Piedras preciosas, termas y playa

flormdk

1.980 visitas

Piedras preciosas, termas y playa… ¿Se preguntarán el por qué del título? La respuesta es mi viaje. <3

Salí con la idea de hacer varias escalas o mejor dicho paradas. Es que cuando tengo tiempo me gusta armar viajes con varios puntos para conocer. Esta vez el viaje empieza en Entre Ríos, sigue por Misiones y termina en una playa en Brasil…

 

Las Termas de San José

 

No soy muy adepta del termalismo, pero estaba en la ciudad de Colón rodeada de centros termales y me sentí tentada de ir por lo menos a uno.

 

En Colón hay un centro termal, pero en el momento en que fui yo estaba siendo remodelado. Entonces, aprovechando una tarde calurosa, llamé a un taxi y pedí que me llevaran a San José.

San José es un pueblo, bastante antiguo y no muy turístico, su encanto esta dado por sus termas y claro también por la tranquilidad del lugar.

Llegué y luego de dejar rápidamente las cosas me fui a pasear por las distintas piletas… Hay varias, de diferente tamaño y temperatura. La recomendación que se da es no estar mucho tiempo adentro, dado que el calor del agua puede hacer mal. Así que pase mi tarde de pileta en pileta y sin darme cuenta anocheció.

 

blogentry-190-0-54664100-1409622494_thumb.jpg

 

blogentry-190-0-04364100-1409622481_thumb.jpg

 

blogentry-190-0-75810900-1409622502_thumb.jpg

 

El taxista ya me había comentado que ellos no solían trabajar hasta muy tarde, debo admitir que una sensación de preocupación me invadió. Yo estaba parando en Colón, una ciudad vecina pero no tenía movilidad propia. Pero afortunadamente conseguí un taxi que me llevó de regreso a Colón, pasé una última noche aquí y a la mañana siguiente armé todo para seguir viaje.

 

Próxima parada: piedras preciosas

 

Me despedí de la provincia de Entre Ríos para ir rumbo a Misiones. Ya conocía las Cataratas del Iguazú pero estando aquí no podía privarme de verlas nuevamente. Es un paisaje tan sorprendente, tan único…

Pero, voy a contarles más en detalle la otra excursión que hice (que en el viaje anterior no había podido hacer) la de las Minas de Wanda. Excursión que recomiendo que hagan ya que se van a sorprender. :)

Para llegar a este sitio, tuvimos que tomar la Ruta Nacional 12. Luego de unos pocos minutos de recorrido, un simpático guía nos recibió para acompañarnos a realizar el paseo para conocer las fantásticas piedras.

 

blogentry-190-0-47183900-1409622627_thumb.jpg

 

El paseo fue sumamente interesante, nos iba dando detalles sobre los orígenes y conformación química de las piedras, recordándome las clases de geomorfología de la facultad.

 

blogentry-190-0-47048400-1409622295_thumb.jpg

 

Según nos comentó el guía, las Minas fueron descubiertas en el año 1976. Un dato curioso y llamativo que recuerdo es que el basamento donde se encuentra apoyada la provincia de Misiones se conformó hace muchos años en la era terciaria, es decir, unos cincuenta millones de años atrás, una cifra geológica que cuesta entender. Fue gracias al accionar de la lava y los posteriores enfriamientos que se formaron estas llamativas piedras preciosas.

 

blogentry-190-0-13853100-1409622293_thumb.jpg

 

Avanzábamos por el lugar, sorprendiéndonos por los colores y por las formas de las piedras semipreciosas, algunas con forma de prismas, otras hexagonales, otras de formas más irregulares, todas muy distintas.

Las piedras que más predominan en las Minas de Wanda son las amatistas, las de color violeta, pero hay de todo, es posible encontrar ágatas, cristales de roca, jaspes y otras variedades más.

 

blogentry-190-0-46558900-1409622629_thumb.jpg

 

Luego de ver este hermoso catálogo, la propuesta fue conocer la sala de exposición. Aquí se venden gemas y joyas. Por supuesto, que aprovechamos para comprar algunos souvenires y adornos. Además, dicen que las piedras atraen la buena energía y yo creo que es cierto.

 

blogentry-190-0-06545700-1409622291_thumb.jpg

 

Sorprendida por la singular belleza de este lugar y con algunos regalitos volví hacia Iguazú para acomodar la valija e ir a la próxima parada...

 

Descanso en Florianópolis

 

Después de unas cuantas ideas y venidas, excursiones, más idas y venidas, recambio de hoteles, horarios, etc, llegó el momento en que el espíritu del viaje cambió de aventura a descanso… :sleep:

Un lugar para descansar sin lugar a dudas, son las playas. Conozco casi todas las playas de mi país, las que están cerca, las que están no tan cerca e inclusive las del sur las cual son sumamente distintas.

Luego de analizar mapas y alternativas, el punto a donde ir fue Florianópolis, una ciudad de Brasil, bastante cercana a mi país, Argentina.

 

blogentry-190-0-12342600-1409622177_thumb.jpg

 

Florianópolis es sinónimo de playa, según leí hay apróximadamente unas cien playas en esta ciudad. Fui a unas cuantas, pero obviamente no pude conocer todas.

Me tocaron días muy lindos, por suerte ningún día de lluvia. Aún recuerdo el intenso calor, las caminatas por la orilla del agua y por supuesto, los chapuzones en las cristalinas aguas.

 

blogentry-190-0-92035700-1409622173_thumb.jpg

 

Las tardes las pasé en la playa, con la compañía de algún refresco, charlas y paseos alternados con descanso y juegos de cartas.

 

blogentry-190-0-01056800-1409622180_thumb.jpg

 

Pero me resulta imposible quedarme quieta y descansar, aprovechaba la nochecita para salir a pasear por la ciudad.

 

blogentry-190-0-65733100-1409622167_thumb.jpg

 

Una de las cosas que más me llamó la atención de Florianópolis fue la gran cantidad de graffitis y murales pintados.

 

blogentry-190-0-19430800-1409622172_thumb.jpg

 

Aproveché también para probar los platos típicos, ya que viajar es una oportunidad para conocer la cultura y tradiciones de un lugar. Pero debo admitir que lo que más me gustó de Brasil fue la variedad de frutas que se sirven en los desayunos, muy refrescantes!


2
  Reportar Relato
Conéctate para seguir esto  
Seguidores 0
  • relatos
    10
  • comentarios
    18
  • visitas
    7.377


1 Comentario


Registrate o Inicia Sesión para comentar

Necesitas estar registrado para poder publicar un comentario

Crear una cuenta

Registrate para crear tu cuenta en nuestra comunidad. ¡Es fácil!


Registrar una nueva cuenta

Iniciar Sesión

¿Ya tienes una cuenta? Inicia Sesión aquí.


Inicia Sesión ahora
  • Blogs

    1. Tras los inauditos retrasos que hasta ahora había vivido con el sistema de transporte alemán, visitar dos ciudades un mismo día parecía una misión imposible en mi viaje por el centro de Europa. Y una tarea cansada que no pretendía experimentar.

      Pero Rothenburg estaba más cerca de Núremberg de lo que había imaginado. Y mi anfitrión, Sadettin, llenó una tesis de razón cuando me dijo: “si viniste a Núremberg sin haber visitado Rothenburg te vas a arrepentir cuando vuelvas a casa”.

      Fue gracioso, entonces, haber llegado a Núremberg sin visitar primero Núremberg. Pero aquel jueves de octubre nos propusimos sacar el mayor provecho del día. Y así lo hicimos.

      Antes de la 1 p.m. estábamos ya de vuelta, después de haber viajado hasta Rothenburg en una telaraña de transbordos en tren. Es difícil encontrar en Couchsurfing anfitriones que, como Sadettin, se tomen el día libre para mostrar a los viajeros los rincones más bellos de su ciudad natal. Sin lugar a dudas había corrido con mucha suerte.

      Sadettin es uno de muchos chicos nacidos en Alemania que descienden de una larga lista de familias turcas. Cosa que poca gente en el mundo sabe, lo cual me incluía a mí.

      La expresión en mi cara al enterarme que el Döner Kebab es un platillo alemán probó aquel mismo estupor que sorprende a la mayoría (bueno, un platillo alemán creado por inmigrantes turcos).

      Sin embargo, Sadettin, como el resto de los turco-alemanes, son una viva y sugestiva mezcla entre occidentales y orientales que aman ambas culturas. Y por ello, Sadettin no vaciló en querer mostrarme su ciudad y su centenaria historia.

      Núremberg es parte del estado alemán de Baviera, en su frontera norte. También forma parte de la histórica región de Franconia, que nació a partir del antiguo Ducado de Franconia.

      Sin embargo, la triste realidad es que la mayoría de las personas que hablan hoy de Núremberg lo hacen por otra razón: la Segunda Guerra Mundial. Y no solo como el resto de las ciudades alemanas. Más adelante hablaré del porqué.

      Pero Núremberg ha sido uno de los puntos más centrales en toda la historia de Alemania. Y todo comenzó en la lejana Edad Media.

      Tras siglos de haber caído el Imperio Romano de Occidente, un hombre llamado Carlomagno se dio a la tarea de hacer renacer a Roma. Si bien, su hazaña no fue posible, su herencia dejó a dos grandes imperios que dominaron con hegemonía el centro del Europa por varios siglos: el reino de los francos y el naciente Sacro Imperio Romano Germánico (que casi un milenio después daría nacimiento a Alemania).

      Este último fue por muchos años el favorito del Papa, quien era el encargado de coronar a los emperadores europeos.

      El Sacro Imperio Romano Germánico reinó varios territorios de la Europa Central por casi mil años. Pero nunca estuvo realmente unido como un solo estado nación. De hecho, era una agrupación de varios reinos, ducados, señoríos y ciudades estado, cuyo máximo líder era el emperador, quien se encargaba de que sus miembros no lucharan entre sí.

      De todos los territorios que formaban el vasto imperio, pocos fueron los que gozaron de una verdadera libertad política. Y entre las escasas ciudades privilegiadas se encontraba Núremberg.

      large.DSC00417.JPG.dae302dda0ed0b2e7528dd6463f0c76d.JPG

      En el año 1219, Núremberg fue nombrada Ciudad Imperial Libre. Esto le concedía el honor de rendir cuentas directamente al emperador, y no a duques, marqueses, príncipes, obispos ni a ningún otro tipo de señorío feudal, como en el resto de los estados miembros del imperio.

      Esto hizo de Núremberg una ciudad siempre a la vanguardia. Su riqueza dependía solo del emperador, por lo que su arquitectura pronto se distinguió de las demás ciudades. Sobresalió en arte, política y comercio. Y aquel brillo que emanaba de Núremberg es posible todavía admirarlo hoy (aunque la totalidad de la ciudad haya sido reconstruida).

      large.DSC00420.JPG.d42e1ca555ce11661f5493256cfec437.JPG

      Una de las mayores atracciones en su centro histórico es el llamado triángulo gótico, un conjunto de tres majestuosas iglesias que combinan lo hermoso del arte gótico sobre cimientos románicos construidos anteriormente.

      La primera con la que Sadettin y yo nos topamos caminando desde la estación de tren fue con la Iglesia de San Lorenzo, que si bien fue construida antes de la Reforma Protestante, es usada ahora para el culto evangelista.

      large.DSC00419.JPG.239087bef94c35a8e807df8d83fb7bfd.JPG

      Núremberg fue, de hecho, una de las primeras ciudades en aceptar el protestantismo cristiano tras las ideas de Martín Lutero, lo que no agradó a muchos de sus vecinos católicos. Pero finalmente dio el ejemplo, ya que el protestantismo acabaría expandiéndose por casi la totalidad del imperio, además de estados vecinos como Holanda, Inglaterra y los países escandinavos.

      Pronto alcanzamos el río Pegnitz, que atraviesa la ciudad de oeste a este, y en cuya orilla se yergue el antiguo hospital.

      large.DSC00422.JPG.c7a586ab4194ce9404a3d28b009e3cb1.JPG

      Es difícil creer como algo tan poco regocijante, como un hospital, pudiese haber sido construido con tan exquisito gusto. Era así como Núremberg me mostraba que fue una verdadera joya del imperio.

      large.DSC00425.JPG.9f3145cd3b3682d03970adb82626529e.JPG

      Al cruzar el puente arribamos al punto más icónico de la ciudad, el Hauptmarkt. Es la plaza central, antiguamente utilizada para que los mercaderes vendieran sus productos.

      large.DSC00433.JPG.ed5e9921add5718ca0a2a027ec52973d.JPG

      Si bien la plaza poco me llamó la atención, es el ícono más reconocido de Núremberg, pues en ella se emplaza cada año el mercado navideño más grande de Alemania.

      Cualquiera hubiera maldecido no haber llegado en Navidad. La verdad es que tres años atrás los mercados navideños de Frankfurt y Heidelberg fueron mi mejor regalo de cumpleaños. Así que no tenía mucho de qué quejarme.

      Aún así, en un día normal como aquel, el Hauptmarkt tiene varias cosas por ofrecer. Y dos de ellas acaban con el triángulo gótico.

      A la derecha está la iglesia Frauenkirche, o iglesia de Nuestra Señora. Es la única del triángulo que permanece todavía como católica. Y es, sin duda, la figura más imponente de la plaza central. Una figura difícil de escapar a la vista.

      large.DSC00430.JPG.e36f66471a5d514a2c781970b746e68d.JPG

      Y unos pasos más adelante, el triángulo se cierra con la iglesia de San Sebaldo, que combina sus principios románicos con lo gótico, y es considerado el templo cristiano más antiguo de Núremberg.

      large.DSC00434.JPG.87b7c39b11ee48988005dbdc508971cb.JPG

      Justo al costado de la iglesia, Sadettin me llevó a un pequeño y acogedor restaurante, que dice ser el más famoso para los turistas.

      Son muchos los lugares en Alemania que se presumen como la cuna de las salchichas. Y Núremberg no es la excepción. Es por ello que la taberna tradicional Bratwursthausle sirve como platillo principal las famosas bratwurst.

      large.DSC00436.JPG.99c168b3731c8c5eb52fa0b444ae60cf.JPG

      Aunque más pequeñas que las otras que había probado antes, las bratwurst son un bocadillo alemán del que nunca me cansaré. Y lo mejor para coger fuerzas y continuar con un día de viaje.

      large.DSC00437.JPG.ddb12c55c6f30c70b66f650b54248ca4.JPG

      Más adelante llegamos a una pequeña plaza triangular flanqueada por casas del más puro estilo alemán. Sadettin me había platicado desde antes sobre el personaje más famoso de Núremberg, un pintor cuyo nombre en pronunciación alemana no pude reconocer. —Creo que no conozco su obra —le dije—.

      large.DSC00442.JPG.c59f09830197f829552ffdbc4ea20a98.JPG

      Pero la estatua en el medio de la plaza me llevó a una epifanía: Alberto Durero (Albrecht Dürer en alemán).

      large.DSC00441.JPG.1db7540e7151da2dd30b7ad639a1ec7a.JPG

      —Es el hombre que hizo la primera selfie de la historia —afirmó Sadettin—. Por eso es tan conocido.

      Pero para mí, Alberto Durero es mucho más allá del pintor renacentista más destacado de Alemania. Y su obra me cautivó mucho más allá de su autorretrato (uno de los primeros de la historia).

      En una clase en la Universidad de México, analizamos el caso del “rinoceronte de Durero”.

      En 1515, un rinoceronte llegó a Lisboa desde la India como un regalo para el rey de Portugal. Es de saberse que en aquel entonces no era común poder admirar a un animal tan exótico como ese, mucho menos en Europa.

      Gracias al afán del rey Manuel I de Portugal por coleccionar fauna exótica, se organizó una pelea entre un elefante y el pobre rinoceronte, para demostrar que ambas criaturas eran “enemigos naturales”.

      Al festín acudieron cientos de espectadores, ansiosos por admirar a los paquidermos. Pero tan solo cinco minutos después, el elefante huyó asustado por la muchedumbre, y los guardias retiraron al rinoceronte de los ojos del público.

      Una carta anónima arribó a Núremberg junto con un boceto que representaba al animal. Ambos llegaron a manos de Durero, quien sin nunca haber podido presenciar con sus propios ojos un rinoceronte, realizó un dibujo a tinta y un grabado posterior.

      Durer_drawing.thumb.jpg.8c1fa3d5078bf57576b097b280ed4ebe.jpg

      Si bien, el grabado de Durero no es una representación cien por ciento fiel de un rinoceronte real, me sorprendió saber cómo un artista de su talla pudo trazar tal obra de arte con tan solo un pequeño boceto y una descripción escrita.

      El grabado de Durero se tomó como una referencia real de los rinocerontes por casi tres siglos. Incluso, su grabado apareció en los libros de textos alemanes hasta 1930.

      El rinoceronte de Durero fue para mí (estudiante de Ciencias de la Comunicación) la mejor clase de la influencia de la imagen audiovisual en la sociedad. Y ahora me hallaba en Núremberg, su ciudad natal, posado frente a su hermosa casa que, sorprendentemente, permaneció intacta durante la Segunda Guerra Mundial.

      large.DSC00444.JPG.a6ca553c5d0c712e656e5883ac6051ef.JPG

      Los ojos de Sadettin quedaron estupefactos al saber que, en efecto, conocía algo sobre la obra de Durero. Y si bien poco podía asombrarme más que aquel rinoceronte, me llevó al último rincón del antiguo centro histórico.

      large.DSC00443.JPG.63ada79e280be7d50bb1803a4575cdbb.JPG

      Subimos entonces las pendientes de piedra que llevaban hasta el Keiserburg, el castillo imperial de Núremberg.

      large.DSC00448.JPG.a5948a07d9c700aab19a5cc89382865e.JPG

      El casco viejo de la ciudad se encuentra todavía amurallado por una pared de piedra circular. El castillo de Núremberg es una muralla dentro de otra muralla. Y cruzarla es volver a la Edad Media alemana.

      Desde cualquiera de los puntos es posible ver una de las edificaciones más altas de la urbe: la torre del pecado que, al igual que la casa de Durero, sobrevivieron los ataques de los Aliados.

      large.DSC00450.JPG.05d7cbf0d25d0a4787f6f0c99e2d0569.JPG

      El castillo resguarda todavía algunos de los tesoros del antiguo Sacro Imperio Romano Germánico, ya que en su interior acogió a personalidades tan poderosas como Carlos IV y Carlos V, en cuyo reino se dice que nunca se ponía el sol, pues unió a las coronas germánica y española, heredando territorios en Europa, Filipinas, la costa de África, las islas del Atlántico y América.

      large.DSC00454.JPG.5e4809350dfd2631f03ab337ff263c43.JPG

      Sadettin me contó que, algo que pocos turistas saben, es que algunos edificios del castillo sirven actualmente como albergue juvenil.

      large.DSC00455.JPG.bc6bd000d76c366162295111b480f5e9.JPG

      Como todos los alcazares de Europa, el de Núremberg se sitúa en lo alto de una roca de arenisca. Y como el resto de sus hermanos, ofrece vistas increíbles de la ciudad.

      large.DSC00458.JPG.415edfccbc4644f00583bef7bd9fc1bf.JPG

      Por suerte, el sol todavía no se había ocultado, y pese a la leve neblina que cubría el aire, pude disfrutar del panorama a nuestros pies.

      large.IMG_20161027_214346.jpg.13913b32e98eb5001394a5894f5e1b2a.jpg

      Como dije al principio, Sadettin y yo nos habíamos propuesto sacar el mayor provecho de aquel día. Y todavía con algunas horas de luz solar, decidió mostrarme una cara menos agradable de la ciudad. Una a la que yo me había resistido.

      Todo lo que yo había podido disfrutar hasta entonces no es, lamentablemente, lo que viene a la cabeza de la mayoría de las personas cuando piensan en Núremberg.

      La realidad es que, gracias a su riquísima historia imperial, Núremberg fue elegida por Hitler y el Partido Nazi como sede de sus congresos. Ello dio a la metrópoli la imagen de ser la ciudad más alemana del mundo, aunque muchos de sus habitantes no simpatizaran con la ideología de los nazis.

      Haberse convertido en la capital nazi no la favoreció en nada. Pero hoy quedan todavía algunos de los vestigios que recuerdan lo que Núremberg, Alemania y todo el mundo no quisieran volver a vivir.

      Los nazis intentaron construir una réplica del coliseo romano, cuyo objetivo sería albergar los congresos del partido, con una capacidad prevista de 50,000 personas.

      large.DSC00465.JPG.3ecd02a5a73e62750471e71b89c371b7.JPG

      A causa de la guerra, el edificio nunca fue terminado, y hoy alberga al Centro de Documentación sobre la Historia de los Congresos del Partido Nazi. El Dokucentrum muestra exposiciones sobre los orígenes del antisemitismo en Alemania, el ascenso de Hitler al poder, la persecución de judíos, comunistas, y en general, del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial. Algo que, verdaderamente, ya no me hacía falta volver a ver.

      Justo al lado del Coliseo entramos al célebre Campo Zeppelin.

      Esta gigantesca explanada, que sirvió para hacer las pruebas de vuelo de Ferdinard von Zeppelin, fue la predilecta por Hitler para celebrar sus congresos al aire libre.

      large.DSC00469.JPG.9a31f6c9ae02be088de4631e1824123b.JPG

      Todo el campo es una obra de arte de la propaganda y la mercadotecnia.

      En él se reunían más de medio millón de miembros del partido nacionalsocialista, cuyos congresos eran liderados por Hitler desde una tribuna construida en 1934, un año después del ascenso del líder al poder como canciller.

      La explanada fue diseñada para que Adolf saliese desde una puerta en lo alto y bajase por unas escaleras, mientras era alabado por sus fieles seguidores del Tercer Reich.

      large.DSC00470.JPG.834d11042d29e32d1ef21b600d3ca90d.JPG

      Una vez abajo, subía a un estrado, a donde ascendía como un verdadero Dios, convirtiéndose en el líder supremo de toda Alemania y Europa.

      large.DSC00467.JPG.72ecb307047d28003d7dcd306367a710.JPG

      Sus célebres discursos en el campo, obras de dialéctica y odio creadas por sus manos derechas, fueron filmados para la película propagandística El triunfo de la voluntad, que bastante influencia ejerció en el esparcimiento del ideal nazi en la población alemana.

      El Campo Zeppelin permaneció intacto durante los bombardeos de 1945. Núremberg viviría ese mismo año los juicios más famosos de la historia del mundo, donde se condenó a los miembros del partido por todos los crímenes de guerra cometidos, así como a médicos, jueces y a todo aquel que hubiese apoyado la política sanguinaria de los nazis.

      Pararme en el mismo lugar donde Hitler difundió su odio y hambre de poder fue sin duda una sensación amarga. Pero el Campo Zeppelin es un lugar que nadie quiere dejar de ver cuando visita Núremberg, hoy convertida en un símbolo de los derechos humanos.

      Desde mucho antes sabía que visitar Alemania significaba toparse día con día con historias y lugares famosos en la segunda guerra. Es un trago amargo con el que hay que saber lidiar. Y una de las cosas que aprendí para subir mis ánimos es que la comida siempre ayuda.

      Así, Sadettin me llevó a un restaurante cerca de su casa para cenar junto con su novia.

      La elección fue un Schaüferle, un platillo típico del sur de Alemania y de la histórica región de Franconia.

      Se trata de un guiso del omóplato del cerdo, servida la carne junto con una especie de chicharrón junto, bañada en una salsa dulce. El plato iba acompañado, como muchas cosas en el sur de Alemania, de una ración de Klöße.

      large.DSC00471.JPG.26400423f56f86dfe8252c7574bb5e99.JPG

      Tras una buena cerveza y mi estómago a reventar (los alemanes siempre lo logran) volvimos a casa de Sadettin para descansar después de nuestra larga jornada.

      Al otro día otro couchsurfer, uno que había tenido el placer de hospedar en México, me recibiría en el vecino estado de Baden-Wurtemberg, y así diría adiós a la bella e imperial Baviera.

    2. Uno de mis mayores retos estaba por cumplirse, al lograr salir de Suiza sin haber vaciado mi cuenta bancaria y todavía con dos países frente a mí.

      Junto a la central de trenes de Zúrich, en un extenso estacionamiento, aparcaban tres autobuses verdes frente a los que esperábamos un grupo de diez personas. En Europa las terminales de buses al aire libre son cosa común. Y solo bajo un diminuto techo nos refugiábamos de la fría noche.

      Un par de argentinos volvían a reafirmar su prototipo. Mochileros cargando instrumentos musicales y un porro de marihuana que me ofrecieron y preferí rechazar.

      Aunque ese churro me prometía una noche de sueño sin interrupciones, no podría cambiar lo que estaba por venir.

      A las 10 de la noche abordé mi Flixbus hacia Innsbruck, una perdida ciudad al oeste de Austria que no quería dejar pasar. Aquella empresa de transporte me había sorprendido con sus precios tan bajos por toda Europa y era, por supuesto, la opción más barata para cruzar la frontera suiza.

      El arribo a Innsbruck estaba pronosticado hacia las 6:30 a.m. Y así, me dispuse a dormir y ahorrar una noche de hospedaje.

      Pero a las 3 de la mañana las luces se prendieron. El conductor detuvo el vehículo en un oscuro parking y todos empezaron a bajar.

      Mis ojos apenas podían abrirse. Me puse mis lentes para ver algo más que lagañas y nubosidad. Bajé del bus con mi boleto en mano y pregunté al chofer qué estaba pasando.

      “Esta es la última parada”, dijo. “No, yo compré mi boleto hacia Innsbruck”, repliqué. “Es otro bus. Tienes que esperar hasta las cinco”.

      Aquella era una dura lección de viaje. Siempre leer los detalles del traslado. Mi boleto era, efectivamente, un viaje sencillo de Zúrich a Innsbruck. Pero incluía una escala de dos horas en Múnich, Alemania.

      ¿Cuándo había yo visto un viaje en bus con conexiones de ese tipo? Las cosas no funcionan siempre como en mi país. Y no quedaba más remedio que esperar dos largas horas en una perdida terminal de Múnich, a donde había planeado viajar dos días después.

      ¿Qué hacer a las 3 de la fría madrugada en Múnich? No hay muchas respuestas. Pero de unas escaleras se veían bajar grupos de jóvenes, que parecían venir (o ir) de fiesta.

      Subí para saber qué se escondía sobre el montón de coches estacionados. Un supermercado y algunas tiendas cerradas. Pero hay afortunadamente una marca que ha pensado en todo: Mc Donald’s.

      Si debo dar una medalla a dos marcas que han salvado mis viajes esas son Mc Donald’s y Starbucks. Siempre que se necesite un techo donde escapar del frío, un baño limpio o internet gratuito, ellos dos estarán en una esquina no muy lejana. Muchas veces a cualquier hora del día.

      Y para los jóvenes alemanes Mc Donald’s no es más que la mejor y única opción donde encontrar algo que comer luego de una noche de cerveza y electrónica.

      Una hamburguesa y 1 hora de wi-fi gratuito después, bajé de vuelta a la terminal para abordar mi bus. Esta vez esperaba que fuera el definitivo, sin más escalas sorpresas que me despertasen en el camino.

      Antes de las siete, cuando todavía no salía el sol, llegamos a Innsbruck. La mañana era muy fría, y en la densa oscuridad podía ver ligeramente la silueta de las montañas que rodeaban la ciudad. Era la razón por la que viajé con tanto esmero hasta esa remota villa alpina.

      Innsbruck es una ciudad pequeña. No muchos couchsurfers pueden encontrarse allí. Y consecuentemente, ninguno de ellos pudo acogerme durante mi visita. Fue el momento entonces de descubrir una nueva forma de alojamiento.

      Llegando a Francia abrí una cuenta en AirBnB. Mi compañero de piso en Lyon estaba inscrito como huésped, y algunos amigos en México ya lo habían probado. Para mí no era más que un Couchsurfing pagado.

      Y como los hostales en Innsbruck parecían no bajar de los 50 euros (al menos en esa época del año), AirBnB sería mi respuesta. Por solo 16 euros la noche, Rashed me hospedaría en un pequeño apartamento no muy lejos del aeropuerto.

      Aunque los check-in suelen ser a partir del mediodía, Rashed me recibió a las 7 a.m. No tenía dónde dejar mi mochila. Además, una buena ducha no me venía nada mal después del agotador viaje nocturno.

      Rashed parecía un chico solitario. Hacía una maestría en la Universidad de Innsbruck y sus días los pasaba estudiando. Pero tras una pequeña charla me mostró una dura y actual cara de Europa. Rashed era sirio.

      Hacía ya algunos años que había escapado de su país. El gobierno austriaco lo había ayudado otorgándole una beca y un apartamento para que pudiera continuar su vida lejos de Damasco.

      Afortunadamente su familia estaba bien. Vivían ahora en Alemania, separados de su hijo y de la vida que alguna vez forjaron en un país que ahora está destruido por la guerra.

      Los refugiados se han convertido en un tema común en Europa. Aunque la apertura de muchos países para recibir extranjeros es algo que alabar, el éxodo en pleno siglo XXI es una cosa dura de creer. Pero Rashed y su historia me mostraron la realidad. Y AirBnB era una forma para él de conocer gente nueva y distraerse en una ciudad totalmente opuesta a la que lo vio nacer.

      Por suerte para mí, una ciudad opuesta a la mía era justo lo que estaba buscando. Y sin desaprovechar mi único día de visita, salí a conocer Innsbruck desde antes de que su gente despertara.

      Pocas personas han oído hablar de Innsbruck, apesar de ser una de las ciudades más importantes de Austria. Pero para los que la conocen lo hacen por una razón: los Alpes.

      large.DSC00128.JPG.028cd5c34be9457d8ee50bf136e26e07.JPG

      Innsbruck se encuentra justo en un callejón ladeado por la cordillera de los Alpes, las montañas más grandes de Europa. Y no era otra la razón por la que aquella remota villa me había atraído hasta sus suelos.

      large.DSC00130.JPG.7bff6ad4cc191018c43042c14bba7efc.JPG

      No importa por dónde caminara, las montañas estaban allí. Observando todo. Vigilando la ciudad. Dibujando su silueta sobre un hermoso cielo azul que me sonrió esa mañana.

      Innsbruck es el sitio ideal para los amantes de los deportes de invierno. Yo no soy uno de ellos. Y el otoño, para mí, era el momento ideal para visitar aquellas majestuosas montañas que resguardaban un etéreo frío en su valle interior. Nada que no pudiera soportar después de mis anteriores viajes por Europa.

      Con un escaso conocimiento de las actividades específicas que en Innsbruck podía hacer, decidí caminar hacia el centro histórico para buscar la oficina de información turística.

      La corriente del río Eno podía escucharse desde lejos y dejaba al desnudo la placidez de la que goza la ciudad. Y desde cualquiera de sus orillas la vista era increíble.

      large.DSC00131.JPG.39fa579240ebca97c4ede95d7e5055eb.JPG

      Tras cruzar uno de sus puentes, el centro histórico de Innsbruck no tardó en aparecer y mostrar su cara más colorida.

      Los edificios barrocos y modernistas demuestran lo mucho que sus habitantes se han preocupado por conservar su pasado lo más intacto posible.

      large.DSC00134.JPG.395bcb73bb18affa4a68670b820ca982.JPG

      Y no por nada Innsbruck sigue siendo un enorme punto turístico de Austria. No muchas ciudades pueden ofrecer un hermoso casco viejo con un lienzo de montañas como imagen de fondo.

      large.DSC00140.JPG.9025eab0f3f09975b4c4854813fa84a3.JPG

      Los negocios alrededor de la calle Maria-Theresien apenas abrían sus puertas cuando yo ya había tomado la mayoría de mis fotos.

      En medio de ella la columna de Santa Ana se posa como uno de los principales monumentos de la ciudad, coronando las antiguas edificaciones que la custodian.

      large.DSC00138.JPG.6af143b53bec207f201ffe8ca544dc7d.JPG

      Entre ellas está la Casa Helbling, una famosa y lujosa morada que data de la Edad Media y que fue redecorada al estilo rococó.

      large.DSC00148.JPG.8580ee2d4721848fb21709acf8925212.JPG

      Pero el más famoso de todos los monumentos es el simpático tejadillo de oro.

      Un balcón mandado a construir por el emperador Maximiliano I y que fue recubierto con tejas originales de cobre doradas al fuego. Sin duda, una excéntrica manera de poseer el mejor de los miradores de Innsbruck en aquel entonces.

      large.DSC00146.JPG.1c29d27742ac851d5e4e7feba888e36c.JPG

      Frente al tejado corre la avenida principal del centro, que se flanquea por construcciones góticas, cuyas arcadas hasta el día de hoy alojan a mercantes que tratan de ofrecer lo mejor de Innsbruck a los locales y turistas.

      large.DSC00151.JPG.1f3cde882cdb9d43f643be710a9011d5.JPG

      A solo unos metros detrás de sus callejones se asoma el palacio imperial, otra obra de Maximiliano I.

      Innsbruck es la capital de Tirol, estado austriaco que alguna vez fue un principado. El palacio imperial sirvió como residencia de los príncipes en tiempos del Imperio Romano-Germánico y del Imperio Austrohúngaro. Y hoy parece como si el tiempo simplemente no hubiera pasado.

      large.DSC00154.JPG.1534dbaffe4214679142bba861c37351.JPG

      Como todo palacio imperial de Europa, el de Innsbruck es poseedor de un extenso jardín imperial, que sirvió para el recreo de la familia real alguna vez.

      large.DSC00157.JPG.b133d63e828514e62af77c9a87124e19.JPG

      Toda la belleza del centro histórico de Innsbruck parecía destacar por sí misma. Pero algo la descollaba todavía más. Los Alpes.

      large.DSC00164.JPG.77204e1885f869a5c106fd3ca86434b5.JPG

      Los paisajes montañosos que atraviesan todo el centro de Europa, desde la Costa Azul francesa hasta los valles del Danubio al este, fueron unos de los puntos estratégicos de las civilizaciones que allí se establecieron.

      Innsbruck está justo en el medio de dos subcordilleras. La Nordkette al norte y la Patscherkofel al sur, ambas de más de dos mil metros de altura (aunque nada comparado con mi viaje a las alturas de los Andes, a mucho más de cuatro mil).

      large.DSC00162.JPG.b1753baa6f2af5505c9fca0fc6742736.JPG

      La situación de Innsbruck la dota de un clima boreal. Así, la nieve nunca desaparece de sus picos montañosos.

      Y aunque una Innsbruck cubierta en nieve debe tener su encanto, para mí no había nada mejor que un suelo seco y un cielo despejado. Así que la pregunta obligada surgió. ¿Se podría subir a las montañas?

      large.DSC00163.JPG.9baf87d2f8c0f4aa191fc0ad6e65b456.JPG

      La oficina de turismo podía asemejarse fácilmente a una librería. Con folletos en vez de libros. Pases de un día a una semana ofrecían los highlights de la ciudad. Pero nada de eso me interesaba. Yo quería ir a la montaña.

      La única opción que los empleados me daban era la joya turística de Innsbruck: el teleférico a Nordkette.

      Desde hace ya varios años subir hasta lo más alto de la cordillera que rodea Innsbruck en su zona norte es sumamente fácil gracias al teleférico. Desde el centro de la ciudad en tan solo 20 minutos se puede alcanzar la cima.

      Pero, como era de esperarse, el precio no era el más asequible. Un viaje ida y vuelta rondaba los 35 euros. Solo transporte incluido.

      Cogí un mapa y salí un poco decepcionado. Aunque la verdad no me había sorprendido. Pero las montañas seguían ahí, vigilando todo. Y me llamaban a gritos que no era capaz de ignorar.

      Así que crucé el río y caminé cuesta arriba. Seguiría el cable funicular hasta donde me fuera posible. La primera estación era en el zoológico alpino y parecía no estar muy lejos.

      Las laderas de los Alpes parecían el lugar preferido para muchos de los residentes de Innsbruck, que las habían elegido como lugar de vida permanente.

      large.DSC00173.JPG.76c5a23606c66e7210555e4b944a7671.JPG

      La mayoría de aquellas casas simulaban una cabaña, dotando a Innsbruck de un paisaje 100% alpino, si se ignoraban las construcciones modernas.

      large.DSC00175.JPG.c1b8e8a4c0efa599c309b1306dcdfe3a.JPG

      Desde el zoológico el camino se volvía más agotador. Cada vez había menos calles y quedaban los senderos de tierra, preferidos por ciclistas y montañistas, deportes bastantes comunes en Austria.

      Para ese entonces estaba ya bastante oxidado. Hacía tiempo que la altura no era parte de mi vida y subir senderos de montaña no era algo que hiciera seguido.

      Mis esfuerzos me llevaron hasta la siguiente estación, Nordpark, cuya estructura simula los techos de un glaciar.

      large.DSC00180.JPG.0c28ddf8a6446c86a89d906a237d723d.JPG

      La gente que paga su ticket puede subir y bajar del funicular en las estaciones de escala. Y lo hacen no solo por admirar la escultura de metal. Lo mejor de Nordpark es su mirador.

      large.DSC00179.JPG.07390cd280d06542b615a5eb8967d62a.JPG

      Su poca altura es ya suficiente para ofrecer una vista panorámica espectacular de la ciudad y de la cordillera Patscherkofel.

      large.DSC00185.JPG.6530a7e423521620fe78e303592892fa.JPG

      El río Eno queda al descubierto y muestra su intenso color azul, cuyas aguas resbalan desde las cumbres nevadas que así presumen su pureza.

      large.DSC00177.JPG.46510ed46ef46b4f7a15819be5748bbd.JPG

      Un bocadillo en la terraza de Nordpark fue sumamente relajante. Pero hacía falta ahora voltear atrás.

      Las montañas se hacían mucho más escarpadas. Los cables del teleférico se hacían cada vez más verticales. Y a la vista ningún sendero o escaleras hacia la cima parecían invitarme a subir.

      large.DSC00187.JPG.fa3b2544e9f3f621ccae900c8f94d800.JPG

      Las últimas paradas, Seegrube y Hafelekarspitze estaban a más de 2000 metros de altura y prometían las mejores vistas y actividades en toda Innsbruck. Un restaurante, bares y hasta una discoteca en las alturas. Una estación de ski, actividades deportivas, un iglú artificial. Toda una pequeña ciudad en lo alto de los Alpes.

      Pero al parecer la única forma de llegar era por el teleférico. Y ni eso me convencería de pagar 35 euros.

      Me alejé entonces un poco de la estación y dejé el teleférico atrás. Seguí a un grupo familiar que caminaba por un sendero que se adentraba en el bosque. Un letrero apareció entonces: “Willkommen auf der Nordkette”, dando la bienvenida a Nordkette.

      large.DSC00189.JPG.681dcc165c33afbd4f9e7f9c1006c890.JPG

      Tras él, un mapa dibujaba la telaraña de senderos que se tejían por el bosque de montaña. Y aunque poco conocía hasta dónde me llevarían, no dudé en adentrarme y conocer más de cerca las montañas de Nordkette.

      large.DSC00190.JPG.3b67aa3b6035bf0b635b53d8ea79517c.JPG

      Los primeros pasos me llevaron hasta algunos restaurantes y resorts en mitad del bosque a los que se puede llegar todavía en automóvil. Son sitios perfectos para un domingo familiar.

      Pero al rebasarlos el bosque se hacía más denso por varios kilómetros, y la ciudad desaparecía entre el saturado follaje.

      large.DSC00196.JPG.5601ab68ff411c68db0f8b800fd063ad.JPG

      Por el contrario, las montañas parecían acercarse, y sus serpientes de nieve se hacían más visibles mientras la tarde avanzaba.

      Las horas se me habían ido volando. Y una caminata solitaria por el bosque era justo el pretexto perfecto para no fijarme en la hora.

      large.DSC00199.JPG.0457683300ce195abc98d7310ce24676.JPG

      Todo allí era paz. La naturaleza en su máximo esplendor. Una ciudad así era de envidiarse. Era imposible pasar un fin de semana aburrido con tal cantidad de senderos por recorrer.

      large.DSC00200.JPG.243ab8d6ca812d48bea3cac85fe7d2b6.JPG

      Los ciclistas me rebasaban cada diez minutos. Al parecer yo era de los pocos que se habían sumergido tanto sin un vehículo conmigo. Menos mal que mis botas todo terreno soportaban hasta lo peor.

      large.20161023_144545.jpg.f5f02fdb1497ae645b9c9accd37b5f72.jpg

      El calor comenzó a sofocarme y me obligó a quitarme los abrigos. Una y otra vez. Así es el montañismo. Así es sudar en un clima hemiboreal.

      Los colores alpinos no dejaban de sorprenderme. Y sus tonos otoñales me hacían saber que aquel viaje en octubre fue la mejor decisión que pude haber tomado.

      large.DSC00203.JPG.83c080d37625e1535aec9c9cf2f443ed.JPG

      Todo aquello era algo difícil de encontrar en mi país. Quizá viajar 10,000 km no era necesario, pero indudablemente jamás me arrepentiría.

      large.20161023_143445.jpg.2e69a453352cc810da8e45040496388c.jpg

      El laberinto de caminos me llevó hasta una solitaria iglesia que también servía de parking. Los coches me anunciaban que estaba de vuelta en la ciudad.

      large.DSC00205.JPG.69e36119e123daf0f54658ffd3285377.JPG

      Eran casi las 4 de la tarde, y había recorrido unos 10 km al pie de las montañas.

      large.DSC00204.JPG.c62ebf671cc71b9d282d396c0f07ba45.JPG

      Para ese entonces el calor se me había ido, y un fuerte viento helado subía desde el valle y me aventaba hacia atrás. El clima había cambiado radicalmente en un segundo y sabía que existían probabilidades de lluvia.

      large.DSC00216.JPG.0375ce3c8674f0d3b8d2bbb3c1b8d725.JPG

      Apresuré mi paso y crucé el resto de bosque casi corriendo. Cuando llegué a la ciudad un grupo de nubes negras había oscurecido el panorama.

      large.DSC00223.JPG.95fa4186c29bd6fd2f4d2e9f9718e454.JPG

      El viento aceleraba la corriente del río y provocaba un tenebroso zumbido en mis oídos. Momento justo para meterme a un restaurante, comer una hamburguesa y tomar una buena cerveza.

      Antes de que oscureciera volví a casa de Rashed para tomar un baño y relajarme en la calefacción. No quería dormir tan tarde. Un bus aguardaría por mí el siguiente día para llevarme a la frontera norte de vuelta con sus vecinos los alemanes.

      large.DSC00218.JPG.34d54169d79940e30f3fd44afb3a96d4.JPG

      Los Alpes me habían maravillado más de lo que esperaba. Ahora era tiempo de que un castillo de cuentos lo hiciera.

    3. La Capital Federal también llamada Ciudad de Buenos Aires es la ciudad principal de Argentina, mi país. Es un sitio cosmopolita con mucho para hacer y para ver, tiene importantes centros comerciales, varios atractivos turísticos, barrios tradicionales, librerías, museos, avenidas emblemáticas, pizzerías y mucho más…

      Buenos Aires invita a ser visitada más de una vez… Fui varias veces, por aun concierto y luego me quede un par de días para recorrer la ciudad, fui a la Feria del Libro, fui de paso para tomar un vuelo hacia alguna otra ciudad, o algún colectivo que me conectara con algún otro lugar, fui de vacaciones de invierno, fui en verano… Siempre con algún motivo distinto y siempre siempre queda algo pendiente para ver…

      Esta vez fui por cuatro días. Llegué un viernes por la noche, la ciudad me recibía con un día primaveral de esos que invitan a salir a pasear. Al llegar a la ciudad recordé el mundo de gente que es Buenos Aires, una ciudad donde la gente va y viene a paso acelerado y los autos circulan a gran velocidad con un tránsito tan caótico como inquietante.

      Luego de dejar las cosas en el hotel fui a pasear por la Avenida Santa Fe ya que el alojamiento estaba a una cuadra de esta gran avenida donde se pueden encontrar cientos de negocios y también restaurantes para comer. Algo típico y característico de Buenos Aires son las pizzas en combinación con fainá.

      Otro de los paseos que aproveché para hacer durante el fin de semana fue ir a la Librería el Ateneo, es la librería más linda que he visitado, con una arquitectura muy llamativa, además tiene cientos de libros para todos los gustos, pero no fue la única librería que visité también fui a una adentro de un shopping en donde se vendían todos libros y novelas en inglés. El edificio donde se encuentra esta librería fue construido en el año 1917 y fue diseñado con la finalidad de que funcionase en el lugar un teatro, posteriormente se remodeló y desde el año 2000 funciona como una librería perteneciente a una marca tradicional de libros. Cuenta con puntos de lectura y también con un café.

      large.IMG_20170923_121322297.jpg.6fa70cc1b24104949b9ad635a3cdfe62.jpg

      Por supuesto que también visité los hitos más emblemáticos como la Plaza de Mayo, aunque haya ido en varias oportunidades a mi criterio, siempre invita a ir una vez más y también pasar por el famoso Obelisco. Aproveché para visitar lugares que no conocía, siempre que algo pendiente… Tenía como Pendiente un Centro Cultural muy lindo donde había muestras muy interesantes relacionadas con la naturaleza y el arte.

      large.IMG_20170924_151834865_HDR.jpg.6dd2e8fe252a36dd8407839c6015ee12.jpg

      Otro museo que no conocía es el de La Casa Rosada, donde se pueden ver objetos que pertenecieron a la historia del país y también a cada uno de los presidentes. Lamentablemente no pude visitar la Casa Rosada, va un dato muy importante: para ir es necesario hacer una reserva por internet con 15 días de anticipación.

      large.IMG_20170924_164642200.jpg.338f49451f85b22c45ca14e3df43c8c7.jpg

      Siguiendo con los datos útiles: hay distintas opciones para moverse por esta gran ciudad, una es el bus turístico que pasa por las paradas de los barrios e hitos más turísticos y representativos, pero también hay transporte público y varias opciones, yo elijo siempre los subtes porque son los más rápidos. (Para moverse en transporte público es necesario contar una tarjeta “Sube” la cual funciona para todos los medios: trenes, subtes y colectivos, también se puede alquilar una bicicleta para recorrer la ciudad de una manera distinta)

      Los shopping también son una visita obligada, en esta oportunidad recorrí el Alto Palermo Shopping y el del Abasto, este es uno de los más grandes de la ciudad.

      large.IMG_20170924_115732129.jpg.c4a23f5a888103c6811d75af15352fa9.jpg

      Uno de los centros comerciales más lindo son las Galerías Pacífico las cuales fueron declaradas como Monumento Histórico Nacional. Los murales y las cúpulas invitan a detenerse a mirar y contemplarlas...

      large.IMG_20170923_175555200.jpg.0ac3cb4585f006836be02f36169de386.jpg

      Un paseo por Buenos Aires nunca está completo… esta vez además de algunos museos, también me quedó pendiente conocer El Planetario…