Lecciones de Auschwitz

AlexMexico

940 visitas

La lista de destinos para un viajero depende siempre de las distancias, del dinero, del tiempo y del azar. Pero ciertamente es común toparse con las mismas personas a lo largo de la ruta, en varios lugares de la misma región y el mismo país. Y no es extraño que elijan todos el mismo sitio. Finalmente, todos entramos en la categoría de “turista”. Y si hay algo que un turista busca es ver y vivir cosas sorprendentes.

Algo sorprendente es, en la mayoría de los casos, una atracción natural o humana diferente a lo que hemos visto en nuestra vida, y con una historia que suele maravillarnos. Y como una buena referencia tenemos los Patrimonios de la Humanidad.

En 1972 la UNESCO creó este título mundial para ser conferido a los lugares del planeta de importancia cultural o natural excepcional para la herencia común de la humanidad, que deben ser preservados ante toda situación.

Por supuesto, ese catálogo de 1031 puntos de la Tierra es un must go para la mayoría de los viajeros. Algunos de ellos sumamente conocidos, como las pirámides de Guiza y Machu Picchu. Otros más ocultos y prometedores, como los castillos de Japón o el Canal del Mediodía. Pero si algo tienen en común es la belleza que los caracteriza.

La ciudad de Cracovia, el primer destino en Polonia donde me acogió otro buen couchsurfer, es otro de los bellos patrimonios alrededor de Europa que pude visitar. Maciek me había mostrado su pequeño pero valioso casco antiguo, donde residen muchos de los importantes hechos de la historia polaca.

Tras dos noches en la antigua capital contaba aún con tiempo antes de partir al siguiente día. Y contra todo engorroso pensamiento que cruzase por mi cabeza, posé lo que sabía sería una pregunta muy incómoda para Maciek y su novia: “¿Qué tal si visito Auschwitz? No está muy lejos de aquí”.

Ambos se miraron y rieron, denotando no ser el único ni el primero con intenciones de ir. :mellow:

“Todo el mundo viene a Polonia para ver Auschwitz”, dijeron. “Es quizá el destino más visitado del país”.

Aunque sabía lo triste que debe ser que la mayor atracción turística de tu país sea un campo de concentración alemán (cuando la de mi país es una pirámide maya), no pensaba dejar que una visita a Auschwitz inundara la totalidad de mis recuerdos sobre Polonia.

Sinceramente lo dudé mucho. Mis designios para un primer viaje por Europa era pasar un buen rato por las ciudades y conocer gente local. Pero Auschwitz es otro Patrimonio de la Humanidad. Y aunque carente de belleza, es su importancia histórica lo que le otorga el reconocimiento.

Es de saberse que Auschwitz no es un destino para disfrutar. No es un destino para tomar lindas fotos, pasar una buena tarde, comer entre amigos y pasear bajo el sol. No es de hecho otro lugar histórico a donde uno va sin saber qué pasó. Pero es verdad que para muchos es una visita obligada, como un símbolo de la iniquidad del hombre contra sus semejantes.

“Es tu decisión”, insistieron ambos, haciéndome saber lo cruda que podía ser la experiencia. Así que hicimos un pacto: yo visitaría Auschwitz y volvería por la tarde para comer todos juntos unas empanadas polacas, dulcificando así el final de mi día antes de mi partida. ;)

Auschwitz es una palabra difícil de pronunciar, pero que en todas las mentes humanas de hoy resuena como una canción imposible de olvidar. Pero es originalmente solo el nombre en alemán para la población polaca de Oświęcim, situada a unos 45 km al oeste de Cracovia, muy fácil de alcanzar con los buses locales que parten del centro de la ciudad.

Esta zona, antes conocida como la Alta Silesia, fue una de las áreas polacas ocupadas por el Tercer Reich alemán desde 1939. Y fue solo un año después cuando Heinrich Himmler, comandante en jefe de la Schutzstaffel nazi (SS), ordenó la construcción de un campo de concentración en la población de Auschwitz, aprovechando los ya existentes barracones del ejército polaco y los terrenos destinados a la doma de caballos.

Contrario a lo que muchos piensan, Auschwitz no fue el primer campo de concentración. Incuso, los nazis no lo habían destinado al exterminio masivo en un principio, sino que estaban interesados en la explotación agrícola, de grava y de arena. Pero la situación geográfica entre dos ríos lo hacía susceptible a inundaciones.

No obstante en 1940 comenzó su construcción, valiéndose de la mano de obra esclava de los primeros prisioneros: presos políticos alemanes, polacos y soviéticos.

El resultado fue el primer centro administrativo del complejo, con barracones de ladrillo y alambradas que hoy albergan la entrada al Museo Estatal de Auschwitz.

large.DSC05517.JPG.50c844cb9e6e6c7bc5709f9758e9b28a.JPG

Tras pagar mi ticket y siguiendo la alambrada llegué a la famosa entrada oficial del campo Auschwitz I, donde se lee el lema: “el trabajo os hará libres”, una frase que otorgaba falsas esperanzas a los recién llegados prisioneros.  Pero algo era cierto: estaban allí para trabajar.

large.DSC05518.JPG.3199d1572a1f8aa7dba04bc5b9ef9560.JPG

A lo largo del campo se encuentran todavía de pie los barracones donde los nazis alojaban a los esclavos, divididos por nacionalidades y razas. Así, hoy podemos visitar el barracón de los neerlandeses, los rusos, los polacos, los belgas, los húngaros, los checos… cada uno con un minimuseo que narra las deportaciones en cada país y cuenta testimonios reales, con fotos y videos que las describen a la perfección.

Algunos barracones no han sido convertidos en museos y se mantienen tal como se encontraron al final de la guerra, mostrando así la realidad de cómo vivían la mayoría de los presos.

large.DSC05522.JPG.262eac2ec0a3a746b481060a11dffcdb.JPG

Camas de ladrillo de un metro de alto con “colchones” de paja y un diminuto hueco que servía como ventana de ventilación, por donde debían respirar hacinados todos los huéspedes. 

large.DSC05527.JPG.0e4f3970c266ff3d57c5067850aea628.JPG

Pero aquellos barracones eran un hotel comparados con el célebre bloque 11 de Auschwitz I, que era llamado “la prisión dentro de la prisión”.

En un principio los prisioneros eran traídos a Auschwitz para obligarlos a trabajos forzados, que incluían la agricultura, la construcción y mantenimiento del campo. Pero aquellos que demostraban un mal comportamiento y desobedecían las órdenes de la SS (encargada de la gestión de todos los campos en el Tercer Reich) eran enviados al bloque 11 como “prisioneros de la prisión” para ser castigados.

Los métodos de tortura y homicidio llevados a cabo por los nazis en este presidio son simplemente escalofriantes, y suficientes para no dejar entrar a los niños, que muchas veces me pregunté por qué los hacían visitar el museo de Auschwitz a su corta edad. O_o

La muerte por inanición era algo común, encerrando al preso en una celda sin ventanas y dejándolo días sin beber ni comer. La muerte por ahorcamiento también era algo fácil de ver en sus pasillos.

Pero una de las cosas que más me aterró fue ver celdas de un metro cuadrado. ¡Un metro cuadrado! Con una pequeña puerta en la parte baja por donde el prisionero entraba a gatas. Y todavía más increíble es saber que en esas celdas los nazis llegaron a encerrar hasta cinco personas a la vez. Imposibilitados de sentarse y moverse, eran dejados a su suerte por varios días hasta que murieran por hacinamiento e inanición.

El bloque 11 es sin duda una prueba de lo irracional que el ser humano puede llegar a ser. Y como un acto conmemorativo, junto al edificio se encuentra hoy preservado el Muro de la Muerte, pared de piedra donde los alemanes asesinaron con tiros en la cabeza a miles de prisioneros, a los que hoy se les rinde homenaje con arreglos de flores.

large.DSC05526.JPG.c38c4f08d192238b80c03769494e24bb.JPG

Fue en el bloque 11 donde por primera vez en Auschwitz se experimentó el asesinato con el gas Zyklon B, que dio como resultado la muerte de 850 prisioneros polacos y rusos.

Tras la exitosa prueba se construyó la primera cámara de gas y el crematorio, que entre 1941 y 1942 fue utilizada para gasear a cantidades grandes de presos dentro del complejo. Y hoy es la única cámara de gas que sigue en pie en Auschwitz.

En la punta noreste del complejo se yergue ese pequeño edificio, que a los ojos parece totalmente inofensivo. Cualquiera que no conozca la historia probablemente lo pasaría de largo. Y muchos de los que sí la conocen preferirían simplemente no entrar. :wacko:

large.DSC05525.JPG.6acc9344fd35657578fb20822bd6dde2.JPG

En la puerta principal se lee un letrero en varios idiomas que anuncia: “Usted está a punto de entrar a un lugar donde fueron asesinadas cruelmente miles de personas. Por favor guarde un comportamiento de respeto”. Y no es de extrañarse lo específicos que deben ser.

El primer cuarto solía ser la recepción de los prisioneros, donde se les pedía desnudarse para luego pasar a “las duchas”.

En seguida hay una puerta que conduce a “los baños”, una fría y vacía sala de piedra con tuberías falsas en el techo y un agujero superior, por la que hoy los visitantes pueden cruzar siguiendo el camino de listones. Pero yo no acepté esa invitación.

El solo hecho de caminar unos metros para atravesar un cuarto donde miles de personas inocentes fueron ahogadas con un pesticida y donde todavía hoy en las paredes se ven las marcas de uñas de las desesperadas víctimas antes de morir me llenaba de un desasosiego indescriptible. Algo contra lo que no pude lidiar. :sad:

Sin siquiera tomar una foto ni dar un paso adelante regresé por la entrada y me dirigí a la última habitación, los hornos crematorios, donde hoy se rinde también homenaje con arreglos de flores.

large.DSC05524.JPG.1df71e720cb04eabec4d192dede0b91c.JPG

Ubicados justo al lado de la cámara de gas, el duro trabajo de transportar los cadáveres a los hornos, revisar orificios naturales en búsqueda de piezas de valor, quitar los dientes de oro y luego incinerar los cuerpos era llevado a cabo por los Sonderkommandos, las unidades de trabajo formadas por prisioneros que vivían separados del resto y contaban con mayores privilegios. Vivían bajo una presión psicológica inimaginable, ya que a veces eran ellos quienes conducían a sus propios amigos y familiares a la muerte por gas, y si decían algo eran incinerados vivos en los hornos. :oops:

Los Sonderkommandos eran los mayores y crudos testigos de las atrocidades llevadas a cabo por los nazis, y por ello eran ejecutados y reemplazados cada tres o cuatro meses, eliminando todo rastro de testimonio. Pero al menos uno de ellos, el doctor Miklós Nyiszli, sobrevivió, y narró en los juicios de Núremberg las labores a las que eran sometidos.

En estos últimos juicios, entre 1945 y 1946, se condenó a cadena perpetua y pena de muerte por crímenes de guerra y contra la humanidad a varios de los funcionarios nazis (aunque no a la mayoría), muchos de los que fueron ejecutados en la horca que todavía se posa frente al crematorio de Auschwitz I.

large.DSC05523.JPG.1f652d40d8dfc9e856a714939c729833.JPG

Y aunque los crímenes llevados a cabo en Auschwitz I fueron atroces, los nazis necesitaban cada vez más espacio para la cantidad de opositores que deportaban desde las zonas ocupadas, lo que llevó a la ampliación del complejo con Auschwitz II – Birkenau.

En 1941 se finalizó el segundo campo, a unos 3 km de Auschwitz I, por el que los turistas pueden llegar en bus o tours privados. Yo por el contrario decidí caminar. Había visto ya demasiadas películas y sabía que las vías del tren llegaban directo hasta Birkenau. Así que las seguí hasta toparme con la famosa entrada.

large.DSC05528.JPG.61287ca056928d7732c2f7f20ffafb7a.JPG

Aunque poca gente conoce la palabra Birkenau, es eso lo que viene a la mente de la mayoría cuando piensan en Auschwitz.

Auschwitz II – Birkenau es el recuerdo vivo y tangible más oscuro del holocausto. Auschwitz II, a diferencia de su hermano, no fue construido como un campo de trabajados forzados. Fue construido exclusivamente como un campo de exterminio.

Las vías del tren fueron ampliadas hasta el interior del campo, última parada para los trenes de carga de ganado en los que los prisioneros eran enviados desde su lugar de captura.

Muchos vagones llegaban con gente ya muerta en su interior, luego de un mortal viaje de varios días en el que escaseaba el espacio personal y no se les proporcionaba agua ni alimentos.

large.DSC05534.JPG.341d5a191493206640c78af304fae0a8.JPG

A ambos lados de las vías se extienden decenas de subcampos con barracones todavía peores que en Auschwitz I, construidos con madera, y todos rodeados por alambradas que eran electrificadas, mismas en las que muchos presos se suicidaron.

large.DSC05530.JPG.1bb2feb345e0583ea215de32bb86ab2d.JPG

Cada subcampo era destinado a un subgrupo de prisioneros de tránsito separados por sexo, nacionalidad y etnia, en especial judíos, gitanos, homosexuales, opositores del régimen y prisioneros de guerra.

Las primeras mujeres llegaron a Birkenau en 1942. Si bien los ancianos, niños, discapacitados y mujeres representaban el grupo menos útil para los nazis, muchos de ellos fueron también hacinados como transitorios en los barracones.

No todos los subcampos pueden ser visitados. Pero basta con ver los pocos que están abiertos al turismo para ser testigo de la impiedad de la SS.

large.DSC05532.JPG.bdf8c28f1815364b9cb3f550051e5091.JPG

No hace falta describir la condición en que los esclavos dormían amontonados. Techos con goteras, literas diminutas, ausencia de colchones, almohadas y mantas, habitaciones frías en el invierno y calientes en el verano. Era el ambiente perfecto para la proliferación de enfermedades, mismas que asesinaron a un gran número de presos, sobre todo el tifus. O_o

large.DSC05536.JPG.211ad303de2da2be2900fb2159679db3.JPG

Los retretes se limitaban a una fila de letrinas que pocas veces estaban conectadas a un sistema de agua. Los prisioneros eran obligados a defecar allí, sin importar si las montañas de excremento salían de los agujeros. :oops:

large.DSC05537.JPG.4f1f7dc324b58b0cbe3f878c0cffbaf0.JPG

Pero entre todo ello hubo algo más que simplemente me partió el corazón. El barracón de los niños.

La totalidad de ese inmueble estuvo ocupado por niños de todas partes del Reich que llegaron como prisioneros huérfanos, la mayoría de ellos judíos. Todos fueron asesinados en las cámaras de gas, no sin antes dejar su inocente huella por las paredes de Auschwitz.

En un muro junto a una de las camas todavía permanecen indelebles los dibujos hechos por uno o más niños de los que allí dormían. :unsure:

No pude evitar pensar qué pasaba por la mente de esas pequeñas criaturas allí encerradas, que estaban viviendo en carne propia y pagando con sus inocuas almas el terror de la guerra más sangrienta que ha tenido la humanidad, y de uno de los mayores genocidios cometidos en la historia. :crying:

 Tratando de secar mis lágrimas caminé hacia el fondo del complejo, donde alguna vez se alzaron las cuatro cámaras de gas que pudieron haber asesinado a más de un millón de personas entre 1941 y 1945.

De ellas hoy quedan solo las ruinas de sus planos. Antes de abandonar el campo ante la entrada de los soviéticos por el este de Polonia, los nazis destruyeron casi toda evidencia de su existencia.

Las cámaras fueron construidas como un cuarto subterráneo, con un horno crematorio contiguo para la consiguiente incineración de los cuerpos.

Algunos calculan que las cámaras tenían cabida para 2500 personas a la vez, lo que suma un número diario de asesinatos simplemente alucinante. :wacko:

Como he dicho antes, Auschwitz II – Birkenau fue ideado exclusivamente como un campo de exterminio.

Los prisioneros que recién arribaban en tren eran separados en dos grupos con la ayuda de los médicos nazis, entre ellos el famoso Joseph Menguel, que realizó experimentos lacerantes e inhumanos con varios de ellos. :unsure:

Los más fuertes y sanos eran enviados a un periodo de cuarentena y luego asignados a un campo de trabajo contiguo, con un tatuaje que asignaba su número de prisionero.

La suerte del resto no era nada prometedora. Los niños, ancianos, discapacitados y muchas mujeres eran enviados directamente a las cámaras, donde los Sonderkommandos los engañaban diciéndoles que tomarían una ducha.

Entre el arribo de un prisionero y la quema de su cadáver podía pasar menos de una hora. Auschwitz II – Birkenau era simplemente una fábrica de la muerte.

Muchos de los prisioneros en los subcampos eran enviados a las cámaras luego de varios meses de trabajo, ya que se encontraban demasiado debilitados para continuar, y eso para los nazis no era rentable.

Subcampos enteros fueron exterminados en un solo día, como el desalojo de los judíos húngaros en 1944 y la llamada Zigeunermacht (noche de los gitanos), en el que todos los gitanos del campo fueron exterminados en una sola acción. :confus:

Al lado de los hornos un extenso edificio servía como recepción a los prisioneros que habían pasado la prueba de selección. Allí se les despojaba de sus pertenencias, se les daba una ducha desinfectante, se les vestía con su uniforme de reo y se les tatuaba su número de identidad. Era en este edificio donde se mataba el espíritu de los esclavos desde el comienzo, haciéndoles saber que ya no había salida.

Todas las pertenencias eran enviadas al campo Canadá, donde los mismos prisioneros separaban los artículos de valor para que posteriormente fueran enviados a Alemania.

Hoy quedan solo las ruinas del Canadá, que resguarda todavía muchos de los objetos que alguna vez hicieron felices a aquellos fallecidos en el interior del campo. Lentes, zapatos, ropa,  juguetes, joyas…

Pero entre todo lo malo la esperanza nunca murió para algunos. Y el Canadá y su personal sirvieron para planear el único ataque de resistencia que se llevó a cabo dentro de Auschwitz.

Como en toda prisión, en Auschwitz hubo contrabando. Y con ello algunos presos consiguieron bombas que entregaron al Sonderkommando en turno a finales de 1944.

El Sonderkommandos logró explotar casi la totalidad del horno crematorio número IV, creando una confusión en la que algunos escaparon y muchos otros murieron, incluyendo tres soldados nazis.

Aunque la misión no liberó al campo, sentó las bases de esperanza para los que sobrevivieron. Y en enero de 1945 ellos mismos fueron liberados por los soviéticos, que derrotaron a los alemanes en el frente este.

Las historias en este remoto lugar del centro de Europa son infinitas y desgarradoras. Y aunque no se puede disfrutar de él como el resto de las atracciones en  el mundo, está allí como un símbolo de la guerra que nos recordará siempre lo que no debe volver a pasar. :(

Como lo había prometido, volví a casa de Maciek por la tarde para comer empanadas y sobrepasar el rato amargo que Auschwitz me dio. Pero verlo para creerlo fue sin duda una experiencia enriquecedora.


4
  Reportar Relato
Conéctate para seguir esto  
Seguidores 0
  • relatos
    3
  • comentarios
    13
  • visitas
    1.574


5 Comentarios


Vaya, no debe ser nada fácil visitar Auschwitz. Yo sinceramente no creo que sea una visita 100% obligada. Polonia tiene muchos otros atractivos que se disfrutan más. Pero no está de más aprender algo bueno de ello

0

Compartir este comentario


Enlace a comentario

Estremecimiento tristeza y silencio.... Realmente es muy deplorable ver lo inhumanos que podemos llegar a ser. La barbarie y la crueldad que despierta en nosotros el asqueroso sentimiento de superioridad. Lo peor es k los nazis son solo el gran ejemplo de ese sentimiento pero a diario somos participes, u observadores, de esa barbaridad y pocas veces reaccionamos para evitarla :(

Gracias Alex.

0

Compartir este comentario


Enlace a comentario

Cuando se piensa en Polonia es quizás una de las primeras "excursiones" o paseos con los que se asocia el país, pero yo no me animaría a hacerlo, parece super fuerte y triste.

De todas maneras, gracias por el relato ha sido muy interesante.

0

Compartir este comentario


Enlace a comentario

Registrate o Inicia Sesión para comentar

Necesitas estar registrado para poder publicar un comentario

Crear una cuenta

Registrate para crear tu cuenta en nuestra comunidad. ¡Es fácil!


Registrar una nueva cuenta

Iniciar Sesión

¿Ya tienes una cuenta? Inicia Sesión aquí.


Inicia Sesión ahora
  • Blogs

      • 2
        relatos
      • 6
        comentarios
      • 4379
        visitas

      Relatos Recientes

      Luego de algunos meses en Europa es común que muchas ciudades dejen de sorprender a uno como lo hicieron la primera vez. Si bien la monotonía no es muy característica de las metrópolis europeas, el cambio entre una y otra puede no parecer tan radical después de todo.

      Sin embargo, mi arribo a Bélgica tuvo una ventaja. Fue justo después de visitar Marruecos, dos países abismalmente distintos. Aunque una cosa tenían en común: un lluvioso invierno.

      “El meadero de Europa” no me había perdonado mucho hasta entonces. Pero según mis amigos, fuera invierno o verano, la lluvia no cesaba en lugares como Bélgica.

      Pero había varias cosas que me incitaban a quedarme. La calidez de su gente, su delicioso chocolate, su exquisita cerveza y la comodidad de los hostales juveniles en el que había reservado mis noches por venir.

      Otra buena ventaja fue la facilidad que me ofreció la red ferroviaria belga para desplazarme por el país. Por tener menos de 26 años, podía coger un tren a cualquier estación por solo 6 euros. Sin duda, el país donde más barato pude moverme en tren.

      Con su excelente servicio de transporte y sus cortas distancias, no me costó mucho salir temprano de mi hostal en Bruselas rumbo a su estación central, luego de otro excelente desayuno, mucho más voluptuoso que en el resto del continente.

      Se sentía increíble por fin tener la libertad de coger el tren que yo quisiera a la hora que yo quisiera, sin la presión que ejerce el tiempo cuando no podemos permitirnos perder nuestro viaje.

      Fue así como tomé un tren con dirección al oeste, a 60 kilómetros de la capital belga. Y solo 40 minutos más tarde llegué a la central de Gante, una pequeña y bella ciudad en la zona flamenca del país.

      Bélgica fue elegida como la sede de la Unión Europea y de muchas otras organizaciones internacionales, gracias a la neutralidad con la que se ha comportado durante las últimas décadas.

      No obstante, es un país bastante dividido, donde la rivalidad entre francófonos y neerlandeses puede notarse en cada rincón del reino.

      Aunque Valonia, la región sur de Bélgica de habla francesa, tiene varios atractivos que me interesaba visitar, no quería perderme un chapuzón en Flandes, la histórica región norte que nació en gran parte por su hermano del norte, los Países Bajos. Después de todo, 9 meses viviendo en Francia me dejaban ganas de visitar lugares con otro idioma y otro estilo.

      Bruselas fue el vivo ejemplo de un país bilingüe y binacional. Pero Gante, en el corazón de Flandes, me permitiría ver otro lado de la moneda.

      Si algo me gusta de tomar trenes en Europa, es que siempre la terminal está justo al lado del centro histórico de la ciudad. Así, no fue necesario tomar ningún transporte para llegar a mi hostal, y con mi mochila al hombro caminé algunos minutos adentrándome en su casco viejo.

      Aunque la historia de Flandes está estrictamente ligada al Reino de los Países Bajos y su tradición protestante, la arquitectura y trazo de sus calles no me recordaban mucho a Ámsterdam, el mejor ejemplo de una ciudad neerlandesa.

      large.DSC02549.JPG.dba4cc7cd19d1d7bfd15a7c1d169820e.JPG

      Pero definitivamente, la nomenclatura de sus vías me traía a la mente a Holanda. Kortrijksepoortstraat, Lange Violettestraat, Burggravenlaan y un sinfín de nombres más, hicieron que mi paseo en Google Maps y el centro de Gante fuera una caminata más en la capital neerlandesa.

      En una de aquellas rúas empedradas, un aparador llamó mi atención. Una pila de mapas colgados, globos terráqueos, brújulas, relojes, libros, diccionarios y diarios me invitaron a entrar a una tienda de viajes.

      large.20170227_110122.jpg.f3b6ab8e70d8d3cdf4f3493ded20f273.jpg

      Gante es el lugar donde menos esperé hallar aquel negocio. La tienda de NatGeo en Madrid me había emocionado. Pero aquel pequeño comercio local le daba a los viajes un aire todavía más emotivo y genuino.

      Seguí caminando por la misma calle hasta cruzar uno de los canales que dividen a Gante, lo cual deja a su centro histórico literalmente en una isla. Y una vez allí, llegué hasta la puerta del hostal Backstay, justo frente a la Universidad de Gante.

      Gante se distingue en todo el país por ser una ciudad estudiantil. Y aunque su universidad no es la más antigua de Bélgica, es una de las de mayor prestigio, al menos en su parte flamenca.

      El hostal es así más allá de un alojamiento. En su planta baja, el café-bar ofrece a sus clientes un excelente deal. Por 5 euros la hora, los jóvenes pueden trabajar y usar las instalaciones, además de poder beber café ilimitado y algunos bocadillos. El plan perfecto para cualquier estudiante que por allí se pase.

      En ese mismo café me senté a esperar. Mi check-in no llegaría hasta dentro de unas horas. Y con la lluvia que había empezado a caer afuera dudaba mucho en salir de paseo.

      Pero solo había reservado una noche en Gante, y aunque la ciudad es pequeña, no podía esperar tanto tiempo a que la lluvia parase.

      large.DSC02554.JPG.78967433f14176783f2cadaab97ff016.JPG

      Viajar con un paraguas no era mucho de mi agrado, y con el viento que a veces azota algunas ciudades europeas, lo mejor era siempre coger mi abrigo y mis botas todoterreno. Aún así, caminar con la cabeza abajo no es mi parte favorita de visitar una ciudad.

      large.DSC02489.JPG.b2cf4849859e0b6574381801577d8d82.JPG

      No poder sacar la cámara bajo las gotas de agua es también una enorme patada en el trasero. Pero ante monumentos como la iglesia de San Nicolás, ni el agua podía detenerme a sacar una foto.

      large.DSC02485.JPG.59936838383917991109ca150745afd4.JPG

      La iglesia es uno de los monumentos de mayor antigüedad en Gante. Su construcción se remonta a la Baja Edad Media, en el lejano siglo XIII, cuando suplió a un viejo templo que se erguía en su lugar.

      large.DSC02566.JPG.5a7e02befe05b69049c94103c30cf109.JPG

      Los alrededores de la iglesia fueron ocupados por muchas décadas por los comerciantes locales, que convirtieron a la plaza en un famoso punto central de la ciudad. Y hoy, la torre y su destacado estilo gótico dominan el horizonte medieval de Gante desde donde se le pueda observar.

      large.DSC02490.JPG.a6d7061305463837cf64f0591788c29d.JPG

      Flandes es casi una provincia de los Países Bajos, y al igual que estos, su superficie se encuentra por debajo del nivel del mar. Es por ello que las ciudades flamencas, como Gante, poseen una multitud de canales que drenan el agua que entra por el mar y algunos ríos. El río Lys es el encargado de cortar a Gante en varias pequeñas islas, casi al estilo de Ámsterdam.

      large.DSC02488.JPG.636c8085480c87cd50c319fea4dbe668.JPG

      Cuando me disponía a continuar mi paseo fotográfico, la lluvia enfureció, avisándome que era tiempo de volver a un refugio.

      No tenía el tiempo suficiente de volver al hostal. Para entonces mi ropa entera estaría empapada. Así que un restaurante de pizza fue la mejor opción para calentarme y saciar mi apetito del almuerzo. Vaya si ahora creía que Bélgica era el verdadero meadero de Europa.

      large.DSC02557.JPG.ae6a10d431e76702de456a6aba4cc393.JPG

      Tras la satisfacción que la comida italiana siempre es capaz de dar, me vi forzado a volver corriendo al hostal. La lluvia parecía no estar jugando conmigo, y lo que menos quería era pescar un resfriado.

      No fue sino hasta las 3 de la tarde que el sol se asomó con algunos escasos rayos por encima de las nubes. Y fue mi única oportunidad de conocer Gante de forma tranquila.

      large.DSC02528.JPG.f5b7440e150d7bb8de2373761e0c5848.JPG

      Volví caminando en dirección hacia el centro de la isla, justo donde había fotografiado a la iglesia de San Nicolás. Ya que a sus espaldas, otra inmensa torre llamó la atención a mis ojos, que por fin podían elevarse hacia el cielo sin miedo a que las gotas entraran tras mis pestañas.

      large.DSC02500.JPG.94b7e5037f31231922c4d3e2e8478f1f.JPG

      El campanario de Gante (llamado Belfort en neerlandés) a diferencia de la torre de San Nicolás, no se usó nunca para fines religiosos. Sirvió más bien como torre de vigilancia y almacén de la tesorería del municipio.

      large.DSC02494.JPG.85bf51e71c884d5c05f5c57df47e5528.JPG

      Múltiples campanas han pasado por su cúspide, cuya función principal a lo largo de los siglos fue la de anunciar la hora o dar avisos a los habitantes de la ciudad. Pero la campana más famosa es la llamada campana Roland.

      Roland se ha convertido en todo un símbolo heroico para los belgas. Incluso es el principal personaje del himno de Gante, que pide a sus habitantes que luchen por su tierra.

      Flandes fue dominada varios años por el imperio español, y fue Carlos V quien ordenó la destrucción de Roland, para tratar de socavar así el espíritu independentista. No obstante, los flamencos salieron adelante, y hasta hoy Gante y Roland forman parte del orgullo nacional.

      large.DSC02497.JPG.00ad7e55608df2805f4afe52521e272d.JPG

      No es de extrañarse así que el campanario de Gante se haya ganado el título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aunque de hecho, forma parte de un patrimonio multinacional, los campanarios municipales de Bélgica y Francia, que condecoran la independencia cívica de Flandes y la zona norte de Francia, e incluye los campanarios estilo “beffroi” que prestaron un servicio público en cada ciudad.

      large.DSC02563.JPG.c44a00a1ed50eb117cc011364adf36bc.JPG

      Justo enfrente del belfort, una tercera torre me llamó a sus pies, concluyendo el conjunto de las tres torres medievales que dominan el horizonte de Gante.

      En esta ocasión era la catedral de San Bavón, la sede de la diócesis católica de Gante y principal construcción religiosa de la urbe.

      Aunque parte de su fachada estaba en restauración, la gran altura de su campanario tentando a los truenos con los que el cielo amenazaba, me llamaron a su interior sin pensarlo un minuto.

      large.DSC02493.JPG.7fab138e72b0f5d9e576043b303d01ad.JPG

      La catedral alberga algunas obras de artistas de renombre, como Rubens, Otto van Veen y los hermanos Hubert y Jan van Eyck.

      En ella se coronó al emperador Carlos V, marcando un hito en la historia del Sacro Imperio Romano Germánico y el Imperio Español, que pusieron su dominio en Flandes con éxito durante varios años.

      large.DSC02496.JPG.a4bc3cbae8b5f62045a7ada1966ca822.JPG

      Los detalles interiores y exteriores de la iglesia mezclan un estilo barroco, gótico y románico, que dan al triple conjunto medieval de Gante una exquisita visión.

      large.DSC02499.JPG.9068821ff4fbe91fbb888e6ba8d96545.JPG

      Poco a poco me alejé de las plazas centrales del casco viejo, permitiéndome perderme en las calles empedradas que se rodeaban por simétricos edificios de vivos colores.

      large.DSC02524.JPG.7454eac5de871544221fd490cdeb846f.JPG

      Peor ninguno de sus colores me cautivó tanto como el momento en que llegué al callejón del grafiti.

      large.DSC02502.JPG.41a39057cee85a6d843681ecce68e099.JPG

      En una ciudad con tal número de estudiantes universitarios, era imposible evitar que un callejón de poco atractivo se convirtiera en toda una obra de arte.

      large.DSC02503.JPG.4fd9a4335c948e0ad71d14d2f5bef985.JPG

      Los artistas callejeros se dieron a la tarea de embellecer esta pequeña rúa que une a dos de las calles peatonales del centro de Gante, lo cual por supuesto resalta entre sus bellos edificios de una historia imperial.

      large.DSC02505.JPG.ed1eb2813298d771f444d102dae27153.JPG

      El sol comenzó a penetrar poco a poco aquel callejón, iluminando sus vivos colores todavía más. Y antes de que la lluvia comenzara de nuevo, tomé un par de fotos y seguí mi camino.

      large.DSC02506.JPG.06cb466bd3a0dd9cf4326d93400f0b28.JPG

      La calle Hoogpoort me llevó hasta el Muelle de las Hierbas, en la rivera del río Lys que corta el plano central de Gante en una pequeña isla.

      large.DSC02551.JPG.407cb58c4e9542f41090abe379b5d75a.JPG

      Desde el diminuto puente se aprecia una pequeña Ámsterdam de edificios simétricamente compuestos, sobre cuyo reflejo en el agua se estacionaban algunas barcas con fines de transporte.

      large.DSC02521.JPG.6645acdc9662ec9e0fafa05b29afbff6.JPG

      Gante forma hoy parte del Reino de Bélgica. Pero sus tierras bajas, canales y arquitectura estirada de ladrillos no hacen más que pensar en los Países Bajos.

      large.DSC02516.JPG.e74aa63d1ac963b72053bf8469ffc0e4.JPG

      Son ciudades como esta lo que pone a Flandes más cerca de Holanda que de su verdadera nacionalidad. Sea como sea, Gante me mostraba una cara de Bélgica que era la que estaba más entusiasmado por conocer.

      large.DSC02547.JPG.6237a18bdecb567faa66afe0354e0b4b.JPG

      Al cruzar el puente llegué a una pequeña plaza empedrada, donde el antiguo mercado de pescado de la ciudad resguarda hoy la oficina de turismo.

      large.DSC02533.JPG.6562e888b67cb82c20b552343ebdeb39.JPG

      No había mucho que preguntar en ella, ya que justo enfrente se erguía otra de las grandes joyas de la ciudad, el Castillo de los Condes de Gante.

      large.DSC02525.JPG.051a819f34c91428c4dbc916479b8416.JPG

      Como en muchos condados de la región, los Condes de Gante no quisieron quedarse atrás, y decidieron mostrar a sus ciudadanos y a los enemigos el poder con el que gobernaban el Gante medieval.

      large.DSC02529.JPG.43b92133f3d71df1d8c42bf9c3a0b407.JPG

      El castillo de uno de los sistemas de defensa mejor conservados de Bélgica, cuya muralla está casi intacta, lo que le cuesta miles de visitas de turistas cada año.

      large.DSC02541.JPG.7068eb0f6164216d2d5e82e792f0c3fa.JPG

      Es posible visitar su interior. Con su torre del homenaje, la residencia condal y una gran colección de instrumentos de tortura, el castillo es otro gran ejemplo de las grandes fortalezas medievales en Europa.

      large.DSC02536.JPG.4f9d1699070343ba128458f2c9e44f50.JPG

      Con un puñado de negras nubes en el cielo, decidí volver al hostal, no sin antes pasar por una calórica cena y una buena cerveza en una de las tantas boutiques del centro.

      large.DSC02522.JPG.b59e985d7fcd946c773684d89a54e61b.JPG

      Bélgica comenzaba a gustarme cada vez más, pero sin duda su cerveza me tenía con la cabeza en otro mundo.

    1. Hacía bastante que no planificaba un viaje al Sur de mi país, aunque ya viajé varias veces, no he terminado de recorrerlo... Tiene muchos lugares turísticos, otros no tanto y muchas cosas para ver y para hacer, en un sólo viaje es prácticamente imposible conocerlo completo.

      Esta vez no quería un viaje de muchas idas y vueltas, con varias paradas, varios hospedajes, varias veces de armar y desarmar valijas, sino que quería viajar más tranquila, con la famosa modalidad de slow travel. Considero que para conocer un destino hay que estar varias noches, sino es una simple “pasada por el lugar”.

      El Chaltén tiene el apodo de Capital Nacional del Trekking, esto es así porque tiene varios caminos para hacer con vistas a imponentes paisajes. Sabía que iban a ser seis largos días donde más que descansar, iba a sentirme parte del paisaje. Armé el equipaje con los bastones de trekking, calzados apropiados y ropa cómoda...

      El primer día, como en todo viaje sirve para ubicarse y acomodar el equipaje. Es un pueblo muy pequeño con muy pocas cuadras, pero con una gran cantidad de negocios, todo en función del turismo. El Chaltén es un lugar único y muy especial. Está dentro de un parque, el Parque Nacional los Glaciares, es un pueblo que vive exclusivamente del turismo y que se fundó hace muy poquito, en el año 1985. Como está en un Parque Nacional, no tiene aeropuerto, para llegar lo más cómodo es tomar un avión hasta El Calafate y desde allí un transfer. En mi caso, el viaje había sido bastante largo, desde mi ciudad, Mar del Plata a la Capital Federal, desde allí a El Calafate y finalmente a El Chaltén, unas cuantas horas de viaje y otras tantas en espera...

      El segundo día que llegamos, El Chaltén amanecía con un día único, soleado, sin viento (cosa bastante rara para tratarse de la Patagonia) y con una muy buena temperatura. Después de desayunar en el hotel salimos a caminar con rumbo al Cerro Torre. Hay varios circuitos de trekking, este está considerado como de dificultad intermedia. Es un trayecto de 22 kilómetros, está calculado para hacerse entre 5 y 6 horas. Así que salimos temprano, equipados con todo lo necesario para pasar el día, agua, frutas, un almuerzo liviano. Un consejo importante que nos habían dado los lugareños es que, el agua que se encuentra en el camino en los arroyos y cascadas es natural y que no es necesario entonces trasladar varias botellas de agua, basta con llevar una y recargar. Creo que nunca había tomado una agua tan rica y fresca :big-smilB:

      Otra de las caminatas que se pueden hacer en este pueblo de montañas, es ir al Fitz Roy, es la meca de los escaladores y el camino más buscado por los amantes de las caminatas o del senderismo. Hubiera estado muy bien tener un día de descanso entre caminata y caminata, pero estaba anunciado mal tiempo para los días siguientes. Dicen los lugareños que un día de sol, despejado y sin viento, no se puede desaprovechar... A pesar del cansancio, luego del desayuno volvimos a salir. Para llegar al inicio del camino es conveniente tomar un minibus. Una vez llegado al punto de inicio nos esperaban unas nueve horas de caminata. Son unos 25 kilómetros. Lo bueno es que era verano y en verano en el sur, oscurecer después de las 22:30. De todas maneras salimos temprano para que no nos agarrase la noche en el camino. Durante la primera hora, la pendiente del camino es algo pronunciada, tuve que ir haciendo pausas para evitar la sensación molesta de falta de aire. Los ñires forman parte del paisaje junto con arroyos. Lo más lindo, el silencio y el aire puro. El punto más difícil del camino, es una pendiente empinada, la cual debe tener aproximadamente unos 400 metros. Demanda, según los carteles una hora de esfuerzo, ante mi falta de experiencia en este tipo de "travesías" me tomo una hora y media. De todas maneras cada segundo de esfuerzo valió la pena para disfrutar de La Laguna de los Tres con unos imponentes cerros de fondo. Después de tanto andar, era hora de sentarse a descansar, contemplar y hacer un picnic disfrutando tal hermosa postal.

      Una vez finalizado el almuerzo tuvimos que emprender el regreso, en total fueron aproximadamente nueve horas de caminata, a pesar del cansancio se disfruta igual, a lo largo del camino aparecen distintas postales que son realmente únicas.^_^

      Los días siguientes fueron más tranquilos en cuanto a caminatas y exigencias físicas. Hicimos el paseo más sencillo, visitar el Chorrillo del Salto y lógicamente probar su exquisita agua pura de deshielo.

      A los días siguientes el tiempo empeoró :mellow:, pero no fue un impedimento para seguir paseando.... Hicimos una excursión al Lago del Desierto, otro paraíso natural con senderos para caminar, afortunadamente mucho más sencillos.

      También visitamos los miradores desde donde se puede ver el pequeño pueblo rodeado de montañas que marcan sus límites naturales.

      Hubiera faltado más tiempo para recomponerse y hacer la tercera caminata larga que propone este destino, visitar el Pliegue Tumbado, pero de todas formas es lindo que siempre quede algo pendiente para planificar una vuelta ^_^... El Chaltén es un pueblo único, al que seguramente en otra oportunidad volveremos! :big-smil::big-smil:

      fitz-roy-970108_640.jpg

    2. Hacía ya mucho tiempo que no disfrutaba de la grata experiencia de tener un cuarto de hotel para mí solo. Aunque solo fue por una noche, un baño caliente en mi ducha privada y una cálida y reconfortante cama me dejaron listo para el resto de mi viaje.

      A 355 kilómetros al sur de Marrakech, aquella mañana desperté con una increíble vista desde mi balcón, desde el que se apreciaba el valle del Dadès, uno de los principales ríos de Marruecos.

      large.DSC02296.JPG.82f1a37f8e7f17f375d71ff16a5761ca.JPG

      Bajé muy temprano a desayunar con Bom y Aleena, las dos chicas con las que el día anterior había comenzado un tour por el sur de Marruecos, que hasta entonces nos había deleitado con montañas nevadas, un castillo bereber, una ciudad sede de los mejores estudios de cine de África y, por supuesto, con el famoso tajín como el platillo principal de cada día.

      A nuestra mesa se unieron un par de chicos georgianos (sí, de un país llamado Georgia que se encuentra en el Cáucaso).

      Mi primera sorpresa fue encontrar por primera vez en mi vida a ciudadanos georgianos viajando como mochileros. Es muy bueno de vez en cuando toparse con gente diferente, y aquel desayuno era el mejor ejemplo con dos georgianos, una rusa y una coreana junto a mí.

      Pero mi mayor sorpresa fue enterarme de que Bom había cambiado de cuarto con aquellos chicos. La razón, era que el chofer de nuestro tour se había pasado toda la noche haciéndole bromas pesadas, diciéndole que si no se acababa la cena dormiría con ella en su cama.

      La incomodidad de Bom era evidente. Decía ni siquiera estar segura de haber entendido el inglés de aquel viejo hombre cuando externó sus “chistes”, tras los cuales siempre reía y acababa recalcando que todo era un juego.

      Aleena y yo le hicimos saber que no la dejaríamos sola con él, y que si algo llegase a pasar durante el resto del tour veríamos por ella en cualquier momento.

      Fue normal entonces que los tres volviésemos un poco perturbados al interior de la camioneta, donde el chofer ya nos esperaba para seguir nuestro camino.

      Antes de dejar el hotel, un miembro del personal se acercó a la camioneta, preguntando si alguno de nosotros había cambiado de habitación, ante lo que todos nos quedamos en un incómodo silencio.

      La señorita solo deseaba saber el paradero de una toalla, ante lo que Bom respondió diciendo que ella había cambiado con los georgianos y había dejado la toalla en la otra habitación.

      Nada más pasó después. Pero el silencio del chofer (algo bastante raro en una persona tan parlante) dejó entrever lo engorroso del momento.

      Hicimos una rápida escala en otro hotel del valle, donde recogimos a Rafa y Silvia, la pareja madrileña que también formaba parte de los pasajeros del tour.

      Su cara de fastidio delató la mala noche que habían pasado, lo que sumó todavía más incomodidad a la atmósfera que se vivía en el vehículo.

      Ambos habían pagado dinero extra a su agencia de viajes en España para que los colocara siempre en buenos alojamientos a lo largo del tour. Vaya sorpresa que se llevaron al descubrir que su hotel estaba todavía en obras negras en buena parte del complejo. Su habitación no tenía calefacción ni agua caliente y las paredes olían a una tremenda humedad a causa de la pintura fresca.

      No tardaron en hacerle saber a su agente la inconformidad que los colmaba en aquel momento. Y aunque nuestro chofer no tenía la culpa de mucho, no dudaron en poner su queja también con él, lo que no parecía tan conveniente después de lo vivido con Bom.

      El descontento duró algunos minutos, necesarios para externar nuestras quejas.  Pero sabíamos que aquel viaje a Marruecos era una experiencia única en nuestras vidas, y debíamos aprovecharla al máximo si queríamos guardar un bonito recuerdo de ella.

      Así, poco a poco fuimos dibujando una sonrisa en nuestros rostros, mientras dejábamos que los paisajes al otro lado de la ventana nos siguieran asombrando más y más.

      large.DSC02299.JPG.804ee0f17c0aaa90c4e4af580a65574f.JPG

      A orillas de la carretera varias colinas de poca altura iban pasando ante nuestros ojos. El panorama pasaba a tonos cada vez más rojizos, donde hasta las casitas parecían estar hechas con la arcilla del suelo.

      large.DSC02301.JPG.e291b487f5fcd90893062bbfbf5b3411.JPG

      Aquella autopista es uno de los trechos más famosos para los turistas que se pasean por Marruecos, incluidos los cientos de personas que lo hacen a bordo de una casa rodante.

      Marruecos está dotado con estacionamientos y campamentos para casas rodantes a lo ancho y largo de su territorio. Nunca creí que aquel país estuviera tan preparado para aquel tipo de viajeros; en ese campo nada tiene que envidiarle a lugares como Estados Unidos, Noruega o Argentina.

      large.DSC02303.JPG.956de3adc219285255c3a38915ff2129.JPG

      Muchos de aquellos excursionistas pasaron la noche en un parking a orillas de la carretera, muy cerca de donde nuestro chofer se detuvo y nos dio unos minutos para fotografiar las Gargantas del Dadès.

      large.DSC02304.JPG.9a538ac25a0fb8537523a6f3b70f588e.JPG

      Todos los paisajes que habíamos cruzado formaban parte del valle homónimo. Pero unos kilómetros río arriba el relieve se apilaba en una especie de garganta, con formaciones geológicas que parecían venir de otro planeta.

      large.DSC02305.JPG.df2404e7eb35a0ed32b56c900df924c7.JPG

      La mañana apenas comenzaba y los pocos rayos del sol que podíamos alcanzar los aprovechábamos al máximo para calentarnos de pies a cabeza. Había huido del frío en Europa para pasar algunos días más cálidos en Marruecos. Pero al parecer su invierno no era nada de lo que había imaginado.

      Pasamos una hora más en la carretera, que casi todos tomamos para dormir un poco más. Tras 70 kilómetros al este llegamos a un pueblo llamado Tinerhir, ubicado en medio de otro valle, esta vez atravesado por el río Todra.

      large.DSC02317.JPG.3cd0f42260c55c7dafdaa103a3ffe804.JPG

      La ubicación de la población hacía bastante lógica, pues aquella parte del valle estaba inundada por un oasis de verde vegetación, lo que permitía a los lugareños cultivar su superficie para su propio autoconsumo.

      large.DSC02316.JPG.f417f7b4c04d01f608c312abeb30d7fb.JPG

      El chofer descendió por las colinas hasta lo más bajo del valle, donde un guía nos esperaba para mostrarnos el pueblo.

      Nos llevó en una caminata por el medio del oasis, donde los canales artificiales de agua ayudan a los campesinos a regar sus plantaciones de sorgo, flores y otros vegetales que sustentan la alimentación de buena parte de la población.

      El verde vivaz de sus suelos contrastaba mágicamente con el paisaje de Tinerhir al fondo, cuya mayoría de edificaciones están hechas principalmente de arcilla.

      large.DSC02306.JPG.462b0df2224245805d3a8aafbf0e51a0.JPG

      Nos adentramos así en las curvilíneas calles del pueblo, que no distan mucho de las típicas postales marroquíes.

      large.DSC02308.JPG.fd5ec993879e5aa886a4782a2f805495.JPG

      Las mezquitas y los gatos parecían ser parte esencial de la vida en en Tinerhir, como bien había podido ya notar en muchas otras ciudades de Marruecos.

      large.DSC02310.JPG.bf7cb770d33e9babcd5bcce41ef6aa5c.JPG

      El guía nos explicó que varias casas en la zona habían quedado completamente abandonadas, debido a la migración de muchos habitantes a las grandes ciudades. Eso convertía a Tinerhir en un pueblo casi fantasma.

      Pero para conocer lo que queda de la vida en aquel lugar, nos llevó hasta la tradicional casa de una familia local, donde tocó la puerta y nos invitó a quitarnos los zapatos para poder entrar.

      Aleena decidió quedarse en el pórtico y esperar por nosotros. Los demás en cambio nos sentimos felices y bienvenidos con un té de menta que nos ofrecieron como cortesía.

      large.DSC02312.JPG.38134392f185a31289161b05fd28ce1e.JPG

      El matrimonio que allí vivía se dedicaba a la confección de tapetes y mantas marroquíes, hechos con estambre de lana de camello original.

      large.DSC02313.JPG.13e64c02edcfb6c51476306b76722fd2.JPG

      Los vivos colores de las mantas son extraídos de elementos naturales encontrados en el mismo valle. Así, el rojo se obtiene de la henna, el verde de la menta, el amarillo del azafrán y el azul del índigo.

      large.DSC02315.JPG.14775f6ce0108e7e2203b5fc87bb5845.JPG

      La atención de la familia y del guía parecían estupendas, hasta que lo inevitable llegó. El hombre comenzó a pasarnos uno por uno los tapetes, preguntándonos cuál nos gustaba para decirnos el precio “especial” por el que nos los podía ofrecer.

      No gracias —es todo lo que salía de nuestras bocas—. Ni siquiera podríamos llevar algo tan grande en el avión.

      Como era de esperarse, la insistencia de ambos no se detuvo, y nos siguieron pasando más y más tapetes, que seguíamos dejando en el suelo a manera de rechazo.

      Cuando el hombre se dio por vencido, se paró y nos llevó hasta la salida. Cerró la puerta tras nosotros y supimos que se había enfadado por no haber logrado ninguna venta.

      Ahora entendíamos la razón por la que Aleena se había quedado fuera. Había anticipado bien lo que sucedería, y no era su intención atravesar una batalla más con un feroz vendedor marroquí, que tanta mala fama tienen.

      El guía nos llevó de vuelta al coche, en el que manejamos unos pocos kilómetros río arriba y aparcamos en la entrada de las Gargantas de Todra, el desfiladero más alto de todo el valle.

      large.DSC02326.JPG.1893c0a093b295dc4bf68fce3d757ec6.JPG

      Aunque el sol golpeaba fuerte sobre nuestras cabezas, al introducirnos al callejón del desfiladero un frío viento empezó a azotarnos con suavidad, lo que nos forzó a volver al coche y coger nuestros abrigos.

      A diferencia de las Gargantas del Dadès, esta garganta se trataba de un verdadero cañón, tallado por el ensanchamiento del río Todra hace ya varios miles de años.

      large.DSC02327.JPG.9203bd5734a1949edb9f8495a399f1e1.JPG

      Lo más curioso de aquel complejo paisaje lo encontramos al fondo del pasadizo. Entre un montón de rocas en el suelo, el agua brotaba como la fuga de una tubería. Ese era el nacimiento del río Todra.

      large.DSC02329.JPG.47d18dfbe7377ae1a15d1f964f8788a5.JPG

      Parecía increíble como un curso de agua tan largo como el Todra, que bañaba los cultivos de toda una ciudad, diera comienzo en una filtración tan diminuta, en el medio de un paisaje tan árido como aquel.

      large.DSC02321.JPG.ff072f883b4942672781928e41b6fb3e.JPG

      El chofer nos pidió volver para llevarnos al restaurante donde tomaríamos el almuerzo, en una terraza justo al lado del río Todra.

      Esta vez quiero algo diferente —me dije —. Algo que no sea tajín. Llevaba comiendo aquel plato todos los días desde mi llegada a Marruecos.

      Así que opté por la galia, sugerencia que el mesero mismo me dio. Pero al llegar el plato a la mesa supe que me esperaba más de lo mismo. La galia no era nada más que tajín con huevo. Nada feo, debo decir. Pero comer todos los días lo mismo a cualquiera le puede aburrir.

      Apenas con la digestión en curso nos vimos forzados a volver al auto. Teníamos dos horas y media de carretera por delante y si queríamos disfrutar de nuestra última tarde en el tour debíamos apresurarnos para llegar a tiempo.

      El silencio y el sueño se adueñaron del viaje, que nos llevaba hasta la punta este de Marruecos, casi en la frontera con Argelia.

      A diferencia de las ciudades imperiales, en esta zona del país el cielo estaba casi siempre despejado, libre de lluvias torrenciales, pero aún con algo de frío invernal.

      Mientras más avanzábamos el paisaje se hacía más y más árido. Hasta que el suelo rocoso y las montañas rojizas se transformaron en una capa de arena que lo cubría todo. Habíamos llegado a Merzouga, la entrada al desierto del Sahara en esta parte de Marruecos.

      large.DSC02335.JPG.ecbf16b1855d2accad78b1b6c4d1be69.JPG

      Una vez rebasados los Montes Atlas y los valles de los ríos en el centro del país, Marruecos se convierte en una sábana interminable de arena desértica. Merzouga es un pequeño poblado localizado en el límite entre los valles y el desierto de dunas, lo que lo convertía en el mejor punto culminante para nuestro tour.

      Dejamos a la pareja de españoles en un hotel, a donde los recogeríamos la siguiente mañana. Al resto, el chofer nos llevó a otra especie de hostal, que era el campamento base para muchas de las agencias turísticas.

      La razón de ello es que el hostal está ubicado justo al lado del comienzo de las dunas, el lugar perfecto para un establo de camellos.

      large.DSC02395.JPG.4a92b0469f004d223e0f108502512ff2.JPG

      Dejamos nuestras mochilas en un cuarto y el chofer nos presentó con Amar, quien sería nuestro guía y compañero a partir de entonces.

      Amar era dueño de su propia agencia de turismo en Merzouga, y también poseía un grupo de camellos. Era así como nos llevaría a dar un paseo por las dunas, en medio de las cuales pasaríamos una noche durmiendo bajo las estrellas del Sahara.

      large.DSC02337.JPG.b5be870c50c0e2d36f113f732e533222.JPG

      Alguna vez en mi vida me había montado ya en un caballo. Pero hacerlo sobre las jorobas de un camello sería algo totalmente nuevo.

      large.DSC02336.JPG.22d2de670ccc82b13963196545ee5efb.JPG

      Por supuesto, una silla y una barra de metal hacen la tarea más fácil para acomodarse encima de su lomo. Pero al ponerse en pie y comenzar su andar por la arena, sus tambaleantes movimientos nos dejaron a todos con el trasero adolorido.

      large.DSC02343.JPG.b06cc530199ff8b5396d86a2f76a1b49.JPG

      La caravana comenzó por allí de las 5 de la tarde, cuando el sol todavía estaba en su apogeo, deslumbrando el paisaje frente a nosotros con las dunas iluminadas y un cielo potentemente azul.

      large.DSC02338.JPG.a2577c05377d5d0e55cf10bc757a7196.JPG

      Amar tomó la delantera, y comenzó a caminar subiendo y bajando las dunas, como si aquello no significara un arduo trabajo físico para él. Yo había subido un par de dunas en mi vida, y vaya que es una labor agotadora.

      large.DSC02350.JPG.a6b4191d345318f36fb17aaf51e59675.JPG

      Con una cuerda tiraba de los tres camellos que nos llevaban a bordo. Aleena al frente, Bom en medio y yo detrás de todos, dejando ante mi vista una improvisada pero verdadera caravana del Sahara.

      large.DSC02344.JPG.4678da96247a8738bc660089376b9d98.JPG

      Aunque un vistazo atrás bastaba para advertir que la civilización de Merzouga estaba a solo unos pasos, era lindo engañarnos mirando solo hacia delante, con nada más que el desierto más grande del mundo frente a nosotros.

      large.DSC02349.JPG.bac622cca4d934739b5c742f093add16.JPG

      A unos kilómetros al este se encontraba la línea fronteriza con Argelia, tras la cual el Sahara se extiende hasta la costa del mar Rojo, abarcando un territorio casi igual de inmenso que los Estados Unidos de América.

      large.DSC02351.JPG.896f5d1654898b66929b72f50486a276.JPG

      Era difícil creer que estábamos solo en el preludio de lo que parecía ser un infinito lienzo de arena. Y donde las dunas parecían no terminar, nuestro campamento apareció escondido entre ellas, casi una hora después de haber salido de Merzouga sobre los camellos.

      large.DSC02362.JPG.da13ff20e2f3636b5c38d14602d15557.JPG

      Amar guió a nuestros peludos amigos hasta la orilla de nuestro campamento, que se componía por unas diez tiendas cubiertas en gruesas mantas de lana de camello. Incluso contaba con un baño improvisado cubierto de las mismas telas. Son las típicas casas de los pueblos nómadas bereberes.

      large.DSC02356.JPG.cc947d7b7f35cbe7bf2dd886d5c8dc20.JPG

      Amar mismo nos contó que nació en una familia nómada del desierto. Su identificación oficial de Marruecos tiene una fecha y un lugar de nacimiento aleatorios; la verdad sobre su llegada al mundo sigue siendo una incógnita incluso para él mismo.

      Aprovechando el sol que todavía se ponía sobre el cielo, Amar nos invitó a sentarnos sobre una mesita redonda que había colocado en el medio del campamento. Era la hora de tomar el té, lo equivalente en el mundo árabe a beber una cerveza o un café con los amigos.

      large.DSC02358.jpg.f36a60af6501d2d029e5e987c368d190.jpg

      Mi bufanda pasó a ser un excelente turbante que cubrió mi cabello de los rayos solares, tal como los verdaderos bereberes protegen su cabeza.

      large.DSC02360.JPG.33b5170a314819e06a450be578ddcc1b.JPG

      Aunque cuando el sol poco a poco comenzaba a alejarse, el turbante sirvió más bien para abrigarme del fresco del desierto, que durante la noche llega a ser bastante crudo.

      large.DSC02359.JPG.ce10d9d5ae5cda382dbf1670eb3cc57d.JPG

      Al desviar nuestra mirada hacia arriba vimos a un grupo de personas que subían la duna. La puesta de sol estaba por comenzar, y estando en el desierto del Sahara era algo que ninguno de nosotros se podía permitir perder.

      large.DSC02363.JPG.b38c3eca17158a001edf1811818e57f2.JPG

      Con todo nuestro esfuerzo comenzamos el ascenso, que sobre la arena resbaladiza fue bastante duro para quienes no estábamos acostumbrados. Por supuesto que para Amar fue solo pan comido.

      La escalada fue más fácil sin nuestros zapatos puestos. Además, sentir la arena del Sahara bajo los pies era simplemente una oportunidad única.

      large.DSC02372.JPG.bea2dab302fd4f309b34eb012a105691.JPG

      No se podía determinar si había una verdadera cima. La forma irregular y a la vez perfecta de las dunas nos invitaban a todos a caminar por todo lo alto, dejando nuestras huellas hundidas al pasar.

      large.DSC02364.JPG.3cad5c021711e0596482f4f9ba7105ac.JPG

      Desde allí pudimos ver otros campamentos que se erguían alrededor, colmados de turistas que como nosotros, ansiaban vivir la experiencia de dormir en medio del desierto.

      large.DSC02361.JPG.c966c68473589810b109f998ff10c6db.JPG

      Las dunas de Merzouga son también uno de los sitios preferidos para los amantes de los boogies y los coches 4x4, que pueden ser fácilmente rentados en la ciudad.

      Las vistas desde lo alto eran maravillosas. Y aunque del lado oeste (por donde se ponía el sol) se asomaban las siluetas de Merzouga, el lado este no ofrecía más que la infinidad del desierto, a donde todos preferimos mirar.

      large.DSC02365.JPG.eec402b1d9304b1afd461c21a13b630d.JPG

      Una frontera, un desierto, el comienzo de un continente entero estaba frente a nosotros. Y la idea de saber dónde estábamos no nos dejaba de regocijar.

      large.DSC02370.JPG.60eeff8d9df62ba67643cbdd92322f8e.JPG

      Antes de que el sol se ocultara por completo, bajamos de vuelta al campamento, donde Amar preparó una de las tiendas para la hora de la cena.

      El menú no fue una sorpresa. Un enorme plato de tajín acompañado de pan árabe y té de menta. Aunque Aleena, Bom y yo estábamos ya cansados del tajín, debo aceptar que comerlo en un campamento bereber en el desierto hizo de aquel el mejor tajín de mi viaje.

      large.DSC02375.JPG.d2fe8275b1558d2f72c31eabc5491b76.JPG

      Fuera de la carpa, la noche había caído sobre el campamento, y una profunda oscuridad lo inundó todo.

      Amar prendió una fogata en medio de las tiendas y nos invitó a recostarnos a su lado, ayudado con el calor de un montón de mantas que apiló sobre la arena.

      Los cuatro nos quedamos callados por un instante, no haciendo nada más que mirar al firmamento, donde las estrellas comenzaron a brillar una por una conforme avanzaba el reloj.

      Nuestros ojos se acostumbraron a la oscuridad, y fue posible ver cada vez más figuras en el espacio. Por un momento mi mente se transportó a otra dimensión, una color azul marino rodeada por figuras diminutas y brillantes.

      large.DSC02373.JPG.710de45bb5894f51e1114b7f9eb86952.JPG

      No me había dado cuenta, pero lo que estaba viendo frente a mí era la Vía Láctea. Una figura nebulosa que nunca había podido presenciar, no con la contaminación lumínica de las ciudades modernas.

      Capturar aquellos cuerpos celestes con nuestra cámara era un desafío casi imposible. Pero nos conformamos con disfrutar de su sola presencia.

      El frío nos heló a todos de pies a cabeza, y decidimos volver a nuestras tiendas para acobijarnos bien. Las mantas de lana de camello eran una maravilla, y no había duda de por qué los bereberes habían domesticado aquel animal como su mejor amigo.

      La siguiente mañana Amar nos despertó al amanecer para recoger nuestras cosas y montarnos nuevamente sobre los camellos.

      large.DSC02385.JPG.3068820a10b0e5aec57838dea0fda08b.JPG

      La mañana era mucho más fría que la noche que habíamos pasado en nuestras tiendas. Pero los rayos que apenas nos iluminaban desde el este poco a poco nos hicieron entrar en calor.

      large.DSC02383.JPG.26f725c271c6d596df74a26482ea272c.JPG

      Con los ojos entreabiertos y nuestras sombras reflejadas en las dunas, llegamos a Merzouga luego de una hora de caminata.

      large.DSC02389.JPG.b3e3161c7f318c8672a50a82c0bfe864.JPG

      Desayunamos algo en el hostal donde Amar nos dejó con sus camellos, a quien agradecimos fielmente con una buena propina que se tenía bien merecida.

      Nuestro chofer nos recogió a los tres y al par de españoles, que contrariamente al día anterior lucían ahora muy contentos con la noche que pasaron en su campamento en las dunas.

      Aleena y yo nos bajamos en la comunidad de Er-Rachidia, donde nos despedimos del grupo y tomamos un autobús hacia la ciudad de Fez, donde pasaría una noche más antes de tomar mi vuelo de vuelta a Europa.