AlexMexico

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Sobre AlexMexico

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  • Tipo de Viajero
    Viajero Independiente
  • Vivo en
    Veracruz, México
  • Intereses
    Periodismo, escritura, viajes, gastronomía, senderismo, naturaleza
  • Mis Viajes
    México, Guatemala, Perú, Bolivia, Argentina, Chile, España, Francia, Marruecos, Italia, Bélgica, Suiza, Austria, Alemania, Polonia, Porto, Ámsterdam, Praga, Budapest
  • Mi Próximo Viaje
    Escandinavia, Islandia y Gran Bretaña

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  1. Tras los inauditos retrasos que hasta ahora había vivido con el sistema de transporte alemán, visitar dos ciudades un mismo día parecía una misión imposible en mi viaje por el centro de Europa. Y una tarea cansada que no pretendía experimentar. Pero Rothenburg estaba más cerca de Núremberg de lo que había imaginado. Y mi anfitrión, Sadettin, llenó una tesis de razón cuando me dijo: “si viniste a Núremberg sin haber visitado Rothenburg te vas a arrepentir cuando vuelvas a casa”. Fue gracioso, entonces, haber llegado a Núremberg sin visitar primero Núremberg. Pero aquel jueves de octubre nos propusimos sacar el mayor provecho del día. Y así lo hicimos. Antes de la 1 p.m. estábamos ya de vuelta, después de haber viajado hasta Rothenburg en una telaraña de transbordos en tren. Es difícil encontrar en Couchsurfing anfitriones que, como Sadettin, se tomen el día libre para mostrar a los viajeros los rincones más bellos de su ciudad natal. Sin lugar a dudas había corrido con mucha suerte. Sadettin es uno de muchos chicos nacidos en Alemania que descienden de una larga lista de familias turcas. Cosa que poca gente en el mundo sabe, lo cual me incluía a mí. La expresión en mi cara al enterarme que el Döner Kebab es un platillo alemán probó aquel mismo estupor que sorprende a la mayoría (bueno, un platillo alemán creado por inmigrantes turcos). Sin embargo, Sadettin, como el resto de los turco-alemanes, son una viva y sugestiva mezcla entre occidentales y orientales que aman ambas culturas. Y por ello, Sadettin no vaciló en querer mostrarme su ciudad y su centenaria historia. Núremberg es parte del estado alemán de Baviera, en su frontera norte. También forma parte de la histórica región de Franconia, que nació a partir del antiguo Ducado de Franconia. Sin embargo, la triste realidad es que la mayoría de las personas que hablan hoy de Núremberg lo hacen por otra razón: la Segunda Guerra Mundial. Y no solo como el resto de las ciudades alemanas. Más adelante hablaré del porqué. Pero Núremberg ha sido uno de los puntos más centrales en toda la historia de Alemania. Y todo comenzó en la lejana Edad Media. Tras siglos de haber caído el Imperio Romano de Occidente, un hombre llamado Carlomagno se dio a la tarea de hacer renacer a Roma. Si bien, su hazaña no fue posible, su herencia dejó a dos grandes imperios que dominaron con hegemonía el centro del Europa por varios siglos: el reino de los francos y el naciente Sacro Imperio Romano Germánico (que casi un milenio después daría nacimiento a Alemania). Este último fue por muchos años el favorito del Papa, quien era el encargado de coronar a los emperadores europeos. El Sacro Imperio Romano Germánico reinó varios territorios de la Europa Central por casi mil años. Pero nunca estuvo realmente unido como un solo estado nación. De hecho, era una agrupación de varios reinos, ducados, señoríos y ciudades estado, cuyo máximo líder era el emperador, quien se encargaba de que sus miembros no lucharan entre sí. De todos los territorios que formaban el vasto imperio, pocos fueron los que gozaron de una verdadera libertad política. Y entre las escasas ciudades privilegiadas se encontraba Núremberg. En el año 1219, Núremberg fue nombrada Ciudad Imperial Libre. Esto le concedía el honor de rendir cuentas directamente al emperador, y no a duques, marqueses, príncipes, obispos ni a ningún otro tipo de señorío feudal, como en el resto de los estados miembros del imperio. Esto hizo de Núremberg una ciudad siempre a la vanguardia. Su riqueza dependía solo del emperador, por lo que su arquitectura pronto se distinguió de las demás ciudades. Sobresalió en arte, política y comercio. Y aquel brillo que emanaba de Núremberg es posible todavía admirarlo hoy (aunque la totalidad de la ciudad haya sido reconstruida). Una de las mayores atracciones en su centro histórico es el llamado triángulo gótico, un conjunto de tres majestuosas iglesias que combinan lo hermoso del arte gótico sobre cimientos románicos construidos anteriormente. La primera con la que Sadettin y yo nos topamos caminando desde la estación de tren fue con la Iglesia de San Lorenzo, que si bien fue construida antes de la Reforma Protestante, es usada ahora para el culto evangelista. Núremberg fue, de hecho, una de las primeras ciudades en aceptar el protestantismo cristiano tras las ideas de Martín Lutero, lo que no agradó a muchos de sus vecinos católicos. Pero finalmente dio el ejemplo, ya que el protestantismo acabaría expandiéndose por casi la totalidad del imperio, además de estados vecinos como Holanda, Inglaterra y los países escandinavos. Pronto alcanzamos el río Pegnitz, que atraviesa la ciudad de oeste a este, y en cuya orilla se yergue el antiguo hospital. Es difícil creer como algo tan poco regocijante, como un hospital, pudiese haber sido construido con tan exquisito gusto. Era así como Núremberg me mostraba que fue una verdadera joya del imperio. Al cruzar el puente arribamos al punto más icónico de la ciudad, el Hauptmarkt. Es la plaza central, antiguamente utilizada para que los mercaderes vendieran sus productos. Si bien la plaza poco me llamó la atención, es el ícono más reconocido de Núremberg, pues en ella se emplaza cada año el mercado navideño más grande de Alemania. Cualquiera hubiera maldecido no haber llegado en Navidad. La verdad es que tres años atrás los mercados navideños de Frankfurt y Heidelberg fueron mi mejor regalo de cumpleaños. Así que no tenía mucho de qué quejarme. Aún así, en un día normal como aquel, el Hauptmarkt tiene varias cosas por ofrecer. Y dos de ellas acaban con el triángulo gótico. A la derecha está la iglesia Frauenkirche, o iglesia de Nuestra Señora. Es la única del triángulo que permanece todavía como católica. Y es, sin duda, la figura más imponente de la plaza central. Una figura difícil de escapar a la vista. Y unos pasos más adelante, el triángulo se cierra con la iglesia de San Sebaldo, que combina sus principios románicos con lo gótico, y es considerado el templo cristiano más antiguo de Núremberg. Justo al costado de la iglesia, Sadettin me llevó a un pequeño y acogedor restaurante, que dice ser el más famoso para los turistas. Son muchos los lugares en Alemania que se presumen como la cuna de las salchichas. Y Núremberg no es la excepción. Es por ello que la taberna tradicional Bratwursthausle sirve como platillo principal las famosas bratwurst. Aunque más pequeñas que las otras que había probado antes, las bratwurst son un bocadillo alemán del que nunca me cansaré. Y lo mejor para coger fuerzas y continuar con un día de viaje. Más adelante llegamos a una pequeña plaza triangular flanqueada por casas del más puro estilo alemán. Sadettin me había platicado desde antes sobre el personaje más famoso de Núremberg, un pintor cuyo nombre en pronunciación alemana no pude reconocer. —Creo que no conozco su obra —le dije—. Pero la estatua en el medio de la plaza me llevó a una epifanía: Alberto Durero (Albrecht Dürer en alemán). —Es el hombre que hizo la primera selfie de la historia —afirmó Sadettin—. Por eso es tan conocido. Pero para mí, Alberto Durero es mucho más allá del pintor renacentista más destacado de Alemania. Y su obra me cautivó mucho más allá de su autorretrato (uno de los primeros de la historia). En una clase en la Universidad de México, analizamos el caso del “rinoceronte de Durero”. En 1515, un rinoceronte llegó a Lisboa desde la India como un regalo para el rey de Portugal. Es de saberse que en aquel entonces no era común poder admirar a un animal tan exótico como ese, mucho menos en Europa. Gracias al afán del rey Manuel I de Portugal por coleccionar fauna exótica, se organizó una pelea entre un elefante y el pobre rinoceronte, para demostrar que ambas criaturas eran “enemigos naturales”. Al festín acudieron cientos de espectadores, ansiosos por admirar a los paquidermos. Pero tan solo cinco minutos después, el elefante huyó asustado por la muchedumbre, y los guardias retiraron al rinoceronte de los ojos del público. Una carta anónima arribó a Núremberg junto con un boceto que representaba al animal. Ambos llegaron a manos de Durero, quien sin nunca haber podido presenciar con sus propios ojos un rinoceronte, realizó un dibujo a tinta y un grabado posterior. Si bien, el grabado de Durero no es una representación cien por ciento fiel de un rinoceronte real, me sorprendió saber cómo un artista de su talla pudo trazar tal obra de arte con tan solo un pequeño boceto y una descripción escrita. El grabado de Durero se tomó como una referencia real de los rinocerontes por casi tres siglos. Incluso, su grabado apareció en los libros de textos alemanes hasta 1930. El rinoceronte de Durero fue para mí (estudiante de Ciencias de la Comunicación) la mejor clase de la influencia de la imagen audiovisual en la sociedad. Y ahora me hallaba en Núremberg, su ciudad natal, posado frente a su hermosa casa que, sorprendentemente, permaneció intacta durante la Segunda Guerra Mundial. Los ojos de Sadettin quedaron estupefactos al saber que, en efecto, conocía algo sobre la obra de Durero. Y si bien poco podía asombrarme más que aquel rinoceronte, me llevó al último rincón del antiguo centro histórico. Subimos entonces las pendientes de piedra que llevaban hasta el Keiserburg, el castillo imperial de Núremberg. El casco viejo de la ciudad se encuentra todavía amurallado por una pared de piedra circular. El castillo de Núremberg es una muralla dentro de otra muralla. Y cruzarla es volver a la Edad Media alemana. Desde cualquiera de los puntos es posible ver una de las edificaciones más altas de la urbe: la torre del pecado que, al igual que la casa de Durero, sobrevivieron los ataques de los Aliados. El castillo resguarda todavía algunos de los tesoros del antiguo Sacro Imperio Romano Germánico, ya que en su interior acogió a personalidades tan poderosas como Carlos IV y Carlos V, en cuyo reino se dice que nunca se ponía el sol, pues unió a las coronas germánica y española, heredando territorios en Europa, Filipinas, la costa de África, las islas del Atlántico y América. Sadettin me contó que, algo que pocos turistas saben, es que algunos edificios del castillo sirven actualmente como albergue juvenil. Como todos los alcazares de Europa, el de Núremberg se sitúa en lo alto de una roca de arenisca. Y como el resto de sus hermanos, ofrece vistas increíbles de la ciudad. Por suerte, el sol todavía no se había ocultado, y pese a la leve neblina que cubría el aire, pude disfrutar del panorama a nuestros pies. Como dije al principio, Sadettin y yo nos habíamos propuesto sacar el mayor provecho de aquel día. Y todavía con algunas horas de luz solar, decidió mostrarme una cara menos agradable de la ciudad. Una a la que yo me había resistido. Todo lo que yo había podido disfrutar hasta entonces no es, lamentablemente, lo que viene a la cabeza de la mayoría de las personas cuando piensan en Núremberg. La realidad es que, gracias a su riquísima historia imperial, Núremberg fue elegida por Hitler y el Partido Nazi como sede de sus congresos. Ello dio a la metrópoli la imagen de ser la ciudad más alemana del mundo, aunque muchos de sus habitantes no simpatizaran con la ideología de los nazis. Haberse convertido en la capital nazi no la favoreció en nada. Pero hoy quedan todavía algunos de los vestigios que recuerdan lo que Núremberg, Alemania y todo el mundo no quisieran volver a vivir. Los nazis intentaron construir una réplica del coliseo romano, cuyo objetivo sería albergar los congresos del partido, con una capacidad prevista de 50,000 personas. A causa de la guerra, el edificio nunca fue terminado, y hoy alberga al Centro de Documentación sobre la Historia de los Congresos del Partido Nazi. El Dokucentrum muestra exposiciones sobre los orígenes del antisemitismo en Alemania, el ascenso de Hitler al poder, la persecución de judíos, comunistas, y en general, del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial. Algo que, verdaderamente, ya no me hacía falta volver a ver. Justo al lado del Coliseo entramos al célebre Campo Zeppelin. Esta gigantesca explanada, que sirvió para hacer las pruebas de vuelo de Ferdinard von Zeppelin, fue la predilecta por Hitler para celebrar sus congresos al aire libre. Todo el campo es una obra de arte de la propaganda y la mercadotecnia. En él se reunían más de medio millón de miembros del partido nacionalsocialista, cuyos congresos eran liderados por Hitler desde una tribuna construida en 1934, un año después del ascenso del líder al poder como canciller. La explanada fue diseñada para que Adolf saliese desde una puerta en lo alto y bajase por unas escaleras, mientras era alabado por sus fieles seguidores del Tercer Reich. Una vez abajo, subía a un estrado, a donde ascendía como un verdadero Dios, convirtiéndose en el líder supremo de toda Alemania y Europa. Sus célebres discursos en el campo, obras de dialéctica y odio creadas por sus manos derechas, fueron filmados para la película propagandística El triunfo de la voluntad, que bastante influencia ejerció en el esparcimiento del ideal nazi en la población alemana. El Campo Zeppelin permaneció intacto durante los bombardeos de 1945. Núremberg viviría ese mismo año los juicios más famosos de la historia del mundo, donde se condenó a los miembros del partido por todos los crímenes de guerra cometidos, así como a médicos, jueces y a todo aquel que hubiese apoyado la política sanguinaria de los nazis. Pararme en el mismo lugar donde Hitler difundió su odio y hambre de poder fue sin duda una sensación amarga. Pero el Campo Zeppelin es un lugar que nadie quiere dejar de ver cuando visita Núremberg, hoy convertida en un símbolo de los derechos humanos. Desde mucho antes sabía que visitar Alemania significaba toparse día con día con historias y lugares famosos en la segunda guerra. Es un trago amargo con el que hay que saber lidiar. Y una de las cosas que aprendí para subir mis ánimos es que la comida siempre ayuda. Así, Sadettin me llevó a un restaurante cerca de su casa para cenar junto con su novia. La elección fue un Schaüferle, un platillo típico del sur de Alemania y de la histórica región de Franconia. Se trata de un guiso del omóplato del cerdo, servida la carne junto con una especie de chicharrón junto, bañada en una salsa dulce. El plato iba acompañado, como muchas cosas en el sur de Alemania, de una ración de Klöße. Tras una buena cerveza y mi estómago a reventar (los alemanes siempre lo logran) volvimos a casa de Sadettin para descansar después de nuestra larga jornada. Al otro día otro couchsurfer, uno que había tenido el placer de hospedar en México, me recibiría en el vecino estado de Baden-Wurtemberg, y así diría adiós a la bella e imperial Baviera.
  2. En cada viaje que hacemos, desplazarnos dentro de las ciudades que visitamos es un presupuesto importante que muchas veces olvidamos tomar en cuenta, y que ataca como una plaga sin control nuestras billeteras. Los que vivimos en Latinoamérica puede que estemos acostumbrados a un transporte relativamente barato. Pero el extranjero puede sorprendernos de una no muy grata manera. Taxis y trolebús de la Ciudad de México. ¿Creen que cinco pesos mexicanos es mucho por el servicio de metro de la Ciudad de México? ¿O dos y medio soles peruanos por el metropolitano de Lima? Entonces un viaje a Madrid, Nueva York o Tokio les abrirán los ojos. El teleférico de La Paz, en Bolivia, es barato y muy funcional. El viaje sencillo en Madrid cuesta 1.5 euros, en Tokio entre 160 y 230 yenes (más de 2 dólares) y en Nueva York asciende a tres dólares. Ahora no todo suena tan bonito, ¿o sí? Los precios del transporte urbano local suelen ser más altos en estas ciudades porque son transportes de muy buena calidad. Además que un solo ticket incluye el servicio en casi la mayoría de las variantes (metro, tranvía, bus, y hasta ferrys en Suecia). En Estocolmo un ticket es válido para tranvías, metro, buses y barcos. Viajar es la mejor forma de hacer ejercicio. Y una buena manera de evitar pagar estos altos costos es caminar por la ciudad. Para ello hay que tratar de encontrar un alojamiento cerca al centro o a las principales atracciones que deseemos visitar. Pero ciudades como Madrid, Tokio y Nueva York parecen imposibles para caminar. Se tratan de megalópolis. Bueno, quizá es más cómodo entonces rentar una bicicleta. La mayoría de estas grandes ciudades cuentan con servicios públicos de renta de bicicletas por precios no tan elevados. En París, por ejemplo, cuesta 25 euros la suscripción de un año, 8 euros por siete días o 1.7 euros por un día entero. Tenemos derecho a trayectos ilimitados, con la condición de usar las bicicletas cada treinta minutos, aparcándolas en sus estaciones correspondientes que se encuentran por toda la urbe. Solo nos hará falta una tarjeta de débito con fondos suficientes para dejar el depósito de seguridad (que es de unos 150 euros aproximadamente). Ciudades como Ámsterdam y Copenhague son bien conocidas por tener más bicicletas que autos. Las distancias pueden parecer largas en ciudades así y podrían intimidar a cualquiera a hacer un tour en bici. Pero finalmente casi a nadie le interesa visitar los suburbios o periferias. Así que la superficie de Nueva York, por ejemplo, se reducirá a solo visitar la isla de Manhattan, y no Brooklyn, Queens, Bronx o Staten Island, que representan casi el 90% de la metrópoli. Si no tenemos más opción que tomar el transporte, en muchas ciudades suele ser más barato comprar un carnet de 10 tickets, o un pase diario o semanal, por ejemplo. Ahorraremos algunas monedas y tendremos la libertad de movernos sin límites. No hace falta mencionar que tomar taxis nos desfalcará. Pero de ser necesario, Uber sigue siendo la mejor opción. Aunque cuidado, Uber está encontrándose cada vez con más restricciones en el mundo por su situación legal, y por cómo afecta el mercado local. La Unión Europea, por ejemplo, hace poco concluyó que Uber es un servicio de transporte de pasajeros, más que solo una app. Y por tanto, es posible que exija a sus conductores conseguir la misma licencia que los taxistas. ¡Y mucho cuidado! En muchas ciudades europeas no hace falta tener un ticket para abordar un metro, tranvía o bus, pues no hay ninguna especie de puerta automática que se abra con el boleto. Lo que hay que hacer es comprarlo (como un buen ciudadano) y validarlo al subir en las máquinas especiales. Pero mucha gente no lo hace. Y “no pasa nada”. Tranvía en Berna, Suiza. Es fácil irse con la pinta o imitar al resto de los locales que pasan de ello. Pero hay controladores. Trabajadores que casi nunca vemos a bordo, pero que de vez en cuando aparecen. Y cuando lo hacen y nos pillan sin un ticket o sin haberlo validado nos cobran una cantidad suntuosa de dinero que no quiero decir cuánto duele. Solo diré que haber pagado 35 euros en París por un error de compra no fue nada agradable. Hay ciudades con transportes muy exóticos que no podemos pasar por alto, como los bicitaxis, los mototaxis, las piraguas o los vaporettos de Venecia, y es imperativo al menos un viaje en ellos. Es lindo conocer el transporte público de cada sitio al que vamos, y algunos obligados, como los autobuses rojos de dos pisos en Londres, o la línea 1 del metro de Budapest (el segundo más antiguo del mundo). Pero al final unos buenos zapatos para caminar serán nuestros mejores amigos y los de nuestra cuenta bancaria.
  3. Lo más icónico es el templo de Santa Sofía. Y yo me tomaría excursiones más allá de la ciudad de Estambul, como a las ciudades y pueblos de la costa mediterránea. Izmir es una que no puedes perderte.
  4. En Brujas lo bueno es caminar por sus calles pequeñas, probar chocolate, alguna cerveza (o tomar un tour de la cerveza). Y no olvides ver los molinos de viento que están junto al río. En Bruselas yo te recomiendo todo el centro histórico, la Grand Place y el Palacio Real. El Atomium es super famoso, pero la verdad es que es lejos y no es la gran cosa.
  5. Yo destinaría unos tres días para El Chaltén y unos cinco días en Ushuaia. Las actividades obligadas en El Chaltén obviamente son las visitas de los lagos y glaciares adyacentes. El cerro Torre queda cerca y la laguna de los tres. En Ushuaia yo me tomaría una excursión a la Antártida de ser posible.
  6. Las provincias del Norte, Salta y Jujuy, tienen varias y buenas actividades para familia. Las yungas, los salares, los pueblitos de la Quebrada de Humahuaca. Son varias excursiones perfectas para tus sobrinos
  7. Es verdad que es más barato que Europa occidental. Lo bueno es que cerca de Budapest puedes moverte en autobús o tren a otras bonitas ciudades, como Viena, Praga, y en mi caso, fui a Cracovia y Varsovia. Valió mucho la pena
  8. En México el carnaval más famoso es el Carnaval de Veracruz, que de hecho sucede en estos días. Es al estilo de Río de Janeiro, con desfiles de carros alegóricos. Aunque para ser sincero, es la época del año de locura y desenfreno. La gente se pone borracha y baila por las calles junto a la playa. Yo no diría que es algo familiar, sino algo más juvenil.
  9. Dubai es todo un símbolo de la excentricidad. Creo que se puede encontrar de todo. Hasta cajeros automáticos de oro puro. Lo que haría falta saber es cuánto es el presupuesto promedio para visitar la ciudad.