tarde sentados en círculo sobre el asfalto, hasta que la noche cayó y fue momento de acudir al concierto, el evento más esperado por todos :big-grinB:

     

    La muchedumbre se aglutinaba bajo una enorme carpa blanca que resguardaba a La Mala Rodríguez, quien sería quien abriera pista para los australianos Empire of The Sun.

     

    Empire of the Sun en el Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Al ritmo de la electrónica, las nubes de tabaco y marihuana circundaban el ambiente repleto de adolescentes que no escatimaban en rozar sus cuerpos para bailar. El torito y la cerveza surtían su efecto en nosotros, preparándonos para lo mejor de la noche :rolleyes:

     

    Concierto en el Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Los raperos Macklemore y Ryan Lewis encendieron el escenario agitando la bandera mexicana, al momento en que todos los presentes alzaban sus cámaras y móviles para capturar el álgido momento :big-grin:

     

    Macklemore y Ryan Lewis, Festival Cumbre Tajín 2015

     

    El suelo retumbó a la par de los saltos que todos dábamos al sonar de Can’t hold us y Thrift shop, con lo que terminamos la noche de la mejor manera :D

     

    Macklemore y Ryan Lewis, Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Amablemente, el clima decidió esperar hasta que regresáramos a nuestro campamento, instante en el que empezó a llover :unsure: Fueron muchos a quienes no les importó, y se dirigieron sin pensarlo al rave que ofrecía el dueño del camping a las orillas de una laguna :confus: Pero nosotros, con poco más que fruta y alcohol en nuestro cuerpo, no teníamos más fuerzas para seguir la noche :oops:

     

    Al siguiente día casi toda la tropa partiría de regreso a sus hogares. Sólo Víctor, Alex y yo permaneceríamos en el festival. Sin embargo, nadie quiso marcharse sin antes visitar la joya totonaca: la antigua ciudad de El Tajín :rolleyes:

     

    A sólo 1 km más adelante del parque Takilhsukut se encuentra la larga calzada que conecta con las ruinas del Tajín. Para nuestra suerte, todos los domingos la entrada a los museos y zonas arqueológicas en México son gratuitas, así que no pagamos ni un centavo para disfrutar de ellas :big-smil:

     

    Pasando de largo la multitud de comercios, los vestigios de la ciudad se abrieron paso entre la exuberante selva baja, dejando al descubierto los polígonos piramidales de piedra embozados por la prolífica vegetación siempre creciente.

     

    Antigua Ciudad totonaca de El Tajín

     

    Los basamentos típicos de las civilizaciones mesoamericanas denotan la grandeza del pueblo totonaca :ohmy: quienes se cree que establecieron la capital de su imperio precisamente aquí, en el ahora llamado Tajín, que significa Ciudad del trueno.

     

    Antigua ciudad totonaca de El Tajín

     

    Y como toda ciudad, no carece de su figura modelo. En su caso, es la icónica pirámide de los nichos, símbolo de la civilización y de todo un estado.

     

    Pirámide de los Nichos, antigua ciudad de El Tajín

     

    Es casi el único edificio de la zona sin una cobertura vegetal, quedando todo su mágico esplendor al desnudo. Los nichos en sus costados paralelogramos representan cada uno un día del año, contándose exactamente 365, lo que indica que los totonacos estudiaban los astros, o bien, importaron dicho conocimiento de sus hermanos los mayas.

     

    En la pirámide de los Nichos, ciudad de El Tajín

     

    La pirámide, como muchas otras, se cree que fue destinada a cultos religiosos. Y ya que cada uno de sus 7 niveles se ilumina en 7 minutos al alba, los arqueólogos la asocian a la deidad del sol.

     

    Pirámide de los Nichos, ciudad de El Tajín

     

    Seguimos por el resto de la antigua urbe, pasando por sus campos de juego de pelota hasta sus plazas públicas.

     

    Antigua ciudad totonaca de El Tajín

     

    Peculiares personajes disfrazados a la manera tradicional de los vetustos totonacas se paseaban entre los transeúntes, cobrando algunos pesos por una foto con ellos :big-grinB:

     

    En la antigua ciudad totonaca de El Tajín

     

    La intensa humedad de la zona incrementaba la sensación térmica y sofocaba a toda persona que deambulara por el recinto :zsick: A pesar de la ausencia de sol por un tupido cielo gris, nuestros poros no cesaban de expedir sudor, impregnando nuestras ropas en un olor poco cautivante :unsure:

     

    Antigua Ciudad totonaca de El Tajín

     

    Y con ese hedor, nos despedimos de la monumental metrópoli mesoamericana, en aras de seguir nuestra jornada de fiesta :big-smil:

     

    Antigua ciudad totonaca de El Tajín

     

    Alfieri, Amy y Daniela partieron de vuelta a casa, mientras Víctor y yo buscamos algo de comer y, con nuestra experiencia anterior ante los altos precios del festival, compramos de una vez por todas una botella de ron ;) De esta forma preferimos entrar ebrios al concierto que tratar de hacerlo una vez estando allí.

     

    Al calor del bacardi y la energía de un par de tacos, Baauer, 2ManyDJs y Alesso nos hicieron bailar y saltar, cegados por las luces neón que retumbaban en nuestros diminutos cuerpos, en medio de una masa enloquecida que se desvivía por la música electrónica :big-smil:

     

    DJ Alesso en concierto, Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Los disparos de humo y el confeti subían y bajaban por los aires, al polifónico ritmo de covers tan célebres como los de David Guetta y Calvin Harris, recordando a los asistentes la locura vivida en las ediciones pasadas. Aunque para muchos, sin duda, ninguna superaría a ésta :big-grin:

     

    DJ Alesso en concierto, Festival Cumbre Tajín 2015

     

    Y como cualquiera que haya acudido a un concierto sabe perfectamente, las palabras y las imágenes no bastan para describir la experiencia. Pero quizá un pequeño video pueda hacerlos bosquejarlo mejor en su imaginación ;)

     

    https://www.youtube.com/watch?v=qa_3-M68irQ&feature=youtu.be

  11. A casi dos meses de haber permanecido en Sudamérica, mi viaje estaba a punto de llegar a su fin, y mi objetivo estaba por ser cumplido: sobrevivir dos meses en Sudamérica con no más que 800 dólares en mi tarjeta :blush:

     

    Al salir de México, pocos e ininteligibles planes se bosquejaban en la comisura más metódica de mi mente. Nada iba más allá de quedarme en Lima y dejarme guiar por la suerte y el destino, mismos que me habían llevado desde las yungas de Machu Picchu y el altiplano boliviano, hasta las coloridas quebradas argentinas y el desierto chileno.

     

    Y a pesar de la heterogeneidad de las cosas de las que pude disfrutar, en mi última aventura ansiaba sumergirme completamente en otra de las maravillas que el continente refugiaba en su zona más occidental: la cordillera de los Andes.

     

    Si bien (para muchos) las cúspides supremas de esta cadena se alzan en el extremo sur, en la Patagonia chilena-argentina, no podía dejar de aprovechar la belleza que la sierra central andina me obsequiaba en Perú :rolleyes: Por supuesto, estoy hablando de la Cordillera Blanca, de la que he estado hablando en mis relatos anteriores.

     

    Mis últimos dos días en la ciudad de Huaraz, la apodada Suiza peruana, los había pasado escalando algunas colinas de baja altura para captar los mejores ángulos de los montes nevados de la cordillera. En mi tercer y último día tomaría la prueba de fuego, con la que me despediría de Perú y de mis hazañas australes: subiría la Cordillera Blanca hasta la Laguna 69, un pequeño lago glacial en la cima de una de sus montañas. El reto: recorrer 7 km a pie por un zigzagueante camino de pendientes rocosas desde los 3900 hasta los 4600 metros de altura :confus: después de semanas de caminatas y viajes en la eminencia andina, me sentía listo para lograrlo :sneaky:

     

    Es importante saber que si no se cuenta con un vehículo propio o rentado, el viaje a la laguna 69 es posible solamente con una agencia turística, pues no hay transporte público que recorra la carretera más cercana al lugar, a menos que se quiera caminar por 50 kilómetros cuesta arriba desde el poblado más cercano :whistling:

     

    Existe un sinnúmero de agencias en Huaraz que ofrecen más o menos los mismos tours por los alrededores de la ciudad, cuyos precios se asemejan mucho los unos a los otros. Aún así, siempre es bueno tomarse el tiempo para cotizar uno por uno, y no dejarse llevar por el primer asalta-turistas que nos topemos en el camino :D

     

    A pesar de la comodidad de que el propio hostal donde me hospedaba ofrecía el paquete por solo 40 soles, la austeridad en la que me encontraba me orilló a recorrer el centro en la búsqueda de un ahorro. 10 soles menos significaron mucho para mí en ese entonces :blush:

     

    Temprano por la mañana dejé lista mi mochila en la recepción del hostal, para de una vez por todas desalojar el cuarto. Con mis ojos todavía cerrados por el sueño :sleep: la camioneta pasó por mí tan puntual como fue posible.

     

    A bordo, iban apenas tres jóvenes turistas que se recostaban sobre las ventanas y se disponían a seguir durmiendo. Aunque yo hubiera querido hacer lo mismo, soy muy malo conciliando el sueño en asientos como ese :(

     

    Pero el vehículo no tardó en llenarse. El chofer condujo por casi todos los hostales existentes en la ciudad, recogiendo en cada uno a un nuevo aventurero. Colmada con jóvenes de múltiples nacionalidades, la combi por fin dejó la ciudad y tomó la carretera nacional en dirección norte.

     

    Transitamos nuevamente por toda la rivera del río Santa y, por ende, a lo largo de todo el Callejón de Huaylas, famoso valle que se emplaza entre la Cordillera Negra y la Blanca.

     

    Poco a poco íbamos perdiendo altitud. La carretera corría en pendientes de baja inclinación. No obstante, y sin darnos cuenta, la cordillera a nuestro costado derecho se elevaba cada vez más :huh:

     

    Al menos una hora y media después llegamos a la ciudad de Yungay. Esta población posee varias singularidades que la hacen muy interesante.

     

    La más hermosa de todas es que se ubica justo al pie del Nevado de Huascarán, la montaña más alta del Perú y de toda la zona intertropical del planeta, incluso más que el Kilimanjaro en África :eek: Lamentablemente de esto me enteré tiempo después. Y ya que el chofer no tuvo la decencia de explicárnoslo, ninguno de nosotros bajó del vehículo para apreciar la exquisita postal :sad:

     

    Pero es el mismo Huascarán quien ha condenado a la ciudad a poseer la más triste de sus particularidades. La actual Yungay está construida sobre los restos de la antigua Santo Domingo de Yungay, población que fue arrasada por un alud de rocas y lodo que la propia montaña arrojó :eek: tras ser sacudida por un terremoto en 1970 :oops:

     

    Sea como fuese, nosotros llegamos a Yungay solamente para tomar una desviación en el camino. Así, dejamos la carretera nacional para dirigirnos al este, justo hacia el interior de la Cordillera Blanca.

     

    A diferencia de Huaraz, Yungay es el mejor acceso a las montañas, pues tiene una carretera que la conecta directamente a ellas, y que de hecho, cruza de oeste a este todo el Parque Nacional Huascarán.

     

    De esta forma, comenzamos el ascenso por la ruta. Metro a metro, la camioneta iba ganando altitud, mientras las faldas del Nevado de Huascarán nos daban la fría bienvenida :smug:

     

    En medio de la autopista, que ya se había convertido en un camino de ripio, el chofer se detuvo frente a una casa de campo. Nos invitó a bajar del vehículo para tomar nuestro desayuno. Por supuesto, su agencia turística tenía convenio con el restaurante, y su escala era ineludible para hacernos consumir :dry: No obstante, nada era obligatorio, y yo tomé mi ya acostumbrado plátano y una barra de cereal que llevaba conmigo ;) Era mi mejor fuente de energía en días como esos.

     

    Tras media hora, volvimos a bordo y seguimos en marcha. No mucho más adelante nos topamos con la garita de vigilancia, donde un gendarme nos cobró la entrada al Parque Nacional Huascarán, que ascendía a 10 soles (3 USD) por la estancia de un día, o a 65 soles por permanecer hasta 21.

     

    Con nuestro ticket en mano, ingresamos por fin al majestuoso Parque Nacional :) declarado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1985.

     

    Cuando el camino dejaba las pendientes atrás, el paisaje se convirtió en un estrecho corredor (orográficamente hablando) que nos hizo circular justo al lado de una enorme pared de roca. Se trataba de la Quebrada de Llanganuco, un desfiladero de origen glaciar.

     

    De repente el chofer se detuvo nuevamente para dejarnos ver una de las maravillas de aquella garganta geológica. Ante nosotros, un enorme lago de aguas azul turquesa quedó a la vista en todo su gélido esplendor :ohmy:

     

    Laguna Chinancocha, en la Quebrada de Llanganuco

     

    La laguna de Chinancocha es uno de los dos cuerpos de agua que retienen uno de los ríos que baja desde los montes nevados del complejo. Su nombre significa “laguna hembra”, siendo su hermana contigua, la Laguna Orconcocha, la “laguna macho”.

     

    Laguna Chinancocha, en la Quebrada de Llanganuco

     

    Ambos nombres de origen quechua hacen referencia al apareamiento, ya que la laguna macho vierte su agua sobre la laguna hembra.

     

    Laguna Chinancocha, en la Quebrada de Llanganuco

     

    El hermoso cuadro fotográfico se acicalaba a sí mismo por especies vegetales únicas que crecen a las orillas de tan majestuoso estanque :rolleyes: bajo la sombra de las cuales los viajeros y yo posamos para el mejor de los recuerdos de nuestra visita… hasta entonces.

     

    Laguna Chinancocha, en la Quebrada de Llanganuco

     

    Continuamos la ruta hacia el norte, pasando de largo la siguiente laguna. Tras algunas pronunciadas curvas bajo los acantilados, el conductor se estacionó a la orilla de una baja escarpadura, ante la cual el verde y húmedo follaje daba inicio al valle por el cual comenzaríamos nuestra travesía.

     

    Inicio del trekking a la laguna 69

     

    Eran poco menos de las 10 de la mañana. El chofer nos dijo que el camino era recto, y que duraba alrededor de dos horas. Así que nos esperaría hacia las 3 de la tarde para partir de regreso a Huaraz.

     

    Así, y con todo el entusiasmo a tope, el grupo caminó en una fila india hasta bajar al enorme valle.

     

    Valle en el Parque Nacional Huascarán, rumbo a la laguna 69

     

    En esta zona del trekking había un visible sendero de tierra que todos podíamos seguir, por lo que no tuvimos grandes complicaciones. Nuestro mayor problema llegó cuando, por momentos, el prominente cielo nublado dejaba caer la lluvia para vaciar su voluminoso cuerpo acuoso :(

     

    Por suerte, me había preparado bastante bien, y cargaba conmigo mi poncho impermeable que había viajado desde lo más recóndito del lago Titicaca :big-grinB:

     

    La tierra humedecida pronto estropeó el calzado de la mayoría de los senderistas, que no parecían conocer una de las reglas de oro del trekking: siempre llevar zapatos a prueba de agua :wacko: Afortunadamente, la experiencia me había hecho aprender la lección, y mis poderosos botines Caterpillar con suela de llanta no me defraudarían en medio de aquella lodosa vereda ;)

     

    Camino a la laguna 69, Parque Nacional Huascarán

     

    En el recorrido hice amistad con una chica alemana, Aleera, quien aprovechaba sus escasos 10 días de vacaciones para viajar desde su país natal hasta Perú, interesada solamente en conocer las montañas andinas, recomendación misma que recibió de una sus amigas que, de hecho, vivía en Huaraz desde hace más de un año.

     

    El camino seguía casi paralelo al cauce del arroyo que corría a lo largo del valle. De vez en cuando debimos cruzarlo por un improvisado puente de piedras. Cabe decir que acudimos en enero, justo durante la temporada lluviosa de la zona :wacko: Supongo que si la caminata se hace durante el invierno y la temporada seca, el arroyo reduce su cuerpo o, incluso, desaparece.

     

    Vista del valle en el camino de vuelta de la Laguna 69

     

    En el medio de la travesía nos topamos con un singular y misterioso grupo de casas hechas de piedra, bajo cuyos techos cónicos de palos no parecía habitar nadie :huh: Nunca pudimos averiguar si se trataban de ruinas arqueológicas o si de verdad alguien pretendía vivir allí.

     

    Ruinas vistas en el trekking hacia la laguna 69

     

    Pero más adelante descubrimos que, sin duda, algún osado ser humano debía morar en aquel privilegiado territorio, pues grupos de vacas se hicieron presentes frente a nosotros, desviando su mirada mientras se saciaban con el húmido césped de la pradera :giggle:

     

    Habitantes del Parque Nacional Huascarán, Perú

     

    De vez en cuando deteníamos el paso para virar nuestros ojos hacia el lado opuesto que, poco a poco, dejábamos atrás, deseando divisar algunos de los picos nevados que nos rodeaban, entre los que se encontraban el Yanaphaqcha, el Yanaharu y el mismo Huascarán. Más el infausto clima del que habíamos sido advertidos cubría con nubes y niebla el horizonte :madd: dejando a la vista solamente a los montes de menor altitud.

     

    De pronto, el camino parecía terminar, cuando todos nos vimos acorralados entre enormes acantilados. Pero por uno de los costados se veía caer una pequeña cascada, que anunciaba la presencia de lagunas en la cima. Era indubitable: debíamos subir :zsick:

     

    Cascada en las paredes del Parque Nacional Huasca

     

    El sendero se tornaba curvilíneo para facilitar el ascenso a casi 400 metros de altura :wacko: Aleera parecía un poco desanimada (al igual que yo, más no quise externarlo) :crying: Pero si había podido con Machu Picchu y el Valle de la Luna, estaba seguro de que una escalera de rocas bajo la llovizna no me derrotaría en lo más mínimo :mad:

     

    Dimos marcha a la ascensión, casi después que el resto de nuestros compañeros, a excepción de algunos chinos que, como siempre, se habían retrasado tomando fotos :D

     

    La vegetación parecía mudar de piel, mientras el verde brillante de los húmedos árboles del valle se convertían en pequeños y pálidos arbustos rebosantes entre una plancha de hierba de poca altura.

     

    Vista del valle hacia la laguna 69

     

    Para entonces, debíamos cuidar uno del otro, pues con el lodo en las pendientes cada vez más pronunciadas era muy fácil resbalar y caer al suelo :zsick: Por suerte, ninguno de nosotros tuvo la desfortuna de verse empapado en la tierra mojada :P

     

    La respiración nos comenzó a fallar paulatinamente mientras ganábamos más altura. Habíamos pasado ya los 4200 metros :O_o: y la cuesta parecía no tener final. Fue cuando decidí tomar los primeros tragos a mi única botella de agua, que con la temperatura ambiente había empezado a enfriarse.

     

    Cuando por fin llegamos a cima, pasamos por encima de la estrecha cascada, dejando el eminente valle a nuestros pies. A pesar del gélido clima, muchos nos quitamos los abrigos, pues nuestros cuerpos se habían calentado al por mayor, debido a la agitación de nuestros pulmones y el esfuerzo de la escalada :oops: Sin embargo, poco duramos a la intemperie, cuando al llegar a una de las lagunas que se formaba por el agua de lluvia, una espesa neblina se dejó caer sobre nosotros :confus: haciéndonos regresar de tope al frío de la montaña.

     

    En la cima rumbo a la laguna 69, Parque Nacional Huascarán

     

    El camino volvía a hacerse plano, mientras la llovizna parecía hacerse más espesa. Algunos impermeables parecían ya no funcionar ante tal humedad. Yo, por otro lado, ponía más atención en mis manos, que con el profundo frío ya no podía ni sentirlas :wacko:

     

    Al verme sufrir, un chico de Oregon se acercó amablemente hacia mí y me ofreció un juego de guantes que no utilizaba :blush: El calor de ese par de prendas de algodón me reconfortó más de lo que el mismo paisaje podía deleitarme :big-grin:

     

    Unos metros más adelante, un valle de suelo rocoso y lodo difuminaba por completo el sendero, dejándonos nuevamente varados entre las montañas :crying: El grupo y yo nos reunimos en un círculo para decidir qué camino tomar. Entre todos, un chico se ofreció a explorar el camino hacia el este, mientras otro propuso hacer lo mismo hacia el norte.

     

    Al final, al este no parecía haber ninguna salida viable. Y a lo lejos, escuchamos un grito que nos indicó: ¡es por aquí!... al parecer, el norte era la dirección indicada.

     

    Cuál sorpresa nos llevamos cuando descubrimos que otra pared de unos 200 metros de alto nos esperaba para ser subida :eek: La sorpresa era, que mis piernas no eran el problema (a pesar de haber elegido una bermuda corta como atuendo en ese frío día); el problema era, que ya no aguantaba la respiración :zsick:

     

    Habían pasado ya dos horas y media desde que iniciamos, aunque el conductor nos había prometido que la travesía no pasaría de dos horas. Nuevamente caí ante un engaño publicitario de los peruanos :mad:

     

    Ante todo, este viaje se había tratado de romper mis propios miedos, y de marcar mis propios records. Faltaba menos de medio kilómetro para llegar a mi destino. Así, di otro sorbo a mi botella de agua y comencé la última parte de la caminata :confus:

     

    Aleera seguía tras de mí, agitando su respirar. Palabras de apoyo iban y venían de ella a mí, y del resto de los viandantes que subían la colina.

     

    Para otra de nuestras sorpresas, algunos viajeros de otras agencias caminaban en dirección contraria, regresando a encontrarse con sus choferes y dar por terminado el tour. El reloj marcaba las 12:30. Sabía entonces que mi andar era una carrera a contrarreloj, pues debíamos regresar a más tardar a las 3 :O_o:

     

    Cuando la vegetación desaparecía casi por completo, una serie de arbustos de un verde oscuro y de hojas blanquecinas nos dieron la bienvenida a la cima de la escalinata, desde donde corrimos a nuestro encuentro con nuestro objetivo inicial: la famosa Laguna 69.

     

    Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

     

    El estanque de enanas dimensiones se posaba justo a la sombra de dos picos, el Chacraraju y el Pisco, que se perdían en un cielo completamente blanco que se fusionaba con la nieve en lo alto de sus cúspides.

     

    Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

     

    La cerrada depresión en la que se encuentra no permitía tomar fotos a toda su anchura, pero con el cansancio sobre nosotros, disfrutarla con nuestros ojos y sentir su gélido brisar era más que suficiente para complacer nuestros deseos :big-smil:

     

    Para nuestra suerte, la llovizna cesó por un tiempo :rolleyes: y nos permitió fotografiarnos con toda libertad frente a la excelencia de su tinte azul celeste, proveniente de la nieve pura que se derretía y caía desde lo alto.

     

    Tras llegar a la Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

     

    Apaciguar el calor corporal de la escalada con enjuagar las manos en sus aguas no era una opción ni para los más osados, que sabían perfectamente cuán bajo podían estar las temperaturas en su interior :zsick: Bastaba con sentarse a su lado y cobijarse bajo un aura de pureza natural ^_^

     

    Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

     

    Quienes traíamos bocadillos nos dispusimos a comerlos, siendo mi compacta y ligera lata de pollo en estofado la mejor opción para recobrar mis energías ;)

     

    Ante la ausencia de un sol que nos dijese que era tiempo de volver, nuestros teléfonos móviles nos marcaban la 1 de la tarde. Y en vista de las 3 horas que tardamos en llegar :( debíamos partir lo antes posible, no sin antes dar un último adiós a la recóndita laguna, que a sus 4600 metros me había robado todo el aliento :smug: (y no solo me refiero al sentido figurado de la frase :oops: )

     

    Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

     

    Como suele suceder, el regreso fue más rápido de lo esperado, aunque la lluvia se dejó caer en varias partes del sendero :sad:

     

    Camino de vuelta desde la Laguna 69

     

    El descenso por ambas paredes nos permitió dar un respiro a nuestros pulmones, que bastante se habían ejercitado aquella mañana :zsick:

     

    Al llegar al valle, el cielo se despejó, dejando a nuestros ojos el esplendor del Monte Yanaharu :big-smil: cuya cima nevada era abrazada por un conjunto de nubes blancas.

     

    Vista del monte Yanarahu, Parque Nacional Huascarán

     

    Aleera y yo fuimos los penúltimos en llegar al coche, seguidos por el par de chinos que tendrían ya varios gigabytes en su memoria SD :D

     

    Al dar marcha atrás, el estético valle nos regaló una de sus últimas postales, que permanecería como uno de mis mejores recuerdos del Perú y de todo mi viaje a Sudamérica, mismo que quedaba por concluido con mi regreso a Huaraz y posterior retorno a Lima :( No hace falta describirlo, una imagen puede decirlo todo :P

     

    Una postal en la Laguna Orconcocha, Quebrada de Llanganuco

     

    Pasé la noche a bordo del bus rumbo a la capital con un sinfín de pensamientos asaltando mi mente.

     

    Mi última noche con Karen y sus roomies comiendo en un restaurante chifa de Lima fue una de las maneras más confortantes de despedirme de un país que, en todos sus rincones, me había colmado de regocijos completamente indescriptibles ^_^

     

    Perú se había convertido en el mejor boleto redondo que había tenido la dicha de adquirir, aún cuando fue un impulso escasamente meditado lo que me hizo dar clic en el botón buy :rolleyes:

     

    Un día después, dormía en mi cama de vuelta en mi ciudad natal en México; y tan sólo una semana después, tomaba protesta en la sala de titulación de mi facultad, donde después de 4 años y medio me convertía en un Licenciado en Ciencias de la Comunicación :)

     

    Ante todo, me sentí plenamente satisfecho de haber celebrado mi egreso de la manera más particular que cualquier otro lo haya hecho en mi entorno inmediato ;) Pero sobre todo, me sentía orgulloso de haber roto mis esquemas y haber logrado retos que jamás me creí capaz de consumar :big-smil:

     

    Viajar solo por el mundo: una meta menos a cumplir en mi lista…

     

     

  12. La insuficiencia de plata y la innegable necesidad de un clima costero me habían llevado hasta la ciudad chilena de Iquique, al norte del país. Había viajado hasta allí con Kenzo, un viajero de Flandes, con quien recorrí el centro y la zona de playas mientras nos recuperábamos de toda una mañana sin una cama donde dormir y sin una ducha para refrescarnos :(

     

    Afortunadamente, esa mañana desperté en la parte baja de una litera del hostal Marley Coffee, donde Héctor nos había recibido amablemente (era lo menos que me esperaba por 25 dólares al día).

     

    Pero Kenzo y yo ya no estábamos solos en la habitación compartida que habíamos pagado. Marion, de los Países Bajos y Sonia, de Alemania, habían amanecido en las camas adyacentes.

     

    Los cuatro juntos tomamos el desayuno (incluido en el precio) que consistía en un sándwich de queso a la parrilla, pan con mermelada y mantequilla, café y jugo. Era ya casi mediodía y decidí que esa misma noche dejaría la ciudad para dirigirme a la frontera norte y cruzar a Perú. Mi estancia en Chile estaba literalmente desplumando mi billetera y mi viaje se encontraba apenas a poco más de la mitad :wacko:

     

    Las chicas parecían muy emocionadas por haber llegado a Iquique, y pensaban permanecer unos días más. Les atraía que formara parte de la Zona Franca de Chile, y aprovecharían a comprar algunos artículos sin impuestos en una plaza comercial. Además, eran fanáticas de los automóviles y no dejarían pasar la oportunidad de ver la carrera del Dakar, el rally internacional de autos que, casualmente, pasaba por Iquique aquel día.

     

    Nos dijeron que esa tarde pensaban ir a ver la ronda de camiones y autos que arribaría a la villa instalada unos kilómetros al norte. En vista de que ya habíamos visto los atractivos más importantes de la ciudad, accedimos a su invitación ;) Tomé una última ducha, desocupé la habitación y pedí a Héctor que guardase mi maleta, por la que volvería antes de ir a la terminal.

     

    Caminamos por el Paseo Baquedano para llegar hasta la plaza central, dejándonos cautivar nuevamente por sus exquisitas construcciones georgianas y sus nuevas y restauradas paredes con grafitis, que iluminaban a colores aquella tarde nublada en la costa del desierto de Atacama ^_^

     

    Grafitis en el Paseo Baquedano

     

    Algo que llamó mucho mi atención el día anterior, fue la particular situación geográfica de la ciudad, encerrada entre el furioso Océano Pacífico y una imponente meseta de más de medio kilómetro de alto, que marcaba el inicio de la Cordillera de la Costa. En esa pequeña plataforma a nivel del mar, se erguían la mayoría de las construcciones.

     

    No pude evitar pensar en qué pudo haber ocurrido si el tsunami que azotó Chile en 2010 hubiera llegado a las costas de Iquique. La carencia de zonas altas hubiera obligado a la población a huir hacia la cima de la colina en tan solo unos minutos, viéndose acorralados por todas partes :eek:

     

    Caminando por las calles del centro histórico, me topé con un letrero que para mí, un chico de la costa del Golfo de México, pareció muy extraño :huh: Un triángulo amarillo con la silueta de una ola dibujada en negro marcaba la zona de amenaza de tsunami. Y más adelante, una flecha indicaba la ruta de evacuación.

     

    Alerta de tsunamis en Iquique

     

    En el Golfo estamos acostumbrados a la amenaza de tormentas tropicales, depresiones, huracanes, algunos terremotos que provienen de la Placa de Cocos… pero nunca ante algo tan temible como un maremoto. Menos mal que Iquique y el resto de las ciudades tengan la cautela de estar bien preparadas :zsick:

     

    Llegamos al zócalo de la ciudad, donde los stands publicitarios del Dakar habían comenzado a funcionar. Gorras, folletos, vasos, latas de bebidas energizantes… los artículos de regalo pasaban de mano en mano para promocionar cada producto en el célebre rally.

     

    Nosotros nos deleitamos con cada uno de ellos, incluyendo un shot de fernet, bebida de hierbas con alcohol de uva, muy famosa en Argentina. Algo nuevo para nosotros, excepto para Marion, quien ya la había probado antes y se reía de que los argentinos dijeran que su sabor se equiparaba al del Jägermeister… tenía razón, no se parecían :D

     

    Tomando fernet en el centro de Iquique

     

    Nos dirigimos a la oficina de turismo y preguntamos por la posibilidad de visitar la villa de coches. Nos dijeron que a las 3:30 saldría un bus gratuito desde la plaza central que transportaría turistas hasta llenar su cupo. De esa forma, decidimos vernos de nuevo en ese mismo lugar a las 2:30, para hacer fila y no perder nuestro lugar.

     

    Casas en el Paseo Baquedano en Iquique

     

    Kenzo se dirigió a la estación de buses. Marion y Sonia a comprar algunas cosas. Yo por el contrario, me dispuse a descubrir las casitas típicas en cada rincón del centro histórico, para después llegar a la playa y meter por un rato mis pies en la fría corriente del mar, y deleitarme con el ecosistema costero que tanto extrañaba :rolleyes:

     

    Playas de Iquique

     

    Luego de dejar algunas cosas en el hostal, volví al centro para rencontrarme con los chicos. Marion y Sonia estaban ya allí, y juntos compartimos el sumo antojo de un buen helado para apaciguar el calor veraniego.

     

    Cuando Kenzo llegó, lo hizo junto con Daniel, el suizo que habíamos conocido en la estación de Calama. Venía con una bolsa en su mano derecha, colmada con artículos por los que no había pagado ningún impuesto :ohmy:

     

    Poco después llegó el autobús, y uno por uno fuimos subiendo. Para entonces, una multitud se amotinó para abordar, y no pasó mucho tiempo para que los asientos se vieran llenos.

     

    La coordinadora del viaje, que era miembro de la oficina de turismo, nos explicó que el bus esperaría solo una hora en la villa. Después de que partiera, no se harían responsables si alguno de nosotros se quedaba rezagado.

     

    Salimos por la parte sur de la ciudad, siguiendo la carretera costera. Unos 15 minutos después avistamos por la ventana, en medio del desierto costero, la congregación de carpas, stands, remolques, lámparas, automóviles y gente que, cercados por vallas, daban lugar a la villa de Iquique en el Dakar.

     

    Villa de autos en el Dakar

     

    Desde lejos, todo parecía ser pequeños puntos negros que se movían lentamente por una plancha de arena rodeada por dunas y dominada por la enorme meseta que daba pie a la cordillera. Conforme nos acercábamos, todo iba adquiriendo forma y color.

     

    El autobús aparcó y nos dio bandera de salida, citándonos máximo a las 5 de la tarde para regresar a la ciudad. Con una hora exacta para la visita, nos apresuramos para admirar algunos de los coches que llegaban a la villa.

     

    Fotografías en el Dakar

     

    Caminamos un largo tramo por la suave arena, al hundir de nuestros pies entre los diminutos granos. Varios remolques y camiones se amotinaban en el conglomerado, adornados con un sinfín de estampas y sellos publicitarios, y banderas que revelaban su país de origen.

     

    Algunos se relajaban asando carnes en la parrilla. Otros disfrutaban de una tarde familiar bajo su carpa. Otros, cual playa, tomaban el sol con una hielera llena de cervezas a su lado.

     

    Villa de autos en el Dakar

     

    Tras cruzar la multitud de gente y automóviles, llegamos a la orilla de la valla que delimitaba el amplio carril por el que los conductores llegaban al final de su ruta diaria, desde la ciudad de Antofagasta hasta descender por la cordillera de la costa a Iquique.

     

    La gente aplaudía mientras una camioneta naranja llegaba empolvada desde lo lejos; el conductor pitaba y movía la mano en señal de triunfo. La verdad es que hasta el momento no entiendo cómo se determina al ganador de un rally, ya que éste se compone de varias carreras por cada día. Supongo que se toma el tiempo por cada recorrido y al final se suma el total.

     

    Camioneta descendiendo en el Dakar

     

    En fin, Iquique no era su última parada. Al siguiente día partirían hacia el Salar de Uyuni, su meta septentrional. Desde allí bajarían por el cono sur hasta llegar a Buenos Aires, última parada de la edición 2015.

     

    Mientras fotografiaba aquel imponente auto, Kenzo nos dijo que mirásemos hacia arriba. Situados a una distancia considerable del inicio del altiplano, las figuras de los coches eran casi imperceptibles. Pero nuestros ojos lograron avistar un pequeño punto justo en la cima del mismo.

     

    Ruta de llegada a Iquique, en el Dakar

     

    A casi 600 metros de altura, los coches debían dejarse caer por una pendiente que, para mí, parecía tener casi 90 grados de inclinación. No podía imaginar el vértigo que aquellos aventureros conductores debían sentir al mirar hacia abajo :confus:

     

    Todas las veces que el vértigo me invadía al verme posado en lo alto de un tobogán (cuya máxima altura ha sido cerca de los 25 metros) no se podría comparar con tener un macizo del desierto de más de medio kilómetro frente al parabrisas :eek:

     

    Imaginando toda expresión que el rostro del conductor pudiera exteriorizar, observamos cómo ese diminuto punto negro se abalanzó hacia abajo, como si fuese en caída libre :mellow:

     

    Mientras más se aproximaba, se vislumbraba una nube de polvo que se alzaba a su paso. Los aplausos se empezaban a oír como una ola que avanza involuntariamente. Desde las personas en lo alto de la rampa hasta el último reducto de espectadores junto a las cámaras de televisión.

     

    Camión en la carrera del Dakar

     

    El menudo punto negro se convirtió poco a poco en un enorme camión blanco tapizado con logotipos que dejaban adivinar quiénes le patrocinaban. El grave pitido se escuchaba paralelo a las aclamaciones del público. El conductor se detuvo y bajó para dar una entrevista a una presentadora de televisión. Luego de ello, cruzó la barrera de vallas por un pequeño hueco, cuyo carril lo conducía a la zona privada del stand, donde los mecánicos se harían cargo de su auto mientras él se relajaría con

    algo de comer y beber.

     

    El límite cercado nos impedía ver más de cerca la actividad de los participantes en la zona de remolques y medios de comunicación, por lo que después de otro extremo descenso, Marion, Sonia y yo volvimos para buscar el autobús (en vista de que a Kenzo y Daniel los habíamos perdido de vista).

     

    Justo en el momento en que tocaríamos a la puerta delantera, el autobús se puso en marcha :O_o: y corrimos a su lado, dando golpes en su costado para indicarle que se detuviera. La coordinadora abrió la puerta y nos dijo que el cupo estaba lleno, a lo que replicamos diciendo que aún no eran las 5 de la tarde. No importándole que nos quedásemos varados allí, no nos dejó viajar parados dentro del bus. Cerró la puerta y partió sin más :crying:

     

    Sin una idea de cómo volver, tomamos la opción más fácil: hacer dedo.

     

    Con un par de mujeres junto a mí, pronto un lujoso coche se detuvo y abrió sus puertas traseras ^_^ Se trataba de un señor canadiense y su amigo holandés, ambos fanáticos de los automóviles deportivos que se encontraban en Santiago, y no perdieron la oportunidad de ver en vivo en Dakar. Amablemente nos llevaron hasta la puerta del hostal, tras una larga plática sobre marcas de autos.

     

    Con algunas horas para que el sol se metiese, caminé hacia la central de autobuses para comprar mi boleto al norte. Aproveché para adquirir algunas cosas que me faltaban para el viaje y me di una vuelta por la zona portuaria, donde un grupo inesperado de amigos me sacó una gran sonrisa :big-smil:

     

    Sabía que en las costas sudamericanas habitaban muchos lobos marinos; más nunca creí encontrarlos en mitad de una civilizada ciudad :ohmy:

     

    Lobos marinos, Iquique

     

    Entre el penetrante olor a mariscos, las algas, las gaviotas y las lanchas, un grupo de estos grandes mamíferos híbridos se amotinaba en la playa, en busca de un buffet de pescados.

     

    Me acerqué para fotografiarlos con mi escaso lente de 50 mm. Pero su aparente calma reflejada por sus obsesos cuerpos tumbados sobre la arena, se transformó rápidamente en una lucha de cuerpo a cuerpo entre ellos :unsure: Los fuertes rugidos aunados al largo de los colmillos de los machos me hicieron retroceder un poco más, para no interrumpir su pacífica tarde.

     

    Mientras tanto, uno de ellos se hallaba en lo más profundo de sus sueños, recostado junto al mercado de pescado, lo que me permitió admirarlos más de cerca :big-grinB:

     

    Un lobo marino reposando en el puerto de Iquique

     

    Volví al hostal, donde pronto cayó la noche, mientras comía un plato de sopa y una ensalada de atún que el dueño me dejó preparar en la cocina. Hice algo de tiempo en la recepción para después pedir la maleta y partir. Me despedí de las chicas y de Kenzo, quien partiría a la siguiente mañana con el mismo rumbo que el mío.

     

    Caminé por las oscuras calles del centro, aterradoras y solitarias. Llegué a la central de buses, donde Rodrigo, un mochilero de Concepción, entabló rápidamente una charla conmigo. El chileno pretendía llegar hasta Colombia con 100 dólares en la bolsa, algo poco creíble al verlo esperar un autobús en lugar de avanzar a dedo :huh:

     

    Ambos viajaríamos de madrugada hacia la ciudad norteña de Arica, desde donde podría cruzar la frontera a mi próximo destino peruano: la ciudad blanca de Arequipa, donde un benévolo couchsurfer me hospedaría en su casa :smug:

     

    Pueden ver aquí el álbum completo de Iquique, así como un pequeño video de mi encuentro con los lobos marinos:

     

     

     

    https://www.youtube.com/watch?v=SmGiavwwlP0&feature=youtu.be

  13. Aislado del frío y cubierto de pies a cabeza en mi saco de dormir, todavía me encontraba a las afueras de Susques, el último pueblo de la Ruta 52 de Argentina antes de llegar a la frontera con Chile. Y antes de que mi alarma tuviera la oportunidad de sonar, los faros frontales y el ruido del motor de los camiones que pasaban frente a nuestra tienda de campaña nos despertaron estrepitosamente, cuando el sol todavía no se asomaba por el este.

     

    Eran poco más de las 5 de la mañana, y tras un salto desde el suelo pensé: ¡Los trailers se están marchando! :eek: Habíamos acampado junto a la salida de los camiones para al levantarnos pedir a uno por uno si nos podían llevar hasta el paso fronterizo. Pero al parecer, debimos haber madrugar todavía más :confus:

     

    Rápidamente desperté a Max, quien pronto envolvió su sleeping bag y empacó todas sus cosas. Sacamos nuestro equipaje de la tienda y, mientras yo la desmontaba, le pedí a Max que intentara detener a alguno de los conductores que salían del pueblo, o que hablara con alguno de los que todavía no se iban. Para cuando terminé, él volvió con malas noticias: ninguno estaba dispuesto a llevarnos :sad: Yo me mantuve sereno y positivo: son muchos camiones, alguno debe llevarnos.

     

    Nos vimos expuestos a la intemperie en medio de la helada madrugada. E irónicamente, ahora ningún camión parecía salir en dirección oeste. Decidimos abrir de nuevo nuestros sacos de dormir para cubrirnos del clima, y envueltos cual esquimales, aguardamos con esperanzas la salvación de uno de los choferes. Pasaron varios minutos. De vez en cuando algún coche particular o alguno de carga aparecía detrás de la curva de la autopista, lo que nos daba tiempo para posarnos junto a ella y levantar el dedo. Pero seguía muy oscuro, y difícilmente alguien pararía por nosotros :(

     

    Cuando casi caímos dormidos allí, un camión me deslumbró con sus luces, que prendió estacionado justo a la salida del pueblo. Con esperanzas, me aproximé a buscar al conductor y preguntarle… El sujeto estaba sentado y jugando con su celular. Parecía muy amable. Le conté nuestro penoso caso y encendió el motor. Los puedo dejar en el Paso de Jama, y de ahí cruzan la frontera solos— me dijo :big-smil: Al parecer, él y otros muchos camioneros no tenían los permisos para cruzar, sólo para descargar allí. Sin hesitar demasiado, le dije que esperara por nosotros y corrí hacia Max, quien se percató de la buena noticia y cogió nuestras maletas.

     

    No podíamos creer que hubiésemos conseguido un ride tan pronto, después de las largas jornadas de espera que habíamos pasado el día anterior :) Llegando al Paso de Jama, todos los conductores que cruzaran hacia Chile debían llegar obligatoriamente a San Pedro de Atacama, y sin duda, uno de esos cientos de automóviles tendría espacio para uno de nosotros dos. El plan no podía ser mejor. O eso creíamos…. :huh:

     

    Entre el sueño y el regocijo, yo me ubiqué en la parte trasera de la cabina y Max se quedó en el asiento del copiloto. Como él no hablaba muy bien el español, decidí hacerle plática al chofer, quien era originario de un pueblo del norte de Argentina.

    Comenzamos a avanzar por los últimos kilómetros de la Ruta 52, mientras el camión subía y bajaba cuestas por la bien asfaltada carretera ondulada. A ambas orillas, maravillosos paisajes se abrían paso ante los rayos del sol que poco a poco iluminaban la meseta de la Puna de Atacama, que si bien poco escarpada y accidentada, no dejaba de ascendernos a un par de miles de metros sobre el nivel del mar.

     

    Ruta Nacional 52 Argentina

     

    La orografía circundante nos mostraba montes poco elevados sobre el nivel del altiplano, cubiertos menguadamente por pastos y arbustos secos.

     

    Ruta Nacional 52 Argentina

     

    Otro solitario camión es lo único que avistábamos en movimiento alrededor nuestro. A lo lejos, las montañas andinas vigilaban las lagunas alcalinas y los salares, típicos de este tipo de ecosistema volcánico intermontañoso. Si hubiera tenido el tiempo suficiente, me hubiera tomado unas horas para alejarme hacia las lagunas y avistar a los flamencos rosados, que suelen vivir en estos cuerpos de agua salados.

     

    Ruta Nacional 52 Argentina

     

    Abrí la bolsa de cereales y saqué los dos plátanos restantes para tener algo en el estómago. Nos sentimos seguros de poder acabarnos los víveres, pues estábamos a punto de cruzar a Chile y al fin podríamos gastar nuestro dinero :big-grinB:

     

    El hombre manejó lentamente a lo largo de 120 km por más de 2 horas, hasta que por fin llegamos :rolleyes: Estábamos en el famoso Paso de Jama, último sitio a 4230 metros de altura antes de cruzar hacia Chile.

     

    Ya pasaban de las 8 am, y la oficina de migración y la aduana habían apenas comenzado a laborar. El chofer aparcó detrás de una larga fila de camiones que se aglutinaban frente a la gendarmería. Nos dijo que con gusto nos llevaría hasta Atacama, pero que no tenía el permiso de cruzar. Con entusiasmo le dimos las gracias y bajamos del coche. La mañana era bastante fría, a pesar de lo despejado que estaba el cielo.

     

    Nos abrigamos bien nuevamente y caminamos hacia la entrada del recinto migratorio, el cual sinceramente me imaginaba más grande y bullicioso. Constaba de una gasolinera y una tienda-restaurante del lado argentino; una caseta de revisión, la gendarmería, las oficinas de migración, las aduanas, dos estacionamientos y un edificio del gobierno de Chile.

     

    Caminando, pasamos la gendarmería como si nada. Llegamos a la oficina de migración pero no encontrábamos la entrada, así que regresamos a buscar al oficial de la caseta para preguntarle.

     

    El gendarme nos dijo que para cruzar, necesitábamos obligatoriamente hacerlo a bordo de un vehículo, aunque fuera una bicicleta. El gobierno chileno no nos permitiría pasar caminando, pues sabían que después de la frontera no había más que kilómetros y kilómetros de un asesino desierto de altura, y no podían correr el riesgo de que nos pasara algo y ellos fueran los responsables :zsick:

     

    Por tanto, el objetivo era conseguir un nuevo ride (el cual de todas formas tendríamos que conseguir) para registrarnos en la oficina de migración y seguir nuestro camino. La diferencia es que tendríamos que hacerlo antes de que los conductores pasaran la frontera, es decir, del lado argentino.

     

    Nos dirigimos al estacionamiento, donde había un escaso número de autos aparcados. Uno por uno fueron llegando y yo los fui abordando. Con toda la amabilidad del mundo, les explicaba nuestro caso y les pedía ayuda, misma que me negaban sin pensarlo mucho tiempo :(

     

    En vista de que avistábamos más camiones de carga que autos particulares, nos dirigimos al estacionamiento de la aduana, donde aparcaban los transportistas. En aquella inmensa cerca, surcábamos de lado a lado todos los trailers, parándonos de puntas para poder ver al asiento del piloto, que la mayoría de las veces estaba vacío. Detrás de uno de ellos, se hallaba un grupo de camioneros platicando y tomando café en envases de plástico. Max y yo nos acercamos para hablar con ellos y pedir de su ayuda. Pero con un movimiento de cabeza indicaron que no era posible :unsure: La mayoría de ellos no cruzarían a Chile, y otros se dirigían al lado contrario.

     

    Ante tantas negativas supimos que no sería una tarea fácil. Pensamos en ofrecer un poco de dinero a los conductores; quizá de esa forma nos verían con mejores ojos.

     

    Regresamos a la entrada de la oficina de migración para hablar con los viajeros. Max y yo buscábamos por todas partes algún tipo de persona que pudiese tener más en común con dos mochileros como nosotros :huh: Un hippie, una pareja joven, un auto rentado… nos parecía que tendríamos más posibilidades de ser auxiliados por alguien así que por una familia o una pareja de ancianos, que notablemente dudaban de su seguridad y de nuestro testimonio.

     

    Cabe mencionar que el auto y el equipaje eran revisados arduamente por los oficiales, y subir a dos desconocidos al auto implicaba una responsabilidad por cualquier tipo de artículo prohibido. Por supuesto, sabíamos que los mochileros tienen fama de llevar consigo marihuana :ohmy: pero no había forma de convencer a las personas de que nosotros NO llevábamos nada de eso :O_o: A pesar de que no era su excusa externada, ambos estábamos conscientes de lo que la gente podía pensar de nosotros (aún cuando vestíamos con una buena facha y no olíamos mal a pesar de 3 días sin ducharnos).

     

    Una pareja adulta se estacionó frente a nosotros, y Max pudo advertir que su placa era de Brasil. Rápidamente los abordó a ambos para contarles, en su natal portugués, que estábamos atrapados en la frontera. Los dos se mostraron muy accesibles con él y nos pidieron que esperásemos un momento, mientras el señor entraba a preguntar qué hacer.

     

    Luego de unos minutos regresó con no muy buenas noticias. Ambos estaban dispuestos a ayudarnos, pero al haber cruzado por la gendarmería antes, les habían dado un formato donde decía la marca y matrícula de su auto, y que solo dos pasajeros iban a bordo. En la oficina de migración no podían agregar más pasajeros que los que el gendarme había anotado, así que lamentablemente habíamos perdido nuestra oportunidad :mad:

     

    Entonces supimos que debíamos colocarnos unos metros antes de la gendarmería, y no en el aparcamiento. Habían pasado ya más de dos horas y el sol comenzaba a hacerse sentir, lo que nos obligó a despojarnos de nuestros abrigos y colocarnos bloqueador solar, preparados para otra larga jornada bajo el sol de las alturas andinas :zsick:

     

    Antes de empezar a pedir otro aventón, vimos a un grupo de choferes comiendo en un pequeño puesto de lámina frente a la aduana. Nos acercamos para ver si aceptaba pesos chilenos, ya que no nos quedaba ni dinero argentino ni comida para saciarnos.

     

    Afortunadamente, nuestro dinero era aceptado. Y más alegría nos dio saber que los billetes que aquel hombre alemán nos había regalado eran 100% reales :big-grin: No nos había estafado.

     

    Pedimos un jugo y dos sándwiches de milanesa. Por fin, estábamos comiendo algo más que naranjas y plátanos. Una vez satisfechos, caminamos a la carretera y comenzamos a pedir un ride.

     

    La mayoría de los autos no llevaban mucho espacio; viajaban en familia, y los que lo hacían en pareja, llevaban el asiento trasero lleno con su equipaje. Encontramos un trozo de cartón y escribimos ATACAMA con letras grandes, para ver si con suerte alguien se disponía a llevarnos.

     

    Unas horas bajo el sol nos bastó para agotarnos y casi darnos por vencidos :oops: Estábamos ya tan cerca de nuestro destino y no podíamos creer que siguiéramos atrapados en Jama luego de 4 horas pidiendo ayuda :madd: Los ánimos empezaron a decaer y las maldiciones comenzaron a aflorar: contra migración, contra el gobierno chileno, contra los conductores, contra nosotros mismos...

     

    Era ya mediodía y nos dimos cuenta de que muchas personas paraban a echar gasolina y a comer en el restaurante antes de pasar hacia migración. Pensamos que, quizá, sería más cómodo hablar con ellos frente a frente mientras recargaban su auto, y probablemente así causaríamos más empatía :sneaky:

     

    Renunciamos al clásico aventón a dedo y empezamos a encarar a la gente junto a los tanques de gasolina, que para poca sorpresa nuestra, continuaron negándonos ayuda :crying:

     

    Mientras esperábamos a que algunos salieran de comer o del baño, Max y yo nos sentamos junto a la tienda. Descubrimos que la red de wifi estaba abierta y nos conectamos para dar alguna señal de vida a nuestros compatriotas.

     

    Había recibido un whatsapp de Joaquín, mi amigo en Salta, desde hace dos días, preguntando si ya había llegado a Atacama. Le contesté que aún no lo lograba, y que hasta ese punto no sabía si lo haría :( La gente no pensaba ayudarnos y yo ya me estaba dando por vencido. Entonces me envió un audio con su voz, dándome palabras de ánimo.

     

    En ese momento me di cuenta de lo importante que era a veces hablar con los amigos <3 Por más solo que me encontrara en ese recóndito lugar, un simple mensaje de voz alzó mis ánimos poco a poco, y me hizo prometerme: ¡no acamparé aquí esta noche! :mad:

     

    Luego de casi una hora sentados reponiendo fuerzas y casi al agotar la batería de nuestros móviles, seguimos con la cacería de autos, recobrando nuestra sonrisa en el rostro que, de una manera u otra, debía convencer a algún conductor de que éramos buenas personas, y que sólo necesitábamos un empujón para lograr nuestro destino.

     

    Max y yo vimos pasar un autobús de pasajeros. Creímos que quizá tendría algún espacio disponible, y pensamos ofrecerle dinero para que nos llevasen hasta Atacama. Corrí más allá de la gendarmería para hablar con el chofer. Cuando lo alcancé, los pasajeros habían bajado para hacer uno por uno su trámite migratorio.

    El chofer bajó y le planteé la idea. Lo pensó algunos minutos y dijo que quizá tendría asientos libres. Subió al bus para luego bajar. Y me respondió que no sería posible, ya que no podría extendernos un boleto oficial, mismo que requisitaban en la oficina chilena.

     

    Si no es una cosa, es la otra— me dije muy enojado :angry: Pero sin nadie a quien poder culpar, regresé con mi entusiasmo hecho pedazos. Pero no me dejaría vencer ¡me hice una promesa y debía cumplirla!

     

    Cuando volví a la gasolinera, Max se había comprado otro sándwich de milanesa. Eran ya casi las 3 de la tarde. Nunca habría imaginado que nos llevaría tanto tiempo conseguir a alguien que nos ayudase :sad:

     

    Los autos y camiones llegaban y se iban, luego de comprar comida y cargar gasolina. Entre uno de los camioneros, Max advirtió un acento proveniente del centro de Brasil. Me dijo que probaría suerte…

     

    Habló unos minutos con el camionero para luego regresar. Con un exiguo entusiasmo me dijo que el hombre había aceptado llevarnos a ambos, y que debíamos pasar a la oficina aduanal con él :ohmy: No entendía por qué Max no estaba saltando de alegría al decirme aquello, pero la pobre explicación del chofer no le había dado mucha confianza :huh:

     

    Regresamos con él para confirmar lo que nos había dicho, y nos indicó que caminásemos de una vez hacia la oficina migratoria, y que allí lo esperáramos, y si no lo veíamos que lo buscásemos como Joao.

     

    No muy convencidos :unsure: pero sin más alternativas, nos dirigimos a migración, donde nos dieron un formulario para llenar e hicimos la fila con los demás viajeros. Cuando llegamos a ventanilla, el oficial nos preguntó en qué vehículo viajábamos. Le dijimos que pasaríamos con un trailero de nombre Joao, a lo cual contestó que debíamos pasar a la oficina aduanal, por donde cruzaban todos los camiones.

     

    Acatando sus reglas, nos cambiamos de lugar y entramos a la oficina aduanal, no sin antes aprovechar para ir al baño. Allí, hablamos con el empleado de ventanilla, quien comenzó a darnos un sermón del porqué no podía dejarnos pasar caminando. Antes de que pudiésemos entenderlo todo, Joao apareció en el pasillo, y le dijo: vienen conmigo. El empleado sonrió y nos hizo una seña para pasar a la siguiente ventanilla. Ahora empezaba a creer en que de verdad ese tal Joao nos podría hacer cruzar a Chile :smug:

     

    Llenamos un par de formularios, mientras Joao no dejaba de hablar y reír a carcajadas con los oficiales de la aduana. Creo que de verdad, era alguien conocido allí. El oriundo de Brasil le daba indicaciones en portugués a Max sobre lo que debíamos hacer. Tras un par de papeleos, nuestro sello quedó listo y entonces, de verdad, me sentí feliz :big-smilB:

     

    Con mi pobre portugués le di las gracias a Joao: Obrigado! Obrigado! :blush: Casi a las 5 de la tarde en punto, estábamos ya saliendo del complejo de Jama y, finalmente, después de tres largos días de espera, me adentré en Chile a bordo de un camión de carga brasileño.

     

    Joao puso algo de música carioca. Una buena samba y un par de cigarrillos que tuvo la decencia de invitarnos, convirtieron mi día en casi lo mejor que había vivido en todo mi viaje. Darme cuenta de que, por más larga que hubiera sido la espera, aún existen personas nobles en este mundo, me hizo sonreír de la manera más reconfortante posible :big-grin:

     

    Ruta 27 Chile, rumbo a Atacama

     

    La Ruta Nacional 52 argentina se convirtió en la Ruta 27 chilena, por la que el coche avanzó a lo largo de 150 kilómetros de puna que, poco a poco, se fue tornando en un enorme desierto.

     

    Ruta 27 Chile, rumbo a Atacama

     

    A lo lejos se seguían divisando salares, lagunas y pequeños cerros, mismos que nos elevaron más y más en la carretera, hasta picar los 4810 metros ¡Era algo de locos! :eek: Ni siquiera en el cráter del Nevado de Toluca había ascendido a tal altura. Mi cabeza vacilaba entre la ansiedad de mi arribo y el cansancio de todo un día como hitchhiker. Pero me negué a las pastillas para el soroche, y decidí masticar hojas de coca que llevaba conmigo, como buen remedio naturista para el mal de altura ;)

     

    Max y Joao platicaron durante todo el viaje, mientras yo cabeceaba en la parte trasera, disfrutando del hermoso paisaje que me brindaban las cuestas andinas.

     

    Cuando el sol apenas se metía, cerca de las 8 pm, llegamos por fin a nuestro destino: la ciudad de San Pedro de Atacama, en medio del Desierto de Atacama, el desierto más seco del mundo.

     

    Joao nos dejó en el estacionamiento de los camiones, y luego de darle repetidas veces las gracias, caminamos hacia el pueblo para hallar un hostal. Habíamos sufrido demasiado como para pasar una noche más bajo la carpa :zsick: Definitivamente necesitábamos una cama.

     

    Preguntamos y llegamos al centro del pueblo, donde nos percatamos de lo turístico que era. Cientos de turistas y mochileros se paseaban por las iluminadas calles rodeadas de casitas de adobe. Poco a poco fuimos preguntando por los precios en los hostales, mismos que estaban llenos y, además, ofrecían precios muy elevados :O_o: De todas formas, había olvidado que era temporada alta (vacaciones de verano para ellos).

     

    Los precios no bajaban de los 13,000 pesos (poco más de 20 dólares). Pero no nos rendimos. Nuestra búsqueda nos llevó a una avenida de ripio muy larga, donde hallamos una litera en un cuarto compartido por 8,000 pesos (uno 13 dólares) cada uno. Sin deseos de caminar más cargando nuestra pesada mochila, aceptamos la habitación, y Max se ofreció a pagar con el dinero que nos había obsequiado el alemán en Purmamarca, mismo con el que compramos medio pollo rostizado y papas, que comimos como un par de náufragos cuando por fin avistan tierra :D

     

    Tomamos nuestra merecida ducha y nos botamos en la cama, alegres al fin por haber cumplido nuestra meta (y mi promesa personal) ^_^ Avisé a todos que había llegado con bien y concilié el sueño en un par de minutos. Otra larga, pero más amena jornada, me esperaba al siguiente día junto a mi colega brasileño, sin el cual, posiblemente, no habría podido cruzar.

     

    Aquí está el álbum de fotos entero sobre mi odisea fronteriza:

     

     

  14. AlexMexico
    Último Relato

    Varado en la austera terminal de autobuses de La Paz, ya no había sitios disponibles para la ciudad de Sucre ni Potosí esa noche. Sin deseos de quedarme un día más en la capital, busqué el precio más barato para Uyuni, una pequeña población al sur del país. Era un 19 de diciembre y la temporada alta ya había dado inicio, por lo que los costos subieron desde los asientos normales hasta los buses cama. 120 bolivianos (17 USD) fue el precio más económico que pude conseguir, por un asiento semi-cama en un bus turístico.

     

    Gastaría 12 horas de mi vida a bordo de dicho bus con destino a una diminuta villa en mitad del alto desierto. Pero aquel insignificante sitio escondía una de las maravillas más recientemente explotadas y ahora frecuentada por miles de backpackers: el Gran Salar de Uyuni..

     

    Luego de algunas horas sentado, con el gritar de las mujeres que informaban los destinos próximos a salir (cuya atmósfera era ya parte de las terminales peruanas y bolivianas), anunciaron la salida de mi bus, tras el cual hicieron fila varias decenas de turistas extranjeros, la mayoría mochileros en busca de aventuras.

     

    Al acercarme a dejar mi equipaje pude advertir el notable deterioro del vehículo al que estaba a punto de subir. El óxido se avistaba en la parte baja de sus paredes, difuminado por un color negruzco producto del humo del escape. El interior parecía decente, salvo el rechinar de los asientos y el herrumbroso posa-pies. Rogué porque esa noche nada malo ocurriera :unsure:

     

    Una vez a bordo conocí a Alexis, una simpática chica australiana con quien me reí de la casualidad de que ambos compartiéramos el mismo nombre :D Pocos minutos después de entablar una plática con ella, la pareja detrás de mí en seguida notó mi acento mexicano (aunque me dijeron que dudaban si era colombiano). Ixe y Leonel, ambos compatriotas míos, terminaban de realizar un intercambio estudiantil en la Universidad de Santiago de Chile, y hacían juntos su último viaje por Sudamérica antes de volver a México a pasar las fiestas decembrinas.

     

    El camión comenzó a avanzar mientras el sol se ponía tras la cordillera occidental. Si bien el frío se hacía presente afuera mientras la noche caía, 50 personas compartiendo el mismo vehículo sin ventanas que se pudieran abrir no era una muy buena idea. A pesar de la ligera vestimenta que elegí para aquella noche (bermudas y una camisa sin mangas), el resto de los pasajeros y yo comenzamos a quejarnos del calor :zsick: Todo indicaba que el autobús tenía aire acondicionado, pero que no lo prenderían. Es algo frecuente que noté en Bolivia y Perú, lo que hace probablemente que los precios del transporte sean tan baratos.

     

    Tras apenas una hora de que el tacaño chofer hubiera arrancado, el autobús se detuvo en mitad de la autopista, a la que recién acabábamos de entrar. La gente comenzó a desesperarse y bajamos a averiguar qué pasaba. Pero tan pronto como cruzábamos la puerta éramos golpeados por una masa de frialdad. Así que subí por mi suéter y salí a fumar un cigarrillo con mis vecinos.

     

    El clutch del vehículo se había roto :mad: El chofer y su copiloto se disponían a repararlo, pero al parecer, debían esperar una nueva pieza traída desde la ciudad. Afortunadamente, no estábamos todavía muy lejos de ella.

     

    La espera se prolongó hasta dos horas, en las que nuestros intentos por dormir eran socavados por el calor y por el ruido de los siempre parlantes bolivianos que iban a bordo :wacko: Una vez en marcha, la mayoría nos olvidamos de la temperatura ambiente y uno por uno cerramos los ojos.

     

    Nuestro sueño fue interrumpido cerca de las 4 de la madrugada, cuando el bus comenzó a vibrar de manera muy brusca. No se trataba de un tramo de grava o arena. Era la carretera oficial que llevaba hasta Uyuni. Los vidrios golpeaban contra la pared. Nuestros cuerpos saltaban de los asientos. El equipaje en cabina se caía del techo y las botellas de agua se paseaban por los suelos :O_o: Lo más sorprendente para mí, era lo acostumbrados que parecían estar los bolivianos, que nunca dejaron de roncar a pesar de los rudos meneos.

     

    La pesadilla terminó cerca de las 6 de la mañana, cuando el sol apenas salía en el horizonte y el autobús aparcó en una de las calles del pueblo. Todos descendimos por nuestro equipaje, para ser rápidamente interceptados por los trabajadores de agencias turísticas que nos ofrecían tours al salar. Todos con las mismas promesas, todos con los mismos precios. Ixe, Leonel y yo decidimos apartarnos de la turba y comenzar a buscar un lugar dónde hospedarnos.

     

    Preguntamos en cada hostal con el que nos topábamos, pero nadie nos atendía por la temprana hora (o ya no había sitios disponibles). Por suerte, hallamos uno por 50 bolivianos (7 USD) la noche, perfectamente ubicado justo en la plaza de armas de la ciudad :big-smil:

     

    Ixe y Leonel dejaron sus cosas para ir a comprar sus tickets al salar, por lo que regresaron sólo a darse una ducha y tomar un rápido desayuno. Como yo sabía que los argentinos, Nico y Rocío, llegarían al siguiente día por la mañana, decidí esperarlos y hacer el tour con ellos, por lo que tuve la totalidad del día para reponer el cansancio y disfrutar de la minúscula localidad.

     

    Plaza de Armas de Uyuni

    Plaza de armas de Uyuni

     

    Recorrí las calles del centro y los pasillos del mercado, donde comí un caldo de gallina que me repuso del malestar que el viaje me había dejado. Sus desérticas y polvorientas calles, sin sombras que protejan a uno de los severos rayos del sol, me dejaron en claro que a Uyuni no debe dedicársele más de un día.

     

    Aproveché e investigué un poco sobre los precios de los tours, y me decidí a comprar los tickets para tres personas para la siguiente mañana; no quería que los argentinos y yo buscáramos con prisas al mejor postor cuando los turistas llegaran.

     

    Pasé el resto de la tarde descansando en la cama y escribiendo en mi diario de viaje. Por la noche, Ixe y Leonel regresaron maravillados por lo asombroso que según ellos había sido el salar. Les pedí que no me contasen nada y fuimos juntos a cenar.

     

    Muy temprano, antes del amanecer, Ixe y Leonel se despidieron de mí y desalojaron el cuarto, pues debían tomar su autobús a Chile. Dormí unas horas más, hasta que la chica de recepción gritó mi nombre. Nico y Rocío estaban abajo, esperando por mí. Los saludé con gusto y los acompañé a que buscaran algo para desayunar, mientras yo me alistaba para nuestra travesía en el desierto.

     

    Nos dirigimos a la oficina de la agencia para dejar nuestro equipaje. Cerca de las 9 am partimos hacia nuestro destino en una camioneta 4x4, en compañía de dos chilenos, dos colombianas y el chofer. Nuestra primera parada fue a pocos kilómetros al este de la ciudad, en el nacionalmente famoso cementerio de trenes.

     

    Uyuni es conocida por haber sido la primera ciudad que conectó a Bolivia con Chile, y lo hizo a través de su estación de ferrocarril. El tren entró en vigor a finales del siglo XIX, y es precisamente de esa fecha que datan las locomotoras y los vagones que se apilan uno tras otro en el medio de esta llanura sin fin.

     

    Cementerio de trenes

     

    Los vehículos 4x4 del resto de las agencias turísticas estaban estacionados junto a las vías, y muchos de los viajeros ya se nos habían adelantado, y empezaban a fotografiar el solitario y bizarro panteón.

     

    Mientras Nico, quien estudió cinematografía en la Escuela de Artes, se alejaba con su Super 8 y su cámara réflex para filmar los mejores encuadres del lugar, Rocío y yo nos dispusimos a recorrerlo y tomar algunas fotos.

     

    Paisaje desértico en Uyuni

    Puna desértica típica de los alrededores de Uyuni

     

    Para ese momento, la altura del altiplano ya no aparentaba afectarme tanto. A unos 3700 metros, la orografía parecía haber cambiado de lo que habíamos presenciado más al norte. Nos hallábamos en medio de una extensa planicie gris con algunas manchas de verde vegetación, al final de la cual se alzaban algunos montes poco empinados, que parecían difuminarse por el deslumbro del sol.

     

    El cielo era azul y estaba bastante despejado. Según los locales, pocas veces llovía en la ciudad y sus alrededores. Si bien nos sentíamos felices después de las lloviznas que nos atacaron en la capital, fue imprescindible protegernos del sol con mucha crema bloqueadora (lo cual recomiendo ampliamente).

     

    Luego de algunas fotos, volvimos al coche con el silencioso y poco informativo chofer. Desde ahora debo aclarar que todos los datos que proporciono aquí fueron investigados por mi propia cuenta, ya que pocos guías bien preparados pueden encontrarse en Uyuni :huh:

     

    Volvimos al pueblo para salir por su otro extremo, conduciendo hacia el oeste por una llana carretera, en la que el volar del polvo nos obligó a cerrar las ventanas. Rebaños de ovejas y llamas se avistaban en ambas orillas, que desparecieron al llegar a la población de Colchani.

     

    Rebaños en la carretera al salar

     

    Se trata de una menuda villa dedicada exclusivamente al procesamiento de la sal que se extrae del desierto, con la que se elaboran todo tipo de artesanía: vasos, muñecas, magnetos… Hay también un museo de la sal, donde se exponen grandes figuras del compuesto químico.

     

    El pueblo se ubica exactamente en la entrada al salar, por lo que desde entonces se puede empezar a sentir el crujir de los granos de sal al caminar, y si se pasa el dedo por cualquier cosa (una pared, una puerta, un pilar), se puede coger un poco de sal. Basta con saborearlo un poco con la lengua :P

     

    Después de comprar algunos souvenirs que aún se posan en mi frigorífico, seguimos el tour para, al fin, ingresar de lleno al Salar de Uyuni.

     

    Caminando con el crujir de la sal

     

    Se trata ni más ni menos que del desierto de sal más grande del mundo. Tiene más de 10,000 km cuadrados, 10 mil millones de toneladas de sal y 140 millones de toneladas de litio, convirtiéndolo en la mayor reserva de este mineral a nivel mundial, con más del 80% del litio de todo el planeta :ohmy:

     

    Todos estos datos son más que sorprendentes. Pero ni a través de las fotos, ni de las palabras, podría expresar la magia que este paraíso natural posee en cada uno de sus blanquecinos granos.

     

    Montículo de sal en Uyuni

     

    Las primeras imágenes que se pueden percibir en esta extensa (inmensa, interminable) llanura blanca, son unos montículos de sal que se amontonan alrededor de pequeños charcos de agua. Esto sirve para que el agua se evapore más rápidamente y la sal pueda ser transportada para su explotación. Y no hay de qué preocuparse, pues por más que este rico mineral sea explotado por el ser humano, sigue renovándose día con día. Especialmente por el respeto que el gobierno boliviano le tiene a “la madre tierra”, lo que hace que el comercio de la sal sea controlado y no contamine a su medio ambiente.

     

    El sonar de mis botines al pisar la sal hacía parecer todavía más inalcanzable el horizonte, cada vez que caminaba para fotografiar los espejismos que el agua y el sol provocaban en las lejanas montañas, que apenas y podía ver por el cegador reflejo del color blanco en mis ojos. Una imagen más que cautivadora.

     

    Una toma más de la entrada al gran salar

     

    El recorrido continuó con los expertos conductores, que sin líneas marcadas sobre el desierto ni objeto alguno que los guiara, sabían qué dirección tomar para llegar a la siguiente escala: el Hotel de Sal.

     

    Esta edificación hecha íntegramente de sal funciona ahora como un restaurante y centro turístico dentro del circular desierto. La mayoría de los tours paran para descansar, fotografiar y, algunos, para comer.

     

    El hospedaje era entonces dominado por un ostentoso monumento que anunciaba la meta del rally internacional de automóviles: el mundialmente famoso Dakar. En el próximo mes de enero, centenares de coches, motocicletas, cuatrimotos y camiones darían la vuelta desde este punto para retornar hacia Chile y seguir su carrera hasta el final.

     

    Meta del rally Dakar, en Uyuni

     

    En esta área del salar se comenzaban a dibujar hexágonos que sobresalían del suelo, y que se extendían como una alfombra en forma de panal por toda la blanca superficie. Para una persona fanática de la armonía y el orden (como yo) esta continuidad de perfectas formas fue más que un deleite para mis casi cegados ojos :rolleyes:

     

    Grietas hexagonales, ritmo y perfección

     

    Seguimos adelante, hasta que el conductor se detuvo, justo en mitad de la nada. A 360 grados alrededor nuestro no había más que una plancha blanca y rugosa de sal, custodiada por un cielo azul, que se interrumpía sólo por nuestra presencia y las sublimes y bajas siluetas de las montañas al fondo.

     

    Aparcamiento en el desierto de sal

     

    Y fue ahí donde armamos nuestro picnic. Afortunadamente, todos los tours en Uyuni incluyen el almuerzo (que por el precio de 100 bolivianos, 14 USD, es toda una ganga). Milanesas de res, arroz, verduras al vapor, coca cola, una fruta como postre, y opciones para los vegetarianos, hicieron de nuestra tarde una encantadora postal del recuerdo ^_^

     

    Nuestro almuerzo en medio del salar

     

    Con el estómago lleno, proseguimos con la travesía, cuya próxima escala fue la Isla Incahuasi. Es un islote en el desierto que se caracteriza por que en él crecen cactus de copiosos metros de altura. Desde la punta de la isla, se puede apreciar la plenitud del exorbitante salar.

     

    Isla Incahuasi, con los cactus gigantes

     

    Existen varias ofertas de tours en Uyuni, de las cuales el recorrido de un día es sólo la más sencilla de ellas. Hay tours de dos y hasta tres días por el suroeste boliviano, que incluyen visitas a maravillas como las lagunas de colores, los géiseres, el desierto de Siloli, las reservas de flamencos y culmina en el desierto de Atacama, en el lado chileno.

     

    Como nuestro presupuesto era bastante apretado, nuestro tour estaba por terminar y emprendimos el viaje de regreso :( Pero antes, el conductor nos tenía una última sorpresa. Nos llevó a deleitarnos con los reflejos del salar.

     

    Nuestra 4x4 en el salar de Uyuni

     

    Cuando llueve, el agua se estanca en la superficie de sal y forma uno de los espejos naturales más increíbles del planeta. Lamentablemente, la temporada de lluvias todavía no comenzaba, ya que normalmente da inicio a finales de diciembre y principios de enero, haciendo del invierno la mejor temporada para visitarlo.

    No obstante, tuvimos la oportunidad de ser cautivados por las tenues refracciones que el agua atrapada hacía destellar en su liquidez.

     

    Reflejos del salar

     

    Por un precio más alto, algunas empresas permiten que los viajeros aprecien el atardecer, lo cual debe ser, sin duda, una de las postales más bellas de la que nuestros ojos puedan ser testigos.

     

    Los reflejos del salar

     

    Para esa mágica ocasión, agradecí haber comprado mis botines antes de salir de México, ya que su resistencia a la densa sal y al agua me mantuvieron seco en todo momento, convirtiéndolas en mi mejor inversión. No así ocurrió con mis demás compañeros, cuyos pies se vieron empapados y envueltos en sodio.

     

    Horizontes mágicos en Uyuni

     

    Regresamos a la ciudad, donde luego de cenar en un incómodo restaurante, compramos nuestros tickets a la ciudad de Villazón, desde donde cruzaríamos la frontera hacia el contiguo país del tango…

     

    Pueden mirar el resto de las fotos aquí:

     

     

  15. Si son como yo y la Historia nunca fue su fuerte :P entenderán lo desconcertada que estaba cuando empecé a investigar un poco por las redes sobre las antiguas culturas que habían habitado las tierras peruanas. Mi conocimiento (muy pobre) se limitaba a la civilización Inca, pero de repente fui desasnada y empecé a conocer otras culturas anteriores e incluso contemporáneo a los Incas! Lo más nombrado en las redes fue la cultura Moche, tan interesante como macabra debido a sus curiosas costumbres de realizar sacrificios humanos :O_o:

     

    La cultura Moche se estableció principalmente en el norte de Perú, en lo que hoy conocemos como el departamento de Trujillo. Aquella sería una de nuestras últimas paradas antes de dejar atrás el territorio peruano.

     

    En el trayecto desde Lima hasta Trujillo nos esperaban kilómetros y kilómetros de una desolada carretera que corría (por suerte para nuestro mínimo entretenimiento) paralela a la costa del Pacífico. Fuimos atravesando varios poblados pesqueros y hasta debimos pernoctar en una playa completamente solitaria que nos cruzamos al atardecer.

     

    El camino hacia el norte de Perú

     

    Armar la carpa frente al mar puede sonar a plan romántico increíble, pero la verdad es que se tornó bastante complicado luchar contra el fuerte viento que corría mientras armábamos el campamento. Sin embargo, a pesar de que yo estaba convencida que íbamos a ser arrastrados por un ventarrón con carpa y todo en medio de la noche, logramos dormir y descansar bastante bien.

     

    Acampando en alguna playa

    Acampando en las playas del norte de Perú

     

    Al día siguiente emprendimos camino y unos kilómetros antes de ingresar al departamento de Trujillo, el paisaje fue cambiando paulatinamente. Ya nos veíamos tantos médanos con arena dorada volando por doquier al soplar los vientos. En su lugar se levantaban suave colinas verdes y algunos campos.

     

    Paisajes de Trujillo

     

    Unos diez kilómetros antes de la capital de Trujillo, en la entrada al departamento se encuentra el Valle Moche, sitio donde se alzan las enigmáticas Huaca del Sol y de La Luna.

     

    Para serles honestas, no tenía idea con lo que me iba a encontrar en aquel sitio. Sólo llevaba conmigo las recomendaciones de varios para que visitáramos aquellas ruinas pero nada más, y creo que fue justamente eso lo que llevó a que quedara deslumbrada con aquellos restos arqueológicos.

     

    El Valle Moche es un sencillo pueblo sin mucha urbanización, rodeado de colinas y algunos campos verdes. Para llegar a las ruinas dimos varias vueltas porque el lugar parecía un pueblo fantasma, aunque lo que en realidad pasaba era que a esa hora de la tarde, con el sol radiante y fuerte en el cielo, muchos buscaban el reparo en sus casitas o quizás dormían siesta. Llegamos a un predio donde debíamos adquirir las entradas. Allí se encontraba el museo de la cultura Moche, exhibiendo todos los objetos encontrados en las ruinas que visitaríamos. Recuerdo que tenía un estacionamiento de por lo menos 75 plazas, enorme y estaba completamente vacío, me pregunto si realmente alguna vez se llenará porque en ese momento la visión de un lugar repleto y bullicioso me parecía imposible.

     

    Así que, entrada en mano, seguimos las instrucciones y algo dubitativos llegamos al sitio arqueológico. Junto con dos mujeres más, armamos un pequeño equipo que fue guiado por una mujer local a través de las ruinas. La guía nos explicó que en aquel vasto territorio de varias hectáreas que antiguamente habían pertenecido a la civilización Moche, existían dos templos enormes, La Huaca de Sol y La Huaca de La Luna. Los restos arqueológicos que visitaríamos serían de este último, ya que la Huaca del Sol aún estaba siendo investigada por los especialistas. Ambas construcciones estaban separadas por varios kilómetros, en donde estaba asentado el núcleo urbano de clase media alta.

     

    Ascendimos una alta colina a través de unas escaleras armadas y entramos al primer escenario, perteneciente a La Huaca de La Luna.

     

    Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

     

    Los Moche tenían una forma muy particular de organizarse. Durante el período del primer gobierno habían levantado enormes muros y habían construido el Templo de La Luna, que se considera el edificio de religión. Una vez terminado aquel mandato, los Moche rellenaban cada rincón del templo y prácticamente lo enterraban, expandían los límites del templo unos metros más y volvían a construir nuevamente La Huaca de La Luna, sobre los restos enterrados. Esto le confiere a La Huaca de La Luna la famosa forma de “pirámide truncada” que tanto nos mencionaba la guía.

     

    Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

     

    En aquel Templo, los investigadores habían descubiertos tres pisos superpuestos, pertenecientes a tres períodos de gobernación distintos. En el paseo, se ingresa por el segundo piso de los restos arqueológicos. En varios sectores se puede apreciar excavaciones que muestran restos de muros y habitaciones enterrados, que pertenecen al período anterior. Es realmente llamativo ver cómo se han conservado las ornamentaciones talladas en los murales de estas construcciones, así como los colores utilizados que, según se ha estudiado, fueron extraídos de minerales.

     

    Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

     

    La imagen de una cabeza roja de grandes ojos y dientes afilados se repetía a lo largo de todos los muros. Aquel simpático hombrecito era Ai apaec, más conocido como el Dios Degollador. Éste era el Dios que veneraban los Moches, ya que era su protector en las batallas y proveedor de alimentos.

     

    Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

    Mmm... que dientitos!

     

    Como mencioné algunas líneas más arriba, La Huaca de La Luna era considerado el templo religioso y allí se llevaban a cabo los espeluznantes sacrificios humanos. Cabe mencionar que sólo yo estoy poniéndole este tinte aterrorizador, porque la verdad es que, al parecer, los Moches se sentían honrados de sacrificarse para su Dios (aunque yo insisto en que deberíamos preguntarle a alguno si realmente estaba tan feliz :unsure: )

     

    Primero se entablaba una lucha entre guerreros, el ganador era aquel que podía permanecer en pie, con su arma en mano y el que caía era considerado perdedor. Una vez que concluía la lucha, el abatido era despojado de sus ropas y su armamento y llevado por el mismo ganador hacia un sector del templo donde se cree que era “preparado” para el sacrificio, quizás suministrándole alguna sustancia alucinógena para minimizar la traumática situación.

     

    Luego era trasladado a un santuario donde era degollado. Sobre el altar que se intuye funcionaba para el sacrificio, existen unas canaletas donde al parecer corría la sangre del sacrificado. Todo esto se producía dentro del Templo y fuera de la vista de la población. Los únicos que podían presenciar esto, eran los sacerdotes.

     

    Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

    Altar de sacrificio

     

    Fuimos conducidos por la guía hasta un piso superior, que pertenecía al último templo construido en la Huaca. Allí se podía contemplar mejor la altura de los grandes muros adornados y el arduo trabajo de los constructores de estas magnificas decoraciones que tallaban un patrón continuo con ínfimas imperfecciones.

     

    Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

     

    Los Moches utilizaban muchas simbologías, de las cuales algunas se han podido deducir, como dibujos de guerreros, o figuras de animales. Sin embargo existen cientos más que siguen siendo un misterio, como el gran mural llamado Mural de Los Mitos, con decenas de figuras, y sin ningún significado aparente.

     

    Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

    El Mural...

     

     

    Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

    ...Y su esquema

     

    Hacia un costado en aquel tercer piso nacía una ancha rampa que bajaba hasta un enorme patio al aire libre que era concurrido por la gente del pueblo y al cual los sacerdotes se asomaban cuando debían comunicar sus predicciones.

     

    Desde aquella altura se tenía una vista panorámica que ayudaba a imaginarse aquella enigmática civilización. Desde las alturas se podían ver los trazados de lo que había sido la organización urbanística y más allá se levantaba la Huaca de Sol que continúa siendo investigada. Aunque aún no hay mucha información sobre ésta, se sabe que aquel era el templo de política, donde se llevaban a cabo tareas de administración y era utilizado como vivienda de la alta sociedad moche.

     

    Ruinas Arqueológicas La Huaca del Sol y de La Luna

     

    Con una entrada de precio accesible, una guía completa y sin el hostigamiento de cientos de desesperados turistas, el recorrido de las ruinas arqueológicas de La Huaca del Sol y de La Luna es, sin lugar a duda lo que más recomiendo del norte de Perú.

     

    Después de tantos kilómetros recorridos, tantos nuevos amigos hechos en el camino, tantos desafíos (Como vender panes rocas en Cusco :big-grinB: ), y después de tantas maravillas vistas en las tierras peruanas, saber que nos faltaban pocos kilómetros para dejarlas atrás me generaba una nostalgia horrible :crying:

     

    Pero aún nos faltaba un punto más por recorrer. No queríamos irnos de Perú sin haber disfrutado de al menos una de sus playas del Norte, de las que tanto habíamos escuchado hablar.

     

    Entonces, recorrimos unos 600 kilómetros por la Ruta Panamericana Norte atravesando grandes extensiones de campo verde y altos montes hasta arribar a la localidad de Máncora.

     

    Camino a Máncora

     

    Máncora es un pequeño pueblo que se levanta a los costados de la Ruta, a pocos kilómetros del límite con Ecuador, y en los últimos años su fama ha crecido por ser la playa elegida por cientos de surfers peruanos y extranjeros.

     

    Siendo una típica localidad de playa esperaba un insoportable movimiento y barullo turístico, pero la verdad es que era un pueblo súper calmo y tranquilo. De anchas calles completamente de arena que conducían a unas preciosas playas, fuimos paseando por Máncora hasta que nos topamos con un camping donde decidimos parar unos días.

     

    Máncora, Perú

     

    Los siguientes dos o tres días los dedicamos a dormir hasta tarde, pasear por las playas y comer la mayor cantidad de helados de Lúcuma Dolcetto que pudiéramos, para irnos con la mejor impresión de Perú.

     

    Máncora, Perú

    Sobre las calles paralelas a la Ruta, Máncora estaba atestada de ferias de productos artesanales, locales de ropa de surf, tiendas de accesorios y, sinceramente, lo quería todo, aunque mis bolsillos se negaban. Una vez que nos metíamos al pueblo por angostas vereditas de concreto que pronto desaparecían bajo la arena, ya no se veía tanto movimiento y reinaba una tranquilidad agradable.

     

    Máncora, Perú

    Boludeando en Máncora

     

    Por las tardes, cuando el calor aminoraba un poco, solíamos caminar por las playas, mientras el sol comenzaba a bajar y los surfistas se divertían con las últimas olas del día. Máncora funciona además como un centro pesquero, por lo que también se podía ver desde la playa la enorme flota de barcos pesqueros que se bamboleaban sobre el oleaje mientras eran custodiados por grandes fragatas que planeaban en el cielo.

     

    Máncora, Perú

     

    La vida en Máncora era tan diferente a lo que estoy acostumbrada. Claro que todos tenemos responsabilidades y preocupaciones de toda índole, pero en Máncora se respiraba otro aire, allí no existían horarios, ni embotellamientos ni gente apresurada y estresada corriendo de un lado hacia otro, realmente fue fantástico pasar nuestros últimos días allí.

     

    Máncora, Perú

    Hasta él parece relajado!

     

    Al tercer día, con una tristeza que no recordaba haber sentido antes, desarmamos campamento y volvimos a la ruta. Después de casi un mes recorriendo Perú era momento de decirle Adiós (o quizás un “Hasta Pronto!”) y seguir con la aventura.

     

    Ecuador nos estaba esperando y quién sabe las cosas que viviríamos allí.

     

     

    El famoso perro peruano

    El perro peruano que nos despedía! :big-smil:

     

     

     

     

    Y ésta fue nuestra última parada en Perú, no dejen de entrar a ver las fotos.... o el perro de allí arriba les aparecerá a la noche para atormentarlos ¬¬

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  16. Un lugar que siempre había querido visitar es San Martín de Los Andes, siempre me había resultado enigmático este lugar. Es un pequeño pueblo, aunque ahora no tan pequeño, enmarcado por la Cordillera de Los Andes y un bosque de pinos, realmente espectacular.

     

    Yo conocí San Martín este verano que pasó, pero me pregunto cómo será en invierno este lugar… Ver todos esos pinos nevados, la Cordillera de fondo…

     

    Llegué después de varias horas de viaje… Salí desde mi querida Mar del Plata rumbo a Zapala. Zapala es el lugar a donde tenés que ir para combinar con otros destinos. Allí están todas las combinaciones para todos los lugares del Sur argentino.

    Tuve que estar varias horas en la terminal porque el micro tenía retraso. No conocí este lugar porque no tenía donde dejar la valija, de todas formas por lo que pude ver a través de la ventanilla del colectivo, me pareció un lugar aburrido, con el perdón de las personas de este lugar que puedan estar leyendo este artículo…Pero yo había salido en búsqueda de paisajes imponentes.

     

    Después de la espera, larga espera, llegó el micro y partimos hacia allí. Algo sumamente llamativo, es que las rutas de la región patagónica ya son todo un paseo de por sí, se puede ver la estepa patagónica en su estado más puro y natural, montañas de fondo…

     

    Llegué a San Martín a la tardecita. Lo primero que hice fue sentarme en un café sin dejar las valijas, no había comido nada en todo el día y tenía mucha sed. Así que tuve una suerte de desayuno- almuerzo -merienda con tostado y una gaseosa bien fresca. Algo curioso es que en todos los bares, cafés y restaurantes en lugar de servirte la botellita de gaseosa, te sirven la latita.

     

    Después conseguí un taxi para ir hacia el apart. Estaba algo alejado del centro, pero estaba en un lugar impresionante, una zona tranquila, bien cerquita de la montaña.

     

    Una de las cosas más lindas de San Martín de Los Andes es el estilo de construcción que tiene… Todo está hecho en madera, desde las casas particulares, hasta los negocios, restaurantes y cafés. Todo mantiene un estilo alpino acorde con el entorno.

     

    Otra cosa que me llamó mucho la atención es que en las veredas hay más rosas que árboles, de todos los colores, blancas, rojas y rosas, queda muy pero muy pintoresco.

     

    Mi paseo nocturno por la ciudad estuvo interesante, algunos negocios como las chocolaterías estaban abiertos, al igual que las casas de ventas de recuerdos y souvenires.

     

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    En la plaza había un concierto con bandas locales y también había artesanos. Decidí volver no muy tarde para aprovechar desde tempranito el día próximo.

     

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    Al día siguiente me levanté temprano y fui a la Oficina de Informes Turísticos (lugar y parada obligada de todos los viajes, me encanta ir a estos lugares a hablar con los informantes y recolectar folletos) para preguntar para ir a conocer el Volcán Lanín.

    Lamentablemente no pude hacer esta excursión, me implicaba más horas de micro que el tiempo que podía estar allí. Entonces me ofrecieron otras opciones de paseo…

     

    Para suplir este paseo al Lanín, lo que hicimos fue ir hacia la orilla del Lago Lácar. Allí alquilamos un bote con estabilizador (sí, tenía miedo a que se diera vuelta y perder mi mochila con la cámara de fotos) y dimos un paseo de una hora. Es realmente impresionante, porque a medida que vas navegando, te vas acercado más y más a las montañas.

     

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    Fue un paseo muy lindo, pero las ganas de pasear y hacer cosas seguían… Recuerden que soy una viajera muy inquieta, que siempre quiere estar haciendo cosas y conociendo más y más…

     

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    A la tardecita fuimos hacia Catritre, un balneario ubicado a muy pocos kilómetros del centro. Fuimos en taxi y volvimos a pie.

     

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    Fue algo sacrificado, por la cuestión de las subidas, pero valió la pena… Pudimos disfrutar más del paisaje, sacando fotos y conociendo más (y de paso haciendo actividad física)

     

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    En cuanto al balneario, es muy lindo el paisaje que se ve, no lo elegiría para pasar un día completo porque…¡ No hay arena! Son todas piedras, algo que me resultó un poco incómodo.

     

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    Fue un día muy intenso y muy largo. Así que aprovechamos la pileta climatizada del hotel para relajarnos mientras disfrutábamos de la vista de la montaña…

     

    Estuve muy poco tiempo en San Martín, mi viaje debía seguir a Villa La Angostura, a Caviahue y también hacia Neuquen ciudad capital.

     

    Siempre los viajes resultan fugaces, a vuelo de pájaro… Pero me quedaron los mejores recuerdos.

     

    Por supuesto me quedan varias cosas pendientes para hacer, como conocer los otros balnearios, dar más vueltas por el Lácar, subir hacia el Lánin, ver como cae la nieve en invierno, esquiar y mucho más…

     

    Pero no faltará oportunidad de volver y pasar más tiempo disfrutando de la Cordillera y sentirse el “Oso Yogui” en medio de esos bosques de pinos tupidos…

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    Relatos Recientes

    Como uno de mis últimos relatos de mis viajes en mi país, quiero agregar uno sobre la joya del norte mexicano. Hace unos dos años un profesor de mi universidad organizó un viaje económico para los estudiantes, aprovechando que daría una ponencia en una conferencia de comunicación cerca de la ciudad. Como forma de escapar a un semestre atroz lleno de proyectos y exámenes que me costaron muchos desvelos, decidí pagarlo y alejarme un rato de la rutina. Se trata de Monterrey, conocida como “La Sultana del Norte”.

     

    Si bien el norte mexicano tiene distintas reputaciones, que le atañen paisajes desérticos desolados, violencia, una frontera problemática, una mayor presencia de la cultura gringa, música ranchera y la narco cultura, quise descubrir lo que se ocultaba bajo la sombra de los medios. Después de todo, Monterrey se ha ganado con el tiempo su bien posicionado lugar en México y el mundo.

     

    Como viaje universitario (más no un tour escolar o prácticas de campo), fue un poco distinto a lo que he relatado hasta ahora. No obstante, es solamente una distinta forma de hacerlo.

     

    Viajamos en un bus que rentó mi profesor. Tuvimos suerte de que no se llenaran los cupos, y tuvimos dos asientos para cada persona. De esto modo, pude dormir casi todo el camino, pues un trayecto de 17 horas no es nada fácil :wacko:

     

    Al llegar a la ciudad, empezamos a elegir compañeros de cuarto para hacer el check-in en el hotel. Me junté con Manuel, Karla y Dulce, tres amigos de mi facultad. Rápidamente tomamos una ducha y nos arreglamos para nuestro primer día en la ciudad.

     

    El bus nos dejó a todos en la Macroplaza (la plaza central) y se fue junto con nuestro maestro, que se preparaba para su ponencia. En vista de que nos mandó “a la guerra sin fusil”, caminamos un rato sin rumbo y pedimos algunos informes en oficinas de información turística.

     

    Macroplaza

     

    La Macroplaza es el centro que alberga los principales edificios, como sedes del gobierno estatal y municipal, palacios de justicia, catedrales y museos, además de ser el punto de partida de las grandes vías y transporte que conectan a toda el área metropolitana.

     

    Monterrey es la tercera ciudad más poblada y la segunda más grande en México. Es bastante conocida por ser el centro industrial y la sede de las grandes empresas presentes en el país. Todo esto, además de haber tenido el complejo fundidor de metales de mayor volumen en Latinoamérica, la convirtió desde hace varios años en la ciudad más rica de México y una de las de mayor calidad de vida en el mundo. Siempre está a la vanguardia en tecnología, educación, salud, vivienda, cultura y deportes. Me atrevería a decir que quien visite Monterrey probablemente no se sienta como en el verdadero México, o al menos no en el que ven en la televisión.

     

    Y precisamente todo eso es lo que mis amigos y yo pudimos sentir desde el primer momento en que pisamos la ciudad.

     

    Nuestra primera parada fue el Museo de Arte Contemporáneo, que en ese entonces albergaba la exposición temporal del pintor mexicano Gerardo Murillo, conocido coloquialmente como Doctor Atl, cuya especialidad es el paisajismo de montañas mexicanas. Sumado a todo, el museo ofrece bastantes piezas que a muchos (incluyéndome) les pueden parecer extrañas, pero muy atractivas. Casi siempre es así cuando de arte contemporáneo se trata.

     

    Un poco más adelante, atravesando el parque central, visitamos el Museo de Historia Mexicana, una excelente opción para todo el que quiera aprender sobre el pasado del país de una manera interactiva y poco aburrida. Con figuras en tamaño real, películas, maquetas, líneas cronológicas y un sinfín de creativos elementos museográficos.

     

    Es en este museo donde comienza uno de los atractivos turísticos más nuevos y famosos de Monterrey: el Paseo Santa Lucía.

     

    Es una canal artificial de agua que recorre unos 2 km por la parte central del distrito. Aunque Monterrey sea cortado por un río verdadero y un canal artificial parezca una idea estúpida, es un excelente y colorido sendero que entretiene desde el más pequeño hasta el más grande.

     

    Barca en el Paseo Santa Lucía

     

    Hay la opción de recorrerlo en bote, que salen desde la parte subterránea del museo. Nosotros lo hicimos todo a pie.

     

    En sus orillas se van encontrando a lo largo del camino, algunos restaurantes, bares y tienditas, que prometen ser un buen destino para pasar una velada. Desafortunadamente no pude visitarlo de noche.

     

    Niños jugando en una fuente del paseo

     

    Hay un sin número de fuentes donde los niños aprovechan a refrescarse en los días calurosos, como en el que recorrimos el paseo. La temperatura oscilaba los 36 grados centígrados; el viento que soplaba quemaba nuestra piel, y eso que todavía no había comenzado el verano. Es mejor si se va preparado con ropa bastante ligera y bloqueador solar, y quizá algún abrigo por si refresca por la noche. Pero si se visita en invierno hará falta un buen abrigo, ya que por ser zona desértica la temperatura baja a casi cero grados.

     

    A lo lejos desde el canal se visualizan las figuras de muchos edificios reconocidos en la ciudad, como la emblemática Torre Ciudadana, una de las más altas en Monterrey.

     

    Torre Ciudadana

     

    El Paseo culmina rodeado de parques, colinas y jardines verdes que contrastan con el azul de las aguas. Es el sitio ideal que para las parejas de novios y qunceañeras sean fotografiados para sus fiestas. Desde algunas de estas colinas se puede notar cómo comienza a aparecer el Parque Fundidora, el pulmón verde de Monterrey.

     

    Pase Santa Lucía con el Parque Fundidora al fondo

     

    El Parque Fundidora se encuentra donde antiguamente se alzaba la empresa Fundidora de Fierro y Acero Monterrey, compañía que abonó mucho al fuerte crecimiento económico de la ciudad, al ser la primera que vislumbró a Monterrey como un gran productor de Acero y metalurgia. Cuando la empresa se declaró en bancarrota (para ese entonces ya pertenecía al estado) se creó un fideicomiso que administró, desde hace ya unas décadas, las propiedades de la fundidora. De esta forma, se tuvo la grandiosa idea de convertirlo en un parque recreativo.

     

    Con más de 200 hectáreas, es el parque más grande de la metrópoli. Es el escenario perfecto para escapar del bullicio urbano. Dar un paseo en bicicleta, armar picnics, tomar clases de baile, yoga, tomar fotografías, bañarse en sus fuentes o visitar muchos de los atractivos que se encuentran en su interior.

     

    Lo más increíble e icónico de este lugar es estar parado en un parque y verse rodeado al mismo tiempo por enormes estructuras de acero que solían pertenecer a la fundidora.

     

    La entrada al parque desde el Paseo Santa Lucía es marcado por “el balde”, una gran cazuela de acero de color rojo incandescente, que ahora funciona como fuente.

     

    El Balde, del Parque Fundidora

     

    No estoy seguro de la función que muchas de estas construcciones cumplían en la fábrica, pero les puedo decir que esos gigantescos tubos, escaleras y pilares pueden ser intimidantes, pero a la vez hermosos.

     

    Estructuras en el Parque Fundidora

     

    Se puede visitar también el Parque de Diversiones Plaza Sésamo, que es precisamente una feria temática de este simpático show de televisión. Mis amigos y yo lo visitamos, pero la mayoría de los juegos son para niños. Así que ustedes deciden si ir o no.

     

    Desde muchos sitios del parque se tienen las mejores vistas de otro emblema de la ciudad: el Cerro de la Silla, un monte de no mucha altura que domina la ciudad, y cuya cima con dos picos le hace honor a su nombre.

     

    Cerro de la Silla

     

    En el centro de la ciudad se pueden ver algunas construcciones de estilo colonial, pero no es su fuerte. Es más común hallar edificios de estilo moderno y postmoderno.

     

    Casas del siglo XX

     

    Monterrey es famosa también por su activa vida nocturna. Mis amigos y yo no podíamos dejar de probar la fiesta regia (a los nacidos aquí se les conoce como regiomontanos). Así que dos o tres noches salimos a discotecas en la zona de San Pedro Garza, San Jerónimo y San Nicolás Garza.

     

    Algunas de estas zonas experimentan niveles de vida muy por encima del resto de los mexicanos, siendo San Pedro Garza uno de los municipios con mayor calidad de vida en el mundo. Por tanto, es de esperarse la exclusividad de muchos de los sitios a los que se puede acudir.

     

    A pesar de haber ido en una época bastante difícil para la ciudad (debido a la guerra contra el narcotráfico que se tenía en aquel año), encontramos algunas discotecas abiertas. La primera y segunda noche fue muy fácil acceder a los clubes, que de hecho no tenían tanta concurrencia, precisamente por la inseguridad.

    No obstante, el tercer día mis amigos y yo sufrimos la discriminación de los guardias de seguridad al seleccionar con mucha cautela a quiénes entrarían y quiénes no. Fueron muy claros al decir: “ustedes no entrarán”. Probablemente no cumplíamos con sus estándares de caras estéticas, ropas caras y bolsillos llenos de efectivo y tarjetas de crédito.

     

    Por tanto, quien visite Monterrey debe estar preparado para ser recibido por una ciudad magnífica, verde, moderna, desarrollada y cultural, pero a la vez muy cara, excesiva, selectiva y con gente que, de vez en cuando, puede voltear la cara en lugar de ayudar al transeúnte necesitado.

     

    Les dejo el álbum con el resto de las fotos:

     

     

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    Después de una noche sin dormir por el temor a ser asaltados (o algo peor aún) y habiendo pasado ya un día en Guatemala sin pasaporte, pero con un permiso legal (o eso creíamos), dejamos a Guille de forma definitiva para dirigirnos a la ciudad maya de Tikal, una de las más grandes de aquella asombrosa civilización.

     

    Antes de partir desde la ciudad capital, necesitábamos sacar algo de dinero del cajero, y aquí empezó otra de nuestras odiseas. El primero en intentarlo fui yo; vaya sorpresa que me llevé al descubrir que no tenía mi tarjeta de débito en mi billetera :ohmy: Me paralicé de pies a cabeza. No tenía idea de qué había pasado. Según yo, nadie había intentado robarme; además, cualquiera que quisiera abrir mi mochila hubiera sacado la cartera completa, y no sólo mi tarjeta. Así, tenía sólo unos pocos quetzales conmigo. No podía arreglar nada desde Guatemala; podría reponer mi tarjeta solamente al volver a México. Así, tuve que aceptar que mis amigos me prestaran dinero durante mi tiempo restante de aquel país.

     

    Después, Sonia intentó extraer algo de dinero. Otra sorpresa: su tarjeta estaba bloqueada. Al parecer había rebasado el límite :wacko: Ni siquiera podíamos comunicarnos con nuestros padres. Con sólo unos pocos quetzales en la bolsa, Dany decidió ayudarnos sacando dinero con su tarjeta VISA, aunque sabíamos que le cobraría una enorme comisión al ser de crédito. Pero era nuestra única salida :unsure:

     

    Con ese dinero debíamos pagar la entrada a Tikal y volver a México de una vez por todas; no podíamos prolongar nuestra estadía en Guatemala.

     

    En fin, tomamos el bus nocturno de dos pisos que nos pareció bastante cómodo, sobre todo después del estrepitoso viaje del día anterior en ese camión maloliente y ruidoso. La gente parecía más cortés y el conductor mucho más prudente; así que pudimos dormir toda la noche.

     

    Arribamos a la ciudad de Flores, un pequeño pueblo a orillas del lago Petén Itzá, cerca de las 6 de la mañana. Desde nuestra llegada pudimos sentir que se trataba de un sitio mucho más turístico que la capital o las comunidades que recorrimos el día anterior, por lo que nos sentimos mucho más tranquilos.

     

    Desde Flores salen todos los tours hacia la Reserva de Tikal, que se encuentra a unos cuantos kilómetros al noreste. Como era de esperarse, miles de agentes turísticos acosan a los recién llegados para ofrecerles paquetes a la zona maya, prometiendo ser los mejores en la zona.

     

    Como no teníamos muchas ganas ya de estar investigando por nuestra cuenta, hablamos con uno de los primeros hombres que se acercó a nosotros. Nos ofertó llevarnos a un hostal en Flores, donde podríamos hacer noche, y recogernos ahí mismo en unas horas más para visitar Tikal, y él mismo nos traería de regreso; la entrada al parque corría por nuestra cuenta. No deseábamos mucho hacer noche ahí, pues necesitábamos ahorrar. Pero al volver de Tikal la frontera estaría cerrada, y tendríamos que cruzar hasta el siguiente día. Así que aceptamos sin más :O_o:

     

    El hostal no era nada lujoso, pero al menos tenía camas y ducha. Lo único que no nos pareció fue que no podíamos usar la cocina ¿Qué clase de hostal tiene cocina y no permite a sus huéspedes usarla? :mad: En fin, tomamos una ducha, nos arreglamos y esperamos en la sala común al hombre que nos llevaría a Tikal.

     

    La combi se llenó de turistas que visitaban la zona. Cabe recordar que la fecha era muy cotizada, pues se acercaba el 21 de diciembre del 2012, el supuesto “fin del mundo de los mayas”.

     

    La entrada al parque nos desfalcó por completo, pues costaba el doble para extranjeros, y no había descuento para estudiantes. Tuvimos que pagar 150 quetzales por persona. De esta forma, Guatemala nos dejó con sólo 5 quetzales en efectivo (menos de un dólar), un paquete de galletas saladas y una botella de agua a la mitad. Sabíamos que sería un doloroso día :zsick: Decidimos que nos preocuparíamos más tarde por el tema del hambre y quisimos disfrutar las ruinas arqueológicas, pues ya no había nada más que hacer.

     

    Desde que entramos al parque divisamos un camino rodeado por ceibas, el árbol sagrado de los mayas del que nos habían hablado en varios lugares. La selva era tan espesa y profunda como lo era en Palenque, y a pesar de estar por comenzar el invierno, la humedad y el calor eran abrasadores.

     

    Juego de Pelota

     

    Como era nuestra costumbre, comenzamos a caminar lejos de las oleadas de turistas, queriendo dejar lo mejor para el final. Recorrimos los largos senderos que marcaban los mapas y hacia donde nadie se adentraba. Construcciones de piedra no tan altas y cubiertas por raíces y lianas que le daban ese toque de escenario de una película de Indiana Jones.

     

    Con la vista a las pirámides

     

    Desde algunas de estas estructuras se divisaban por entre la maleza las puntas de las pirámides principales de Tikal, las mismas que aparecen siempre en las fotos cuando se googlea el nombre de la ciudad.

     

    Luego de algunas largas caminatas llegamos al centro de la ciudad, una especie de acrópolis rectangular donde sobresalían dos grandes pirámides. Esta Acrópolis, se cree, fue el centro ceremonial y político de todo Tikal.

     

    Acrópolis Norte

     

    Algunas personas que se posaban en el centro iban vestidas de blanco, como lo vimos también en Palenque. Había también algunos aros de fuego en el suelo del complejo, representando alguna especie de ritual espiritual, seguramente.

     

    En la zona norte de la acrópolis había algunos arqueólogos realizando trabajos, por lo que no se podía ingresar a todos los sitios. Pero se tenían vistas muy bonitas de todo el centro.

     

    Las pirámides que se yerguen a ambos lados de la acrópolis son estructuras que cumplieron funciones funerarias. Se trata de los templos I y II, también conocidos como el Templo del Gran Jaguar y el Templo de las Máscaras. El jaguar, oriundo de la selva del sur mexicano, fue un animal venerado por los mayas.

     

     

    Templo de las Máscaras

     

     

    Desafortunadamente no se podía ascender a ninguno de estos templos, en parte por el mal estado de sus escalones. Aún así, el Templo del Gran Jaguar era la pirámide más vertical que había visto. Su pendiente era muy pronunciada, más de lo normal.

     

    Templo del Gran Jaguar

     

    Cuando salíamos de la plaza principal, un pequeño coatí se apareció caminando por la yerba. Nunca había visto uno de estos simpáticos animales ^_^ y era bueno verlo en su hábitat natural, aunque rodeado de turistas que le arrojaban comida, y a los que seguramente ya estaba acostumbrado.

     

    Un amigo nos saluda

     

    Seguimos nuestro camino cuesta arriba en la selva. A lo lejos veíamos una gran pirámide que se asomaba entre los altos árboles: el Templo de la Serpiente Bicéfala, el más alto de todo Tikal. Nos pareció ver gente en la cima, así que trataríamos de subirla.

     

    Cada vez que visito una zona arqueológica me encuentro con gente de la tercera edad que, perseverante, sube poco a poco los escalones para tener una buena vista desde la cima de las estructuras. Y siempre me pregunto si yo a su edad podré hacer lo mismo. Me siento mal de a veces cansarme tanto al subir, cuando por mi juventud, debería estar en mejor forma :big-grinB:

     

    Luego de unos escalones algo empinados, llegamos a la cima. Desde el primer momento en que dejamos atrás las copas de los árboles la vista de la selva nos dejó atónitos.

     

    Vista del centro de Tikal

     

    El verde brillante de la densa vegetación tropical parecía extenderse al infinito en el horizonte, y sólo mirar abajo desde las angostas bases de aquella antigua construcción daba un poco de vértigo, que se compensaba con el graznar de los pájaros. Los rayos del sol se posaban cenitalmente sobre nuestras cabezas, pero el suave viento en la cima aplacaba un poco el calor.

     

    Lo mejor de todo, era observar cómo la punta de las pirámides de la plaza principal se asomaban una junto a la otra desde lo profundo de la selva. Era simplemente magnífico :ohmy:

     

    Después de descansar unos minutos en lo alto, y queriendo racionar el agua hasta el siguiente día, descendimos de nueva cuenta.

     

    En el camino, Sonia empezó a hurgar en su maleta. Una carcajada nos quitó de encima todas las preocupaciones que teníamos en el día: había encontrado un billete de 100 quetzales en su bolsa. En mitad de aquel húmedo bioma saltamos de alegría y agradecimos que podríamos comer algo decente al volver a la ciudad :big-smil:

     

    La última parada fue lo que los arqueólogos llaman El Mundo Perdido, un complejo arquitectónico que tuvo funciones astronómicas, según se cree, aunque también sirvió años más tarde como zona funeraria.

     

    Mundo Perdido

     

    La arquitectura de las construcciones principales recuerdan a Teotihuacán, ciudad antigua con la que se dice que Tikal pudo tener contacto.

     

    Luego de un largo día de caminatas y sudor, esperamos a la combi y volvimos a Flores donde, felices, pudimos comer unos tacos y un poco de helado, para después mirar el atardecer en el lago Petén. Dormimos temprano aquella noche para poder cruzar al otro día de vuelta a México.

     

    Atardecer en el lago Petén

     

    Por la mañana, otra combi pasó por nosotros y otras personas para llevarnos a la frontera con Chiapas. Una vez que llegamos a la oficina de migración, el conductor nos dijo que bajáramos para sellar nuestra salida en los pasaportes y pagáramos el derecho de haber estado en Guatemala. ¿Qué? ¡¿De qué diablos estaba hablando?! No queríamos gastar ni un centavo más en ese país :mad:

     

    Nos acercamos a la oficina y hablamos con el hombre, que nos pidió nuestros pasaportes. Le explicamos que no los teníamos, pero que al entrar al país el oficial de migración nos extendió un permiso de estadía, por el que pagamos. El nuevo oficial nos dijo que ese permiso no existía :huh: ¡Vaya cuestión! Nos habían timado…

     

    No era nuestra culpa que el oficial nos haya engañado; debíamos salir del país de una vez por todas. El oficial nos dijo que, por ello, debíamos pagar un poco más por salir del país. Le dijimos la verdad: no teníamos casi efectivo, nuestras tarjetas de débito y crédito estaban bloqueadas y debíamos volver a México pronto. En seguida pude notar en su rostro el esto de Don Soborno :wacko:

     

    Sacamos todos los quetzales que nos quedaban en la bolsa. El hombre aceptó 50 por los tres. Ni siquiera sabíamos si exigir ese pago era legal, pero no podíamos hacer nada más, menos sin tener pasaportes a la mano.

     

    En fin, volvimos a la combi algo decepcionados. Llegamos al río Usumascinta, que divide a Guatemala de la parte este de Chiapas. Bajamos y el señor nos condujo a todos hasta una pequeña barca de motor. A bordo iban algunos hippies, incluyendo una mujer anciana, un señor con su perro y dos mujeres con pelos en las axilas. Bastante curioso.

     

    Cruzamos juntos el río por casi media hora. Al llegar a la orilla pisábamos al fin tierras mexicanas :D Ni siquiera tuvimos que hacer nada en la oficina de migración, pues nuestra salida del país nunca fue registrada. Así que seguimos hacia la otra combi que nos llevó de vuelta hasta Palenque.

     

    Ahí, tomamos el bus que nos llevó a San Cristóbal, donde tuvimos que regresar a la Posada de carmelita, donde varios días atrás habíamos dejado nuestras cosas. No quisimos hacerle el cuento largo contándole todos nuestros infortunios. Solamente pagamos otra noche y dormimos como nunca.

     

    Al otro día pudimos arreglar todo el asunto con las tarjetas; Sonia pudo desbloquear la suya y yo reporté la mía, que me regresarían en Veracruz. Así que pedí dinero prestado a mi mamá para que me lo depositara a la cuenta de Sonia. Pero Dany tenía que sacar más dinero. Fuimos a la estación de buses para comprar los pasajes a México D.F. Pero el cajero nos jugó otra mala pasada, y se comió la tarjeta de Dany después de darle su efectivo :O_o:

     

    Entonces me di cuenta de que ese mismo cajero es el que se había robado mi tarjeta, porque recordé que fue el último lugar donde lo usé. En fin, Dany tuvo que cancelar su tarjeta, y se obligó a vivir con ese dinero hasta que saliera del país 3 días después. Todo fue muy extraño.

     

    Nuestro último día en San Cristóbal nos encontramos con Juliana, nuestra amiga de Colombia que acababa de llegar desde el D.F. después de haber extraviado su equipaje (otra historia por contar). Nos relajamos tomando un café y contando nuestras anécdotas de las que, por fin, podíamos reírnos tranquilamente.

     

    Un café para despedirnos del sur

     

    Es por eso que cuando la gente me pregunta si no me da miedo viajar de esta forma les digo: es mejor enfrentar todos mis miedos para al final poderme reír de ellos. No hay sentimiento más agradable :rolleyes:

     

    Éste fue mi último viaje en México con este extraordinario grupo de amigos que pude hacer durante mi intercambio estudiantil. Fue la primera vez que hice muchas cosas de las cuales no me arrepiento. Y fue gracias a estos viajes que descubrí ese nuevo espíritu en mí ;)

     

    Es quizá, la señal que muchos de nosotros necesitamos para atrevernos a experimentar esas cosas a las que siempre le tuvimos miedo, y a por fin salir de nuestra zona de confort.

     

    De esta forma, les dejo el link del último capítulo de Un Mundo en la Mochila, de mi amigo Dany, donde podrán ver las travesías por Guatemala y los últimos momentos que vivimos antes de decir adiós :crying: y que cada uno volviera a su ciudad y su país de origen.

     

  17. Copacabana fue, sin lugar a dudas, la ciudad más bonita que visité de toda Bolivia. Sus casitas al pie de las sierras, sus coloridos mercados y sus espectaculares atardeceres en el Lago Titicaca la colocaron en el puesto número uno de las ciudades bolivianas en el mismo momento en que llegamos.

     

    Sin embargo llegar a Copacabana nos tomó más de un día. Habíamos dejado atrás la transitada ciudad de La Paz esquivando combis, vehículos y peatones y maldiciendo un poco aquel insoportable tráfico. La ruta, aunque menos transitada, igual se nos tornó bastante estresante por las maniobras (algo maliciosas) de algunos conductores que nos encerraban o nos pasaban casi rozando las valijas laterales de la moto.

     

    Por eso, con el sol cayendo, y ya teniendo la primera vista del Lago Titicaca, Martin completamente harto y exhausto de estas situaciones extremas, decidió que lo mejor era detenernos y pasar la noche a orillas del lago.

     

    Entre algunas casitas de pescadores que se alzaban a ambos lados de la ruta, había un llano rodeado de altos árboles en la costa donde armamos campamento y pasamos la noche.

     

    Acampando a orillas del Lago Titicaca

    Acampando a orillas del Lago Titicaca

     

    No habíamos llegado a Copacabana aún, pero ya estábamos a las orillas del Lago Titicaca y el paisaje que teníamos delante difería bastante del altiplano boliviano. Al costado de un raído muelle descansaban algunos botes que se mecían con la corriente y que luego fueron ocupados por personas que llegaban (hasta familias enteras) se subían en ellos y cruzaban al otro lado, apresurados por la llegada de la noche.

     

    Lago Titicaca

     

    A la mañana siguiente fuimos despertados por una familia de patos que se había reunido ruidosamente a desayunar en el lago :dry:

     

    Pato en el Lago Titicaca

    Patos en el Lago Titicaca

     

    Continuamos camino, ascendiendo por una sierra verde que nos regaló una vista panorámica increíble de aquel espejo de agua azul que se abría en un enorme valle. Los contrastes de colores hacían brillar de manera muy especial todo aquel lugar.

     

    Lago Titicaca, Boliva

     

    Descendimos de aquella sierra y llegamos hasta un embarque. Copacabana está ubicada en una península dentro del Lago Titicaca, pero el acceso terrestre pertenece a Perú, por lo que, para llegar desde Bolivia se debe cruzar en balsa hacia la orilla opuesta. Cuando vimos “la balsa” que nos tenía que trasladar, me arrepentí de no haber tomado nunca clases de natación. Largas tablas se apilaban en tres niveles y de alguna manera eso flotaba y era una embarcación. Nos alivió un poco ver un gran colectivo sobre la balsa que cruzaría con nosotros, si eso no hacía que se fuera derecho al fondo, nos daba algo de confianza.

     

    Cruzando el Lago Titicaca hacia Copacabana

    Embarcandonos para cruzar el lago

     

    La embarcación fue avanzando con lentitud mientras blancas gaviotas revoloteaban alrededor en busca de algo para comer.

     

    Cruzando el Lago Titicaca hacia Copacabana

     

    El azul brillante del lago era lo que más me fascinaba, y mientras el viento me zumbaba en los odios, fui fotografiando todo el paseo.

     

    Cruzando el Lago Titicaca hacia Copacabana

     

    Cuando finalmente llegamos al otro extremo debimos pagar al balsero y un poco desorientados le preguntamos por el camino a seguir para llegar a Copacabana. Evidentemente el colectivero que venía con nosotros no tenía ganas de esperar, y sin previo aviso encendió el colectivo y empezó a descender de la balsa marcha atrás. Cuando Martin vio el colectivo venírsele encima aceleró rápidamente, pero las ruedas se trabaron en las rotas tablas de la balsa, por lo que el balsero debió saltar y empujar la moto para evitar que muriéramos aplastados por un colectivo. El balsero le gritó algunas barbaridades al colectivero que también contestó agresivamente y se marchó sin más. Con el corazón palpitándonos a mil, continuamos la ruta…. Hermosa bienvenida :mellow:

     

    Sólo pocos kilómetros más adelante, cruzando por entre las sierras llegábamos finalmente a Copacabana. La ciudad baja en desnivel hacia la costa del lago y crece hasta los pies de los montes. Nos dirigimos directo a la playa y siguiendo las indicaciones de algunas personas a quienes preguntamos, bordeamos el lago, alejándonos un poco del centro y llegamos a un camping. Hacía tiempo que no acampábamos en un camping oficial!

     

    Copacabana, Bolivia

    El pueblo de Copacabana

     

    El dueño del lugar nos recibió amablemente y con toda la buena onda, lo cual, después de tantos roces con los bolivianos, era algo que nos alegraba bastante el ánimo. Aquel lugar era muy tranquilo y era exactamente lo que buscábamos, estábamos decididos a quedarnos a descansar un par de días.

     

    En nuestro primer paseo por la ciudad, nos llevamos una gran sorpresa al descubrir que el 70% de los turistas o viajeros que llegaban a Copacabana eran argentinos. No podía evitar sentirme un poquito más cerca de mi casa cuando escuchaba algún “chee, boludo…mira que copado este laagoo!:big-smilB:

     

    Copacabana, Bolivia

     

    Una de las construcciones que más llaman la atención de Copacabana es la Basílica de Nuestra Señora de Copacabana, la virgen más venerada de toda Bolivia. Como tal, es muy común ver multitudinarias peregrinaciones que llegan desde todos partes del país hasta aquella iglesia. Aquel fin de semana podíamos ver familias enteras que llegaban con sus autos a un ritual muy curioso donde se adornan los vehículos con flores, colores, guirnaldas y son bendecidos por un cura, para protegerlos de los accidentes en las vías… lo cual me parecía una excelente idea, ya que no exagero cuando digo que las carreteras de Bolivia son realmente peligrosas.

     

    Basílica Nuestra Señora de Copacabana

    Basílica Nuestra Señora de Copacabana

     

    La catedral destaca por su diseño tan contrastado con las humildes y coloniales edificaciones del pueblo. Pero había leído por ahí que justamente fue construida por lo españoles, allá por el 1580 de esta manera tan llamativa para opacar la cultura Aymara, el pueblo originario que habitaba esas tierras, e imponer el cristianismo.

     

    Basílica Nuestra Señora de Copacabana

     

    Como decía al principio, los atardeceres en Copacabana son dignos de un cuadro pintado al óleo. El cielo se tiñe de colores rosados y se esfuman como pinceladas, mientras el Lago Titicaca calma sus aguas y todo parece detenerse. Las balsas apenas se mecen en la orilla y algunos turistas dan un último paseo por la costa, porque, eso sí, las noches en Copacabana se tornan muy frías.

     

    Copacabana, Bolivia

     

    Y entonces, cuando cae la noche, el pueblo se llena de movimiento y luces. Porque recordemos que Copacabana es uno de los puntos más turísticos de Bolivia. Restaurantes, bares y confiterías abren sus puertas, llenan las calles de músicas y de empleados a tiempo completo (por lo general viajeros…. Viajeros argentinos :giggle: ) que suelen acosarte cada 10 pasos para convencerte de entrar a tal o cual bar. Entre las calles, más adentro del pueblo, se levantan ferias donde uno puedo conseguir de todo, como ya veníamos acostumbrados en Bolivia.

     

    Copacabana, Bolivia

     

    Uno de los últimos días que nos quedábamos en Copacabana y también en Bolivia, fuimos a caminar por la orilla del lago, hacia el lado opuesto de la ciudad. Sólo se levantaban algunas pocas casitas y luego todo era arena, piedras y el inicio de una sierra que cerraba el extremo del Titicaca.

     

    Lago Titicaca, Bolivia

     

    Mientras mojaba los pies en el helado lago, y Martin se echaba una siesta bajo la sombra de un árbol, hacía un pequeño análisis en forma de conclusión de aquel gran país que pronto abandonaríamos.

     

    Bolivia quedaría marcada como mi primera experiencia de viaje fuera del país. Y como todo primer intento, había tenido sus altibajos. Al principio me había chocado bastante la forma de ser de sus habitantes y me había molestado mucho. Pero de a poco, uno va adaptándose como el invitado que es, a las “reglas de la casa” y, a fin de cuentas, yo podía identificarme en algo con Bolivia. Yo también actuaba bastante cerrada, recelosa y hasta algo tímida con todo esto nuevo que se me presentaba…. Quizás es como dicen: lo que te molesta de lo demás es lo que uno mismo no tiene resuelto, y sólo había que aceptar y entender cada situación en particular.

     

    Lago Titicaca, Bolivia

     

    Me abrumaba un poco pensar que, después de tantas cosas vividas en los últimos 5 meses, el ascenso por Latinoamérica recién iniciara y, no voy a mentirles, con aquellos colapsos que había tenido, también comenzaba a dudar de si realmente tenía las agallas para hacer aquel viaje :confus:

     

    Pero sólo bastaba alzar la vista y ver ese maravilloso lugar donde estaba para saber que si aquello era la recompensa de todos los tropiezos que podía tener en el camino, bien valdría la pena :smug:

     

    Copacabana, Bolivia

     

    Al día siguiente desarmamos la carpa, nos despedimos de los demás acampantes (argentinos :big-grinB: ) y encaramos para el paso fronterizo a Perú. Está de más describir la emoción que teníamos por cruzar a este país, después de todo lo que habíamos escuchado hablar de él. Pero, la emoción duró bastante poco al llegar a la frontera y encontrarnos con una larga fila de autos esperando. El paso estaba cerrado, porque los empleados estaban ALMORZANDO :dry: . Bueno, con los últimos vestigios de paciencia que aún nos quedaban esperamos hasta que finalmente todo se puso en movimiento y en pocos minutos ya estábamos esperando a ser atendidos en ventanilla para tramitar la salida de Bolivia.

     

    Copacabana, Bolivia

    Nos vamos de Copacabana...o eso creíamos..

     

    Un policía de la aduana se acercó a nosotros en ese momento y con poca amabilidad nos pidió los papeles de ingreso al país. Le entregué todos los papeles que tenía en la mano, y manteniendo la misma postura arrogante los revisó uno a uno. Sin mirarme me los devolvió diciendo que esos no eran los papeles. Me puse pálida como una hoja…. ¿cómo que no eran? ¿De qué papeles me estaba hablando entonces?? :eek: Nerviosa, revisé todos mis bolsillos, billetera, cartera, en busca de ese “papel”… pero nada. Como habíamos hecho el cruce de Argentina a Bolivia simplemente con el documento de identidad, no teníamos un sello en el pasaporte. Entonces recordé lo desorganizado y confuso que había sido el ingreso, desde La Quiaca y supe de inmediato que el incompetente de la aduana nunca nos había dado ningún papel. :confus:

     

    Como era una de nuestras primeras salidas del país, para mi aun todo era confuso, que los papeles de entrada, de salida, de la moto, los sellos, las firmas…. Y evidentemente nunca había notado que no me habían hecho entrega del documento de ingreso al país. :crying:

     

    Cuando escuché al oficial de la aduana amenazarnos con que debíamos pagar una multa de 300 bolivianos CADA UNO (algo así como 120 DOLARES) por evasión de aduana, entré en desesperación y comencé a revolver las mochilas y las valijas de la moto en busca de ese $#@& papel! :eek: :eek: No podíamos pagar semejante suma de dinero, no con las monedas contadas como las teníamos para continuar nuestro viaje!

     

    El desagradable hombre nos dijo que la única opción que teníamos era viajar hasta La Paz, y dirigirnos al edificio de Migraciones para hacer la denuncia y pedir un duplicado. Pero, aclaró, si no estábamos registrados en el sistema, no podrían hacernos el duplicado y deberíamos pagar la multa.

     

    La amargura me cayó como un balde de agua helada. Le pedimos al oficial si no podían comunicarse en aquel momento con Migraciones de La Paz para verificar si estábamos o no en el sistema, lo cual nos ahorraría tiempo y plata. Pero el “adorable” hombre se negó a hacerlo. Sinceramente tenía ganas de destrozarles todas las oficinas y cortarles las gargantas a todos y cada uno allí adentro.

     

    Resignados y tragándonos toda la bronca, no nos quedó otra que volver “con el caballo cansado” de regreso al camping, donde nos recibieron sorprendidos, pero consolándonos con unas pizzas caseras hechas al horno de barro.

     

    Al día siguiente, nos despertamos a las 6 de la mañana! (me hicieron levantar temprano :madd: ) y nos tomamos una combi hasta La Paz. Hasta ese momento siempre nos habíamos manejado con vehículo propio, pero esta vez experimentaría en carne propia el famoso transporte público que tanta mala fama tiene en Bolivia. :excl:

     

    Lago Titicaca, Bolivia

    Camino a La Paz

     

    La combi se llenó hasta explotar (realmente me hacía recordar a esos pequeños autitos de las caricaturas del cual comienzan a salir decenas de payasos), e iniciamos el camino hasta La Paz. En cada curva que doblaba mientras avanzábamos por las sierras, yo sentía que las ruedas laterales quedaban en el aire y me aferraba al asiento mientras me estampaba contra la ventanilla. Pero supongo que estaba bastante somnolienta y en menos de lo que esperaba, ya estábamos en La Paz.

     

    Yo pensé que no volvería a aquella ruidosa ciudad, pero allí estábamos nuevamente. Nos tomamos otra combi que a las tres cuadras se detuvo por completo por una falla y terminó dejándonos a pie. En medio de aquel centro, en hora pico, fuimos cuasi corriendo entre la multitud de personas y cruzando por entre combis y vehículos hasta que, con la lengua afuera, llegamos a las oficinas de Migraciones.

     

    Otra vez en La Paz! x.x

    Las calles de La Paz

     

    Una muy estirada mujer nos atendió y antes de que pudiéramos explicarle por completo el motivo de nuestra presencia, nos cortó bruscamente diciendo que aquello era “evasión de aduana y que debíamos pagar una multa de 300 bolivianos”. La calma se me fue desquebrajando por dentro :madd: , pero Martin, más centrado, le explicó que debíamos hacer la denuncia y el duplicado y que no íbamos a pagar la multa.

     

    La mujer nos envió hasta la policía turística, que quedaba alrededor de 15 cuadras más abajo, así que salimos corriendo (sólo teníamos una hora antes de que Migraciones cerrara :eek: ), llegamos al destacamento, realizamos la denuncia y con todos los papeles correspondientes regresamos.

     

    El colmo máximo fue cuando el hombre que nos atendió en Migraciones, apenas al escucharnos decirle que veníamos a pedir el duplicado del papel de ingreso, tomó una ficha de un cajón y simplemente nos la dio para que completáramos nuestros datos. Ni chequeó en el sistema, ni siquiera miró las copias de la denuncia :dry:

     

    Sello y volvimos a Copacabana.

     

     

     

     

     

     

     

     

    Entrá a mirar el álbum :whistling:

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  18. Un destino muy conocido por los deportes relacionados con el viento es Ceará. Este sitio es muy buscado por los amantes del Kitesurf y del windsurf y también es una buena opción para turistas curiosos, ávidos de nuevos paseos, como es mi caso. Vale aclarar que los “deportes de viento” no me atraen, prefiero los de invierno. Además, en este viaje tenía en mente la idea de broncearme y descansar.

     

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    Primera parada: Canoa Quebrada

    El primer punto que visitamos fue Canoa Quebrada. En sus cuadras cada noche se da un encuentro único donde tienen cita artesanos ambulantes, músico, bailarines espontáneos que llevan el ritmo en su sangre, trotamundos y todo tipo de curiosos. La “fiesta” dura hasta el amanecer. Nadie parece cansarse ni querer irse a dormir.

    Hace muchos años atrás, este sitio supo ser una Aldea de Pescadores además de un reducto hippie. En su calle central siempre existieron algunos “mercadinhnos”. Dicen los lugareños que nunca antes había habido tanta gente como ahora, hoy la peatonal de difícil pronunciación: “calçadão es un hormiguero humano y doy fe de ello. A la tardecita cuando van terminando las horas de playa, el lugar se llena de gente.

    Algo que me llamó la atención, fue enterarme por los lugareños, que cada playa tiene su color. En el caso de Canoa Quebrada, la playa tiene un color rojo ladrillo, pero también las hay de color blanca muy blanca y también azules. Canoa Quebrada es un lugar realmente enigmático.

     

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    Historia en Aracatí

    Para conocer el pasado de Ceará, lo mejor es recorrer el centro histórico de Aracatí y eso fue lo que hice un día un poco nublado.

     

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    Los centros históricos siempre tienen su encanto y son una invitación para conocer el pasado del lugar.

     

    Es muy llamativo, ver las fachadas de los edificios, casi todos ellos tienen dos plantas, algunos esperan ser restaurados (o deberían serlo), tienen llamativas decoraciones con azulejos reflejando el antiguo gusto portugués y colores fuertes. La variedad de formas y de diseños es increíble, hay tramas y diseños en gamas del verde, también del amarillo, blanco y azul.

     

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    No pude con mi genio, de querer saber de dónde provienen los nombres y le pregunté a uno de los lugareños, quien me respondió que el nombre proviene de la lengua tupí y que significa “aire perfumado”.

    Luego de dar el primer recorrido por Aracatí y apreciar las fachadas del lugar, me senté a almorzar en uno de los restaurantes más recomendados.

    Desafortunadamente había varios platos a base de pescados y cangrejos, cosa que no me atrae en lo más mínimo, debo admitir que estoy considerando la idea de hacerme vegetariana, cada vez consumo menos carne. Lo que hice fue optar por algo refrescante. En realidad no tenía tanta hambre, sólo cansancio y sobre todo sed, mucha sed.

     

    El punto en que se pone más interesante el viaje: Fortaleza

    Llegué a la capital del estado, una ciudad que es llamada como ciudad noctámbula, hay quienes dicen que es la meca de los noctívagos.

     

    En Fortaleza, al caer el sol empieza la fiesta y dura hasta la mañana siguiente. Hay de todo para hacer… visitar restaurantes de moda, recorrer las ferias de artesanos en las playas, ir a bares con música en vivo, la verdad que las opciones son inagotables. Me hubiera gustado quedarme más tiempo, adoro bailar y sobre todo al compás de la música brasilera. Hay varios clubes, o como les llamo yo, boliches, en donde se pasa muy buena música.

     

    Pero no sólo la vida nocturna es lo que tiene Fortaleza para ofrecer, sus playas tienen su encanto. Praia de Iracema, fue la primera que visité. Es un punto muy elegido para eventos importantes, sobre todo los deportivos, y también para megashows. Dicen que el evento más importante es la Fiesta de Año Nuevo de Fortaleza, donde van más de un millón de personas.

     

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    También aproveché las tardes de Fortaleza para conocer la playa de Titanzinho, la playa más chica de fortaleza. No es para nada turística, quizás ese motivo fue lo que me dio curiosidad para ir. Es muy buscada para la práctica de surf, no conozco nada de surf, pero de todas formas fue divertido ver a chicos hacer piruetas en el agua con sus tablas.

     

    Pero, como si a Fortaleza no le bastaran las largas noches divertidas y las espectaculares playa, también tiene varios shoppings. Así que reservé uno de los días en que estuve por allí para conocerlos y también para hacer compras.

     

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    Además de llevar algunos regalos, no dudé en comprar el típico souvenir cearense, la llamada “Garrafa de Areia Colorida”. Se trata de unas botellitas con diseño de paisajes hechas con arena. Las más conocidas son las de Canoa Quebrada, además como fue uno de los puntos que más me gustó del viaje, aproveché para comprar esas.

     

    Con las valijas algo más abultadas por las compras, con el cansancio de las tardes de sol y de las noches de baile, volví hacia mi ciudad. Costó mucho acomodarse a la rutina después de haberla pasada tan bien. Por supuesto que ronda en mi mente la idea de planificar otro viaje a algún punto de Brasil…

  19. Una vez que Sonia, Dany y yo dejamos a Guille atrás y no dejábamos de pensar en cómo le estaría yendo en la frontera con Guatemala :unsure: seguimos nuestro camino a bordo del moto taxi de Germán.

    Tan sólo unos minutos después de haber salido de Chinkultik, el paisaje a la orilla de la carretera comenzó a cambiar drásticamente. Abandonamos las llanuras y los árboles pequeños y nos adentramos en un tupido bosque de pinos y cedros, que daban la pinta de una carretera canadiense o algún sitio de la taiga del norte.

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    Esa es la imagen del Parque Nacional Lagos de Montebello.

    Ubicado al sur del estado de Chiapas, justo en la frontera con Guatemala, es impresionante cómo el clima y el ecosistema puede ser tan distinto a su hermana la Selva Lacandona, que se encuentra a unos pocos kilómetros al noreste.

    El conductor se desvió de repente, e hicimos nuestra primera parada en uno de los lagos. El viento era ya bastante fresco, estábamos a punto de comenzar el invierno. Al bajar del taxi, Sonia fue interceptada por dos pequeños chiapanecos que empezaron a recitarle algunos poemas que la halagaban como mujer. Por supuesto, buscaban dinero. Cabe decir lo insistentes que son a veces los vendedores en el sur del país.

    El lago era azul, y a lo lejos se veía una pequeña isla verde. Los lugareños nos decían que podíamos acampar ahí y al otro día navegar a la isla en una balsa que nos rentarían. El suelo era bastante lodoso a la orilla de esa laguna, así que decidimos seguir mirando el resto del Parque Nacional y con suerte encontraríamos un mejor lugar.

    La segunda parada la hicimos en "Cinco Lagos" , un conjunto de pequeñas lagunas que emergen entre algunos montes de poca altura. La vegetación no puede ser más hermosa en esta zona, y la vista simplemente genial.

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    A lo alto de estas montañas se rentan algunas cabañas pintorescas, pero no hay sitio para camping. Como nuestro presupuesto no daba para más, decidimos seguir el tour y probar suerte en el siguiente lago.

    La parada fue el Lago de Tziscao, el más grande del Parque. A la orilla del mismo hay una pequeña población. Pasamos el poblado y bajamos a la orilla. Un señor que vive ahí, en una pequeña cabaña de madera, nos ofreció sitio para camping con derecho a baño por 100 pesos la noche. Así que armamos la carpa y despedimos a Germán, no sin antes hacer cita con él para que nos fuera a buscar al otro día y nos llevara de vuelta a tomar el bus a San Cristóbal.

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    El señor también nos ofreció tener lista una balsa de troncos para el amanecer, así podríamos recorrer el lago remando. Antes del anochecer queríamos algo de comer. No había tiendas o restaurantes abiertos en la pequeña plaza cerca del lago. Debíamos ir al pueblo, pero era algo lejos caminando. Así que pedimos a un señor si nos podía llevar en su camioneta, que estaba aparcada frente a nuestro camping. Dijo que sí, pero debíamos "esperar" a alguien.

    De repente, unos señores aparecieron entre el bosque detrás de nosotros, cargando grandes bultos cubiertos y corriendo hacia nosotros. Eran guatemaltecos que cruzaban la frontera ilegalmente para pasar mercancía :ohmy: . Dany preguntó "qué tipo de mercancía era", nos dijeron que "ropa".

    En fin, nos llevaron a un restaurante a la orilla de la carretera, donde comimos unas empanadas. Volvimos al camping y dormimos.

    Al siguiente día despertamos y la balsa estaba ya lista, esperándonos junto al agua. Subimos a la austera embarcación y tomamos cada quien un remo. El suelo del lago es bastante lodoso, y era fácil resbalar.

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    Remamos con y contra la corriente para poder llegar a la Isla de la Tortuga, un pequeño islote en medio del agua. El paisaje alrededor era muy lindo, y el clima nos ayudó bastante.

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    Luego de más de una hora de remar, volvimos a la orilla y devolvimos la balsa. Casi al mediodía, Germán apareció en su moto taxi, como prometió.

    Preguntó a dónde queríamos que nos llevara, y le dijimos que en cualquier sitio de la carretera donde pudiéramos tomar una combi hacia San Cristóbal, pues debíamos retornar a la Ciudad de México, y nuestro viaje terminaba.

    Nos comentó que quizá podíamos alcanzar a Guille en Guatemala, pero ninguno de nosotros cargaba pasaporte. Nos dijo: "no lo necesitan, pueden entrar con un permiso, la frontera es muy fácil".

    No habíamos planeado cruzar a Guatemala :ohmy: no nos quedaba mucho dinero ni teníamos los papeles. Pero Germán metió un gusanito en nuestra mente de volver a ver a Guille al otro lado. Los tres nos miramos unos a los otros y, sin pensarlo, aceptamos la oferta.

    No teníamos una idea de qué hacer, a dónde ir ni cómo era Guatemala. Pero una vez dentro del país, intentaríamos llegar a Tikal, la ciudad maya. Así que con ambas motivaciones nos hicimos al camino sin saber lo que nos esperaba...

    Les dejo el álbum con la segunda parte de las fotos de Chiapas:

    Y la segunda parte del capítulo 7 de Un Mundo en la Mochila, donde podrán ver en video a color y en HD nuestras aventuras de relatos anteriores y éste :rolleyes:

  20. Como ya os dije, íbamos a ir descubriendo un poco de la tierra del Quijote. Esta vez haremos otra parada en Albacete, Ossa de Montiel, aunque en realidad nuestras visitas turísticas estarán en Ciudad Real, más concretamente en Ruidera, un paraje natural precioso para pasar unos días y desconectar del mundo.

     

    En principio se escogió Ossa de Montiel porque el alojamiento era más asequible, y todo sea dicho, yo quería ver molinos :blush: y en el complejo de casas rurales había uno.

     

    Buscamos la oficina de turismo del pueblo, la cual se encontraba a la salida del mismo. La oficina se distingue porque en la entrada hay dos estatuas de piedra, una cada lado de la puerta, de Don Quijote y Sancho Panza. La mujer que había allí nos informó de todo lo que queríamos ver, y os animo a que si vais os paséis antes por la oficina, porque sin el plano que nos hizo ella se nos hubiera hecho muy difícil llegar a todo bien.

     

    Salimos de la oficina, con un frío que pelaba esa mañana y nos fuimos dirección Ruidera, para ver las famosas Lagunas de Ruidera, que a decir verdad, el ochenta por ciento de las lagunas pertenecen a Ossa de Montiel, no a Ruidera, pero ya se sabe, unos crían la fama y otros cardan la lana.

     

     

    Siguiendo las señas que la oficinista nos dio, buscamos exitosamente un restaurante, “Los Balcones”, donde comenzaría nuestra ruta. Ya allí es sólo seguir las indicaciones. Empezamos a andar y fuimos viendo las distintas lagunas, Laguna Redondilla, Laguna Tinaja, Laguna San Pedro, Laguna Tomilla y Laguna Conceja, esas fueron todas las que vimos por la mañana. En verano algunas lagunas son de baño permitido, es el caso de Laguna Redondilla y Laguna San Pedro. El paseo se puede hacer andando o en coche, pero ya que estamos, ¿qué mejor que disfrutar de un buen paseo viendo agua, patos y árboles? Estas son algunas vistas de las lagunas.

     

     

    Laguna Tinaja

     

    Laguna Conceja

     

    Laguna Redondilla

     

     

    Por la tarde, teniendo en cuenta que Ossa de Montiel no es muy grande, fuimos a dar un paseo por el pueblo. Vimos la plaza principal, donde estaba el Ayuntamiento, una fuente de agua y una estatua dedicada al hidalgo Don Quijote de la Mancha.

     

     

    Plaza del Ayuntamiento

     

    Don Quijote

     

     

    Unas calles más allá vemos la iglesia de Santa María Magdalena, que proviene de la Orden de Santiago. La iglesia es una mezcla de estilo gótico, mudéjar y romano.

     

    Iglesia de Santa María Magdalena

     

     

    En el pueblo también podemos visitar “Los caños”, “El rollo” y el museo etnográfico, en el cual veremos los oficios y costumbres de la localidad. Para visitar el museo hay que pedir cita previa en la oficina de turismo, y los demás son parques del pueblo. A la salida del pueblo encontramos una destilería de alcohol aromático, donde es visitable y te explican como elaboran los productos. Hay que llamar y pedir cita previa, al igual que en la Cueva Champiñón, que se encuentra al lado de la destilería. En esta cueva se cultivaban champiñones, pero ahora se ha reconvertido en centro de interpretación de la localidad y el entorno.

     

    A la entrada del pueblo hay este monolito donde volvemos a ver la figura del hidalgo manchego.

     

     

    Monolito de Don Quijote

     

    Al día siguiente madrugamos para ir a Ruidera, dar un paseo por el pueblo y ver “El hundimiento”, y no, no es la película que habla sobre Hitler, es una cascada preciosa de quince metros, que se produjo a raíz del hundimiento de una barrera travertínica, de ahí el nombre. Estas son las vistas…

     

    El Hundimiento

     

     

    Después fuimos a ver la Laguna del Rey, vimos su pequeña presa y el puente, muy bonitas las vistas.

     

    Pequeña presa

     

    Puente de Ruidera

     

     

    Un paseo rápido por el pueblo, y cogimos el coche para ir a Argamasilla de Alba, allí nos esperaba el Castillo de Peñarroya. La entrada es libre. El castillo se sitúa al lado del embalse de Argamasilla y actualmente se encuentra en restauración de una de sus partes. Actualmente acoge a la patrona del pueblo, Nuestra Señora de Peñarroya, que fue descubierta al conquistar los cristianos la fortaleza musulmana.

     

    Castillo de Peñarroya

     

     

    Ya era hora de comer, así que había que coger fuerzas que por la tarde nos esperaba Don Quijote…

     

    Cerca de Ossa de Montiel, a unos tres o cuatro kilómetros, nos esperaba uno de los capítulos del libreo de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha. Fuimos a ver la Cueva de Montesinos. Ataviados con nuestros cascos y linternas nos introducimos en lo profundo de esta cueva, ochenta metros de leyenda hecha historia.

     

    Cueva Montesinos

     

     

    La cueva en sí es una cavidad kárstica que por las filtraciones de la lluvia y los desprendimientos naturales han formado estalactitas muy chulas y de colores como es el caso de una que es de color azul, muy pocas en el mundo.

     

    Estalactita

     

     

    Aquí fue donde Miguel de Cervantes se inspiró para escribir el mayor encantamiento que sufrió el hidalgo en los capítulos doce y trece de la segunda parte de la obra literaria. La visita se hace muy amena, ya que no sólo te explican la geología de la cueva, sino que el guía te adentra en la historia de porqué don quijote vio allí a su amada Dulcinea. Es muy recomendable llevar a los niños, se lo pasarán genial viviendo una parte de la literatura universal, y si ya les ponen cascos y linternas, se quedarán encantados…y nunca mejor dicho…

     

     

    Una vez acabada la visita, seguimos carretera adelante y cogimos el desvío que nos llevaría a ver las ruinas del Castillo de Rochafrida. Fue castillo musulmán hasta que los cristianos se hicieron con él. Para aquellos amantes de la lírica, las ahora ruinas del castillo, fue inspiración de dos romanceros medievales muy conocidos, Rosaflorida, en honor a la dama del castillo, y Fontefrida, en honor a la fuente que había a los pies del castillo.

     

    Castillo de Rochefrida

     

     

    Desde cerca no se aprecia bien que los restos sean de un castillo, así que tomé la foto de lejos para ver mejor la perspectiva.

     

    Y ya por último, antes de que se hiciera de noche, hacerle una foto al molino de viento que nos estaba cuidando en el recinto.

     

     

    Molino de viento

     

     

    Y este ha sido todo el fin de semana, un pequeño trozo de Castilla más conquistado, seguiremos avanzando en nuestra cruzada por la tierra del Quijote ;)

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    Relatos Recientes

    Es bien conocido por todos, que en el Viejo Continente, es decir en Europa, los países que se ubican más al sur son “más exóticos”. Uno de los países que tuve oportunidad de conocer hace poco tiempo fue Croacia: una joven república con un largo convulsionado pasado de identidad negada y recuperada. Su presente está marcado por turistas y viajeros deseosos de conocer “la otra Europa”.

    Pero no solo su pasado y su posición en el mapa eran las cosas que me motivaron a llegar a estas tierras, también sus puntos turísticos…

     

    Al llegar a “tierra firme” fui descubriendo varios secretos del lugar, gracias a los folletos turísticos y también gracias a los relatos de los lugareños. Algunas de las cosas interesantes que recuerdo son…Es un país que recientemente se incorporó a la Unión Europea, es un país con más de 1200 islas (me dieron ganas de tener tiempo y plata para conocerlas a todas), con ciudades protegidas por la UNESCO y, este país exótico tiene unos ocho Parques Nacionales.

     

    Hice la primera parada en la ciudad capital, Zagreb. Una ciudad donde llama la atención como los “zagrebíes” toman café, sentados en las terrazas sin ningún apuro. Yo, creía que esta era una costumbre netamente argentina, pero, dicen que los sábados aquí el “cafecito” es toda una moda y un acontecimiento para el cual todos se hacen tiempo.,,

     

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    Una cuestión que me llamo mucho la atención de Zagreb, es que no es una ciudad netamente consumista. No se ven las grandes tiendas típicas de Europa, como las de Francia o Italia. Es más austero, pero no por ello feo o aburrido. Es diferente a los otros países de Europa. Tiene su encanto propio, su particularidad.

     

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    La calle principal es Ilica, aquí se levantan vidrieras sobrias. Predominan las casas de zapatos y sombreros (cosa que también me llamó la atención, porque en mi país los sombreros cada vez se usan menos). La ropa es sumamente discreta, como ya dije, nada que ver con las deslumbrantes tiendas de otras capitales europeas o grandes metrópolis americanas.

     

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    Siguiendo con las curiosidades (cosa que me encanta), aquí va una… ¡La corbata nació en Croacia! Fueron los soldados croatas quienes empezaron a marcar esta tendencia, que en la actualidad sigue en vigencia. Ellos colocaban en sus cuellos, pañuelos atados de los cuales colgaban extremidades. Los franceses (siempre interesados en la moda), no pasaron por alto este detalle, para ellos desconocido y no dudaron en incluirlo en su vestuario.

     

    Los franceses le pusieron el nombre de “Cravate”, una derivación de la palabra croata. Con el tiempo, la original “Cravate” se modernizo y llegó a tomar la forma que tiene hoy en día, elegante y, como dicen casi todos: complicada de colocar. La corbata original se puede ver en una boutique de Zagreb.

     

    Otro de los lugares que visité en el país exótico de las curiosidades, fue un lugar maravilloso de nombre un tanto complicado de pronunciar (que aún no logré poder enunciar correctamente) Plitvice.

     

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    Se trata de un Parque Nacional, ubicado nada más que a dos horas de Zagreb. Es un lugar encantador, como todo espacio protegido, difícil de describir con palabras.

     

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    Recomiendo que lo visiten. Es uno de los puntos más elegidos para “dar el sí”. Dicen los lugareños, que muchas parejas eligen este escenario natural para casarse. Según me contó el guía que nos acompaño a Plitvice, anteriormente, todos los 25 de mayo tenían lugar allí, decenas de casamientos. Inmediatamente le pregunté el por qué de la fecha, a lo que el me respondió: es el día del cumpleaños de Tito, los casamientos eran cientos.

    Otra curiosidad es un museo muy especial, el Museo de Broken Relationships. Es un espacio que fue creado por una pareja de artistas tras su separación. Como no sabían qué hacer con sus cosas en común y regalos, decidieron ponerlos en un museo.

     

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    Es un museo nuevo, fue inaugurado en el 2010, hay de todo. Son varios quienes tras separarse, donan los objetos para enriquecer al museo. Abundan los ositos de peluche, los vestidos de novia e inclusive vidrios rotos tras peleas. Eso sí, también se venden souvenires para olvidar los malos momentos.

    Después de pasear unos días fugaces por Zagreb, me despedí de la ciudad donde nació la corbata y donde las relaciones terminadas se transforman en arte, pero antes compré algunos "licitar". Es un souvenir que aunque parezca de plástico, es un pastel exquisito con sabor a miel. ¡Riquísimos!

     

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