AlexMexico

Usuario 5
  • Contador de contenido

    2.672
  • Registrado

  • Última visita

  • Días Top Escritor

    211

AlexMexico fue por última vez Top Escritor el 6 de Junio

El contenido de AlexMexico obtuvo más reputación!

Reputación de la Comunidad

330 Excellent

3 Seguidores

Sobre AlexMexico

  • Rango
    Usuario Cicerón
  • Cumpleaños 06/12/91

Información Adicional

  • Tipo de Viajero
    Viajero Independiente
  • Vivo en
    Veracruz, México
  • Intereses
    Periodismo, escritura, viajes, gastronomía, senderismo, naturaleza
  • Mis Viajes
    México, Guatemala, Perú, Bolivia, Argentina, Chile, España, Francia, Marruecos, Italia, Bélgica, Suiza, Austria, Alemania, Polonia, Porto, Ámsterdam, Praga, Budapest
  • Mi Próximo Viaje
    Escandinavia, Islandia y Gran Bretaña
  1. Granada es mi ciudad favorita. Pero también te recomiendo visitar Córdoba. Sus patios, su mezquita, su puente, sus naranjos, su fortaleza. Es una ciudad muy linda y barata. Además se comen tapas muy ricas!
  2. Yo creo que el transiberiano debe ser la mejor experiencia para recorrer toda Rusia. Además hacerlo de otra forma es cansado y tardado. Es el país más grande del mundo. Lo que sí es que muchos de los trenes ahora son de lujo, y los precios son altos. Habría que ver si tienen opciones lowcost o promociones. Y no sé si lo maneje una sola compañía nacional.
  3. Si desde París quieres bisitar Austria y Suiza te recomiendo empezar por Basel, luego Ginebra y su lago y luego pasarte a Thún y Lucerna. Berna y Zúrich son lindas, pero al final son ciudades. Los pueblitos en las montañas son más atractivos.
  4. Yo estuve el año pasado en Innsbruck. Fui en octubre y no había nieve, al menos no en la ciudad. Pero en enero sería un buen destino para los deportes de invierno. Puedes subir a lo alto de la montaña con un teleférico desde el centro de la ciudad. Y las vistas de los Alpes son maravillosas.
  5. El transporte público no es el mejor del mundo, pero es bueno. Desde la central de colectivos de Salta salen muchos buses al norte. Te recomiendo visitar los pueblos de Jujuy. Purmamarca, Humahuaca, Iruya.
  6. Si bien los smartphones cada día nos facilitan más la vida, hay algunos que pueden no funcionar de la misma forma fuera del país donde lo adquirimos. La mayoría de los viajeros cree que el único elemento a tomar en cuenta para que nuestro celular funcione en el extranjero es tener el teléfono liberado. Es decir, que acepte SIM cards de cualquier compañia. Es verdad, es importante tomar esto en cuenta. Si compramos nuestro móvil directamente con una compañía muchas veces solo aceptará chips de esa empresa. Habrá que liberarlo para que acepte otras. En México y otros países las compañías de telefonía están obligadas a vender los móviles ya liberados. Y si no es así, tenemos el derecho de pedir que nos lo liberen sin costo extra. Normalmente es posible con la garantía del equipo y luego de seis meses de haberlo comprado. Si no es el caso, habrá que acudir a uno de los famosos hospitales de celulares. Pero aun liberado, el funcionamiento de los teléfonos puede tener problemas. Y el motivo son las bandas de frecuencia GSM, un concepto desconocido por muchos. El Global System for Mobile Communications (GSM) es el estándar internacional de telefonía móvil digital. Pensemos que son los diferentes caminos invisibles por donde circulan las llamadas de voz, mensajes y datos hacia nuestros celulares. La cuestión es que las bandas cambian de acuerdo a cada país. Así, en América del Norte y Latinoamérica las bandas utilizadas comúnmente son la GSM-1900 y la GSM-850. Mientras que en Europa, Asia, África y el Oriente Medio la mayoría de las empresas usan las bandas GSM-900 y GSM-1800. La solución es comprar un teléfono cuatribanda o multibanda. Uno que soporte la mayoría de las bandas usadas en el mundo. De lo contrario, podemos comprar un chip que nuestro teléfono aceptará felizmente. Pero no tendremos señal, o bien, tendremos solo recepción 2G (transmisión de voz y SMS) y no 3G (transmisión de datos, o internet móvil), lo cual decepcionará a muchos. Como tip final está este sitio web www.willmyphonework.net donde podemos verificar con la marca y modelo si nuestro teléfono funciona en nuestro país de destino.
  7. Para ir a Machu Picchi es imprescindible comenzar la travesía desde Cuzco. Así que te recomiendo dedicarle unos tres días a la ciudad. Luego si llegas a Lima puedes parar en el Parque Nacional de Paracas, en el desierto de Ica y en las líneas de Nazca. Todas están en camino a Cuzco.
  8. A París le dedicaría unos cuatro días. Después el resto puedes ver las diferentes facetas de Francia. En el norte lo mejor es Normandía y el Mont Saint-Michel. En el oeste Estrasburgo y Colmar, mucho más cercanas a la cultura alemana. Y en el sur Marsella es una buena opción.
  9. Viajar en esa época merece la pena solo por las auroras boreales a mi parecer. El hecho de que en las latitudes tan septentrionales no haya mucha luz del sol en invierno a mí me deprime jaja. Pero ese fenómeno debe ser espectacular.
  10. El sudeste asiático es uno de los destinos más cotizados por los mochileros, así que no te preocupes que estarás bien. No serás la única. Normalmente mucha gente habla inglés, y los precios son incluso más baratos que en Latinoamérica.
  11. En toda mi vida a mí nunca me han pesado el equipaje de mano. Así que yo siempre llevo lo más pesado allí y lo más ligero en el documentado, que ese sí que lo pesan. Lo de los líquidos no depende de la aerolínea, sino de los controles de seguridad de los aeropuertos. En España nunca me dijeron nada por llevar shampoo. Pero en aeropuertos en el resto de Europa me obligaban a envasarlo en 100 mililitros y dentro de una bolsa de plástico. Y cuando las aerolíneas nos piden poner nuestro equipaje de mano en la parte debajo del avión es un servicio gratuito por el que no hay que pagar, ya que tenemos derecho a llevarlo sin costo. Hay que leer bien los derechos del pasajero.
  12. Para Disney Orlando puedes rentar un AirBnB o algún apartamento fuera del parque, en la ciudad de Orlando o entre ambos. Hay buses que te llevan al parque a diario. Puede ser una opción más barata que un lujoso hotel dentro del resort.
  13. París es una ciudad mundial. Solo así se le puede describir por el poder y la influencia que ha tenido en el mundo entero durante siglos. Se hable de gastronomía, moda, ciencias, artes, la metrópoli no es solo la capital de Francia, sino la cuna de corrientes que han llegado a cada rincón del planeta. Por eso, al igual que aglomeraciones como Londres, Nueva York o Tokio, París es una ciudad que hay que vivirla. Los últimos ocho meses de mi vida los he pasado precisamente en Francia. Y en repetidas ocasiones he podido visitar París, desde sus últimos días de cálido verano hasta la húmeda llegada de la primavera. Y hospedarme con locales cerca de la Gare du Nord, Sentier o La Défense me ha acercado más a la experiencia de “vivir la ciudad”. Sin embargo, como turistas pocas veces tendremos la oportunidad de permanecer más que unos cuantos días. Pero más allá de la Torre Eiffel, la Catedral de Notre Dame, la Basílica de Sacré Coeur o el Museo de Louvre, existen otras buenas atracciones que son en menor medida un cliché parisino. Y aunque todas siguen siendo turísticas, algunas pueden acercarnos a una experiencia más local. Cementerio del Père Lachaise. Al este de París, en su distrito XX, se encuentra uno de los cuatro antiguos cementerios que se construyeron a las afueras de la ciudad en el siglo XIX para dar una noble y decente sepultura a los difuntos, sobre todo a las grandes personalidades de la aristocracia. El cementerio rinde homenaje al que fue confesor de Luis XIV, François d'Aix de La Chaise. Pero hoy no es solo un panteón colmado de tumbas, vegetación y gatos callejeros. Es de hecho un parque donde muchos parisinos acuden a dar un paseo. Al principio una caminata por un cementerio se me hizo muy poco interesante. Pero la elegancia de las tumbas (más bien mausoleos) allí levantadas nos habla de cuántos ciudadanos ilustres han pasado por París. Entre las personalidades fallecidas con las que podemos toparnos resaltan Oscar Wilde, Jim Morrison o Frédéric Chopin. Aunque la mayoría no sean personas que nosotros conocemos es reconfortante acercarse a cada lápida y leer el epitafio que nos hará descubrir de quién se trataba. Un antiguo alcalde, la esposa de un famoso novelista, una reconocida bailarina de Montmartre o un aclamado pintor de la Belle Époque. Musée d’Orsay. Bien, este sí que un cliché y hay que aceptarlo. Pero todavía menos cliché que el Museo de Louvre. Como segundo museo más visitado de París, el Museo de Orsay es quizá la segunda colección de arte más interesante de Francia. Desde que nos aproximamos a su exquisito edificio que solía albergar a la estación de trenes de Orsay justo en a la orilla sur del río Sena, el museo nos seduce con un rinoceronte de bronce que nos invita a descubrir el arte vanguardista. Si el Museo del Louvre resguarda las obras de la Antigüedad, Edad Media y Edad Moderna, el Museo de Orsay nos acerca al arte de vanguardias surgidas desde la mitad del siglo XIX hasta principios del XX, antes de comenzada la Primera Guerra Mundial. Durante este corto período el arte se revolucionó en Francia y en Europa, con artistas que deformaron la realidad visual para expresar de diferentes formas lo que hay dentro de cada elemento que nos rodea. Desde el realismo de Gustave Courbet, con su obra cumbre El origen del mundo hasta la simplicidad de los animales de François Pompon, como su célebre Oso Blanco, expuesto en una de las salas al fondo. El museo no solo nos deja admirar la belleza que los parisinos se esmeraban por crear en cada nueva estación de tren, sino una hermosa pinacoteca que expone con orgullo a los más aclamados artistas franceses de la Época Bella. Para los amantes del impresionismo, el Museo de Orsay resulta tener la mayor colección de obras impresionistas y postimpresionistas del mundo. Así, sus muros deleitan a los visitantes con obras maestras de figuras como Claude Monet, con sus Campos de Tulipanes de Holanda o las Catedrales de Rouen. Eugène Delacroix, Édouard Manet, Camille Pissarro, Pierre-Auguste Renoir, Gustave Caillebotte. Aunque uno de los más famosos, no nacido en Francia sino en Holanda, es Vincent van Gogh. Si bien la mayoría de su obra se encuentra resguardada en el Museo Van Gogh en Ámsterdam, el Museo de Orsay es un buen aproximamiento al pintor, con varios de sus cuadros postimpresionistas, incluyendo uno de sus más famosos autorretratos. En las salas de sus últimos pisos el museo expone también algunas piezas comunes durante el apogeo del Art Déco y el Art Nouveau en París, que influyeron en la arquitectura de un sinfín de edificios en el mundo entero. Lo mejor del museo no es solamente la increíble colección de la que nos deja ser testigos, sino también las maravillosas vistas que se tienen desde su planta alta, donde podemos tomar un café y comprar libros en su boutique. Desde la Plaza de la Concordia hasta la colina de Montmartre, París siempre tendrá un bello paisaje que ofrecer desde las alturas. Les Invalides. Es un edificio al que todos los turistas ponen atención. Es imposible no verlo al cruzar el río Sena desde la Concordia, los Campos Elíseos y al atravesar el Puente de Alejandro III. Pero cuando no tenemos tiempo más que para correr y subir a la Torre Eiffel para una foto este palacio suele pasar desapercibido. El nombre es muy curioso. “Les Invalides” se traduce así mismo, “Los Inválidos”. Se trata de un antiguo palacio construido en el siglo XVII destinado a ser la residencia real de soldados y militares franceses en el retiro. De ahí su nombre, era la casa de héroes de guerra inválidos. Hoy sin embargo ya no aloja a soldados heridos y sumidos en la depresión postguerra. Hoy el palacio alberga al Museo del Ejército. Si bien suele ser poco atractivo para muchos, la guerra ha sido un elemento presente en la historia de todas las naciones del mundo (así de lamentable). Francia es y ha sido una potencia militar por siglos y no duda en exponer sus más grandes proezas y armamentos militares. Las colecciones originales del museo nos llevan desde el nacimiento de la nación, en la Edad Media. Espadas, ballestas, arcos y armaduras de hierro que sirvieron para defender al Reino de los francos durante décadas, como las épicas batallas de Juana de Arco contra los ingleses. La cantidad de guerras que ha sufrido Francia es infinita, como muchos de los países europeos, teniendo roces con Inglaterra, Prusia, España, Italia… La línea cronológica es un buen método para conocer un poco más de la historia bélica del país y de Europa. En las salas se muestra la evolución de las tácticas de guerra y de las armas conforme la tecnología avanzaba. En sus últimos salones se habla de las guerras más recientes, la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Con uniformes y armas originales se cuenta lo vivido durante la ocupación nazi y la resistencia que Francia ejerció durante los años cuarenta (que en mi opinión no fue mucha). Se exponen los carteles originales que se ocupaban para reclutar soldados en varias partes del mundo para ayudar a sus nacionales en los tiempos más difíciles. Pero Les Invalides no es famoso solo por el Museo del Ejército. Más bien genera una especie de curiosidad en muchos porque en su bóveda sur yacen los restos de Napoleón Bonaparte. El emperador francés pasó sus últimos días en la remota isla de Santa Elena. Pero el rey Luis Felipe I de Francia hizo que sus restos fueran trasladados a París en 1840, año desde el cual se depositaron en el palacio. Hoy su tumba es visitada por miles de turistas ansiosos por presenciar la leyenda militar francesa. Le Petit Palais. Sea desde la pasarela del río Sena o la famosa avenida de los Campos Elíseos, hay dos edificios que ningún peatón o conductor puede pasar por alto. El Grand y el Petit Palais, o en español, el Gran y el Pequeño Palacio. Son dos palacios hermanos que fueron alzados durante la exposición universal de París en 1900 como otra muestra del poder de la ciudad en el planeta. ¿Qué podemos hacer en el Petit Palais? Es otro pequeño pero interesante museo, perfecto para un aburrido domingo en la metrópoli. O si estamos de paso por el barrio y está lloviendo fuera nada mejor para resguardarnos de las nubes que dentro de esta exquisita mansión. El palacio está construido alrededor de un patio central ideal para un café y una tarde relajada con un libro en la mano. El museo nos ofrece una colección de pinturas y objetos de la Edad Media y el Renacimiento. Aunque quizá sea más interesante la colección de pinturas de maestros como Delacroix y Courbet, bastante bien reconocidos en París. En varias de sus salas se exponen también mobiliarios originales y recreaciones del siglo XVIII que nos dan una idea de cómo lucía la aristocracia francesa hace 300 años. Parc des Buttes-Chaumont. París cuenta con muchos parques y jardines que la dotan de una buena cantidad de hectáreas verdes para el escape de la loca capital. Todos tienen su encanto, y la mayoría están rodeados por cafeterías y brasseries donde podemos tomarnos una cerveza. Aunque lo mejor es llevar nuestra propia comida y bebidas para hacer un picnic (beber alcohol en los parques no suele estar prohibido en Francia, y podemos comprar un vino en el supermercado por dos euros). Si como yo se encuentran cerca de la Gare du Nord, en el norte o noreste de la ciudad, una excelente opción es visitar el Parc des Buttes-Chaumont. Es uno de los jardines públicos más grandes de París, creado en el siglo XIX por Napoleón III, quien aprovechó las antiguas canteras de piedra y yeso en la zona. Como muchos de los jardines, este parque posee un lago interior en su centro, donde decenas de aves buscan comida con los visitantes. ¿Qué lo hace especial? Que en medio del lago se alza una colina de piedra de unos 30 metros con puentes y una pequeña cascada, escenario de algunas sesiones de fotos parisinas. Es posible subir a la punta para tomar un descanso bajo el pequeño kiosco en lo alto, llamado el Templo de la Sibila. Y desde allí se tiene una maravillosa vista de la colina de Montmartre en el oeste, con la Basílica de Sacré Coeur que la domina como en todas las postales. Sin duda la mejor parte de visitar este cautivador jardín. La Défense. A pesar de ser una enorme capital mundial, París no cuenta con un skyline gigante y particular que la distinga ante metrópolis como Nueva York, Tokyo o Londres, con sus conjuntos de modernos edificios. Pero París lo ha hecho bien. Su gobierno local ha sabido conservar la arquitectura típica haussmanniana (esos edificios con tejados azules) desde la renovación de la ciudad durante el Segundo Imperio en el siglo XIX con Napoleón III. De esta forma, casi toda la ciudad dentro de su anillo periférico conserva ese aire antiguo que logra transportar a sus habitantes y turistas a una Belle Époque contemporánea. Pero para los amantes de lo moderno París también sabe defenderse. Y se defiende con La Défense. La capital francesa es también un importante centro de negocios. Y como debe ser, posee su propio centro financiero que forma quizá el único skyline de la metrópoli. La Défense está estructurada en torno a su explanada central, donde se yergue un enorme arco, el Arco de La Défense. Algo curioso es que este arco está perfectamente alineado con el Arco del Triunfo en la avenida de los Campos Elíseos y con el Arco del Triunfo del Carrusel en el Jardín de las Tullerías, frente al Museo del Louvre. De esta manera forman una línea recta que puede ser vista desde cualquiera de las tres monumentales estructuras y desde puntos céntricos como la Plaza de la Concordia. Los edificios alrededor del arco albergan a una multitud de empresas internacionales y son el conjunto de oficinas más grande de Europa. El paisaje urbano es maravilloso, aunque poco se puede hacer allí. No hay tiendas, centros comerciales, bares ni discotecas. Pero sentarse a las orillas del río Sena para admirar su grandeza o contemplar una puesta de sol tras los gigantes de cristal y concreto es otra vista que no muchos se esperan de París. Cabe decir que La Défense está oficialmente fuera de París. Está ubicada en los suburbios, por tanto en la zona 2 según el sistema de transporte urbano. Por ello nos costará más caro que un ticket normal de metro si tomamos el RER. Pero llegar directamente a la estación de Gran Arche de La Défense no es quizá la manera de tener la mejor vista. Más bien la conseguiremos caminando por toda la avenida de la Grande Armée desde el Arco del Triunfo o tomando el metro hasta la estación Pont de Neuilly. Musée Carnavalet. París tiene cientos de museos, es verdad. Y cada uno es un universo. Pero solo existe un museo dedicado a contar la historia de la misma ciudad. El edificio que hoy alberga al Museo Carnavalet solía ser un hotel que llevaba el mismo nombre. Está ubicado en pleno centro de la ciudad, en el barrio del Marais. No solo podremos deleitarnos con su bella arquitectura y sus simétricos y perfectamente cuidados jardines. El museo nos transportará en el tiempo desde la fundación de la ciudad en la Edad Media hasta los instrumentos más recientemente conservados. Si alguna vez hemos soñado con vivir esos años en los que todo se anunciaba con lápiz y papel, se transportaba a caballo, se comía en vajilla de porcelana, se buscaba el pan caliente a diario con el panadero, se enviaban telégrafos y se acudía a los cabarets de Monmartre, este museo es lo que necesitamos. Con procedencia cien por ciento original, el Museo Carnavalet ha logrado recaudar piezas de muchas de las épocas parisinas. Letreros de la primera línea del metro en 1900, anuncios de una obra de can can, adornos de una casa desaparecida, ropa de las aristócratas que se paseaban por las Tullerías los domingos, una taza de té en la que bebió un Barón, la puerta de entrada a una taberna de los suburbios. Con mapas, maquetas y recreaciones es la oportunidad de acercarnos aún más a lo que ha sido y es hoy día París. Place des Vosges y la casa de Víctor Hugo. En el mismo barrio de Le Marais (con una vasta presencia de judíos y hoy también barrio gay) se encuentra la plaza más antigua de París, donde hoy los locales y turistas toman el sol cuando el clima lo hace posible. Fue pionera en el diseño de plazas reales en toda Europa, aunque su residencia real no dio cabida a los reyes por muchos años. Pero dio alojo a muchos aristócratas de la época. Entre los más reconocidos y admirados por el mundo entero se encuentra Víctor Hugo, autor romántico que se ha convertido en un símbolo de la literatura francesa. En un apartamento en una de las esquinas de la plaza cuadrangular Víctor Hugo vivió sus años antes de autoexiliarse en Bruselas, debido a su participación en la política de la cambiante Francia del siglo XIX. En ese acogedor piso escribió algunos de sus poemas y obras que pasarían a la posteridad de la nación francesa. Incluso con un salón chino y la cama donde falleció, su modo de vida puede inspirar a muchos amantes de la literatura que, como a mí, Víctor Hugo ha atrapado hasta el último renglón. Jardines de Luxemburgo. Como una especie de jardín real para el Senado de Francia, los jardines de Luxemburgo son quizá el parque público más famoso de París. Eso quiere decir que siempre habrá mucha gente. Pero es difícil encontrar una atracción turística sin mucha gente. No obstante, vale la pena transportarnos hasta la parte sur del Sena (no muy lejos de la Catedral de Notre Dame) para perdernos por sus senderos y comer un helado frente al fascinante Palacio de Luxemburgo. Es un destino perfecto para familias, con actividades, juegos y renta de ponis para los pequeños. Una de las curiosidades que debe ser visitada es la Estatua de la Libertad original. Eso mismo. La famosa Estatua de la Libertad que recibió a millones de migrantes en la desembocadura del Río Hudson y que hoy sigue siendo símbolo de Nueva York y de los Estados Unidos fue un regalo de Francia. Fue diseñada y creada en París por el escultor Frédéric Auguste Bartholdi. Y antes de llevar a cabo el enorme proyecto que dotaría de identidad a los estadounidenses, Bartholdi elaboró este modelo a escala que más tarde regalaría a la ciudad de París, y que hoy es expuesto en los jardines de Luxemburgo como una memoria de la dama más famosa de América. El Panteón. La increíble e imponente iglesia de Saint Étienne du Mont en el corazón del Barrio Latino de París ha atravesado por muchas controversias, pasando de ser repetidas veces un centro de culto católico a un centro de culto para los ciudadanos ilustres. Pero esta última función concluiría su cometido con el entierro de Víctor Hugo en su cripta en el año 1885. Así, visitar el Panteón de París significa visitar los restos de las personas que más han marcado la historia de Francia (en el mejor sentido). Sus catacumbas reciben a los visitantes con el encare de los dos filósofos ilustrados más relevantes y eternos rivales: Jean-Jacques Rousseau y Voltaire, cuyas ideas opuestas legaron una revolución en Europa y el mundo entero. Otros de los personajes célebres en sus tumbas son Marie Curie (premio Nobel de Física y Química), Émile Zola (padre del naturalismo) y Louis Braille (creador del sistema Braille de escritura y lectura para débiles visuales). Otra de las atracciones del Panteón es el Péndulo de Foucault, un experimento que desde 1851 demostró la rotación de la Tierra al haber sido colocado desde lo alto de la cúpula hasta casi tocar el suelo. París es la Ciudad de las Luces. Y no por ser la mejor iluminada, sino por la cantidad de personas ilustres que por ella han pasado. Sus rincones e historias son simplemente infinitos, y ningún artículo podrá nunca abarcarlos todos. Pero algo es seguro: siempre querremos volver a ella.