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Ciudades y pueblos del centro y bajío mexicanos

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Nuestro último día en el occidente mexicano quisimos pasarlo en el medio del bosque y la viva naturaleza. Y, como es costumbre, la mejor decisión la tomamos gracias a la recomendación de un local tapatío, quien nos incitó a la aventura en búsqueda de los pueblos mágicos de Jalisco :rolleyes:

 

La secretaría de turismo de México ha utilizado este título emblemático para denominar a las poblaciones de mayor importancia y belleza histórica, cultural y natural alrededor de todo el país. Por supuesto, ha servido para impulsar la afluencia de turistas durante todo el año.

 

En la provincia de Jalisco eran varias nuestras opciones, pero la más acertada por su cercanía y accesibilidad fue la población de Mazamitla, al sureste del estado.

 

En nuestra nueva travesía se nos unió la tía Lupe, madre de una de mis primas con las que viajaba, quien se encontraba en Guadalajara para asistir a una boda. Los cinco juntos partimos por la mañana al tomar el autobús en la carretera sur, que tras bordear el enorme lago de Chapala por 150 kilómetros nos llevó a nuestro pequeño destino perdido entre las montañas.

 

Centro de Mazamitla

 

A primera vista, Mazamitla me colmó de sensaciones muy distintas a la que todos los pueblos mágicos tenían el poder de hacerme experimentar :ohmy: Sus techos de teja, balcones en madera y pasillos con pilares me transportaron inmediatamente a miles de kilómetros de distancia :) en el lejano Cusco, para ser exactos.

 

Centro de Mazamitla

 

Arquitectura como ésta rara vez es hallada en las recónditas localidades mexicanas. Es quizá, por ello, que el centro histórico de Mazamitla es una de las principales razones para enorgullecerse de su linaje actual ^_^

 

Zócalo de Mazamitla

 

Mientras recorríamos la catedral y la plaza de armas, algunos pares de simpáticas jóvenes se nos acercaron para ofrecernos paquetes turísticos a los principales destinos del pueblo, que incluían paseos por el centro histórico, actividades de deportes extremos en sus paisajes circundantes y la visita a la Cascada El Salto, misma que nos había sido recomendada.

 

Catedral de Mazamitla

 

No obstante, nos mostramos obtusos ante sus ofertas, tomando como consejo la ruta a seguir hacia la dichosa caída de agua ;)

 

Era menos del mediodía y la población no mostraba mucha actividad. Se nos había dicho que, precisamente ese día, se celebraba el día del pueblo mágico, de tal forma que más tarde se haría un desfile conmemorativo por las calles del centro histórico.

 

Deseosos de ser testigos de la festividad, decidimos partir al sur en busca de la cascada, para poder estar de vuelta a la hora adecuada para el desfile :big-grinB:

 

Hicimos una parada en la tienda para comprar comida para llevar. Tortillas de maíz, queso, chicharrón y salsa picante fue el menú para nuestra templada tarde :P

 

Las estrechas calles del casco viejo nos llevaron colina abajo, orillados por las modestas viviendas de anaranjados tejados que fosforecían bajo un inminente sol.

 

Rmbo a Los Cazos, Mazamitla

 

Un embudo de rúas nos dragó hasta el extremo sur del pueblo, donde las pendientes no cesaban de descender a considerables inclinaciones. A cada paso que dábamos, solo pensábamos en lo arduo que sería nuestro regreso :unsure: y sobre todo, pensábamos en mi tía, quien sin duda no poseía la misma resistencia corporal, aunada a un problema de asma :(

 

Unos kilómetros más adelante un grupo de locales apareció halando de sus caballos. Por supuesto, el trueque por sus servicios no se hizo esperar, aguardando por nosotros, únicos turistas aquel día, para que pagásemos por un paseo sobre sus lomos.

 

Conociendo ya la experiencia que mi tía poseía con los corceles (en cuya infancia solía montarlos) le ofrecimos pagarle el paseo hasta la cascada, en aras de salvar un poco de sus fuerzas. En vista de sus negativas, los hombres comenzaron a bajar el precio más y más... pero nada funcionaba para convencerla :wacko: Optamos por caminar.

 

Las primeras casas de campo empezaron a aparecer en la larga avenida, tan distintas al resto de las moradas citadinas.

 

Rumbo a Los Cazos, Mazamitla

 

Amplios terrenos las circundaban repletas de una viva vegetación que adornaba su campirana pero moderna arquitectura.

 

Mazamitla es bien conocida por los jaliscienses por ser hogar de turistas y extranjeros que llegaron para quedarse, quienes han caído enamorados ante los pies de muchas de las hermosas casas de campo que se venden en la zona, perfectas para vacacionar durante el caluroso verano :big-smil:

 

Más allá de los pintorescos pórticos a las afueras de la localidad, arribamos a un ostentoso y lujoso fraccionamiento campirano en el extremo sur. Una garita de madera nos dio la bienvenida a Los Cazos, misma donde nos vimos obligados a contribuir con una moneda, que se vería destinada a la conservación de la flora y fauna del lugar.

 

Los Cazos, Mazamitla

 

A pesar de la evidente belleza del sector, se había permitido la privatización de la zona, siendo todos los terrenos a la orilla de un largo camino de ripio vendidos a particulares, deseosos de construir sus casas de verano.

 

Los Cazos, Mazamitla

 

Menos mal que los vecinos habían hecho algo bueno con el espacio a su alrededor, que para nuestro deleite se encontraba en las perfectas condiciones de conservación ante su obligada visita :rolleyes:

 

Los Cazos, Mazamitla

 

Las escasas callejuelas que bajaban por los oteros parecían sacadas de un cuento de hadas <3 Y las pintorescas casas en sus aristas podían fácilmente ser habitadas por una comunidad de hobbits que, por alguna extraña razón, hubieran llegado a ese recóndito rincón de México.

 

Los Cazos, Mazamitla

 

En ambos extremos del sendero el bosque templado ensanchaba su espesura, convirtiéndose en un preponderante pulmón que mantenía vivaz el encanto de todo Mazamitla :big-grinB:

 

Paisaje en Los Cazos, Mazamitla

 

Solo algunos pocos vecinos presumían su regocijo desde sus cautivadoras moradas, mientras hacían la limpieza de sus fructuosos jardines o se preparaban para un asado de primavera.

 

Los Cazos, Mazamitla

 

El sublime cantar de las aves se acompañaba en su tranquilidad solamente por nuestras voces y el correr del cauce de un estrecho arroyo a nuestro costado, sesgado en cada vivienda por pequeños y llamativos puentes tallados en los troncos.

 

Los Cazos, Mazamitla

 

Después de unos 2 kilómetros cuesta abajo el camino llegaba a su fin, y se oía entre la selva de altos encinos el golpear del agua contra el suelo.

 

Donde el arroyo se topaba con el vacío, dejaba su agua caer por la ladera de una pared de roca, en cuya cima nos permitimos sentarnos a tomar un descanso y, por supuesto, aprovechar su belleza para capturar más fotografías :rolleyes:

 

En lo alto de la cascada de Los Cazos, Mazamitla

 

Más antes de bajar por la escalinata de más de 100 pasos, empleamos una pequeña palapa de madera para comer el almuerzo y recobrar nuestras fuerzas. Entonces algunos pares de turistas más se hicieron por fin presentes, aislándonos de nuestra solitaria comparecencia.

 

En lo alto de la cascada de Los Cazos, Mazamitla

 

Caminamos por el último tramo del trayecto, que nos llevaba justamente hasta el pie de la pared de rocas, lo que nos reveló finalmente la cascada El Salto, de 30 metros de altitud.

 

Cascada de Los Cazos, Mazamitla

 

La delgada y líquida línea blanca iluminada por el tenue sol aparentaba difuminarse en su parte inferior, produciendo un halo de vapor y brisa que empapaba todo a su alrededor.

 

Cascada de Los Cazos, Mazamitla

 

El pequeño y poco profundo estanque a sus pies nos dotaba de rocas humedecidas, por las que pudimos saltar hasta llegar lo más cerca que pudimos por su costado derecho, evitando siempre ser molestados por el resto de los turistas, que casi se bañaba bajo sus aguas :D

 

Cascada de Los Cazos, Mazamitla

 

Un clima templado nos relajó ante la majestuosidad de la exuberante y excitante naturaleza, llevando nuestro improvisado viaje citadino más lejos de lo que creímos llegar :rolleyes:

 

Cuando los viajantes despejaban la zona fue momento para posarnos justo al lado de sus aguas, y sentir la brisa aún más de cerca para apresar el nítido momento en nuestros lentes ópticos.

 

Cascada de Los Cazos, Mazamitla

 

Un último momento de júbilo fue necesario antes de partir :big-smil: sin muchos deseos de retornar a la gran ciudad de Guadalajara.

 

Cascada de Los Cazos, Mazamitla

 

La marcha de regreso se prolongó a un paso sumamente lento, a sabiendas de las escoradas pendientes que nos esperaban a subir hasta el pueblo :zsick:

 

Pacientes a cada paso que dábamos, no hesitamos en tomar descansos a cada cierto tramo. Más no nos mostrábamos arrepentidos de no haber aceptado cabalgar por Los Cazos.

 

Al salir del fraccionamiento, no podíamos hacer nada más que mirar hacia la larga e inclinada subida que teníamos por delante. Más no teníamos otra opción que ascenderla :wacko:

 

Pero pronto apareció una camioneta chevrolet pick up, cuya batea nos sedujo instantáneamente. Y sin dudarlo más de dos segundos, pedimos a su chofer un ride hasta la cima del pueblo, a lo que gentilmente accedió :big-grinB:

 

Felices de ahorrarnos un considerable y cansado recorrido :P nos apresuramos hacia el zócalo del pueblo, donde los preparativos para la celebración estaban por finalizar.

 

Buscamos el mejor sitio entre la multitud, que se regocijaba orgullosa por un año más del nombramiento de su ciudad natal.

 

Desfile de pueblos màgicos en Mazamitla

 

Los grupos de niños de todas las primarias y secundarias de Mazamitla comenzaron a desfilar por la calle principal, mostrando satisfechos figuras representativas de todos los pueblos mágicos de México, desde su extremo norte en la frontera hasta la punta más oriental de la Riviera maya :big-smil:

 

Desfile de pueblos m`gicos en Mazamitla

 

Con aquella muestra gozosa de las comunidades más pequeñas y bellas del país, partimos alegres de Mazamitla para tomar nuestro avión desde Guadalajara, resguardando todos los recuerdos para uno más de mis viajes a la posteridad.

 

 

Dicen que si la vida te da limones, hay que hacer limonada. Y cuando las buenas oportunidades se nos presentan no podemos pasarlas por alto ;)

 

Es así como mis primas, mi hermano y yo nos tomamos cuatro días de vacaciones durante el mes de mayo para visitar la perla del occidente mexicano: Guadalajara, la segunda ciudad más poblada de México.

 

Aunque llevábamos planeando un viaje juntos por algún tiempo, supimos que era el momento indicado cuando una amiga mía me llamó por teléfono para decirme que Volaris, una aerolínea lowcost nacional, estaba regalando vuelos en el centro de la ciudad :ohmy:

 

Rápidamente contacté a mis primas y nos reunimos en el zócalo donde, tras el módulo de la aerolínea, una larga fila de personas de todas las edades esperaba su turno para completar la dinámica.

 

Lo único que debíamos hacer era decir frente a la cámara por qué es bueno viajar en avión; después de ello, debíamos oprimir un botón para elegir qué opción era mejor: viajar en camión o viajar en avión. Por supuesto, el botón correcto era el del avión :D Y así, un cupón con un código impreso era expulsado desde una máquina, mismo que nos daría acceso a la futura adquisición gratuita de un viaje nacional :rolleyes:

 

La campaña publicitaria de la aerolínea, llamada “No Más Camión”, tuvo tanto éxito que al llegar a casa y revisar la lista de viajes participantes, muchos de ellos estaban agotados, incluyendo todos hacia Cancún :crying: De tal manera que el vuelo elegido fue Guadalajara.

 

Ya había tenido la suerte de viajar con Volaris. Pero hacerlo gratis me dijo, sin duda, que era mi empresa de transporte favorita en todo México :big-smil: Y disfrutando de sus mejores servicios, Montse, Meya, Iván y yo volamos por poco más de una hora hasta la ciudad tapatía por excelencia.

 

A punto de abordar nuestro vuelo gratis a Guadalajara

 

La zona metropolitana de Guadalajara es una de las tres ciudades más importantes del país, junto con la Ciudad de México y Monterrey. Juega un papel muy importante en materia económica, histórica y política. Pero ante todo, es un símbolo de la identidad y la cultura nacional. Al ser la orgullosa cuna del mariachi y el tequila, no es de extrañar que posea una fuerte afluencia turística internacional.

 

Nos dirigimos al hotel que reservamos semanas antes, ubicado en el primer cuadro de la ciudad. Como es común en las urbes latinoamericanas, todos sus cascos viejos tienen una buena y una mala cara :unsure: Por suerte, nuestro hotel se encontraba antes del límite del lado malo (donde abundan los mercados, la venta ilegal y la prostitución).

 

Tras ocupar nuestra habitación doble y tomar un breve descanso, aprovechamos la luz del día de aquella tarde todavía joven para conocer el centro histórico. Pero antes, hicimos una parada para comer uno de los platillos más representativos de Guadalajara: la torta ahogada.

 

Se trata de un emparedado de bolillo (un tipo de pan más duro de lo normal) que permite ser sumergido en salsa picante de tomate, chile de árbol y condimentos, relleno de carnitas estilo jalisciense (carne de cerdo) y acompañado de cebolla en jugo de limón.

 

A pesar de su célebre reputación, no fue de todo mi agrado. El caldo es demasiado agrio para mi paladar :wacko: y la idea de una torta sumergida en salsa es algo a lo que simplemente me llevaría tiempo acostumbrarme.

 

Pocas cuadras delante de aquel restaurante se encontraba la Plaza de Armas de la ciudad, repleta de transeúntes que se paseaban bajo un abrasador sol de primavera. En su costado izquierdo pudimos admirar el Palacio de Gobierno de Jalisco, y en el margen norte, la majestuosa catedral de la ciudad.

 

Palacio de Gobierno de Jalisco

Palacio de gobierno de Jalisco

 

Es extraño hallar en México construcciones coloniales de estilo gótico o neogótico, pues predominan sobre todo el barroco y el neoclásico. Es por ello que las torres de la parroquia me enamoraron al instante que pude divisarlas <3 Su brillante matiz dorado confrontaba al intenso azul del sereno cielo que se desplegaba sobre nosotros.

 

Catedral de Guadalajara

 

Seguimos nuestro recorrido del lado posterior de la catedral, hogar de los museos y parques más famosos del distrito, como el Museo Regional, el Museo de Cera y el Teatro Degollado. Lamentablemente y por falta de tiempo, no pudimos visitar ninguno de ellos :(

 

La calle sur de la alameda se convertía más adelante en un andador, el Paseo Hospicio, un corredor turístico colmado con las más variadas atracciones humanas, desde estatuas vivientes hasta un show sobre ruedas. Y a los costados, multitudes de comercios se aglutinaban buscando seducir hasta al más desamparado individuo.

 

Paseo Hospicio, Guadalajara

 

Tras cruzar el puente de la avenida Independencia (una de las principales arterias de la ciudad) apareció frente a nosotros el formidable Hospicio Cabañas, edificio emblemático de Guadalajara.

 

Hospicio Cabañas, Guadalajara

 

Antiguo hogar de niños huérfanos, hoy es sede del Instituto Cultural Cabañas, su arquitectura neoclásica y sus murales interiores lo hicieron merecedor de ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, título que ostenta orgulloso al imponerse en el núcleo de toda la metrópoli.

 

Hospicio Cabañas, Guadalajara

 

Bajamos por la avenida Independencia para regresar al hotel. Pero una de las efigies, quizá la más mexicana a nivel mundial, nos hizo detenernos para nuestra foto obligada :rolleyes:

 

Como mariachis, Guadalajara

 

La Plaza de los Mariachis de Guadalajara puede no ser la más famosa del país (sin duda no más que la Plaza Garibaldi de la Ciudad de México), pero la ciudad puede presumir ser el lugar de nacimiento de tan afamado género musical ;)

 

Mariachis en Guadalajara

 

Y además de los aclamados grupos de mariachis que serpentean los bares y restaurantes de la zona buscando a quien ofrecer una serenata, no podía faltar el célebre sombrero mexicano para nuestra mejor foto del recuerdo :D

 

Con mi sombrero de mariachi

 

Tras reposar en nuestras camas, nos alistamos para salir de fiesta y conocer la vida nocturna de la ciudad. Uno de los mejores sitios, según los locales, era la avenida Chapultepec.

Un largo camellón peatonal saturado de artistas callejeros y comerciantes era costeado por un sinfín de restaurantes, bares y discotecas, que hicieron de nuestra noche una velada memorable, entre hamburguesas, papas fritas y cerveza :P

 

Vida nocturna en la avenida Chuapultepec, Guadalajara

 

A la siguiente mañana nos dirigimos a uno de los distritos más bellos y famosos de la zona metropolitana: el municipio de Tlaquepaque.

 

Ubicado al sureste de la ciudad, solía ser un pueblo de artesanos que, con el pasar de los años, se conurbó a la mancha urbana de Guadalajara. Carente de grandes edificios o bulliciosas avenidas, Tlaquepaque nos transportó a un tradicional pueblito mexicano dentro de la colosal capital <3

 

Tlaquepaque, Jalisco

El trayecto por su centro histórico da inicio en el andador Independencia, un amplio corredor adoquinado y ataviado por antiguas y coloridas casonas del siglo pasado, que hoy sirven como residencias particulares o locales de comercio.

 

Tlaquepaque, Guadalajara

 

La mayoría de ellas alberga extravagantes galerías de todo tipo: alfarería, tiendas de textiles, artesanías ecológicas, figurillas de vidrio…

 

Figurillas en Tlaquepaque

 

Todas las imágenes más representativas de un México tradicional se reflejaban en cada una de aquellas tiendas: catrinas, calaveras del día de muertos, alebrijes, figuras de dioses prehispánicos, indígenas o mariachis.

 

Una "catrina" en Tlaquepaque

 

Y lo no mexicano también tenía cabida en esta abundancia comercial, como esta tienda estilo pastel que remembraba a las habitaciones de la aristocracia europea del siglo XVIII, y a mí en lo particular, a los aposentos de María Antonieta en Versalles :D

 

Galería en Tlaquepaque

Y más allá de los souvenirs y los productos a la venta, los colores y las formas de cada calle y edificio hicieron de Tlaquepaque nuestra zona favorita de todo Guadalajara :big-grin:

 

Calles de Tlaquepaque

 

Al terminar el paseo Independencia nos topamos con el zócalo del distrito, bajo cuyo kiosco nos refugiamos un momento del sol :zsick:

 

Zócalo de Tlaquepaque

 

Aunque cada cafetería y restaurante en la zona turística son muy atractivos, preferimos desayunar en el mercado local. Siempre digo que la mejor comida se encuentra en el mercado… y vaya si tenía razón :P

Antes de que cerraran el negocio, unas amables cocineras nos ofrecieron las últimas gorditas de comal que estaban preparando. Son tortillas de maíz hechas a mano rellenas de cualquier tipo de guisado, incluso las hay vegetarianas. Toda una delicia para cualquier hora del día ;)

 

Gorditas en el mercado de Tlaquepaque

 

Y al platicar con una señora local que se sentó a nuestro lado, nos recomendó echar un vistazo a las artesanías del segundo nivel.

 

Como era de esperarse, la recomendación de una tlaquepaqueña no podía subestimarse, ya que el cúmulo de figuras a la venta era más vasto y atractivo que el de la zona turística, pero a precios mucho más bajos, por supuesto :ohmy: No cabe duda que siempre hay que estar atento a los consejos de los locales, pues sin esa amable señora nunca habríamos encontrado aquel segundo piso repleto de tan admirable colección :)

 

Mercado de Tlaquepaque

 

Seguimos con nuestra andanza, pasando por el reconocido Centro Cultural El Refugio, antiguo hospital y ahora sede de hermosas exposiciones culturales. No dudamos en experimentar con el laberinto contemporáneo de materiales reciclados que se posaba en su patio central :big-grinB:

 

Centro Cultural El Refugio, Tlaquepaque

 

Volvimos al zócalo del distrito para visitar la catedral y el Santuario de Nuestra Señora de la Soledad, ambas de una hermosa arquitectura exterior e interior.

 

Parroquia de San Pedro Tlaquepaque

 

Terminamos nuestra visita en El Parián, una plazuela colonial en la esquina de la plaza central donde hoy se alojan una multitud de restaurantes, desde los cuales se pueden admirar los diferentes eventos que se llevan a cabo en su kiosco central.

 

El público en El Parián, Tlaquepaque

 

Claro está, lo más común es el show de mariachis. Pero a nosotros, sin duda, nos cautivó más la danza prehispánica que tuvimos la suerte de ver :rolleyes: Un par de músicos, una danzante y un pequeño niño vestidos con telas en grecas, máscaras y penachos de pluma representaron un baile ritual a la manera de las antiguas civilizaciones mesoamericanas, lo que resalta la verdadera cuna de nuestra identidad mestiza.

 

Danza prehispánica en El Parián, Tlaquepaque

 

Nuestro tercer día decidimos pasarlo entre la naturaleza de la ciudad, en uno de sus pulmones más importantes, el Bosque de los Colomos.

 

Tomamos un autobús y luego un taxi hasta la entrada del parque. Un grupo de caballos en su establo nos dio la bienvenida, mientras sus dueños nos ofrecían paseos sobre sus lomos. Con toda la energía aún con nosotros, decidimos caminar.

 

Los curvilíneos senderos de concreto nos llevaron desde un castillo ocupado para eventos culturales, hasta los campos de flores de los más distintos colores <3

 

Bosque de los Colomos, Guadalajara

 

Los tapatíos (como se les llama a los nacidos en Guadalajara) corrían y hacían ejercicio por cada una de sus veredas, afortunados de tener a tan hermoso bosque con ellos :rolleyes:

 

Bosque de los Colomos, Guadalajara

 

Nos sentamos a la orilla de uno de sus estanques a mirar las tortugas y las garzas, mientras hablábamos sobre cuál animal nos gustaría ser en nuestra otra vida (cuando se tiene mucho calor se puede hablar de cualquier cosa).

 

Mientras un numeroso grupo de palomas caminaba por una de sus pequeñas plazas, curiosas ardillas aparecían frente a nosotros, pidiéndonos con desesperación algo para comer :blush: amenazadas por sus amigas (o enemigas) las aves.

 

Un amiguito en el Bosque de los Colomos, Guadalajara

 

Máquinas en el lugar ofrecían puñados de maní por unos cuantos pesos, destinados por supuesto a la gordura de esos roedores.

 

Lo más hermoso del bosque fue, sin duda, su jardín japonés :big-grin: Esta réplica de tal tradición ceremonial de oriente nos llenó de calma ante el sonar de sus canales de agua y el relajado estado de ánimo de las aves que se posaban en él. Aunque en la baja profundidad del estanque, los peces gato no parecían relajarse en lo absoluto, y nadaban golpeándose uno con otro :confus:

 

Jardín japonés, bosque de los Colomos, Guadalajara

Nos paseamos por sus pequeños puentes de madera a la sombra de las copas de sus árboles, que para un mejor ambiente, imaginé como hermosos bonsái :smug:

 

Jardín japonés, bosque de los Colomos, Guadalajara

 

Dejamos el bosque para visitar la última atracción, del mismo modo, natural.

 

En la punta norte de la ciudad, justo detrás de la facultad de arquitectura de la Universidad de Guadalajara, llegamos a un parque mirador que nos ofreció una panorámica magnífica de quien custodia las afueras meridionales de la urbe.

 

Barranca de Huentitán, Guadalajara

 

La Barranca de Huentitán es una especie de cañón, cuyo valle vigila el correr del río Santiago.

 

Barranca de Huentitán, Guadalajara

 

Sus paredes talladas por miles de años son fotografiadas por los turistas desde el mejor de los ángulos a los que se puede subir sin tanto esfuerzo (aunque quisiera haber podido bajar hasta su nivel más bajo).

 

Barranca de Huentitán, Guadalajara

 

Con aquella postal terminaríamos nuestra jornada en Guadalajara :rolleyes: no sin antes pasar una noche más en el centro de Tlaquepaque, y disfrutar de las luces que iluminan la vida nocturna del antiguo pueblecillo.

 

Anochecer en Tlaquepaque

 

Descansaríamos bien, pues al otro día nos disponíamos a visitar otra de las recomendaciones de un local :) a la que se nos uniría la madre de mi prima Meya en una búsqueda por la aventura en lo desconocido.

 

 

Guanajuato sobre piedras

En una de nuestras reuniones en el D.F. donde planeamos los viajes que haríamos próximamente, no quisimos pasar por alto visitar Guanajuato durante el mes de octubre, época en que se celebra el festival cultural más importante del país: El Festival Internacional Cervantino.

 

Como comisionado de logística, busqué las opciones más baratas para asistir. Encontré muchos viajes estudiantiles que salían desde la Ciudad Universitaria el fin de semana, ya fuera jueves o viernes, que incluían el transporte en autobús ida y vuelta y un "sitio para camping". El precio era bastante módico... pronto descubrimos por qué.

 

5 de mis amigos y yo partimos en el bus del jueves por la noche, y los otros dos en el del viernes. El viaje fue bastante duro. Seis horas (de 12:00 a 6:00 am) de camino sin poder dormir mucho, pues no faltaron los borrachines a los que se les permitió beber y fumar dentro del autobús. Además, una chica ebria (o drogada) que iba detrás nuestro, no paró de hablar toda la noche sobre la antitesis de facebook, una red social que ella inventó y que se llamaba Galileo. No es por estereotipar, pero creo que era estudiante de filosofía :wacko:

 

Cuando al fin llegamos a la ciudad, el organizador del viaje se desentendió de nosotros, pues llevaba a su cargo decenas de buses, y sólo nos dijo: "el camping será en la Plaza de Toros". Así, tomamos dos taxis para llegar, armar la tienda e intentar dormir un poco. Cuál sorpresa nos llevamos al ver que éramos los únicos fuera de la plaza que, por cierto, parecía totalmente abandonada.

 

Le dimos una vuelta entera, buscando la manera de entrar, pero no había nadie. Eran las 6 de la mañana y aún seguía oscuro. Cuando al fin un hombre semi-dormido se apareció y nos abrió la puerta, nos dimos cuenta del porqué pagamos tan poco por ese viaje (260 pesos, unos 20 dólares).

 

La plaza estaba bastante descuidada. Los baños no eran más que unos retretes rodeados de tablas de madera. Una llave de agua de paso para enjuagarse las manos. Y lo peor de todo eran las regaderas comunitarias. Dos duchas que se rentaban a $10 por persona. Creímos que nos contagiaríamos de algún hongo por ahi :( Pero qué mas daba, viajar barato tiene sus sacrificios. Por suerte, fuimos bien preparados con papel higiénico, gel antibacterial, jabón, shampoo, y mucha comida :P

 

Nuestra casa de campaña

 

Como los primeros en el camping, elegimos el mejor lugar para armar la tienda. Fue nuestra primera vez armándola, pero lo conseguimos aún sin luz. Intentamos dormir un poco, después de una noche sin conciliar el sueño; pero después de 1 hora, el calor de la mañana y las rocas en el suelo bajo nuestra casa (a las cuales debo el título del relato) nos levantaron pronto y nos hicieron partir a nuestro primer tour por la ciudad.

 

Guanajuato es bien conocida en México por ser una de las ciudades que mejor conserva su centro histórico de estilo colonial. Se le considera también, una de las ciudades más románticas del país. Todo su centro es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1988, y vaya que lo merece. El clima de la ciudad es semiárido, y se observa rodeada de montes secos con nopales y cactus, así que el calor se hace presente, aunque muchas veces por la noche las temperaturas bajan drásticamente.

 

Calles de Guanajuato

 

Nuestro recorrido inicial incluyó bajar por las calles estrechas y empinadas que dibujan las curvas irregulares por su centro, por lo que es muy fácil perderse entre los edificios barrocos que emanan una chispa de romance a todo transeúnte. Pasamos por la Basílica, el mercado y la Universidad de Guanajuato, abriéndonos paso entre la multitud de gente que se paseaba, cual carnaval, por las cerradas vías, teniendo de fondo la música del festival y los megáfonos que anunciaban los eventos próximos. Algo que me gusta bastante es que el ayuntamiento de la ciudad ha prohibido a las franquicias internacionales instalarse en su zona patrimonial, por lo que encontrar un Mc Donald's o un Subway solamente se logra a las afueras, en la zona urbanizada. Es una manera buena de conservar el valor histórico :rolleyes:

 

Luego de un rato, buscamos un centro de información y tomamos un folleto para hacer nuestro itinerario. El Festival Cervantino tiene sus orígenes a mediados del siglo pasado, cuando tradicionalmente se representaban los entremeses de Miguel de Cervantes (supongo todos lo conocen). Entonces, el principal objetivo del festival era exponer las maravillas de la lengua española. Hoy en día, se reúnen todas las ramas de las artes con grupos provenientes de varios países, para representar la cultura de cada uno. Así, se puede encontrar teatro callejero, danza, ópera, música, proyecciones de cine, exposiciones de pintura, fotografía y muchas cosas más.

 

Algunos espectáculos se realizan en centros cerrados y tienen un costo (a veces bajo, a veces alto). Nosotros optamos por disfrutar del arte al aire libre, en los que raras veces hay que pagar.

 

Mis amigos españoles después de probar la salsa picante

 

Por la tarde disfrutamos de una obra dancística en una plaza, donde aprovechamos a comer algo decente (y no atún de lata con galletas, que eran nuestras principales provisiones). Allí, mis queridos amigos españoles se enchilaron con una salsa de chile habanero :big-grinB: Por cierto, tengan cuidado, es la salsa más picosa de México. Por la noche vimos espectáculos de bailes regionales en la Plaza de San Roque, con los trajes típicos de cada región de México. Uno de ellos, por cierto, fue "La Bamba", que seguro han escuchado en la versión Rock n' Roll con Ritchie Valens, y que probablemente no sabían que es originaria de mi ciudad natal, Veracruz ^_^ obviamente tocada con otros instrumentos, como el arpa y la jarana.

 

Baile de "La Bamba"

 

Esa noche regresamos temprano al camping para intentar reponer las horas que perdimos de sueño. A mitad de la madrugada, nuestros otros dos compañeros arribaron. El autobús se había atascado en embotellamientos en la carretera. Ni hablar, al menos ya tenían la carpa lista para dormir, a diferencia de los recién llegados, que la armaron auxiliados con las luces de sus celulares.

 

La plaza de toros llena de campistas

 

A la mañana siguiente, la plaza de toros amaneció hacinada con casas de campaña por doquier, y hubo que hacer una larga fila para ducharnos, así que nuevamente tuvimos que despertar temprano :wacko: Al final del viaje por supuesto, acabaríamos destrozados por el sueño y los dolores de espalda.

 

En la mina de plata

 

Esta vez tocó visitar las antiguas minas de la ciudad. Guanajuato tiene las mayores reservas de oro y plata en todo México y, por supuesto, los conquistadores españoles supieron explotarlas, utilizando a los indios como fuerza de trabajo. No recomiendo mucho visitar las minas, pues el tour por el que hay que pagar no vale la pena. No se desciende muchos metros y lo único que se ven son escaleras entre rocas.

 

Templo de San Cayetano

 

Fuera de las minas, en una colina que domina la ciudad, se erige el templo de San Cayetano, iglesia católica construida con la plata y el oro extraídos de la que alguna vez fue la mina más productiva del mundo. Un dato curioso es que le hace falta una torre, pues nunca fue terminada. Para los amantes de la plata, es posible comprar infinidad de alhajas plateadas alrededor de este recinto, a precios muy baratos ;)

 

De vuelta a la ciudad, descendiendo por los montes, nos topamos con un museo de la Santa Inquisición, una verídica antigua casa de la tortura, de las pocas que se instauraron en el México antiguo. Si les gusta el morbo de los instrumentos de tortura y demás, vale la pena visitarla. Yo la verdad es que ya había visto muchas de esas cosas :O_o:

 

Estatua del Pípila

 

Por la tarde decidimos subir al Cerro del Pípila (personaje del que hablo más adelante) un mirador al que ascendimos por un teleférico y en donde se alza la estatua homónima. Al llegar nos encontramos con una multitud de jóvenes embriagados (pues creo que es el único sitio donde se les permite beber en vía pública). Entre cánticos de porras y gritos que incitaban a las mujeres a mostrar los senos, tuvimos una vista total y maravillosa de la ciudad de las ranas.

 

Vista de Guanajuato desde el mirador del Pípila

 

Por la noche nos unimos a un paseo llamado "La callejoneada", donde una Estudiantina (grupo de músicos estudiantes que recorren las calles interpretando canciones que cuentan la historia de la ciudad) nos dio un recorrido por los principales callejones de Guanajuato, siendo el más famoso el Callejón del Beso. Es una rúa tan estrecha que, cuenta la leyenda, dos vecinos enamorados se besaban todas las noches, cada uno desde su balcón, que se juntaban a sólo unos centímetros uno del otro. Es "imprescindible" besar a alguien al estar ahí, se tenga o no pareja (pero bueno, yo no lo hice :big-grinB: ). Durante la callejoneada, la estudiantina nos regaló una pequeña ranita de porcelana dentro de la cual podíamos verter cualquier bebida; casualmente, mis amigos y yo bebimos new mix (tequila con refresco de toronja). La verdad es que necesitábamos un trago para apaciguar el cansancio :rolleyes:

 

Callejón del beso, bastante estrecho...

 

Al volver al camping conocimos un poco del antiguo sistema anti-inundaciones de Guanajuato, que actualmente son calles subterráneas transitables por coches y peatones. Da un poco de miedo la oscuridad y el laberíntico camino, pero es muy chulo a veces verse caminando ahí.

 

Calle subterránea de Guanajuato

 

Al siguiente y último día nos dirigimos a otro de los atractivos únicos de Guanajuato, sus famosas Momias. Estos cuerpos se encontraron años atrás en el antiguo panteón de la ciudad, con la sorpresa de que fueron momificados naturalmente por los minerales del subsuelo. Hoy en día, todas esas momias se conservan en un museo, donde sus figuras tétricas nos hicieron sentir un poco más cerca al día de muertos :ohmy:

 

Momias de Guanajuato

 

Cuando bajamos de vuelta al centro, algunos nos separamos para comprar recuerditos y mirar el mercado de artesanías. Detrás de uno de estos mercados hippies, vimos desde fuera la Alhóndiga de Granaditas, un antiguo almacén de granos que fue uno de los principales escenarios de la lucha por la independencia de México. Este edificio fue utilizado como refugio por las familias españolas y criollas para ocultarse de las tropas liberales. Al final, los rebeldes lograron entrar gracias al Pípila, personaje que logró incendiar la puerta al esquivar los balazos cargando una loza de piedra en su espalda. Es así como se le puede ver en la estatua que se hizo en su honor y que vimos en el mirador ^_^

 

Alhóndiga de Granaditas

 

Guanajuato y sus alrededores (en especial San Miguel de Allende) son considerados la cuna de la independencia de México, pues fue aquí donde el cura Miguel Hidalgo y Costilla dió el grito desde la catedral para que el pueblo se rebelase contra el imperio español, la madrugada del 16 de septiembre de 1810, fecha que se conmemora todos los años en mi país.

 

Nuestra última noche la pasamos recogiendo nuestras cosas en el camping, escuchando música en un celular y bailando un poco al modo free style en la arena de la plaza de toros. Aunque no lo crean, no estábamos borrachos :P Volvimos a la estación de buses, donde comimos una última lata de atún y un último pan con nutella, antes de tomar nuestro bus al D.F.

 

Así que si quieren un poco de historia mexicana, cultura mundial, romanticismo, arquitectura colonial, momias terroríficas y plata a precios baratos, Guanajuato es la ciudad ideal para visitar, sobre todo durante el Festival Cervantino, sin mencionar los pueblos aledaños que no tuvimos tiempo de visitar :(

 

Claro está, que si ustedes lo hacen, no les recomiendo dormir en la plaza de toros ni viajar en buses nocturnos llenos de borrachos; mejor conseguir un sitio con baños decentes y viajar con gente normal :big-grinB:

 

Le dejo el link del álbum completo de fotos

 

http://www.viajerosmundi.com/galeria/album/74-guanajuato/

 

Y a continuación, el capítulo 4 de "Un Mundo en la Mochila", de mi amigo Daniel Fernández, para que disfruten nuestras aventuras en video HD ;)

 

http://vimeo.com/91847071

A sólo 1 hora en carretera de la Ciudad de México, al otro lado del famoso volcán Popocatépetl, emerge en el valle la imponente ciudad de Puebla, conocida como "Ciudad de los Ángeles" o "La Angelópolis", nombres otorgados por los mismos colonizadores y misioneros españoles.

 

Puebla es la cuarta ciudad más grande e importante de México, por su industria textil, automotriz y como centro financiero. Pero más allá de su poder económico, la metrópoli ofrece atracciones únicas en su estilo. Es la segunda ciudad en Latinoamérica con más monumentos históricos, sólo después de Cuzco, Perú. A pesar de haber sufrido un terremoto en 1999, la mayoría de su centro histórico se encuentra muy bien conservado.

 

Por estas y otras razones, mis amigos y yo decidimos escaparnos un fin de semana. Partiendo de la Ciudad de México, conviene tomar un bus desde la central oriente (TAPO) o la terminal sur (Taxqueña), aunque en ésta última no hay buses tan baratos. Por supuesto, optamos por la opción más económica ^_^ y viajamos por la línea Autobuses Unidos (AU) desde la TAPO, que cuesta menos de 100 pesos (unos 8 dólares).

 

Al estar ubicadas a tan corta distancia, pudimos aprovechar el día desde la mañana. Lo primero que hicimos al llegar fue buscar un hotel barato donde dejar nuestro equipaje. El centro histórico siempre suele ser la zona más ahorrativa :)

 

Guillermo junto a una sonrente catrina

 

Poco después, comenzamos nuestro recorrido a pie por el centro de la ciudad. Como se acercaba la fecha del día de muertos (1 y 2 de noviembre en México), muchas calles y negocios se adornaban con figuras representativas, como calaveras, pan de muertos, papel picado y las imprescindibles catrinas. Hablaré del día de muertos en otro relato, pues es un tema del que se sacan bastantes cosas.

 

Una de los primeros sitios a visitar fue un pequeño mercadillo de artesanías, donde no compramos nada, pues los comerciantes suelen aprovecharse de los turistas elevando los precios. Estaba bien sólo para ver :P De pronto, mis amigos extranjeros, Daniel, Guille y Juliana, se emocionaron al ver cumplido uno de los mitos que traían sobre mi país: los mexicanos comen insectos.

 

Chapulines asados :)

 

En medio del mercado, una señora nos ofreció chapulines, esos pequeños saltamontes que se comen asados (no, no se comen vivos). Los tenía en una cubeta, y nos ofreció un bichito para probar, y si nos gustaba, entonces podíamos comprar. Uno por uno, fuimos saboreando al pequeño animal, y no fue del todo desagradable. De hecho, sabía bastante bien con limón y chile :big-grinB: Así que mi amigo Guille no dudó en comprar una bolsa para llevar.

 

Pronto, el hambre llamó a nuestros estómagos, y paramos rápidamente en uno de los primeros sitios de comida corrida que vimos (restaurantes pequeños que ofrecen menús económicos por entre 35 y 50 pesos, unos 3 o 4 dólares).

 

Puebla tiene una amplia gama gastronómica que degustar; entre los platillos más famosos están los chiles en nogada, las cemitas, y el mole poblano. La señora de la fonda nos ofreció mole, y accedimos si pensarlo. El mole es uno de los platillos mexicanos más predilectos, y es el que más me cuesta trabajo explicar. Es como una salsa de color chocolate cuyos ingredientes pueden variar tanto, que nunca se probará un mole igual en ningún lugar del país, pero suelen combinar cacao, plátano, almendra, nueces, pasas, ajo, tortillas de maíz, perejil, canela, chile ancho, chile pasilla, chile mulato y chipotle (sí, tenemos más de 100 tipos de chile, y no todos pican :rolleyes: ). El mole se sirve sobre una presa de pollo y se acompaña con tortillas. No puedo decir más, cuando vengan a México, sólo pruébenlo.

 

Mole poblano con pollo y arroz :P

 

Una vez con la panza llena, seguimos nuestra caminata. Puebla es conocida, entre otras cosas, por sus múltiples iglesias. Se dice que tan sólo en Cholula (municipio parte de la zona metropolitana) hay 365 iglesias, una por cada día del año. Esto sigue siendo un mito, aunque sí que hay al menos más de 200. Por ello, fue muy común toparnos con una capilla en cada cuadra. No obstante, hay dos que nos parecieron las más impresionantes.

 

Vista de la catedral al atardecer

 

La catedral de la ciudad, ubicada, claro está, en el zócalo central. Pero aún más impresionante, aunque no por su tamaño, fue la Iglesia de Santo Domingo. Cuando arribamos a ella, había una misa de presentación de una pequeña, que se celebra cuando cumple 3 años. Lo bonito de este templo es su capilla interior, forrada completamente de oro. Los poblanos suelen llamarle, la "octava maravilla del mundo". Se cuenta también que Puebla es la cuna del estilo barroco en la Nueva España, y eso se percibe a simple vista en una vuelta por sus calles.

 

Cuando el cansancio empezó a molestar nuestros pies, mis amigos decidieron comprar un tour por la ciudad a bordo de un tranvía, aunque yo no soy muy fan de esas cosas. Como era de esperarse, algunos de mis compañeros y yo nos dormimos en el viaje :sleep: , pero pude tomar algunas fotos panorámicas desde los fuertes que vigilan la ciudad en lo alto de un cerro cercano.

 

Vista de la ciudad desde los fuertes

 

De vuelta al centro y ya de noche, retornamos al hotel a tomar una siesta y después salimos de fiesta.

 

El siguiente día lo dedicamos a la visita obligada: la zona arqueológica de Cholula.

 

Cholula es un pueblo mágico conurbado con la ciudad de Puebla, y para llegar a él sólo se toma un camión de trasporte público. Fue una de las antiguas ciudades prehispánicas más importantes de Mesoamérica. Desde su fundación (siglo VIII - III a.c.) varios pueblos habitaron la ciudad, siendo los que ejercieron su hegemonía la civilización tolteca.

 

La principal construcción de la ciudad, y mayor atracción, es el Templo de Tláloc (dios de la lluvia) que, aunque no lo crean, es la pirámide más grande del mundo, en cuanto a volumen se refiere.

 

Vista de la colina de la pirámide y su iglesia en la punta

 

Cuando llegamos, algunos se llevaron una no muy grata sorpresa: la pirámide no es visible, pues está cubierta por una montaña de tierra sobre la que se posa una iglesia católica en su cima. Esto se debe a que el templo fue abandonado tras la caída de Teotihuacán y el ascenso de Tenochtitlan como principal centro en la Mesoamérica del norte. Cuando los españoles llegaron al lugar, construyeron la iglesia en la cumbre como forma de evangelización no violenta.

 

Para los turistas, es posible caminar a lo largo de un pasillo que atraviesa la pirámide y mirarla desde dentro, pudiéndose observar algunas cavidades que fueron usadas como tumbas. El pasillo es bastante estrecho, no apto para claustrofóbicos :O_o:

 

Túnel que atraviesa la pirámide

 

Al salir, se llega a una explanada que da a un recinto ceremonial en forma de "U" que tiene una peculiaridad. La acústica del auditorio permite que, al aplaudir con las manos, se escuche de fondo, a manera de rebote, el sonido de un quetzal (ave sagrada). Esto lo pueden mirar mejor en el video de hasta abajo, donde hicimos una representación de un rito de ofrenda al dios Quetzalcóatl :big-grinB:

 

Por último, pudimos subir una parte de la pirámide, cuyo basamento está formado por siete pirámides distintas, construidas en diferentes épocas. Más adelante, escalamos hasta la iglesia en la cúspide de la colina, desde donde tuvimos una vista increíble de la ciudad.

 

Después de escalar un nivel de la pirámide

 

Puebla se halla en el valle que custodian las dos montañas más famosas de México: los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. El primero de ellos activo, y el segundo inactivo. Es muy común que, año con año, los cielos de Puebla y sus alrededores sean nublados con una fumarola de humo proveniente de "Don Goyo", como se le llama vulgarmente al "Popo".

 

Existe una leyenda azteca que relata que Iztaccíhuatl era la hija del rey tlaxcalteca (pueblo enemigo de los aztecas). Ella y el guerrero Popocatépetl estaban enamorados. Cuando Popocatépetl partió a la guerra, juró regresar para casarse con ella, habiendo pedido la mano de la joven a su padre. Un guerrero tlaxcalteca, celoso del amor que éstos profesaban, dijo a Iztaccíhuatl que su amado había muerto. Ella murió de tristeza. Popocatépetl, a su regreso, veló el sueño eterno de su amada, llevándola a la cima de una montaña que pidió erigir a los dioses. Con el tiempo, la nieve cubrió sus cuerpos. Hasta el día de hoy, ambos cuerpos yacen uno junto al otro. Al cerro del Iztaccíhuatl se le conoce también como "La mujer dormida" (por la silueta que forma en el horizonte), y representa a la princesa que duerme por siempre junto a su amado.

 

Vista de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl

 

Les cuento esto porque, desde la cima de la pirámide, se aprecia de forma perfecta la figura de ambas montañas que resguardan la ciudad de Puebla, y por el otro lado, a la Ciudad de México. Si echan un poquito de su imaginación, podrán ver la figura de la mujer dormida a la que cuida el volcán adyacente ^_^ Es una leyenda bastante cursi que a todos en México nos enseñan desde que somos niños, y es bastante lindo ver al horizonte e imaginarse dicha historia de amor :)

 

Como siempre, les dejo el link del álbum de fotografías

 

 

Y la liga del tercer capítulo de Un Mundo en la Mochila, de mi amigo Daniel Fernández, para que vean nuestras aventuras de una forma más entretenida ;)

 

http://vimeo.com/90955649

Nevado de Toluca

Inauguraré este nuevo blog sobre el centro y la zona del bajío de México, con la travesía que mis amigos y yo pasamos en una de las montañas más altas del país: el Nevado de Toluca.

 

El Cinturón de Fuego del Pacífico alberga a este volcán extinto de 4680 metros de altura, que se erige en el valle de Toluca (declarado Parque Nacional), a 120 km al oeste de la Ciudad de México, aproximadamente.

 

Mis amigos y yo decidimos emprender la aventura en los últimos días de septiembre, cuando el clima no es tan frío, pero se corre el riesgo de lluvias repentinas.

 

Para llegar al volcán, debimos hacer escala en la ciudad de Toluca, capital del Estado de México, a casi una hora de distancia saliendo desde la Estación de Autobuses de Observatorio del D.F. Salen camiones en repetidas ocasiones, así que no afecta mucho la anticipación de la compra del billete.

 

Esperando en la estación del metro

 

Una vez en Toluca, compramos boletos para un bus que sube la montaña del Valle de Toluca, pasando por todos los poblados pequeños, la mayoría de ellos de agricultores y ganaderos. No nos tomó más de 40 minutos.

 

La odisea empezó cuando, durante las frecuentes curvas de la carretera, nos vimos rodeados de arboledas y cerros interminables, y no sabíamos por dónde se comenzaba el ascenso al cráter. De repente, el chofer nos preguntó: "¿No iban a escalar la montaña?"... "¡Sí!", contestamos. "¡Pues debían haber bajado hace unos kilómetros atrás!... Salgan!"

 

Desconcertados, descendimos del autobús, sin saber dónde diablos estábamos. Varados en una pequeña carretera, intentamos hacer autostop al escaso número de coches que transitaban, al menos para pedir información. No conseguíamos el éxito.

 

Varados en medio de la nada

 

Pronto, un buen samaritano detuvo su camioneta y, amablemente, dejó que los 7 desvergonzados jóvenes subiéramos :) Nos condujo algunos kilómetros atrás, donde estaba la caseta que marcaba el inicio del sendero de tierra y roca para subir a la cima.

 

Después de darle las gracias, emprendimos el viaje. La verdad es que habíamos investigado muy poco sobre el tema. Una noche antes habíamos ido a un karaoke, y nuestro amigo Guillermo nos comentó sus deseos de ir a la montaña. Aceptamos y acordamos el punto de encuentro en la ciudad para la mañana siguiente.

 

No sabíamos cuántos kilómetros se debían recorrer; no sabíamos si era apto para senderismo, o si sólo entraban coches y bicicletas. No sabíamos cómo estaría el clima. No llevábamos casa de campaña, sleeping bags ni mucha comida y agua. Sinceramente, para muchos era nuestra primera vez haciendo senderismo y no nos preparamos muy bien. Así que les recomiendo todo lo contrario a lo que yo y mis amigos hicimos :big-grinB:

 

Nuestro camino al cráter

 

Los primeros pasos fueron muy confortables. El camino no se sentía muy empinado, el suelo era bastante firme y el clima era fresco. Habíamos desayunado en la estación del metro, pero muchos teníamos hambre y comenzamos a consumir nuestras raciones de comida, que incluían galletas saladas y atún enlatado :huh: no es la mejor comida del mundo.

 

El paisaje circundante es bastante chulo. Crecen bosques de encinas y coníferas, que se adornan con arbustos y helechos pequeños. Pensamos que veríamos algún animalito atravesar frente a nosotros; un venado, conejos, coyotes, o al menos una ardilla, que suelen habitar por ahi. Pero no tuvimos suerte.

 

 

Una foto para inmortalizar "la pérdida"

 

Después de caminar unos minutos nos dimos cuenta de que el sendero estaba hecho para el ascenso en coche, pues las constantes curvas facilitaban conducirlo. Pero para nosotros, dar tantas vueltas sin sentirnos más cerca del cráter, no nos ayudaba mucho, al contrario, nos agotaba.

 

Entonces nuestro amigo Guillermo nos incitó a "tomar un atajo". Propuso tomar una vía recta que "seguro" nos llevaría al camino después de una larga curva innecesaria. Al ser todos inexpertos y no poseer el sentido de la orientación, aceptamos sin refutar mucho :O_o:

 

Luego de algunos metros adentrados en el bosque, cuando el calor se empezó a hacer presente y comenzamos a desvestirnos un poco, nacieron las primeras preocupaciones. Ya habíamos dejado atrás el sendero. No había señal en los teléfonos celulares. Para variar, a nadie se nos había ocurrido llevar un mapa. Lo aceptamos, estábamos perdidos.

 

Perdidos en el bosque fuera del sendero

 

Guillermo actuaba de manera optimista, y no detuvo el paso nunca. Después de todo, parecía que estábamos siguiendo un pequeño y casi invisible camino marcado en la tierra. Quizá alguien ya había pasado por ahi antes.

 

De repente, el camino se dividió en dos, y el dilema comenzó. "¿Derecha o izquierda?", ¿cuál era el correcto?... Cómo saberlo. Debimos dejarlo al azar. Después de que Guillermo y mi amiga Letzi exploraron un poco el camino a la derecha, volvimos y tomamos el otro, al no encontrar más rastros de senderos, y sólo unas botellas de plástico ensartadas en las ramas que no nos dieron ninguna buena señal.

 

Cuando los ánimos parecían bajos, y después de algunas fotografías para inmortalizar "la pérdida", divisamos frente a nosotros el sendero de coches :big-grinB: Retornamos a él saltando de alegría y jurando nunca volver a salirnos del mismo.

 

La tarea era fácil ahora. Caminar y caminar, no había más que hacer. Miramos nuestro reloj y habían pasado casi dos horas y media desde que comenzamos a ascender. El sol avanzaba, y faltando unas 3 horas para el ocaso, sabíamos que debíamos apresurar el paso y llegar a como de lugar. Después de todo, habíamos planeado hacer un pequeño picnic en el cráter y, además, faltaba aún descender la montaña :wacko:

 

Un poco más del paisaje

 

Mientras más hermoso se hacía el paisaje, con el cráter asomándose a lo lejos entre los altos pinos y las águilas volando, nuestras esperanzas de una tarde mágica se iban cayendo poco a poco.

 

Decidimos parar algunos coches que subían o bajaban para pedir informes. Todos nos decían "¿Piensan llegar al cráter a pie antes del anochecer?... están un poco locos". A veces nos alegrábamos porque las personas nos decían: "Faltan como 3 kilómetros". Pero luego otros nos decían "Aún quedan como 8 kilómetros cuesta arriba".

 

Desde muchos sitios del camino podíamos ver el cráter, y nos decíamos a nosotros mismos, "venga, no falta tanto... ahí está". Pero parecía que caminábamos en círculos, pues por más y más que avanzábamos, el cráter se seguía viendo del mismo tamaño.

 

Vista del cráter

 

Nuestros pies dolían; habíamos recorrido ya casi 10 km. Teníamos poca agua. Nos quedaban sólo dos latas de atún y un paquete de galletas. No había un alma humana a la vista y, mucho menos, señales de civilización. El sol empezaba a ocultarse entre las nubes y dejamos de ver coches subiendo; sólo descendían, pues ya era hora de regresar. Nos convencimos entonces de que era momento de abortar la misión o de seguir adelante y encontrar la caseta de ingreso al cráter (de la que nos había hablado un conductor), donde, con suerte, encontraríamos algo de comer y un sitio dónde pasar la noche, a falta de equipo de camping.

 

Cuando la discusión sobre "qué hacer" había dado inicio, apareció descendiendo una camioneta de batea desde detrás de un peñasco. Nos miramos unos a los otros, al parecer, teniendo la misma idea en mente. Sin pensarlo, detuvimos el coche y pedimos ayuda al conductor. "Por favor, llévenos al cráter. Pronto anochecerá...". El señor no lucía muy alegre con la idea. Le ofrecimos un poco de dinero a cambio. Después de unos segundos de meditación, aceptó :)

 

Y al fin, conseguimos el ride

 

Cuando los siete saltamos dentro de la batea, el color volvió repentinamente a nuestros ya pálidos rostros, donde rápidamente se dibujaron sonrisas. Cantando, riendo y tomando selfies, recobramos nuestro espíritu en unos segundos al, por fin, poder descansar nuestros pies.

 

Mientras el coche avanzaba, nos dimos cuenta de lo poco posible que hubiera sido lograr nuestro objetivo. Eran quizá 8 kilómetros cuesta arriba, y el camino se tornaba cada vez más estrecho, inestable, empinado y, por supuesto, agotador.

 

Ascendiendo al cráter

 

Al rebasar algunos metros más, la niebla comenzaba a cubrir parte del paisaje, y no se observaba ya la cima del volcán. Después de unos minutos, por fin llegamos a la caseta. En realidad, es una especia de villa de información, donde hay una pluma que no permite subir más a los coches. Hay un sitio para estacionarlos, desde donde comienza el ascenso a pie hacia el cráter.

 

Agradecimos nuevamente al señor y le pagamos lo prometido. Antes de dar los últimos pasos para llegar a la meta, miramos algo que nos dio una idea fantástica. Había aparcado un autobús de la Universidad de Chapingo del Distrito Federal. Era nuestro boleto de vuelta a la Ciudad de México. Así que nuestra meta se convirtió en: subir al cráter y volver antes de que el camión saliera de regreso al D.F.

 

Sendero de ascenso al cráter, con la niebla en camino

 

A contrarreloj, y con el sol casi fuera de la vista, corrimos al cráter, desde donde todos los turistas y algunos estudiantes de Chapingo bajaban para volver a sus casas, lo cual nos apresuraba aún más :wacko:

 

La locura y la presión del viaje se apaciguaron cuando alcanzamos la vista del cráter. Es simplemente maravillosa. La roca caliza, de colores grises y marrones claros, adorna todo el suelo, que se irregulariza en los picos laterales, conocidos como el Pico Humoldt y el Pico del Águila. En medio de ambos, se alza un peñasco que divida a los dos lagos que se asientan en el fondo del cráter.

 

Vista del Lago del Sol, dentro del cráter

 

Según algunos relatos, estos lagos de agua potable fueron usados por los aztecas para hacer sacrificios humanos y verter, como ofrenda a los dioses, algunas piezas de oro puro, que posteriormente fueron extraídas por los conquistadores españoles; aunque nada de esto ha sido comprobado aún.

 

La niebla bajando sobre nosotros

 

Cuando comenzábamos a pensar si teníamos tiempo de bajar un poco y ver los lagos más de cerca, una enorme nube de niebla empezó a caer rápidamente sobre nosotros. Pronto, tomamos todas las fotos que pudimos, grabamos los videos de mi compañero Daniel, y unos cinco minutos después, no podíamos ver absolutamente nada a más de tres metros a la redonda.

 

Nos dimos cuenta de que éramos las últimas personas en el cráter, y corrimos de vuelta a la villa. Vertiginosamente, una lluvia de granizo se abalanzó sobre nuestras cabezas, y toda nuestra ropa se humedeció. Las temperaturas habían bajado bastante, y no había duda de que todo era una carrera de tiempo si queríamos dormir en un sitio decente esa noche.

 

La espesa niebla obstaculizaba nuestra vista y creímos que el camión de Chapingo ya había partido. Un poco derrotados, entre la blancura de la neblina y la negrura del ocaso, apareció frente a nosotros el anhelado autobús :big-grinB:

 

Hablamos con el conductor y pedimos su ayuda para volver al D.F. Sin pensarlo mucho tiempo, nos dejó subir y ocupar los pocos asientos libres que quedaban. Aún apretados, con dos personas por lugar, no pudimos sentirnos más afortunados de haberlos encontrado ^_^ además, los alumnos (que habían ido a hacer práctica de suelos) nos trataron muy bien.

 

Meta cumplida!

 

Aunque tuvimos solamente diez minutos para observar relajadamente el cráter del volcán y no pudimos hacer picnic junto a los lagos, el esfuerzo de la jornada realmente valió la pena. Les recomiendo mucho que visiten el Nevado de Toluca si tienen la oportunidad de salir un poco de la capital. Quizá serán más inteligentes que mis amigos y yo y vayan mejor preparados, o con un coche que les permita disfrutar de una tarde mágica sin sufrir tantas peripecias :rolleyes:

 

Les comparto el link del segundo capítulo de Un Mundo en la Mochila de mi amigo Daniel Fernández, donde podrán mirar en video nuestra aventura en el gran Nevado de Toluca

 

http://vimeo.com/90014683

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