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  1. La idea sería recorrer Italia por 15 días. Se que es poco pero no faltará oportunidad para regresar. La idea sería Conocer Milán, Venecia, Roma y Florencia. Quisiera saber qué otras ciudades cercanas puedo sumar o que otro destino recomiendan visitar por más que no esté tan cercano. Prefiero siempre trasladarme en tren para evitar las esperas en los aeropuertos, además que como siempre están super alejados trasladarse resulta costoso o lleva mucho tiempo si tomas tren o metro.
  2. Buenas! Mi plan es conocer el Sur de Australia y recorrer Tasmania... Quisiera saber qué otra ciudad recomiendan para conocer Además de Adelaida y cuántos días sugieren para conocer bien la Isla de Tasmania. Muchas gracias!
  3. Collonges La Rouge, un rojizo pueblo medieval Se trata de una comuna y población francesa que cuenta con un poco menos de 500 habitantes. El apodo de la ciudad es la Rouge, en español, la roja, esto se debe a muchos de sus edificios que fueron construidos con piedras de rodeno una arenisca rojiza. Esta considerado como uno de los pueblos medievales más espectaculares de Francia, ofrece además la posibilidad de visitar la capilla de los Penitentes de comienzo del siglo XV. También puede visitarse un museo de artes populares. Se suma a la lista de puntos para visitar, la Iglesia de Saint Pierre. Para visitar esta pequeña ciudad roja, se puede ir desde Toulouse, se encuentra a solo dos horas en auto. Carcassonne y su castillo Esta pequeña ciudad amurallada se encuentra también cerca de la ciudad de Toulouse. Su principal atracción es su castillo y muralla la cual puede visitarse durante una tarde. Cesky Krumlow, una encantadora ciudad medieval Esta ciudad puede visitarse desde Praga, en auto se demora aproximadamente unas dos horas y media en llegar. Este encantador sitio tiene varias áreas para descubrir. La zona más impactante sin lugar a dudas es la ciudad vieja, es la zona que se encuentra dentro del meandro que forma el río Moldava. Para viajeros que solo cuentan con un día para pasear por la ciudad, lo ideal es recorrer la Ciudad Vieja y el castillo. Por la ubicación de Cesky Krumlov se puede llegar desde Viena y también desde Munich. Una de las perlas de la Toscana, San Gimignano San Gimignano es una ciudad italiana ubicada sobre una colina en la región de la Toscana al suroeste de la ciudad de Florencia. Se encuentra a tan sólo una hora en coche desde Florencia y desde Siena. Es una ciudad cargada de historia, sus orígenes se remontan al siglo XII época en la que tuvo un gran auge por encontrarse en camino hacia Roma. San Gimignano se encuentra rodeada por una muralla con estrechas calles peatonales donde no acceden los vehículos. Entre los imperdibles se encuentra su calle principal, la Vía Diacceto y sus plazas centrales con sus antiguas torres que conforman rascacielos medievales. Besalú, una muestra del mundo medieval catalán Calles y fachadas empedradas son las principales características de este sitio donde pueden encontrarse postales de la Edad Media. Entre los sitios imperdibles para visitar se encuentran el puente románico y sus varios monumentos. En la judería pueden visitarse los baños medievales, es un paseo ideal para conocer más sobre la historia del lugar. Conques, una parada obligada para los peregrinos Este pueblo se encuentra en la región de Occitania al Sur de Francia. Una de sus particularidades más llamativas es que durante el año residen apenas 90 habitantes pero por estar situado en el Camino de Santiago Francés, cada año recibe a medio millón de visitantes, de los cuales muchos de ellos son peregrinos. Conques se encuentra a menos de 200 kilómetros al norte de Toulouse. La mejor manera de empezar a descubrir Conques es subir al mirador desde donde se pueden sacar las mejores fotos panorámicas. Para conocer más sobre la historia del lugar, es posible contratar una visita guidas en la oficina de turismo, las cuales tienen una duración de aproximadamente 35 minutos. Santillana del Mar Es un sitio conocido como "la villa de las tres mentiras" porque ni es santa, ni es llana ni tampoco tiene mar. Pese a ello, sus adoquinadas calles de piedras deleitan a todos sus visitantes, a cada paso puede verse una casona, un palacio o una iglesia. Santillana del Mar se encuentra a sólo 30 kilómetros de Santander, es considerada como un museo vivo de una villa medieval la cual se encuentra desarrollada entorno a la Colegiata de Santa Juliana. La mayoría de sus edificaciones arquitectónicas datan de los siglos XIV al XVIII. El paseo por Santillana del Mar puede complementarse con una visita a la Cueva de Altamira ya que se encuentran solamente a dos kilómetros de distancia. Tallín, una ciudad de cuento de Hadas La capital del país de Estonia fue catalogada como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Sus edificios, iglesias góticas, torres y murallas medievales permiten remontarse al pasado. El principal atractivo turístico es su casco antiguo medieval, también ofrece a sus visitantes otras atracciones turísticas como balnearios y saunas. En verano puedo completarse el recorrido visitando las playas de los distritos de Pirita y Haabersti. Núremberg Situada en la región de Baviera es un pueblo europeo cuya historia y cultura se ven reflejadas en sus fachadas y estilo medieval perfectamente conservado. Un paseo por Núremberg no estaría completo sin antes visitar su castillo imperial. Una de las postales más lindas para fotografiar es desde el puente del verdugo, se trata de la postal medieval más representativa del lugar junto con su puente y Torreón. Una de las mejores épocas del año para visitar este sitio es durante la Navidad para visitar su mercado navideño. Berna La capital Suiza,es una de las ciudades que guardan en sus calles memorias medievales, uno de los principales puntos para recorrer es su centro histórico donde se puede encontrar la Torre de la Catedral. Una de las fotos que no puede faltar en un viaje por Berna es la de su Torre del Reloj. Para apreciar mejor la ciudad el punto a visitar es el Mirador de Berna donde se puede apreciar una estupenda vista del casco viejo de la ciudad, el mejor momento para disfrutar de esta vista es en verano o primavera. Para hacer este paseo se debe realizar una caminata cuesta arriba, pero el esfuerzo realmente vale la pena.
  4. El concepto que tenemos de una región del mundo siempre está asociada a los clichés y estereotipos que de ella nos hemos hecho a lo largo de nuestra vida. Aunque algunos más fuertes que otros, es poco probable que nuestra imaginación no genere un pequeño prejuicio. Hacía tres días que había entrado a Escocia, desde su ciudad más grande y poblada, Glasgow. Sin ponerlo en duda, Escocia es quizá uno de los rincones del mundo del que más estereotipos posee la gente. Vamos, que un hombre con falda a cuadros con una gaita y una botella de whisky parado frente a un castillo en las montañas junto a un lago es algo que vendría a la mente de muchos. Pues bien, hasta entonces nada de eso se había aparecido frente a mí. Pero cambiaría al dirigirme a Edimburgo, la capital escocesa de la que tantas recomendaciones había recibido. Mi amiga Liane, con la que pasé varios meses en Francia, era oriunda de Glasgow. Pero varios años vivió en Edimburgo con su hermana gemela, Mairi, quien todavía vivía y estudiaba allí. No divagó entonces en sugerirme que mi viaje por el Reino Unido terminase allí, en las calles donde Dany Boyle ambientó la emblemática Trainspotting en los años 90s. Tomé entonces un autobús hasta la estación central de la ciudad, desde donde me dirigí a un apartamento en los suburbios al oeste de la ciudad, donde Krystof sería el couchsurfer que me hospedaría por dos noches. Ya que aquel día debía trabajar, tuve que dejar pronto su apartamento y volví al centro de Edimburgo. Y con unas horas de sobra antes de encontrarme con Mairi, recorrí por mi cuenta las calles para darme una primera impresión. El autobús me dejó en la llamada Ciudad nueva. Aunque claro que su construcción no es reciente al ser parte del centro histórico, lo es en comparación de la Ciudad vieja, ubicada justo del otro lado. El centro de la ciudad está dividido en dos por una franja de tierra sumergida que solía ser un pantano, y donde hoy se posa la estación central. Desde su lado norte, el fondo del paisaje muestra una primera conocida postal de la urbe, la Ciudad Vieja con Arthur’s seat en el fondo, la colina más famosa. Esta zona es considerada una obra maestra en la planeación urbanística. Culminada en 1800, uno de sus mayores íconos es la Bute House, ubicada en Charlotte Square y diseñada por el arquitecto Robert Adam. Es hoy la residencia oficial del Ministro principal de Escocia. El edificio neoclásico es también muestra y orgullo de Escocia, que se mantiene todavía con un ferviente sentimiento independentista dentro del Reino Unido. Si bien el ministro principal cumple las funciones del gobernador de una provincia o territorio (por debajo del primer ministro del Reino Unido) Escocia cuenta también con un parlamento propio, que también se ubica en Edimburgo. Así, desde los años 90s que fue formado, Escocia recuperó un poco de autonomía dentro del Reino del que forma parte actualmente y desde el año 1707, cuando se unió a Inglaterra. Al lado de la mansión, otra increíble construcción neoclásica apareció frente a mí. el hotel Balmoral, que se ha convertido en otro ícono de Edimburgo. Aunque para ese punto ya me había acostumbrado a que cada ciudad británica se jactara de ser el sitio donde J. K. Rowling vivió, escribió, se inspiró, etcétera, está probado que el hotel Balmoral es el lugar donde la autora terminó de escribir la saga de Harry Potter. De hecho, la habitación donde se hospedó es hoy una de las master suites, por la que habría que pagar cerca de mil libras esterlinas por noche. Desde el Balmoral crucé el north bridge, el puente que une al noreste ambos lados de la depresión geográfica y me adentré a la Ciudad Vieja. Con lo bien conservados que están los edificios del old town de Edimburgo era difícil creer que datara de la Edad Media, aunque después me enteraría que muchas construcciones fueron restauradas luego del incendio del 2002. Aunque las mismas cabinas telefónicas de un vivo rojo que son símbolo de Londres se encuentran en las calles del viejo Edimburgo, sus casas y calles empedradas me hacían sentir en un sitio muy diferente. Ahora me sentía en la verdadera Escocia. En una esquina de aquel mágico casco viejo me encontré con Mairi, quien había salido ya de clases y me invitó a pasar la tarde libre con ella. Mi amiga Liane había terminado su licenciatura y ahora pretendía vivir en Lyon, donde nos conocimos, para seguir dando clases de inglés. Mientras, su gemela Mairi, todavía enamorada de Edimburgo, decidió quedarse y estudiar un doctorado. Como parecía que una vez más había arrastrado el sol conmigo, Mairi quiso llevarme al mejor mirador de la ciudad antes de que las nubes ocultaran la ciudad, como me dijo, es costumbre que suceda cada tarde. Caminamos entonces hacia el parque de Holyrood, un parque real ubicado justo al lado este del centro histórico, y que representa la principal área verde de la ciudad. El parque se compone de colinas, lagos, cañadas y riscos de basalto que ejemplifican a la perfección el paisaje típico de los highlands de Escocia. El país se divide en dos zonas geográficas, las tierras bajas al sur (lowlands) y las tierras altas en el norte (highlands). Ambas se caracterizan por ser zonas de origen volcánico. Pero las highlands dejan mucho más al descubierto los tapones de basalto, y es en una de esas regiones talladas durante la última era glaciar donde se posa Edimburgo. El más famoso de los riscos es Arthur’s seat, o la silla de Arturo, que al elevarse 250 metros es el punto más alto de Edimburgo. Arthur’s seat es fácilmente accesible desde casi todos sus puntos, y fue hasta su cima a donde Mairi me invitó a subir. La vista que se tiene desde lo alto es, sin duda, la mejor de la ciudad. Al este, puede verse el puerto de Leith, un suburbio donde Danny Boyle situó la vivienda de los personajes de Trainspotting. Al norte, la colina Halton, que sirve como Acrópolis de la ciudad y que le otorga su merecido apodo de ‘la Atenas del norte’. Y al oeste la Ciudad vieja dominada por el Castillo de Edimburgo, a donde más tarde caminaríamos. Arthur’s seat me dio un primer y estereotípico acercamiento a los paisajes de Escocia y su accidentada geografía. Ahora era tiempo de volver a sus caminos urbanos y perderme en sus calles empedradas. El trazo urbanístico del casco antiguo se lo dio precisamente la geografía al propio Edimburgo. La ciudad se construyó en la cola de una peña volcánica, que es donde se construyó la fortaleza que poco a poco se convirtió en un castillo. Esa franja es bastante pequeña, por lo que en pocos años el aglutinamiento de personas fue muy grande, llegando a albergar 80 mil personas en algún momento, solo en aquel pequeño pedazo de tierra. De hecho, la Ciudad vieja de Edimburgo es una de la que posee edificios más altos en toda Europa. Y eso sucedió porque desde el medievo la urbe fue rodeada con una muralla. Por consiguiente, y como era obvio, la mayoría de la gente se negó a vivir fuera de la fortaleza, y eso llevó a que a los edificios se les colocara cada vez más pisos encima. El propio nombre de la ciudad posee aquella etimología. La palabra burgo era usada en la Edad Media para designar a las urbes que nacían alrededor de un castillo. En las lenguas germanas, el sufijo burgh se usó para nombrar a muchas de estas ciudades. Es el caso de Rotemburgo, Salzburgo, Hamburgo, Estrasburgo y, en este caso, Edimburgo (Edinburgh). Mairi quiso que nos detuviéramos en uno de los nuevos mercados para tomar una buena cerveza escocesa y disfrutar parte del partido de Galway contra Dublin, de la liga irlandesa. Luego del reposo, volvimos a cruzar el north bridge para pasar a la Ciudad Nueva. Ambas, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1995. No hay mejor vista de la Ciudad Vieja que desde el costado de la Ciudad Nueva, que por cierto, fue mandada a construir en el siglo XVIII por la necesidad de espacio para el creciente número de residentes. Uno de los mayores símbolos de la Ciudad Nueva es el monumento a Walter Scott, uno de los autores románticos escoceses más conocidos. El color de la piedra del monumento gótico se perdió durante los años de la Revolución industrial, época en la que Edimburgo era conocida como “la ciudad humeante”, por la enorme contaminación, lo que dio a muchos de sus edificios su color negruzco actual. Desde aquel lado de los jardines centrales, llamados Princess Street Gardens, se tiene una hermosa vista de uno de los más bellos edificios de la Ciudad Vieja: la sede del Banco de Escocia. Fundado en el siglo XVII, es el banco más antiguo que sigue en funcionamiento en el Reino Unido, y fue el primer banco europeo en imprimir su propio papel moneda. A decir verdad, el edificio que alberga sus oficinas centrales parece un verdadero palacio. De repente, paseando por los jardines apareció una pareja de novios, que posaban para la sesión de fotos de su cercana boda. Honestamente, no hubo nada más bello en mi visita a Edimburgo que ver a una hermosa novia pelirroja en su vestido blanco y a su guapo prometido usando el tradicional Kilt, la famosa “falda escocesa”. A diferencia de lo que muchos creen, el Kilt fue inventado por un inglés, y se incorporó a la identidad de las highlands de Escocia luego de su unión con Inglaterra en el siglo XVIII. Actualmente, los hombres la usan solo en las ocasiones más importantes, como en bautizos, fiestas, convenciones y, claro, el día de su boda. Ver a un escocés en su falda a cuadros besar a su prometida en una verde colina frente al castillo de Edimburgo fue el mayor cliché que pude esperar de Escocia. Sólo falta un whisky —me dijo Mairi—. Y es así como fuimos a un bar cercano por una copa de un buen scotch. Luego de ello, las colinas y las zigzagueantes calles de la Zona Vieja nos llevaron cada vez más arriba, hacia la peña del castillo. Mientras parte de la ciudad se encuentra en los túneles del subterráneo, es por supuesto la colina del castillo la que domina la metrópoli entera. El castillo fue construido en el siglo XII, y fue a partir de su construcción que surgió la ciudad misma de Edimburgo a sus pies. Como parte de una fortaleza que pretendía defender las tierras bajas de Escocia de los reinos del sur (sobre todo de Inglaterra), se usó casi siempre con fines militares, y nunca como la residencia del monarca escocés. Hoy, el castillo se usa con fines civiles y está abierto al turismo. Pero con un alto precio de entrada, decidí pasarlo por alto y seguir disfrutando la tardea al aire libre junto a Mairi. Me llevó luego a los pies de la catedral de Saint Giles, un templo medieval que pertenece ahora a la Iglesia de Escocia, y es considerada la madre de la iglesia presbiteriana. Muchos de los edificios de la Ciudad Vieja pertenecen también a la época de la reforma protestante, de la que Escocia formó un fuerte movimiento y le ha dado parte de su identidad actual. La calle que une el castillo y la catedral forma parte de la Royal Mile, cuatro calles que forman las principales arterias del centro, y que son hoy líneas importantes de turismo en Edimburgo. Desde las famosas cabinas telefónicas rojas instaladas por la Corona británica en todo el Reino Unido hasta hombres tocando la célebre gaita y espectáculos callejeros locales. Mairi me llevó después a los jardines de Greyfriars, una famosa iglesia de Edimburgo cuyo patio exterior resulta ser también un panteón. El cementerio resguarda las reliquias de algunos personajes famosos de la ciudad y miembros de la iglesia. Una vez más, Escocia me demostraba que los panteones europeos no son un sitio de temor, sino de esparcimiento y paseo. Fuera de la iglesia y sus jardines se encuentra The elephant house, uno de los tantos lugares en el Reino Unido que presumen ser el sitio de nacimiento de Harry Potter. Es bien sabido que J. K. Rowling vivió en Edimburgo y solía visitar los pubs y cafés alrededor de la universidad para poder inspirarse y escribir. Pues bien, The elephant house es uno de esos tantos, aunque no puede ponerse en duda que es hoy el más visitado de la ciudad, debido a la leyenda que se formó tras la autora. Aún así, no pensaba esperar varios minutos aguardando una silla y un café de dos libras, y preferimos seguir de largo. Cuando la noche comenzó a caer y con ella la llovizna se avecinaba, Mairi se despidió de mí. Debía volver a su apartamento y continuar escribiendo su tesis. Mientras yo, pasé por algo para la cena y regresé a la casa de Krystof, para alejarme de la lluvia y saciar mi apetito. Al otro día el clima no me había sonreído tanto como el anterior. Fue cuando me mandó un mensaje Adrien. Nos habíamos conocido en Lyon y ahora estaba de visita también en Edimburgo. Originario de Ohio, tenía planes para mudarse con su novia alemana a Bohn. Y como su primera vez en Europa, no dudó en pasar algunos momentos recorriendo la ciudad conmigo. Subimos a Arthur’s seat para comer un bocadillo y luego nos dirigimos a Calton, otra de las colinas que dominan la ciudad. Calton Hill y el castillo es quienes le dan el apodo de Edimburgo como ‘la Atenas del Norte’. Y es que no es normal encontrar en el norte de Europa ciudades que hayan surgido a partir de una acrópolis en lo alto de un cerro, como suele ser común en el sur del continente. Es algo extraño llegar a Calton Hill y toparse con monumentos griegos. La realidad es que ningún griego pisó estas tierras, y se trata simplemente de un monumento neoclásico que conmemora a los caídos en las guerras napoleónicas. Pero la colina es también un increíble mirador de Edimburgo, con la Ciudad Nueva a la derecha y la Ciudad Vieja a la izquierda. Pocos minutos pasaron para que la lluvia empezara a amenazar nuestra tarde. Adrien decidió entonces que sería buena idea terminar nuestra visita en Galería Nacional de Escocia, un museo de arte situado en los Princess Street Gardens. Inaugurada en 1859, expone obras que abarcan desde el Renacimiento hasta el impresionismo de las vanguardias del siglo XIX. Los artistas presentes van desde Tiziano y Rafael hasta el español Velázquez, que se hace presente con su obra Vieja friendo huevos. Así, Edimburgo nos demostró que Escocia nunca se mantuvo tan alejado del arte y del poder de las potencias en Europa como muchos creían. Su galería de arte, su castillo, su casco antiguo medieval pero, sobre todo, sus verdes y montañosos paisajes, me demostraron por qué Edimburgo es la ciudad favorita de los escoceses por excelencia. Edimburgo fue una excelente manera de terminar mi viaje por el Reino Unido y por Europa del norte. Al siguiente día, me embarcaría de vuelta a París, para pasar mis últimos días en Francia antes de volver a México, luego de nueve meses trabajando y viajando en el viejo continente. Finalizar un viaje nunca es tarea fácil. Pero siempre puede más el poderoso deseo y la seguridad de que otra larga aventura se avecina en un futuro cercano. Y con un diario lleno de historias y una mente llena de recuerdos, volví a México, dispuesto a preparar mi próxima travesía por el mundo.
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